Septiembre 2005
Iluminados por el fuego
Sus buenos años le dedicó Tristán Bauer a esta producción, la más grande que se ha hecho en torno a la Guerra de Malvinas. En diciembre pasado, en el festival de cine de Pinamar, mostró al periodismo un adelanto de diez minutos de la obra. Diez minutos impactantes: los soldaditos batiéndose en retirada bajo el fuego enemigo, la angustia de buscar a un compañero herido, la llegada a Puerto Argentino, la extraña visión de una kelper vestida de negro, llevando a sus hijitos de la mano, y a contramano de la corriente de muchachitos asustados y agotados, vestidos de verde, casi fantasmales unos para otros, y al mismo tiempo tan concretos. Y luego las rápidas tomas de la enfermería, cámara en mano, afiebrantes. Y el descanso junto a un baldío, donde alguien encuentra una pelota y enseguida arman un picadito, ponen los cascos como arcos, vuelven a ser chicos.
Bauer, el ex combatiente Edgardo Esteban, en cuyas memorias se inspira la película, y Gastón Pauls, que lo representa, contaron entonces la emoción, y hasta la conmoción, que les causó reproducir varias escenas, y, sobre todo, filmar algunas de ellas en las propias Islas Malvinas. Allí también estaba Virginia Innocenti, que juega el papel de esposa de un ex combatiente que, años más tarde, quiere suicidarse. Hoy el número de veteranos que se han suicidado ya casi supera al número de los caídos en las islas. No es ajena al hecho, la sensación de sacrificio inútil que muchos sienten por un país de compatriotas desagradecidos, aprovechadores y falsos.
Ahora vimos la película completa. Lo que habíamos visto en anticipo, representaba el final de la batalla de Monte Longdon, ya en pleno día. Pero esa batalla había comenzado en medio de la noche. Impresiona ver su escenificación, con la cámara deslizándose desde un caballo agonizando junto a unos cuerpos amontonados, que no sabemos si es de gente viva o muerta, hasta levantarse en una panorámica que permite ver toda la extensión del campo, con los grupos que se desplazan en medio de la confusión, los zumbidos constantes de las balas, que pasan como fuegos artificiales mal orientados, y los gritos desgarradores de los heridos y los acobardados, totalmente iluminados por las bengalas del enemigo y los disparos de sus propias armas. Esa gente tenía, como promedio, 18 años de edad.
Hemos hablado con algunos veteranos de esa noche. La reproducción es exacta, nos dijeron. Hay que agradecer el esfuerzo de Bauer, su gente, y sus productores (la Universidad Nacional de San Martín, el Incaa, la provincia de San Luis, el Canal Plus de España), y también, entre otros apoyos, el premio Signis Cine en Construcción, otorgado hace un año precisamente para ayudar en la postproducción de efectos visuales y de sonido. Recordemos además nuestra falta de tradición en el género bélico. Hasta ahora, como momentos de gran despliegue histórico, sólo podían mencionarse las breves panorámicas de Su mejor alumno y Argentino hasta la muerte (ambas sobre la Guerra de la Triple Alianza), y el humo y los fogonazos también breves de Los chicos de la guerra. Son escenas muy costosas y trabajosas. Pero necesarias, para que el público pueda hacerse una idea del horror.
Cabe, sin embargo, un par de reproches. También algunos más, pero son menores. Lo que aquí lamentamos, y que también lamentaron los veteranos consultados, es la ausencia, en el film, de dos elementos que también figuran en el libro de Edgardo Esteban: la religiosidad y la valentía de muchos militares. Así como Esteban denuncia el maltrato, la incapacidad, y la pequeñez moral de unos cuantos, también menciona varias veces el ejemplar comportamiento de algunos militares de carrera, y el arrojo entusiasta de por lo menos un soldado, y habla bastante del sentimiento de religiosidad que empezó a sentir en esas circunstancias, y que todavía lo acompaña. Dedica incluso casi una página, llena de cariño y agradecimiento, para el rosario de plástico celeste que entregaban entonces en el Ejercito, y que él pidió expresamente y aún conserva. La adaptación ha olvidado ese aspecto, aunque un plástico, aunque sea uno, bien pudo haberse incorporado sin mayor gasto al vestuario. Lo otro, en cambio, se ve como una negación deliberada. Coincide con la actitud antimilitarista de, por lo menos, uno de los adaptadores, el sobreviviente de la ESMA Miguel Bonasso, hoy miembro sin cartera del actual gobierno nacional. Así es como la canción final termina mezclando los tantos, de un modo comprensible, pero mezquino.
Para equilibrar esa mirada, conviene atender el muy buen documental de Julio Cardoso Locos de la bandera, producido por la Asociación de Familiares de caídos en las Malvinas.
Y para equilibrar ambas miradas, otro documental, No tan nuestras, de Ramiro Longo, relato de un ex combatiente de esa misma batalla, aportando en sus recuerdos ese humorismo (ese sí, tan nuestro) que nos permite sobrevivir riéndonos de nuestras desgracias. Como bien dicen, otra no queda.
Pepe Núñez, luthier. El oficio de vivir
Este oficio de arreglar guitarras, dice un par de veces el protagonista de este documental. Sólo una vez se le oye decir que también las construye. Guitarras criollas, por encargo de la gente de campo como él. Las hace con madera de algarrobo, botones viejos para la parte de nácar, y hueso de la pata de vaca para el puente. Las hace y no es un detalle menor sentado en su silla de ruedas.
Pepe Núñez tenía sólo cuatro años cuando contrajo poliomielitis. Ocho años, cuando el padre se resignó a que el hijo nunca más iba a caminar, le hizo unas muletas, y le enseñó a usarlas para subir y bajar del caballo. Así el chico pudo ir a la escuela. Y a partir de ahí aprendió a manejar las manos, haciendo trompos, labores de hojalatería, cuchillería, esculturas, y este oficio. Nosotros vemos cómo va haciendo un instrumento, mientras explica algo de su trabajo, instruye a un joven aprendiz y cuenta su vida (esto último, escenificado en blanco y negro). Vemos también la presentación breve y en primera persona de sus parientes, y de algún amigo, toda gente ya de cincuenta años, o algo más. Y a uno de los sobrinos, matar una víbora con la pala como si tal cosa, y enterrarla. Cuentan sobre don Pepe, cómo de muchacho jugaba de arquero tirado en el suelo, atajando la pelota a los bolsazos. Cómo se las ingeniaba para andar en sulky, ir a cazar y hasta salir de serenatas. Y cuentan también cosas del pueblo, Lafinur, provincia de San Luis.
Por ahí se oye cantar a dúo una vieja tonada, de esas de autor olvidado. Algo así como Tire a matar, cazador/ no demuestre fantasías,/ ponga su ojo en la mira/ y apúntele al corazón. Más tarde cantará el que encargó la guitarra que vimos construir, el que la va a comprar, cuando se la entreguen en una reunión que más que trámite comercial se siente como una reunión de paisanos amigos, donde también habrá alguna copa de vino, y acompañantes para la música. Y luego, una escena sin palabras: a la noche, sentado a la mesa del patio cubierto, Pepe Núñez oye un chamamé por la radio, y mira al gato que se ha sentado en la silla de ruedas. Le hubiera gustado saber tocar el acordeón, contó casi al comienzo, y, por supuesto, le gustaría que esa no fuera su silla. El gato anda por sí mismo, él no. Atendemos sus reflexiones sobre los límites del tiempo y de la vista, que ya va perdiendo. Apreciamos el trabajo de irse a acostar, y también el empuje de energía que tiene al día siguiente.
A veces reniego de Dios, pero son fugaces momentos, dice. Al contrario, agradece poder ser útil a los demás. Frases que quedan: A mí no me discriminan. Yo me discrimino, La procesión va por dentro. Cuando le muestran el video de lo grabado hasta ese día, tiene palabras de elogio, pero agrega a donde me veo yo, me tengo lástima. Él no tuvo mujer, por miedo al rechazo, confiesa. Miedo tenemos todos, se oye la voz del documentalista. Cortá ahí, dice Núñez. Pero todavía hay espacio para registrar lo mucho que el pueblo lo quiere, al punto que tiempo atrás hasta lo hicieron intendente. Lo veremos luego yendo por los caminos de tierra, él solo, en su auto viejo, mientras suena como de antojo un viejo tema mexicano. También como de antojo surge el sonido de Juanjo Domínguez. Que usa una guitarra de concierto, de otro luthier, pero no desentona con el sonido más primitivo de la guitarra criolla de este hombre, ni mucho menos con su alma, sufrida, límpida y generosa.
Digno discípulo de Jorge Prelorán, Fermín Rivera se llama el autor de este documental, que dedicó todo el tiempo que fue necesario para hacerlo, sin apuro, con sencillez, empatía y simpatía. Ciertamente, Rivera hizo un buen trabajo. Buen retrato, además, de una Argentina profunda, esa que rara vez sale en los noticieros.
El viaje hacia el mar
Largos meses atrás, publicamos aquí mismo una charla con el director de esta muy placentera comedia, el uruguayo Guillermo Casanova. La película estaba entonces a punto de estrenarse. Por esas cosas de la exhibición, recién ahora consiguió salas. De golpe, de un día para el otro, justo en una semana cargada de estrenos. Parecía destinada al muere. Pero el famoso boca a boca, es decir, la recomendación de espectador a espectador, logró sostenerla. Lo cual, vistos sus méritos, resulta gratamente lógico, y muy justiciero.
El viaje nace en un cuento del narrador costumbrista Juan José Morosoli, adaptado nada menos que por Julio César Castro, alias Don Verídico, sin duda uno de los mejores libretistas que tuvo Luis Landriscina, lo que ya da una idea del tono amablemente gracioso y sabio de la obra. Y se ambienta a comienzos de los 60, como para agregarle un tanto de inocencia y melancolía. En ese tiempo, y desde el fondo de las sierras de Lavalleja, unos personajes que nunca salieron del pueblo van a tener que subirse al camioncito de un amigo conocedor, que insiste en llevarlos a conocer el mar. A ellos, para quienes la vida fue, cuanto mucho, del trabajo al bar y del bar a las casas.
Así, medio reticentes, desconfiados, descubrirán el mundo que los rodea. Y el otro mundo, de los turistas, los grandes carteles de propaganda en medio del camino, y las casas de fin de semana con autos lujosos, que les parecen de extraterrestres. El hombre los acarrea como arrepentido a veces de llevar semejantes burros, y se planta al final, bien de brazos cruzados, orgulloso de mostrarles toda esa maravilla, como si él la hubiera hecho. Hermoso personaje, el de Hugo Arana. Ellos son, como sus respectivos nombres lo indican, el Vasco, Rataplán el Tonto, El Desconocido (que en realidad es un colado de otro cuento), el vendedor de quiniela Siete y Tres Diez, a cargo del propio Julio César Castro (flaco bigotudo, de tiradores, asombrado; fue la única y última vez que apareció en el cine, para hacer esta película les escondió a todos la gravedad del mal que tenía), con su perro Aquino, y Quintana, así llamado en alusión a la quinta del ñato. Quintana es de oficio sepulturero. Y es el que se descubre frente al misterio de la inmensidad. Y el que nos descubre, con sólo dos planos y tres palabras, que detrás de este cuento criollo, de sonrisa bonachona y cordial, también, si uno quiere verlos, están los versos de Manrique.
Entonces el costumbrismo termina siendo fábula poética, el humorismo da paso a una repentina emoción que nos ahoga, y esta película que parecía chiquita, se hace intensa y definitivamente hermosa. Para más, tiene una música preciosa, que hasta incluye, inesperadamente, el pericón nacional. Nosotros insistimos en recomendarla: se disfruta con placidez, se aprecia por lo bien hecha, y se recuerda con admiración y ternura.
Guachos
Aunque nacido en Santa Fe, la producción de Carlos Pais tiene una impronta netamente porteña quizás porque como él dice su mirada de hombre del interior le permite descubrir más cosas de los porteños que ellos mismos. Es así como sus textos El hombrecito (1992), Extrañas figuras (1993), Maderas de Oriente (1999), entre otros a menudo nos enfrentan, a partir de una anécdota mínima, a personajes entrañables que van desnudando sus mundos interiores a partir de sus conductas.
Tal es el caso de esta obra donde una circunstancia fortuita y en términos realistas algo inverosímil determina el encuentro de Poyo, un analfabeto desocupado y sin techo, y Patricia, una joven escritora. Desde presentes tan distintos ambos irán descubriendo una raíz común padres desconocidos aunque las causas sean diferentes, a medida que van recuperando el pasado de cada uno mediante el diálogo que los acerca. La identidad fracturada que cada uno de ellos padece remite a cuestiones candentes de nuestra realidad social a la que Pais se acerca con elementos del absurdo y el esperpento como él mismo declara pero descartando el hermetismo. El tema de los desaparecidos, que también es el detonante del conflicto en Extrañas figuras, funciona en Guachos con el mismo valor a través de la figura de la protagonista pero desde otra perspectiva y actitud: la de una hija de desaparecidos, ya no una madre, que intenta exorcizar sus fantasmas, no evadiéndolos sino enfrentándolos en la escritura de su propia historia ficcionalizada.
La puesta de Manuel Iedvabni cuenta con el sustancial aporte de Manuel Callau en el rol protagónico masculino, el más exigido de los dos personajes en un texto de actores como es éste, cuyo humor y tensión dramática están sostenidos básicamente por las interpretaciones. Con fuerza y gran ductilidad expresiva Callau recrea a ese hombre que desde su sencillez e ingenuidad logra ir calando en la conflictuada intimidad de Patricia, correctamente encarnada por Magela Zanotta. El reducido escenario de la sala Cunill Cabanellas está inteligentemente aprovechado para representar en forma simultánea los tres ámbitos escénicos que requiere la acción, cuyo desarrollo van pautando sugestivamente la música y el sonido.
Ciencia y belleza en Erice
En el Centro Ettore Majorana de Cultura Científica de Erice (Sicilia) (www.ccsem.infn.it), fundado por Antonino Zichichi, físico eminente, católico comprometido en la vida cultural europea, tuvimos del 16 al 20 de julio un encuentro internacional dedicado al Cerebro Educado, que tuve el honor de presidir con Kurt Fischer, mi colega y amigo de Harvard. Trece países estaban representados y fuimos seis los argentinos que participamos en él. Tratamos numerosos temas relacionados con las nuevas investigaciones sobre el cerebro, la mente y la educación (www.marin.edu. ar/neurolab). La mitad de los participantes eran jóvenes investigadores que se están perfilando como líderes en estas nuevas disciplinas utilizando los recursos más avanzados de la tecnología digital y de la neurobiología, la otra mitad pertenecíamos a una generación que no tuvo el privilegio de usar computadoras en sus estudios universitarios o secundarios y que ahora se atreve a introducir las neurociencias en las escuelas. Este contraste generacional no nos quita la certeza de que estamos abriendo, juntos, un nuevo campo en la educación que será tan revolucionario como el de la informática.
Pero el camino no es fácil y está plagado de obstáculos. La utilidad de estos encuentros internacionales estriba, precisamente, en compartir experiencias muy diversas y propias de cada cultura. Podríamos decir, además, y aquí está la novedad de la neuroeducación, que cada cultura impregna nuestro cerebro en forma diferente. Como símbolo de esta multiplicidad cultural quisimos otorgar el primer premio IMBES (de la flamante International Mind, Brain and Education Society) a una notable investigación sobre el cerebro lingüístico realizada en Oxford por una joven neurocientífica japonesa, Maki Koyama, que estudió la intimidad de algunos procesos cognitivos propios de lectores japoneses al pasar del ideograma Kanji al sistema fonético Kana. También fue simbólico el hecho que el premio consistiera en una obra de arte digital, gentilmente donada por Santiago Espeche, joven artista argentino que logró producir una fusión poética entre la imagen del cerebro y la fotografía satelital de un paisaje montañoso (en lugar de los pliegues de la corteza cerebral). Este premio se entregó en una cena celebrada en un tradicional restaurant de la plaza principal de Erice, un auténtico escenario de ópera italiana. No está de más decir que los invitados a las reuniones científicas en Erice tienen la libertad de elegir entre diferentes lugares para almorzar o cenar gratuitamente lo que facilita y alegra los encuentros personales, motivo central de todo congreso o seminario. En realidad, en todo momento nos sentíamos participando en un verdadero concierto de ciencia y de arte. Teníamos además como referencia milenaria la armonía serena de los famosos templos griegos de Segesta y Selinunte que fueron motivo de inspiración para todo el grupo en una visita de domingo soleado y brillante.
Enrico Fermi (1901-1954) el genio de la física que produjo la primera fisión nuclear controlada es, junto a Galileo Galilei, el numen titular del Centro de Erice. Fermi escribió un relato conmovedor sobre una experiencia que vivió de joven en un campo de Umbria, que traduzco ahora pues nos puede servir de guía en estas reflexiones sobre la ciencia y al belleza.
Una tarde, mejor dicho una noche, mientras esperaba que me llegara el sueño, que tardaba en venir, sentado en la hierba de un prado, escuchaba las plácidas conversaciones de algunos campesinos cercanos, que decían cosas muy simples, pero de ninguna manera vulgares o frívolas, como sucede a menudo en otros ambientes. Nuestro campesino habla poco y toma la palabra para decir cosas oportunas, sensatas y a veces sabias. Finalmente se callaron, como si la majestad serena y solemne de aquella noche itálica, sin luna pero cubierta de estrellas, hubiese vertido sobre aquellos espíritus simples un misterioso encanto. Rompió el silencio, pero no el encanto, la voz de un campesino fornido, en apariencia inculto, que mientras estaba tirado sobre el pasto con los ojos vueltos hacia las estrellas exclamó, como obedeciendo a una inspiración profunda: ¡Qué belleza! Y pensar que algunos dicen que Dios no existe. Lo repito, aquella frase del viejo campesino en aquel lugar, a aquella hora, después de meses de estudios aridísimos, tocó en vivo mi alma, tanto que recuerdo aquella escena como si fuera hoy (M. Micheli,1979, Enrico Fermi e Luigi Fantappié. Ricordi personali).
Una sensación semejante impactó mi espíritu mientras contemplaba la primera puesta de sol sobre el mar de Sicilia desde ese escenario privilegiado que es el antiguo pueblo fortificado de Erice en el extremo occidental de la isla. Allí se reúnen desde hace décadas científicos que llegan de todas partes del mundo para pasar algunos días de intenso intercambio intelectual en un paisaje bellísimo trabajado por la cultura de siglos. En particular, el paisaje luminoso que penetra en una de las salas de reunión con un enorme balcón abierto al mar a unos 700 metros de altura es indescriptible. Pienso que todos los que estábamos reunidos en ese lugar discutiendo sobre el cerebro y la educación éramos conscientes del enorme privilegio de estar inmersos en la pura belleza. Y seguramente algunos vivieron también la experiencia de lo sublime como aquel campesino citado por Fermi. Pero esos momentos excepcionales de conexión entre la creatura y el Creador no están aislados de la vida cotidiana pues la belleza se construye continuamente, es un diálogo entre el objeto y el sujeto, no está dada, y se conquista a cada instante. Si estoy triste el paisaje más bello puede convertirse en un motivo más de angustia, si estoy feliz, un simple rayo de luz sobre un guijarro me colma de alegría, una palabra de un ser querido me transporta. La belleza es el resplandor de la verdad, splendor veritatis.
Como prolongación de esta idea Antonino Zichichi acaba de publicar un nuevo libro que es una reflexión sobre la infinita sabiduría que rige el cosmos, sobre la belleza intrínseca de su organización y la bondad de la Creación. Se llama Entre la fe y la ciencia (Tra fede e scienza. Da Giovanni Paolo II a Benedetto XVI, Il Saggiatore, Milano 2005). En esencia trata del valor de la ciencia y su relación con la fe, tal como lo entendía Juan Pablo II. El querido papa polaco fue el 8 de mayo de 1993 a Erice para una reunión de la World Federation of Scientists que representaba a 115 países. Su paso por ese pueblo centenario ha dejado recuerdos imborrables en la memoria de sus habitantes. Vemos su foto en los más variados lugares, comenzado por los diversos edificios del Centro dedicados a la ciencia, todos ellos ambientados en antiguos conventos que han sido restaurados con delicada perfección. Pero al cabo de una conversación en algún negocio o café aparece siempre la imagen de aquel hombre de blanco caminando por las estrechas calles de piedra entre una multitud de científicos, hablando diversas lenguas y predicando la paz. Confieso que me sentí profundamente emocionado cuando me tocó dirigir algunas de las reuniones de nuestro encuentro en el aula magna del Centro, desde la misma plataforma donde Juan Pablo II pronunció palabras decisivas sobre la fe y la razón, que merecen citarse, algunas de ellas están escritas en placas y esculturas en el Centro Majorana. Siguiendo el texto de Zichichi las podemos ordenar en una lista de diez frases claves contenidas en distintos mensajes del Papa a la comunidad científica a lo largo de su pontificado:
Todo lo que nace de un acto de amor no debe ser jamás castigado.
La ciencia y la fe son ambas dones de Dios.
El uso de la ciencia no es más ciencia. Por ello la técnica puede estar a favor o en contra de los valores de la vida y de la dignidad del hombre.
El hombre puede morir por efecto de la técnica que él mismo desarrolla, nunca por la verdad que él descubre mediante la investigación científica.
Como en el tiempo de la lanza y de la espada, también hoy, en la era de los misiles, para matar antes que las armas está el corazón del hombre.
El voluntariado científico es una de las formas más nobles de amor al prójimo.
El uso de la ciencia para el bien es testimonio viviente de una extraordinaria continuidad, de una fusión constante con la obra de la Creación.
El amor vence, derriba las fronteras, rompe las barreras entre los seres humanos. El amor crea una nueva sociedad.
La ciencia tiene raíces en lo Inmanente pero lleva el hombre a lo Trascendente.
Los no creyentes reflexionan, los creyentes reflexionan y rezan. Creyentes y no creyentes, juntos, animados de buena voluntad, actúan para que se realice en el mundo una Gran Alianza entre Fe y Razón.
Recuerdo muy bien cuando Zichichi comentó estas frases en la asamblea general de la Pontificia Academia de Ciencias en noviembre de 2002 (The cultural values of science, Pontifical Academy of Sciences, Vatican, 2003). En esa ocasión los nuevos académicos hicimos nuestra auto-presentación. Entre ellas se destacó notablemente la de Joseph Ratzinger, hoy Benedicto XVI. La obra de la Iglesia en el campo de la ciencia se sigue perfeccionando. El próximo encuentro de las academias pontificias de Ciencias y de Ciencias Sociales en el Vaticano será en noviembre sobre Globalización y educación. Allí, en la Casina Pio IV, joya del renacimiento, se debatirán problemas esenciales del momento actual. Dos miembros de Criterio, Juan J. Llach y el que escribe participarán de este encuentro. Seguramente escribiremos sobre este tema decisivo.
Cine y género
Mujeres que han hecho cine ya desde los comienzos, como la prolífica Germaine Dulac en Francia o como Lois Weber en los Estados Unidos precursoras, ambas, en los años 20, hasta las grandes directoras de décadas posteriores como Vera Chytilova (Checoslovaquia), Liliana Cavani y Lina Wertmüller (Italia), Marion Hänsel (Bélgica), Margarethe von Trotta (Alemania), Lucia Murat (Brasil), María Novaro (México), Pilar Miró (España), Agnès Varda, Coline Serreau (Francia), Mira Nair (India) y tantas otras desconocidas para el gran público pero sumamente valiosas por su riqueza creativa. Mujeres que con su estética y presencia actoral se convirtieron en íconos a lo largo de la historia del cine: baste pensar en Greta Garbo, en la gran Ingrid Bergman o en la insustituible Anna Magnani
y tantas más.
Sin embargo, como en todas las áreas de la cultura y de la sociedad, lo que han hecho y hacen la mujeres suele permanecer más en la sombra. Este acontecer nada azaroso es el núcleo mismo del tema del género, el cual constituye una mirada cuestionadora al poder establecido, androcéntrico por cierto. El cine como siempre sucede en el arte ha sabido también reflejar esta nueva y aguda mirada.
Se trata más bien de un cine paralelo al ya existente: tratar los temas relacionados con la mujer; sobre todo, dar el punto de vista de la mujer sobre situaciones y temas que el cine tradicional enfoca con ojos masculinos aun cuando trate de mujeres. Las mujeres revelan lo que permanece invisible bajo la dirección de un hombre: no hacen un cine mejor sino un cine diferente, los acentos están colocados en otra parte, la iluminación viene desde otro ángulo…. Esta sintética y acertada expresión pertenece a la directora alemana M. von Trotta.
De alguna manera, nos aproxima a ese otro cine ya sea dirigido por hombres y por mujeres pero cuyo foco central es el tema del género.
A continuación sugiero algunos films de calidad tanto en lo formal narración cinematográfica, imagen y estética como en su parte ideológica y de contenido.
Sonata Otoñal. (Suecia 1978) Ingmar Bergman
Sin testigos. (Rusia 1983) Nikita Mijalkov
Propiedad privada. (Italia 1985) Liliana Cavani
Sin techo ni ley. (Francia 1985) Agnès Varda
Secretos, secretos. (Italia 1985) Giuseppe Bertolucci
Rosa de Luxemburgo. (Alemania 1986) Margarethe von Trotta
Esperemos que sea mujer. (Italia 1986) Mario Monicelli
Frida Kahlo, naturaleza viva. (México 1986) Paul Leduc
Miss Mary. (Argentina 1986) María Luisa Bemberg
Bagdad Café. (Estados Unidos 1987) Percy Adlon.
Thelma y Louise. (Estados Unidos 1990) Ridley Scott
Un ángel en mi mesa. (Australia 1990) Jane Campion
Tomates verdes fritos. (Estados Unidos 1991) Jon Avnet
Querer es un sentimiento. (Italia 1991) Francesca Archibugi
La escuela de la Señorita Olga. (Argentina 1991) Mario Piazza
Esposas y concubinas. (China 1991) Zhang Yimou
Orlando. (Inglaterra 1992) Sally Potter
La lección de piano. (Australia 1993) Jane Campion
Bleu. (Francia 1993) Krzysztof Kieslowski
Lady bird, lady bird. (Inglaterra 1994) Ken Loach
La promesa. (Alemania 1994) Margarethe von Trotta
El amor y la furia. (Nueva Zelanda 1994) Lee Tamahori
El casamiento de Muriel. (Australia 1994) Paul Hogan
Un aire de familia. (Francia 1996) Cédric Klapisch
¿Soy linda? (Alemania 1998) Doris Dörrie
Por amor. (Alemania 1998) Jeroen Krabbé
Solas. (España 1999) Benito Zambrano.
Pan y rosas. (Inglaterra 2000) Ken Loach
Innocence. (Holanda 2000) Paul Cox
El círculo. (Irán 2000) Jafar Panahi
La boda. (India 2001) Mira Nair
Pauline y Paulette. (Bélgica 2001) Lieven Debrauwer
Kandahar. (Irán 2001) Mohsen Makhmalbaf
Una parte del cielo. (Bélgica 2002) Bénédicte Liénard
Te doy mis ojos. (España 2003) Icíar Bollaín
El secreto de Vera Drake. (Inglaterra 2004) Mike Leigh
Como una imagen. (Francia 2004) Agnès Jaoui
@ la arroba: ¿un camino al éxito?
Cuando el símbolo de la arroba (@) dejó de indicar una medida de peso y pasó a señalar la dirección de los servidores de correo electrónico inició una carrera estelar. Ahora va por mayores éxitos y de la mano de algunos y algunas (¿debiera escribir algun@s?) está intentando resolver o al menos terciar en las discusiones de género 1.
Desde hace un tiempo, algunas personas han tomado el hábito de encabezar su correspondencia colectiva dirigiéndose a, por ejemplo, querid@s amig@s. Esta curiosa forma pretende indicar que se dirige tanto a amigas como a amigos, evitando así la confusión que en desmedro de las consideraciones de género, ocasionan el uso de adjetivaciones y sustantivos indiferenciados. Quienes la emplean parecen dar por sentado que de ese modo se resuelve la consideración de género o, al menos, se da un paso importante en esa dirección sirviendo, pretendidamente, para alertar acerca de una cuestión que debería preocuparle a todos (¡y todas!).
No conozco la generación de esto ni como surgió; quiero pensar que no fue un divertimento ni algo que pareciera gracioso. Seguramente se pretendió llamar la atención sobre un problema que preocupaba a algunas (y algunos; aunque de ellos, muy pocos, quizás) y ponerlo en la agenda diaria.
¿Resulta esto una ingeniosidad apropiada? No lo creo; tal parece llevó al efecto contrario. A veces se pretende de una acción que sirva para tomar conciencia, despertar inquietudes o llamar la atención. Pero esto puede convertirse en un arma de doble filo: porque ayuda a que la acción caiga en el olvido o porque la circunscribe a círculos muy especializados, evitando así la trascendencia pretendida.
Y esto es lo que ocurrió…
Fuera de ámbitos muy específicos no se observa el uso de esta grafía diferenciadora (¡por fortuna!), como tampoco se oye a la gente cuando habla, tanto en el lenguaje coloquial como formal, que aplique la distinción (y, por supuesto, no me refiero a tratar de vocalizar @, misión absolutamente imposible, sino a distinguir entre los y las).
Durante la lectura de textos formales (discursos, presentaciones, documentos) en los que se utilizó esta grafía diferenciadora, resulta muy entretenido observar los esfuerzos de composición de lenguaje que se hacen cuando se llega a la encrucijada de los/as, esfuerzos que se evitarían si simplemente se recurriera al expediente más acorde con reglas del idioma de decir las candidatas y los candidatos, por ejemplo.
En realidad, el uso de un símbolo ajeno a las formas convencionales de alfabeto y escritura del idioma produce el efecto de convertirlo en jerga, de modo que sólo los iniciados lo entienden, a la par que se regocijan en su uso. Pero, y esto es lo grave, no trasciende al resto de la sociedad, de tal modo que su uso es más una garantía de incomunicación de la cuestión de género que de apercibimiento de la sociedad de un problema muy real que se continúa escamoteando.
1. arroba. (Del ár. hisp. arrúb, y este del ár. clás. rub, cuarta parte). 1. f. Peso equivalente a 11,502 kg. 2. f. En Aragón, peso equivalente a 12,5 kg. 3. f. Pesa de una arroba. 4. f. Medida de líquidos que varía de peso según las provincias y los mismos líquidos. 5. f. Inform. Símbolo (@) usado en las direcciones de correo electrónico.
N. del A.: No creo llegar a ver una sexta acepción en la RAE…
Historia, ciencias sociales y género
- Badinter, Elisabeth. Hombres/Mujeres. Cómo salir del camino equivocado. F.C.E. Buenos Aires, 2003.
- Balderston, Daniel y Guy, Donna. Sexo y sexualidades en América Latina. Paidós. Buenos Aires, 1998.
- Barrancos, Dora. Inclusión/Exclusión. Historia con mujeres. F.C.E. Buenos Aires, 2001.
- Cangiano, Maria Cecilia y Du Bois, Lindsay. (compiladoras). De mujer a género. Teoría, interpretación y práctica feminista en las ciencias sociales. Centro Editor de América Latina. Buenos Aires, 1993.
- Duby, Georges y Perrot, Michelle Perrot (Dirección). Historia de las mujeres. 10 volúmenes. Taurus. Madrid, 1992. (hay edición argentina).
- Femenias, Maria Luisa. Sobre sujeto y género. Lecturas feministas desde Beauvoir a Butler. Catálogos. Buenos Aires, 2000.
- Gil Lozano, Fernanda, Pita Valeria y Ini, Gabriela. Historia de las mujeres en la Argentina. 2 volúmenes. Taurus. Buenos Aires, 2000.
- Lagarde, Marcela. Los cautiverios de las mujeres: madresposas, monjas, putas, presas y locas. Universidad Autónoma de México, México, 1997.
- Nari, Marcela. Políticas de maternidad y maternalismo político. Biblos. Buenos Aires, 2004.
- Perrot, Michelle. Mujeres en la ciudad. Editorial Andrés Bello. Santiago de Chile, 1997.
- Toril, Moi. Teoría literaria feminista. Ediciones Cátedra. Madrid, 1999.
- Tubert, Silvia (ed). Figuras de la madre. Ediciones Cátedra. Madrid, 1996
Puntos de Encuentro
De las reuniones del Seminario Permanente de teoría feminista del Foro de Teología y Género del Instituto Universitario ISEDET en Buenos Aires ha surgido un libro multidisciplinario, que promete ser el primero en una serie de producciones del grupo. Ya la ilustración de tapa de Carina Ordóñez provee una clave hermenéutica para el libro, pues muestra la Última Cena de Giotto, pero modificada: ahora hay mujeres sentadas alrededor de la mesa. En el libro, las autoras, entre las cuales se encuentran psicólogas, sociólogas, antropólogas, filósofas, consejeras familiares, historiadoras, teóricas literarias, biblistas y teólogas, deconstruyen y modifican sus disciplinas, pero no expulsan ni a Jesús ni a los discípulos varones de la mesa, sino que los invitan a una charla de sobremesa diferente a la habitual en un universo androcéntrico. Como explica el prólogo, El espacio del Seminario es bastante particular, porque el contexto es el de la teología y del sentido de la fe cristiana en una facultad de teología, algo no descartable. Pero por otra parte, la consigna era leer todo tipo de teoría feminista o producción teórica desde la perspectiva de género y reflexionar esos textos cada una desde su disciplina y desde su camino de vida. Precisamente, una particularidad del ethos del grupo del cual surgió el libro es la apertura a considerar dimensiones religiosas o teológicas; si bien la fe cristiana no constituye un requisito para participar en las discusiones, el grupo se reúne en el seno de una institución teológica y la mayoría de las participantes manifiestan interés en la intersección entre los asuntos de fe y las perspectivas feministas; no pocas tienen estudios formales de teología, ya sea en ámbitos protestantes o católicos. El libro nace, pues, del diálogo multifacético entre mujeres muy distintas y a la vez unidas por el deseo de avanzar teórica y prácticamente, que no se sienten en absoluto empujadas a lograr una uniformidad de pensamiento. Como subraya la introducción, un punto de encuentro no es necesariamente un punto de acuerdo; de hecho, según el testimonio de las participantes, el grupo se nutre de consonancias y disonancias. Sin embargo, pueden descubrirse en las reuniones del grupo, y por ende en los capítulos del libro, algunos puntos en común que alientan un encuentro fructífero, sobre todo el ejercicio creativo del pensamiento crítico dentro de un marco interdisciplinario. Los capítulos son variados en sus temas y en su estilo: desde ensayos de profundización hasta reseñas de algunos libros señeros para la teoría feminista. También se incluye un glosario y una nutrida bibliografía de teoría feminista.
En la encrucijada del género. Conversaciones entre teología y disciplinas
En el cruce de las biografías, las disciplinas y las culturas, este número de la revista Proyecto expone a los lectores y lectoras la cuestión de género como una temática que merece ser tenida en cuenta, busca esclarecerla y, a la vez, responder desde una reflexión serena al desafío que plantea a las diversas disciplinas científicas y a las iglesias, la realización concreta de la igual dignidad de las mujeres y varones.
El número reúne trabajos provenientes de la teología, la epistemología, la filosofía, la historia, la sociología y la psicología, abordando la temática con espíritu de diálogo y apertura interdisciplinaria para discernir su viabilidad y sus posibles contribuciones a la reflexión sobre las personas humanas y sus relaciones recíprocas.
Después de una breve presentación Virginia R. Azcuy nos propone algunas claves para la recepción de la categoría por parte de la teología y en especial, por la antropología teológica en: Teología ante el reto del género. La cuestión y el debate antropológico. A continuación, Celina Lértora Mendoza estudia las consecuencias de la irrupción de la problemática de género en la Epistemología. Su artículo, Epistemología y teoría de género, nos abre al debate inacabado todavía, de las relaciones entre las mujeres y la ciencia. Marta Palacio, en Filosofía y feminismo(s). La cuestión del sujeto y de la subjetividad, aborda el ingreso de los planteos feministas relativos a las mujeres y al género en la filosofía, y a la vez acerca las reflexiones de la filosofía feminista contemporánea en torno a la noción y la construcción de la subjetividad.
También la historia se ha visto interpelada por la teoría de género. Así lo testimonia Claudia Touris con su estudio acerca de El aporte de la historia oral a la historia de las mujeres y los estudios de género. En él se plantean las diversas formas de hacer historia y la autora propone superar enfoques extremos para que, en el marco de nuevas perspectivas de análisis, se escuche a las mujeres y se reconstruyan sus memorias. Por su parte, Gabriela di Renzo compara en El reto de Carol Gilligan a la teoría de Rawls dos paradigmas éticos: la ética de la justicia y la ética del cuidado. Luego, con el título Justicia social y democratización, Graciela Di Marco analiza las perspectivas de democratización y empoderamiento, que ponen atención en las cuestiones referidas a la construcción de la autoridad de las mujeres en las relaciones de género, tanto en la vida familiar como en las actividades colectivas.
Con el deseo de ofrecer un aporte para una revisión de la antropología bíblica desde y para nuestro contexto presente, Mercedes García Bachmann, en su artículo Mujer de valor. Elementos para una antropología bíblica desde el género, relee Proverbios 31,10-31 evitando caer en modelos femeninos tradicionales. También desde la exégesis bíblica, Mercedes Navarro Puerto presenta en Amor de sí y género a partir de Mc 12,28-34 la cuestión del deseado equilibrio entre el amor de sí y el amor al prójimo y nos invita a descubrir la inmensa riqueza del encuentro consigo y del amor a sí misma. Francisco García Bazán aporta a la perspectiva bíblica los datos de la tradición extracanónica. En su artículo, Las mujeres en la vida de Jesús. Perspectiva canónica y extracanónica, consigna variados testimonios acerca de la presencia colectiva de las mujeres en torno a Jesús, e indaga sobre sus identidades y vínculos.
A partir de la reflexión trinitaria de la teóloga norteamericana Elizabeth Johnson, Josefina Llach elabora su artículo El sexo y el género como relación. La condición sexuada del ser humano a la luz de la teología trinitaria. Una propuesta. En él, la autora desarrolla la transferencia de la categoría trinitaria de relación a la dimensión sexo/género de la antropología. La experiencia de la migración llevó a Nancy Bedford a una nueva visión de su quehacer teológico. En su estudio Escuchar las voces de las nepantleras. Consideraciones teológicas desde las vivencias de latinoamericanas y latinas en Estados Unidos, narra cómo su teología incolora se vio interpelada por las vivencias de la gente de color, en los Estados Unidos. A partir de su trabajo en la Comisión Plenaria de Fe y Constitución, Jorge Scampini, presenta en Algunos elementos referentes al tema de las mujeres en espacios del movimiento ecuménico, algunos jalones significativos de la relación mujeres-ecumenismo y plantea dos de las cuestiones teológicas aún no resueltas: el uso del lenguaje inclusivo y el ministerio eclesial ordenado.
La colaboración de Alejandro Llorente, Género y Business ethics, analiza la temática del género y la ética de los negocios a partir de diez artículos aparecidos entre 1992-1997 en la revista Business Ethics Quarterly. En ellos, se ve la influencia y el impacto de las ideas de Carol Gilligan en al ambiente de los negocios. Marcela Mazzini en Mujeres, maternidad y modelos espirituales. Madres en búsqueda de identidad espiritual presenta la problemática de las madres a las que les resulta difícil conciliar sus búsquedas espirituales con las obligaciones cotidianas. Finalmente, el artículo de Carlos Caamaño, Símbolo, identidad y diversidad. Aportes teológicos en torno a la cuestión de género, arriba a la temática de este número desde una perspectiva simbólica que percibe al género como símbolo del exceso y la inclusión de la desemejanza. La riqueza de la diversidad de enfoques, de autores/as y de disciplinas, permite tener un panorama de conjunto acerca de la cuestión de género a quienes se acercan a esta obra. Ubicados en la encrucijada, habrá que ir delineando las propias opciones.




