Marzo 2008
La mesa de mi cocina
La mesa de mi cocina es muy pequeña
pero para la mosca que revolotea a mi alrededor es enorme.
Mi mesa es de madera maciza
pero un neutrino puede atravesarla fácilmente sin dejar rastros.
Vista desde el espacio sideral gira,
como todo en la Tierra, a miles de kilómetros por hora.
Si mi mesa de cinco kilos estuviera en la Luna
pesaría solamente dos kilos
y si llegara al campo de una estrella de gran intensidad
pesaría cien mil
Mi mesa está pintada de blanco (yo mismo la desfiguré)
pero de noche es azul ultramar
y cuando apago la luz desaparece.
Mi mesa se alegra con las conversaciones,
le disgustan la radio y la televisión,
no quiere que esté solo
y prefiere las manchas de vino
a una esponja embebida con detergente.
No sé si sabe algo acerca del Universo,
de la física quántica, del recalentamiento de la atmósfera,
pero cuando la miro tiernamente,
en un bello lugar del mundo
dos hermanos que se habían jurado odio eterno
se abrazan.
DVD: Venus/Sin reservas/ Hairspray
Venus
Gran Bretaña, 2006; dirección: Roger Mitchell; intérpretes: Peter OToole, Vanessa Redgrave, Jodie Whittaker; AM 13.
Maurice es un anciano actor que consigue seguir en actividad haciendo de cadáver en series de televisión. En su juventud tuvo fama, belleza y mujeres, y según afirma no tuvo más objetivos que darle placer a los demás. Peter OToole (Lawrence de Arabia) es la estrella indiscutida de esta pequeña película británica dirigida por Roger Mitchell (cuyo trabajo anterior fue El intruso, basada en Amor perdurable, de Ian McEwan) y escrita por el guionista y narrador Hanif Kureishi (Intimidad).
Maurice y su amigo Ian se reúnen a hablar de sus achaques en un bar junto con sus amigos de teatro. Ian acepta recibir en su casa a la hija de una sobrina, una veinteañera llamada Jesse, con la esperanza de que la chica le cocine y lo cuide. Inculta, adicta a la comida chatarra, la cerveza y la televisión, ella tiene la improbable aspiración de convertirse en modelo, y ningún plan b. Maurice, en cambio, quedará de una extraña manera prendado por ella, de su juventud y de su cuerpo, convirtiéndola en su último objeto de deseo. Ella, por su parte, será a la vez cruel y hosca, aceptando la admiración pero pidiendo algo a cambio.
OToole comprende exactamente que el centro del filme no es el improbable romance entre una jovencita y un anciano, sino otra cosa: el deseo que permanece intacto con los años, la sed de belleza a pesar de la decadencia del cuerpo. La trama pierde dinamismo hacia el final pero gana, tal vez, en poesía. Además de la soberbia interpretación de OToole, que fue nominado al Oscar por este rol, sobresalen Vanessa Redgrave como la ex mujer de Maurice y Leslie Phillips como el amigo Ian, a quien le tocan algunas de las líneas más irónicas y mejor escritas del film.
Sin reservas
Gran Bretaña, EE:UU.; 2007; dirección: Scott Hicks; intérpretes: Catherine Zeta Jones, Aaron Eckhart, Abigail Breslin, Patricia Clarkson; A.T.P.
Remake de Hollywood de la simpática película alemana Bella Martha, esta comedia dramática con toques románticos tiene como protagonista a
Zeta Jones aparece deslucida en este rol algo esquemático. El encanto del actor Aaron Eckhart, en su primer trabajo oficial en una comedia romántica, es desperdiciado en un personaje demasiado lineal, que tiene poco para decir. Algo parecido sucede con Patricia Clarkson, actriz que ha brillado en el cine independiente norteamericano, quien aquí interpreta a la dueña del restaurant. La niña Abigail Breslin (Pequeña Miss Sunshine) aporta honestidad a su personaje, sin caer en el cliché del niño actor simpático, a pesar de las trampas que le tiende un guión acaramelado y previsible. Eso sí, impecables los rubros técnicos como fotografía, edición y locaciones elegidas.
Hairspray
EE.UU. 2007; dirección: Adam Shankman, intérpretes: Nikki Blonsky, John Travolta, Michelle Pfeiffer, Zac Efron, Queen Latifah, Christopher Walken; A.T.P.
Éxito de público en Broadway durante años, la obra musical Hairspray es la adaptación de una película realizada en 1988 por el controvertido director John Waters. Ahora llega al cine de la mano del coreógrafo y director Adam Shankman. La historia presenta a Tracy Turnblad, una adolescente gordita que aspira a bailar en un programa de la televisión local. Estamos en la ciudad de Baltimore a principios de los años 60, y la gente de color sólo puede bailar en el programa un día a
Tamizado por Hollywood y pensado para todo tipo de audiencias, el film pierde mucho del espíritu camp del primero. Sin embargo, responde más a una tradición teatral musical que a los de la era de oro en pantalla grande protagonizados por Fred Astaire y Gene Kelly. Como ocurrió en el teatro y en el primer filme, el personaje de Edna, madre de Tracy, es interpretado por un hombre. En este caso, John Travolta se presta al juego: baila y canta en tacos altos, cubierto por kilos de maquillaje y dentro de un traje especial que lo convierte en una señora obesa. De todos modos, quienes se las arreglan para sobresalir en un elenco tan numeroso son Queen Latifah, James Marsden y los jóvenes Zac Efron y Elijah Kelley. El mérito no es menor si se tiene en cuenta que Michelle Pfeiffer y Christopher Walken también figuran entre los convocados.
María Molteno
La joven vida de Juno/ Promesas del Este
La adopción y la sexualidad adolescente son temas que aparecen, con diferente mirada, en dos de las mejores películas estrenadas en febrero de 2008 (otras dos serían Cometas en el cielo, con objeciones, y Miss Potter, simpática, bien vestida, y hasta levemente emotiva).
En verdad, a los estómagos sensibles no podemos recomendarles impunemente Promesas del Este. Cierto que los asesinatos que hay en esta película se cuentan con los dedos de una mano, pero también es cierto que al primero que degüellan también le cortan los dedos, y eso ocurre a los pocos minutos del comienzo. Después hay algunos otros poquitos hechos, digamos, desagradables a la vista, pero la tensión, la sensación de estar abismados a un mundo sombrío, se mantiene a todo lo largo (con un momento tan fuerte en el medio que, por lo hiperbólico, logra aflojar los nervios del espectador). Ya se sabe, este relato habla de la mafia rusa que vive y opera en Londres, en convivencia con mafiosos turcos y chechenos, todos con apariencia cordial de buenos inmigrantes, pero con un negocio infame de trasfondo: la trata de blancas.
El asunto se dispara cuando una chica de 14 años, embarazada, se desploma sangrando en una farmacia. Ella muere, su hija nace. Junto a la niña quedan unos pocos objetos personales, entre ellos un diario íntimo escrito en ruso. La joven obstetra de un hospital decide hacerse cargo de
El mundo es chico, la convención es grande, y también hay que aceptar otra convención: que una adolescente haya podido escribir tanto en su prisión prostibularia sin que le quiten el cuaderno. Pero gracias a eso se enhebra la historia, y la obra entera sirve como advertencia para mucha gente incauta o permisiva, incluyendo jovencitas deslumbradas con falsas promesas de trabajo placentero. A todo esto, la criaturita corre peligro, y todavía no tiene un hogar. También otras personas corren peligro, y el único hombre en quien la joven podría confiar, no es muy confiable que digamos. Ni siquiera el público sabe si es confiable.
En otra película sería el que desenmascara la organización y se queda con la rubia, pero acá hay que esperar a ver qué pasa. Y lo que pasa es como un remache bien puesto, ineludible e inesperado. En resumen: diversas formas de lealtad, y de piedad, en un drama sólido, inquietante, a veces también divertido, y muy bien actuado, que empieza como un cuento navideño de humor negro y culmina en un momento de placidez primaveral, y una ilusión de familia casi completa. Eso es todo lo que podemos anticipar, a los estómagos fuertes.
En contraposición, Juno parece una comedia familiar simplemente simpática. Quizá lo sea dentro de unos años, pero hoy, tal como están las cosas, ha provocado varias discusiones, y hasta campañas de rechazo por parte de algunos sectores. No es para tanto. Más bien es para verla y después comentarla entre padres e hijos. En los Estados Unidos se la calificó de Parental Guidance - 13, o sea que los chicos no entran sin los padres. Lo mismo en el Canadá angloparlante donde se filmó, mientras en el Canadá francófono la autorizaron para todo público.
¿A qué se debe tanta vuelta? A que Juno es una colegiala de 16 años que se descubre embarazada. No tiene el menor espíritu maternal (jamás la vemos ni siquiera acercarse a su pequeña hermanita), no piensa casarse, decide abortar, concurre para ello a un organismo feminista donde las pacientes están literalmente rascándose, cambia de opinión, y acepta la propuesta de una amiga: dará la criatura en adopción a una pareja elegida por ella misma. Recién ahí les comunica su estado a sus mayores. Su padre la acompaña, y la mujer de su padre
Lo que antes era motivo de bochorno y expulsión, hoy se nos presenta como una experiencia juvenil que a cualquiera le puede pasar, sin convertirse por ello en una cualquiera. Lástima que tampoco se pueda convertir en una madre, y nadie a su alrededor sienta que eso es una verdadera pena (salvo, quizá, una chinita que milita en soledad contra el aborto). Pero después viene otro conflicto, más novelesco. La mujer de la pareja adoptiva es fina, estructurada, y al borde de
En cambio la mujer pobre no es la histérica que podía pensarse. Simplemente, será la madre adoptiva toda asustada, emocionada, y decidida que corresponde, y que al bebé quizá mejor le conviene (hablando de inmaduro, el verdadero padre de la criatura es un flacuchito de pantalones ridículos y cara igual a la madre, que es enteramente ridícula, un chico que todavía no sabe cómo crecer, para dónde, ni con quién). El asunto actualiza un film de 1970, Hijo por encargo (The Baby Maker), pero ahí la embarazada, Barbara Hershey a los 22 años, era una hippie, y en Norteamérica se discutían nuevos conceptos de familia.
En Juno (con Ellen Page, de 20, fingiendo 16), lo que se plantea es la contención de la familia, el sazonamiento de la adolescencia, la calibración del matrimonio, pero también, peligrosamente, el manejo del tiempo. Algún día regresarás aquí, cariño. Cuando te toque, le dice el padre a la hija en
La Libertadora
Este libro llegó al público casi al mismo tiempo que su autora era incorporada como miembro de número a
El momento histórico elegido por la autora para su nuevo aporte es también historia viva para los que promediamos los sesenta, y por eso sensaciones, miedos, fervores, nombres admirados y denostados, ilusiones y cegueras, acompañan
Queda claro que, a diferencia de otras interrupciones del orden constitucional (aunque, ¿cuánto de constitucional tenía el régimen depuesto en 1955?)
Baste mencionar a dos de los protagonistas, ambos ilustres, ambos en posiciones diferentes, el ministro de Educación, Atilio Dell´Oro Maini, uno de los fundadores de Criterio, y el interventor en la Universidad de Buenos Aires, José Luis Romero. Y esto se repetía en otras universidades del país al tiempo que se reabrían debates pendientes en lo educativo como en otros. Los políticos fueron convocados desde el principio para preparar la etapa posterior del gobierno que se definía como provisional.
Sobre el final de la obra, Sáenz Quesada cita a Carlos Fuentes cuando se refiere a la enorme evolución cultural ininterrumpida que han tenido en los últimos cincuenta años y agrega que los años
la actualidad, cumplen tan valiosa tarea en la promoción de la ciencia y de la cultura; y el restablecimiento de las academias nacionales, iniciativa cuyo mérito corresponde a Dell´Oro Maini. No faltaron, seguro, las estrecheces de mente, las mezquindades, los revanchismos, reflejos de una sociedad dramáticamente enfrentada desde mucho antes de 1955.
La Libertadora, como los gobiernos de facto que vinieron luego (y el de 1943-1946 por cierto), fue tributaria de divisiones internas y luchas de poder castrenses. Con más razón porque, como ocurre en las revoluciones, estaban los que querían incorporar más que excluir, y estaban los que proclamaban una suerte de nueva ortodoxia en la que sólo tenían cabida quienes habían estado en la oposición activa al gobierno caído, y todo lo demás era, al menos, sospechoso.
Las Fuerzas Armadas, señala MSQ, entraron en un proceso deliberativo, con sucesivas crisis y purgas, que se proyectarán a lo largo de las presidencias constitucionales y más allá, con los resultados bien y penosamente conocidos. La autora traza las contradicciones del momento, simbolizadas en los dos presidentes Eduardo Lonardi y Pedro E. Aramburu, y en otras personalidades de peso decisivo, como los marinos Isaac F. Rojas y Arturo Rial, a cuyos archivos pudo acceder. Los evoca con agudeza: la nobleza y la fragilidad de Lonardi, la personalidad un tanto desvaída de Aramburu, que se afirma a medida que hace suyo el compromiso de entregar el poder ni un minuto antes ni un minuto después al vencedor en las elecciones.
Se destaca la agilidad y penetración del vicepresidente Rojas, de rápidos reflejos, en contacto diario con la vida política a través de
En el área económica, cabe señalar la participación de Raúl Prebisch, aunque su plan no haya podido implementarse por las disensiones entre grupos y factores de poder; tal vez una de las oportunidades perdidas. Y mencionemos que el primer anuncio de un concordato con
las tensiones especialmente en torno de la enseñanza libre, y las soluciones de compromiso como fueron la suspensión del divorcio vincular y el no restablecimiento
de la enseñanza religiosa obligatoria.
Una sensación de tristeza asalta al lector (a quien esto escribe al menos) a medida que se avanza desde la exaltación de las jornadas de septiembre de 1955 hasta la asunción de la presidencia por Arturo Frondizi. Como de tantos otros momentos, no puede dejar de pensarse en lo que pudo ser y no fue, en las frustraciones que no permitieron cicatrizar las heridas sino que profundizaron las antinomias. Claro, es fácil acertar al día siguiente. Por una parte, existió la desilusión de quienes se sintieron convocados a construir un país sin vencedores ni vencidos y probaron el amargo sabor de la derrota.
Por otra, la fractura de
Ciertamente, los fusilamientos de junio de 1956 son el capítulo más negro y doloroso, con varias lecciones, que la autora resalta: quizás la más importante, que los gobernantes asumieron las responsabilidades, a diferencia de lo que sucedió después, y que, como resulta de una reveladora carta del almirante Rojas tan temprano como 1957, Aramburu avizoraba que podía ser juzgado por esas muertes cuando se restablecieran las instituciones. ¡Qué lejos y qué cerca, paradójicamente, de lo ocurrido, su asesinato a manos de los nacientes montoneros en un sótano en Timote! Las circunstancias que rodearon los hechos, un intento contrarrevolucionario en junio de 1956, de antemano condenado al fracaso, las figuras de los oficiales sublevados, en particular la del general Juan José Valle, son descriptas con la hondura que suscitan las cartas escritas al pie del cadalso, como
Dos apuntes más. El general Valle en 1955 había aconsejado a Perón entregar armas a la CGT, y esa posibilidad fue, precisamente, uno de los detonantes del levantamiento de septiembre. Otro, la pequeñez de Perón que, embarcado en un proyecto insurreccional, trata con desprecio a los militares sublevados que pagaron con sus vidas la lealtad hacia él. Y todavía una tercera en honor a la verdad histórica: Perón reprimió y castigó a los rebeldes de 1951 y junio de 1955 pero no los fusiló.
La cultura del nuevo capitalismo
Los apóstoles del nuevo capitalismo sostienen que su versión de estos tres temas: trabajo, talento y consumo, añade más libertad a la sociedad moderna, una libertad fluida, una modernidad líquida, según la acertada expresión del filósofo Zygmunt Bauman. Mi disputa con ellos no estriba en saber si su versión de lo nuevo es real o no; las instituciones, las habilidades y las pautas de consumo han cambiado, sin duda. Lo que yo sostengo es que estos cambios no han liberado a la gente.
El párrafo introductorio sintetiza la propuesta de Richard Sennett en este ensayo basado en tres conferencias que pronunciara en 2004 en la Universidad de Yale. Prestigioso sociólogo y profesor de
En el primer capítulo, titulado Burocracia, Sennet afirma que en los sectores más dinámicos de la economía las finanzas, la tecnología de punta y las comunicaciones con alto valor social paradigmático, la institución estable de la pirámide weberiana, ha perimido. La organización capitalista abrió la jaula de hierro que protegía y encerraba a la vez, pero no para colmar las expectativas superadoras de gestión cara a cara que alentaba
El tardo capitalismo, apoyado en las tecnologías de la información, no se vino abajo sino que se adaptó a los tiempos y eligió una organización con programas flexibles de producción, redujo los niveles jerárquicos intermedios, precarizó el trabajo y adoptó la secuencia no lineal. Las órdenes ya no bajan por la pirámide ni dan lugar a interpretación, parten de un centro en el que se ha reforzado el poder y llegan en forma instantánea a
En el segundo capítulo, El talento y el fantasma de la inutilidad, el autor afirma que las tres amenazas que aterrorizan al trabajador: la oferta global de fuerza de trabajo, la automatización y el envejecimiento, se tornan más ominosas por el cambio de valoración del talento que desplazó el enfoque de la artesanía a la meritocracia. El trabajo artesanal es aquel que trata de hacer algo bien por el mero hecho de hacerlo bien, lo que no encaja en las necesidades de las nuevas instituciones flexibles, basadas en transacciones a corto plazo y en el cambio constante, presupuestos que no dan lugar para el perfeccionamiento. El mérito, en el capitalismo moderno, no evalúa el saber adquirido sino la capacidad potencial de saber, lo que, al decir de Sennett va en desmedro del talento.
A lo largo del capítulo 3, Política de consumo, Sennett expresa su sospecha, o casi certidumbre, de que la política correspondiente al nuevo capitalismo es mercadotecnia. Mientras que la idea misma de democracia requiere mediación y discusión cara a cara, hoy, a su juicio, se emplean todas las trampas de seducción de la publicidad para hacer atractivas en el mercado las personalidades y las ideas de los políticos. En ese supuesto el ciudadano actúa como un consumidor que elige un producto político que satisfaga una necesidad inmediata, a la espera de que el mercado estimule la aparición de otra nueva. El consumo político implica, para el autor, la deriva no progresista de la nueva cultura.
Sennett se pregunta retóricamente: ¿Quiere esto decir que no hay nada que hacer? En el último capítulo, una especie de epílogo, que titula: Capitalismo social en nuestro tiempo, se responde expresando una conclusión y una esperanza: Lo que estas páginas han tratado de explorar es una paradoja: un nuevo orden del poder obtenido a través de una cultura cada vez más superficial. Puesto que la gente sólo puede afirmarse en la vida tratando de hacer algo bien por el simple hecho de hacerlo bien, el triunfo de la superficialidad en el trabajo, en las escuelas y en la política me parece frágil. Tal vez la rebelión contra esta cultura debilitada constituya nuestra próxima nueva página de la historia.
El error que impidió la visita del Papa a La Sapienza
Ante la recolección de firmas entre profesores, investigadores y doctorandos de las universidades italianas en solidaridad con los 67 profesores cuya carta impidió la visita del Papa a la universidad de La Sapienza, LOsservatore Romano edición diaria italiana fechada el 6 de febrero advirtió de la difusión de un error que suscriben ahora otros 1.479. Ofrecemos el comentario del diario de
* * *
Los 1.479 firmantes del llamamiento de solidaridad hacia los 67 profesores de La Sapienza con cuya carta, de hecho, impidieron a Benedicto XVI hablar en sede universitaria, han escrito: Los signatarios afirmamos que nos habríamos comportado como los 67 en nombre de la libertad de la investigación y de la ciencia (da noticia de ello el Corriere della Sera del 5 de febrero). Tal vez los 1.479 desconocen que, en nombre de la libertad de la investigación y de la ciencia, han dado por buena una falsedad, aceptando una afirmación sin comprobar su verosimilitud.
En la carta de los 67 se lee: El 15 de marzo de 1990, siendo aún cardenal, en un discurso en la ciudad de Parma, Joseph Ratzinger retomó una afirmación de Feyerabend: En la época de Galileo la Iglesia se atuvo a la razón más que el propio Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo. Son palabras que, como científicos fieles a la razón y como profesores que dedican su vida al progreso y a la difusión del conocimiento, nos ofenden y nos humillan. En nombre de la laicidad de la ciencia y de la cultura y en el respeto de este Ateneo nuestro, abierto a profesores y estudiantes de todo credo y de toda ideología, esperamos que el incoherente evento aún se pueda anular.
Si antes de apresurarse a suscribir la solidaridad con los 67, alguno de los 1.479 hubiera verificado tal afirmación, habría descubierto que quien escribió la carta obtuvo la cita del discurso de Ratzinger a partir de
Que Wikipedia sea con toda probabilidad la fuente de la que se tomó la cita lo testimonia el hecho de que en la carta de los 67 se hace referencia a una conferencia del cardenal Ratzinger del 15 de marzo de 1990 en Parma. La conferencia tuvo lugar, pero en Roma, en
El texto de aquella conferencia se halla en un libro, publicado en 1992 por Edizioni San Paolo con el título Svolta per lEuropa? Chiesa e modernità nellEuropa dei rivolgimenti. A pie de página consta la siguiente Advertencia del autor: La primera redacción de esta contribución se presentó el 16 de diciembre de 1989 en Rieti aún bajo la viva impresión de los acontecimientos recién registrados en Europa oriental como intento de una reflexión inicial sobre las causas y consecuencias de cuanto ocurrió. La versión aquí presentada es la que se usó en una conferencia en
Ahora bien: lo sorprendente es que quien tomó la cita de Feyerabend no puede dejar de haber leído la continuación* de la misma, contenida en Wikipedia, que permite darse cuenta de que el sentido de la frase de Ratzinger es exactamente el contrario del que los 67 profesores han pretendido atribuir al Papa.
Cada uno es libre de juzgar si este modo de usar la razón es correcto o no se trata más bien de un acto de deslealtad: el riesgo de plegar la razón ante la presión de los intereses y la atracción de la utilidad es exactamente aquello de lo que habría alertado el Papa al cuerpo docente de La Sapienza, si hubiera podido hablar. Que cada cual juzgue quién defendió de verdad la razón.
*Ndt: El párrafo aludido de Wikipedia en italiano está disponible en http://it.wikipedia.org/wiki/Papa_Benedetto_XVI. Dice, en su versión completa consultada este miércoles: El 15 de marzo de 1990, siendo aún cardenal, en un discurso en la ciudad de Parma, retomó una afirmación de Feyerabend: En la época de Galileo la Iglesia se atuvo a la razón más que el propio Galileo. El proceso contra Galileo fue razonable y justo, añadiendo: Sería absurdo construir sobre la base de estas afirmaciones una apresurada apologética. La fe no crece a partir del resentimiento y del rechazo de la racionalidad, sino desde su fundamental afirmación y desde su inscripción en una racionabilidad mayor. Aquí he querido recordar un caso sintomático que evidencia hasta qué punto la duda de la modernidad sobre sí misma recurre hoy la ciencia y la técnica; mostrando por lo tanto que critica las ideas de Feyerband sobre Galileo, de cuyo proceso Juan Pablo II había pedido oficialmente excusas por el error de la Iglesia. Traducción-adaptación: Marta Lago.
La frustrada visita del Papa a La Sapienza
El profesor Antonino Zichichi, presidente de
Zichichi trabajó en el campo de la física subnuclear (física de partículas) en los laboratorios Fermilab de Chicago, Estados Unidos, y en
Hablando de la relación entre razón y fe, el profesor Zichichi señala que los resultados logrados por la ciencia actual serían impensables sin ese acto de fe y de humildad intelectual, madurado dentro de la cultura católica con Galileo Galilei.
-¿Qué es para usted la razón?
-Nosotros somos la única forma de materia viviente a la que le ha sido dado el privilegio de la razón; y gracias a la razón la forma de materia viviente a la que pertenecemos ha podido descubrir el lenguaje, la lógica y
Una lógica que nos ha permitido estudiar y comprender pero que nadie será nunca capaz de alterar. Sin la razón, no habríamos podido descubrir la ciencia, esta extraordinaria aventura intelectual, iniciada hace sólo 400 años con Galileo Galilei y las primeras leyes fundamentales de la naturaleza descubiertas por él.
Galileo las llamaba huellas del Creador, huellas que podían incluso no existir. En cambio, él estaba convencido de que existían y de que estaban presentes tanto en las estrellas como en la materia vulgar, como las piedras, en las que en aquel tiempo todos estaban convencidos de que no era posible encontrar verdades fundamentales. Precisamente estudiando las piedras Galileo empezó a buscar aquellas huellas, por un acto de fe en el Creador.
Un acto de fe y de humildad que nos ha permitido llegar hoy, en sólo cuatro siglos, a concebir la existencia del supermundo: la más alta cima de los conocimientos científicos galileanos, por tanto del saber riguroso, respecto a lo inmanente. Las fronteras mismas del supermundo confirman lo que decía antes, es decir que somos la única forma de materia viviente dotada de razón.
-Se han atribuido al Papa falsas declaraciones de condena respecto a Galileo Galilei, luego desmentidas. ¿Cuál cree que es el pensamiento de Benedicto XVI sobre Galileo?
-Para Benedicto XVI, la razón está en el centro de la cultura de nuestro tiempo. Su pensamiento sobre Galileo ha sido alterado, extrapolando una cita de Feyerabend (que declaraba justa la condena de Galilei), perteneciente a un discurso que en realidad tenía como objetivo mantener la tesis opuesta. Y justo en Galileo el Papa ve una unión entre ciencia y fe.
El 6 de abril de
-¿Qué es la ciencia?
-La ciencia, nos recuerda Benedicto XVI, nace del acto galileano de humildad intelectual: Aquél que ha hecho el mundo es más inteligente que todos nosotros, científicos, filósofos, artistas, matemáticos, sin excluir a nadie. Para conocer la lógica que eligió el Creador para crear el mundo y a nosotros mismos, sólo hay una posibilidad: hacerle preguntas de modo riguroso. Este es el significado de experimento de cuño galileano y de aquí nace la ciencia galileana, que exige rigor y reproducibilidad.
Si yo en 1965 hubiera podido demostrar la existencia de la antimateria nuclear sólo con papel y pluma y usando el rigor de la matemática, no habría necesitado hacer un experimento sumamente difícil, para el que fue necesario inventar un circuito electrónico especial que midiera el tiempo de vuelo de las partículas subnuclares, con una precisión hasta entonces nunca obtenida: fracciones de nanosegundos (una mil millonésima parte de un segundo).
Para hacer un descubrimiento científico es por tanto necesario rendirse a la superioridad intelectual del Creador de todas las cosas visibles e invisibles, y realizar un experimento. Es lo que sucedió con la antimateria nuclear y con muchos otros descubrimientos.
Cada descubrimiento fue obtenido siempre tras un experimento que exigió al menos una invención tecnológica, como por ejemplo el más potente detector de neutrones, que ha permitido descubrir una formidable propiedad del universo subnuclear. No es una propiedad banal de las estructuras subnucleares, sino el resultado de las leyes que gobiernan el universo cuya regularidad y cuyas leyes ningún filósofo, lógico matemático, pensador, nadie, supo prever.
Si fuera suficiente el rigor de la lógica matemática para comprender cómo está estructurado el universo subnuclear, no necesitaríamos construir estructuras complejas y gigantescas como la nueva máquina que entrará en funcionamiento a finales de este año en el CERN de Ginebra: una pista magnética de
-Usted habla a menudo de la necesidad de humildad intelectual en la investigación científica…
-Si no hubiera sido por el acto de humildad intelectual del padre de la ciencia moderna, Galileo, habríamos permanecido detenidos, quién sabe por cuántos siglos todavía, en lo que pensaban nuestros antepasados: basta ser inteligentes para comprender cómo está hecho el mundo.
Durante diez mil años, desde el alba de la civilización hasta el siglo XVI, todas las culturas creyeron ilusoriamente saber descifrar el Libro de la naturaleza sin hacer nunca una sola pregunta a su Autor. He aquí por qué a ninguna cultura le tocó el privilegio de descubrir ninguna ley fundamental de la naturaleza.
Hoy, la ciencia ha llegado al umbral del supermundo por aquel acto de fe y de humildad intelectual, madurado en el corazón de la cultura católica con Galileo, que Juan Pablo II, el 30 de marzo de 1979, en el Vaticano, estando presentes representantes de los físicos de toda Europa, definió hijo legítimo y predilecto de la Iglesia católica. Con su coraje intelectual y espiritual, Juan Pablo II trajo de nuevo a casa por fin los tesoros de la ciencia galileana, que son auténticas conquistas de la cultura católica. Y Benedicto XVI es hoy el máximo custodio de estos tesoros en la continuidad cultural de su apostolado con el de Juan Pablo II.
-¿Esto se conecta con la alianza entre ciencia y fe que usted ha mantenido siempre?
-El papa Juan Pablo II, abriendo las puertas de la Iglesia católica a la ciencia galileana, dio vida a esta gran alianza entre fe y ciencia. Una alianza de la que es prueba la frase ciencia y fe son ambas dones de Dios, grabada sobre hierro y expuesta a los científicos de todo el mundo en el Centro de cultura científica Ettore Majorana, en Erice. La cultura de nuestro tiempo se dice moderna pero de hecho es prearistotélica, como lo prueba esa carta que firmaron 67 personas que hoy se han convertido según me han dicho en muchos miles.
Sin embargo, Enrico Fermi enseña que la ciencia está fundada en la meritocracia y no en el número de quienes firman una presunta verdad. No se pueden someter a votación las Fuerzas de Fermi o la ecuación de Dirac. Ni las leyes que seguimos descubriendo en el universo subnuclear. La democracia está bien para la política, no para las verdades científicas. Si viviéramos como pretende la cultura dominante atea en la era de la ciencia, esa carta no hubiera tenido una sola firma: nunca habría sido escrita.
Las raíces de esa carta están en la cultura de nuestro tiempo que como señalé antes se dice moderna, pero de hecho es prearistotélica. En efecto, ni la lógica rigurosa ni la ciencia han entrado todavía en el corazón de esta cultura que como ha escrito el papa Benedicto XVI en el discurso preparado para la visita a La Sapienza obliga a la razón a permanecer sorda al gran mensaje que viene de la fe cristiana y de su sabiduría. Comportándose así, esta cultura no permite que las raíces de la razón penetren hasta los manantiales que alimentaban su savia vital.
La síntesis más hermosa del pensamiento del papa Benedicto XVI está grabada en la cúpula de la basílica de Santa María de los Ángeles y de los Mártires en Roma, en la que hay otra famosa frase de Juan Pablo II: La ciencia tiene raíces en lo inmanente pero lleva al hombre hacia lo trascendente. Negar a Benedicto XVI el derecho de llevar a los jóvenes el mensaje de la gran alianza entre fe y ciencia ha sido un acto de oscurantismo, no de laicidad.
(Traducción del italiano por Nieves San Martín - Zenit)
Mantener despierta la sensibilidad a la verdad
Magnífico rector, autoridades políticas y civiles, ilustres docentes y personal técnico y administrativo, queridos jóvenes alumnos:
Es para mí motivo de profunda alegría reunirme con la comunidad de
La Iglesia de Roma contempla desde siempre con simpatía y admiración este centro universitario, reconociendo su dedicación, en ocasiones ardua y fatigosa, a la investigación y a la formación de las nuevas generaciones. Durante estos últimos años no han faltado momentos significativos de colaboración y de diálogo. Recuerdo, en particular, el encuentro mundial de rectores con ocasión del Jubileo de las Universidades, en el que vuestra comunidad se hizo cargo no sólo de la acogida y la organización, sino, por encima de todo, de la profética y compleja propuesta de la elaboración de un nuevo humanismo para el tercer milenio.
Tengo el placer, en la presente circunstancia, de expresar mi gratitud por la invitación que me ha sido dirigida a acudir a vuestra universidad para impartir en ella una lección. Desde esta perspectiva me he planteado ante todo la siguiente pregunta: ¿Qué puede y debe decir un Papa en una ocasión como ésta? En mi lección de Ratisbona hablé, desde luego, como Papa, pero lo hice sobre todo en mi calidad de antiguo profesor de aquella universidad mía, tratando de enlazar recuerdos y actualidad. Pero
Verdad es que La Sapienza fue antaño la universidad del Papa, pero hoy es una universidad laica dotada de esa autonomía que, con arreglo a su propio concepto fundacional, siempre ha formado parte de la naturaleza universitaria, que ha de vincularse exclusivamente a la autoridad de
Y vuelvo a mi pregunta inicial: ¿Qué puede y debe decir el Papa en su encuentro con la universidad de su ciudad? Reflexionando sobre este interrogante, me ha parecido que éste encerraba otros dos, cuya aclaración debería encaminarnos por sí sola hacia
La palabra obispo (epískopos), que en su significado más inmediato remite a vigilante, ya en el Nuevo Testamento se fundió con el concepto bíblico de pastor: el obispo es quien, desde un punto de observación más elevado, mira al conjunto, ocupándose del camino correcto y de la cohesión de éste. A este respecto, dicha designación de su misión orienta nuestra mirada ante todo hacia el interior de la comunidad creyente. El obispo el pastor es el hombre que vela por esa comunidad, el que la conserva unida manteniéndola en el camino que lleva a Dios, indicado según la fe cristiana por Jesús, y no sólo indicado, pues él mismo es para nosotros el Camino.
Pero esa comunidad por la que el obispo vela, ya sea grande o pequeña, vive en el mundo: sus condiciones, su camino, su ejemplo y su palabra influyen inevitablemente en todo el resto de la comunidad humana en su conjunto. Y cuanto mayor sea, sus buenas condiciones o su eventual degradación repercutirán en mayor medida en toda
Llegados a este punto, sin embargo, surge de inmediato la objeción según la cual el Papa no hablaría realmente sobre la base de la razón ética, sino que tomaría sus juicios de la fe, por lo que no podría pretender que éstos fueran válidos para cuantos no comparten esa fe. Tendremos que abordar de nuevo este argumento, toda vez que plantea la cuestión absolutamente fundamental: ¿Qué es la razón? ¿Cómo puede una afirmación sobre todo una norma moral demostrarse razonable?
Quisiera aquí, por ahora, señalar tan sólo brevemente que John Rawls, si bien niega el carácter de razón pública a las doctrinas religiosas comprensivas, ve sin embargo en la razón no pública de ellas al menos una razón que no podría, en nombre de una racionalidad insensibilizada por el laicismo, permanecer completamente desconocida para cuantos
En esta afirmación me parece importante el reconocimiento de que la experiencia y la demostración a lo largo de generaciones el fondo histórico de la sabiduría humana constituyen también una señal de su razonabilidad y de su significado persistente. Ante una razón ahistórica que intenta autoconstruirse únicamente en una racionalidad ahistórica, hay que valorizar la sabiduría de la Humanidad como tal la sabiduría de las grandes tradiciones religiosas como un fenómeno que no se puede tirar impunemente a la papelera de la historia de las ideas.
Volvamos a la pregunta de partida. El Papa habla como representante de una comunidad creyente en la que, a lo largo de siglos de existencia, ha madurado una determinada sabiduría de vida; habla como representante de una comunidad que guarda en sí un tesoro de conocimiento y de experiencia ética importante para toda la Humanidad: en este sentido habla como representante de una razón ética.
Pero ahora hemos de preguntarnos: ¿Qué es, pues, la universidad? ¿Cuál es su función? Se trata de una pregunta gigantesca a la que, una vez más, puedo intentar responder en estilo casi telegráfico con alguna observación. Creo que puede decirse que el origen auténtico e íntimo de la universidad estriba en el anhelo de conocimiento propio del hombre. Éste quiere saber qué es todo aquello que lo rodea. Quiere verdad. Bajo este aspecto es posible considerar la interrogación propia de Sócrates como el impulso del que nació la universidad occidental. Pienso, por ejemplo y por mencionar tan sólo un texto, en su disputa con Eutifrón, quien defiende ante Sócrates la religión mítica y su devoción.
A ello contrapone el filósofo la pregunta: Tú crees que entre los dioses existen realmente una guerra recíproca y terribles enemistades y combates [
] ¿Debemos, oh Eutifrón, decir efectivamente que todo eso es verdad? (6 b-c). En esta pregunta aparentemente poco devota que, sin embargo, en Sócrates procedía de una religiosidad más profunda y más pura, de la búsqueda del Dios realmente divino, los cristianos de los primeros siglos se reconocieron a sí mismos y reconocieron su camino. Acogieron su fe no de manera positivista o como vía de escape de deseos insatisfechos; la concibieron como disolución de la niebla de la religión mitológica para hacer sitio al descubrimiento del Dios que es Razón creadora y al mismo tiempo Razón-Amor.
Por eso no consideraban ellos la interrogación de la razón acerca del Dios más grande y sobre la naturaleza y el sentido auténticos del ser humano una forma problemática de falta de religiosidad, sino como parte integrante de la esencia de su modo de ser religiosos. No necesitaban, por lo tanto, disipar o arrinconar la interrogación socrática, sino que podían o mejor dicho, debían acogerla y reconocer como parte de la propia identidad la búsqueda afanosa de la razón para alcanzar el conocimiento de la verdad íntegra. Así, en el ámbito de la fe cristiana, en el mundo cristiano, podía o mejor dicho, debía nacer la universidad.
Es menester dar un paso más. El hombre quiere conocer, quiere verdad. Verdad es ante todo algo relacionado con ver, con comprender, con la theoría, tal y como la tradición griega
Éste es también el sentido de la interrogación socrática: ¿Cuál es el bien que nos hace auténticos? La verdad nos hace buenos, y la bondad es verdadera: éste es el optimismo que vive en la fe cristiana, pues se le ha concedido la visión del Logos, de la Razón creadora que, en la encarnación de Dios, se reveló al mismo tiempo como el Bien, como la Bondad misma.
Hubo en la teología medieval una profunda disputa sobre la relación entre teoría y praxis, sobre la justa relación entre conocer y obrar; se trata de una disputa que no es preciso desentrañar aquí. Y en efecto, la universidad medieval, con sus cuatro facultades, presenta dicha correlación. Empecemos por la facultad que, según la concepción de entonces, era la cuarta:
Si bien se la consideraba más arte que ciencia, con todo, su inserción en el cosmos de la universidad significaba claramente que se la situaba en el ámbito de la racionalidad, que el arte de curar estaba bajo la guía de la razón y quedaba sustraído al ámbito de
Se trata de dar justa forma a la libertad humana, que es siempre libertad en la comunión recíproca: el derecho es el presupuesto de la libertad, y no su antagonista. Pero surge aquí de inmediato la pregunta: ¿Cómo individuar los criterios de justicia que hacen posible una libertad vivida junto con los demás y que sirven para que el hombre sea bueno? Se impone aquí un salto al presente: es la cuestión de cómo encontrar una normativa jurídica que constituya un ordenamiento de la libertad, de la dignidad humana y de los derechos humanos. Es la cuestión que nos ocupa hoy en los procesos democráticos de formación de la opinión y que al mismo tiempo nos angustia como cuestión para el futuro de la Humanidad.
Jürgen Haberlas expresa, en mi opinión, algo en lo que coincide gran parte del pensamiento actual cuando dice que la legitimidad de una carta constitucional como presupuesto de la legalidad dimanaría de dos fuentes: de la participación política igualitaria de todos los ciudadanos y de la forma razonable con la que se resuelven los contrastes políticos. Respecto a esta forma razonable, observa que ésta no puede limitarse a ser una lucha por conseguir mayorías aritméticas, sino que debe caracterizarse como procedimiento argumental sensible a la verdad (wahrheitssensibles Argumentationsverfahren).
Está bien expresado, pero es algo harto difícil de transformar en praxis política. Los representantes de ese procedimiento argumental público son, como es sabido, preferentemente los partidos en su calidad de responsables de la voluntad política.
En efecto, éstos tendrán inevitablemente como objetivo sobre todo la consecución de mayorías, de resultas de lo cual sólo se dedicarán, de manera prácticamente inevitable, a intereses que prometen satisfacer: intereses que, lamentablemente, son con frecuencia particulares y no sirven en realidad al conjunto. Una vez más, la sensibilidad a la verdad cae derrotada ante la sensibilidad a los intereses. Yo encuentro significativo que Habermas hable de la sensibilidad a la verdad como de un elemento necesario en el procedimiento de argumentación política, lo que vuelve a introducir el concepto de verdad en el debate filosófico y en el político.
Pero entonces se antoja inevitable la pregunta de Pilato: ¿Qué es la verdad? ¿Y cómo se la reconoce? Si para ello nos remitimos a la razón pública, como hace Rawls, seguirá necesariamente otra pregunta: ¿Qué es razonable? ¿De qué manera una razón se demuestra razón verdadera? En cualquier caso, resulta evidente a partir de lo dicho que, en la búsqueda del derecho de la libertad, de la verdad de la justa convivencia, deben ser escuchadas instancias distintas de los partidos y de los grupos de interés, sin que ello suponga la más mínima negación de la importancia de éstos.
Volvemos así a la estructura de la universidad medieval. Además de
Se trata de una pregunta por la que es preciso afanarse una y otra vez y que nunca queda planteada y contestada de una vez por todas. Por eso, llegados a este punto, tampoco yo puedo dar una respuesta en sentido estricto, sino más bien invitar a seguir caminando con esta pregunta, caminando junto con esos grandes que a lo largo de toda la historia lucharon y buscaron con sus repuestas y con su inquietud por la verdad, que nos remite constantemente más allá de toda respuesta.
Teología y filosofía forman a este respecto una peculiar pareja gemelar, en la que ninguna de las dos puede quedar totalmente separada de la otra, si bien cada una debe conservar su propia misión e identidad. Es mérito histórico de Santo Tomás de Aquino, ante la diferenciada respuesta de los Padres motivada por su contexto histórico, haber puesto de relieve la autonomía de la filosofía y con ella el derecho y la responsabilidad propios de la razón que se interroga basándose en sus propias fuerzas. Diferenciándose de las filosofías neoplatónicas, en las que religión y filosofía quedaban inseparablemente entrelazadas, los Padres habían presentado la fe cristiana como la verdadera filosofía, subrayando también que dicha fe se corresponde con las exigencias de la razón que va en busca de la verdad, que la fe es el sí a la verdad que se diferencia de las religiones míticas, convertidas en mera costumbre.
Pero después, al nacer la universidad, en Occidente ya no existían aquellas religiones, sino sólo el cristianismo, por lo que era preciso subrayar de manera nueva la responsabilidad propia de la razón, que no queda absorbida por
La teología debe seguir abrevándose en un tesoro de conocimiento no inventado por ella, que siempre la supera y que, como nunca puede agotarse del todo mediante la reflexión, precisamente por ello activa una y otra vez el pensamiento. Junto con sin confusión también permanece vigente sin separación: la filosofía no vuelve a empezar cada vez desde el punto cero del sujeto que piensa de manera aislada, sino que se mantiene en el gran diálogo de la sabiduría histórica, que crítica y dócilmente al mismo tiempo sigue acogiendo y desarrollando; pero tampoco debe cerrarse ante lo que las religiones y en especial la fe cristiana han recibido y dado a la Humanidad como señal del camino. Varias cosas afirmadas por teólogos en el transcurso de la historia o incluso llevadas a la práctica por las autoridades eclesiales se han demostrado falsas precisamente gracias a la historia, y hoy nos confunden. Pero al mismo tiempo es verdad que la historia de los santos, la historia del humanismo crecido sobre la base de la fe cristiana demuestra la verdad de dicha fe en su núcleo esencial, lo que hace también de ella una instancia para la razón pública. Es cierto que mucho de lo que dicen la teología y la fe sólo puede llevarse a cabo en el seno de la fe, por lo que no puede presentarse como exigencia para aquellas personas para las que la fe permanece inaccesible. Pero también es verdad que el mensaje de la fe cristiana nunca es tan sólo una comprehensive religious doctrine (doctrina religiosa comprensiva, NdT) en el sentido que le da Rawls, sino una fuerza purificadora para la propia razón, a la que ayuda a ser más ella misma. El mensaje cristiano, en virtud de su origen, debería ser siempre un acicate a la verdad y, por consiguiente, una fuerza contra la presión del poder y de los intereses.
Pues bien; hasta ahora sólo he hablado de la universidad medieval, procurando sin embargo dejar traslucir la naturaleza permanente de la universidad y de su misión. En los tiempos modernos se han abierto nuevas dimensiones del saber, que en la universidad se valorizan sobre todo en dos grandes ámbitos: en primer lugar, en las ciencias naturales, que se han desarrollado sobre la base de la conexión entre la experimentación y la racionalidad que se presupone en la materia; en segundo lugar, en las ciencias históricas y humanísticas, en las que el hombre, escudriñando el espejo de su historia y aclarando las dimensiones de su naturaleza, intenta comprenderse mejor. En este desarrollo no sólo se le ha abierto a la Humanidad una inmensa medida de saber y poder; también se han incrementado el conocimiento y el reconocimiento de los derechos y de la dignidad del hombre, algo de lo que sólo podemos alegrarnos. Pero el camino del hombre jamás puede darse por concluido, y el peligro de su caída en la inhumanidad nunca queda totalmente conjurado, tal y como nos enseña el panorama de la historia actual.
El peligro para el mundo occidental por ceñirnos a éste estriba hoy en que el hombre, precisamente debido a la grandeza de su saber y poder, se rinda ante la cuestión de
Pero si la razón, preocupada por su presunta pureza, hace oídos sordos al gran mensaje que le envían la fe cristiana y su sabiduría, se agosta como un árbol cuyas raíces no logran alcanzar ya las aguas que le dieron vida. Pierde la valentía de la verdad y, al perderla, lejos de crecer, se empequeñece. Aplicado a nuestra cultura europea, ello significa que si la razón sólo aspira a autoconstruirse sobre la base del círculo de sus propias argumentaciones y de lo que en cada momento la convence y, preocupada por su laicidad, se desprende de las raíces que le dan vida, en vez de volverse más razonable y pura se descompone y se hace añicos.
Vuelvo con ello al punto de partida. ¿Qué tiene que hacer o que decir el Papa en la universidad? Seguramente no debe tratar de imponer a otros de forma autoritaria
la fe, que sólo puede ofrecerse en libertad. Más allá de su ministerio de pastor en la Iglesia y sobre la base de la naturaleza intrínseca de dicho ministerio pastoral, es su misión mantener despierta la sensibilidad a la verdad e invitar una y otra vez a la razón a salir en busca de la verdad, del bien, de Dios y, por ese camino, estimularla a vislumbrar las luces útiles surgidas a lo largo de la historia de la fe cristiana y a percibir así a Jesucristo como la Luz que alumbra la historia y que ayuda a encontrar el camino hacia el futuro.
Vaticano, 17 de enero de 2008
Original italiano procedente del archivo informático de
Una antorcha de esperanza
Finalmente es a ustedes, jóvenes de uno y otro sexo del mundo entero, a quienes el Concilio quiere dirigir su último mensaje. Porque son ustedes los que van a recibir la antorcha de manos de sus mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia. Son ustedes los que, recogiendo lo mejor del ejemplo y la enseñanza de sus padres y maestros, van a formar la sociedad del mañana; se salvarán o perecerán con ella (…) Sean generosos, puros, respetuosos, sinceros. Y edifiquen con entusiasmo un mundo mejor que el de sus mayores
Pablo VI
Hacer memoria de la vida y la misión del cardenal Eduardo Pironio es encontrarse siempre con el testimonio de un hombre feliz en su sacerdocio y en el tiempo que le tocó vivir. Me referiré especialmente a su experiencia con los jóvenes por quienes sintió una pasión especial y un profundo interés ante sus expectativas, deseos, preocupaciones y dolores y con quien compartí un breve trayecto de mi vida.
Tenía el don de la presencia acogedora y amorosa. A su lado nadie se sentía incómodo o excluido, todo lo contrario, cada uno era reconocido como único, con su historia personal. Su trato y su estilo dejaban traslucir con ternura la llamada exigente a ser, en Cristo, hombres y mujeres nuevos; a ser Iglesia y ser en la Iglesia: son ustedes, queridos jóvenes, los que van a recibir la antorcha de manos de sus mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia.
Confiaba en la búsqueda auténtica de las personas con una mirada valorativa, exigente y esperanzadora. Su biografía da cuenta de múltiples momentos dedicados a los jóvenes: foros de juventud, encuentros internacionales, continentales o nacionales. Fue portavoz ante el Papa en Loreto (septiembre de 1995) de un sentir colectivo: ellos no tienen miedo a los grandes proyectos, ni del sufrimiento ni de la cruz, tienen miedo de la mediocridad.
No le temía a la capacidad de crítica de los jóvenes, siempre anteponía el amor. Nos invitó a construir juntos como Iglesia en el mundo una civilización centrada en el amor. Recuerdo aquella frase terminante que dio como respuesta ante la pregunta de si él creía que los jóvenes eran el futuro de la Iglesia: Ustedes no son el futuro de la Iglesia, son Iglesia (Mar del Plata, octubre de 1996).
El cardenal Pironio acompañó el caminar de los jóvenes argentinos desde su juventud. Primero en
Fue invitado como presidente del Pontificio Consejo para los Laicos al Encuentro Nacional de Juventud que se realizó en Córdoba en 1985. En aquel evento multitudinario, dijo con mucha fuerza: Tenemos que estar dispuestos a dar razón de nuestra esperanza aunque los momentos sean difíciles y oscuros para nosotros, aunque nos sintamos dolidos, perseguidos, crucificados; la esperanza no es para tiempos fáciles o claros. A todos se nos pide en esta hora difícil y decisiva una actitud inquebrantable de esperanza comprometida y creadora. No sirve de nada que nos sentemos a añorar tiempos pasados; hemos de asumir con realismo y amor nuestra cultura y llenarla de Evangelio.
Para los que participamos de aquel acontecimiento, sus palabras no fueron indiferentes. Nos interpeló acerca del compromiso que teníamos entre manos, el inicio de un nuevo período político y democrático: Amen al país y comprometan las riquezas de su juventud en construir juntos una Patria de hermanos. Para ello sean testigos del amor de Dios, operadores de paz, profetas de esperanza.
Animó las Jornadas Mundiales de la Juventud y especialmente el Foro de jóvenes: un espacio que se constituyó como lugar donde reconocer las necesidades de la Iglesia-joven; ocasión para ver, auscultar, discernir la figura de los jóvenes cristianos en los años 90.
La idea del Foro nació en Buenos Aires, a principios de 1987, por expreso pedido de los jóvenes, conscientes de que el encuentro mundial con el Papa para que fuera fructuoso tenía que estar precedido por unos días de diálogo y profundización entre los mismos jóvenes, vivir la experiencia de la Iglesia universal en comunión con obispos, sacerdotes, religiosas, laicos comprometidos.
Fue una experiencia de la universalidad de la Iglesia desde la pertenencia a una Iglesia particular. Las Jornadas Mundiales de la Juventud marcaron etapas importantes en la vida de
Otros acontecimientos continentales fueron acompañados por el cardenal Pironio, como presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, pero especialmente como padre y pastor preocupado por la realidad de los jóvenes: el Primer Congreso latinoamericano de Jóvenes, realizado en Cochabamba, Bolivia, (diciembre 1991 - enero 1992) en el marco de los llamados quinientos años de la evangelización del pueblo latinoamericano.
En esas circunstancias, y ante las tensiones y conflictos que circundaban el tema, subió al escenario y con la ternura del padre que comprende a sus hijos, pero al mismo tiempo reconoce su responsabilidad, dijo: No tengo ningún privilegio para hablar, lo único es el pelo blanco y también el que hace años estoy subido al tren en el trabajo con la Iglesia en América latina, particularmente con los jóvenes
La primera observación es recordar que en Medellín hubo un documento especialmente dedicado a los jóvenes. Yo no sé si en la Iglesia todos lo hemos vivido con autenticidad, si los obispos que firmamos ese documento fuimos coherentes en la exigencia y en la incorporación de la participación de los jóvenes. En ese documento leemos que los jóvenes de América latina quieren el rostro de una iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual. ¿No les parece una frase muy rica, muy clara y muy comprometedora?. Aquellas palabras tan cercanas como interpelantes cambiaron el tono y el clima de los días siguientes del encuentro.
El segundo acontecimiento continental ue la Peregrinación de los Jóvenes europeos a Loreto (septiembre de 1995), acogiendo su sentir y su contexto, refiriéndose a Juan Pablo II, el cardenal Pironio decía: Estos jóvenes no temen el cansancio, el sufrimiento o
Toda su vida fue una invitación a ser consecuentes con el creer, el sentir, el hacer, el pensar cristianamente; y daba testimonio de ello con sus palabras, con sus gestos y su estilo de vida. En
Hacia fines de ese año, la enfermedad avanzó significativamente. Una tarde de diciembre, estando en su casa, el Cardenal le pidió al padre Fernando Vergés que nos llevara a los jardines vaticanos para que los conociéramos. Visitamos cada imagen de la Virgen representada en las diversas advocaciones latinoamericanas. Nos detuvimos ante cada una de ellas para rezar por las necesidades y esperanzas de sus pueblos y sus iglesias particulares. Aquellas horas adquirieron particular intensidad y misterio.
En febrero de 1998 llegó el tiempo de
Hoy, a diez años de su paso a la casa del Padre, recuerdo con profundo agradecimiento
aquellas palabras a las que vuelvo en los tiempos de incertidumbre: no olvides el Amor que has recibido. Aquel mandato se constituyó en la confirmación de mi fe. En la misa de cuerpo presente celebrada en la Basílica de San Pedro y presidida por Juan Pablo II, estuvieron presentes representantes de diversos carismas y ministerios de la Iglesia laicos, religiosos y religiosas, sacerdotes, obispos, cardenales de diversas nacionalidades y edades, allí, todos los presentes expresamos nuestro último gesto de agradecimiento, con un intenso y sostenido aplauso, para quien como padre, maestro, pastor, amigo y hermano supo dar testimonio con su vida del Amor que Dios nos tiene.
¿Dónde está el futuro de Bolivia?
Una creencia generalizada hizo de Bolivia un país predominantemente altiplánico. Tal vez el desarrollo temprano de la puna contribuyó a instalar esa imagen geográfica equivocada. La altiplanicie (1) guardaba grandes riquezas mineras: plata y estaño. Al respecto, Bartolomé Mitre observaba que la población conquistadora se ha ido agrupando en las altas mesetas y en los valles, obedeciendo
al instinto ciego de la explotación minera.
Sin el descubrimiento del metal precioso, la colonización de esas tierras se hubiera visto al menos postergada. El metal blanco llevó al español a esas alturas poco hospitalarias y a la constitución de los primeros asentamientos que con el correr del tiempo, como sucedió en la mayoría de las ciudades latinoamericanas, terminaron siendo mayoritariamente mestizos pero culturalmente blancos.
De Potosí
Gracias a la plata, durante los siglos XVI y XVII Potosí llegó a ser una de las ciudades más pobladas del globo y la riqueza fijó allí el eje del poder. Su importancia fue decisiva, irradió fortuna en diferentes direcciones: Arica, Charcas, Oruro, La Paz, Arequipa, Huancavelica, Cuzco y Lima. En el sur, el incipiente desarrollo del noroeste argentino no se podría entender sino a partir de esta realidad económica. Es más, el propio nombre Argentina proviene de la atracción argentífera.
La Independencia no modificó el escenario. El país siguió siendo altiplánico y el resto del territorio era para sus gobernantes un mundo desconocido. Tan desconocido, que La Paz perdió grandes extensiones de tierra, mayores que las cedidas como consecuencia de la Guerra del Pacífico, sin saber qué significaban para el presente y futuro del país. El peso de la minería andina menguó la atención de la clase dirigente sobre el resto del país. Para Mitre, el principal problema de Bolivia eran sus vías de comunicación atrofiadas; atrofiadas agregamos por la geografía y la falta de decisión de las clases dirigentes de unir al país.
El agotamiento de la minería de plata a partir del siglo XVIII no alteró la supremacía de la región, y La Paz fue cobrando cada vez mayor importancia. A fines del siglo XIX el estaño marcó el inicio de una nueva época que impulsó desde Oruro la construcción de ferrocarriles para facilitar el acceso, a través del Pacífico, a mercados del hemisferio norte. En esta altitud (3700 msnm) se desarrollaron el poder de la corona española, el de los barones del estaño (Patiño, Aramayo y Hoschild) y, a partir de 1952, el de la minería estatizada, que se instala bajo la primera administración de Paz Estenssoro, quien termina con ella en 1985, durante su último mandato, debido a los pésimos resultados alcanzados.
Hoy la plata y el estaño no tienen la incidencia de antaño en la economía del país. El zinc ha tomado la delantera entre las principales exportaciones de minerales del altiplano (456 millones de dólares en 2007). Exportaciones que, como las de antimonio y oro, corresponden mayoritariamente a la mediana y pequeña minería. En 2007 la minería exportó un total de 1.047 millones de dólares, contra 2.268 millones en hidrocarburos, en los que el gas representó más de 2000 millones de dólares.
Pese a que la capacidad de ahorro interno de Bolivia resulta insuficiente para absorber riesgos mineros, desde 1985 los sucesivos gobiernos no alentaron el desarrollo de la gran minería privada, como cabía esperar. Sin embargo, en la actualidad están en vías de concretarse dos proyectos: el Mutún (hierro/manganeso) en Santa Cruz de la Sierra, y San Cristóbal (plata/zinc y plomo) en Potosí; proyecto este último que revaloriza la gran minería altiplánica, base histórica del desarrollo de esa región.
a Santa Cruz de la Sierra
A espaldas del altiplano se extienden grandes llanuras, ignoradas por el poder central: Pando, Beni y Santa Cruz de la Sierra, que ocupan en la actualidad el 59% del territorio boliviano. La despreocupación de los gobiernos nacionales llevó a los habitantes de Santa Cruz de la Sierra a levantar a fines del siglo XIX la bandera del federalismo. Este movimiento fue cruelmente reprimido; y su principal instigador, Andrés Ibáñez, fusilado.
Ya en el siglo XX, en 1924, se descubre petróleo en Tarija y tres años más tarde en Santa Cruz. Estos departamentos pasan lentamente a valorizarse a los ojos del poder central. También la guerra del Chaco (1932-1935) obliga a las autoridades nacionales a prestar mayor atención a esas tierras, próximas al frente de batalla y, sin embargo, aisladas del resto del país sin ferrocarril ni rutas. La dirigencia cruceña ya había expresado sus reclamos en el célebre y profético memorándum de 1904 y en el levantamiento armado de 1924 que demandaban al gobierno central, entre otras cosas, la construcción de un ferrocarril a Santa Cruz.
El ferrocarril que debía unir el occidente con el oriente nunca se construyó; y la primera interconexión por carretera entre Cochabamba y Santa Cruz se concluyó en 1954 durante la primera administración de Víctor Paz Estenssoro, con el financiamiento del gobierno de los Estados Unidos. En tanto, las vías férreas del oriente con la Argentina y Brasil eran por entonces una realidad.
La clase dirigente cruceña, movida por su acentuado regionalismo debido tanto a su localización geográfica como al abandono del poder central, entendía que estaba en condiciones de superar su atraso y batalló para que se le reconociera la regalía equivalente al 11% de la producción bruta de petróleo, lo que obtuvo tras las luchas iniciadas en 1957; conquista extendida luego a los demás departamentos productores.
La obtención de las regalías no fue por cierto algo gratuito. Baste mencionar que durante el gobierno del MNR (Movimiento Nacionalista Revolucionario), en 1958, milicias campesinas y mineras ingresaron a la capital departamental cometiendo desmanes y actos atroces como la matanza de Terebinto, donde se exterminó cruelmente a opositores del gobierno. Estos sucesos han dejado heridas muy profundas en la memoria histórica de los cruceños.
La inversión de los recursos provenientes de las regalías en sectores productivos y de infraestructura fue la causa del desarrollo de Santa Cruz, que además de hidrocarburos produce soja (2) (que exporta a través de
La obtención de las regalías y más recientemente, en 2005, la proclamación de la autonomía son dos hitos trascendentes en la historia de las aspiraciones cruceñas. Esta posición de Santa Cruz respecto de la autonomía es acompañada por los otros departamentos que integran la denominada medialuna: Pando, Beni (quienes junto a Potosí son los departamentos con más bajos ingresos) y Tarija.
En el oriente, los departamentos de Santa Cruz de la Sierra y Tarija (segunda reserva de gas de América del Sur situada en el Chaco) son las locomotoras actuales y potenciales del desarrollo boliviano. A ellos habría que agregar Chuquisaca, localizado al igual que Cochabamba y Tarija en la región de valles interandinos, que cuenta también con una región chaqueña, que separa Santa Cruz de Tarija y limita con Paraguay, zona donde se han hallado importantes yacimientos de gas que ubican a ese departamento como el segundo productor del país.
La capital departamental es Sucre, ex Charcas, a su vez capital constitucional del país, pero en la práctica sólo asiento de
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En este panorama general, la complicada geografía boliviana sigue limitando el entendimiento entre las partes. A ello se suma la falta de infraestructura que contribuye a su aislamiento y acentúa las diferencias entre grupos originarios, mestizos y blancos, estos dos últimos más integrados. Las desigualdades culturales se vinculan evidentemente al crecimiento económico y la distribución de la riqueza; y el crecimiento, con la localización de los recursos naturales (minerales, hidrocarburos y tierras fértiles para la producción agropecuaria) cuyos réditos dependen de la capacidad de la clase dirigente para incrementarlos y distribuirlos con equidad. Este mosaico de viejos y nuevos intereses gravita en Bolivia y produce un desequilibrio que parecería volcar la balanza del poder hacia el oriente. De ser así, se cumpliría el vaticinio de Mitre en el discurso pronunciado en el Senado en 1871: El porvenir de Bolivia no está en occidente sino en la parte donde nace el sol por eso tiende a encontrar una salida por el Atlántico, buscando por el oriente el aire, el espacio y la luz que le falta por el Pacífico.
1. Los departamentos que integran el altiplano son La Paz, Oruro y Potosí. Según el Instituto Nacional de Estadística de Bolivia, abarca el 28% del territorio nacional con una extensión estimada de
2. Santa Cruz está entre los quince más importantes productores de soja del mundo.




