Diciembre 2006
La situación social en la Argentina
En los encuentros y asambleas trienales de Cáritas Argentina se intenta conocer y comprender la realidad global del país sin perder de vista las diversidades y particularidades de cada una de sus regiones, tratando de conceptualizar y cuantificar algunas de las principales problemáticas sociales que aún afectan a millones de argentinos, con el fin de trazar las líneas estratégicas que guiarán la acción de la institución en los próximos años. Este año más de 400 delegados participaron del XV Encuentro y Asamblea Nacional realizado en Guaymallén, Mendoza.
Las estadísticas reflejan la recuperación de la economía y el quiebre de la tendencia negativa de los indicadores sociales. Basta citar estas cifras: 37 meses de crecimiento ininterrumpido con tasas promedio cercanas al 9% del PBI (período 2003-2005), disminución de la pobreza del 53% (mayo 2002) al 31.4% (1er. semestre 2006), descenso de la tasa de desocupación, que pasó del 20.8% (mayo 2002) al 10.9% (1er. semestre 2006) 1.
Sin embargo, si se toman en cuenta períodos más prolongados, se puede constatar que gran parte de la población ha sufrido un deterioro gradual y constante de sus condiciones de vida. De esta manera, la pobreza, el desempleo y la desigualdad se han convertido con el correr de los años en problemas sociales estructurales de la Argentina.
La pobreza
Es posible definir la pobreza como una situación donde se limita el acceso a bienes materiales y culturales y a la información, impidiendo el flujo de recursos y la acumulación de activos. Las familias se ven afectadas por una situación integral que, si bien no siempre implica la insatisfacción de todas las necesidades básicas, limita el desarrollo humano de sus miembros y les impide participar decorosamente del estilo de vida prevaleciente en una sociedad dada y en un tiempo histórico determinado. (Redondo 2002: 29)
Siguiendo uno de los enfoques tradicionales de medición de pobreza por ingresos y tomando como referencia los valores máximos de la crisis de fines del 2001, se puede decir que los niveles de pobreza 2 disminuyeron cerca del 40%, pasando del 53% de la población (mayo 2002) al 31.4% (1er. semestre 2006). Lo mismo sucede con los niveles de indigencia 3 que se redujeron un 55%, pasando del 25% de la población (mayo 2002) al 11.2% (INDEC, EPH, 1er. semestre 2006). A pesar de estas significativas reducciones, en la actualidad 11.3 millones de personas son pobres, de los cuales 4 millones son indigentes 4. De esta manera, la pobreza en la Argentina se ha constituido a lo largo del tiempo en un fenómeno de masas, y no ya de una pequeña minoría como en el pasado.
En el Gran Buenos Aires (GBA) se puede constatar que en los últimos 30 años, la proporción de población bajo la línea de pobreza creció aproximadamente 10 veces, pasando de 3.2% a 29.4%. En igual período, la proporción de la población por debajo de la línea de indigencia se multiplicó casi por 6, pasando de 1.8% a 10.3% en el mismo aglomerado.
Asimismo, existen diferencias significativas en los niveles de pobreza en el interior del país. Mientras que en la Patagonia el 21.5% de la población se encuentra bajo la línea de pobreza y el 6.5% bajo la línea de indigencia, estos porcentajes trepan al 48.0% y 17.6% respectivamente en el noreste y al 54.0% y 22.7% en el noroeste. (INDEC, EPH, 1er. semestre 2006). Esto muestra las significativas brechas interregionales vigentes en el país.
Por otra parte, la pobreza no es un fenómeno homogéneo. Se debe distinguir, al menos, entre dos perfiles en la carencia de recursos: la pobreza estructural o heredada y la pobreza adquirida o reciente, que hace referencia a contextos variables que dan lugar a privaciones temporarias de ingresos monetarios. Estos dos grupos presentan características diferenciales. El primero está compuesto por aquella proporción de la población que estaba y permanece en situación de pobreza (núcleo duro y estable), mientras que el segundo está constituido por quienes pueden entrar y salir transitoriamente de dicha situación (pobreza transitoria). Pero el interrogante crucial es, sin duda, cuánto tiempo de privaciones pueden soportar estas familias o personas hasta agotar su patrimonio tanto en capital humano, como en activos habitacionales y comenzar a vivir y reproducirse en situación de pobreza estructural, es decir, careciendo de acceso a servicios públicos indispensables (Redondo 2002:37).
De la misma manera, la situación de pobreza afecta de forma diferente según la trayectoria de vida de cada persona. El enfoque del ciclo de vida reconoce que el impacto de un evento histórico sobre las personas y, en consecuencia, sobre el conjunto del sistema social, depende en parte de la edad en que se experimenta dicho evento. En este sentido, se distinguen tres grupos de alta vulnerabilidad: los niños, los jóvenes y los adultos mayores. La alta vulnerabilidad se debe a que consumen bienes y servicios que no producen, es decir, que para satisfacer sus necesidades, dependen de las transferencias que realicen sus familias o el Estado y porque especialmente para el grupo de los niños y jóvenes las situaciones de privación actuales afectan tanto las oportunidades presentes como su perspectiva en el futuro.
Los más vulnerables: los niños, los jóvenes y los adultos mayores
Los primeros años de vida condicionan las capacidades físicas, mentales y emocionales de una persona. Es la etapa formativa, de creación y acumulación de activos intelectuales, psicosociales, afectivos que el niño utilizará para el desarrollo de su potencial. Allí radica la importancia de asegurarles las condiciones básicas en materias de alimentación, salud, educación o de poder compensar estas falencias mediante intervenciones tempranas.
En la Argentina viven 9.5 millones de niños menores de 14 años, de los cuales el 49.5% 4.7 millones) vive en situación de pobreza e incluso el 20.5% (1.9 millones) lo hace en condiciones de indigencia 5. Esto significa que 1 de cada 2 niños es pobre y que 1 de cada 5 vive en familias cuyos ingresos no son suficientes para adquirir una canasta básica de alimentos.
Es justamente en esta etapa donde comienzan las desventajas entre los niños pobres y los no pobres, situación que condicionará en gran medida su desarrollo en toda su vida. Basta mencionar estos ejemplos: nace con bajo peso el 10% de los niños pobres y el 5% de los niños no pobres; no tiene cobertura de salud el 60% de los niños pobres y el 10% de los niños no pobres; asiste a un jardín de infantes sólo el 29% de los niños pobres y el 90% de los niños no pobres; y repite el primario el 25% de los niños pobres y el 5% de los no pobres 6.
Tomando en consideración a los jóvenes, el segundo grupo vulnerable, las estadísticas muestran que en la Argentina hay 5.8 millones de personas en la franja de 14 a 22 años de los cuales el 41.4% (2.4 millones) son pobres e incluso el 15.1% (877 mil) son indigentes 7. En esta etapa de la vida, la educación es percibida como un valor, pero mientras para los jóvenes de bajos recursos la educación es un valor a pesar de la adversidad y la pobreza, para los jóvenes de recursos medios, la educación y los estudios constituyen la esencia del discurso. (PNUD 2005)
Muchas veces, la educación es compartida o reemplazada por el trabajo en esta etapa de la vida. Pero los jóvenes que abandonan sus estudios no logran insertarse en el mundo del trabajo o lo hacen en condiciones de precariedad. El 30% de los jóvenes pobres abandona los estudios y el 34.6% está desempleado. (INDEC, EPH, octubre 2001).
De esta forma, se va conformando un núcleo duro de jóvenes que no estudian ni trabajan. Son 1.3 millones, es decir, al 19.1% de jóvenes entre 15 y 24 años. (Rodríguez Larreta y Vidal, 2006)
Por último, respecto de los adultos mayores, el tercer grupo de alta vulnerabilidad, cabe señalar que en esta etapa de la vida se incrementan las necesidades de consumo, especialmente de servicios médicos y cuidados personales, a la vez que disminuyen las posibilidades de producir ingresos. En la Argentina viven 3.5 millones de adultos de 65 años y más, de los cuales 559 mil (15. 9%) son pobres, incluso 129 mil (3.6%) son indigentes 8. Hoy, el 30% de la población de 70 años y más carece de cobertura previsional y más de la tercera parte de esta población vive en hogares extendidos o compuestos. Debido a los altos porcentajes de pobreza e indigencia existentes en nuestro país en la actualidad, el ingreso mínimo que la población mayor recibe a través del sistema previsional es el único ingreso seguro de muchas familias. (Rodríguez Larreta y Vidal, 2006:37)
Como ya se expresó, la extensión y la intensidad de la pobreza, especialmente en los niños y en los jóvenes, afecta su situación actual pero también condiciona sus perspectivas de vida futura.
La situación laboral
Si bien el comportamiento de los indicadores en materia de empleo, ingresos y satisfacción laboral también mejoró sustancialmente en los últimos 5 años, millones de argentinos continúan con problemas para acceder o mantener un trabajo, y mucho más si se trata de un empleo de calidad. Y esto es particularmente importante ya que para el pensamiento filosófico contemporáneo, el trabajo es un ámbito privilegiado de integración a la vida social. El trabajo permite participar en un espacio de construcción de relaciones sociales, motiva proyectos vitales y es fuente de identidad, realización de proyectos y autovaloración. (Observatorio de la Deuda Social Argentina, 2005:153)
Actualmente, 2.3 millones de personas 22.4% de la población económicamente activa (PEA) están insatisfechos con el lugar que ocupan en el mercado de trabajo, ya sea porque están desocupados (1.1 millones de personas o 10.9% de la PEA) o porque están subocupados (1.2 millones de personas o el 11.5% de la PEA). Cabe destacar, que el desempleo trepa al 12.8% de la PEA si se considera desocupados a los beneficiarios del Programa Jefes de Hogar. (INDEC, EPH, 1er. semestre 2006).
Asimismo, en la actualidad tener empleo no es condición suficiente para salir de la pobreza. El 22% de los ocupados (3 millones de personas) pertenece a un hogar pobre, incluso el 7% pertenece a un hogar indigente 9.
Por otra parte, existe el problema de la precariedad laboral, donde el empleo no registrado es uno de sus principales exponentes. En la actualidad, el 40% de los asalariados trabaja en negro, ganan 3 veces menos que un asalariado registrado ($315 contra $845), siendo los más perjudicados: las mujeres (58.8%), los jóvenes (70.4%), personas con bajo nivel educativo (66.8% primario incompleto), trabajadores de pequeñas empresas (72.5%) y quienes se desempeñan en el servicio doméstico (96.4%) y en la construcción (78.8%). (MTEySS, 2004)
Así como la educación es un tema fundamental entre los adolescentes y jóvenes, el trabajo está en el centro de las preocupaciones de los adultos. Pero mientras que para los adultos de bajos recursos la inquietud principal radica en la falta de trabajo, en la inestabilidad y la incapacidad de quienes trabajan en el hogar de proveer lo básico, para los adultos de recursos medios esa inquietud reside en la incapacidad de acumulación, con un eterno riesgo de tener que empezar de nuevo. (PNUD 2005)
La desigualdad
En nuestro país el 10% de los más ricos recibe el 36.4% del total de ingresos generados, mientras que el 10% de los más pobres percibe sólo el 1.3%. Esta brecha se configuró durante el transcurso de los últimos 25 años. De esta forma, mientras que en 1974 el 10% más rico de la población ganaba 9.5 veces más que el 10% más pobre, hoy esa distancia se multiplicó por 31. (Fundación Grupo Sophia, 2006)
Pero el problema de la desigualdad no debe circunscribirse sólo a la brecha existente en la percepción de los ingresos sino, y principalmente, en la diferencia de oportunidades que existen entre los distintos grupos socioeconómicos, diferencia claramente manifiesta en el alto porcentaje de hogares vulnerables afectados por carencias en la alimentación, la salud y la habitabilidad.
La consecuencia de un persistente agravamiento de la desigualdad es el deterioro gradual de la cohesión social y la consecuente amenaza de fragmentación social. Revertir estos procesos erosivos requiere la coordinación sistemática de una eficaz política macroeconómica y de políticas activas que propicien la redistribución de oportunidades de progreso y movilicen los recursos internos humanos, financieros y naturales no aprovechados. En cualquier caso, la estrategia debería estar orientada a universalizar las oportunidades de trabajo decente, posibilitar el desarrollo humano y social de los sectores más postergados y garantizar una red, también universal, de seguridad social. (Observatorio de la Deuda Social Argentina, 2005)
A modo de síntesis
De acuerdo a los principales indicadores socio-económicos y laborales la situación social argentina presenta notables mejoras después de la gran crisis de 2001, y la tendencia de crecimiento de la economía se mantiene; sin embargo, gran parte de la sociedad sigue afectada por privaciones y condiciones de vida precarias.
Los problemas sociales de la pobreza, el desempleo y la desigualdad se han constituido en fenómenos estructurales, abarcando a millones de argentinos que necesitan y merecen una respuesta inmediata.
La pobreza atañe a toda la sociedad y no sólo a quienes la padecen; no consiste solamente en carencia de ingresos sino de condiciones y oportunidades para el desarrollo humano. Asimismo, es un fenómeno de mayorías, es heterogénea y afecta principalmente a niños, jóvenes y adultos mayores quienes se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad, ya que para satisfacer sus necesidades, dependen de las transferencias de sus familias o el Estado. Además, en particular para los niños y jóvenes, las situaciones de privación actuales condicionan sus perspectivas de desarrollo en el futuro.
Al pensar las posibles respuestas a estas problemáticas, es necesario recordar que cualquier estrategia de reducción de la pobreza en el país requiere una estrategia de crecimiento económico que incorpore los temas de desigualdad en la distribución de la renta y la riqueza como condición de posibilidad del Desarrollo Humano. Se trata de asegurar las condiciones materiales de educabilidad, de salud, de capacidades de ejercer la libertad, en ausencia de las cuales nada pueden hacer la escuela, las políticas de salud, las libertades políticas. (Observatorio de la Deuda Social Argentina, 2005)
La sociedad en su conjunto está más y mejor informada respecto de esta temática, y se perciben actitudes participativas y de compromiso, lo que favorece la búsqueda conjunta de respuestas y soluciones estables en el tiempo.
Estamos ante la necesidad y la oportunidad de diseñar y realizar en el marco del diálogo y la participación una sociedad más justa e inclusiva para todos.
Versión de la presentación realizada en el marco de la XV Encuentro y Asamblea Nacional de Cáritas Argentina, Guaymallén, Mendoza, abril 2006.
Bibliografía consultada
Fundación Grupo Sophia (2006), Distribución del ingreso en Argentina. Documento de Trabajo. Marzo 2006.
Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (2004), Diagnóstico del empleo no registrado 1er. Trimestre 2004. Serie Trabajo, Ocupación y Empleo. Estudios 2004 Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios Laborales.
Observatorio de la Deuda Social Argentina (2005), Barómetro de la Deuda Social Argentina. Las desigualdades persistentes. Universidad Católica Argentina, 2005.
PNUD - Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (2005), Argentina después de la crisis, un tiempo de oportunidades. Informe de Desarrollo Humano 2005. Sinopsis.
PNUD - Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (2003), Aportes para el Desarrollo Humano de la Argentina/2002. PNUD Argentina. Segunda edición, abril 2003.
Redondo, Nélida (2002) Pobreza urbana y reproducción social en la Argentina y al finalizar la convertibilidad. UCA, Programa La Deuda Social Argentina. Buenos Aires, Diciembre, 2002.
Rodríguez Larreta Horacio y Vidal María Eugenia (2005), ¿Qué hacer después del default social? Fundación Grupo Sophia y Fundación Konrad Adenauer. Editorial Prometeo Libros.
1. INDEC. Encuesta Permanente de Hogares (EPH).
2. Población cuyos ingresos familiares no cubren el valor de una canasta básica de bienes y servicios, valuada en $ 945,30 para una familia con 3.36 adultos equivalentes (INDEC, octubre 2006).
3. Población cuyos ingresos familiares no cubren el valor de una canasta básica alimentaria, cuyo valor es de $ 281,30 para una familia con 3.36 adultos equivalentes (INDEC, octubre 2006).
4. Ejercicio metodológico de extrapolación de los porcentajes obtenidos a partir de la EPH sobre 28 aglomerados urbanos (23.4 millones de habitantes), a la población total (36.2 millones de habitantes, según CENSO 2001).
5. Cantidad de población total en base al CENSO 2001. Porcentajes de pobreza e indigencia INDEC, EPH 1º semestre 2006. Cantidad de población pobre e indigente resulta de extrapolar los porcentajes de la EPH a la población total.
6. Fundación Grupo Sophia (2005). Red de Protección Social. Presentación.
7. Cantidad de población total en base al CENSO 2001. Porcentajes de pobreza e indigencia INDEC, EPH 1er. semestre 2006. Cantidad de población pobre e indigente resulta de extrapolar los porcentajes de la EPH a la población total.
8. Cantidad de población total en base al Censo 2001. Porcentajes de pobreza e indigencia INDEC, EPH 1er. semestre 2006. Cantidad de población pobre e indigente resulta de extrapolar los porcentajes de la EPH a la población total.
9. Pobres con empleo. Ernesto Kritz, director del SEL. El Cronista, 20 de abril de 2006.
Resonancias navideñas: encontrarán a un niño (Lc. 2,12)
En el principio era el Verbo. ¿Por qué, papá? Con estas palabras, que incorporan el texto joánico que proclamamos en la Misa de Navidad, termina El Sacrificio, la última película del director ruso Andrei Tarkovski. Las dice un niño recostado al pie de un árbol del que ha tenido que hacerse responsable, como quien recibe una misión. La misión parece menor, pero está sustentada por una convicción grande. Su padre, un día, le ha mostrado ese árbol y le ha encomendado una tarea. El árbol está seco y es posible que esté muerto; sin embargo, las raíces aún lo mantienen en pie, de modo que si todos los días es regado con celo se puede albergar la esperanza de que surja una renovada vitalidad desde lo profundo. Pero eso no es todo; el riego no puede hacerse de cualquier manera, sino de forma ritual: cada día, a la misma hora, del mismo modo… El padre sabe que su hijo, acostumbrado a jugar, podrá llevar a cabo la tarea con la seriedad propia de los niños que juegan. Ese juego sostendrá la vida y una esperanza más allá de la muerte del padre. El niño puede creer, ante la muerte (del árbol y del padre), en la vida. El juego no es interrumpido por límites de tiempo ni por objetivos o finalidades. Sólo tiene sentido. Y porque en el principio era el Verbo, porque el silencio de la nada ha sido quebrado desde siempre por una Palabra original, es posible hablar; o, mejor dicho, hablarle. Y mientras dura el juego que cuida la raíz de la vida, y como ella se manifiesta con toda su belleza pero también con su carga de muerte y de dolor, la pregunta que surge es: ¿por qué?, que es la pregunta que sabe todo niño. Niño en el que ambas cosas quedan resumidas: celebración e interrogación, fiesta del juego ritual y representación dramática de la pregunta.
Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. Y si no se hacen como este niño no entrarán en el Reino de los Cielos (Jn. 1,14; Mt. 18,3)
Análogamente, y con gran coherencia, Andrei Tarkovski había mostrado en su primera película, La Infancia de Iván, a un niño (en este caso más activo) que modifica a los adultos que lo rodean. Huérfano, en medio de la guerra, Iván debe buscar caminos seguros para los avances o repliegues de sus compatriotas. Por momentos no se sabe muy bien qué pertenece a la realidad y qué a la fantasía de Iván. Pero todo el tiempo hay este contraste: ¿qué aleja más a los hombres de la realidad: la fantasía de un niño que con sus juegos de espía (y con su dolor y el riesgo de su vida) protege a las tropas rusas, o la locura de muerte y miseria de la guerra de los adultos? Hay una respuesta en una escena de extraordinaria belleza. Iván, que cada tanto recuerda la muerte de su madre (uno de los frutos del realismo de la guerra) va a su aldea que ha sido arrasada por el fuego. Sólo quedan en pie las chimeneas de las casas. Un anciano le explica, en medio de las ruinas, que no pueden quemarse porque estaban hechas para dar calor. Ese es el origen de Iván y el origen que parece haber recuperado o conservado el anciano en medio de la locura de los que han olvidado: un ámbito íntimo y central, cálido, que hacía de cada casa un hogar. Entonces recogen, de entre las ruinas, un retrato de la madre de Iván y lo colocan sobre la chimenea.
Siempre queda una forma originaria y sustentadora, resistente a la destrucción de todas las figuras.
Valores argentinos o un país insulso
El teólogo cordobés Víctor Manuel Fernández, vicedecano de la Facultad de Teología de la Universidad Católica Argentina también reconocido ensayista presenta en esta oportunidad una ambiciosa propuesta de evaluación de la situación actual de nuestro país. Basta observar el índice del libro para advertir los muchos y variados temas que, con rigor y honda mirada humanista, intenta abarcar.
El libro plantea un estudio sobre las características éticas y culturales de la población a fin de reconocer los puntos débiles y los positivos del hombre argentino, algunas consideraciones sobre los valores morales de la cultura actual, y una propuesta para el desarrollo de la sociabilidad, la cultura del trabajo, la creatividad, la solidaridad. Suma diversos planteos sobre la educación en los valores (de ahí el llamativo subtítulo de país insulso que señalaría una carencia de valores) y analiza el lugar de los medios de comunicación, el tema religioso, etc. El autor fomenta, a través de una opinión sopesada acerca de temas del debate nacional actual, como el aborto, los piqueteros, Blumberg o Cromañón, entre muchos otros, un debate también sobre los argentinos encarando el Bicentenario de la Patria a celebrarse en el 2010.
Fernández parte de “la oportuna caída de nuestra clase media“, diciendo que la crisis de 2001 echó por tierra el mito de que esa clase era una de las mejores educadas y civilizadas entre las de las sociedades latinoamericanas. Con esto se terminó el argumento -que suelen dar muchos- sobre el hecho de que el mal argentino radica en que los pobres no tienen educación ni cultura del trabajo:
Los políticos, banqueros, empresarios y jueces corruptos que tanto tuvieron que ver con la tremenda confusión y el desaliento que nos embargan, no son pobres sin educación, y además son mayoritariamente profesionales. Es más, muchos de ellos son abogados, de manera que no son precisamente ignorantes de las leyes y normas de convivencia social. Evidentemente, ni su situación económica ni sus conocimientos han aportado demasiado a nivel moral.
(…) Ha caído entonces el sofisma de los que creían que cierta posición económica y algunos conocimientos adquiridos aseguraban el civismo, la honradez y la cultura social. Estar instruido, conocer las leyes y los valores, no basta para ser bueno, honesto y generoso. Si no cumplen la ley los que mejor la conocen, ni lo hacen todos los que predican una ética religiosa, entonces el la sociedad entera, en todos sus sectores, la que debe ser reeducada en esos grandes valores que puedan curar su enfermedad. Hay que ponerse a construir pacientemente un nuevo tejido moral para hacer posible otro país.
La metáfora organicista la sociedad argentina como un cuerpo enfermo al que hay que curar esperando que sus tejidos se regeneren no es nueva pero sí resulta bien clara, así también como diáfana es la propuesta del sacerdote. La cura radica en la educación, la educación en los valores, a sabiendas de que éste es un proyecto de largo plazo algo a lo que no es afecta nuestra sociedad, aquejada por los males de la globalización: el consumismo, la satisfacción instantánea del deseo, la relativización moral y la falta de solidaridad.
Si bien en su diagnóstico no deja piedra sin mover ni resquicio sin ahondar , pecando por momentos de una visión omnicomprensiva más allá de la numerosas estadísticas citadas y la nutrida bibliografía, es imposible soslayar que el autor escribe desde una determinada clase social y ética religiosa, y es en el terreno de la propuesta donde se observan su mayor lucidez y su riqueza espiritual.
Y es aquí donde los padres pueden encontrar un territorio de diálogo con sus hijos, basado en la autocrítica y en el respeto hacia el otro. Porque si hay algo que provoca la interesante lectura de este libro es la interpelación dentro de uno mismo, preguntas dignas de ser compartidas con el cónyuge, los hijos y los amigos y de ser sometidas a debate permanente.
¿De qué valores habla Víctor Fernández?
Todos los grandes valores morales, auténticamente vividos, tienen una profunda resonancia comunitaria y social, porque son “extáticos”, es decir, están marcados por el dinamismo del amor que nos saca de nosotros mismos y nos impulsa hacia los demás. Si uno no sale de sí mismo no entra en lo profundo. Por eso, cualquier supuesto valor que termine provocando aislamiento, ineficacia en el trabajo por los demás, o incapacidad de proyectar algo en común, no es ciertamente un valor espiritual.
Para llegar a estos valores espirituales hay que cultivar las virtudes, ya que los valores pueden ser percibidos, incluso apreciados, sin ser ejercitados. Las virtudes que embellecen a las personas y a la sociedad nacen cuando a las convicciones se une el ejercicio de las buenas acciones: “Sin personas virtuosas una sociedad está podrida.”
Fernández es consciente del hecho de que hablar de virtudes como la humildad, la prudencia, el hacer las cosas bien, la honestidad, etc. en la Argentina de hoy puede tener olor rancio, por lo que propone revisarlas y darles un sentido más social para que no caigan en el saco roto del individualismo, uno de los tantos males que nos aquejan, poniendo el acento en cuestiones como el respeto, la honradez y la solidaridad.
También se ocupa de la transmisión de esos valores en la docencia, algo que puede ser de extrema utilidad también para muchos padres que buscan un faro que los guíe en medio de la confusión posmoderna.
Como queda expuesto, más allá de sus opiniones sobre el aborto, la eutanasia o los piqueteros, es en el territorio de las ideas sobre los valores y su transmisión donde el autor contribuye, aportando algo más que una tabla de salvación en actual escenario social, tendiendo una mano franca y frontal a padres, jóvenes y docentes, es decir, a sus compatriotas.
El gran truco
Christopher Nolan es una de esas rara avis (de esas que aparecen de tanto en tanto y cada vez más espaciadamente) capaz de brindar al cine norteamericano la figura del realizador que con una película deviene en figura de culto.
Memento fue el título que brindó a Nolan proyección internacional; casi treinta premios internacionales (algunos prestigiosos como el del Festival de Sundance y otros para fanáticos como los Bram Stoker Awards), pero sobre todo la posibilidad certera de conquistar diversos públicos con su inteligente y transgresora historia contada al revés, bajo el no menos brillante ardid del hombre que sufre la pérdida de la memoria reciente, pero a la vez recuerda perfectamente su vida anterior. Lo dicho, antes de volverse tradicional de la mano de Batman en su última aparición (Batman inicia), confirma el gusto de Nolan por las narraciones complicadas, con tramas yuxtapuestas y una eficacia asentada en el impactante estilo visual que remarca su gusto por los finales insospechados.
El gran truco no es la excepción, en realidad todo lo contrario, porque reafirma los postulados que hicieran del realizador de 36 años uno de los nombres aclamados en el mundo por sus diálogos tan creativos y sus constantes vueltas de tuerca en esos límites dudosos entre la realidad y la ficción. El controvertido filósofo esloveno Slavoj iek en su análisis de la no menos polémica Matrix se pregunta: ¿qué ocurre si la alternativa misma que planteamos es falsa? ¿Qué pasa si el carácter virtual del orden simbólico en sí mismo es la condición misma de la historicidad?
Esta reflexión sirve (en parte) para comprender la historia de dos rivales: Robert Angier (Hugh Jackman) y Alfred Borden (Christian Bale), dos magos que se persiguen eternamente cuando la amada de uno de ellos muere ahogada en una prueba de escapismo. En la dicotomía permanente que plantea El gran truco, para uno fue un accidente, mientras el otro piensa que fue un asesinato.
El filme es, cinematográficamente, todo un ejercicio de prestidigitación planteado desde un orden en apariencia real, en sus comienzos, para pasar luego a la simulación que evidencia la trama con sus permanentes avances y retrocesos en el tiempo del relato. Fomentando este juego de espejos la inclusión tan inevitable como esperada de la figura de un científico, aquí llamado Nikola Tesla, agrega un condimento extra a la narración dado que el sujeto existió en verdad como inventor, ingeniero y científico. La vida de este inmigrante serbio (1856-1943) llegado a Norteamérica tuvo su buena cuota de misterio y, como los dos magos en cuestión, el Tesla de carne y hueso tuvo en Thomas Alva Edison al gran rival de toda su vida. El papel de Nikola Tesla es confiado al rocker David Bowie, de sobrado oficio desde la lejana y talentosa Feliz Navidad, Mr. Lawrence, que aporta su carisma otorgándole gran presencia a su intervención. Al igual que Michael Caine, como el inventor sin inventiva que sueña con el andamiaje para el truco perfecto. A esta galería de sólidos personajes secundarios suma Scarlett Johansson su indudable belleza de diva de otros tiempos.
Todos ellos sostienen la película cuando la historia se vuelve por demás intrincada y los protagonistas (Jackman y Bale) van agotando sus trucos y fuerzas a la vez que piensan una nueva artimaña para triunfar. Volvemos a iek y su texto cuando escribe: en esta yuxtaposición entre dos aspectos de la perversión: por un lado la reducción de la realidad al mundo virtual regulado por reglas arbitrarias que se pueden suspender; por otro, la verdad oculta de esta libertad, la reducción del sujeto a una pasividad absoluta e instrumentalizada. Habla de Matrix claro pero… ¿Quién duda en algo más manipulador que un truco de magia? Por algo aquello de la magia del cine…
El nacimiento
Tras la vocinglería antirreligiosa y pretendidamente informada que conformó el fenómeno mundial de El código Da Vinci, resulta placentero ver que el año termina con otro fenómeno, apacible, sencillamente religioso, que sin hacer gala de información revisionista, o supuestamente secreta, nos recuerda unas verdades eternas. El nacimiento es, en ese sentido, una buena película, bienvenida, que y, a partir de aquí, seguramente será bien utilizada por los educadores cristianos. En otro sentido, cabe decirlo, tiene sus fallas. Como somos grandes, comencemos por ellas.
Peca, en varias ocasiones, de solemnidad, lentitud, y, a veces, también de ridiculez. Como decía hace ya años en estas mismas páginas el formidable crítico Jaime Potenze, alias “el Acorazado Potenze”, ante varias manifestaciones del cine bíblico de estilo hollywoodense al que El nacimiento pertenece, y espera resucitar.
Pero ese cine, que tuvo su auge a fines de los ‘50 y comienzos de los ‘60 (por ejemplo, Los Diez Mandamientos, Rey de Reyes, La historia más grande jamás contada, y, por supuesto, buena parte de Ben Hur) requiere una modernización de estilo que aquí apenas se advierte. La propuso Mel Gibson en La Pasión, con la que hasta los más ateos se estremecieron, lloraron, y tuvieron posibilidad de reflexionar. El nacimiento, en cambio, parece dirigida exclusivamente a los creyentes que quieren recuperar cierto estado navideño de inocencia.
En ese sentido, hay que reconocer que la obra cumple con su público, y hasta le brinda algunos regalos dignos de atención. Cada uno a lo suyo. Pero por ahora sigamos con las críticas, que empiezan con las nubecitas de photoshop, las letras doradas, y la música ampulosa de los títulos, una música demasiado presente y a veces demasiado imponente, que desaprovecha la ocasión, pensada por el mismo compositor, de combinar tradiciones orientales con occidentales (usa las primeras apenas como un toque de color al comienzo de un tema, y luego impone a Occidente en toda la línea).
Cabe resignarse también ante las luces dirigidas, las voces con reverberación, en fin, los lugares comunes de las representaciones hollywoodenses de la historia antigua y la Historia Sagrada, los magos que parecen salidos de Harry Potter y cruzan un fantasioso de arena, el rey Herodes de barba asiria y peinado “a la croquignole”, el ángel sin alas y sin gracia, con cara de pervertido, el vuelo rasante de una paloma que más bien parece un gavilán, para el momento de la Anunciación o un búho en otras escenas, los pastores que llegan caminando como zombis. Etc., etc. Y es sobre todo una pena que, por lo general, los actores parezcan casi siempre aplastados por la importancia de sus personajes. No se disfruta su cotidianeidad, ni (cosa rara) tampoco se disfruta la belleza de los textos antiguos. De todos los diálogos que cualquier cristiano ama y conoce de memoria, sólo se aprecian la salutación de Isabel, y, al final, unos versículos con la respuesta de la Virgen.
Hasta ahí los lamentos y las protestas. Pero cuando el relato afloja su tiesura, y se anima a pensar ciertas situaciones de pareja, empieza lo bueno. Aquí corresponde destacar algunos agregados muy interesantes, por ejemplo los que dan a San José algunos méritos que los evangelistas Lucas y Mateo nunca contaron, entre ellos la callada generosidad, el sacrificio de su ración, la hombría con que detiene a un ladrón, o salva a su esposa y su burro en el cruce del Jordán (cuando, simbólicamente, se les acerca una víbora), y hasta la experiencia de partero. También elogiable, ante el parto de Isabel, la expresión de miedo de la Virgen María tomando conciencia de los dolores que le esperan, siendo ella apenas una muchachita. O los gestos de picardía inocente con que la conocemos, cuando aún no ha sido prometida en matrimonio, y el modo amoroso en que más tarde lava los pies de su marido (un acto muy significativo para los cristianos). Buena, además, y graciosa, la escena donde el padre y el prometido descubren que la novia viene con pancita. Hay también un momento emotivo, cuando un pastor viejo no se anima a tocar al Niño Jesús, recién nacido, escena que culmina con el temblor del Rey Mago al tener que explicar lo que significa el regalo de la mirra.
Terminamos este comentario transcribiendo parte de un recomendable texto de Adrián Baccaro, de Signis Argentina, escrito para ser trabajado en jornadas de “Cine y Educación”. Él ha visto, con mirada más limpia, precisamente lo que nosotros hubiéramos querido ver más desarrollado en este film.
“A lo largo de la historia el arte representó distintos momentos clave narrados en la Biblia. La Biblia misma podría ser considerada una obra de arte de la narración. Cada una de las historias contadas en este libro de libros puede recibir una gran diversidad de interpretaciones. Esto no tiene nada de malo: sabemos por la crítica literaria y las teorías de la comunicación social que todo mensaje es polisémico y se le otorgan multiplicidad de significados por parte de las diferentes audiencias. Nuestra propuesta es, a partir de la visión de El nacimiento, compartir las diferentes interpretaciones sin ánimo de imponer ninguna; saber o aprender a escucharnos, construir aprendizaje a través del dialogo. Y la película nos dispara hacia una zona de preguntas de gran interés. Desde las experiencias de María y José vistas en el filme ahora podemos volver a preguntarnos: ¿en qué percibo el Espíritu? ¿qué siento cuando abrazo a alguien que quiero? ¿me permito amar a las personas? ¿me da vergüenza amar, perdonar, cometer faltas? ¿cómo me comunico con Dios, con Cristo, con María? ¿cómo se comunican ellos conmigo? ¿qué es lo que me fortalece en la fe y qué es lo que me hace dudar? ¿Qué pienso de la vida, de la muerte? ¿pienso en los humildes? ¿qué hago por ellos? Son muchas las preguntas que la película nos permite abordar. Pero tal vez lo más importante: permitirnos preguntar y responder sin temores y con franquezas desde aquello que sentimos y compartir estas ideas.
Los personajes de la película son profundamente humanos y manifiestan sus dudas y temores a cada paso. Son como nosotros y, como a nosotros, a ellos les ha tocado una misión que primero deben reconocer para luego empeñarse en lograr. Para ello deben sacrificarse: abandonar sus casas, recorrer largos caminos, sufrir el frío, ser perseguidos por los poderosos, pasar hambre, no encontrar un lugar para dar nacimiento a su hijo, nuevamente escapar. Pero en ese camino también encontrarán ayuda: de los ángeles o de los pastores, de los Reyes Magos o de los compañeros de ruta. Así, en la película como en la vida, la experiencia se nutre de placer y de dolor, del camino y del descanso, de la duda y de la fe. El Nacimiento es aquello que se inicia, una vida nueva que comienza siendo luz, luz de origen en la misma gestación, en todas las gestaciones. Luz que iluminará a muchos y que cegará a otros”.
Tengámoslo en cuenta.
Gertrudis Chale, el estar de América
A poco de su trágica muerte tras un accidente aéreo mientras volaba de Mendoza a Buenos Aires (1954), su amigo Romualdo Brughetti, gran entusiasta de su obra, escribió en Criterio una vibrante nota sobre esta artista nacida en Viena en 1898. En esta antigua ciudad imperial Gertrudis se graduó tras realizar estudios en el Colegio de Artes y Oficios y se perfeccionó en la Academia de Munich. Estudiante inquieta, frecuentó en las noches de bohemia las tan renombradas cervecerías del lugar donde conoció a Hitler, cara a cara, mientras lanzaba sus apasionadas prédicas nacionalistas y antisemitas. Luego, cuando éste triunfó en libérrimas elecciones democráticas (1933), a Gertrudis no le cupo ninguna duda de que debía abandonar Alemania. Como no era aria sino judía, por lo tanto anatematizada por el régimen nazi, partió con actitud altiva hacia lugares más propicios donde continuar su existencia.
Para afrontar la diáspora llevaba en sus alforjas un conocimiento profundo de la pintura renacentista de raíz germánica. Durero introdujo la psicología del personaje; y en su autorretrato da cuenta de ello. Para Gertrudis, la mirada, el estudio del ojo en particular, constituyó la piedra de sillería de la arquitectura plástica de lo humano. En esto reside la marcada diferencia que tuvo con los latinos el Renacimiento florentino que buscaba en lo griego la esencia de la belleza, razón justificante de las bellas vírgenes pintadas por Leonardo y Rafael.
Luego de una estadía en Zurich donde realizó alguna exposición, se instaló brevemente en París; allí contrajo matrimonio con un francés, con quien compartía afinidades genéticas e ideológicas, noble y paciente compañero de su complejo talante, de sus largos silencios y levedad expresiva, tanto frente a la pena como a la alegría. Recaló posteriormente en España y allí trabajó como decoradora para una casa comercial. Al final de su residencia en la Península pasó una larga temporada en las Islas Baleares. Decidida a no regresar jamás a su tierra, a fines de 1934 llegó a la Argentina de paso hacia Bolivia. Tras dejar el tren que la condujo con su marido a La Quiaca se internaron en el mundo andino. Vivió en Bolivia días intensos conociendo las culturas de los aymaras y los quechuas y tomando apuntes de sus nuevas vivencias. Parte de esas tintas se pueden ver en esta exposición. En aquella civilización telúrica halló paz y sosiego, al encontrarse con un pueblo silente, sencillo, que no interroga y acoge al que se acopla a él invitándolo a sus celebraciones de la vida, brindándose con plenitud de fraterna solidaridad, sin las mezquindades del mundo tecnificado donde se cultiva el talento para gozar de privilegios materiales que a medida que se consiguen a nadie sacian.
Estos pueblos indígenas llevan en el alma su patria, su religión y sus ancestrales costumbres. Saben cómo gozar en el cautiverio libre que les impuso la civilización hispánica y que cumplen sin olvidar sus milenarias convicciones. (Vimos hace poco tiempo que Evo Morales, después de jurar como presidente democrático, fue coronado rey de los aymaras).
En una siguiente etapa de su vida trashumante, la viajera regresó a Buenos Aires. Esta ciudad de extranjería europeizante, si bien le parecía más raigal, también perturbaba las lozanas vivencias habidas en los paisajes andinos. Al poco tiempo se divorcia y alquila una vivienda en Quilmes, un suburbio donde lo rural y lo urbano conviven en armonía (al menos en esa época). Gertrudis se lanza a pintar lo que ve bajo la luz nueva de nuestro sol, el mismo que inspiró a Pettoruti sus cuadros pampeanos.
La Universidad de Tres de Febrero exhibe la primera muestra de Gertrudis Chale en veinte años. Con un catálogo impecable y la curaduría de Raúl Santana, que prologa la exposición con heideggerianas reflexiones.
Quienes conocimos personalmente a Gertrudis Chale, a su hermana Berta y a sendos maridos y amamos su obra, sentimos regocijo por el acontecimiento.
La obra de Chale no le va en zaga a la pintura mejicana. Tiene la fuerza vibrante del americanismo pintado con la fuerza de quien siente la Puna y los Andes, cuya grandeza de altura, de cumbres nevadas, de multicolores montañas, de soles meridianos trasfigurados por bandadas de cóndores y llamas displicentes paradas en azarosos peñascos. Su pintura no es descriptiva, tampoco costumbrista. Es pintura metafísica que sólo puede plasmar alguien que gozó hasta el tuétano la hondura inusitada de nuestra América.
Octavio Paz, Gabriel García Márquez, Miguel Ángel Asturias, Juan Rulfo en las letras, narran lo que Gertrudis pintó de modo vibrante, con soltura maestra.
Si a veces parece surrealista en sus casas abandonadas, es porque pinta la realidad de las viviendas construidas con el sacrificio del trabajo cotidiano de nuestro jornalero, ayudado por parientes y amigos. Los sueños de De Chirico son sueños que en nuestra América terminan siendo realidades. Si algunos creen que Chale es expresionista, les recomendaría releer a los autores citados para descubrir en ellos que esta América que sublima el dolor con el silencio porque tiene esperanza se expresa de esta manera.
La mirada demandante del indígena, esa mirada fría, tan digna como altiva, que esconde el sufrimiento con pudor sin pedir nada, que no culpa ni desmedra, fue compartida en el dolor existencial que acompañó la vida de la gran artista. Por eso la pintura de Gertrudis exige del observador reflexión profunda, respuesta inmediata, integración fraterna. Esta pintura es una epifanía.
Es el símbolo que los portuarios aún no hemos descubierto y que detenta el sentido último del silencio en que vivió Gertrudis Chale hasta ahora, en medio de nuestra desaprensiva existencia.
Vaya mi profundo elogio hacia los dos críticos que se ocuparon de ella con afán. Ambos conocieron la hondura de sus pensamientos y sentimientos. El primero, su compatriota, Sigmund Blue; el otro, Romualdo Brughetti.
También a quienes más allá de los intereses económicos preservaron su obra desinteresadamente.
Hacia dónde va la literatura argentina hoy
José María Poirier: Si me permiten, quisiera recordar un debate de los años 60 sobre la provocativa pregunta ¿para qué sirve la literatura?. Uno de sus protagonistas, Jean-Paul Sartre, también había afrontado en diálogo con Jorge Semprún, la pregunta ¿qué es la literatura?. Sartre que alimentaba tres amores: la filosofía, la literatura y la política- decía: Siempre he pensado que si la literatura no lo era todo, no era nada. Y cuando digo todo, entiendo que la literatura debía darnos no sólo una representación total del mundo, como creo que Kafka le ha dado a su mundo, sino también que debía ser un estímulo para la acción, al menos en sus aspectos críticos.
Los tiempos han cambiado, pero muchas preguntas perduran, y otras nuevas se suman. ¿Hay una literatura argentina, en el sentido de un corpus? Y en este caso, ¿dónde está y hacia dónde va? ¿Se puede hablar de nuevas tendencias?
Esta tarde, nos convocan dos escritores que, si bien jóvenes, ya han ido marcando un sendero.
Entre la sospecha y la totalidad
Pablo De Santis: Gracias por la invitación de la revista Criterio. Hay una reciente novela de Barry McCrea, joven escritor irlandés, titulada Literati. Está ambientada en el mundo universitario de Dublín y el protagonista, que tiene 19 años, se relaciona con quienes se dedican a una especie de juego que consiste en hacer una pregunta y buscar como si fuera un oráculo- cualquier libro de la biblioteca, abrirlo en una página al azar y tratar de encontrar una respuesta a su pregunta en ese párrafo. Puede ser un manual de semiótica, una novela de Agatha Christie, cualquier tipo de libro, de cualquier jerarquía. Es, a su vez, una novela de literatura fantástica, que marca una serie de similitudes, de correspondencias entre esas respuestas que parecen tan anárquicas y la vida de los personajes. Como si de alguna manera todos los libros del mundo estuvieran entramados y formaran una especie de unidad secreta.
A veces, cuando hablamos de literatura argentina sufrimos una tentación análoga: considerar toda la literatura como un entramado de significaciones que tienen que ver unas con otras, como una unidad, como una totalidad. Se trata de una tentación que sentimos a menudo. Pero de todas maneras esa totalidad ficticia tiene ciertas características. Una de ellas es que en nuestra literatura el pasado vuelve constantemente. Hablamos, por ejemplo, de los temas de Sarmiento como si fueran hechos recientes, actuales, que suscitan debates. Otra característica es que constituye una totalidad formada por fragmentos: si la analizamos a lo largo de la historia, advertimos una presencia avasalladora del cuento, de los libros de cuentos que en esencia siempre son fragmentarios-; y a la vez de los libros que incluyen materiales heterogéneos, como el caso del Facundo, o inclusive de un libro fundacional como el Martín Fierro que consta de dos partes, que más que completarse parecen estar en permanente lucha.
La aspiración a la totalidad que se registra en la literatura argentina también se encuentra en el interior de los libros, debido a su forma o bien a su tema. Ha habido una serie de libros que aspiraban a erigirse como pequeños mundos autónomos desde la forma. Pensemos en Rayuela de Julio Cortázar, Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal, la obra de Juan José Saer. Y estos libros tienen siempre la presencia obsesiva de las ciudades, en un caso París, en otro Buenos Aires, en otro Santa Fe. Las ciudades como una especie de representación del cosmos.
En otras novelas aparece también el tema de la totalidad a través de la conspiración. Pensemos en Informe sobre ciegos, de Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sabato, en Los suicidas de Antonio Di Benedetto: la idea de secta, de que hay algo escondido, la visión paranoica. La paranoia es como una especie de locura del sentido, la certeza de que en la realidad las distintas cosas riman, se corresponden, en torno a un orden total. Y éste por supuesto es uno de los temas favoritos de los fantásticos. En toda la obra de Jorge Luis Borges está esa tentación por lo Absoluto. Cada objeto que aparece en Borges cobra un cariz desmesurado: un libro es un libro infinito (como el Libro de arena, la Biblioteca de Babel, que es inagotable; El Aleph, que concentra todos los puntos del mundo en un solo punto). Y este saber secreto, este momento en que se rasga el mundo de las apariencias y los personajes se enfrentan a una realidad que va más allá de lo visible, siempre es un saber que se paga con la locura, con la muerte, con la soledad, con la alucinación. Por ejemplo en la novela Acerca de Roderer el protagonista está a la búsqueda de un saber absoluto que vamos siguiendo, a través de algunas señales que nos da el narrador; y como todo saber finalmente se paga.
Ver la literatura argentina para volver un poco a los Literati, esa visión de que todos los fragmentos del libro forman un libro común- lleva a la ceguera o por lo menos a una visión borrosa, a una especie de pérdida de conciencia de los fenómenos secundarios que puede tener la literatura, de los lugares escondidos, de una sorpresa. A la vez creo que ver la literatura argentina como una pura colección de fragmentos, o buscar sólo los escritores más marginales, o las cosas más sorpresivas, hacer una antología de la literatura argentina que sólo mire las rarezas, termina llevándonos a una especie de pérdida de sentido. Pero creo que, como en la novela que mencionaba, podemos llegar a una concepción de la unidad sólo a través de los atisbos, de las sospechas, nunca de la visión directa.
Guillermo Martínez: Agradezco la invitación de Criterio a este panel, y a ustedes, que lograron llegar en esta tarde tan calurosa para escucharnos, eso es casi un milagro.
Quisiera tomar una idea que planteó aquí Pablo De Santis sobre qué es lo que ocurre cuando uno se propone hablar de nuevas tendencias en la narrativa argentina, o quiere trazar un panorama de nuestra literatura. En general el primer impulso y esto lo vemos en suplementos culturales y en muchas charlas- es señalar cuáles son los escritores que están, y tratar de tender líneas entre ellos, pensar en recurrencias, en elementos que se repiten, en afinidades generacionales; es decir, tratar de encontrar lo que es común, cuando en realidad, bien mirado, me parece que lo que más enorgullece a cada escritor es su (posible) excepcionalidad. Creo que los escritores se sentirían mucho más honrados si la búsqueda fuera en la dirección de lo excepcional en cada uno.
De todas maneras, quiero proponer otro tipo de mirada: en lugar de pensar en el conjunto de los escritores que están y tratar de armar la figura de los que se nos aparezcan como más obvios en los últimos años, preguntarnos por qué están los que están y cómo llegaron los que llegaron. Es decir, rememorar algunos de los procedimientos por los que se fueron instalando nuevos nombres; por qué unos y no otros, en definitiva. Es el tipo de razonamiento arqueológico que me interesaría hacer. Y aquí, obviamente, pierdo toda posible objetividad si es que algo así existiera en algún momento- y voy a contar algunas de las experiencias que tuve en mi propia incursión, cuando estos grupos estaban en formación, o se estaban desarrollando, y todos de algún modo estábamos emergiendo en los mismos años, finales de los 80, principios de los 90. Para mí nuevas tendencias tiene que ver en esta charla con ese período.
Yo diría que una de las características principales de estos últimos veinte años es que se quebró el modo típico de aparición de un escritor en el mundo de la literatura a través de la relación con un editor, que era la norma en épocas anteriores. Un escritor terminaba un libro, una novela, y la presentaba a una editorial. Había lectores en la editorial que por supuesto leían y filtraban los materiales, pero los catálogos se armaban de acuerdo al gusto y criterio de ciertos editores. Hay editores legendarios justamente por la manera en que fueron armando sus catálogos: Porrúa, Barral. Creo que ese procedimiento se quebró en los años en que empezó la democracia, y diría que el modo más habitual por supuesto con todas las excepciones del caso- para que un escritor llegara a la publicación de su libro fue desde entonces o bien una relación laboral (o de amistad) directa con la editorial, o bien, y éste fue el camino más frecuente, una incursión preliminar en el periodismo cultural. La idea era hacerse un nombre desde un suplemento para concitar luego cierta atención del público en el momento de la publicación, una especie de garantía mínima para el editor de que ese nombre sería reconocido.
Ahora bien, ¿qué le quedaba al escritor que no estaba adentro del mundillo, que no era amigo de editores ni tampoco periodista, sino sólo escritor, escritor a secas? Le quedaban los concursos literarios. Éste fue el tercer camino, mucho más indirecto: premios literarios que llevaran a la publicación del libro. Gracias al premio del Fondo Nacional de las Artes yo pude publicar mi primer libro. También Leopoldo Brizuela, Esther Cross, Carlos Chernov, Gustavo Nielsen y otros escritores de ese período se dieron a conocer desde afuera a través de distintos premios.
Esta es una primera observación que marca una diferencia en cuanto al modo de instalación de los escritores. Y quiero mencionar algunos de los factores del periodismo cultural que tenían un peso fuerte en aquella época. Por un lado la revista Babel donde se conformó el grupo originario de Martín Caparrós, Daniel Guebel, Jorge Dorio, Matilde Sánchez, Luis Chitarroni, Alan Pauls…
En algún momento Chitarroni fue contratado como editor de Sudamericana, y a partir de entonces publicaron allí uno tras otro a todos los escritores cercanos a Babel. Estos escritores tenían una cierta estética, a veces más claramente definida por oposiciones que por la producción propia de cada uno, que fue finalmente muy dispar. Pero, por ejemplo, predominaba o circulaba la idea del rechazo al realismo entendido como un bloque indiferenciado, cierta idea de que no había margen para la originalidad, que toda escritura era reescritura; algunos rasgos que asociamos luego con el pensamiento posmoderno. Las novelas muchas veces eran parodias, o había una búsqueda, que se tornó rutinaria, del cruce de la cultura alta con la baja, como marca de prestigio. Los referentes literarios importantes de ese grupo eran Manuel Puig, César Aira, Néstor Perlongher, Osvaldo Lamborghini. Ese era uno de los polos, diría yo, de generación de estéticas. Y también algunas otras ideas en relación con lo que tenía que ser la figura del escritor, la idea de que el escritor no era solamente su obra, sino también la construcción de una imagen, lo que se llamaba el gesto la famosa teoría del gesto, que por primera vez conocí a través de estos escritores. Yo siempre había pensado -quizás con ingenuidad provinciana- que lo importante era escribir buenos libros.
En contraposición con esta corriente, había otros que defendían la idea de la narrativa. Se dio una de las discusiones típicas y un poco bizantinas de los años 90: narración vs. forma, lo que importa es narrar o narrar es lo que menos importa, importan los experimentos formales… Esta discusión fue parte también del tipo de novelas que se estaban defendiendo o poniendo en juego en esa época.
Hubo luego una tercera manera de escribir, una tercera estética por decirlo de algún modo, que fue la que llegó más claramente de la mano de Juan Forn y Rodrigo Fresán, y que tenía que ver con lo que yo llamé en algún lado el costumbrismo de los años 90. Es decir, registrar lo que era la vida juvenil de esa época, hacer de algún modo un club de pertenencia: los discos que nos gustan, las drogas que usamos, el tipo de fiesta a la que vamos. Una identificación muy fuerte de elementos para concitar de una manera antes que nada sociológica la atención de un público con ese mismo tipo de afinidades. Una literatura que apelaba fuertemente a la identidad juvenil.
Yo no me sentía cómodo con ninguna de estas opciones. Los temas que a mí me interesaban, y mi manera de pensar la literatura, estaba equidistante y lejísimo de cualquiera de estas posibilidades. Participé de un encuentro en España de escritores jóvenes, en el año 92. Allí encontré a algunos a los que pude considerar mis pares, y que estaban en otro tipo de búsqueda. Entre ellos, por supuesto, a Pablo De Santis, a quien leo desde su primera novela. Una búsqueda que está más ligada a la idea de la narrativa como aventura de la imaginación.
En definitiva hay pocas fuentes de generación de ideas. Una tiene que ver quizá con la representación o el intento de representación de una realidad político-social. La gente de Babel le daba la espalda a esas posibilidades que habían sido en algún sentido exprimidas, agotadas en las décadas anteriores, en aproximaciones a lo David Viñas. Yo también sentía esa distancia, y cierto rechazo por la facilidad en la utilización de la historia y de lo político social, pero de un modo, creo, bastante diferente. Mi idea, y lo que es para mí la magia de la literatura, tiene que ver con los desafíos de la imaginación antes que por lo que ya fue escrito en primera versión por la historia. En ese sentido creo que los mundos literarios deben ser relativamente autónomos. Es decir, tiene que haber una preponderancia de la imaginación, una construcción en donde de algún modo lo literario compite con la vida tal como la conocemos, y no puede reducirse a las leyes y la lógica de lo político-social-histórico-cotidiano. Tiene que haber otra lógica distinta de lo prosaico que dé una nueva ordenación; que revele algo que no hubiéramos podido predecir con las leyes de lo conocido. Esa es la literatura que me interesa. Y que no estaba en los programas de quienes eran mis contemporáneos.
La sombra de G.K. Chesterton
José María Poirier: Mientras ustedes hablaban yo recordaba que la memoria es siempre arbitraria y curiosa- da la casualidad que hace años, cuando leí Acerca de Roderer y, años después, Filosofía y letras estaba fuera de la Argentina, circunstancia que a veces le da al libro otro color. En el caso de Pablo De Santis, tratar de reconstruir el edificio de 25 de Mayo era toda una intriga. De Guillermo Martínez, me sorprendió leer en la solapa que se había dedicado a las matemáticas, cosa que parecía incompatible con las letras, ciencias exactas vs. humanidades.
Pero hubo un denominador común que me atrajo mucho: parecía asomar detrás la sombra de un cierto Chesterton. Por lo menos el Chesterton rememorado por Borges. Es decir, había un suspenso, una trama policial, que era la forma en que ustedes se expresaban. La pregunta que puede formularse sería: ¿por qué recurrir a ese tipo de narración? Algunos autores han defendido la literatura policial o de suspenso como una literatura de preguntas que supone que hay respuestas. Como una literatura donde se busca a un asesino, porque se supone que hay una víctima y un victimario, un bien y un mal, un escenario ético detrás.
Pablo De Santis: El otro día releí el volumen de Chesterton que está en la biblioteca personal de Borges. Lo había leído hace mucho. Por primera vez me detuve en el prólogo, donde dice Borges: el mejor cuento de este libro es Los tres jinetes del Apocalipsis. Empiezo a mirar el índice y no lo encuentro, recorro página por página y no está. Me gana una especie de desesperación: ¿por qué a Borges le gustaba ese cuento y no estaba en el libro? Por suerte, al día siguiente, en una librería de viejos veo un libro de Chesterton y el primer cuento es Los tres jinetes del Apocalipsis, que es una narración muy linda. Pero lo que decía siempre Borges de Chesterton es que tenía la tentación por lo fantástico, que los cuentos siempre amenazaban con una explicación sobrenatural, y finalmente estaba la explicación racional. No es una novela chestertoniana, pero en Crímenes imperceptibles - última novela de Guillermo Martínez- si bien no se trata de un enigma fantástico, hay una suerte de respiración, de intriga, algo que siente el lector que está muy cerca de la literatura fantástica y parece que sólo lo sobrenatural podría resolverlo.
Guillermo Martínez: En realidad, uno de los ejes en cuanto a la concepción de mi novela es la idea de que está en El signo de la espada rota: un cadáver que se oculta en una guerra debajo de una montaña de cadáveres. O sea: ¿dónde esconder un grano de arena? En una playa. ¿Dónde esconder una hoja? En un bosque. ¿Dónde esconder un soldado muerto? La idea del general de Chesterton es desatar una batalla para esconder al soldado entre las víctimas. Y en el fondo mi novela también es eso. Se desarrolla una serie hacia delante para esconder un primer asesinato que es individual.
Literatura y matemática
José María Poirier: ¿Qué relación encuentra Guillermo Martínez en cuanto escritor entre la literatura y las ciencias exactas?
Guillermo Martínez: Un par de novelas mías están dedicadas a eso, y el libro Borges y la matemática también. Me resulta un poco difícil responder en tan poco tiempo sobre ese tema, porque hay relaciones profundas pero que no son fáciles de explicar en un momento.
Cuando empecé a estudiar ingeniería, en las primeras materias básicas de matemática en la universidad, me interesaron los mismos temas de matemática que descubrí luego- fueron los que le habían interesado a Borges, es decir: la
variedad de infinitos, las paradojas lógicas, los lenguajes formales, la definición de límite (que captura de alguna forma el movimiento). Hay también muchos vasos comunicantes entre la filosofía y la matemática, como el teorema de Gödel. Borges tomó algunos de estos elementos de matemática como el germen de varias de sus ficciones. Por ejemplo, el hecho de que entre dos números fraccionarios siempre hay uno en el medio; que el segmento que hay entre dos números fraccionarios se puede subdividir infinitamente, es exactamente la propiedad que él utiliza para concebir su Libro de arena. Si ustedes recuerdan, este libro milagroso tiene su tapa y su contratapa: la tapa sería como el 0 de los números fraccionarios, la contratapa como el 1, pero no se puede abrir una primera página, porque siempre hay otra en el medio. Esta propiedad de que las páginas se desdoblan de manera incesante es exactamente la propiedad de los números fraccionarios. Y es la manera en la que él puede concebir un libro que tenga infinitas páginas y donde estén contenidos todos los demás libros. En el fondo, el Libro de arena es la biblioteca de Babel condensada. Es una idea totalmente matemática y se puede percibir que el germen de esa idea está en el conocimiento matemático que tenía Borges. Lo mismo se puede decir de la segunda solución que propone en La muerte y la brújula, de las ideas detrás de la Lotería de Babilonia. En La doctrina de los ciclos hay un cálculo de probabilidades para tratar de argumentar sobre la cuestión del eterno retorno… Es decir, hay muchas ideas matemáticas que Borges fue tomando para su literatura. Lo que yo traté en Borges y la matemática es ir un poco más allá y mostrar también algunas características en los procedimientos y el estilo de Borges que lo hacen grato a una estética matemática.
Y en cuanto a mi última novela, yo tomé el hecho de que una serie lógica puede ser continuada de varias maneras diferentes, que no hay unicidad en la continuación, algo sobre lo que reflexionó profundamente Wittgenstein. En contradicción con lo que suelen sugerir las novelas policiales sobre crímenes en serie, o las películas de Hollywood, no hay algo así como la respuesta que el detective puede esperar encontrar en la continuación de una serie lógica, sino que los detectives a lo sumo pueden tener la esperanza de acertar con la respuesta en la que está pensando el criminal. Es lo mismo que con los tests de inteligencia: no hay una manera a través de una serie de poder decidir si la persona es inteligente o no de acuerdo a la contestación que da; lo máximo que se puede decir es que responde de acuerdo a las expectativas del examinador. Ese tipo de idea es la que yo usé para mi novela. Pero como se ve, hay múltiples conexiones entre la matemática y la literatura y distintos novelistas han intentado cosas diferentes.
Borges universal
José María Poirier: A mí me sorprende siempre un poco que ustedes, que pertenecen a la generación que hoy está en los 40 y pocos años, nombran a Borges con una distancia como la generación suya podía hablar de Sarmiento, como de un clásico. Es curioso porque para la generación contemporánea a Borges, e inmediatamente posterior a él, citarlo constituía no pocas veces una dificultad. Uno entraba en la casa de algunos escritores y la primera recomendación que recibía era la de no nombrar a Borges para no poner de mal humor al dueño de casa. Y la cosa ocurría no sólo en Santos Lugares. Incluso en clase o en ámbitos académicos. Es curioso porque Borges tuvo una relación muy conflictiva con su generación. Ustedes hablan ya de un patrimonio común, de un referente ineludible.
Pablo De Santis: A mí me parece que sí, además el peso que tiene un escritor universal, en una literatura de un país que creo no está entre los centrales. Es inmensa esa influencia. Borges llevó la literatura argentina a un plano universal. Para nosotros nunca fue un tema de conflicto. El conflicto tenía que ver tanto con la ideología pura como con las ideologías literarias. Se mencionaba a Sartre en la introducción. Cuando el tema del compromiso dominaba los centros de debate, la posición de Borges estaba totalmente afuera.
La joven guardia
José María Poirier: ¿Qué sucede con la generación posterior a la de ustedes? ¿Qué se viene detrás?
Guillermo Martínez: Creo que hay ya una generación, quizás dos, detrás de la nuestra. Hay un primer atisbo de los escritores de esa generación en el libro La joven guardia. Ahí aparece una escritora por la que yo apostaría, que tiene que ver con lo que decía de la imaginación, de los mundos propios, extraños: Samanta Schweblin. Por ahora es una cuentista, lo que también me parece una excentricidad interesante. Una persona que persiste en ese género cuando toda la tendencia premia más bien a los escritores de novelas. También fui recientemente jurado del premio del Fondo Nacional de las Artes, y hay una escritora que premiamos de manera unánime, Liliana Aleman, con una novela de tipo familiar muy interesante, bastante novedosa. Y supongo que hay una cantidad de nombres más que vienen.
Hay otro libro nuevo: Una terraza propia, una selección de cuentos de mujeres. A mí siempre me parece extraño, a esta altura de los acontecimientos, libros de cuentos únicamente de mujeres. Ese sería otro tema largo para charlar. Incluso me parece extraño que las escritoras quieran participar de un proyecto de ese tipo, es como sumarse por voluntad propia a un corralito. No logro entender por qué siguen apareciendo esos artefactos extraños. Pero bueno, es también un libro que reúne cuentos de mujeres jóvenes, de una generación más joven.
Pablo De Santis: Yo creo que cada generación ve a la anterior como una especie de mundo imaginario, pero porque fue el momento en que uno tiene veintipico de años y mira y crea su mundo y sus valores. Después a uno, más adelante, le queda esa imagen congelada en la cabeza. Yo me acuerdo que cuando tenía veinte años estaban los nombres de los consagrados: Borges, Bioy, Mujica Lainez (principios de los años 80) pero que estaban a una distancia sideral. En esa época descubrí a Juan J. Saer, Andrés Rivera, Ricardo Piglia, una serie de escritores que para mí fueron muy importantes porque estaban haciendo la literatura en ese momento. Sus libros más importantes los estaban escribiendo entonces. Era algo que estaba ocurriendo en ese momento.
Los Objetivos de Desarrollo y la política social del Estado
En septiembre de 2000 representantes de 189 países se reunieron en la Asamblea General de las Naciones Unidas para determinar cómo unificar sus voluntades y esfuerzos a fin de revitalizar la cooperación internacional enfocada a combatir el hambre y la pobreza. Existía el convencimiento de que la estabilidad y seguridad nacional y mundial dependía en buena medida de mejorar la calidad de vida de los habitantes de todos los países del mundo y de generar condiciones para el pleno ejercicio de los derechos humanos 1.
Estos deseos y esa voluntad quedaron plasmados en la Declaración del Milenio. ¿Cuáles son los compromisos que tomaron los países y que quedaron plasmados en esa declaración? Los países en desarrollo deberían fortalecer la buena gobernanza, luchar contra la corrupción, promover el crecimiento y aumentar al máximo la disponibilidad de recursos internos para financiar estrategias nacionales de desarrollo. A su vez los países desarrollados deberían apoyar esos esfuerzos con un aumento de la asistencia financiera, una nueva ronda comercial orientada al desarrollo y la ampliación e intensificación del alivio de la deuda 2.
Los Objetivos reconocen sus antecedentes en los acuerdos suscritos en las grandes cumbres mundiales de las Naciones Unidas celebradas en la década de 1990: Niñez (Nueva York, 1990), Nutrición ( Roma, 1992), Derechos Humanos (Viena, 1993), Desarrollo Sostenible (Bridgetown, 1994), Población (El Cairo, 1994), Mujer (Beijing, 1995), Desarrollo Social (Copenhagen, 1995), Asentamientos Humanos (Estambul, 1996), Alimentación (Roma 1996), Educación (Dakar, 2000).
Esta asociación mundial para el desarrollo fue reafirmada en 2002 en la Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo, celebrada en Monterrey (México) y la Cumbre Mundial sobre el Desarrollo Sostenible, celebrada en Johannesburgo (Sudáfrica).
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio reflejan un conjunto de prioridades urgentes y universalmente compartidas y respaldadas. Sin embargo, deben verse como parte de un programa de desarrollo aún más amplio. A pesar que han sido objeto de numerosísimas actividades de seguimiento tanto dentro como fuera de las Naciones Unidas, es obvio que no representan por sí mismos un programa de desarrollo completo. Su formulación tuvo en cuenta, en buena medida, a los países de mayor pobreza ubicados en el Africa subsahariana, epicentro de la crisis según expresa el Informe Sachs, con una deficiencia generalizada en lo que se refiere a la consecución de la mayor parte de los ODM 3.
No incluyen algunas de las cuestiones más generales tratadas en las conferencias del decenio de 1990, ni abordan las necesidades particulares de los países en desarrollo de ingresos medios ni las cuestiones de la desigualdad creciente o de las dimensiones más amplias del desarrollo humano y la buena gobernanza que, en conjunto, requieren la aplicación efectiva de los resultados de las conferencias 4. Representan los mínimos sociales, las condiciones básicas necesarias para el desarrollo del individuo y la sociedad. Es también una orientación para la reducción de las brechas e inequidades que se registran al interior de nuestros países.
Los Objetivos a nivel global son ocho pero la Argentina, al momento de hacer la adaptación correspondiente, decidió incorporar uno más, de alta significación para el país, el de Promover el trabajo decente. Por lo cual el listado de ODM para nuestro país es el siguiente:
- Erradicar la pobreza extrema y el hambre
- Alcanzar la educación básica universal
- Promover el trabajo decente
- Promover la igualdad de género
- Reducir la mortalidad infantil
- Mejorar la salud materna
- Combatir el HIV, la tuberculosis, el Chagas, el paludismo y otras enfermedades
- Asegurar un medio ambiente sostenible
- Promover una asociación global para el desarrollo
Si bien a los fines operativos los objetivos se han desagregado sectorialmente (pobreza, trabajo, educación, género, salud, ambiente) los ODM refuerzan la idea de complejidad del fenómeno de la pobreza y la necesidad de un enfoque integral de la cuestión.
En línea con las investigaciones de los últimos años, se considera que el concepto de pobreza no es solamente una cuestión de falta de ingresos sino también de recursos de otro orden: capital humano, capital social, capital cultural, etc 5.
Esta característica del fenómeno de la pobreza obliga a un ejercicio de interinstitucionalidad y de multidisciplinariedad para su abordaje. Por lo tanto el seguimiento y monitoreo de los Objetivos de Desarrollo del Milenio requiere de una institución capaz de articular los esfuerzos que hacen las distintas áreas sociales del Estado para el desarrollo social 6.
El aporte de los ODM a las políticas públicas
La formulación teórica de los Objetivos de Desarrollo del Milenio así como su puesta en práctica en los distintos niveles jurisdiccionales del Estado está mostrando el importante aporte que realizan los ODM a las políticas públicas y, en particular, a las políticas sobre desarrollo. Como expresa Alarcón, una contribución interesante de los ODM es la manera como esta agenda ha logrado establecer la inter-relación entre objetivos generales, metas concretas e indicadores de seguimiento. Estas características le dan un nivel de concreción a la agenda de desarrollo que no encontramos con frecuencia en las propuestas de desarrollo de nuestros países 7.
a. El enfoque de los ODM: la ciudadanía social
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio, con sus respectivas metas, expresan derechos básicos inherentes a la persona y son una plataforma para su profundización. Señalan dimensiones que no pueden estar ausentes en un modelo de desarrollo.
El enfoque del desarrollo que se proponga una sociedad no es ajeno a consideraciones valorativas y su eficacia se halla en directa relación con el bienestar que logra brindar a la mayor cantidad de población. La experiencia argentina ha demostrado que no basta sólo el crecimiento, el aumento del PBI, un desarrollo cuantitativo sino que debe considerarse la calidad de ese desarrollo y cómo genera mejores condiciones para la efectiva inclusión social de todos los ciudadanos.
Desde esta perspectiva los ODM condicionan el modelo de desarrollo en tanto señalan el aspecto prioritario: que el conjunto de la sociedad garantice a todos los habitantes el ejercicio pleno de la ciudadanía social, esto es, la titularidad efectiva y universal de los derechos sociales. Por ejemplo, el derecho a una alimentación suficiente, a un ingreso adecuado, a la equidad entre mujer y varón, al cuidado de la salud, a un nivel educativo acorde con las necesidades actuales, a un entorno ambiental saludable y a una vivienda digna.
El cumplimiento de los derechos sociales debe ser la piedra angular o el criterio fundamental orientador de la política socio-económica de un país. Y debe asegurar que cada individuo sea tratado como miembro pleno de una sociedad con igualdad de oportunidades y de resultados y se sienta partícipe de un destino común.
Esta construcción de una ciudadanía plena sólo es posible en sociedades más justas y armónicas que las actuales de la región. Los países latinoamericanos evidencian la asincronía existente entre la evolución de los derechos civiles y políticos por un lado y los derechos económicos, sociales y culturales por otro, expresada en la persistencia de profundas desigualdades y en la severidad de la pobreza.
Amplios sectores de la población de nuestros países se mueven en la franja de la vulnerabilidad social, entendida ésta como la vinculación deficitaria del individuo con aquellos medios materiales y simbólicos que aseguran una adecuada calidad de vida. La vulnerabilidad en su grado extremo se expresa en exclusión, en la carencia de recursos económicos y la ruptura de los soportes relacionales y de protección social. Tanto la vulnerabilidad como la exclusión social atentan contra el ejercicio pleno de los derechos sociales y debilitan la ciudadanía civil y política y, por consiguiente, el normal funcionamiento de un sistema democrático.
b. Los ODM y la protección social
El riesgo para la mayoría de los países latinoamericanos es convertirse en sociedades polarizadas y fragmentadas, donde un sector puede acceder a todas las posibilidades que brinda la actual sociedad de consumo y de la información y otro sector se encuentra en la marginalidad y no tiene acceso a condiciones mínimas de bienestar.
Por otra parte, una característica de nuestras sociedades latinoamericanas es la coexistencia al interior de los países de zonas de gran desarrollo relativo con otras de altos niveles de pobreza y limitadas potencialidades de crecimiento. En estas últimas los indicadores sociales muestran muchas veces cifras el doble de críticas que en las regiones más ricas.
Por eso se habla de construir sociedades con mayor cohesión económica y social lo cual supone disminuir las brechas entre sectores sociales y entre regiones. A eso apuntan los ODM.
En relación con los sectores de mayor vulnerabilidad social se ha reactualizado en los últimos años el concepto de protección social para referirse a la iniciativa de los gobiernos de establecer o fortalecer sistemas o redes de intervenciones, dirigidas a los individuos y/o a las familias, que apuntan a sostener el ingreso y evitar las pérdidas de capital humano.
Una red de protección social es un mecanismo de articulación y ejecución de diversos programas sociales, que les permite satisfacer las necesidades básicas de la existencia y acceder en mejores condiciones a políticas de promoción, de capacitación laboral y de generación de ingreso.
Ahora bien, un sistema de protección social es más que una estructura institucional de planes y programas; se fundamenta en un acuerdo político de todos los sectores de una comunidad donde se establecen las responsabilidades y esfuerzos de cada sector a fin de construir una sociedad sin excluidos.
Los ODM, desde esta perspectiva, pueden expresar ese consenso materializado en niveles cuantificables de bienestar, en formas concretas de solidaridad, en la definición de cuáles deben ser los umbrales mínimos de protección social que deben ser provistos a los sectores y grupos etéreos más necesitados de la sociedad.
La disminución de las asimetrías actualmente existentes consolidaría internamente nuestras sociedades y las volvería también más competitivas en un mundo altamente interdependiente y globalizado.
c. Los ODM y el fortalecimiento del Estado social
A los Estados les corresponde garantizar las condiciones para el cumplimiento y el libre ejercicio de los derechos y deberes de los ciudadanos. El primer ámbito donde se juega el destino y el alcance de las metas definidas por los ODM es el conjunto de la organización estatal y la política del gobierno.
El logro de los ODM requiere de un Estado capaz en sus funciones básicas frente a una sociedad que permanentemente incrementa la calidad y cantidad de sus demandas. Podemos identificar tres dimensiones de la política social de un gobierno que se ven fortalecidas por la acción de los ODM:
1. Dimensión técnica
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio requieren ante todo de una mirada integradora de la realidad. Hay que contar con recursos humanos formados en trascender la visión sectorial y tener una comprensión holística de la cuestión social.
Por otra parte un gobierno procede mejor cuanto más informado esté, por lo cual es necesaria la existencia de un sistema de información (censos, encuestas, etc) que permita realizar un exacto diagnóstico de la situación social actual y un permanente seguimiento de la evolución de los indicadores en relación con las metas propuestas. En suma un buen sistema estadístico a nivel nacional y que, en lo posible, permita desagregar la información hasta los niveles municipales.
2. Dimensión de la gestión
La gestión concreta los cursos de acción elegidos y de ella depende que los resultados sean eficaces y eficientes. La gestión incluye el conjunto de procedimientos y acciones de los que depende críticamente la aplicación exitosa de las más diversas políticas. Los ODM han mostrado ser una iniciativa que presta una inestimable ayuda para hacer más eficientes los gabinetes sociales. El logro de las metas requiere profundizar y optimizar las instancias de articulación y de coordinación entre los organismos de los gabinetes sociales. Esto, que suele presentarse como un factor imprescindible para el éxito de la gestión social, no es de sencilla instrumentación en los distintos niveles de gobierno. Los ODM, por su misma naturaleza de agregación de temas y cuestiones que están sectorializados en los gobiernos, obligan a la comunicación entre las áreas sociales, a ir más allá de un sector social determinado e interactuar con las contrapartes de los otros organismos.
3. Dimensión de las políticas
Los ODM establecen un horizonte estratégico fijado en el 2015 a través de metas cuantitativas. El logro de estas metas va más allá de políticas de coyuntura. Suponen políticas de largo plazo que trascienden el lapso de una gestión de gobierno. Los ODM permiten identificar mejor los sectores o las regiones prioritarias que exigen un refuerzo de políticas mediante el redireccionamiento de líneas de intervención ya en marcha o la creación de nuevos programas. La fijación de metas intermedias (al 2007 y al 2011) establecidas por los ministerios nacionales al interior de cada Objetivo es un elemento que también colabora en la mejora de la gestión y en la evaluación de la eficacia e impacto de las políticas respectivas 8.
La Argentina es un país federal y muchos de los servicios sociales se encuentran bajo la responsabilidad de los Estados provinciales. Recordemos que del presupuesto del Gasto Público Social, clasificado según nivel de gobierno, al gobierno nacional le corresponde la ejecución de alrededor de un 51%, a los gobiernos provinciales un 42% y sólo un 7% a los gobiernos municipales. En consecuencia, las metas propuestas para el país para el 2015 sólo podrán ser alcanzadas en la medida que no sólo el Gobierno central sea eficiente sino que también los Estados provinciales tengan un adecuado desempeño en materia de salud, educación, empleo, desarrollo social, etc.
d. Los ODM y el compromiso de todos
Los Objetivos de Desarrollo del Milenio brindan la oportunidad para incrementar la participación de todos los sectores sociales en una agenda concreta de crecimiento sustentable y más equitativo.
El sector empresarial puede renovar y profundizar el compromiso ya asumido con la firma del Pacto Global en la promoción de un conjunto de valores universales que son considerados fundamentales: los derechos humanos, la construcción de ciudadanía, la mejora de las condiciones laborales y el cuidado del medio ambiente.
La sociedad civil organizada debe suscitar la concientización política y pública acerca de los ODM; realizar un seguimiento sobre las acciones de los gobiernos y contribuir activamente en la ejecución de estrategias nacionales de reducción de la pobreza basadas en los ODM.
Es necesario que la comunidad universitaria se interese en esta iniciativa para que gradualmente los ODM sean considerados en las definiciones de la actuación del sector en todas sus líneas de trabajo: enseñanza, investigación y extensión hacia la comunidad. Es fundamental que todos nos apropiemos de este tema y movilicemos los recursos a nuestro alcance para el logro de los Objetivos. Nadie puede estar ajeno a sus propuestas.
Notas:
1. Cfr. Kofi Annan, Un concepto más amplio de libertad: desarrollo, seguridad y derechos humanos para todos Naciones Unidas, 2005
2. Idem.
3. Cfr. Jeffrey Sachs (coord), Invirtiendo en el desarrollo - Un plan práctico para conseguir los Objetivos de Desarrollo del Milenio, Millenium Project, Nueva York, 2005.
4. K. Annan, Op.cit.
5. De allí la importancia de estudios e investigaciones como el Barómetro de la Deuda Social Argentina, promovido por el Departamento de Investigación Institucional de la UCA, que apunta a un seguimiento de las realizaciones y privaciones tanto en el campo del nivel de vida como en el espacio de la auto realización o florecimiento humano.
6. En el nivel nacional corresponde al Consejo Nacional de Coordinación Políticas Sociales (CNCPS), organismo dependiente de la Presidencia de la Nación, el monitoreo del conjunto de los ODM y la elaboración de los informes destinados a su seguimiento.
7. Alarcón, D. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio en el contexto de América Latina, INDES-BID, Washington, 2006.
8. Cfr. el Informe País 2005 Objetivos de Desarrollo del Milenio: un compromiso con la erradicación de la pobreza, la inclusión social y la no discriminación, producto de la tarea de los ministerios nacionales y el INDEC y coordinado por el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales. Este documento contiene una actualización de los indicadores de los ODM, acompañando de un análisis detallado de las principales políticas. y programas nacionales orientados a alcanzarlos. Este Informe puede consultarse en el sitio web: http://politicassociales.gov.ar/odm
La salud de los argentinos
Son hechos positivos la extendida cobertura territorial de los servicios de salud, el alto porcentaje de partos atendidos en instituciones de salud (superior al 95%), los niveles de vacunación, la alta calidad de respuesta en núcleos y equipos profesionales, la calidad académica de escuelas y especialidades. La salud de los argentinos mejoró durante los últimos 20 años, en términos de la mayoría de los indicadores aceptados habitualmente: mortalidad infantil, esperanza de vida al nacer, incidencia de enfermedades infecciosas y, en menor grado, las tasas de mortalidad materna.
Es negativa la presencia de mortalidad evitable en todas las edades, con especial énfasis en la mortalidad neonatal. Hoy, 6 de cada diez fallecimientos podrían evitarse con adecuadas atención prenatal, del parto y tratamiento precoz. Señala en Plan Federal de Salud: en todas las provincias argentinas, al menos 1 de cada 2 muertes de niños son evitables 1. Por otra parte, agrega, el mosquito transmisor del dengue esta presente en 17 de las 24 provincias. La mortalidad materna, mantenida desde 1994 en un nivel de alrededor de cuatro muertes por 10.000 nacidos vivos, algo menos que una muerte materna diaria, tiene componentes altamente evitables tales como las defunciones provenientes de abortos infectados (algo más del 30% del total), debidas a deficiente atención del parto o puerperio, dato este altamente significativo si consideramos que la casi totalidad de los partos reciben atención institucional. Preocupa la frecuencia y magnitud de los accidentes de tránsito y las defunciones por otras causas violentas en los jóvenes. Adicciones, violencia familiar y social, embarazo adolescente, aparecen como nuevas formas de riesgo para la salud.
Esta realidad es producto de un sistema de atención de baja eficiencia y alta inequidad, en donde las diferencias territoriales y poblacionales se expresan tanto en los niveles de salud como en la asignación del gasto por persona y sobre las cuales influyen negativamente los condicionantes socioambientales, con problemas de salud vinculados a la pobreza e indigencia y a la falta de cuidado ambiental.
El Plan Federal ofrece un análisis sintético del sistema en términos de sus principales carencias 2:
Un sistema de salud en crisis
- Cobertura desigual
- Indefinición del modelo prestacional
- Fragmentación e ineficiencia en el uso de los recursos
- Escasos recursos asignados a la prevención
- Desigualdad en el acceso
- Mortalidad y morbilidad evitable
- Variabilidad en la calidad
- Falta de planificación de recursos humanos
- Falta de regulación de tecnologías
- Inequidades entre jurisdicciones e intraprovinciales
- Bajas capacidades de rectoría
- Crisis del sector privado
El análisis de estos problemas, aunque fuera esquemático y data de 2004, es una buena vía para conocer la dinámica del sector. Pasemos a considerarlos.
En cuanto a la cobertura, la respuesta del sector está lejos de brindar lo necesario para quien lo necesita. Por el contrario, desde una fantasía de ofrecer todo para el que lo solicite, desde el inicio de la primera privatización del sector salud con la creación de las obras sociales, la respuesta ha ido variando entre ofrecer lo posible de acuerdo a los recursos disponibles o al circunstancial acceso al poder, vía política o amistosa, dentro de las distintas organizaciones e instituciones, a definir un PMO (programa médico obligatorio), que señala aquellas prestaciones que las obras sociales (OB) y las prepagas privadas deben ofrecer como mínimo a todos sus afiliados. En realidad el PM oculta, bajo su aparente acción igualadora una oferta diferencial por niveles de ingreso y la realidad de un alto nivel de ineficiencia dentro de la utilización de su oferta. Esta cobertura diferencial es reconocida y expresada en la distinta propuesta de planes en las prepagas privadas y en el mismo sistema de OS, que perdieron el sustento de su solidaridad grupal al aceptar el sistema la aparición singularizada de OS del personal de dirección o fuera de convenio.
En el subsector público esa desigualdad de cobertura tiene como referencia la complejidad de la oferta estatal y, sobre todo, los recursos asignados, que varían de jurisdicción en jurisdicción en función del aporte presupuestario con diferencias que triplican o cuadriplican los aportes per capita según las provincias. Debe agregarse a esa realidad el habitual contexto socioeconómico y ambiental de mayor negatividad en las jurisdicciones más carenciadas, donde el riesgo de enfermar y morir aumenta. Esta desigualdad se repite en las realidades intraprovinciales, donde habitualmente hay poblaciones con mayor y mejor oferta de servicios, por lo común ubicadas en las capitales y ciudades principales.
Respecto del modelo prestacional (modo en que se ofrecen, solicitan y se accede a las prestaciones del sistema), está orientado a la satisfacción de la demanda manifiesta y con una oferta profesional preferentemente especializada, pues el sistema de pago, desde el nomenclador nacional de prestaciones hasta las diversas modalidades de acuerdos de retribución, privilegian al especialista sobre el médico general. Esto supone escasos recursos asignados a la prevención y a la atención de medicina general. El énfasis en promover la atención primaria como estrategia de atención, se ha instalado desde la propuesta oficial del Ministerio de Salud como una de sus principales políticas, pero dista de tener sustentabilidad previsible en el tiempo. Las obras sociales y las prepagas han promovido sí, a los médicos de cabecera, que operan en su mayoría como orientadores y moderadores de la demanda. También han comenzado a instalarse respuestas organizadas para enfermedades crónicas, pero el camino está en sus inicios.
La crisis del 2001 repercutió duramente en el sector, y tuvo las siguientes consecuencias 3:
La crisis Sectorial
- Crisis económica y social
- Escasez de insumos críticos
- Ruptura de la cadena de pagos
- Caída de la cobertura de seguros médicos privados y de obras sociales
- Incremento de la demanda hospitalaria
- Explosión de demanda por enfermedades vinculadas a la pobreza
En aquel momento el sector respondió positivamente, a partir de los acuerdos generales emergentes del Diálogo Argentino. Dijimos entonces, valorizando el esfuerzo observado en todos los actores del sector, que era el momento de una reforma estructural capaz de otorgar a nuestro sistema la coherencia, eficiencia y sentido que su fragmentación e inequidad habían negado y que esa reforma no era un salto al vacío, sino un salto desde el vacío. Lo peor que nos podía ocurrir era reconstruir el sector a partir de los intereses y realidades previas al 2001. No obstante, pareciera que seguimos en ese camino vamos. Se observa una reconstrucción de alianzas y una reaparición de protagonismos y propuestas en donde los habituales intereses facciosos aparecen con fuerza renovada más allá de las proyectos gubernamentales. No es ajena a esa situación la actual crisis del subsector privado, jaqueado por el conflicto entre financiadores, prestadores y organizaciones gremiales de trabajadores de salud, y por la ya excesivamente extendida emergencia sanitaria que, en definitiva, es una moratoria para el pago de obligaciones fiscales y prestacionales. Por otra parte, la reciente designación en la Superintendencia de Servicios de Salud, que controla las OS nacionales y la APE, responsable de la asignación de recursos para coberturas especiales, de profesionales y políticos vinculados al movimiento obrero organizado reinstala el formalmente el poder de la CGT en esta materia.
La política de Salud
La aprobación por parte del Consejo Federal de Salud de las Bases del Plan Federal de Salud 2004-2007 fue un hecho importante y significativo. Por primera vez en muchos años, el ministerio nacional logró, pese a no poseer prácticamente mando de tropa territorial, articular una política de salud con el apoyo de todos los ministros y gobernadores provinciales, asumiendo de hecho una rectoría que dio paso a una propuesta tendiente a superar la fragmentación que el federalismo sanitario posibilitaba, sin avanzar sobre las autonomías provinciales. La propuesta ofrece, según sus propias afirmaciones Un sendero de reformas 4 que se podrá consolidar trabajado sobre la afirmación del sistema federal de salud que mejore la equidad regional y asegure la integración del sector alrededor de la reforma de la atención pública y la promoción de la atención primaria. Este concepto de sendero y no de ruta prefijada, abre posibilidades de intervención para la construcción de una propuesta consensuada y tendiente a consolidar el bien común.
El plan aquilata diversas fuentes en su redacción y ofrece algunas novedades importantes en relación a lo ya conocido. Pone énfasis en la atención primaria de la salud, y dentro de esa estrategia, fortalece los aspectos de promoción de salud, prevención de enfermedades y participación comunitaria. Su mayor desarrollo se refiere a la organización del sistema de atención, enmarcado en un seguro público que incluye al subsector privado en la atención de la población, en articulación con los establecimientos estatales cuya financiación se propone transformar a partir de un financiamiento desde la demanda, con población nominada a cargo, cápitas de valor variable y fuentes de financiación que incluyen lo privado. Bastante transformador, de difícil implementación desde la realidad de gestión de los hospitales, y bien parecido a la propuesta de Invertir en Salud del Informe Anual del Banco Mundial 1993.
En ese contexto el ministerio de Salud ha asumido un protagonismo con programas importantes y de cobertura nacional. Podemos mencionar, por orden de aparición, la prescripción de medicamentos por nombre genérico; el programa Remediar, de medicamentos gratuitos en los centros de atención periféricos; el programa de salud sexual y reproductiva, la formación de profesionales en salud social y comunitaria, articulado con provincias, municipios y 17 universidades; el desarrollo a través del CONAPRIS de las investigaciones en salud, las leyes antitabáquicas y la de donación de órganos. Todas ellas iniciativas de impacto positivo en la salud, más allá de modalidades de implementación perfectibles. El acompañamiento desde las provincias es desigual en lo referente a implementación y desarrollo de sus propios programas.
El futuro
Mirado en perspectiva, los claroscuros del sistema no expresan un riesgo diferente al de la sociedad en general, referido a la sustentabilidad de las iniciativas, al protagonismo de los mismos ciudadanos y sus familias en la respuestas concretas y cotidianas, en la inequidad en la distribución de los recursos; en la presencia de intereses facciosos en la estructuración del sistema.
La modificación de los factores determinantes de salud y enfermedad: educación, trabajo, vivienda digna, provisión de servicios esenciales de agua y cloacas, pobreza y exclusión debería aparecer como prioridad impostergable si hablamos en serio de la salud de todos los habitantes. Su persistencia supone casi una imposibilidad de acceso a la salud de grandes núcleos de población, con la producción casi asegurada de todas las patologías de la pobreza e indigencia 5.
El fortalecimiento de la responsabilidad personal y social en la producción de salud aparece como otra prioridad. La salud es un proceso de construcción colectiva y personal donde los hábitos de consumo y las formas saludables de existencia son un componente central de cierta calidad de vida y de la aparición de patologías evitables.
Una de las áreas con mayor deterioro en el sistema es el trabajo profesional. Por razones diversas (organizativas, económicas y éticas), el deterioro de la respuesta profesional es visible. Se mantiene la crisis de la relación médico-paciente. Ya no es excepcional retirarse del consultorio con recetas e indicaciones diagnósticas, pero sin haber sido adecuadamente revisado y escuchado. Pese a los controles de los financiadores o por eso mismo la atención es cada vez menos resolutiva y más impersonal. El agotamiento aparece frecuentemente en los profesionales, desbordados por su exigencia cotidiana y sus frustraciones.
Esta situación amenaza extenderse a los establecimientos a medida que su crisis de recursos y gerenciamiento se agrava, y las carencias ya comienzan a expresarse en infecciones, errores y demás expresiones del deterioro.
El avance de la tecnología y la prevalencia de enfermedades crónicas con seguridad encarecerán las repuestas reparadoras. Aunque no más sea que por esta razón son desafíos impostergables el fortalecimiento de hábitos saludables en la población, dentro de sus propias responsabilidades de mantener su salud, la mejoría del medio ambiente, la calidad de las prestaciones del sistema de atención, con énfasis en la prevención de enfermedades y la articulación de las distintas modalidades de financiamiento y atención.
En ese contexto la mirada sobre la realidad actual y las propuestas sobre el futuro deberán realizarse desde la perspectiva de la salud como derecho y como parte del conjunto de derechos humanos, con sus características de integralidad, universalidad y exigibilidad propia. Todos debemos tener en cuenta que la salud es producto de condicionantes sociales y económicos que la determinan o producen enfermedades. A la atención profesional habrá que sumarle la correcta administración de los recursos, la evidencia como razón necesaria para proponer acciones e intervenciones, la ética para asegurar la equidad, la oportunidad y la calidad de las mismas.
Notas:
1. Bases del Plan Federal de Salud 2004/2007 Ministerio de Salud de la Nación, Consejo Federal de Salud
2. ídem anterior.
3. Bello Julio, Equidad y salud, conferencia en el Congreso de CAES, octubre 2002
4. Plan Federal de Salud. la solución de las debilidades actuales del sistema de atención pública no surgirá de una creación mágica destinada a resolver los serios problemas que lo afectan
5. La película El Polaquito, hace evidente estas relaciones causales entre salud y marginación.
Un camino contra la pobreza
El 4 de septiembre de 1993 nació en Mendoza la Cooperadora para la Nutrición Infantil (CONIN). La idea primaria era crear un Centro de Recuperación Nutricional un Micro Hospital, similar a los del profesor Fernando Monckeberg en Chile, y también desplegar acciones preventivas complementarias: lactancia materna, educación nutricional, saneamiento ambiental… Jamás imaginamos que este segundo emprendimiento iba a ser nuestra plataforma de lanzamiento nacional e internacional.
Mientras construíamos el hospital, en un terreno cedido por la municipalidad de Las Heras, comenzamos las idas a El Algarrobal de abajo. Allí encontramos una realidad que nos agobió. Entendimos necesario, pues, dar respuestas concretas a los problemas concretos. Deberíamos tener una política de Estado para terminar definitivamente con la pobreza extrema y la desnutrición. Advertimos que la desnutrición es el resultado final del subdesarrollo. De nada sirve alimentar a un niño si se lo devuelve al ambiente hostil del que proviene: pocos días después estaremos alimentándolo nuevamente. Si queremos combatir la desnutrición debemos abordar integralmente la problemática social que da origen a la pobreza extrema. Por eso creamos distintos programas preventivos de la desnutrición.
Club de padres
Convocamos a los padres de los niños y les explicamos que era fundamental recuperar la casa para el Centro, deshabitada desde hacía l6 años. Era necesario cepillar puertas y ventanas, revocar, pintar, reparar techos y pisos, cablear, restablecer agua, gas, luz, e instalar baños. Les aclaramos que no hacíamos asistencialismo, que íbamos a trabajar, y que necesitábamos reciprocidad de parte de ellos. Los ayudaríamos si demostraban interés, o en su defecto, trabajaríamos en otro lado.
En dos meses estuvo la casa en condiciones, y entre las muchas anécdotas que atesoramos, una da la pauta de la calidad de esos padres. Un frío domingo de invierno por la mañana, mientras anotábamos lo que nos faltaba para poder habilitar definitivamente la casa, llegaron dos hombres muy desabrigados en un viejo tractor que arrastraba un pequeño carrito repleto de ladrillos, nos saludaron amablemente y dijeron: Les traemos de regalo estos 500 ladrillos; sabemos que los necesitan. Fueron 18 los padres que iniciaron el club, y desde un principio tuvimos con ellos muy buena relación.
Lectoescritura para analfabetos
Mientras le explicábamos a una mamá como preparar un biberón de leche entera al 12,5% de leche (lo que equivale a una medida en 40 cm3 de agua), la mujer parecía afligida. Le pedimos entonces que repitiera nuestras indicaciones, y se echó a llorar. Luego de tranquilizarla le preguntamos qué grado de escolaridad tenía. Nunca fui a la escuela, nos dijo. Pronto supimos, con dolor y vergüenza, que el 69% de las madres eran analfabetas. Otra desnutrición tremenda, miserable e indigna de un país como el nuestro: la desnutrición del espíritu. Pisábamos el tercer milenio, y de tanto oír que aquellos que no supiesen computación e inglés serán los analfabetos del próximo siglo, quedamos anonadados cuando detectamos la enorme cantidad de gente analfabeta. Hoy podemos decir con orgullo que no hay analfabetos en nuestro Centro, y que de esa humilde aula salieron, hace tres años, la abanderada y segunda escolta del Programa Provincial de Educación del Adulto.
Educación nutricional
Habitualmente nos quejamos al ver un chico desnutrido, y lo primero que hacemos es compararlo con la madre, el padre o la abuela, generalmente gordos, y decimos, muy sueltos de cuerpo: Ellos se alimentan bien, pero no le dan de comer a sus hijos. En realidad, nunca en la pobreza extrema se come bien. Cuando en estos ambientes vemos algún gordo, casi siempre es un hidrópico, un inflado por miga, harina, arroz, hidratos de carbono; en tiempos de cebolla, comen cebolla, en tiempos de papa, papa. Muy pocas veces ingieren proteínas, tan necesarias para el desarrollo cerebral. Por lo general, este adulto no ha completado su educación primaria, y mira pasar la vida como detrás de un vidrio, viendo a los demás sobrevivir con muy pocas posibilidades personales. El muerto de hambre crónico es eso, un muerto.
Los niños tienen el problema agravado, ya que dependen de terceros para alimentarse, los cuales no suelen tener los medios ni la educación necesaria para poder llevar adelante con éxito esa crianza. A su vez, sus requerimientos energéticos, sobre todo en el primer año de vida, son de tal magnitud que, cuando se tiene acceso a una buena nutrición, duplican su peso de nacimiento en 5 o 6 meses, y lo triplican al cabo del año.
El Departamento de Nutrición se encargó de explicarles a las madres el desarrollo del cerebro de los niños en los primeros 18 meses de vida, los meses de la primavera del sistema nervioso central, o sea del cableado neurológico. Se les dijo que cada neurona emite hasta 15 mil cables cuando el niño come proteínas y tiene una buena nutrición. Una madre, que en el taller de costura hizo un vestido que luego vendió, llegó al centro mostrándonos un flamante billete y una enorme sonrisa desdentada. Todos la aplaudimos. Cuando le preguntamos qué iba a hacer con ese dinero, dijo feliz: ¡Voy a comprar proteínas!. Esta mujer había entendido el motivo de todos nuestros desvelos.
Lactancia materna
M. Klaus decía: No existe acto más humano, más distintivo del espíritu trascendente que anima al hombre, que la sonrisa de la madre que amamanta, y la mirada profunda del hijo que se nutre, a través del pecho de la madre, del espíritu y de la sabiduría milenaria de la especie. Amamantar consciente como el amar consciente son privilegios del ser humano, y estos actos conscientes de amor distinguen a la mujer de otras madres de la especie de los mamíferos. El amamantamiento es el primer acto de amor de una madre hacia su hijo, y el primer derecho humano de un niño recién nacido.
¿Cuántos males de esta sociedad violenta en la que vivimos podríamos evitar si estimuláramos más la lactancia materna? Los argumentos médicos, económicos, inmunológicos, psicológicos, ecológicos, etc., palidecen cuando los comparamos con este simple argumento humano.
Ropero familiar
Una noche visitamos un rancho y encontramos dos niños durmiendo en un pozo, tapados con perros. Ahí entendimos porqué hay tantos perros en los ranchos: para protegerse del frío con los animales cuando no tienen ropa de cama, ropa de abrigo, estufas ni techo. En otra oportunidad llegamos al Algarrobal en auto, con guantes, bufanda y sobretodo. Un niño estaba junto al camino descalzo, con un delantalcito muy percudido, que alguna vez fue blanco, y que le iba chico. Nos bajamos, y medio lo retamos, preguntándole por qué estaba descalzo. Él, en su media lengua, nos dio a entender que esperaba a que su hermano viniese de la escuela del turno mañana para darle los zapatos: así él podía ir a la escuela en el turno tarde, mientras su hermano quedaba descalzo en la casa.
El programa Ropero Familiar intenta ofrecer solución a este conflicto. Damos un valor simbólico a las prendas que vendemos, que son donadas por toda la comunidad, y la gente al comprar lo que necesita aumenta su autoestima, se siente dueña de lo que lleva, tiene dominio sobre esas cosas. Curiosamente, con una mejor vestimenta disminuyó la morbi-mortalidad por neumonía, y también la repitencia y deserción escolar. Los chicos, al tener zapatos y abrigo, se enfermaban menos y comenzaron a asistir regularmente a la escuela. El economista Pablo Lledó del Departamento de Investigaciones Económico-Sociales de la Universidad Nacional de Cuyo (UNC) llamó a esto muy gráficamente: el efecto zapatilla.
Educación para la salud
En un trabajo encargado hace ya siete años por la empresa Centrales Térmicas Mendoza a fin de detectar enfermedades buco-dentales en los niños de una escuela del Departamento de Luján de Cuyo que apadrina, comprobamos, junto con profesionales de la Cátedra de Odontopediatría de la Facultad de Odontología de la Universidad Nacional de Cuyo, que el 85% de los niños tenía patologías, y que el 47% jamás había usado cepillo de dientes.
Luego, por supuesto, se tendría un consultorio odontológico, con un enorme costo operativo, para sacar dientes. De hecho, somos uno de los países del mundo con más mutilaciones odontológicas, cuando podríamos evitar muchos problemas y gastar centavos, si hiciéramos prevención.
En sendos trabajos conjuntos con la Facultad de Bioquímica de la Universidad Juan Agustín Maza, y con la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Cuyo, detectamos que el 75% de los niños era anémico, y que el 50% de esas anemias eran compatibles con transfusiones de sangre, o sea, hematocrito debajo de 28, y hemoglobina debajo de 8. Asimismo se demostró que el 80% de los niños estaban parasitados, la gran mayoría de ellos hasta con cuatro parásitos. ¿Están estos niños en condiciones de aprender algo en la escuela? ¿Tendrán posibilidad de concentrarse y memorizar?
Por eso se puso en marcha un programa para combatir anemia y parasitosis mediante la administración de hierro y antiparasitarios, estimulando asimismo el lavado de manos y cepillado de dientes desde el jardín infantil, sin costo alguno para ellos. Se implementaron, además, charlas sobre distintas enfermedades que se pueden prevenir, amén de las ya citadas, tales como hepatitis, tifoidea, diarrea, alcoholismo (en éste último caso, en colaboración con Alcohólicos Anónimos).
Asistencia Alimentaria Complementaria
Este es el principal programa de nuestro centro, pues alrededor de él giran los demás. Una maestra de la zona, nos contó una experiencia personal tremenda:
-¿Cuánto es 5×8?
-¿Falta mucho para irme?
-¿Cuánto es 5×8?
-¿Falta mucho para irme, señorita?
-¿Porqué tanto apuro en irte?
-Porque desde ayer no como.
Muchas familias no venían a nuestros programas ni traían a los niños, y cuando les pedíamos explicaciones nos decían: Debemos trabajar para poder comer, o si no: No puedo estudiar, pues tengo que trabajar. Advertimos entonces que era necesario ayudarlos para que pudiesen estudiar, pero teníamos claro que no debíamos hacer asistencialismo. Con los informes de la trabajadora social y de la nutricionista se confeccionaron bolsones a medida de las necesidades de cada familia. Estos bolsones, más o menos generosos de acuerdo a las donaciones, tenían no sólo lo necesario para comer, sino también artículos de limpieza familiares y personales, adornos para la casa y juguetes para los niños. Sólo eran premiados con estos bolsones los que asistían regularmente a nuestros programas y demostraban interés en participar y aprender. Desde el principio dejamos en claro que ellos se ganaban estos bolsones; eran la retribución lógica de su trabajo, de su sacrificio y esfuerzo y no se los debían a nadie. Esto hizo que en sus casas dispusieran la comida sobre la mesa con otra dignidad, con otra imagen delante de sus hijos, con una autoestima más elevada. Todo lo cual ayudó a fortalecer la familia, según nos lo han contado los propios beneficiarios.
No somos partidarios de los comedores infantiles, nunca lo fuimos. Tampoco estamos en contra. Hay mucha gente buena que trabaja o mantiene comedores. Entendemos que es una buena solución de emergencia una inundación o un terremoto, pero problemático si se lo perpetúa, ya que desmiembra la familia. Creemos necesario fortalecer a la familia como célula fundamental de la sociedad, y ayudarla en sus necesidades. El niño tiene el derecho de comer en familia, y los padres tienen el deber de procurarle el sustento. Sólo así se restablecerá el tejido social. Es allí, en ese ámbito íntimo, donde el niño, observando a su padre, aprende a ser varón, y la niña, siguiendo el ejemplo de su madre, aprende a ser mujer.
Control de la natalidad por métodos naturales
Nuestra instructora de método Billings nos contaba que al concluir una charla con las madres se estableció el siguiente diálogo:
- En definitiva, la mujer es fértil cuando está húmeda. ¿Me explico?
- Sí, cuando está húmeda es fértil, como la tierra.
Siempre nos llamó la atención que se estimulase el control de la natalidad en un país como el nuestro, tan rico y extenso, y sorprendentemente despoblado y vacío. Creemos que el proletario no le teme a la prole. Al contrario, es su riqueza, ya que le da hasta el nombre: proletario. Estimamos que debe dársele a la familia posibilidades de educar a la prole. Pensemos nomás que Italia y sus 70 millones de habitantes caben dentro de la provincia de Santa Fe, y la Argentina, con casi 4 millones de km2 de superficie, tiene apenas 37 millones de habitantes. Sin embargo, en la mayoría de los hospitales públicos y centros de salud, si bien faltan por lo general antibióticos, curiosamente sobran anticonceptivos hormonales y mecánicos.
Estamos convencidos de que no se soluciona la pobreza matando al pobre, o impidiéndole reproducirse. Pasteur pasó a la historia no por matar al enfermo de rabia, sino por luchar hasta encontrar la vacuna contra ese mal. Sabemos también que si le doy anticonceptivos orales hormonales a una mujer sin control mamario periódico, si tiene un cáncer se incendia. Hemos visto casos así. Asimismo, si le ponemos un dispositivo intrauterino a una mujer que no tenga agua en su casa, la condenamos a una infección segura. Por otra parte, tanta promoción de los profilácticos entre los jóvenes, lo único que ha logrado es estimular conductas de riesgo, y con el turismo sexual aumentó en forma preocupante el SIDA.
Se habla permanentemente de libertad, pero muy pocas veces de responsabilidad, y entendemos que la libertad, sin responsabilidad, es libertinaje. El hombre realmente libre no es el que hace lo que quiere, sino aquel que hace lo que debe. Por otra parte nos quejamos amargamente de la falta de valores y de virtudes, lo cual muestra una esquizofrenia colectiva, ya que sembramos una cosa y pretendemos cosechar otra. Jamás tendremos hombres virtuosos, hombres éticos, si lo que promocionamos es el hedonismo y el utilitarismo.
Entendemos también que hay casos específicos (de cardiopatías o neuropatías) donde es necesario tener a mano un método de control de la natalidad. Por eso hay en CONIN un programa de Planificación Familiar Natural, que se apoya en dos métodos: el de la ovulación Billings y el de la amenorrea en la lactancia.
La abstinencia periódica no debe ser considerada como algo negativo, ya que esta restricción puede fortalecer y profundizar el amor conyugal. Además, antes o después es parte inevitable de todo matrimonio. Si no se la practica para evitar el embarazo, será impuesta por la enfermedad, el parto, la ausencia del hogar u otras razones. Es el modo en que los seres humanos deben proceder en muchas circunstancias de la vida si es que, de veras, intentan conservar el respeto por sí mismos.
Estimulación temprana, Jardín Maternal e Infantil
Nuestra trabajadora social fue a una humilde casita en una villa y encontró a un niño dentro de un cajón. Preocupada, preguntó:
- ¿Qué le pasa a este angelito?
- Nada. Nació enfermito.
Al controlarlo advertimos que estaba gravemente desnutrido, y por ello lucía apático y desganado. Con estimulación y alimentación adecuadas, en dos meses pasó a ser un niño normal.
Estos tres programas, están dirigidos a niños de hasta 3 años y a mujeres embarazadas, ya que estimular es favorecer el desarrollo del niño a través de su madre. El objetivo es fortalecer el vínculo madre-hijo para lograr un armónico desarrollo psicoafectivo del niño, destacando el rol fundamental de la madre en la estimulación para la adquisición del lenguaje, suministrando además normas básicas de salud e higiene personal al binomio madre-hijo.
Nuestra primera tarea es hacer un diagnóstico del desarrollo psicomotor mediante una entrevista a la madre; luego se observa al niño y en ambos casos se establece un protocolo. En niños hasta 2 años se emplea la escala de evaluación del desarrollo psicomotor (EEDP) de Rodríguez y otros, mientras que en los niños de 2 a 3 años se utiliza el test de evaluación psicomotora (TEPSI) de Haeusler y otros. Se ingresan los niños con retardo o riesgo en su desarrollo, los que serán controlados una vez al año, salvo que el cuadro clínico nos indique lo contrario. Se capacita a la madre para que sea protagonista de este plan de estimulación, y se sigue a cada chico con una planilla. Este programa se extiende habitualmente por espacio de 3 años, con contacto permanente durante el primer año en la sala maternal (niños hasta de un año), y luego con tratamiento ambulatorio (de 1 a 3 años) y el Servicio de Psicopedagogía, que supervisa a los niños hasta los 5 años.
Psicopedagogía
Enterados de que un niño había dejado la escuela, fuimos a preguntarle el porqué; el diálogo fue triste y muy aleccionador:
-¿Por qué dejó la escuela, hijo?
- (El niño no respondió).
- ¡Cuéntele al amigo! ¡Estamos aquí para ayudarte!. La carita del niño se iluminó.
- Porque no entiendo dijo afligido, juntando sus manitos.
-Y, ¿qué no entendés?
-No entiendo nada. No entiendo las palabras sombra, océano; yo no sé qué quieren decir.
Esto es posible pues el niño viene de tal pobreza y marginalidad, que su mamá maneja 180 palabras de las 10.000 a 15.000 usuales entre los 85.000 vocablos de la lengua más empleados. Por lo tanto, cuando la maestra les dice: saquen una hoja que vamos a hacer con plastilina un dibujito de Walt Disney, el niño no entiende nada por que si su mamá maneja 180 palabras, él manejará a gatas 40. La consecuencia directa es la deserción escolar.
Los niños con un desarrollo psicomotor normal van directo al pre-jardín. En cambio, los que tienen un desarrollo psicomotor en riesgo o un retraso, se derivan al pre-jardín y, además, a los Servicios de Fonoaudiología y Psicopedagogía, para trabajar en coordinación en un programa intensivo de estimulación de habilidades de pensamiento. A su vez, los niños en riesgo tendrán tratamientos grupales (no más de 3 niños) con una duración de 30 minutos, mientras que para los niños con retrasos, las sesiones son individuales y duran 20 minutos.
Escuela de artes y oficios
Con la intención de sacar a los chicos de la calle, lugar de vagancia y prostitución, mediante un convenio con la Escuela Técnica Pablo Nogués se puso en marcha hace ya cinco años un programa de capacitación en albañilería y soldadura. Es todo un éxito. Entusiasmados, decidimos trabajar con las madres para posibilitarles también una salida laboral y estimular la sociabilidad entre ellas. Así han aprendido cestería y mimbrería, pintura en tela y madera, tejido a mano y a máquina, cocina, esmerilado de vidrios, corte y confección. Hoy funciona una fábrica de joggings, y se tramita en Buenos Aires la marca registrada Hecho en Conin, para poder competir en ese mercado con nuestros productos.
Gracias a una donación de la Embajada de Alemania se pudo encarar el Proyecto Adolescente, de Recreación y Deportes, con profesor de Educación Física, los arcos correspondientes para canchas de fútbol y básquet, y dos juegos de remeras pantalón y botines completos, y el equipamiento necesario para un taller de carpintería de nivel inicial. Hoy los bancos hechos por los carpinteros son pintados por nuestras mujeres adolescentes. También se compró una cocina grande para la Escuela de cocina. Todo esto ha mejorado notablemente la autoestima de nuestros jóvenes que, por primera vez, se sienten considerados como parte de la sociedad.
Documentación y legalización de la familia
Dos hechos frecuentes nos preocuparon mucho: niños de 2 a 3 años sin nombre, y otros a quienes se les había cambiado una a dos veces de nombre. Pensando en el daño psicológico y en el trastorno de identidad que esto determina pusimos en marcha un programa conjuntamente con el Registro Civil Móvil, y gracias al cual fueron documentados el año pasado 75 personas entre niños y adultos. Es notable la cantidad de familias que han legalizado su existencia a partir del trabajo de CONIN en la zona.
Inmunizaciones
Periódicamente el antiguo Vacunatorio CIPPI de mucho prestigio en la provincia nos visita y vacuna gratuitamente a nuestros niños, siempre que cuente con partidas voluminosas o vacunas próximas a su vencimiento comercial, como así también cuando le hemos pedido auxilio ante una epidemia. Y pone a nuestro servicio tanto el Centro de Prevención como el de Tratamiento. Esto es un ejemplo más de responsabilidad social que todos debemos tener.
Centro de Tratamiento
Trajimos a Mendoza el exitoso proyecto del profesor Monckeberg, quien instaló en Chile 33 Centros de Recuperación Nutricional desparramados por toda su geografía. Más de 100.000 niños han sido recuperados en estos centros, y gracias a ello tendrán ellos y su descendencia una vida diferente.
La población a que apuntan estos centros son los lactantes desnutridos menores de 2 años, primarios o secundarios, o sea niños carentes de comida o que tienen una enfermedad de fondo, origen de su desnutrición (cardiopatías, neuropatías, enfermedades genéticas, del metabolismo o del sistema inmunológico, etc.) También estos centros están abiertos a niños con riesgo nutricional y/o social, como pobreza extrema, judicializados, etc. Preferentemente se internan pacientes con desnutrición moderada o grave de segundo o tercer grado, o sea aquellos que tienen un déficit del 25 al 40% del peso teórico, o superan el 40%.
La principal sala del Hospitalito es la sala de juegos. Esta sala atesora una historia ocurrida en Chile el siglo pasado. El profesor Monckeberg llegó una mañana al Hospital y citó a una auxiliar de enfermería para preguntarle:
- ¿Por qué crees tú, que en tu sala no muere ningún niño, y en las otras salas sí?
- Por que usted no sabe nada de medicina doctor. Usted les pone un estetoscopio helado todas las mañanas, les saca sangre para hacer estudios complejos, les pone suero y sonda en todos los agujeros. Yo, cuando usted se va, les saco todo. Y canto y bailo para ellos, los beso y les doy motivos para vivir.
Monckeberg cuenta que esta mujer le enseñó un capítulo fantástico de la medicina. A partir de entonces la consigna fue echar a perder a las guaguas. Debía haber música, colores, móviles, alegría. La mortalidad disminuyó notablemente.




