Revista Criterio
Abril 2006
Nº 2314 » Abril 2006

Diatriba de amor contra un hombre sentado

por García Márquez, Gabriel · Comentar 

Graciela Dufau y Hugo Urquijo, protagonista y director respectivamente, dan vida nuevamente a este texto teatral, que García Márquez escribió pensando en ella después de verla en un unipersonal, y que estrenaron en el teatro Cervantes hace ya dieciocho años.

 

La paradoja del título anticipa la naturaleza contradictoria de la relación de pareja que el texto expone. Graciela, una mujer de la alta sociedad caribeña, aunque de origen humilde, en el día de sus bodas de plata y en compañía de su esposo, se ve impelida a examinar críticamente su matrimonio, aparentemente feliz, para descubrir que es lo más parecido al infierno. El blanco de su odio es el propio receptor de su diatriba, que se niega a responder mientras lee o finge leer desaprensivamente, de espaldas al público. En cuanto al contenido de la misma éste no es otro más que la propia historia del amor que comenzó uniéndolos, a pesar de las diferencias sociales y de la oposición paterna, y del desamor del que ha terminado siendo ella víctima silenciosa hasta ese momento. El diálogo imposible entre ambos deviene en un largo monólogo de una hora y veinte –demasiado largo para la convención realista que rige el texto– que oscila entre la evocación, atisbos de introspección, la reflexión y los improperios.

 

La estructura circular y recurrente del texto tiene como eje el daño sufrido, la desilusión progresiva ante la imagen del hombre que se desintegra, no sólo por sus infidelidades sino también por sus claudicaciones. A partir del relato de la protagonista quedan configurados, con las mismas características que en su narrativa pero de manera esquemática, los personajes del mundo femenino –que ella representa cabalmente mediante su racionalidad, su constancia, su determinación pero también cierta dosis de resignación– y los del mundo masculino, signados por la inmovilidad, la decadencia y el determinismo. La complejidad de unos y otros –y el planteo social que de ellos se deriva– se resiente, sin embargo, por el esquematismo con que se los presenta.

 

La interpretación de Graciela Dufau transita fluidamente por los distintos registros del texto en el que se alternan la llaneza con la ironía y el sarcasmo, el apunte humorístico con la imagen poética en la que no siempre se reconoce el sello del autor. El cambio constante de vestuario –exquisitamente resuelto por R. Schussheim– junto con la iluminación y las ligeras modificaciones escenográficas de Tito Egurza buscan subrayar las transiciones del relato e imprimirle cierto dinamismo, pero resultan excesivos.

Nº 2314 » Abril 2006

Mañana será otro día

por Ugarte, Pedro · Comentar 

Pedro Ugarte es autor de cuatro novelas y de varios libros de cuentos, y, sin embargo, todavía no ha calado hondo en el gran público. ¿Por qué? No sabría decir el por qué. Aunque en realidad sería abundar en una serie de hechos, que, repitiéndose, se convierten en tópicos: la “facilidad” –superficialidad a fin de cuentas– que respiran las vidrieras y las exposiciones en las librerías y en las grandes superficies de mostración, la profusión de algunos temas que, por tan trillados, han quedado exhaustos, y finalmente las tendencias del mercado editorial (unos personajes cortados por un patrón que se agota en dos o tres talles, los tres talles de mayor salida…). Con este estado de cosas, Pedro Ugarte sigue siendo un escritor poco conocido.

 

Y no debería ser así, en absoluto. No es un escritor –para que nos entendamos– ni farragoso, ni de voluntad minoritaria, de esos que pretenden ser leídos sólo por un puñado de entendidos. Pedro Ugarte es, sencillamente, un gran escritor. Un gran escritor de relatos, con todas las connotaciones de marginalidad que se le supone en España a ese género, poco publicado y menos aún publicitado.

 

Este escritor y este libro del que nos ocupamos hoy presentan historias cotidianas, extraordinariamente cotidianas, puesto que en Mañana será otro día no hay elementos mágicos, mucho menos fantásticos, ni siquiera se adorna su narrativa con finales sorprendentes o con una prosa enrevesada, erudita o falsamente abigarrada. No, no hay nada de eso.

 

Los relatos de Pedro Ugarte hablan de nuestras cosas de todos los días: las relaciones laborales, el dinero, las parejas, las palabras de las parejas, de los matrimonios y de sus no palabras, y, con una sensibilidad poco común, también se atreve al tema del terrorismo. En “La Amenaza”, el único de los cuentos que no está escrito en primera persona, un profesor universitario se convierte en objetivo de ETA. A partir de esto, el personaje se introduce en los territorios de la demagogia más superficial, y en cambio, otro profesor, más reflexivo, va cayendo en desgracia y es acusado de “frío” por el amenazado. El final, una sorpresa.

 

La prosa de Ugarte es lo que nos atrae. Puede parecer exacta, fríamente calculada, no deja por cierto de ser siempre sorprendente. Porque a través de la mirada de Jorge, el narrador en primera persona de casi todos los cuentos, abunda en ese enloquecido mecanismo que nos transporta por el mundo desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. La interesante naturalidad con que nos desenvolvemos en esa jungla que puede llegar a ser la vida cotidiana, es ese precisamente el objeto del deseo literario de Ugarte.

 

A la manera silenciosa de los grandes clásicos del relato breve, Ugarte bucea por el interior de los personajes, pero sobre todo por las pequeñas o grandes tribulaciones que ocurren en el contacto y en la relación con los otros. Ahí está el mejor Ugarte, el que observa la interdependencia de los sujetos, la extraña solidaridad que los convoca, el que observa minuciosamente las relaciones de los superiores con sus subordinados, de los maridos con sus mujeres, o de los hermanos con sus hermanas. Y la chispa salta siempre. Lo que parece normal en un instante, deviene de repente en algo monstruoso, o intolerable, o mezquino o disparatado. Como la vida misma.

 

“Y es una suerte que en la vida, en los trabajos, existan tantas jerarquías: así nadie encuentra el coraje suficiente para decir en voz alta la verdad”… O bien: “En el matrimonio las guerras casi nunca son directas y francas. Se gestan de un modo imperceptible, secreto, enfermo, ahogado, se anuncian en virtud de escaramuzas y adquieren de repente una insólita crudeza. En el matrimonio las guerras nunca se declaran, como sí ocurre en los negocios, o incluso en las guerras de verdad”.

 

Es hora de que tengamos en cuenta a Pedro Ugarte como uno de los cuentistas más lúcidos de nuestra contemporaneidad.

Nº 2314 » Abril 2006

Del Festival de Mar del Plata

por · Comentar 

Al final de Fatima, la argelina de Dakar, un viejo dice, mirando a cámara, “El tiempo no pasa. Pasamos nosotros por el tiempo”. Atrapante desde el comienzo, y emotiva, esa fue una de las mejores películas que vimos en el 21° Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, cumplido del 9 al 18 de marzo último. Durante esos días charlamos con su autor, el mauritano Med Hondo, y con muchas otras personas interesantes, vimos películas, y presenciamos diversos actos. Aquí va un resumen de esas jornadas, antes que se nos pase el tiempo (porque quizá sea cierto que no pasa, pero lo seguro es que se nos pasa, y hay que ver cómo).

 

En líneas generales

 

Hace ya once años que el festival, casi siempre conducido por peronistas, viene rescribiendo una vieja máxima peronista, que ahora pasó a ser definitivamente: “La desorganización vence al tiempo”. Cualquiera sea el signo político de la gestión –en manos radicales sucedió lo mismo– los primeros días son siempre medio caóticos. No vale la pena entrar en detalles, ya bastante difundidos excepto por el diario que auspicia el encuentro, y que lamentablemente es el más leído del país. Desde que lo auspicia, sólo habla maravillas. Antes no le encontraba nada bueno. Así es la vida.

 

Vayamos a lo positivo. Por primera vez, la inauguración no dio vergüenza ajena, fue bien pensada y resuelta, y hasta tuvo sus momentos emotivos. El nivel del material fue bueno, sin entrar en detalles. Los seminarios y clínicas “de semillero”, muy interesantes. Y varias clases maestras, realmente magistrales, como la del realizador polaco Krzysztof Zanussi, meduloso, reflexivo; el inglés Charles McDougall, bien explicativo y concreto; el sudafricano Ramadan Suleman, muy informativo; y también las de Tim Robbins y Susan Sarandon, hechas al estilo de los programas del Actor’s Studio. La de Abel Ferrara, en fin, el hombre parece algo así como el tío borracho de Charly García, pero, entre balbuceos y divagues, se percibe un tipo afectuoso, comprador y con algo lindo todavía en la cabeza. Aunque quizá tenga bastante de pose, y cuando dirige o pide un crédito se pone un poco más serio. O no.

 

A señalar, también, una muestra de Solidaridad en el Museo Castagnino, organizada por los polacos residentes, e inaugurada por Zanussi y el embajador de Polonia, el desarrollo del MFM, Mercado del Film del Mercosur, la firma de un convenio del Incaa con la Unión Industrial Argentina (lo que implica reconocer al cine “como nave insignia de las industrias culturales argentinas”, alentar nuevos planes de financiación e incorporar a sus productores en varias actividades comerciales interesantes), y la firma de otro convenio con el presidente de la Xunta de Galicia, señor Emilio Pérez Touriño, muy apreciada sobre todo por cuantos recuerdan con beneplácito la participación gallega en Cama adentro, No sos vos, soy yo, y otros buenos films nacionales. También, el premio Nielsen Edi a la Trayectoria, para el distribuidor Pascual Condito, un luchador independiente que supo levantarse varias veces de la lona (“gracias a los amigos, y hasta a los competidores que me tendieron la mano”, él mismo subraya).

 

Las películas

 

Los premios oficiales, en cambio, fueron bastante discutidos. Por mínima diferencia, y con la declarada disidencia de Zanussi y Fabián Bielinski (los dos miembros más competentes del jurado de este año), se consagró la película que nadie pensaba (para colmo 18va. y última en la votación del público), la mexicana Noticias lejanas, de Ricardo Benet. Que no es mala (tiene sus méritos) pero tampoco tan buena como para semejante regalo. Destacables, para nosotros, fueron la comedia argentina Derecho de familia, de Daniel Burman (premio Signis por unanimidad, premio del público, y también premio oficial, compartido, al mejor film iberoamericano), la iraní Café Transit, de Kambuzia Partovi (parienta lejana de Bagdag Café, premio Cronistas por unanimidad, y apenas segunda mención del Palmares oficial), la australiana Mirar a ambos lados, de la debutante Sarah Watt, que parece chiquita pero cala hondo en asunto de pérdidas, dolores, amores, y gente que debe rehacer su vida (premios oficiales a mejor actriz y mejor guión), la hispano-argentina El método, de Marcelo Piñeyro, y la coreana El arco, de Kim Ki-duk (que no se sacaron nada).

 

A señalar, un renglón más abajo, Viva Cuba, de Juan Carlos Cremata, que parece sólo una buena cinta comercial para niños, pintoresca, medio turística, de aventuras, hasta que en el último minuto revela una metáfora de esas que cierran todo y lo dejan a uno con un nudo en la garganta, porque habla de la falta de salida de los niños ante los odios de los mayores (la historia es sobre una nena que, al enterarse de que la madre se la va a llevar a Norteamérica, huye por la isla con su amiguito, para colmo hijo de una castrista recalcitrante). Luego también están la peruano-argentina Chicha tu madre (algo así como “Villera será tu vieja”, comedia de pícaros inocentes del debutante Gianfranco Quattrini, nacido en Lima y criado entre Norteamérica y Argentina (aquí comenzó su carrera, con el corto Alma Zen, de Historias Breves 2), la hispano-argentina Remake, de Roger Gual, donde el viejo habitante de una masía convoca a sus amigos de otrora, con quienes en la juventud había formado una comuna de la que hoy reniegan, y la canadiense Kamataki, de Claude Gagnon, relato familiar de un joven que ha perdido a un padre, y un tío alfarero que puede ayudarlo a recuperar el ánimo.

 

De otros films, puede decirse que eran interesantes o bien hechos. Y más rara que buena, La salvaje y azul lejanía de Werner Herzog, que, eso sí, es densa, bella y terriblemente herzogiana, con paisajes extrañísimos y escenas que no se sabe si están filmadas bajo los hielos del polo o en una piscina de helio líquido.

 

Pasemos a las secciones paralelas. Sólo a modo de ejemplo del nivel general, sin agotar la lista ni mucho menos, anotamos el admirable documental La marcha de los pingüinos (al verlos cruzar la inmensa estepa de hielo, en impresionante fila en cinemascope, más que documental parece una superproducción de Samuel Bronston, tipo El Cid Campeador), la agradable comedia romántica catalana Animals ferits, animales heridos, del prolífico Ventura Pons, sobre las heridas que causa el amor, con Cecilia Rossetto como la típica esposa argentina que quisiera lucir su casa en una revista de decoración, la deliciosa producción de Mongolia La cueva del perro amarillo, de la misma autora de La historia del camello que llora, el drama de Michael Haneke Caché (otra forma de ponernos nerviosos y hablar de la mala conciencia), y cuatro documentales: el chileno Salvador Allende de Patricio Guzmán; los brasileros: O fim e o principio de Eduardo Coutinho, ambientado en el nordeste, y 500 almas de Joel Pizzini, sobre los indios guatós que se creían extinguidos y reaparecieron en el pantanal del Mato Grosso do Sul, y el argentino El último bandoneón, bien emotivo, de Eduardo Saderman (“las viejitas me besaban a la salida”, sonreía el autor).

 

También, una excelente retrospectiva de cine africano, donde predominaba el tema del perdón, y la retrospectiva de Martínez Suárez, que empezó con una cola de dos cuadras y una copia flamante de Dar la cara, mejor todavía que la del estreno, según dijo el propio realizador (el primer mérito de esto es del periodista Guillermo Alamo, que logró convencer a los dueños de los negativos de ese film y de El crack, para ponerlos en mejores manos). La calidad de la copia permitió apreciar más, también, la contundente vigencia de la obra.

 

Emotiva, asimismo, la presentación de la comedia dramática Como mariposas en la luz, de Diego Yaker, coproducción argentino-catalana (la primera del Proyecto Raíces), con 50% de técnicos marplatenses, y centrada en el drama de la crisis laboral y la emigración de los jóvenes. Según datos, ya hay 50.000 marplatenses en España, muchos de ellos en forma ilegal y a veces hasta con trabajo “esclavo”. “Espero que mi hijo no esté pasando lo mismo que el chico de la película”, dijo una espectadora al final, micrófono en mano.

 

E impresionante (porque en la Biblioteca del Congreso de Washington la dejaron como nueva), divertido, admirable (por lo que muestra), y hasta emotivo (porque además en la sala estaba Clyde Stoessel, hija del autor), ver en pantalla grande una singularísima película nacional de 1928, editada por la mítica Cinematográfica Valle. Se trata de Expedición Argentina Stoessel, registro del raid que hicieron dos hermanos, Adán y Andrés (padre de Clyde), en un Chevrolet Standard desde Pigüé hasta New York, por caminos entonces inexistentes. Vale decir, el primer raid panamericano, y el primer largometraje de tema automovilístico en todo el continente, un documento único, afortunadamente conservado en la Cinemateca Argentina, que largo tiempo bregó por su restauración. La proyección, casi 80 años más tarde, tuvo el plus de la música en vivo a cargo de Axel Krygier, bien inspirado. (Un plus a esta nota. Ante la hazaña de estos hermanos, que por supuesto se volvieron en barco, la empresa Chevrolet les regaló un auto nuevo, y durante muchos años conservó el viejo en su museo de automóviles. Pero sus actuales directivos no sólo no saben dónde lo tiraron, porque no está más en el museo, sino que tampoco colaboraron en la restauración, y eso que las imágenes del vehículo superando arroyos, pedregales y cuestas empinadísimas son una propaganda única. Hay gente que no sabe valorar lo viejo).

 

Momento único

 

Iba promediando la clase de Susan Sarandon. La gente se presentaba, hacía su pregunta, ella respondía. Muchos aplaudían sus respuestas. Pero donde aplaudió toda la sala, y hasta se puso de pie, fue cuando, semioculta por una columna, se oyó una vocecita diciendo “Hello, I’m China, I’m an actress…”. Tras la ovación, China Zorrilla terminó su pregunta en inglés, y remató: “No sé si buena actriz, pero parece que muy popular”.

 

Final

 

La fiesta de clausura, buena, se hizo en el Hotel Provincial, parcialmente recuperado gracias a la Cumbre de las Américas, según destacó, horas antes, el presidente del Incaa, licenciado Jorge Álvarez. En distendida charla con el periodismo, Álvarez señaló también la aprobación de los inspectores de festivales internacionales, los avances del mercado de cine, la especial selección de invitados que aportan conocimientos (“no estoy diciendo que desdeñemos las lentejuelas y el spray”), una nueva etapa de entendimientos con Cancillería, Mar del Plata (aportó casi el 30 % del costo total), Provincia (puso 300.000 pesos) y Ciudad de Buenos Aires (hotelería de los invitados en tránsito), próximos acuerdos de coproducción con Italia, diversas tratativas con la televisión nacional y continuidad del director artístico Miguel Pereira.

 

Ahora sólo resta convencer al municipio marplatense de limpiar debidamente la playa. En la Bristol, a pocos metros del Auditórium, hay hasta un neumático semienterrado.

 

 

 


Frases para recordar

 

“Para muchos profesionales el desempleo, o el no empleo, es casi una muerte civil. Por eso me interesó entrar en el mundo de la lucha por el puesto en una gran empresa, poder mostrar la obediencia ciega a las reglas del juego, la competencia feroz y la caída al vacío de muchos aspirantes. Respecto al final, cuando sólo quedan dos competidores, habrá que discutir qué gana y qué pierde cada uno” (Marcelo Piñeyro, sobre El método).

 

“Preparo una nueva versión de 1984 de George Orwell. Las anteriores hablaban de un mundo futuro, abstracto. Yo quiero hablar de lo que ya vemos, lo que está en la mente de muchas personas en Norteamérica. Por ejemplo, igual que en el libro, nadie les dice a esas personas que no hablen, ellas mismos creen que no deberían hablar. Ellas aceptan al Gran Hermano en vez de cuestionarlo” (Tim Robbins).

 

“Me interesa el tema del perdón, presente en Mientras estés conmigo y otras obras que hice. Tomar la responsabilidad de pedir perdón o perdonar. Me interesa la gente común que hace algo aunque tenga miedo o no le guste, como juntar coraje o fuerzas para atender a alguien que está mal. Es algo que corresponde a mi formación católica” (Susan Sarandon).

 

“En Animales heridos se oyen cuatro lenguas, de las tantas que hoy se oyen en Cataluña. Sorpréndase: las cinco principales son, en este orden, el español, el catalán, el bereber, el árabe y el quechua. Que, tal como aquí, es una lengua ‘oculta’, vergonzosa, pero de uso cada vez más cotidiano” (Ventura Pons).

 

“Aún hoy muchos discuten si los indios tienen alma. En Brasil se los considera una ralea, por debajo de los negros. Lo gracioso es que las últimas investigaciones demostraron que el ADN del brasileño medio tiene un 60% de ascendencia indígena” (Joel Pizzini).

 

“En 1982 yo era estudiante de cine. Todo el tiempo que duró el conflicto de Malvinas, en vez de prepararme para los exámenes lo pasé mirando el noticiero. Para mi generación, que aún no había vivido ninguna guerra, era impresionante ver cómo los medios de comunicación, de un momento a otro, se volvían tan oficialistas y patrioteros. Mi película de graduación fue, precisamente, sobre los hooligans que buscaban pelea en el Mundial de Madrid 82” (Charles McDougall).

 

“El profeta Mohamed autorizó la poligamia una vez como algo circunstancial, porque en ese momento había pocos hombres, y, para evitar que hubiera prostitutas y bastardos, autorizó que quienes pudieran alimentarlas, educarlas, y respetarlas, podían tener hasta cuatro mujeres. Era una ley circunstancial, que luego se desvirtuó por una visión feudal, mantenida por los hipócritas que usan la religión para sus fines particulares. Pero el personaje de mi historia finalmente sigue muy enamorado de la primera, como para tomar otra mujer. Es un hecho real” (Med Hondo).

 

“De Pietro Germi, que me introdujo en el cine, aprendí la humildad. Tenía una tarjeta a la vista de todos que decía ‘Non sono dottore’. Pero humildad no significa debilidad. Él sabía convencer y conducir a todo el equipo por donde él quería. De cuantos otros con quienes hice películas, también aprendí cosas. Todos tienen algo que podés aprender, en especial la gente verdadera, que ves todos los días. Por eso amo viajar en transportes públicos. ¿Sabes, antes de venir a Mar del Plata, lo interesante que fue para mí ir en el 29 de La Boca hasta Belgrano? ¡Es mejor que la tele! Cuando vuelva a pasar por Buenos Aires pienso tomarme el 60, de La Boca hasta el Tigre” (Stefania Casini, actriz y directora).

 

“No sé si esto es políticamente incorrecto, pero es una demostración más de cómo para un peronista no hay nada peor que otro peronista, porque ha sido muy injusto no recordar este año a Julio Mahárbiz, porque doy fe de cómo peleó para que se recuperara el festival” (Héctor Olivera).

 

“¡Qué alto es Tim Robbins!” (Adrián Suar).

Nº 2314 » Abril 2006

A propósito de Capote y otros ‘freaks’

por Devicienti, Valeria · Comentar 

Por fin he visto Capote y me ha gustado mucho. Posee todos los condimentos que uno espera de un retrato biográfico, tratado con respeto y distanciamiento por el director. El film muestra los pro y los contra de ser tal personaje: la discriminación (por ser un freak) y la seducción que el escritor ejercía sobre los otros, cual ángel perverso. Muestra también qué poco vale la ética en el arte: se es capaz de cualquier cosa y de la manipulación más artera cuando se trata de conseguir el propio objetivo. En síntesis, un retrato “muy” humano, lo que uno esperaría al ver parte de la vida de su autor favorito retratada en la pantalla…

 

Para los que hemos leído la biografía de Gerald Clarke sobre la que se basa el film, éste no ofrece nada nuevo. Encontramos la misma interpretación sobre A sangre fría, a saber: que escribirla llevó a su autor al punto más elevado de su carrera y al inicio de un desequilibrio emocional que lo arrastraría a adicciones sin límite. El film se encarga de mostrar que a medida que la escritura de la novela avanza, Capote comienza a volcarse hacia la bebida.

 

La obra no se permite dar cuenta de las emociones del propio Capote. Sí, aparecen retratadas, pero ¿qué motivo profundamente perverso lo lleva a ver los rostros de los asesinados? Yo querría más de eso, de “mi” Capote, un hombre de hierro cuando se trataba de enfrentarse a las miserias más bajas de la condición humana, capaz de transformarlas en un chiste para que dolieran menos. Sin embargo, la película adopta un estilo clínico, distante, vacío de emociones, otra vez en aras del realismo y el seguimiento “objetivo” de los hechos. Me gustaría ver una biografía de Capote realizada por… ¡David Lynch! Sospecho que él se ajustaría más a los requerimientos de esta parte de la personalidad del autor que el film no explora con detenimiento.  

 

Asimismo, lo que antecede no importa mucho en definitiva, porque el film tiene su vórtice en la desmesurada interpretación de Seymour Hoffman, centrada en lo mimético. Parece la reencarnación del mismísimo Capote, para quienes hemos visto su aparición en documentales. Gestos, matices de voz, miradas de soslayo… Capote era un freak, como varios de sus personajes –por eso la fascinación con Perry; los freaks se reconocen entre ellos 1; por eso la amistad con Harper Lee, otra freak –en otro sentido y de otro tenor–; o la amistad con Marilyn (queen freak entre los freaks). Por eso no me extraña que Seymour Hoffman se haya ganado el Oscar; cae de maduro que lo suyo no dista de lo que hizo que Marlee Martin ganara un Oscar, o Daniel Day Lewis cuando compuso el personaje de Mi pie izquierdo.

 

A no dudarlo, creo que Seymour Hoffman es un gran actor y se merece el premio sin lugar a dudas, pero en un punto no es “mi” Capote. Es demasiado respetuoso con el original para serlo, debería haberlo manchado y ensuciado un poco para no parecer tan lustroso. 

 

¿Crash ganadora del Oscar? Cuando la política invade estos premios puede llegar a suceder cualquier cosa. Sin duda eligieron la peor película del quinteto, tan formulaica como una partida de Scrabbel.

 

¿Lo mejor de la noche del Oscar? El clip con momentos de westerns que –con mirada graciosa– hacía ver la cuestión gay en el cine clásico. Y el premio honorario a Robert Altman, quizás el mejor director estadounidense vivo, el único que sabe ver –en sus más destacadas películas– lo freak de su propia sociedad, sin sentirse culpable por ello. Y hablando de freaks, qué decir de la maravillosa Dolly Parton: ¿no parecía de una de las marionetas del Pastor solitario de Sonrisas y lágrimas?

 

Por otro lado, la entrega me pareció tan cínica y distante… Faltaban grandes estrellas del pasado; se trata de una ceremonia cada vez más codificada y aburrida. 

 

En términos del concepto de lo freak, y para terminar, he visto en un día dos films de Gwyneth Paltrow, lo que indica que mi capacidad de tolerancia ha crecido en los últimos años… Una, la odiosa Proof, basada en una de esas piezas posmodernas que logran una ecuación extraña entre, por ejemplo, las bananas y los ladrillos. Aquí se trata de los sentimientos –y avatares emocionales de sus personajes– y las ¡matemáticas! Vemos desfilar a Anthony Hopkins, Jake Gyllenhaal y Hope Davis hablando hasta por los codos pero nos quedaremos con Gwyneth, que compone una –sí, adivinaron– freak que no lleva todas las de ganar; le cuesta mucho confiar en los otros y que ellos confíen en ella. Sólo puedo decirles que Closer al lado de Proof es como un paseo en la montaña rusa.

 

El doblete se completa con Sylvia, donde Paltrow compone a otra nuts, la célebre poeta Sylvia Plath. El otro lado de Capote en cuanto a retrato biográfico… El film hace hincapié en los avatares amorosos de ella y su marido (nada más atractivo que un poeta encarnado por la apariencia de un boxeador: Daniel Craig, el nuevo Bond, al que siempre recordaré como el masoquista amante de Francis Bacon en El amor es el diablo) exaltando la veta sentimental. No está mal, es una película agradable, y por una vez, debo quitarme el sombrero (que no uso) ante la Paltrow: su composición demuestra destellos de locura, y uno puede ver cierta mirada vacía como aquellas que tan bien sabía prodigar Mia Farrow en sus roles de extraviada, como el de Ceremonia secreta, Una boda y –por qué no– La semilla del diablo.

 

¿Más freaks? Rupert Everett en Separate Lies. Sólo verlo y preguntarse: ¿tiene SIDA? La película es bastante común en su recuento de un triángulo amoroso a la inglesa, están el siempre correcto Tom Wilkinson y la regordeta Emily Watson como los otros vértices. Hay un conflicto de clases –el guionista y director es el mismo guionista de Gosford Park– y una resolución del asunto extremadamente piadosa para mi gusto.

 

Podría seguir hablando de freaks: he visto a Sarah Jessica Parker y a Diane Keaton en The Family Stone, pero van a creer que soy una obsesiva. De todos los freaks recientes que he visto me quedo con la Felicity Huffman de Transamerica, por más lugares comunes que alguien haya dicho que el film tiene. Me ha sido la más simpática, la menos gélida.

 

No hubo, no había motivaciones humanistas en Capote, no podía haberlas; el sobrevivir en una sociedad superpoblada de “normales” se las había erosionado.

  

 

 


1
. Si uno lee con detenimiento los cuentos –aparentemente– más ingenuos de Capote, como Recuerdo navideño o como El arpa de hierba (nouvelle), verá que la perversión como transgresión de normas y leyes impera por doquier, y si bien no se glorifica al marginado se le presta una atención que redunda en simpatía por parte del lector. Para mí resulta obvio que había algo de venganza en Capote cuando veía el rostro de los asesinados: él estaba del lado de los asesinos, festejando cierta victoria tras las ofensas que miles de personas pertenecientes a familias como los Clutter –tan normales, tan lejanas de lo que es ser un freak o un outsider– le habían infligido a él y a otros de su colectivo freak.     

Nº 2314 » Abril 2006

Tributo a Homero Alsina Thevenet

por De Vita, Pablo · Comentar 

Con acierto, el último Festival de Cine de Mar del Plata dedicó buena parte de su grilla a la realización de diversos homenajes a figuras o movimientos claves en el desarrollo de la identidad cinematográfica latinoamericana. La Escuela de San Antonio de los Baños (Cuba) que nació del impulso de Gabriel García Márquez y Fernando Birri en 1986, las dos décadas del Oscar obtenido por La historia oficial, la sanción de la ley de cine, el reconocimiento a Ricardo Darín y el homenaje al chileno Patricio Guzmán… fueron algunos de esos actos con los que el Festival matizó  la competencia oficial y demás secciones.

 

Uno profundamente sentido, dada la irreparable ausencia, fue el tributado en memoria del destacado crítico uruguayo Homero Alsina Thevenet, fallecido en el pasado diciembre. Profundo conocedor y cultor del lenguaje, afamado crítico de cine y representante de medio siglo de la critica rioplatense, Alsina Thevenet había nacido en Montevideo en agosto de 1922 y entró al cine por accidente, en el sentido más literal del término, dado que a los once años fue atropellado por un ciclista y las restricciones del yeso llevaron a su padre (director del suplemento dominical de El Día) a conseguirle un carnet para entrar gratis al cine. Cinco años más tarde era voluntario en el periódico Marcha y a partir de 1945 comenzó a consolidar su nombre como uno de los críticos de cine más afamados de su país. Desde 1954 hasta 1965 trabajó en El País (más tarde, a su retorno del exilio en España y hasta su muerte dirigió con maestría su suplemento cultural) y desde ese año y hasta el golpe de Estado de 1976 trabajó en la Argentina en diferentes medios, entre ellos la mítica Primera Plana. En el exilio voluntario se reencontró en Barcelona con uno de sus más grandes amigos, el escritor Juan Carlos Onetti. Al recordarlo, en abril del 1999, escribió en Página/12: “Tuve amistad con Onetti cuando ambos éramos dos desconocidos. Era un bohemio, y era pobre. Había vivido en el fondo de la redacción de Marcha, que es donde lo conocí. Eso era antes de empezar a escribir sobre lo que era el cine. La amistad era también el conocimiento. Era un señor bastante silencioso, melancólico, muy atractivo para las mujeres que se le pegaban. Andá a saber por qué. Era un señor que parecía hosco y huraño para mucha gente. Tenía un centro muy tierno, muy idealista”.

 

Su retorno a Latinoamérica fue en el marco de la reinstauración democrática. Homero Alsina volvió a la Argentina, pero al producirse el triunfo de Carlos Menem, y cumpliendo una promesa, partió definitivamente para el Uruguay. Ese mismo año recibió el Premio del Ministerio de Cultura del vecino país. Dos años antes había publicado su exquisita Enciclopedia de datos inútiles que se sumaba a otros grandes títulos de su autoría y, en especial, de la crítica cinematográfica como Ingmar Bergman (1964), Charles Chaplin (1977) y Listas negras en el cine (1986). Otros trabajos suyos fueron el volumen de los primeros años del cine sonoro de Hollywood, los premios Oscar (cuando Internet y los buscadores temáticos no existían) y un par de recopilaciones de notas escritas en diversos medios. Hace un par de años en la redacción de El País Cultural, al consultarlo sobre su alejamiento del mundo del cine, se puso de pie y señalando a la ventana dijo: “Aquí enfrente esta el cine Central Plaza, ha cumplido 50 años y en su celebración éramos un puñado. Aún recuerdo cuando la gente compraba el diario para ver qué decía el crítico sobre tal o cual película. Hoy eso se ha perdido, esa influencia ha desaparecido y quienes amamos al gran cine, desgraciadamente, somos cada vez menos”.

 

Sus últimos contactos con la Argentina fueron para recibir el premio Cóndor de Plata a la trayectoria en 2002 por parte de la Asociación de Cronistas Cinematográficos, galardón que lo emocionó de manera singular al ser entregado “por sus pares”; la reflexión (en las páginas de Criterio) en 2004 a propósito del debate generado en 1986 Yo te saludo María, “la ignorada película de Godard que casi nadie ha visto y que casi todos quieren prohibir”, tal su sagaz texto; y una visita para dictar una conferencia en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires, gracias a los oficios de su director, y mucho antes amigo, Fernando Martín Peña. Su último texto publicado fue para el catálogo de los Premios Cóndor de Plata, con ocasión de una entrega especial a Saraband de Ingmar Bergman, el pasado año. Cronistas fue la primera entidad que premió a Bergman en el cono sur y Homero uno de sus más conspicuos difusores desde el descubrimiento de Juventud divino tesoro en el Festival de Cine de Punta del Este en 1952. Naturalmente en ese texto, que nadie deseaba que fuese el último enviado a Buenos Aires, aunque su salud flaqueaba, descollaba el talento y la natural admiración por su querido maestro sueco.

Nº 2314 » Abril 2006

Krzysztof Zanussi

por · Comentar 

- ¿Qué recuerdos le trae aquel lejano festival de 1970?

- Para ser precisos, treinta y seis años. Fueron varias emociones: mi primer festival internacional, mi primer viaje a través del Atlántico, el numeroso público que asistió a ver mi película. Además , los encuentros con los grandes de la época que estaban presentes como Maria Callas o Pier Paolo Pasolini, que presentaban Medea. Todos recuerdos muy queridos y muy fuertes para mí. Las cosas han cambiado y, si bien Mar del Plata está más “norteamericanizada”, el Festival tiene el mismo calor porque hay mucho público. Conozco muchos festivales, pero el público marca la diferencia porque aquí se ven jóvenes, viejos, estudiantes, jubilados… es muy simpático y es una característica de la Argentina que la hermana mucho a Europa, aunque nosotros hemos ya perdido ese tipo de vida. Es muy importante que exista interés por cosas abstractas como el cine, la música. Esto en la vieja Europa ya no existe.

 

- ¿Y por qué cree que se han perdido esos valores en la sociedad europea?

- El cambio se produjo por varias razones. Europa ha perdido su posición privilegiada y tiene grandes problemas económicos y culturales. Lamentablemente vivimos en la sociedad de masas; Ortega y Gasset brindó una visión profética de este proceso hace un siglo. Algo similar se da también hoy en la sociedad norteamericana, muy utilitarista pero también tendiente a la igualdad, algo que la diferencia de Europa donde la elite y el pueblo, durante siglos, estuvieron separados por una gran distancia. No existe más la realidad del siglo XIX con los niños que trabajaban en las fábricas y donde la gente no tenía nombre y era un engranaje que sólo pensaba en comer, pero también se ha perdido la gran cultura de la elite. Hoy, asistimos a un gran cambio y espero que Europa pueda transformarse en un continente más moderno con mayor igualdad y con el surgimiento de elites no sólo económicas sino en un sentido más profundo: que asuman la responsabilidad por los demás de manera desinteresada, por la solidaridad humana. Tengo esperanzas, pero mientras tanto, se produce caos y allí se pierden muchos valores culturales. Creo que son momentos de un proceso y Europa quizás pueda proponer al mundo una nueva forma de vida porque tiene raíces más profundas que la cultura norteamericana, hoy dominante. Ellos triunfan todavía, pero no será para siempre porque carecen de sensibilidad metafísica y de memoria histórica.

 

- ¿En el paradigma de la posmodernidad se niegan los valores espirituales del hombre?

- Se niegan con atraso porque estamos anclados en la memoria del siglo XIX, del cientificismo que es una visión muy primitiva. Increíblemente, hoy vivimos una ciencia muy cercana a la espiritualidad; pero el común de la gente lo desconoce. Observo en todo el mundo un acercamiento a la espiritualidad por parte de artistas y científicos, pero se trata del inicio de un proceso. Si pensamos en el interés por la espiritualidad hoy, en comparación a diez años atrás, advertimos un gran crecimiento: una tendencia. Pero así como Copérnico se adelantó a la opinión común más de trescientos años y Albert Einstein un siglo a la sociedad de su época, ciertos elementos empiezan a tener peso en nuestra mentalidad y nos permiten acercarnos a un punto esencial, clave, en la comprensión del mundo: el misterio. La ciencia hoy habla del misterio, a diferencia de la de hace dos siglos que sólo señalaba certezas. Las dudas son creativas e inspiradoras para el hombre y también para su acercamiento a la dimensión espiritual.

 

- Precisamente en su primera obra La estructura del cristal se señala la mirada ambigua de dos hombres de ciencia. Intuyo que sus estudios previos influyeron en el argumento.

- Es verdad que mi conocimiento del mundo científico está ligado a mi experiencia como estudiante de física. Pero toda mi vida preservé mis relaciones con el ambiente científico y el mundo académico me gusta mucho. Creo que los científicos, en cierto sentido, forman el grupo humano más avanzado porque encuentran la novedad absoluta en el descubrimiento del mundo. Ese es el motivo por el cual en varios de mis films la ciencia está presente.

 

- Como cineasta y como católico no podrá dejar de observar que realizadores que indagaron el misterio de la divinidad como Pasolini, Buñuel o el primer Fellini fueron duramente resistidos por la Iglesia…

- Creo que la Iglesia, en cuanto institución terrenal, tiene grandes debilidades y una de ellas es que entiende muy mal el lenguaje de las imágenes, por eso soy miembro de la Comisión Pontificia para la Cultura. Encuentro a obispos y cardenales que, muchas veces, en el campo de la cultura son completamente ignorantes y faltos de interés ante la fascinación del arte. No es casual que en el siglo XIX se diera el gran divorcio entre fe y arte. La Iglesia institucional ha cometido muchos errores en sus opiniones públicas, pero creo que hay una mejor percepción en los últimos años. En efecto, recuerdo que Juan Pablo II no quería intervenir en el debate sobre la película de Jean-Luc Godard Yo te saludo, María, pero la curia romana buscaba su apoyo para condenarla. El Papa no se pronunció públicamente sobre esa película como tampoco sobre la de Mel Gibson, aunque todos sabemos que tenía una opinión muy favorable. Son procesos humanos, para mí no muy importantes. Criticamos ciertos elementos y aspectos débiles de la jerarquía, y es natural porque no está muy preparada en el campo de la cultura.

 

- Usted es maestro de las formas sutiles, su cine es claro ejemplo de la contradicción del hombre entre los sentimientos y la razón, del apego a la vida y del insondable misterio que significa la muerte.

 - Soy un hijo de la guerra, era un niño en la guerra y he vivido las ejecuciones, la muerte en las calles, los bombardeos… puede ser eso o, quizás, como un reclamo a la mentalidad actual que nos esconde la muerte, y niega insistentemente su existencia. En la violencia de hoy existe una domesticación de la muerte que niega su dimensión cósmica. La sociedad niega un factor clave de la cultura. Ninguna cultura puede evolucionar sin confrontarse con la muerte.

 

- La televisión muchas veces es manifestación de violencia. Pero Ud. realizó una serie fantástica que introduce otro universo: Cuentos para los fines de semana…1. ¿Cómo elaboró su pensamiento más allá de las tendencias de la televisión actual?

- La televisión actual vive un cambio radical a través de las innovaciones técnicas. Pensemos solamente en la proliferación de los canales o en Internet que es prácticamente lo mismo a la televisión de hoy. Otro ejemplo es el teléfono portátil, un extraño matrimonio entre el teléfono, la televisión y la computadora. Pero considero que cada acto de comunicación tiene su valor positivo si lo hacemos de manera desinteresada, no para poseer, no para vender, no para manipular, no para la mera diversión. Solamente la búsqueda de la verdad con los otros tiene un valor positivo y universal. Utilizo la televisión como ingreso a lugares muy escondidos, para llegar a la gente que quiere dialogar con mi cine pero no tiene la oportunidad.

 

-¿Qué lo llevó a filmar Persona non grata en Montevideo? ¿Por qué retratar, tanto tiempo después, las resultantes del sindicato Solidaridad?

- Yo había pensado en Uruguay como el país ideal para la construcción del drama. Hay un elemento particular, es un país muy europeo sin ningún aspecto exótico, y es muy pequeño, sin la importancia mundial como tiene, por ejemplo, la Argentina. Por otro lado, no tiene una presencia histórica tan fuerte como este país o Chile. Me interesó porque Uruguay representa una neutralidad muy curiosa para la historia. Trabajar con Nikita Mikhalkov fue una experiencia fantástica para los dos, para él fue una gran alegría no ser responsable de la posición de la cámara y de la organización de la escena. Dice que es un gran placer ser dirigido por otros. Solidaridad representa para una generación una clara esperanza, y para los jóvenes es algo muy pasado de moda y casi desconocido. Quise plasmar estos dos universos y qué significa hoy recordar esos ideales 1.

 

- Se trata de una historia de espionaje y Ud. mismo, en otra época, fue investigado por la policía secreta polaca.

- Sí, me enteré mucho después de caído el comunismo. Un día golpean a mi puerta y se presenta un señor que me pide empleo. ´Recurro a Ud. porque tiene un sentimiento cristiano‘, me dijo. Yo me sorprendí y luego se sinceró diciéndome que había sido encargado de vigilarme durante varios años. Sabía, por ejemplo, que escribo las cartas a mano, que hablo poco por teléfono… detalles que me iba revelando a medida que conversábamos. Lo hablé con mi esposa y convinimos que no tenía la suficiente ética para trabajar dentro de la casa, por lo cual le ofrecimos podar el jardín. No quiso hacerlo y entonces lo envié a Andrzej Wajda, pero no estaba en Polonia en ese momento. Sí lo conoció Krzysztof Kieslowski y de allí nació, en parte, el argumento del último episodio de la trilogía de tres colores, Rouge, con el viejo juez que espía a sus vecinos, interpretado por Jean-Louis Trintignant.

 

 

  


1
. Aquí se conocieron algunos capítulos de Cuentos para los fines de semana en la Sala Leopoldo Lugones. En El último círculo un famoso bailarín regresa para una gala benéfica pero una inesperada crisis con su pareja pone en duda la función y los organizadores lo convencen de que baile con su ex esposa. En El alma canta, un joven tenor obtiene la gran oportunidad al aceptar reemplazar al maestro enfermo en el concierto de Año Nuevo de la Filarmónica Nacional, pero la noche anterior una vecina toca a su puerta porque se enfermó su perrito y los taxistas no aceptan llevarlos.

Nº 2314 » Abril 2006

Aproximación a Shelley

por Squirru, Rafael · Comentar 

Durante bastante tiempo me intrigaron las distintas versiones que leía sobre Mary Wollstonecraft, hasta que descrubrí que en realidad se trataba de dos personas distintas. La madre, feminista militante que había escrito ‘La respuesta a Burke’, en la que tomaba parte a favor de la revolución francesa y la defensa de los derechos de la mujer. Esta Mary tuvo una hija con el anarquista Godwin y fue la madre de la segunda Mary quien a los 17 años se fugó con el poeta Shelley. Una vida dio lugar a la otra ya que la primera Mary murió en el parto que dio vida a la segunda.

 

Sin duda es laberíntico entrar a la consideración del poeta Percy Bysshe Shelley (1792-1822) a través de quien fuera su segunda esposa y nada menos que la autora de la novela “Frankenstein”, que ha sido llevada a la pantalla en más de una oportunidad. De Shelley tengo escritos algunos poemas. El 214 de Números dice:

 

“Recuérdenos a través de Shelley,

Eglantina,

Para que no se olvide

De los momentos felices

Que pasamos juntos

Raquel y Rebeca;

Que estos poemas

Sean para usted

El perfume de nuestras horas

De barco y amistad,

Con todo el cariño

De Blanca.”

Y una fecha

16 de junio de 1939.

Y estalló la guerra.

 

Y luego otras, más cruentas todavía.

 

Y pasaron años, muchos años.

 

Imagino

Que serían ustedes

Unas chicas bonitas

Y por lo visto, espirituales:

Eglantina

Raquel, Rebeca y Blanca.

Las veo entrando a Mitchell’s Book Shop

En la calle Cangallo,

Donde me llevaba mi padre

A comprar fervorosamente

Los tomitos de Sherlock Holmes

Librería con olor inconfundible

A libros ingleses,

Olor a sal,

A niebla,

A cosa limpia y tonificante.

 

Allí compraron el precioso volumen:

Obras completas

De Percy Bysshe Shelley,

Con retrato en la portada,

Impreso en Londres

Para la Oxford University Press

En papel India.

 

Y luego escribieron las dedicatorias

A quién?

Sería otro,

Y me cuesta creerlo

Que no fuese yo mismo.

 

Yo, joven tal vez,

Como ustedes,

Como Shelley

El precioso joven

Con la pluma blanca entre sus dedos,

Que mira

Y que nos mira

Desde la mezzotinta implacable

Del retrato.

 

Cómo olvidarlas

Muchachas,

Presentes

En el poemario

Devuelto como el mar

Al compañero de aquel viaje.

 

Desde dónde embarcaron

Atenas, Haifa, Ultima Thule?

 

Fue a partir de entonces

Bajo las estrellas del Atlántico

Que recitaron estrofas

De la Revuelta del Islam,

De Prometeo,

Del Triunfo de la vida

O que vibraron como arpas orientales

Al solo nombre

De Ozymandias?

Que oficiaron

Sumas sacerdotisas

De los ‘Fragmentos’,

Fosforescentes

Como las aguas ecuatoriales que atravesaban

Plenos de energía

Como el día mismo

En que Shelley

Los rescató del caos?

Y así ustedes

Engarzando sus nombres

De resonancia bíblica

Entre la hierba depurada

De la sobria rima

Conminando

Desde aquel gesto

Sencillo y alto

Al poeta

Que registre

En la crónica celeste

El 16 de junio de entonces

Hoy

Cuando Eglantina

Raquel,

Rebeca

Y Blanca

Rompieron la barrera de la historia

Para instalarse

En el aquí y ahora y siempre

De la dimensión definitiva

Que les pertenece.

 

 

Elijo traducir el “Ozymandias” de Shelley:

 

 

Conocí a un viajero de una tierra antigua

Que dijo: Dos vastas piernas de piedra sin tronco

Se yerguen en el desierto … Cerca de ellas, sobre la arena,

Semihundido, un rostro destrozado, cuyo ceño

Y labio torcido, y mueca de desprecio,

Dicen bien que el escultor era capaz de leer esas pasiones

Que aún sobreviven en estos mármoles sin vida,

La mano que los burló, y el corazón así nutrido;

Y sobre el túmulo se leen estas palabras:

“Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:

Contemplad mi obra y humilláos.”

Es todo lo que queda. En redor las ruinas

De este colosal naufragio, sin límite y desnudas

Las huérfanas y chatas arenas se extienden al infinito.

 

 

Como síntesis de la vida y muerte del gran poeta me parece oportuno citar mi poema

 

 

“Corazón de Shelley”:

 

Sobre la playa

El humo de la ardiente pira

Espasmódicamente

Se eleva al cielo;

Azul-negro

Va consumiendo

Carne y recuerdos.

 

Aquella pasión temprana

De trágico epílogo,

La reprobación

De los que opinan;

Mágico encuentro y fuga

Con la hija de su maestro,

Peregrinar por tierra ajena,

Hijos pequeños

Que se adelantaron en la partida;

Y por fin tormenta

Naufragio y muerte.

 

Amigos lo rodean.

 

El más sensible

Reacio al espectáculo

Avanza sobre las olas

Lanzándose a nadar

El fuego

Reduce el majestuoso cuerpo

A cenizas.

 

Resta solo el corazón.

 

Quemándose las manos

Su fiel compañero

Lo arranca del túmulo.

 

Contempla ese sagrario de pesares

Del que solo brotó

Amor y belleza.

 

Corazón de poeta

Al que no pudieron

Reducir las llamas.

Nº 2314 » Abril 2006

Argentina y Bolivia en procura de intereses permanentes

por Del Bosco, Guillermo · Comentar 

Argentina y Bolivia no han logrado hasta hoy elaborar una política de intereses permanentes sobre bases firmes ni tampoco avanzar en esa dirección mediante acciones unilaterales que suscitaran una respuesta positiva de la otra parte. Durante el siglo pasado la atención argentina osciló en torno de temas considerados coyunturalmente prioritarios: la Guerra del Chaco, la guerrilla del “Che” Guevara y las posteriores, la preocupación por la endémica inestabilidad política boliviana; y, ya en este siglo, el gas.

 

Un bosquejo de las relaciones con Bolivia a fines del siglo XIX sugiere que la complicada geografía altiplánica impidió en buena medida el diálogo entre La Paz y Buenos Aires. La vinculación de intereses que en la época colonial había existido entre Potosí y el noroeste argentino, y que hizo de la Universidad de Charcas la casa formadora de muchos de los dirigentes de la Revolución de Mayo y de los congresales de Tucumán, había quedado atrás.

 

En consecuencia, la principal prioridad en el orden bilateral a fines del siglo XIX fue superar el aislamiento mediante el ferrocarril, que sólo se concretó en 1925 con la conexión de los respectivos sistemas ferroviarios en el sector fronterizo La Quiaca-Villazón. No obstante, no se avanzó en la definición de intereses comunes, tarea que indudablemente no parecía fácil: Bolivia exportaba entonces únicamente minerales y la Argentina no tenía mercado para ellos. Ni siquiera el ferrocarril –pensado para transportar los minerales del sur boliviano hacia una salida atlántica– brindaba un flete competitivo.

 

Hacia mediados del siglo pasado la agenda destaca cuestiones limítrofes o referidas a terceros países. En 1906 la Argentina fue invitada a arbitrar en el desacuerdo fronterizo peruano-boliviano entre los ríos Acre y Madre de Dios. El laudo del 9 de julio de 1909 favoreció a Perú y fue causa de graves incidentes anti-argentinos que llevaron a la ruptura de relaciones que se extendió hasta 1911. Sin embargo, la cuestión más prolongada se vincula con el diferendo paraguayo-boliviano por el Chaco Boreal, que abarcó casi cuarenta años de las relaciones trilaterales del siglo XX. La Argentina debía lograr una solución pacífica del litigio, encarando tanto la vía bilateral como la multilateral; sus gestiones fracasaron y estalló el conflicto bélico entre Bolivia y Paraguay (1932-1935). Tras el armisticio las negociaciones prosiguieron con distinta suerte y, finalmente, en 1938 ambos países suscribieron en Buenos Aires el Tratado de Paz, Amistad y Límites.

 

En 1941 Argentina y Bolivia firmaron el Protocolo al tratado de 1925. Éste disponía que Yacuiba y la Junta de San Antonio formaran parte de Bolivia, mientras el nuevo instrumento estableció el límite internacional en el río Pilcomayo, entre D’Orbigny y Esmeralda. Ambos, junto al Tratado de 1889, son los antecedentes jurídicos de nuestros límites.

 

La guerra del Chaco Boreal puso en evidencia el aislamiento de la dirigencia boliviana, en particular en relación con los países limítrofes, razón que selló en gran medida la suerte de Bolivia en el conflicto. En el caso de la Argentina, sus intereses estaban en Paraguay dado que existían allí importantes inversiones nacionales y la dirigencia liberal gobernante era manifiestamente pro-argentina.

 

El lúcido diplomático boliviano Alberto Ostría Gutiérrez señaló al respecto: “el país recogió una amarga experiencia… la vinculación del Paraguay a la economía argentina había sido decisiva a su favor, en tanto que la desvinculación de Bolivia resultaba fatal a ésta… sometiéndola a una incontrastable presión diplomática, con objeto de defender, en el fondo, los propios intereses argentinos”.

 

Al evaluar las consecuencias del conflicto del Chaco, Ostría manifestó irónicamente que se “cerró el capítulo de más de medio siglo de un estéril papeleo diplomático entre Bolivia y la Argentina”. En el papeleo tuvieron mucho que ver los convenios ferroviarios entre ambos países, que se demoraban en su aplicación y generaban a su vez nuevas negociaciones y convenios.

 

Fue Ostría quien del lado boliviano se alejó de las demoras burocráticas y puso en marcha un plan de integración del oriente de su país, territorio que la dirigencia boliviana sólo revalorizó a partir de la guerra del Chaco. Primero, como jefe de misión en Río de Janeiro suscribió un acuerdo con Brasil (1938) y, luego, como canciller otro con la Argentina (1941). Ambos compromisos estaban vinculados, respectivamente, con la construcción de los ferrocarriles de Santa Cruz de la Sierra a Puerto Suárez y de Santa Cruz de la Sierra a Yacuiba. En ambos figuraban el transporte y la exportación de petróleo boliviano.

 

Además, Ostría inició las negociaciones con el gobierno de los Estados Unidos para el financiamiento y la construcción de la carretera que integraría esa zona con el occidente boliviano, la que fue inaugurada en 1954 durante el primer gobierno de Víctor Paz Estensoro. Hasta entonces el único medio de comunicación moderno entre una y otra región era el avión.

 

En un principio se pensó, según la experiencia del ferrocarril que iba al altiplano desde La Quiaca, que el tramo Yacuiba-Santa Cruz de la Sierra generaría rápidamente un importante flujo comercial entre los dos países, hecho que no sucedió debido a que el mercado (Tarija y Santa Cruz) era entonces reducido y carecía de capacidad de exportación masiva, salvo hidrocarburos, cuyas ventas no alcanzaron relevancia hasta la década de los setenta, y eran transportados a través de ductos. Más aun, cuando aparece la soja en el oriente y se comienza a exportar, el camino más económico y eficiente no es el ferrocarril sino el sistema de transporte por barcazas por el río Paraguay.

 

En la década de los setenta el Gobierno argentino inició tratativas con su par boliviano para importar gas. Las partes llegaron a un acuerdo y se produjo la compra-venta del fluido por un lapso de 20 años (1972-1992) hasta la desaparición de Gas del Estado, ente que fue privatizado. La compra, definida en nuestro país como “estratégica”, es decir no comercial, estaba atada a ciertos criterios geopolíticos entonces en boga.

 

La discusión sobre el precio no tardó en reaparecer y fue motivo de reproches permanentes entre ambas administraciones. Sin embargo debe destacarse que –más allá de las turbulencias políticas que tuvieron lugar en las dos naciones– ninguna de las partes dejó de cumplir sus compromisos. Bolivia siempre suministró gas y la Argentina, aunque con algunos atrasos, pagó lo convenido. Incluso finalizado el convenio, por un tiempo la Argentina siguió comprando gas boliviano.

 

El ingeniero boliviano Carlos Miranda Pacheco, especialista en temas energéticos, al analizar esa exportación indica que “los montos adeudados por las entregas impagas llegaron a casi 400 millones de dólares con efectos devastadores… la deuda fue solucionada a través del tristemente célebre acuerdo de ‘borrón y cuenta nueva’ y de un mecanismo de pagos por trueque de mercancías”. El llamado “borrón y cuenta nueva” firmado durante la presidencia de Jaime Paz Zamora fue acerbamente criticado también por su sucesor Gonzalo Sánchez de Lozada. Ambos olvidaron que Bolivia se benefició con el acuerdo de cancelaciones mutuas de deudas, pues también Argentina tenía grandes acreencias a su favor. Además, Bolivia obtuvo luego un tratamiento privilegiado en la venta del gas que se extendió hasta 1992 por el cual percibía 82% en efectivo y el 18% restante se aplicaba a la construcción de carreteras y otras obras de infraestructura. Asimismo, los precios del gas boliviano mejoraron ostensiblemente en ese período. En 2004 nuestro país reinicia las importaciones de gas, esta vez no por razones estratégicas sino meramente comerciales, en un momento en que la demanda argentina aumentaba y sus reservas disminuían.

 

En la actualidad, la relación con el oriente boliviano se consolida con la construcción de la carretera Yacuiba-Santa Cruz de la Sierra y ya se han iniciado las obras de la ruta que unirá Brasil con Bolivia. Cuando éstas se concluyan, la presencia brasileña se incrementará aún más por razones de peso específico; y especialmente porque la incidencia económica de los dos Mato Grosso será más relevante que la de la provincia de Salta (de menor cuantía y presencia amortiguada además por el departamento boliviano de Tarija).

 

En los últimos cinco años las cifras del comercio bilateral argentino-boliviano, comparativamente con las de nuestro país con Paraguay y Uruguay, no han sido importantes, en particular por el escaso monto de las exportaciones bolivianas. La situación comienza a modificarse al suscribirse el nuevo acuerdo de gas. En 2003 las exportaciones argentinas ascendieron a 241.6 millones mientras las importaciones bolivianas totalizaron sólo 23 millones. En 2004 Argentina exportó 296,9 millones de dólares e importó por 138.6 millones de dólares, de los cuales correspondieron al gas 49.1 millones (35%). Según datos provisorios, en 2005 las exportaciones argentinas fueron de 350 millones y las importaciones bolivianas sumaron 250 millones, representando el gas 130.5 millones de dólares (68% proyectado). El paso más significativo del comercio bilateral es el de Yacuiba (Bolivia)-Salvador Maza (Argentina), lo que habla del predominio económico de Tarija y Santa Cruz en el intercambio bilateral sobre el resto del país 1.

 

Configurar la agenda bilateral es uno de los compromisos más sensibles que deben emprender las partes. El asunto más importante parece ser el gas, cuya significación es obvia, pero no va en zaga el cultivo de la coca, sobre todo cuando las nuevas autoridades bolivianas anunciaron que no se reducirán las áreas de sembradío. El flujo adicional de coca –más allá de si los quechuas o aymaras, como señaló Evo Morales, no saben de pasta básica o de tráfico de cocaína–, generará mayor producción de estupefacientes, producción que afectará en primera línea a la Argentina. Así lo atestiguan ya los datos de 2005 que hablan de un incremento tanto de los cultivos de coca en ese país como del tráfico de cocaína a todos los países limítrofes de Bolivia, con excepción de Perú, que es también otro productor de coca que ha aumentado su cultivo a raíz de la caída de este sembradío en Colombia.

 

Si el nuevo Gobierno boliviano decidiera evitar la existencia de excedentes debería restringir el área de cultivos de coca. De ser así, existirían escasos caminos para dar respuesta al problema del campesino desocupado y uno de ellos son los cultivos sustitutivos. En este caso, la Argentina, recogiendo experiencias como las del Chapare y de Perú y Colombia, debería tomar la iniciativa para que, conjuntamente con los Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil y Chile, se presente a la brevedad un plan de financiamiento de nuevos sembradíos y se prevea –cuando corresponda– su industrialización y el acceso de las diferentes producciones a los respectivos mercados para generar una demanda que asegure el precio de su comercialización, y aleje al campesino local de la necesidad de cultivar coca por ser el único producto que hasta ahora vende bien y con certeza. La idea de instalar una o más estaciones experimentales del INTA podría estar atada a este proyecto.

 

Queda el tema del mejor aprovechamiento de la integración física: existen ferrocarriles y caminos, pero lo que se transporta de un país a otro no es significativo. Cabe preguntarse cuál es la mejor forma de revalorizarlos, promoviendo no sólo el intercambio sino también el turismo. El ferrocarril del altiplano, que a su vez está unido al peruano, debería ser modernizado para satisfacer las exigencias del turismo internacional de los tres países. Lo mismo vale para la carretera Yacuiba-Santa Cruz, que puede atraer turismo del NOA.

 

El mejoramiento de la hidrovía debe ser prioritario. Desde Puerto Aguirre salieron en 2005 más de 700 mil toneladas de soja producidas en Santa Cruz de la Sierra, y si se avanza con la idea de explotar el Mutún habrá que prever que inicialmente movilizará cifras superiores. Y deberá tenerse en cuenta que se trata de un mineral que, además de lo que pueda ser adquirido en nuestro país, necesitará de un puerto de transferencia como la soja boliviana lo tiene en Nueva Palmira (ROU).

 

La falta de líneas aéreas regulares sigue siendo un obstáculo para la comunicación moderna entre Buenos Aires y La Paz. Pero más allá de esta carencia, la altitud de La Paz (3650 metros) y de su aeropuerto (4100 metros), y el consecuente “soroche” en los visitantes desalienta los encuentros oficiales, dato que debería ser considerado por el Gobierno boliviano.

 

Dentro de esa agenda existen otros asuntos de interés que merecen ser tratados: inmigración, integración fronteriza, aprovechamiento del Bermejo y del Pilcomayo, estudio y construcción del camino Villazón-Potosí, nueva zona franca en reemplazo de la actual en el Puerto de Rosario, colaborar con un plan destinado a brindar documentación de identidad a todos los bolivianos, etcétera.

 

Por último, cabe reflexionar sobre la necesidad de implementar un plan de cooperación destinado al desarrollo de Bolivia. Dentro de las ofertas que nuestro país puede presentar, apreciamos que el mayor esfuerzo debe estar destinado a que ese país amplíe su oferta exportable y que ésta a su vez cuente con mercados de colocación identificados. Dada la numerosa población rural habría que avanzar en el desarrollo de sectores vinculados al uso de mano de obra campesina. Esta propuesta debe ser encarada de manera diferente de la sustitución de cultivos de coca, pues la localización del proyecto debe ser distinta. Aquí también el INTA puede desempeñar un papel fundamental. Un ejemplo a imitar es la oferta de Japón al Gobierno de La Paz, dada a conocer en enero de este año, de comprar quinoa *. Oferta que seguramente traerá aparejada otro tipo de asistencia.

 

Los puntos de la agenda brevemente desarrollados podrían en un futuro conformar la base de una red de intereses mutuos que permita consolidar una relación permanente. Y lo serán en la medida que cada uno de los actores pueda construir una afinidad basada en la confianza, la generosidad y el respeto mutuos.

 

  

  


Los juicios emitidos en este artículo son de exclusiva responsabilidad del autor.

 

1. Fuente: Cámara de Comercio Argentino-Boliviana de la República Argentina: “Argentina y Bolivia un puente para el desarrollo económico” 5/XII/2005.

 

* La quinoa ha sido definida vulgarmente como un “súper-cereal”. Es oriunda del altiplano andino, incluida la Argentina, se cultiva a más de 3000 metros de altura y en 1975 fue reconocida por sus valores nutricionales por la Academia de Ciencias de los Estados Unidos y posteriormente por la NASA.

Nº 2314 » Abril 2006

Michelle Bachelet presidenta de Chile

por Barlocci, Alberto · Comentar 

Hay cosas que no se improvisan. El traspaso de mando entre Ricardo Lagos y su sucesora Michelle Bachelet demostró que el prestigio del que goza Chile a nivel internacional y su éxito no se basan sólo en su pujante economía y en la laboriosidad de sus ciudadanos, sino también en la solidez de sus instituciones y en la madurez de su democracia.

 

¿Cómo explicar si no que el presidente saliente concluya su mandato entre ovaciones y un índice de aprobación superior al 70%, y que su correligionaria comience el suyo con el 63% de apoyo? Son porcentajes superiores al caudal electoral del Partido Socialista y de la misma Concertación (Bachelet ganó en la segunda vuelta con el 53,5%).

 

Nadie pone en discusión los dos principales logros de los chilenos a lo largo de estos 16 años desde el fin de la dictadura: una transición vivida en paz y en el respeto de las reglas del juego y, al mismo tiempo, la consolidación de su economía.

 

Sin embargo, no era una tarea fácil reconstruir la democracia de un sistema político en el que el peso de la figura de Augusto Pinochet seguía siendo considerable. “En 1989 voté en contra de Pinochet –comenta un docente santiaguino–, pero nos moríamos de miedo”.

 

“En estos años, a medida que se aportaron pruebas de las violaciones a los derechos humanos, Pinochet fue perdiendo peso dentro de la misma derecha. Quedaba demostrado que esas acusaciones no eran propaganda”, explica Rodrigo Mardones, docente de Ciencias Políticas de la Universidad Católica de Santiago. “El golpe final fue el descubrimiento de las cuentas secretas en el exterior, eso acabó con la idea de su honestidad”.

 

A su vez, las Fuerzas Armadas tuvieron un proceso de reforma importante que ha enfatizado el respeto del Estado de derecho y de los derechos humanos, y su rol alejado de las cuestiones políticas.

 

Para muchos analistas, Chile es hoy una experiencia económicamente exitosa, precisamente a partir de las reformas estructurales comenzadas durante la dictadura militar. “Guste o no –comenta Mardones–, es un hecho que las convulsiones sociales como reacción a los contragolpes del modelo económico de corte neoliberal, no podían verificarse durante la dictadura. Eso dio tiempo a la economía de absorber la etapa más crítica en la que el consumo disminuye, los sectores menos competitivos se resienten y crece el desempleo. Por supuesto, eso fue a un precio muy alto… Pero de a poco se comenzó a generar trabajo, llegando hasta el pleno empleo y altos niveles de crecimiento”, concluye.

 

Acerca del modelo económico se puede decir que en Chile existe un consenso sustancial de parte de todo el espectro político, aún con matices y con críticas por los costos sociales. “Hoy se podrá discutir si el superávit estructural del Estado debe ser del 1 o del 2%, pero nadie discute acerca de su necesidad para superar eventuales ciclos de crisis”, comenta un funcionario del Ejecutivo.

 

“Nuestra economía alcanzó su mayor éxito entre 1985 y 1995, es decir, durante los últimos 5 años del gobierno militar, hasta el mandato del presidente Aylwin”, explica Osvaldo Ferreiro Poch, del Departamento de Economía y Administración de la Universidad Alberto Hurtado, de Santiago. “Se trata de un modelo claramente neo-liberal –continúa Ferreiro Poch–. Ya en democracia, la Concertación ha aportado algunos correctivos, aunque la sustancia del modelo permanece invariada”.

 

Pero el éxito alcanzado, precisamente donde el resto de Sudamérica ha fracasado rotundamente, no quiere decir que Chile haya resuelto todos sus problemas. Persiste una amplia brecha de desigualdad entre ricos y pobres; si bien reducida a la mitad, la pobreza ronda el 18%, y la indigencia el 5%. Es decir, los beneficios del crecimiento, aún no son percibidos para una parte importante de la ciudadanía.

 

El tema es si el modelo posee la capacidad de resolver estos problemas. Si bien reconoce los avances alcanzados, Osvaldo Ferreiro Poch considera que “la economía neoliberal es exitosa en los grandes números. Pero su punto débil es que va en contra de la dimensión más social, más solidaria del ser humano. La esperanza es que el gobierno de Bachelet pueda aportar los correctivos necesarios para enfrentar estos problemas”, agrega.

 

En efecto, la batería de medidas anunciadas por el flamante gobierno va en esta dirección: cobertura de salud gratuita para todos los mayores de 60 años; apertura de 800 jardines de infantes; reforma del sistema jubilatorio, creación de puestos de trabajo.

 

Medidas destinadas a superar las desigualdades. “Exactamente –confirma Ferreiro Poch–. Y es una necesidad también política. Hay unos 3 millones de chilenos que no figuran en el padrón electoral. El voto es obligatorio, pero para los que se registran. Se estima que 2/3 de los jóvenes entre 18 y 25 años no está registrado, quizás porque rechaza de alguna manera el sistema actual, no se siente representado. Es un porcentaje alto de la población disconforme con la gestión política y con las desigualdades producidas por el modelo económico. Es un desafío”, finaliza.

 

Otro punto sobre el cual se percibe un implícito consenso general, es la política exterior. El país ha mirado más hacia el Pacífico que hacia el Atlántico, privilegiando una red de acuerdos bilaterales y de tratados de libre comercio con la Unión Europea, Corea del Sur, los Estados Unidos, Singapur, China, etc. Se prevé la firma de sendos tratados con Japón e India.

 

Dicha postura ha sido tildada de aislacionista, sobre todo en relación al resto de la región. Chile no integra ni el Pacto Andino, ni el Mercosur, por ejemplo. Quizás la frecuente debilidad institucional de sus vecinos explique en parte esta actitud.

 

Nadie ignora que los miembros del Mercosur sueñan con ampliar el bloque a Chile y Bolivia. Pero, más allá de las expresiones de deseo, para lograrlo Brasil y la Argentina deberán dar garantías de un trato igualitario a los transandinos. Trato que los mismos socios menores, Uruguay y Paraguay, reclaman con insistencia.

 

En el caso de la Argentina, un gesto importante sería el de una mayor reciprocidad en las relaciones con Chile. Lagos, durante la crisis de 2002, nos apoyó ante el FMI. Para eso, dispuso que se dejara a un lado la lista de reclamos que esperaban ser presentados ante nuestro gobierno, atendiendo a que no era ése el momento para hacerlo. Pese a esta actitud, nosotros demandamos a Chile ante la OMC. El tema energético (en 2004, Argentina incumplió los contratos de venta de gas a Chile) y los problemas en materia de transporte son las cuestiones que habrá que resolver para avanzar en el terreno de la relación fraterna que nos une. La presidenta Bachelet considera estratégica la relación con nuestro país. “Podrán cambiar los gobernantes, pero nuestra geografía se mantiene”, declaró. Y eso explica que su primer viaje al exterior fuera precisamente a la Argentina.

 

El nombramiento de Alejandro Foxley en la cancillería supone una mayor apertura regional. Es harto conocida su postura abierta a la integración. Además, Bachelet considera necesario abordar la delicada cuestión del acceso al mar de Bolivia. Un abordaje positivo, o la solución del problema, sería un hito histórico y un paso clave para la integración regional.

 

“Ustedes están abriendo caminos para los países del sur”, le dijo a Bachelet el presidente sudafricano Thabo Mbeki. Aún con sus límites, el de Chile puede ser un ejemplo para muchos países que buscan consolidar sus democracias y un postergado desarrollo. La principal virtud de este ejemplo, como sugería Miguel de Unamuno, reside quizás en procurar más “ser padres del nuestro porvenir, que hijos de nuestro pasado”.

 

  


Un crecimiento sostenido

Con 15,1 millones de habitantes (menos de la mitad de la Argentina), el PBI chileno es de 110 mil millones de dólares (el nuestro es de 120 mil millones).

La inflación es inferior al 4%, el desempleo ronda el 8%, y el crecimiento ronda el 6% anual. En 2005, las exportaciones de Chile igualaron las nuestras, rozando los 40 mil millones de US$. El saldo comercial arroja un superávit de 9 mil millones de US$. Mantiene el 27% de su comercio exterior con Asia, el 25% con América latina, el 22% con Europa y el 15% con los Estados Unidos.

 

 


Mujeres y política

El rol de la mujer en la política y en la sociedad es un objetivo explícito de la presidenta Bachelet. El 50% de su gabinete y el 33% de los gobernadores son mujeres. Se respetó la cuota femenina también en los demás cargos administrativos. “Chile será el primer país que tendrá paridad total”, anunció la mandataria.

Nº 2314 » Abril 2006

El desafío de la economía del conocimiento

por Videla, Ludovico · Comentar 

Desde hace más de una década ha logrado aceptación entre los especialistas, la noción de que la economía postindustrial está mutando hacia algo nuevo denominado “economía del conocimiento”. Son casi sinónimos los términos “economía de la información”, “economía virtual”, “economía de internet” o, tal vez el más divulgado, de “nueva economía”.

 

En su esencia la “economía del conocimiento” es un proceso en el que los insumos y los productos o servicios finales están conformados preponderantemente por conocimiento e información. Esto es lo que les da un mayor valor agregado.

 

La “economía del conocimiento” se organiza a partir de la difusión de modernas tecnologías de comunicación, que permiten acceder a todo tipo de conocimientos e información, en cualquier lugar y a escala global. Cuando estas tecnologías se aplican a las actividades tradicionales, la productividad crece asombrosamente y facilita el diseño o rediseño de nuevas actividades y productos.

 

Como se sabe, hace ya muchos años que Joseph Schumpeter descubrió el impulso fundamental que mantiene el dinamismo de la economía capitalista: la creatividad innovadora del empresario que desarrolla nuevos bienes de consumo, métodos de producción o transporte, mercados o formas de organización productivas que superan y reemplazan a las anteriores.

 

Desde este punto de vista, la “economía del conocimiento” es un factor de innovación de enorme potencia que cubre todas las actividades económicas. Se reduce la escasez relativa de los recursos naturales y del capital, y aparece otro factor escaso que es el capital humano, es decir la disposición y la capacidad de las personas para aprender y adaptarse a esta nueva situación.

 

Es importante entender lo que el capital humano significa, porque cumple un papel fundamental en el desenvolvimiento de un país hacia la “economía del conocimiento”. También cobra importancia la reforma de las políticas públicas y la acción del Estado. Téngase en cuenta que el conocimiento y la información son bienes públicos.

 

En la “economía del conocimiento” cobra particular trascendencia el sistema educativo y especialmente el universitario, creador de conocimientos y formador del capital humano.

 

Finalmente es de especial interés reconocer la actitud que demuestra cualquier economía en la recepción de estos procesos de cambio. La fluidez y velocidad en la adaptación, potencia sus beneficios. Por ello quiero hacer, en este breve artículo, un juicio somero sobre el tema y relacionarlo con la economía argentina.

 

El capital humano

 

Hace muchos años que se reconoce que una persona que logra un diploma universitario, mejora sus ingresos laborales con respecto al momento previo a la graduación. En mi experiencia, en el ámbito de la economía, esa mejora es del orden del 50%.

 

También es cierto que hay diplomas cuyo efecto en los ingresos es imperceptible o situaciones en las que es difícil trabajar en el área elegida por falta de oportunidades. Esto se sintetiza en la sarcástica expresión porteña, de que para conducir un taxímetro el diploma universitario no importa.

 

El capital humano es el intangible que permite mejorar los ingresos. Se mide como el valor actual de la diferencia de ingresos a que hacíamos referencia, a lo largo de la vida activa de la persona y descontada a una tasa convencional.

 

En Europa y en los Estados Unidos hay estudios específicos que miden con precisión la variación del capital humano, por región y actividad. He revisado una estadística reciente que calcula para los Estados Unidos, un 100% de mayores ingresos entre los graduados universitarios, con respecto a los que sólo tienen educación secundaria; para Francia el índice es del 76%; para Inglaterra del 65%; Alemania 60%; Italia 35% y Corea del Sur 32%.

 

El que divulgó este concepto es Gary Becker, premio Nobel de Economía y prominente representante de la escuela de Chicago 1. Lo sencillo y comprensible del concepto, no debe llevar al engaño de pensar que elevar el capital humano de una sociedad es algo fácil y que se logra con mayores oportunidades educativas o sin restricciones de acceso a la universidad.

 

Mejorar el capital humano significa preparar a las personas para lograr una economía con mejor y mayor productividad, lo que implica una tarea de educación y formación complejas que debe tener como punto de partida la buena disposición del educando. Para ello es muy importante el sistema educativo, aunque también gravita la familia y el ambiente cultural, que incluye los medios de comunicación y de opinión, y la valoración de las virtudes propias del trabajo: inteligencia, disciplina, tenacidad, paciencia, etc. 2

  

Notables resultados

 

Lo más interesante de la “economía del conocimiento” son sus resultados favorables. En los países que la han incorporado –Irlanda, Australia o Corea– el crecimiento ha sido muy acelerado. Pero también lo ha sido en países económicamente más maduros, como los Estados Unidos, Holanda o Noruega, entre otros. Todos han incorporado más personas al mercado de trabajo, obteniendo significativos avances en la productividad de las personas ocupadas.

 

Un estudio del economista Lester C. Thurow comprueba que la economía basada en el conocimiento produce el más alto crecimiento, tanto económico como social. La inversión en investigación y desarrollo (I&D), medida en ocho casos que analizó Thurow, muestra que la tasa de retorno del capital privado promedia el 24%. Pero el retorno social (los retornos económicos que llegan a toda la sociedad) es tres veces más alto: 66%, con un rango del 50% al 105%. Thurow afirma que “nadie ha encontrado un resultado semejante y que ésta es una de las conclusiones más robustas de la economía” 3.

 

En muchos casos –Australia, Irlanda, Noruega, Finlandia, Dinamarca y los Estados Unidos– el incremento de la productividad está asociado a significativos progresos tecnológicos, que reflejan la eficiencia con que el capital y el trabajo es utilizado. También inciden la calidad de la administración, la adecuación de la organización y las continuas mejoras en la forma de producir bienes y servicios.

 

En los países que incorporan la “economía del conocimiento”, el efecto favorable sobre la productividad laboral es más importante que la intensidad de capital por trabajador. En los Estados Unidos el incremento de la productividad se aceleró del 0,6% anual a mediados de los 90, al 1,25% anual en los años más recientes. Como contraste, la productividad laboral en la Argentina está estancada en los niveles de 1975, es decir con 30 años de atraso. Por ello no sorprende que se hayan deteriorado todos los indicadores económicos y sociales.

 

Cuando se analizan las transformaciones en las “economías del conocimiento” se observan, como denominador común, procesos de mejoramiento en la productividad fundados en la mayor capacitación de las personas y en la aplicación de tecnologías e innovaciones de manera generalizada. Es difícil distinguir factores individuales o acciones prevalecientes. Lo novedoso es, tal vez, que la relación entre el progreso tecnológico, la innovación y sus efectos sobre la producción, ha variado en la forma en que interactúan. Se ha facilitado enormemente la difusión del conocimiento, la cooperación científica y tecnológica, y el trabajo en equipo.

 

Otro aspecto significativo es que la innovación se ha acercado mucho al mercado y a sus necesidades. Las empresas han descubierto la potencialidad de esta herramienta, por lo que incrementaron significativamente las inversiones en I&D. También se ha producido un acercamiento con el sector científico de investigación básica, lo que ha acortado el espacio y el tiempo de maduración de una investigación y su aplicación en el mercado.

 

El gasto de las empresas en servicios relacionados con la innovación, representa hoy más del 15% del total en las “economías del conocimiento”. Tengo a la vista una estadística de la OECD, en la que Canadá figura con un 30% del gasto empresario en servicios relacionados con I&D.

 

Las nuevas tecnologías de comunicación han sido fundamentales, pues facilitan el mencionado proceso de cercanía y contacto. Pero el incentivo por reducir riesgos y costos también induce a la cooperación y a la especialización, con sus propios frutos.

 

Se ha demostrado que la colaboración entre empresas es un factor favorable en el descubrimiento, aplicación y difusión de las innovaciones tecnológicas. Por ello se observa en ellas más interés por las redes de contacto y los emprendimientos conjuntos, siempre en una perspectiva global.

 

Otro aspecto interesante es el de las patentes. Además de crecer en número, aumentó significativamente la inscripción de inventos por no residentes o los inventos registrados en otros países. Es decir, operaciones donde propietario de la patente e inventor pertenecen a países distintos. Esta tendencia a la internacionalización es más acentuada en ciertos países, como los Estados Unidos.

 

Las economías más dinámicas reciben con avidez el aporte de científicos que migran por distintas razones. Australia y los Estados Unidos se han beneficiado notablemente de los movimientos migratorios de investigadores. Más allá del fastidio que produce saber que nuestros científicos son parte del movimiento referido, habría que tomar conciencia de que en la “economía del conocimiento” el capital humano es la llave, por lo que atraer inteligencia e ideas del exterior es fundamental para enriquecerse. Lo importante es ser un país atractivo y receptivo para los investigadores y no protestar porque se van.

 

El rol de las universidades

 

El modelo norteamericano de colaboración científica entre el gobierno, la universidad y las empresas, con una fuerte protección de las patentes, ha dado muchos frutos y es crecientemente imitado. También resulta valorado e imitado dicho modelo universitario. De hecho, Europa ha encarado una reforma importante de su sistema universitario y tomó ese modelo como referencia.

 

La cuestión es sencilla. Si observamos el ordenamiento de las mejores universidades, con criterios objetivos, la presencia de las estadounidenses en los primeros 500 lugares es abrumadora. Entre las primeras 20, hay sólo una inglesa y una japonesa; entre las 100 primeras, no llegan a 5 las no norteamericanas. América latina tiene 3: la de San Pablo, la de México y, muy al final de las 500, la Universidad de Buenos Aires.

 

No puedo extenderme sobre el problema universitario y, más importante aun, sobre el sistema educativo. Nuestra visión es, en general, incorrecta cuando pensamos que el sistema norteamericano es más eficaz porque aplica el modelo de los “business university”, lo que es erróneo. La superioridad de los Estados Unidos está en su “research university”, que ocupa los primeros lugares y a los que destina enormes esfuerzos y recursos.

 

La “economía del conocimiento”, en síntesis, valora la inteligencia, es decir, a las personas por sobre las máquinas, la infraestructura y los objetos materiales. De allí la importancia de poner el acento en la educación y la investigación científica.

  

La Argentina y la “economía del conocimiento”

 

Sobre la “economía del conocimiento”, como en el resto de nuestras realidades, encontramos en el país muchos elementos negativos y algunas razones para la esperanza. Por ejemplo, es notable la aplicación de innovaciones en la actividad agropecuaria, donde se conjugan avances científicos con acciones empresarias exitosas y resultados sorprendentes. Las cien millones de toneladas de producción, no parecen lejanas aunque con tecnologías mayormente desarrolladas afuera, como la semilla de soja transgénica de Monsanto. El conflicto por esta semilla, pone a la luz una conducta colectiva nefasta. Hay un enorme mercado negro y un marco regulatorio inseguro para la innovación, porque no se protege la investigación y la inteligencia. Admiramos más la viveza.

 

No obstante, hay una esperanza con la creación en Rosario del Instituto de Agrobiotecnología, iniciativa de Bioceres y Biosidus, empresas innovadoras argentinas que a través de una gran inversión tienen la intención de revertir esa dependencia tecnológica, en un campo donde la Argentina tiene ventajas comparativas.

 

En un plano más modesto, podemos ubicar a la ganadería, con la extensión de su frontera hacia el norte y la eliminación de la aftosa, que parecía un hecho hasta este verano que rebrotó.

 

En materia de educación, tengo a la vista un estudio que explica el porcentaje de alumnos que asiste a la nueva estructura polimodal en cada provincia. En algunas pocas el porcentaje está cercano al 100%; en otras, la reforma no se ha iniciado o va muy lenta. Los resultados de evaluación por provincia, o sea las calificaciones de los exámenes de lengua y matemática, son muy parecidas en cada región. En las escuelas que aplican el polimodal, las calificaciones son iguales o peores que antes. O sea que la reforma ha fracasado.

 

En una “economía del conocimiento” debería explicarse por qué se despilfarró tanto dinero en una reforma ineficaz y qué se hará a partir de ahora. No es recomendable poner más dinero en un sistema educativo como el nuestro, sin corregirlo antes.

 

No tengo ni uso telefonía celular, porque prefiero perfeccionar otras cosas distintas de la comunicación telefónica. Sin embargo, es notable el auge de esta tecnología en la Argentina. Su abaratamiento en costo y uso ha facilitado las comunicaciones y mejorado la eficiencia general y la de varias actividades en particular. Esto, en definitiva, es la aplicación de tecnologías de la “economía del conocimiento”, aunque en nuestro caso también sean foráneas.

 

 “Economía del conocimiento” sería, para nosotros, un paso anterior: confiar en los que saben, promover la inteligencia y el estudio, e implementar desde el Estado políticas innovadoras. Con ellas lograríamos una mayor recepción de la “nueva economía”.

 

  

 


Notas

1. Cfr. Becker, Gary, 1983, Human Capital, University of Chicago Press, Chicago.

2. Cfr. Videla, Ludovico, 2003, La economía y la familia, Educa, Buenos Aires.

3. Lester C. Thurow, Building Wealth (The new rules for individuals, companies and nations in a knowledge based economy), Harper Collins Publishers, 1999.

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