Revista Criterio
Junio 2007
Nº 2327 » Junio 2007

Un enemigo del pueblo

por Ibsen, Henrik · Comentar 

Dentro de la vasta producción de Ibsen, este texto ocupa un lugar singular. En primer término, porque pone al desnudo como pocos la radicalidad y el verdadero alcance de su pensamiento rebelde, individualista y contradictorio: crítico no sólo de la hipocresía colectiva sino también de algunos logros del reformismo político en función del progreso social, acérrimo defensor de los derechos del sujeto antes que los del Estado pero preocupado también por el bien común. En segundo lugar, es llamativa su actualidad y su carácter anticipatorio. Escrita y estrenada en 1882, en el marco de una gran desilusión con la política de la época y de la crisis de la moral denunciada por Nietzsche, la obra plantea una constelación de temas que interrogan con fuerza al hombre de hoy: la preocupación ecológica, la corrupción política, la manipulación de la información por un periodismo débil y mercantilizado, el manejo demagógico de las masas y la pugna entre el bienestar individual y el colectivo.

 

La oposición entre individuo y sociedad, que suele ser típica en Ibsen, adquiere en esta obra un sesgo bastante más complejo que enriquece el planteo dramático sostenido por el enfrentamiento entre dos hermanos igualmente intransigentes pero contrapuestos en su valoración del bien común La verdad que con tanta vehemencia defiende el Dr. Stockmann –la contaminación de las aguas del balneario– no busca el beneficio personal –también su familia quedará en la ruina– sino el de la comunidad, tanto de la propia –a la que busca liberar de la responsabilidad por las nefastas consecuencias del hecho– como de la que se disponga a veranear allí. Si bien la alegría que exhibe el doctor ante la confirmación de su pronóstico desentona con la gravedad del fenómeno y parece más bien responder a la satisfacción de convertirse súbitamente en el primer personaje de la ciudad, resulta difícil negar que su compromiso es con una verdad colectiva y con la razón que lo asiste. Inocultable vocero de las ideas del autor, su feroz ataque al poder de las mayorías –que por serlo tienen la fuerza pero no la razón– y su encendida defensa de las minorías, han provocado, desde su estreno, modificaciones en el texto y polémicas acusaciones e interpretaciones.

 

Sergio Renán, director y adaptador, conservó la estructura original de la obra en cinco actos con sus tres cambios de escena, pero recortó y retocó parlamentos para acortar, dinamizar y cotidianizar el texto. En función de esta impronta, trasladó la acción a una época imprecisa entre la década del cuarenta y el cincuenta, y modificó el ámbito en que se desarrolla el ya célebre y crucial cuarto acto: la Asamblea convocada por el Dr. Stockmann para informar a sus conciudadanos pasa a desarrollarse ya no en un ámbito privado sino en el puerto y en una noche brumosa. La resolución escenográfica de este acto potencia la fuerza que ya de por sí tiene el enfrentamiento entre el doctor, el alcalde y la multitud presente y que esta versión ha sabido respetar. En los roles protagónicos Alberto Segado – como el alcalde celoso de su poder– realiza un impecable trabajo, que opaca el desempeño más previsible de Luis Brandoni. En roles secundarios se destacan Horacio Peña y Pepe Novoa.

 

Sobre el austero diseño escenográfico de Graciela Galán se despliega la expresiva iluminación de Eli Sirlin que logra cuadros de gran plasticidad. La Sinfonía Titán de Mahler subraya con la grandiosidad que le es propia el recorrido heroico de quien por defender la verdad termina convirtiéndose en “el enemigo del pueblo”.

Nº 2327 » Junio 2007

Cuando Borges fue segundo

por Bègue, Carlos · Comentar 

Desde el primer número de Criterio las notas bibliográficas tuvieron sección fija  y muchas fueron las firmas que la enriquecieron a través del  tiempo. Por razones de espacio, en esta página evocativa nos ceñiremos al plano estrictamente literario, campo donde a la novela se le otorgó siempre la misma importancia que a la poesía. El regreso de Don Quijote, de G.K.Chesterton y Seis falsas novelas, de Ramón Gómez de la Serna estrenaron dicha sección. Escribió Tomás de Lara sobre la primera de estas obras: “El interés del novelista inglés es un interés coloreado. Pero la mezcla de todos los colores da el color apologético de la novela. Únicamente Chesterton, en el campo de la ficción artística, ha logrado este inefable y perseguido tinte”. Por su parte, Ignacio B. Anzoátegui dijo del otro libro: “Seis civilizaciones noveladas (¿falsas?, ¿verdaderas?). Con mayor exactitud el autor debiera haberlas llamado Seis novelas falsificadas, o tal vez, Seis novelas verídicas de un falsificador de novelas”.

 

Siempre en el territorio de la ficción novelada, al referirse a Las mascaradas sangrientas, de Pío Baroja, decimasexta parte de Las memorias de un hombre de acción, opinó el mismo Anzoátegui que “no es inferior a ninguna, y sí superior a muchas. Vale por ser de quién es, y por ser de él vale poco. Como ejecución literaria, la obra de Baroja ha sido siempre la de un despreocupado y violento encuadernador de palabras. Así es como a menudo deja pegotes de cola en los lomos de las frases”.

 

Si bien en aquellos tiempos la novela no tenía entre nosotros tantos cultores como hoy día, cuando en la feria de las letras cualquier oportunista saca chapa de escriba, Manuel Gálvez era seguido por un público fiel que agotaba las sucesivas ediciones de sus libros. Dijo en su elogio Ernesto Palacio al analizar Los caminos de la muerte, primera parte de la trilogía Escenas de la guerra del Paraguay: “con esta obra vuelve el autor, enriquecido de experiencia y con mano más firme, a la buena senda abierta por La maestra normal y La sombra del convento, de la cual se apartara temporalmente, como muchos altos espíritus, cuando fue atacado por la epidemia humanitaria”. (Hay aquí una obvia referencia a Nacha Regules, publicada en l9l9 y mal considerada por muchos bienpensantes y visitadores de sacristía, a quienes escandalizó su costado prostibulario).  

         

También Palacio prodigó sus alabanzas a Páginas de Paul Groussac, extraídas de sus “Obras Completas”, con noticia preliminar de Alfonso de Laferrère (Editorial América Unida, l928), volumen muy buscado hoy por los bibliófilos. Cito: “El criterio de la belleza es el que ha presidido esta selección; está aquí sin duda el mejor Groussac con todas sus cualidades de elegancia, fuerza, claridad e ironía; con su insuperable acierto de adjetivación; con la emoción siempre justa. Y dominándolo todo, el buen sentido galo, hijo legítimo de la sabiduría antigua. No creo que se escriba hoy en castellano una prosa de mejor calidad”.

 

Pero no sólo loas se entonaban en la revista. El mismo crítico que con justicia proclamara a Groussac “maestro de la lengua”, al comentar Melpómene, poemario de un Arturo Capdevila por entonces cuasicuarentón, le cuelga un sambenito memorable: “Pordiosero de lágrimas”. Justificándolo así: “No se olvida nunca del que lo escucha y multiplica los gestos y los ayes…Quien no cante para sí mismo, no es ni será nunca poeta”. Tras cartón fisgonea la volcánica pasión de Abelardo y Eloísa y publica Del infinito amor, el número 22 de su repertorio. Palacio, implacable, fustiga entre otros tópicos, “la ideología morbosa, la inflazón verbal y el medievalismo de confitería”. Al estrenarse poco después El amor de Scherazade, obra en tres actos del polígrafo cordobés, el crítico de teatro, Luis Abascal (seudónimo de Enrique P.Osés) la tilda de “poema amerengado, en donde la poesía está ausente casi siempre”. También para otros medios de la época  el vate serrano era la “bestia negra”. Pruebas al canto: el epitafio anónimo que le dedicara la revista Martín Fierro en su segundo número (20.3.l924). Rezaba así:“Aquí yace, bien sepulto, / Capdevila, en este osario; / Fue niño, joven y adulto, /Pero nunca necesario. / Sus restos deben quemarse /Para evitar desaciertos: /Murió para presentarse/ En un concurso de muertos”. Cabe aclarar que Don Arturo tenía una fuerte propensión a concursar –hasta con varias obras– en cuanto certamen literario se convocase, aquí o en la luna. Si hasta toleró, ya en su vejez, que un enjambre de adulones, mayormente comprovincianos suyos, lo candidateara al Premio Nobel de Literatura. Para la paz de las letras los académicos de Estocolmo se hicieron los suecos ante tamaña petición.

 

En síntesis: como gran acontecimiento del año editorial, Criterio nombra las ya citadas Páginas selectas de Groussac y los Poemas solariegos, de Lugones. A los largo del año también mediaron elogios para la poesía de Brandán Caraffa (con la firma de J.L.Borges), Luis Cané, Horacio A. Schiavo, Antonio de la Torre, Raquel Adler, Rafael Jijena Sánchez, Baldomero Fernández Moreno y Luis Franco. Como ruidoso fracaso, uno solo: El Cristo invisible, de Ricardo Rojas, al que califica de “suicidio literario del rector de la Universidad de Buenos Aires”.

 

Ernesto Palacio, al sopesar en el número 39 (29.XI.l928) las posibilidades de quienes aspiraban ese año el Premio Municipal, sección prosa, dijo: “Quedan en pie varios libros buenos. En primer lugar El idioma de los argentinos, de Jorge Luis Borges, a quien, sin vacilar, adjudicaríamos en primer premio, en caso de que estuviera en nuestras manos. No sólo por esta obra, sino también por su labor anterior. Borges es una de las primeras figuras de la nueva generación argentina; su verso y su prosa son originales y fuertes y enriquecen realmente nuestra cultura”. El volumen incluía, entre otros ensayos, “La conducta novelística de Cervantes”, publicado en Criterio (l5.3.l928). Sin embargo, el preciado galardón le fue otorgado a Roberto Gache, ensayista y dramaturgo. Su París, glosario argentino, aventajó al envío de Borges por tres votos a dos. Y Borges fue segundo, nomás.  En el jurado, naturalmente, hubo mayoría de burócratas municipales. Sic transit gloria mundi.

Nº 2327 » Junio 2007

Otoño en gris

por Arch, Julio · Comentar 

Nací

acunado

por la áspera sonrisa del otoño.

 

Por eso me atrapa

una sinfonía en gris,

los ojos grises

y el tierno gris de la nostalgia.

 

Apago los colores,

los incendios,

el chasquido del relámpago y resbalo

por la suave piel

de la neblina

hacia una calle interior

que lleva

a los latidos del recuerdo donde navegan

en lágrimas de lluvia

los grises retazos de mis sueños.

Nº 2327 » Junio 2007

La vida de los otros

por · Comentar 

Quien haya conocido Berlín todavía dividida por el Muro, que además de una brutal separación humana y política constituía una ofensa urbanística a una ciudad espléndida, rememorará con este film el clima policíaco de sospecha y delación que se respiraba en la parte oriental.

 

Mientras Berlín occidental vivía enloquecidamente las 24 horas del día, con espectáculos artísticos de calidad y mucha bohemia, la ciudad oriental, en cambio, parecía adormecida en el tiempo, gris, con marcado aire de abandono, casi una película de época. Pasar de una a otra suponía para el turista largas colas de trámites, interrogatorios, y la obsesiva mirada de los funcionarios policiales que iba de la foto del pasaporte a la propia cara como dudando de la identidad.

 

La vida de los otros es una excelente realización cinematográfica que vuelve a los años anteriores a 1989, cuando “cae el muro”. Estamos en Berlín oriental: se advierte con evidencia que hay delación, corrupción, y poder burócrata. Como bien señalaban los politólogos estudiosos de la Unión Soviética, hubo un largo período final donde había que invocar al Comunismo y al Partido para todo, sin saber bien qué era ya el Comunismo y hacia dónde iba el Partido.

 

Magistralmente interpretada, la película narra las vicisitudes de un escritor favorecido por el régimen que decide denunciar los numerosos suicidios por desesperación y la constante persecución. Ya no queda de la ideología sino su caricatura más perversa. El espíritu humano, sin embargo, logra aflorar entre la maraña de mediocridad y pactos mafiosos. 

Nº 2327 » Junio 2007

La mejor juventud

por · 1 Comentario 

Quizás algún lector ya la tenga vista, cuando su emisión en un canal pago. Quizás otro haya conseguido la edición italiana en dvd. Pero es prácticamente un estreno, la aparición de esta atrapante película de seis horas, cuya primera parte acaba de presentarse en un par de salas porteñas, dejando la continuación para agosto.

 

Como en Novecento, La familia, o Vientos de agua, se cuenta aquí una historia de crecimientos personales y cambios sociales dentro de una familia a lo largo de varias décadas. En este caso se cuenta, de forma sencilla y cálida, la historia de dos hermanos, sus amigos, sus hermanas, sus amores, desde 1966 en adelante, con el ‘68, la mafia, el terrorismo, la reconstrucción industrial, la tangentopoli, le mani puliti, los juicios por contaminación, etc. como trasfondo inevitable, desde el encierro escolástico donde un viejo profesor comenta a sus alumnos que “Italia es un lugar bello e inútil, destinado a la muerte”, los estimula a irse, y se queda (“Yo soy uno de los dinosaurios a destruir”), hasta el desenlace sin ningún encierro, en una Italia Eterna, donde todo tiene sentido y luce hermoso, y todos los que han quedado se sienten, si no felices, plenos.

 

A diferencia de Novecento, cabe aclarar, no pesa acá el gran relato ideológico con personajes arquetípicos en la épica formación de la Italia de la primera mitad del siglo XX. Lo que hay es simplemente un relato con gente como cualquier otra, que ha vivido la segunda mitad del mismo siglo. Gente reconocible, creíble, querible, que desde su “historia pequeña” nos comunica emociones, confusiones, testimonios, cariño.

 

Algo más: son tan creíbles, que a veces toman caminos inesperados. Por ejemplo, ante el encuentro con una chica trastornada, que alterará sus vacaciones y el sentido de las prioridades, uno de los hermanos se hará siquiatra, en lucha contra la mentalidad carcelaria de los manicomios, pero primero pasará una linda temporada como hippie en Noruega. Y el otro, que es el más culto, estudioso, y sensible de los dos, se hará policía.

 

Ambos se reencontrarán ayudando en las inundaciones de Florencia. Y sufrirán, más tarde, cuando los manifestantes de Turín dejen paralítico a otro policía, la primera mujer del médico entre en las Brigadas Rojas, y de pronto descubran que el padre viene sufriendo calladamente una enfermedad incurable. Tano típico, quería seguir sosteniendo la familia hasta el último día, sin una queja, sin molestar a nadie.

 

Al viejo lo hemos conocido feliz, cargando el primer televisor de la casa. Y soñador, pensando en un futuro de computadoras. Es de los que vivieron la guerra. Y la vieja también es de las que se bancan todo, abren las alas cada vez que alguien vuelve al nido, y cacarea contenta cuando la hija menor se casa con un amigo de los hijos, que era del ‘68 y ahora es funcionario en un banco.

 

Cosa destacable, ésa es una época muy politizada, pero afortunadamente todo el relato se desarrolla sin la política en primer plano, sin la engolada mención de figuras públicas, sin subrayados “progres”, sin personajes esclarecidos haciendo discursos indignados. Nada de eso. Ya dijimos, éstos son seres normales, que respiran el espíritu de cada época, pero, sobre todo, respiran cosas más permanentes, como el amor a la familia y al deber familiar, el sentido y el placer de la amistad, el gusto de compartir sueños, y la sonriente resignación de verlos deshacerse, en tanto nacen otros.

 

Tres dramas fuertes se viven, inevitables, en esa familia. Uno, natural, es la muerte del padre. Otro, la decisión de la joven que, ante sus frustraciones sociopolíticas, se hace terrorista, como varias otras de su generación. Y luego, el encierro del hermano en sí mismo, en el orden y la seguridad de un organismo, un poco para ayudar a la sociedad, pero también mucho por miedo al desorden cotidiano de la sociedad.

 

Podemos darle otra interpretación. Esta es la que nos ofrece el director de la obra: “Estoy muy interesado en gente con escapes en su vida. Tal vez Giulia sea, junto con Matteo, el personaje más trágico del filme. Como Matteo, ella abandona todo lo que la vida podía ofrecerle. Abandona la música, el amor, su hija, su compañero. En una forma autodestructiva, ella mantiene unas partes amputadas de su vida, casi como una adicta. Hay épocas en las cuales esta clase de implosiones no producen ninguna contaminación social: te encuentras a ti mismo solo, tonto, abandonado y eso es todo. En otros períodos tales implosiones se vuelven movimientos colectivos, experiencias que puedes hacer en grupo. En ese caso es más difícil entender la patología y encontrar la cura”.

 

El director es Marco Tullio Giordana, aquí conocido por Los cien pasos (I cento passi, contra la mafia), que también hizo, entre otras cosas, Maledetti vi amerò (contradicciones de amor y odio de un joven hacia sus mayores), Pasolini, un delitto italiano, un episodio de Un’altro mondo è possibile (donde también participaron Mario Monicelli, Francesco Maselli, y otros grandes), y, recientemente, Quando sei nato non puoi più nasconderti, cuando naciste ya no te podés esconder más. Un hombre directo, preciso, comprometido, en la mejor acepción del término, amplio y también sentimental. Su película es larga, pero vale la pena.

 

Los intérpretes, como cabe esperar, son de primera, empezando por Luigi Lo Cascio (el médico) y Alessio Boni (el policía). El libro, despacioso al comienzo, para que uno vaya conociendo los personajes, se hace más sólido y preciso en cada escena, manejando hábilmente el drama, la nostalgia, la alegría. Y la música acompaña. Mérito a subrayar: aunque dura lo suyo, cuando termina la primera parte, que llega hasta 1982, dan ganas de ver inmediatamente cómo sigue, y cuando termina la segunda, que llega hasta nuestros días, y deja todo felizmente resuelto, también dan ganas de seguir viéndola.

Nº 2327 » Junio 2007

Video/DVD: “Cartas desde Iwo Jima”, “El último rey de Escocia”, “Scoop”, “La reina”.

por · Comentar 

Cartas desde Iwo Jima

 

EE. UU., 2006; dirección: Clint Eastwood; intérpretes: Ken Watanabe, Kazunari Ninomiya, Tsuyoshi Ihara; A.M.13

 

En una movida ambiciosa, Clint Eastwood decidió contar una misma batalla (la que tuvo lugar en Iwo Jima, Japón, durante la Segunda Guerra) desde uno y otro bando, en sendas películas filmadas casi de manera simultánea y estrenadas con pocas semanas de diferencia. El primer film, La conquista del honor (Flags of our fathers), recreaba el momento en el que fue tomada la fotografía de un grupo de soldados norteamericanos sosteniendo una bandera en el monte Suribachi. La foto, portada de la revista Life, recorrió el mundo y terminó por convertirse en un símbolo y elemento de propaganda del ejército norteamericano.

 

Cartas desde Iwo Jima, en cambio, la otra película de Eastwood sobre el tema, es algo más modesta. Narrativamente más clásica, presenta a los personajes en una estructura temporal y espacial más acotada: un puñado de militares japoneses atrincherados en las cuevas de la isla volcánica, conscientes de su inferioridad ante el poderoso enemigo, a la espera de una muerte segura. El relato se apoya en dos personajes: el general Kuribayashi (el excelente Ken Watanabe), educado en Occidente, y Saigo, el joven panadero reclutado a último momento, quien desea sobrevivir para ver a su hijo recién nacido. Con escenas complejas resueltas sin golpes bajos, y una excelencia en los rubros técnicos (en particular la fotografía y la música, compuesta por el hijo de Eastwood), Clint parece haber elegido a este bando como su favorito.


 

El último rey de Escocia

 

Gran Bretaña, 2006; dirección: Kevin McDonald; intérpretes: Forest Whitaker, James McAvoy, Kerry Washington; A.M.16

 

A comienzos de 1970, el joven escocés Nicolas Garrigan acaba de recibir su diploma de médico. Para escapar de un futuro de atención de ancianos en el consultorio familiar, decide viajar a Uganda en misión humanitaria. A poco de llegar, conoce a Idi Amin, el general que con el apoyo del gobierno británico acaba de tomar el control del país. Nicholas no tarda en convertirse en su protegido: al principio en el puesto de médico personal de la familia del presidente, y luego como consejero para otros asuntos de Estado. Pero debajo de esa atmósfera de euforia que provoca el poder, comienza a advertir que se encuentra en peligro.

 

El director Kevin MacDonald se basa en una novela de Giles Poden en la que ficción y realidad se combinan: lo que parece cierto quizás no lo sea, y lo que suena increíble tal vez haya sucedido en realidad. En la cuestión de la verosimilitud residen los desajustes narrativos de esta película, que, por otra parte, está impecablemente realizada desde los rubros técnicos. Forest Whitaker personifica al muy real Idi Amin, quien gobernó el país desde 1971 a 1979 y fue responsable de la muerte de más de 300.000 personas. Exactamente el tipo de roles que prefieren los votantes de la Academia de Hollywood, quienes no dudaron en premiar a Whitaker con un merecido Oscar al Mejor Actor Principal.

 


 

Scoop

 

Gran Bretaña, EE.UU., 2006; dirección.: Woody Allen; intérpretes: Woody Allen, Scarlett Johansson, Hugh Jackman; A.M.13

 

Por más que quienes dijeron que Match Point se repite en relación a Crímenes y pecados estén en lo cierto, para Woody Allen ésta también representó un resurgimiento en relación a películas como Ladrones de medio pelo (Small Time Crooks) y La mirada de los otros (Hollywood Ending), donde parecía haber perdido el rumbo de manera definitiva.

 

Ambientada también en Londres, en un escenario de clase alta, Scoop parece una reescritura de la anterior pero con gags. Scarlett Johansson es Sondra Pransky, una estudiante de periodismo de visita en Londres que concurre a un espectáculo de magia. Cuando el improbable mago Splendini (Allen) la invita al escenario para participar en uno de sus trucos, el fantasma de un viejo periodista aparece ante Sondra para darle como primicia el nombre del autor de una serie de crímenes que conmueven a Londres.

Aunque todo llevaba a pensar que el asunto del periodista que vuelve del más allá sería lo más difícil de digerir, lo más inconsistente resulta el retrato de personajes, y la visión algo ingenua y esquemática de lo que Allen supone es la aristocracia británica. Comedia de enredos inserta en una trama policial previsible y pueril, Scoop sólo nos hace desear que un director que supo deslumbrar con filmes tan diversos como Robó, huyó y lo pescaron, Manhattan o Dulce y melancólico, y vuelva a encontrarse con una mejor versión de sí mismo.

 


 

La Reina

 

Gran Bretaña, Francia, Alemania, 2006; dirección: Stephen Frears; intérpretes: Helen Mirren, James Cromwell, Michael Sheen; A.M.13

 

Días después de la muerte de la princesa Diana, en un confuso accidente en París en 1997, la Reina de Inglaterra Elizabeth II se encuentra en una profunda encrucijada: educada para custodiar los valores de una institución camino a ser obsoleta en la práctica, extremadamente tímida y pudorosa en su vida personal, debe comprender que el pueblo le exige una respuesta diferente a la que ella está dispuesta a dar. Corren los primeros días de gobierno del primer ministro laborista Tony Blair, quien, según lo que muestra el film, habría sido el encargado de convencer a la Reina de que es tiempo de los gestos públicos para las cámaras.

 

En un intento por humanizar a los miembros de la familia real británica (todos los personajes reales salen más o menos “bien parados”) la película de Frears no busca crear polémica sino retratar, de manera muy sutil, la transformación de una institución y una época, asaltada por la voracidad de la prensa y la industria de los tabloides. Con mucha inteligencia (y un poco a la manera de lo que hace George Clooney con la figura de Nixon en Buenas noches y buena suerte), el experto director británico muestra a Lady Diana a través de material documental.

 

Entre el excelente elenco (en el que destaca Alex Jennings como el Príncipe de Gales) Helen Mirren logra una imitación casi perfecta de la Reina, una mujer austera y práctica, que no logra comprender qué es lo que el pueblo pide de ella. Después de haber ganado el Oscar a la Mejor Actriz por su actuación, Mirren fue invitada a almorzar con la misma Elizabeth II, pero rechazó la invitación por cuestiones laborales.

Nº 2327 » Junio 2007

Viejo, nuevo y renovado Teatro Colón

por Padilla, Norberto · Comentar 

Una tarde de 1866, “como a eso de la oración, aura cuatro o cinco noches, vide una fila de coches contra el tiatro de Colón”. Así inmortalizó Estanislao del Campo, la llegada del gaucho Anastasio el Pollo a la representación de Fausto de Charles Gounod sobre la genial obra de Goethe 1. El tiatro estaba en el lugar donde hoy se levanta el Banco de la Nación, en Plaza de Mayo y había sido inaugurado nueve años antes. En efecto, el 25 de abril de 1857 “la compañía del Señor Lorini”, con un elenco encabezado por la señora Lorini y el gran Enrico Tamberlick, había representado La Traviata de Verdi. La flamante sala, cuyos planos trazó Carlos Enrique Pellegrini, tenía capacidad para 1800 personas y había costado “ingentes sumas de dinero y de paciencia”, según El Nacional de la fecha. Enrico Tamberlick cantó el Himno Nacional “con la perfección consiguiente”, asentó el mismo cronista. Secesionado de la Confederación, el Estado de Buenos Aires tenía como gobernador a Pastor Obligado, quien con sus ministros y “el mundo sideral de la política y la sociedad” llenaron la sala. Ante ellos Violeta, la “traviata” (extraviada) cantó su ilusión de ser amada en “el populoso desierto que se llama París” antes de morir, víctima de las convenciones sociales y de la tisis. Cuatro años antes, la obra, inspirada en La dama de las camelias de Alejandro Dumas, había fracasado en su estreno veneciano en parte porque al público le disgustó que la obra transcurriera en esa misma época, por lo que se trasladó la acción al siglo XVIII para conquistar el éxito. Un siglo y medio después sigue batiendo records de popularidad y suscitando las mismas emociones que seguramente sintieron los concurrentes a la inauguración de lo que con el tiempo se conoció como “el viejo Colón” el que, desde entonces hasta su cierre en 1888 con Otello, también de Verdi, rivalizó con el Teatro de la Ópera en dar a Buenos Aires la gran tradición operística que nos enorgullece. 2

 

Para conmemorar este sesquicentenario lírico, el Teatro Colón lleva a escena la historia de Violeta y Alfredo y del “imprudente anciano”, el Sr. Germont, una de las que más veces se ha representado desde aquel 1857. Pero las representaciones no serán en el edificio de Plaza Lavalle sino en el Coliseo, donde antaño se levantaba una sala de igual nombre, ligada a momentos importantes de la cultura porteña.

 

El 25 de mayo de 1908, con el presidente José Figueroa Alcorta como “jefe inmediato y local de la Capital”, se inauguraba el Colón que amaron y admiraron varias generaciones de argentinos y extranjeros hasta nuestros días, y, es de esperar, hasta más allá de nuestros días. Eran las vísperas del Centenario, cuando la Argentina se celebraba a sí misma y lo hacía con edificios deslumbrantes.

 

La proximidad del centenario de la sala llevó a encarar un “master plan” para rejuvenecer a un escenario que no quiere ser el “viejo Colón” sino siempre el “nuevo Colón”. De ahí esta “puesta en valor y actualización tecnológica” que se iniciara en 2001 y que este año prosigue a teatro cerrado. No tendremos el atrevimiento de entrar a describir y juzgar lo que se ha emprendido, pero sí, como simples espectadores, reconocer la necesidad de recuperar el brillo de una sala en la que el paso del tiempo, y de los vándalos, dejó sus huellas: desde butacas y cortinados gastados hasta herrajes faltantes (los percheros de los palcos) y la pérdida gradual de luminosidad por el oscurecimiento de los dorados. Y ciertamente, cuando vemos y escuchamos el pesado cambio de escenas, y lo comparamos con otros teatros de hoy, se hace evidente la necesidad de esa “actualización”. Podrá discutirse tal o cual opción, podrá advertirse sobre ciertos los riesgos que inevitablemente cualquier obra como ésta conlleva, pero poca duda puede caber sobre su necesidad. Todos apostamos a que el 25 de mayo de 2008 el telón del renovado Colón se alce, como aquella vez hace un siglo, sobre otra de las grandes y queridas creaciones de Verdi, Aida. La apuesta tiene, nunca mejor dicho, sus bemoles. Uno de ellos, la fatídica costumbre de eternizar lo que tiene que ver con la cultura (la restauración del Cervantes luego del incendio, la Biblioteca Nacional; salvo por cierto el edificio del Ente del Mundial 78… hoy sede de Canal 7). Para más, recién cuando este número de la revista esté en manos del lector comenzará a develarse la incógnita de quién será el próximo “gobernador” de la ciudad de Buenos Aires, y sabemos que otro de nuestros males es hacer, en cada cambio, borrón y cuenta nueva y partir de cero incluso en las obras públicas.

 

Para que el “respetable público” y los cuerpos estables del Colón no sufrieran el síndrome de abstinencia, sus autoridades organizaron una temporada en diáspora: el género lírico, como queda dicho, en el Coliseo, la música sinfónica en el Gran Rex y el ballet en el Presidente Alvear. La innovadora programación de los conciertos semanales de la Orquesta Filarmónica (lástima que tanto esfuerzo se agote en una sola función cada vez) merecería un comentario aparte.

 

La temporada lírica, adaptada a las posibilidades del Teatro Coliseo (en el que hay que destacar el gran foso orquestal, heredero de viejos tiempos), se distribuye entre óperas con puesta en escena (Wozzeck, La Traviata, Werther, Electra), en versión de concierto (Mefistofele, Sansón y Dalila), la Misa de Réquiem de Verdi, y un ballet, Cenicienta de Prokofieff. Aunque ninguna de ellas falta desde hace mucho del Colón, por lo que ha podido decirse que se echa de menos conocer obras del estilo de Kandaules o Der Kaiser von Atlantis, por citar dos recientes éxitos, todos ellos son títulos atractivos.

 

Así como el Colón se mudó al Coliseo, la ópera de Alban Berg, con que comenzó la temporada 2007, encontró su ámbito en la villa de Retiro. No es poco para la obra de Georg Büchner, de 1836, sobre el soldado Woyzeck, que dicho sea de paso llevó al cine Werner Herzog con Klaus Kinski como intérprete ideal. Sin embargo, el soldado, que de Büchner a Berg tuvo una modificación en su apellido, no pareció tan fuera de lugar en su transposición de un pueblo alemán de la primera mitad del siglo XX a la villa urbana. Esta tragedia de “pobre gente”, excluida, sobrante (en la expresión del cardenal Bergoglio) es impresionante que haya sido ideada por un escritor veinteañero, poco antes de su muerte y que conserve plena vigencia. El soldado Wozzeck es manipulado por el médico, burlado y explotado por su superior, que además intenta moralizarlo para que haga bendecir la unión con Marie, de la que nació un hijo. Pero el soldado le dice como podría decir más de uno en nuestras periferias: “Si yo fuera un señor, entonces me gustaría ser virtuoso… ¡Pero yo soy un pobre diablo!… La gente como yo ha de ser siempre infortunada tanto en este mundo como en el otro”. Marie, la madre de su hijo, aunque resiste la tentación leyendo el relato evangélico de la mujer adúltera, se entrega al Tambor Mayor, que se pavonea ante su puerta. Por último, Wozzeck mata a Marie y muere él mismo. “Tú, tu madre está muerta” le dicen los compañeros de juego al hijo de Wozzeck, quien queda solo en el escenario en un caballito de madera (¡Hopp, hopp, hopp!) mientras la orquesta hace un sostenuto que podría continuar mientras se desarrolla otra vida desgraciada. Esta obra maestra, para algunos una suerte de estación terminal del género iniciado con Claudio Monteverdi, fue estrenada en el Colón en 1954 y repuesta varias veces con cantantes a menudo excepcionales, salió más que airosa con un elenco totalmente local: Hernán Iturralde y Luciano Garay alternaron el rol protagónico, excelente el primero como debió serlo el segundo conociendo sus antecedentes, Adriana Mastrángelo fue una Marie intensa y de gran nivel vocal. Stefan Lano dirigió con la calidad de siempre, la régie fue de Marcelo Lombardero, que una vez más dio muestras de su talento en este desafío, y Diego Siliano con buen recurso de luces, proyecciones y tules, adecuados a las posibilidades de un escenario más pequeño que el del Colón, situó el ambiente entre un cuartel intemporal y la villa, reconocible incluso en un momento desde la Autopista Illia.

 

El segundo espectáculo fue Mefistofele, es decir, no el Goethe que vio Anastasio el Pollo, sino el que creó Arrigo Boito (1842-1918) unos años después. Hay muy buena música en esta obra, de un compositor de muy escasa fecundidad y que fue libretista nada menos que de las dos últimas óperas de Verdi, y, agreguemos, de La Gioconda de Ponchielli con el seudónimo Tobia Gorrio, un anagrama. Los intercambios celestes con el hijo de las tinieblas (el excelente Mijail Kit) brillaron con el coro que, decía un espectador veterano, puede compararse con el de los tiempos memorables de Tulio Boni a principios de los 60, y el coro de niños que tiene en Valdo Sciammarella un baluarte. Dos sopranos argentinas encarnaron a Margarita con éxito triunfal (Virginia Tola y, la que vimos, Carla Filipcic Hola) y el tenor dominicano, Francisco Casanova, lució sus dotes vocales tras algún traspié en el gran abono. Tanto él como el rol femenino tienen bellísimos fragmentos, clásicos para los amantes de la ópera. Mario Perusso dirigió esta versión de concierto en la que pudimos sacrificar sin lágrimas la puesta en escena por la versión de concierto.

 

Por último, digamos que así como en tiempos del “viejo Colón” en la ciudad habían otras “compañías de ópera” que atraían al público, en la actualidad la variada oferta de hoy se centra en el Teatro Avenida (una lograda Aida, y las dos óperas creadas, como La Traviata, en 1853 y que comparten con ella extraordinaria popularidad: Rigoletto e Il Trovatore). A pocos kilómetros por autopista, la ciudad de La Plata en su moderna y confortable sala del Teatro Argentino, repuso con gran éxito Norma, la incomparable ópera de Bellini (con María Pia Piscitelli estupenda en el rol que inmortalizaron Muzio y Callas, y en otras funciones, la excelente Haydée Dabusti). Con curiosa falta de coordinación, La Traviata sube a escena en La Plata en estos mismos días.

 

Como en el Buenos Aires de un siglo y medio atrás, la ópera goza de buena salud, que a todos, autoridades, intérpretes, público, corresponde cuidar y promover.

 



1. Las referencias al viejo Colón las debemos a La ópera y la sociedad argentina de Horacio Sanguinetti y a La Historia del Teatro Colón. 1908-1963, en el capítulo escrito por Juan Andrés Sala.

2. La ópera de Gounod tuvo una magnífica versión en 1971 (Gedda, Harper, Ghiaurov, con la dirección de Gianandrea Gavazzeni) que ha sido objeto de edición en CD por el Teatro Colón. Precedida en esta nueva serie, por la Turandot (Nilsson, Caballé, Ustinov) de 1965, se anuncian otros títulos de similar jerarquía.

Nº 2327 » Junio 2007

La memoria de Primo Levi

por Neifert, Agustín · Comentar 

Acaban de cumplirse veinte años de la muerte, voluntaria, del escritor judeo-italiano Primo Levi, que sobrevivió once meses en Auschwitz sin perder la lucidez, la dignidad y la humanidad. Había nacido en Turín el 31 de julio de 1919 en el seno de una familia burguesa y liberal de origen sefardí. Estudió en el Instituto D’Azeglio y en la universidad de su ciudad, graduándose de químico en 1941.

         

Poco después se unió a la resistencia antifascista, pero en 1943 fue denunciado, detenido y enviado al campo de concentración de Monovitz, perteneciente al complejo de Auschwitz. Allí trabajó en la construcción de una nueva fábrica de productos químicos de la empresa I.G. Farben Industrie.

         

En el tren que lo condujo a Auschwitz compartió el hacinamiento con otros 650 judíos italianos. De ellos –según la versión del propio Levi–, el veinte por ciento pereció la misma noche del arribo, o en la siguiente, en las cámaras de gas. Levi fue uno de los veinte sobrevivientes de esos hombres y mujeres que “viajaron” con él a Polonia.

         

Ingresó en Auschwitz en febrero de 1944 y fue liberado por el ejército ruso el 27 de enero de 1945. Pero recién pudo regresar a su Turín natal ocho meses y 23 días después de su liberación, tras un increíble peregrinaje por Europa del este y central, que Levi describió en su libro La tregua, publicada en 1963.

         

En Turín trabajó como químico industrial en la factoría SIVA. Paralelamente, comenzó a escribir sobre sus experiencias en Auschwitz y su regreso a Italia. En 1977 renunció al trabajo para dedicarse exclusivamente a la literatura.

         

Poco antes de su muerte –ocurrida el 11 de abril de 1987–, Levi fue entrevistado por Ferdinando Camon, quien en el epílogo de su texto lo describió en estos términos: “Tenía el cabello y la barba blancos, la barba más blanca que el cabello. Tenía una mirada un poco irónica y una sonrisa pícara. Una inteligencia muy ordenada, con recuerdos precisos, detallados. En un momento de la entrevista, tomó en sus manos el papel en el cual yo había escrito mis preguntas y en el reverso dibujó un plano de Auschwitz: con el edificio central, los campos anexos y los respectivos nombres de algunos prisioneros. Hablaba en voz baja, sin quiebres: es decir, sin rencor. Muchas veces me pregunté respecto de la razón de esta moderación, de esta suavidad. La única respuesta que me sigue conformando es la siguiente: Levi no gritaba, no insultaba, no acusaba, porque no quería gritar; quería mucho más que eso: quería hacer gritar (…) Su razonamiento era de largo aliento. Su moderación, su suavidad, su sonrisa, que tenía algo de tímido, casi infantil, eran en realidad sus armas”. 1

 

La obra literaria de Primo Levi

         

“Lo queramos o no, somos testigos y llevamos el peso de nuestro testimonio”, escribió en 1946. Y nunca renegó de esa condición. A pesar de que, aceptando quizás una dudosa culpabilidad por haber vivido cuando tantos murieron, también afirmó: “Si es cierto que me he salvado en detrimento de otro, escribir es un privilegio atroz”.

         

Dueño de una aguda mirada sobre la condición humana, fruto de sus dolorosas experiencias, Levi condensó su testimonio sobre el horror en tres libros autobiográficos: Si esto es un hombre (1958), La tregua (1963) y Los hundidos y los salvados, editado en 1986 poco antes de su suicidio.

         

También escribió Momentos de indulto, sobre personajes que observó durante la prisión; El sistema periódico, relatos breves relacionados con elementos químicos; el poemario titulado A una hora incierta, y la ambiciosa novela Si ahora no, ¿cuándo?, que narra la historia de un grupo de partisanos de ascendencia judía durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Regreso a Auschwitz

         

Primo Levi volvió a Auschwitz en dos ocasiones: en 1965 y en 1982. La segunda vez lo hizo acompañado por un grupo de estudiantes, docentes y representantes de la comunidad judía de Florencia que organizaron la visita. También viajó un equipo de la RAI dirigido por Daniel Toaff y Emanuele Ascarelli, quienes le realizaron un extenso reportaje.

         

El texto de la entrevista permaneció inédito hasta 1998, cuando Marco Belpoliti decidió transcribirlo y publicarlo. Levi hablaba allí del desagradable recuerdo que siempre le producían los trenes y el olor a carbón. Y en ocasión del segundo viaje se negó almorzar en un restaurante de Auschwitz porque le parecía “una profanación”.

         

Cuando le preguntaron sobre “qué representó el Holocausto para el pueblo judío”, respondió: “No fue algo novedoso, antes hubo otros. Entre paréntesis, nunca me ha gustado la palabra ‘Holocausto’. No me parece un término apropiado, es retórico y, sobre todo, erróneo. Representó un punto de no retorno en términos de proporciones, sobre todo de recursos, porque por primera vez en tiempos recientes el antisemitismo se convirtió en un proyecto planificado, organizado a nivel de Estado, no por influjo de un consenso tácito, como había ocurrido en la Rusia de los zares. Esto, en cambio, era un acto de voluntad. No había escapatoria posible. Toda Europa se convirtió en una enorme trampa, esto fue lo novedoso y lo que determinó para los judíos un profundo cambio”.

         

“¿Piensa usted –fue otra pregunta– que es posible lograr el aniquilamiento de la humanidad del hombre?”, a lo que Levi contestó: “¡Desde luego que sí! ¡Y de qué manera! Me atrevería incluso a decir que lo característico de los campos de concentración nazis es la reducción a la nada de la personalidad del hombre, tanto interior como exteriormente, y no sólo la del prisionero sino también la del guardia; él también pierde su humanidad. Pienso que son pocos los que tuvieron la suerte de no perder su conciencia durante la reclusión. Algunos tomaron conciencia de su experiencia a posteriori, pero mientras la vivían no eran conscientes. Muchos olvidaron, no la registraron en su mente, nada se imprimió en la cinta de su memoria, diría yo. Sí, todos sufrían substancialmente una profunda modificación de su personalidad, sobre todo una atenuación de la sensibilidad en lo relacionado con los recuerdos del hogar, la memoria familiar. Todo eso pasaba a un segundo plano ante las necesidades imperiosas: el hambre, la necesidad de defenderse del frío, de defenderse de los golpes, resistir a la fatiga. Todo ello propiciaba condiciones que pueden calificarse de animales”. 2

         

Francesco Rosi y La tregua

         

El cineasta Francesco Rosi fue uno de los primeros que pensó en la adaptación de La tregua para el cine. Pero recién en 1987 tomó contacto con Primo Levi para obtener la cesión de los derechos de autor. El escritor accedió, y apenas una semana después decidió poner fin a su vida.

         

Este hecho obligó a Rosi a posponer el proyecto y en ese paréntesis logró interesar a John Turturro, actor norteamericano pero de ascendencia italiana, para que asumiera el personaje protagónico, es decir el papel de Primo Levi. También obtuvo el apoyo de Martin Scorsese, del productor italiano Leo Pescarolo y de la francesa Véra Belmont, coproductora de Farinelli.

         

La tregua se filmó en 1995 en Ucrania, en condiciones climatológicas muy duras, con la participación de actores y técnicos provenientes de distintos países de Europa. A partir de la crónica testimonial de Levi, la película describe la surrealista travesía del escritor –y de un grupo de sobrevivientes–, durante casi nueve meses, a través de Rusia, Rumania, Hungría, Austria y Alemania hasta regresar a Turín.

         

El relato se inicia en Auschwitz con la liberación de los prisioneros, lo que le permitió al director eludir la barbarie nazi de los campos de concentración. El protagonista, una suerte de arquetipo de la condición humana destruida por las atrocidades, asume desde el primer momento el compromiso de no olvidar simbolizado en una actitud reveladora: mientras algunos queman su uniforme –memoria de la infamia, la humillación y el martirio–, él lo conserva debajo de las ropas de segunda mano que le proporcionan los soldados rusos.

         

Levi escribió en el primer capítulo de La tregua: “Así, la hora de la libertad sonó para nosotros grave y difícil, y nos llenó el ánimo a la vez de gozo y de un doloroso sentimiento de pudor que nos movía a querer lavar nuestras conciencias y nuestras memorias de la suciedad que había en ellas. Y de pena, porque sentíamos que aquello no podía suceder; que nunca ya podría suceder nada tan bueno y tan puro como borrar nuestro pasado, y que las señales de las ofensas se quedarían para siempre, en los recuerdos de quienes las vivieron, y en los lugares donde sucedieron, y en los relatos que haríamos de ellas”.

         

La tregua a la que alude el título no es el final de una guerra, sino “el espacio indefinido que existe entre la vida y la muerte, la desesperación y la esperanza, la conciencia interior y la percepción exterior. (…) Son las fronteras individuales y no las políticas las que delimitan la naturaleza humana y, en este caso, el intelectual se revela como una especie frágil e inadaptada a la supervivencia cotidiana a diferencia de otros personajes que aparecen en La tregua”. 3

         

Una referencia a Francesco Rosi

         

Desde sus primeras vinculaciones con el cine en 1946, Francesco Rosi se mantuvo fiel a su compromiso con la realidad social de su país. Como director, fue un caso de supervivencia de los mejores elementos de la tradición neorrealista. Ideológicamente identificado con el marxismo, utilizó sistemáticamente, en casi todos sus filmes, el método del “realismo crítico” aprendido de Luchino Visconti, con quien compartió la asistencia de dirección –junto a Franco Zeffirelli– en aquel polémico, ambicioso y ascético fresco siciliano titulado La terra trema.

         

Con el correr de los años se alejaría tanto del naturalismo de los neorrealistas como del estilo suntuosamente crítico del Visconti posterior a La terra trema, para emprender una tarea de observador analítico de los problemas sociales contemporáneos, vertidos con una llamativa seguridad de narrador preocupado a la vez por sus herramientas éticas y estéticas.

         

Rosi nació en Nápoles en 1922. Su primer filme propio fue El desafío (1957), relato de corte policial ambientado en su ciudad, que mereció el León de Oro en el Festival de Venecia. Pero su título más significativo de esos tiempos iniciales fue Salvatore Giuliano (1961), sobre los intereses económicos y políticos jugados por la mafia siciliana y sus vinculaciones con el delito y la policía, a propósito de aquel mítico bandolero asesinado en 1950.

         

Con posterioridad realizó: Saqueo a la ciudad (1963), El momento de la verdad (1964), El asalto final (1970), El caso Mattei (1972) y Lucky Luciano (1973). En estos dos últimos filmes, Rosi perfeccionó su estilo narrativo y su método de análisis de hechos poco conocidos. En el primer caso, denunció a las multinacionales por el asesinato de Mattei por su labor en defensa del Ente Italiano de Hidrocarburos. En el segundo, describió la trayectoria de Salvatore Lucania: la matanza ejecutada en 1931 para convertirse en jefe de la mafia ítalo-norteamericana, su destierro en Italia, la creación de un gigantesco tráfico de drogas y su muerte.

         

Sus últimos trabajos fueron: Cadáveres excelentes (1975), Cristo se detuvo en Eboli (1978), Tres hermanos (1981), Crónica de una muerte anunciada, sobre la novela homónima de Gabriel García Márquez, y La tregua (1996).

El guión de La tregua fue escrito por Francesco Rosi, Stefano Rulli y Tonino Guerra, mientras que los personajes fueron interpretados por John Turturro (Primo), Massimo Chini, Rade Serbedzija, Stefano Dionisi, Teco Celio, Claudio Bisio y Andy Luotto.

 

 

 


Notas

1. Citado por Jack Fuchs en “El poder de las palabras”, en Página/12, Buenos Aires, 9 de abril de 2007.

2. Marco Belpoliti, “Regreso a Auschwitz. Entrevista (inédita) a Primo Levi”, en Letras Libres Nº 48, España, setiembre de 2005.

3. Esteve Riambau, “La tregua. La guerra no ha terminado”, en revista Dirigido Nº 258, Barcelona, junio de 1997.

Nº 2327 » Junio 2007

Diario de Aparecida

por Fernández, Víctor Manuel · Comentar 

Aparecida (Brasil), viernes 11 de mayo de 2007

 

Queridos amigos:

 

Ya estamos en la ciudad-santuario. Aparecida es un lugar semejante a Luján, marcado por la presencia de la Virgen y por la piedad popular. El ambiente es alegre y sereno. Creo que es un marco adecuado para la reflexión y la oración de la V Conferencia.

Los obispos y demás personas que han ido llegando tienen buena cara. Se respira un aire de esperanza y expectativa. Todos queremos escuchar el mensaje inaugural del Papa el domingo, para reconocer las grandes líneas que él quiera sugerir.

Me llamó la atención el discurso al Presidente de Brasil, donde destaca que “la decisión de realizar una Conferencia esencialmente misionera bien refleja la preocupación del Episcopado –y no menos mía– de buscar caminos adecuados para que, en Jesucristo, nuestros pueblos tengan vida”.

Con estas palabras el Papa confirma este carácter distintivo de la V Conferencia que, quizás más que las anteriores, y dado el contexto actual de ruptura en la transmisión de la fe, se concentraría en la necesidad de la misión.

Otros ejes del discurso a Lula son: la defensa de la vida, la promoción de la persona humana –especialmente de los pobres y desamparados–, la formación de los ciudadanos, la familia, la juventud y los indígenas.

De todos modos, creemos que el solo hecho de realizar un encuentro de este tipo, vivido con fe, esperanza y caridad, ya infunde en el Continente una fuerza nueva, y es evangelizador más allá de las conclusiones y documentos.

 

 

Sábado12 de mayo

 

Vivimos en la parte alta y antigua de esta pequeña ciudad. Una larga rampa nos permite llegar directamente al santuario, que está más abajo. Recorriendo esa pasarela de trescientos metros se divisa la ciudad, el río que la rodea, el campo muy verde y los cerros, pero sobre todo se destaca el inmenso santuario. Es hermoso hacer este recorrido al atardecer, cuando comienzan a encenderse las luces de Aparecida y se oye a lo lejos el rumor alegre de los brasileños y el canto tímido de los pájaros que comienzan a acurrucarse.

Anoche llegaron los obispos argentinos. Convivimos en un hotel austero con chilenos, dominicanos y otros antillanos. También hay miembros de otras confesiones (a pocos metros de mi habitación: un ortodoxo, un metodista y un anglicano). Comenzamos a conocernos, y por la calle nos saludamos con obispos de diversos lugares: además de los latinoamericanos hemos visto gente de los Estados Unidos, Portugal, Alemania y otros países. En total seremos 265 participantes, más el personal auxiliar. Ya nos entregaron un reglamento bastante minucioso que permitirá ordenar la participación y el trabajo.

Ayer el Papa se dirigió a los obispos de Brasil. Se advierten acentos que tienen que ver con la situación particular de este país. No obstante, suponemos que algunos de los puntos destacados estarán también presentes en las orientaciones que dará mañana para la V Conferencia, a la que definió como un “gran evento eclesial que se sitúa en el ámbito del esfuerzo misionero que América latina deberá proponerse”.

Situó todo su discurso en el contexto de la preocupación fundamental por la salvación de la gente. Entre los problemas a enfrentar, luego de referirse a la familia y a la defensa de la vida, destacó el de los católicos que abandonan la vida eclesial. Cabe advertir que no se refiere sólo a los que adhieren a las sectas, sino en general a la pérdida de la identidad católica. Como causa fundamental destacó una falta de evangelización. Por eso convocó a todas las fuerzas vivas a un gran aliento evangelizador, “sin ahorrar esfuerzos”, pero orientado especialmente “a las casas de las periferias urbanas y del interior” –que es donde, de hecho, se ha producido la mayor sangría–. Indicó que el pueblo pobre “necesita sentir la proximidad de la Iglesia, sea en el socorro de sus necesidades más urgentes, como también en la defensa de sus derechos y en la promoción común de una sociedad fundamentada en la justicia y en la paz”. Dijo que “los pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio”.

También se refirió a la necesidad de una mejor educación en la fe para dar “un salto de calidad”. Luego se detuvo muy positivamente en la cuestión ecuménica, como “una tarea cada vez más urgente”. Distinguió allí lo que sería el rechazo del proselitismo agresivo, de la valoración positiva que merece “el gran campo común de colaboración” que nos une a las demás confesiones cristianas.

Finalmente, resaltó que Brasil “convive con un déficit histórico de desarrollo social” y que hay “una desigualdad en la distribución de la renta que alcanza niveles muy elevados”. En esta línea, recordó que el criterio fundamental de la dignidad del ser humano “trasciende el simple juego de los factores económicos”. Invitó a formar a los políticos para que “sepan dar un rostro humano y solidario a la economía”, al mismo tiempo que los llamó a buscar con honestidad el bien común más que las ganancias personales.

 

Domingo 13 de mayo

 

Ayer recibimos al Papa en la inmensa basílica de Aparecida, con capacidad para 30.000 personas y por su tamaño se parece a la basílica de San Pedro. La llegada del Papa fue muy emotiva. Verlo tan cerca y tan contento, y escuchar las efusivas expresiones de afecto de los brasileños nos conmovió a todos. Allí simplemente agradeció la acogida y rezamos el Rosario ante la imagen de la Virgen.

Esta mañana tuvimos la Misa al aire libre, con el marco de los cerros que rodean la ciudad. La celebración fue marcadamente brasileña: los cantos, los signos y el fervor no permitían dudar que estábamos en Brasil. Hacía mucho que no participaba de una celebración tan linda y tan bien preparada.

En la Misa el Papa habló de un “método” que debería caracterizar a cualquier reunión eclesial: “se discute y se confronta, pero siempre en una actitud de religiosa escucha de la Palabra”. Y dijo que este método propio “es el reflejo de la naturaleza misma de la Iglesia”. Después habló de la Iglesia “peregrina en las Américas”, y destacó que “no hace proselitismo, sino que se desarrolla sobre todo por atracción”, la atracción del amor. La fe en el Dios amor es, para Benedicto, “el tesoro inestimable que enriquece a América latina, es su patrimonio más precioso”. Esta es la fe “que ha hecho de América el continente de la esperanza”. Expresó también otras ideas con un lenguaje que le dio a su palabra un tono místico y sapiencial.

Por la tarde, el Papa abrió oficialmente la V Conferencia con las vísperas y un mensaje. Fue en un auditorio cerrado, donde sólo estábamos los 265 participantes. Allí cantamos y también tuvimos momentos de silencio escuchando el órgano, como le gusta al Papa. En esos momentos podíamos intercambiar miradas con él y percibir parte de ese misterio que es la Iglesia. Aunque tuve ocasión de saludar cuatro veces a Juan Pablo II, me conmovió particularmente estar dos horas tan cerca de Benedicto (a cinco metros) y escucharlo hablar con gusto y con gozo, como dejándose estar entre nosotros.

En el mensaje que pronunció durante unos sesenta minutos, el Papa siguió el mismo esquema del documento de “Síntesis de los aportes recibidos”. Al comienzo (el “ver”) destacó la identidad católica de los pueblos latinoamericanos, originada en una síntesis entre el Evangelio y la sabiduría de los pueblos originarios. Explicó que esta síntesis fue posible porque las culturas latinoamericanas antiguas estaban abiertas al encuentro con la diversidad y anhelaban silenciosamente a Cristo. Pero, en definitiva, esto se explica porque el mismo Hijo de Dios “se hizo también historia y cultura”. Dice el Papa que “de allí ha nacido la rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos”. La variedad de sus expresiones conforma “el tesoro precioso de la Iglesia Católica en América latina”.

Después se refirió a los riesgos de la globalización y criticó tanto al marxismo como a la economía liberal. Manifestó su preocupación por “un cierto debilitamiento de la vida cristiana en el conjunto de la sociedad y de la pertenencia a la Iglesia Católica”. Por eso reclamó a la V Conferencia una “renovación y revitalización” de la fe. Invitó al crecimiento como discípulos y misioneros en la Iglesia, destacando que “el encuentro con Dios es, en sí mismo y como tal, encuentro con los hermanos, un acto de convocación, de unificación, de responsabilidad hacia el otro”. Allí retomó la opción preferencial por los pobres, diciendo que está implícita en la misma fe cristológica. Por eso, “la evangelización ha ido unida siempre a la promoción humana”.

Luego el discurso entró en el segundo eje del tema: “la vida en Cristo”. Lo planteó de un modo que varios reclamábamos. Dijo que nuestros pueblos “tienen derecho a una vida plena”, con condiciones más humanas, e indicó que “el desarrollo auténtico ha de ser integral”. También implica alimentarse con la Palabra y la Eucaristía, que “suscita el compromiso de la evangelización y el impulso a la solidaridad”. Dijo que de este modo América latina será no sólo el continente de la esperanza, sino “también el continente del amor”.

A continuación mostró que este proyecto exige crear estructuras justas, que “son una condición sin la cual no es posible un orden justo en la sociedad”, pero que necesitan estar unidas a “un consenso moral en la sociedad sobre los valores fundamentales”. Esto requiere “el empeño de la razón política, económica y social”, exige “buscar de manera racional las respuestas adecuadas”. Lamentó “la notable ausencia en el ámbito político, comunicativo y universitario, de voces e iniciativas de líderes católicos de fuerte personalidad, y de vocación abnegada, que sean coherentes con sus convicciones éticas y religiosas”.

Finalmente, se detuvo brevemente en algunos ámbitos como la familia, los sacerdotes, religiosos y laicos, los jóvenes y la pastoral vocacional. Terminó el encuentro orando cálidamente a Jesús y diciéndole repetidamente: “Quédate con nosotros”.

Si alguien quiere hacerme alguna pregunta, puede escribirme a ptucho@arnet.com.ar

 Mañana comienza nuestro trabajo más arduo. He percibido que aquí hay una gran mezcla de intereses y estilos, más variada de lo que yo creía. Veremos cómo va la cosa.

 

 

Lunes 14 de mayo

 

Queridos/as amigos/as:

 

Por fin me acordé del lenguaje inclusivo, para que tod@s ustedes estén incorporad@s. Una cosa es aceptarlo y otra es ir modificando esos viejos reflejos que nos condicionan. Uno de los momentos en que el discurso del Papa de ayer arrancó aplausos fue cuando dijo que “en América latina persiste aún por desgracia una mentalidad machista, ignorando la novedad del cristianismo que reconoce y proclama la igual dignidad de la mujer respecto al varón”. Evidentemente, comienza a nacer una nueva sensibilidad.

El Papa ya se fue. Dejó una agradable impresión con un discurso denso y sugerente. También dejó un regalo: un precioso tríptico que encargó a un pintor cuzqueño (Eduardo Velasquez). Tiene al frente una gran imagen de la Virgen Aparecida, y adentro una figura de Jesús resucitado enviando a los discípulos misioneros. Alrededor, varias escenas de los evangelios ligadas al discipulado y a la misión, incluyendo una de Juan Diego con la Virgen de Guadalupe, patrona de América latina. Después de la V Conferencia se harán copias de menor tamaño para utilizar en la tarea misionera.

Creo que en general los medios de comunicación fueron un poco injustos con el Papa. En Clarín del 12/5 una nota destaca en el título que el Papa “impartió rígidas órdenes”, y afirma que habló “sin moverse un milímetro de su rígida posición”. Otra nota titulada “Cuestiones” dijo que la palabra “tensión” es la que expresa “lo que se percibe a lo largo de esta visita del Papa”. La agencia Reuters titula hoy: “Rígido mensaje papal no convence a todos en Brasil” y dice que el Papa hizo una “estricta defensa de un catolicismo sin desvíos”. Es más, sostiene injustamente que indicó a los obispos que “deben retornar al proselitismo tradicional”, cuando en realidad lo que el Papa dijo ayer es precisamente que la Iglesia “no hace proselitismo, sino que se desarrolla sobre todo por atracción”. Los que hemos participado de cerca y desde la fe, no tenemos la misma impresión que los periodistas, y advertimos que se seleccionan algunas frases aisladas y se ocultan otros temas que brindan un marco adecuado a lo que se afirma. Ciertamente, Benedicto XVI es un teólogo que no pretende desarrollar todos los temas en cada homilía o discurso, y que no se preocupa en lo más mínimo por tener una estrategia ante los medios. Ese desinterés, ciertamente, le juega en contra, porque su mensaje llega muy mutilado a la inmensa cantidad de personas que no se detiene a leer todos sus textos y que no tiene elementos para analizar el conjunto de su pensamiento. Por otra parte, se advierte que el periodismo considera “rígida” una postura de oposición al aborto, con la cual en realidad la inmensa mayoría de los teólogos católicos estamos de acuerdo, aun cuando algunos preferirían remarcar mejor el contexto más amplio de la defensa de todos los derechos humanos.

Esta mañana tuvimos un pequeño retiro, iniciado por la Misa que presidió el cardenal Giovanni Battista Re. Allí pronunció una típica homilía romana, que resume algunas clásicas verdades de la fe, válidas para cualquier lugar del mundo y para todos los momentos de la historia. Rescato una expresión de piedad que me gustó: “A Cristo, Buen Pastor, Pastor de los pastores, que conoce los secretos del corazón, que nos llama por nuestro nombre y que nos ama con amor infinito, le expresamos desde el fondo de nuestro corazón todo el amor de que somos capaces”.

Posteriormente, nos dirigimos al auditorio donde se desarrolla la Conferencia, y allí escuchamos una bella meditación de monseñor Estanislao Karlic. Resumió en 45 minutos los temas que siempre lo caracterizaron.

Por la tarde repasamos juntos el reglamento y otros detalles del manual del participante. Finalmente, escuchamos al representante de los obispos europeos y al de los obispos africanos. El primero –cardenal Meter Erdo– es un húngaro que mencionó las dos ideologías nefastas para occidente, que son el nazismo y el marxismo (a diferencia del Papa, que se refirió al marxismo y al capitalismo). También dijo que el centro-este europeo y América latina tienen mucho en común, porque son “la periferia de Occidente”. El segundo –Olorunfemi Onaiyekan– es de Nigeria y se refirió a los lazos (especialmente misioneros) que hay entre los dos continentes, además de alegrarse por el tema del discipulado que será tratado en la V Conferencia.

Mañana hablarán los presidentes de las Conferencias Episcopales de todo el Continente. Veremos cuáles son los consensos que aparecen. Les cuento. A cambio les pido una oración por este acontecimiento.

 

Martes 15 de mayo

 

Esta mañana fue sumamente interesante (confieso que ayer por la tarde me aburrí bastante). Hablaron todos los presidentes de Conferencias Episcopales de América latina y el Caribe. “El Caribe” a veces suena como un agregado molesto. Pero, si bien incluye países claramente latinos (de inmigración española o francesa), también tiene pequeños países que no hablan lenguas latinas sino inglés u holandés (aunque tengan dialectos que incorporan muchas expresiones españolas y portuguesas), por lo cual no se consideran estrictamente “latino” americanos. Los países que conforman las “Antillas” son nada menos que veintinueve. El obispo Robert Kurz (de Bermuda) nos explicó que entre esos países hay muchas diferencias culturales, por lo cual no se puede generalizar, pero básicamente están conformados por poblaciones muy festivas, con una participación entusiasta en la liturgia, un gusto peculiar por la Palabra de Dios, un marcado aprecio por la democracia y un fuerte movimiento ecuménico. A mi lado se sienta un sacerdote de Jamaica, que sabe sólo dos o tres palabras en español y a veces me pide traducción. He salido en muchas fotos, porque a los periodistas les llama la atención el negro.

Les mencionaré brevemente algún aporte o comentario significativo de cada uno de los presidentes de Conferencias Episcopales, lo cual permite apreciar un interesante mosaico (el que no tenga ningún interés por América latina, absténgase de leer). Hablaron en representación de los demás obispos de sus Conferencias. Pueden leer el aporte completo de cada uno de ellos en la página Web del CELAM; yo sólo les mencionaré lo que me llamó la atención:

 

A. México y América Central

 

1. México: monseñor Carlos Aguiar pidió que el hilo del diálogo sea el discipulado, y la misión como parte integrante esencial, teniendo en cuenta las raíces bíblicas del tema. Por otra parte, insistió en la necesidad de un proceso de iniciación cristiana partiendo del anuncio “kerygmático” y en constante escucha de la Palabra. Pidió una transformación de las estructuras eclesiales para que sean más misioneras y para llegar a los más distantes, defendiendo la dignidad humana y valorando la religiosidad popular.

 

2. Costa Rica: monseñor José Ulloa Rojas recogió detenidamente los aportes de las cuatro Conferencias anteriores. Explicó que en su país la Iglesia jugó un gran papel mediando por la paz social, a la vez que habló del poder destructor del secularismo, del proselitismo de las sectas, de los medios, la violencia, el narcotráfico y la creciente desigualdad. Propuso promover itinerarios de crecimiento y maduración en comunión, y la participación de los laicos en la vida social. Como medios propuso la lectio divina y la formación en la doctrina social. Finalmente propuso crear un estado de misión permanente.

 

3. El Salvador: monseñor Fernando Sáenz Lacalle me llamó mucho la atención. Luego de proponer recoger las enseñanzas de Novo Millennio Ineunte, citó a monseñor Oscar A. Romero para decir que el cambio de estructuras es algo relativo, porque lo que interesa es el hombre nuevo, la redención de la persona. También citó a Romero para hablar de la necesidad de la oración personal. Está muy bien, pero creo que Romero no es San Juan de la Cruz. En todo caso, su aporte fue la integración de lo personal, lo espiritual y lo social.

Luego resaltó la importancia de la Misa dominical, la escucha de la Palabra y la formación integral, sistemática y permanente de los agentes de pastoral, especialmente en la doctrina social.

 

4. Guatemala: Es el país latinoamericano donde fue mayor el éxodo de católicos hacia las sectas. Pero en el mensaje del obispo Álvaro Ramazzini no escuché ninguna autocrítica, sino un fuerte ataque al proselitismo de otros grupos religiosos que se han vuelto un supermercado. Quizás lo que dijo pueda entenderse en su contexto, pero su lenguaje requirió una aclaración posterior del cardenal Francisco J. Errázuriz para que no se ofendieran los observadores de otras confesiones cristianas presentes en la asamblea.

Con buenas expresiones acerca de los indígenas y una memoria de los mártires guatemaltecos. También habló de la necesidad de promover la lectura de la Palabra, de la desigualdad y de la necesidad de crear estructuras justas. Aquí se advierte que sumó los intereses variados de los distintos miembros de su Conferencia episcopal.

 

5. Honduras: El famoso Oscar Rodríguez Maradiaga –mencionado como “papable”– insistió en la necesidad de cuidar la persona de cada discípulo misionero, porque no bastan los planes si no se cuidan las personas. Por eso mismo la formación debe ser personalizada y también la opción por los pobres, que no cuentan en la sociedad.

Propuso dinamizar la catequesis, actualizar una pedagogía del seguimiento de Cristo y llegar mejor y más a los jóvenes. Luego valoró mucho la acogida cordial que muestra que la Iglesia tiene lugar para todos: “Siempre se puede tratar bien a las personas, aunque no siempre podamos resolver sus problemas”.

Explicó que la nueva sociedad globalizada del conocimiento genera otro tipo de excluidos, que no pueden alcanzar la competitividad exigida. Finalmente, propuso una espiritualidad integral y un camino de integración latinoamericana.

 

6. Nicaragua: monseñor Leopoldo Brenes, además de lamentar el proselitismo de las sectas, retomó la idea de que la santidad debe estar en el centro de toda planificación, e insistió en la necesidad de formar en la lectura orante de la Biblia y de la catequesis.

 

7. Panamá: monseñor José L. Lacunza se detuvo en la cuestión de la mala distribución de la riqueza, en la capacitación de los laicos para incidir en las realidades temporales, en una catequesis continuada de carácter catecumenal, la formación en la doctrina social, y la defensa de la familia y de la vida.

 

8. Cuba: Adolfo Rodríguez Herrera, obispo de Camagüey, dijo que la Iglesia cubana es un “débil y pequeño rebaño que permaneció fiel”. Agradeció la cooperación de los católicos de otros países. Habló de la necesidad de una espiritualidad centrada en Cristo que ilumine todas las dimensiones de la vida y aliente un compromiso coherente. También destacó la necesidad de la formación del laicado y las heridas que hoy sufre la familia.

 

9. Haití: monseñor Louis Kebrau valoró la religiosidad popular (si bien en Haití hay mucho sincretismo y muchos practican el vudú), lamentó el fenómeno de la migración, el desempleo y la delincuencia juvenil.

 

10. Puerto Rico: El arzobispo de San Juan Roberto Octavio González Nieves también usó un lenguaje muy negativo para referirse a las otras confesiones cristianas, si bien mencionó la necesidad del ecumenismo. Habló de los ataques a la familia y a la vida, propuso una fuerte renovación eclesial y prestar más atención a la pastoral vocacional.

 

11. República Dominicana: monseñor Ramón De la Rosa y Carpio resaltó tres ejes: iniciación cristiana, formación y misión. Habló de la necesidad de elaborar un perfil del presbítero para hoy, de la importancia de la presencia de los laicos en la cultura y la política, del fortalecimiento de la opción por los pobres y de la evangelización de la cultura urbana.

 

B. Países bolivarianos

 

12. Colombia: monseñor Luis Castro Quiroga se refirió a la necesidad de procesos formativos más que acciones momentáneas, a una pastoral de todos y para todos, al protagonismo de los laicos en la Iglesia con poder de decisión, al primado del amor, la belleza y la simpatía. También habló de la inequidad y de la evangelización del mundo de la política y la empresa.

 

13. Ecuador: Néstor Herrera Heredia retomó el problema de la inequidad y agregó el drama del desempleo. Pidió que se elabore un perfil del discípulo y de una espiritualidad encarnada en la vida y en la acción.

 

14. Bolivia: el cardenal Julio Terrazas Sandoval no ahorró expresiones para denostar al actual gobierno boliviano. Dijo que acentuó la polarización social y que provocó un tremendo centralismo estatal que perjudicó el desarrollo económico de Bolivia (parece proponer una economía de corte liberal). También que el mensaje social del gobierno es “pura retórica” y que se perfila como “un estado comunista e indigenista”, promoviendo el “revanchismo” de los indígenas. Nada de diálogo y ninguna consideración acerca de los indígenas tradicionalmente relegados, que son la mayor parte de la población boliviana.

Por otra parte habló de la necesidad de la promoción humana, la inculturación y las comunidades de base, y fue el obispo que uso el lenguaje más abierto y positivo acerca del ecumenismo: “No queremos reconquista de católicos sino diálogo fraterno”.

Posiblemente estos distintos acentos se entienden por el hecho de recoger opiniones diversas de varios obispos.

 

15. Perú: Héctor Cabrejos Vidarte, arzobispo de Trujillo, también se refirió a la inculturación, al patrimonio católico erosionado, a la desigualdad en la distribución de la renta, a la opción por los pobres. También a la necesidad de formación e interiorización a través de la Palabra de Dios, que debe ser transversal a toda la pastoral. Finalmente, insistió en la doctrina social y en la pastoral vocacional.

 

16. Venezuela: Después de criticar a Hugo Chávez, refiriéndose a una creciente “ideologización socialista” que influye en otros países, el obispo Ubaldo Santana Sequera cuestionó la globalización neoliberal y habló de la transformación de la realidad hacia sociedades más justas. Propuso el lema: “Con Cristo hacia la comunión y la solidaridad”. Expresó también la preocupación por entregar la Biblia al pueblo, favorecer la inculturación, alentar la religiosidad popular, promover una mística misionera y proponer un desarrollo integral sustentable.

 

C. Cono Sur:

 

17. Argentina: Nuestro Cardenal explicó que en el país se quiso unir la preparación a la V Conferencia con la aplicación de Navega mar adentro. Propuso que la propuesta final tenga tres géneros: un documento medular que ofrezca un perfil del discípulo misionero hoy en América latina, un mensaje final a los pueblos, y la propuesta de varios temas pastorales a ser trabajados posteriormente. Dijo que la pastoral es un camino de conversión eclesial, misionera e inculturada para llegar a los bautizados alejados y cercanos.

Luego mencionó tres macrodesafíos consensuados en una reunión previa: la ruptura en la transmisión de la fe, la inequidad escandalosa que divide a la población en “ciudadanos” y en “sobrantes o descarte”, y finalmente la crisis de los vínculos familiares y sociales. Este último desafío, expresado en un estilo de vida individualista, exige fortalecer la comunión eclesial y alentar la comunión social y la integración latinoamericana.

 

18. Brasil: Geraldo Rocha habló brevemente sobre la ecología, el trabajo, la distribución de la tierra. Por otra parte, sobre la promoción de la lectura y estudio de la Palabra, la renovación litúrgica y catequística, la participación del laicado para contrarrestar una cultura individualista y hedonista. También resaltó el problema de la miseria y la desigualdad y la violencia inédita. Finalmente mencionó al mundo urbano como prioridad pastoral (el éxodo de católicos hacia las sectas se produce sobre todo en la periferia de las grandes ciudades).

 

19. Chile: Santiago Silva, obispo de Valparaíso, habló de un modelo socioeconómico que favorece a las minorías ricas, provocando una brecha de inequidad sobre todo en la educación y en los barrios pobres. Dijo que la democracia chilena no favoreció la participación. Luego se refirió a la disminución del número de católicos detectada en el último censo (indica un 70% de católicos, un 15% evangélico, un 8,3% agnóstico). Finalmente recordó muy emotivamente a los santos chilenos.

 

20. Paraguay: Ignacio Gogorza Isaguirre, obispo de Encarnación, se refirió al gran número de católicos que se mantiene firme en Paraguay, pero habló de su poca formación y de la degradación de la vivencia de la fe por influencia del secularismo.

 

21. Uruguay: monseñor Carlos Collazzi remarcó la necesidad de partir de la realidad para incidir en ella fortaleciendo la esperanza. Destacó una figura de la Iglesia una y diversa en un mundo plural (tema típicamente uruguayo). Indicó la necesidad de promover un “proceso” de iniciación cristiana a partir del anuncio del “kerygma”, suscitando un camino de conversión personal, social e institucional. Además pidió que se esclarezca qué entendemos por “misión”.

 

- Si ustedes están cansados de leer, imagínense lo que fue escuchar todo el día. Pero ayuda a tener una visión general y a detectar consensos. No obstante, la asamblea es mucho más que los presidentes de las conferencias episcopales.

En el próximo envió les contaré algunos chismes: lo que dijeron los obispos de la Curia romana y cuál será el “equipo de redacción”, conformado por ocho obispos, que hoy ha sido votado por la asamblea. Vale la pena.

 

Martes 15 de mayo (segunda parte)

 

Los obispos votaron la comisión que se ocupará de la redacción del documento final, y que además orientará a la asamblea en el debate:1) cardenal Jorge Bergoglio: presidente, 2) Carlos Aguiar Retes (México), 3) cardenal Claudio Hummes (Brasil), 4) cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga (Honduras), 5) Ricardo Ezzati (Chile), 6) Julio Cabrera Ovalle (Guatemala), 7) Mario Moronta Rodríguez (Venezuela), 8) Ricardo Tobón Restrepo (Colombia).

 

Terminadas las intervenciones de los presidentes de las Conferencias Episcopales, hablaron varios miembros de la Curia romana:

- El épico cardenal Alfonso López Trujillo, a pesar de su débil salud, bromeó y se extendió en su discurso. Pidió que en todos los países se instituya el día de la vida y de la familia e insistió que los legisladores que votan leyes contra la vida y la familia no deben recibir la comunión.

- El cardenal Paul Poupard insistió en su tema: la evangelización de la cultura, ante diversas imágenes distorsionadas de Dios y del ser humano. Propuso el acompañamiento y la proximidad que generen una cultura de comunión y arraigo, una presentación atractiva del misterio de Cristo a través de la piedad popular y la belleza, una cultura de la solidaridad inspirada en Populorum Progressio, y una nueva cultura audiovisual frente a la mentalidad virtual que uniformiza todo.

- El cardenal Cláudio Hummes se refirió a los altos costos de la globalización, especialmente por los ajustes exigidos por el mercado liberal, que aumentaron el desempleo: “la mayor llaga del Continente”. Puso como ejemplo que en la ciudad de San Pablo hay un millón de jóvenes sin acceso al trabajo y a la educación. Dedicó un espacio especial al tema de la integración cultural, económica y política de América latina, para lo cual puede aportar mucho la experiencia de la Iglesia, que siempre unió a los pueblos con la fe católica. Fustigó la actual cultura urbana individualista y subjetivista, instó a visitar a las familias de las periferias y habló de los presbíteros como agentes fundamentales.

- El cardenal Javier Lozano Barragán se refirió a la salud y especialmente al SIDA.

- Monseñor Crepaldi, de “Justicia y Paz”, indicó que en América latina se dan los más altos índices de desigualdad, y resaltó la necesidad de crear instrumentos formativos en la Doctrina social para el compromiso social y político de los laicos.

- El prefecto de la Congregación para la vida consagrada habló del enorme potencial de personas, comunidades, carismas e instituciones que aportó la vida religiosa. Pero pidió a los religiosos que respeten las verdades inmutables y que no ejerzan un “magisterio paralelo”. Tuvo también una reunión privada con los religiosos presentes, que salieron con cara larga, pero de eso no puedo informarles para respetar las instrucciones que nos dieron acerca del uso de los medios.

- El presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, Stanislaw Rylko, habló casi exclusivamente de los movimientos laicales, que deben ser un don aceptado por las iglesias locales.

- El representante del Sínodo de los Obispos, Monseñor Nikola Eterović, recordó tres lugares privilegiados del encuentro con Cristo: la Escritura, la Eucaristía y los pobres.

- Finalmente, para no cansarlos, el legendario cardenal Darío Castrillón Hoyos explicó su tarea actual al frente de la Pontificia Comisión Ecclesia Dei. ¿A qué se dedica? A la atención de los fieles tradicionalistas –muchos salidos de la fraternidad lefevrista San Pío X– que reclaman mantener el rito latino anterior al Concilio Vaticano II. Dijo que hay que mantener los tesoros de la liturgia de otras épocas, por lo cual el Papa quiere extender a toda la Iglesia latina la posibilidad de celebrar esa liturgia en latín, que nunca fue abolida. Se trataría de una “forma extraordinaria del único rito romano”.

Bueno, después de estas perlitas, que muestran la variedad que alberga nuestra querida madre Iglesia, les recuerdo que estoy ofreciendo esta información a título exclusivamente personal. Hasta pronto.

 

Miércoles 16 de mayo

 

 

 

 

Queridos/as:

 

 Con respecto a las opiniones de los presidentes de las Conferencias Episcopales, que les comenté ayer, hoy he visto en Internet que la versión escrita que entregaron no contiene todas las expresiones que utilizaron en la presentación oral. En ese sentido, creo que mi resumen sirve para reconocer algunos acentos que los papeles no recogen.

Esta mañana presidió la Eucaristía el cardenal Bergoglio con una agradable homilía sobre el Espíritu Santo, donde invitaba a evitar una Iglesia autosuficiente y autorreferencial, sino capaz de llegar a todas las periferias humanas.

Hoy se votó y se decidió por amplia mayoría que haya un documento final breve y un mensaje de una o dos páginas a la gente de nuestros pueblos. Las razones a favor fueron que la gente espera saber algo de los resultados, y que si no hay algo escrito después cada uno cuenta las cosas a su manera y según sus conveniencias.

Escuchamos a Marcelo Sánchez Sorondo, que preside dos Academias del Vaticano: la Pontificia Academia de las Ciencias (que tiene más 400 años), y la reciente Academia de las Ciencias Sociales. Su discurso fue muy bueno por un lado y flojo por otro. Explicó que en el mundo globalizado hay un deseo de justicia y muchos discursos al respecto, pero que no pueden ser efectivos porque no hay estructuras en el mundo que se ocupen de una mejor distribución de los ingresos. Los países ricos se comprometieron a donar una parte fija de sus ingresos para los países pobres, pero ni siquiera eso han cumplido. Lo flojo de su mensaje fue una imprecisión sobre el aporte de la Iglesia en este sentido. Dijo que sólo la religión católica dialoga con las ciencias sociales y que sólo ella hace posible la instauración de la justicia. Dicho así da a entender que los cristianos que no son católicos no tienen mucho que aportar. En este caso se advierte la necesidad de evitar los lenguajes excluyentes (“sólo”) y decirlo más en positivo. Por ejemplo: “la Iglesia católica, por su concepción del ser humano, por su universalidad, por su diálogo con la razón y con las ciencias, está en las mejores condiciones para hacer un indispensable aporte a la promoción de la justicia” (frase mía).

Después pasamos a trabajar por grupos. Cada uno de los 15 grupos está formado por personas de todos los países y de diversos estados de vida e intereses. Se propuso que mañana y el viernes nos dediquemos al análisis de la realidad actual (el “ver”) y que a partir del lunes nos concentremos en el tema “discípulos y misioneros para dar vida”. Me preocupó que en el modo de plantear este segundo bloque sólo se destacara la primera parte (discípulos y misioneros). Yo estoy insistiendo mucho en que se acentúe igualmente el tema de la “vida” que Jesús quiere darnos, porque nuestra gente ama la vida, y nuestros mensajes a veces parecen demasiado negativos, condenatorios o mutiladores. Gracias a Dios el Papa en su discurso dedicó un apartado a este tema de la vida y utilizó las expresiones “vida digna” y “vida plena”. Son dos expresiones que logré poner en el Documento de Síntesis y se ve que a Benedicto le parecieron adecuadas.

Hablaron delegados de las Conferencias Episcopales de los Estados Unidos, Canadá, España y Portugal. Lo más interesante fueron las palabras del delegado de las Conferencias episcopales de Asia. Dijo que lo que tenemos en común es la pobreza y el secularismo que comienza a minar nuestras culturas. La gran diferencia es que en Asia el cristianismo ha tenido poca influencia en las culturas, que están muy marcadas por otras religiones.

Además de las asambleas y de las reuniones por grupos, se hacen otras reuniones. Por ejemplo, hoy nos reunimos una hora los delegados de los sacerdotes diocesanos para dar un pequeño mensaje a la asamblea, tratando de expresar las preocupaciones, los problemas y las inquietudes del clero.

También están las charlas de pasillo y las conversaciones en las pausas, donde uno puede charlar con un cardenal, con un pentecostal, con un judío o con un ama de casa. Allí aparecen las preocupaciones, las broncas, las negociaciones, y uno va descubriendo los diversos intereses que se mueven. Quizás haya que mejorar un poco la metodología de trabajo para poder llegar a conclusiones bien consensuadas y a líneas claras; pero hasta ahora el ambiente es de mucho respeto y cordialidad. Los que temían una excesiva injerencia de la Curia romana, como dicen que sucedió en Santo Domingo, sostienen que eso hoy no sucede, y que se respira libertad.

Esta noche nos reuniremos con Carlos Galli y Diego Fares para proponer un esquema que resuma los grandes consensos de los aportes que hicieron ayer las Conferencias Episcopales. En la próxima les cuento. Un abrazo.

Nº 2327 » Junio 2007

Benedicto XVI y los jóvenes

por , Benedicto XVI · Comentar 

¡Queridos jóvenes! ¡Queridos amigos y amigas!

“Si quieres ser perfecto, ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres […] después, ven y sígueme” (Mt 19,21).

1. Deseaba ardientemente encontrarme con ustedes en éste mi primer viaje a América Latina. Vine a inaugurar la V Conferencia del Episcopado Latinoamericano que, por deseo mío, va a realizarse en Aparecida, aquí en Brasil, en el Santuario de Nuestra Señora. Ella nos pone a los pies de Jesús para aprender sus lecciones sobre el Reino e impulsarnos a ser sus misioneros, para que los pueblos de este “Continente de la Esperanza” tengan en Él vida plena.

Los obispos de Brasil, en su Asamblea General del año pasado, reflexionaron sobre el tema de la evangelización de la juventud y pusieron en manos de ustedes un documento, pidiéndoles que lo acogieran y perfeccionaran durante todo el año. En la última Asamblea retomaron el asunto, enriquecido con esa colaboración, y anhelan que las ponderaciones hechas y las orientaciones propuestas les sirvan en su camino como incentivo y faro. Las palabras del Arzobispo de Sao Paulo y del encargado de la Pastoral de la Juventud, que agradezco, son un verdadero testimonio del espíritu que los mueve a todos.

Ayer por la tarde, al sobrevolar el territorio brasileño, pensaba ya en este encuentro nuestro en el Estadio de Pacaembu, con el deseo de darles un gran abrazo bien brasileño, y manifestar los sentimientos que llevo en lo íntimo de mi corazón y que oportunamente el Evangelio de hoy nos señala.

Siempre he experimentado una alegría muy especial en estos encuentros. Recuerdo particularmente la Vigésima Jornada Mundial de la Juventud, que tuve la ocasión de presidir hace dos años en Alemania. ¡Algunos de los que están aquí también estuvieron allá! Es un recuerdo conmovedor, por los abundantes frutos de la gracia del Señor. No me cabe la menor duda de que el primer fruto, entre muchos, que pude advertir fue el de la fraternidad ejemplar que hubo entre todos, como demostración evidente de la perenne vitalidad de la Iglesia en todo el mundo.

2. Pues bien, queridos amigos, estoy seguro de que hoy se renuevan las mismas impresiones de ese encuentro en Alemania. En 1991, el Siervo de Dios, el papa Juan Pablo II, de venerada memoria, decía, a su paso por Mato Grosso (Brasil), que los “jóvenes son los primeros protagonistas del tercer milenio [...] son ustedes quienes van a trazar los rumbos de esta nueva etapa de la humanidad” (Discurso 16/10/1991). Hoy, me siento movido a hacerles idéntica observación.

El Señor aprecia, sin duda, la vivencia cristiana que ponen de manifiesto en las numerosas comunidades parroquiales y en las pequeñas comunidades eclesiales, en las universidades, colegios y escuelas y, especialmente, en las calles y en los ambientes de trabajo de las ciudades y el campo; se trata, sin embargo, de ir más allá. Nunca podemos decir basta, pues la caridad de Dios es infinita y el Señor nos pide, o mejor, nos exige ensanchar nuestros corazones para que en ellos quepa siempre más amor, más bondad, más comprensión por nuestros semejantes y por los problemas que envuelven no sólo la convivencia humana, sino también la efectiva preservación y conservación de la naturaleza, de la cual todos formamos parte. “Nuestros bosques tienen más vida”: no dejen que se apague esta llama de esperanza que el Himno Nacional pone en labios de ustedes. La devastación ambiental de la Amazonia y las amenazas a la dignidad humana de sus poblaciones requieren un mayor compromiso en los más diversos espacios de acción que la sociedad viene pidiendo.

3. Hoy quiero reflexionar con ustedes el texto de San Mateo (19, 16-22), que acabamos de oír. Habla de un joven que corría al encuentro de Jesús. Merece que se destaque su ansia. En este joven los veo a todos ustedes, jóvenes de Brasil y de América Latina. Llegaron desde diversas regiones de este Continente para nuestro encuentro; quieren oír, a través de la voz del Papa, las palabras del mismo Jesús.

Como en el Evangelio, tienen una pregunta importante que hacerle. Es la misma del joven que corría al encuentro de Jesús: ¿qué debo hacer para alcanzar la vida eterna? Me gustaría profundizar con ustedes esta pregunta. Se trata de la vida, la vida que, en ustedes, es exuberante y bella. ¿Qué hacer con ella? ¿Cómo vivirla plenamente? Pronto entendemos en la formulación de la misma pregunta que no basta el aquí y el ahora; es decir, no conseguimos delimitar nuestra vida al espacio y al tiempo, por más que pretendamos extender sus horizontes. La vida nos trasciende. En otras palabras, queremos vivir y no morir. Sentimos que algo nos revela que la vida es eterna y que es necesario empeñarnos para que esto acontezca. Ella está en nuestras manos y depende, de algún modo, de nuestra decisión.

La pregunta del Evangelio no contempla sólo el futuro. No se trata sólo de qué pasará después de la muerte. Hay, por el contrario, un compromiso con el presente aquí y ahora, que debe garantizar autenticidad y consecuentemente el futuro. En una palabra, la pregunta cuestiona el sentido de la vida. Puede por eso formularse así: ¿qué debo hacer para que mi vida tenga sentido? O sea: ¿cómo debo vivir para cosechar plenamente los frutos de la vida? O más aún: ¿qué debo hacer para que mi vida no transcurra inútilmente?

Jesús es el único capaz de darnos una respuesta, porque es el único que puede garantizar la vida eterna. Por eso también es el único que consigue mostrar el sentido de la vida presente y darle un contenido de plenitud.

4. Sin embargo, antes de dar su respuesta, Jesús cuestiona al joven con una pregunta muy importante: “¿Por qué me llamas bueno?”. En esta pregunta se encuentra la clave de la respuesta. Aquel joven percibió que Jesús es bueno y que es maestro. Un maestro que no engaña. Estamos aquí porque tenemos esta misma convicción: Jesús es bueno. Quizás no vislumbramos todo el por qué de esta percepción, pero es cierto que ella nos aproxima a Él y nos abre a su enseñanza: un maestro bueno. Quien reconoce el bien es señal de que ama, y quien ama, en la feliz expresión de San Juan, conoce a Dios (cf.1Jn 4,7). El joven del Evangelio percibió a Dios en Jesucristo.

Jesús nos garantiza que sólo Dios es bueno. Estar abierto a la bondad significa acoger a Dios. Así nos invita a ver a Dios en todas las cosas y en todos los acontecimientos, inclusive ahí donde la mayoría sólo ve la ausencia de Dios; viendo la belleza de las criaturas y constatando la bondad presente en todas ellas, es imposible no creer en Dios y no hacer una experiencia de su presencia salvífica y consoladora. Si lográsemos ver todo el bien que existe en el mundo y, más aún, experimentar el bien que proviene del propio Dios, no cesaríamos jamás de aproximarnos a Él, de alabarlo y agradecerle. Él continuamente nos llena de alegría y de bienes. Su alegría es nuestra fuerza.

Pero nosotros no conocemos sino de forma parcial. Para percibir el bien necesitamos de auxilios que a menudo la Iglesia nos proporciona, principalmente mediante la catequesis. Jesús mismo explicita lo que es bueno para nosotros, dándonos su primera catequesis. “Si quieres entrar en la vida eterna, cumple los mandamientos” (Mt 19,17). Él parte del conocimiento que el joven ya obtuvo ciertamente de su familia y de la Sinagoga: de hecho, conoce los mandamientos. Ellos conducen a la vida, lo que equivale a decir que nos garantizan autenticidad. Son los grandes indicadores que nos señalan el camino cierto. Quien observa los mandamientos está en el camino de Dios.

No basta conocerlos. El testimonio vale más que la ciencia, o sea, es la propia ciencia aplicada. No nos son impuestos desde afu
era, ni disminuyen nuestra libertad. Por el contrario, constituyen impulsos internos vigorosos que nos llevan a actuar en esta dirección. En su base está la gracia y la naturaleza, que no nos dejan inmóviles. Necesitamos caminar. Nos impulsan a hacer algo para realizarnos nosotros mismos. Realizarse a través de la acción es volverse real. Nosotros somos, en gran medida, a partir de nuestra juventud, lo que queremos ser. Somos, por así decir, obra de nuestras manos.

5. En este momento me dirijo nuevamente a ustedes, los jóvenes. Quiero oír también de ustedes la respuesta del joven del Evangelio: “todo esto lo he observado desde mi juventud”. El joven del Evangelio era bueno, observaba los mandamientos, estaba pues en el camino de Dios, por eso Jesús lo miró con amor. Al reconocer que Jesús era bueno, dio testimonio de que también él lo era. Tenía experiencia de la bondad, y por tanto, de Dios. Y ustedes, jóvenes de Brasil y de América Latina: ¿ya descubrieron lo que es bueno? ¿Siguen los mandamientos del Señor? ¿Descubrieron que éste es el verdadero y único camino hacia la felicidad?

Los años que están viviendo son los que preparan el futuro de ustedes. El “mañana” depende mucho de cómo estén viviendo el “hoy” de la juventud. Por delante, mis queridos jóvenes, tienen una vida que deseamos sea larga; pero es una sola, es única: no la dejen pasar en vano, no la desperdicien. Vivan con entusiasmo, con alegría, pero, sobre todo, con sentido de responsabilidad.

Muchas veces sentimos agitar nuestros corazones de pastores al constatar la situación de nuestro tiempo. Oímos hablar de los miedos de la juventud de hoy. Nos revelan un enorme déficit de esperanza: miedo de morir en un momento en que la vida se está abriendo y busca encontrar el propio camino de realización; miedo de sobrar por no descubrir el sentido de la vida; y miedo de quedar desconectado ante la deslumbrante rapidez de los acontecimientos y de las comunicaciones.

Registramos el alto índice de muertes entre los jóvenes, la amenaza de la violencia, la deplorable proliferación de las drogas que sacude hasta la raíz más profunda a la juventud de hoy, por eso se habla a menudo de una juventud perdida.

Pero mirándolos a ustedes, jóvenes aquí presentes, radiantes de alegría y entusiasmo, asumo la mirada de Jesús: una mirada de amor y confianza, con la certeza de que han encontrado el verdadero camino. Son jóvenes de la Iglesia, por eso los envío a la gran misión de evangelizar a los jóvenes y a las jóvenes que andan errantes por este mundo, como ovejas sin pastor. Sean los apóstoles de los jóvenes, invítenlos a ir con ustedes, a hacer la misma experiencia de fe, de esperanza y de amor; a encontrarse con Jesús para que se sientan realmente amados, acogidos, con plena posibilidad de realizarse. Que también ellos y ellas descubran los caminos seguros de los Mandamientos y así lleguen hasta Dios.

Pueden ser protagonistas de una sociedad nueva si buscan poner en práctica una vivencia real inspirada en los valores morales universales, pero también un empeño personal de formación humana y espiritual de vital importancia. Un hombre o una mujer no preparados para los desafíos reales de una correcta interpretación de la vida cristiana de su medio ambiente será presa fácil de todos los asaltos del materialismo y del laicismo, cada vez más activos en todos los niveles.

Sean hombres y mujeres libres y responsables; hagan de la familia un foco irradiador de paz y de alegría; sean promotores de la vida, desde el inicio hasta su final natural; amparen a los ancianos, pues ellos merecen respeto y admiración por el bien que  hicieron. El Papa también espera que los jóvenes busquen santificar su trabajo, haciéndolo con capacidad técnica y con laboriosidad para contribuir al progreso de todos sus hermanos y para iluminar con la luz del Verbo todas las actividades humanas (cf. Lumen gentium, n. 36).

Pero, sobre todo, el Papa espera que sepan ser protagonistas de una sociedad más justa y más fraterna, cumpliendo las obligaciones ante al Estado: respetando sus leyes, no dejándose llevar por el odio y por la violencia, siendo ejemplo de conducta cristiana en el ambiente profesional y social, distinguiéndose por la honestidad en las relaciones sociales y profesionales. Tengan en cuenta que la ambición desmedida de riqueza y de poder lleva a la corrupción personal y ajena; no existen motivos para hacer prevalecer las propias aspiraciones humanas, sean ellas económicas o políticas, con el fraude y el engaño.

En definitiva, existe un inmenso panorama de acción en el cual las cuestiones de orden social, económico y político adquieren un particular relieve, siempre que tengan su fuente de inspiración en el Evangelio y en la doctrina social de la Iglesia. La construcción de una sociedad más justa y solidaria, reconciliada y pacífica, la contención de la violencia y las iniciativas que promuevan la vida plena, el orden democrático y el bien común y, especialmente, las que llevan a eliminar ciertas discriminaciones existentes en las sociedades latinoamericanas y no son motivo de exclusión sino de recíproco enriquecimiento.

Tengan, sobre todo, un gran respeto por la institución del sacramento del matrimonio. No podrá haber verdadera felicidad en los hogares si, al mismo tiempo, no hay fidelidad entre los esposos. El matrimonio es una institución de derecho natural, que fue elevado por Cristo a la dignidad de sacramento; es un gran don que Dios entregó a la humanidad. Deben respetarlo y honrarlo. Al mismo tiempo, Dios los llama a respetarse también durante el enamoramiento y el noviazgo, pues la vida conyugal que, por disposición divina, está destinada a los casados es solamente fuente de felicidad y de paz en la medida en la que sepan hacer de la castidad, dentro y fuera del matrimonio, un baluarte de esperanzas futuras.

Repito aquí para todos ustedes que “el eros quiere remontarnos ‘en éxtasis’ hacia lo divino, llevarnos más allá de nosotros mismos, pero precisamente por eso necesita seguir un camino de ascesis, renuncia, purificación y recuperación” (Deus caritas est, n. 5). En pocas palabras, requiere espíritu de sacrificio y de renuncia por un bien mayor, que es precisamente el amor de Dios sobre todas las cosas. Traten de resistir con fortaleza las insidias del mal existente en muchos ambientes, que los lleva a una vida disoluta, paradójicamente vacía, al hacerles perder el bien precioso de la libertad y de la verdadera felicidad. El amor verdadero “buscará cada vez más la felicidad del otro, se preocupará por él, se entregará y deseará ‘ser para’ el otro” (Ib. n. 7) y, por eso, será siempre más fiel, indisoluble y fecundo.

Para ello, cuentan con la ayuda de Jesucristo que, con su gracia, hará esto posible (cf. Mt 19,26). La vida de fe y de oración los conducirá por los caminos de la intimidad con Dios, y de la comprensión de la grandeza de los planes que Él tiene para cada uno. “Por amor del reino de los cielos” (ib., 12) algunos son llamados a una entrega total y definitiva, para consagrarse a Dios en la vida religiosa, “eximio don de la gracia”, como fue definido por el Concilio Vaticano II (Decreto “Perfectae caritatis”, n.12).

Los consagrados que se entregan totalmente a Dios, bajo la moción del Espíritu Santo, participan en la misión de Iglesia, dando testimonio de la esperanza en el Reino celestial ante todos los hombres. Por eso, bendigo a todos los religiosos e invoco la protección divina para los que dentro de la mies del Señor se dedican a Cristo y a los hermanos. Las personas consagradas merecen, verdaderamente, la gratitud de la comunidad eclesial: monjes y religiosas, contemplativos y contemplativas, hombres y mujeres dedicados a las obras de apostolado, miembros de institutos seculares y de las sociedades de vida apostólica
, eremitas y vírgenes consagradas. “Su existencia da testimonio del amor a Cristo cuando ellos se encaminan por su seguimiento, tal como éste se propone en el Evangelio y, con íntima alegría, asumen el mismo estilo de vida que Él escogió para sí” (Instrucción “Caminar desde Cristo”, n. 5).

Espero que, en este momento de gracia y de profunda comunión en Cristo, el Espíritu Santo despierte en el corazón de tantos jóvenes un amor apasionado en el seguimiento e imitación de Jesucristo casto, pobre y obediente, dirigido completamente a la gloria del Padre y al amor de los hermanos y hermanas.

6. El Evangelio nos asegura que aquel joven que corrió al encuentro de Jesús era muy rico. Entendemos esta riqueza no sólo en el plano material, la misma juventud es una riqueza singular. Es necesario descubrirla y valorarla. Jesús le dio tal valor que invitó a este joven a participar de su misión de salvación. Tenía todas las condiciones para una gran realización y una gran obra.

Pero el Evangelio nos refiere que ese joven se entristeció ante la invitación. Se alejó abatido y triste. Este episodio nos hace reflexionar una vez más sobre la riqueza de la juventud. No se trata, en primer lugar, de bienes materiales, sino de la propia vida, con los valores inherentes a la juventud. Proviene de una doble herencia: la vida, transmitida de generación en generación, en cuyo origen primero está Dios, lleno de sabiduría y de amor; y la educación que nos inserta en la cultura, a tal punto que, en cierto sentido, podemos decir que somos más hijos de la cultura y por eso de la fe, que de la naturaleza. De la vida brota la libertad que sobre todo en esta fase se manifiesta como responsabilidad. Es el gran momento de la decisión, en una doble opción: una en cuanto al estado de vida y otra en cuanto a la profesión. Responde a la pregunta: ¿qué hacer con la vida?

En otras palabras, la juventud se muestra como una riqueza porque lleva al descubrimiento de la vida como don y como tarea. El joven del Evangelio percibió la riqueza de su juventud. Fue hasta Jesús, el Buen Maestro, a buscar una orientación. Pero a la hora de la gran opción no tuvo el coraje de apostar todo en Jesucristo. Consecuentemente salió de allí triste y abatido. Es lo que pasa cada vez que nuestras decisiones flaquean y se vuelven mezquinas e interesadas. Sintió que faltó generosidad, lo que no le permitió una realización plena. Se replegó sobre su riqueza, tornándola egoísta.

Jesús sintió mucho la tristeza y la mezquindad del joven que había ido a buscarlo. Los Apóstoles, como todos y todos ustedes hoy, cubren el vacío dejado por aquel joven que se retiró triste y abatido. Ellos y nosotros estamos alegres porque sabemos en quién creemos (2 Tim 1,12). Sabemos y damos testimonio con nuestra propia vida de que sólo Él tiene palabras de vida eterna (Jn 6,68). Por eso, como San Pablo, podemos exclamar: “estén siempre alegres en el Señor” (Fil 4,4).

7. Mi pedido hoy, a ustedes jóvenes, que vinieron a este encuentro, es que no desaprovechen su juventud. No intenten huir de ella. Vívanla intensamente, conságrenla  a los elevados ideales de la fe y de la solidaridad humana. Ustedes, jóvenes, no sólo son el porvenir de la Iglesia y de la humanidad, como una especie de fuga del presente, por el contrario: son el presente joven de la Iglesia y de la humanidad. Son su rostro joven. La Iglesia necesita de ustedes, como jóvenes, para manifestar al mundo el rostro de Jesucristo, que se dibuja en la comunidad cristiana. Sin ese rostro joven la Iglesia se aparecería desfigurada.

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