Revista Criterio
Octubre 2008
Nº 2342 » Octubre 2008

Entrevista a Diana Maffía (Versión completa)

por · 1 Comentario 

- Una idea central que surgió en la entrevista con María Sáenz Quesada publicada en Criterio de septiembre fueron los límites del proceso modernizador desde 1880 en relación con la situación de las mujeres y, al mismo tiempo, cómo algunas mujeres, sobre todo de las clases acomodadas, habían podido encontrar intersticios para lograr cierta autonomía respecto del poder masculino. ¿Cuál es tu opinión?

- En toda la historia ha habido mujeres excepcionales: en la Antigüedad, en el Medioevo, en el Renacimiento, en la Modernidad, en la actualidad. El problema es que la excepcionalidad no abre las puertas a otras mujeres porque precisamente una condición de lo femenino es que las mujeres no somos una minoría social sino una parte sexuada de los humanos que están presentes en todas las situaciones de vulnerabilidad que sí son minorías sociales. Puede haber relaciones de poder que sojuzguen a las personas por cuestiones raciales, de clase, de etnia o edad, de religión, de discapacidad o de orientación sexual, y en todas estas minorías hay mujeres. Muchas veces se pone a las mujeres como una más de las minorías y parece que lo femenino fuera un rasgo exótico de lo humano que nos pone en vulnerabilidad, y así lo humano quedaría identificado con lo masculino. Los varones son los embajadores de la humanidad. Algunas mujeres que no participan de estas relaciones de subordinación pueden, excepcionalmente, escapar del lugar de sojuzgamiento al que las conduce su condición de mujeres. Pero son excepcionales, no abren puertas para que cualquier otra mujer pueda ejercer esos mismos derechos ni marcan el inicio de una modificación en las relaciones de poder que pueda permitir el arribo de todas. Cuando hacemos historia de individuos excepcionales –que es una manera de hacer historia– perdemos ese trasfondo de la vida cotidiana, de las clases obreras, de las mujeres como conjunto que es lo que en realidad ha sucedido socialmente. Perdemos otras corrientes historiográficas que recolectan de otra manera los protagonismos históricos, las acciones, las grandes ideas, los grupos sociales, las historias de las mentalidades. Por eso desconfío de estas excepcionalidades individuales: en sí mismas no significan un cambio aunque son modelos de identificación interesantes y posiblemente animen a otras a buscarlo. Si juzgo la situación de las mujeres a mediados del siglo XX con Victoria Ocampo, me voy a equivocar, porque ella tenía muchos privilegios con respecto al promedio de las mujeres. Desde esos privilegios logró una situación de excepcionalidad. Esconder esto y decir, como escuché muchas veces, que esto prueba que cuando una mujer quiere algo lo logra, esconde que fue una situación excepcional y encubre las enormes barreras sistemáticas que tiene el resto de las mujeres.

 

- Pudieron desprenderse pero con dificultad. Victoria Ocampo contaba en su autobiografía que tenía que leer novelas a escondidas, debajo de la almohada, porque no tenía el permiso de los padres.

- Al siglo XIX pertenecen esas mujeres que empezaron a leer y tenían avidez por el conocimiento. Esa posibilidad de educación influyó en el espíritu libertario y creo que la alfabetización temprana de las mujeres en la Argentina es un factor de diferencia muy importante con el resto de América latina.

 

- ¿Cuáles serían los ejes de la relación de las mujeres y la política en el siglo XX argentino?

- El siglo XX fue de cambios muy rotundos, por eso lo dividiría en dos. Durante la primera mitad, hasta después de la II Guerra Mundial, fue la lucha por el derecho al voto; el sufragismo era muy insistente y se logra el voto aproximadamente entre los años 40 y 50 en todos los países del mundo. La relación entre mujeres y política al obtener el derecho inicial de ciudadanía que es la capacidad de votar (que no garantiza ciudadanía pero es una puerta simbólica básica) fue muy importante para el movimiento de mujeres. También otros derechos civiles. Hasta los años 60 en el Código Civil Argentino fuimos tratadas como incapaces: las mujeres podían ir a la universidad y recibirse de abogadas, pero no podían ser testigos en un juicio. Hoy nos parece absurdo e inaceptable que estuvieran dentro de un grupo con los dementes, los idiotas, los presos; hemos alcanzado la corrección política pero no los derechos sustantivos. En ese período también fue muy importante la inserción laboral de las mujeres. Si bien no tenían una participación muy fuerte en la representación de los sindicatos, que eran y siguen siendo muy machistas, había una influencia notable del anarquismo y del socialismo, lo cual les daba un protagonismo más igualitario y muy interesante. Las mujeres anarquistas de hecho tenías sus publicaciones, “ni Dios, ni patrón ni marido” que era La voz de la mujer. Salir del rol doméstico y tener que compatibilizar lo productivo y lo reproductivo les dio una apertura muy significativa. Los años ’50 y ’60 son los de la resistencia política, lo cual también marca una tendencia, teniendo en cuenta que el siglo XX estuvo marcado por las dictaduras militares. Y así como para la primera mitad del siglo XX un eje fue el voto, en la segunda marcaría el cupo, es decir, las medidas de acción positiva para la participación de las mujeres en la política, en parte porque fue pensado, diseñado, conspirado por el movimiento de mujeres. A fines de los ‘80 estuve en el Encuentro Feminista latinoamericano y del Caribe en San Bernardo donde hicimos un taller sobre “Mujeres y Política” donde hablamos de nuestra vocación por un mayor protagonismo en la política. Se pensó en la medida del cupo, se tomaron los resguardos ante lo que podía pasar pero terminaron frustrándose los objetivos. El cupo garantiza un mínimo del 30% de mujeres en las listas de cargos electivos. La ley se discutió en 1991 y se aplicó por primera vez con la Convención Constituyente en 1994: las mujeres comenzaron a actuar transversalmente en algunos temas y fue muy importante que se incluyera la eliminación de toda forma de discriminación contra las mujeres en la Constitución y el Pacto de San José de Costa Rica. También fue muy importante que se impidiera que el ministro Barra incluyera una cláusula de prohibición del aborto en la Constitución.

 

- Pacto que sostiene el valor de la vida en general desde el momento de la concepción…

- Debe entenderse que el gobierno tiene la obligación de proteger la vida desde el momento de la concepción, cosa que no hace. Y cuando dice “protección de la vida en general” quiere decir que éste, como cualquier otro derecho, no es un derecho absoluto sino que vale en la constelación de otros derechos y que puede colisionar con éstos. Hay una cuestión importante para el movimiento de mujeres que es el derecho a la no punibilidad del aborto porque es precisamente la resolución de un conflicto de derechos. El artículo 86 del Código Penal da las causas en las cuales el aborto no es punible: para nuestra ley, si bien la vida humana es un valor extraordinariamente importante no es un valor absoluto. Hay circunstancias en las cuales el aborto está permitido porque se presenta un conflicto entre el derecho a la vida del embrión y otro derecho superior. ¿Cuáles podrían serlo? El derecho a la vida de la mujer, el derecho a la salud de la mujer, el derecho a la autonomía de la mujer, por eso una mujer que ha sido violada tiene derecho a no hacerse cargo de la consecuencia de un embarazo que no ha buscado, porque ha sido forzada. O una mujer idiota o demente que no tiene capacidad de consentir, no tiene –si no ha consentido la relación sexual- que hacerse cargo de las consecuencias. Vida, salud, autonomía e integridad corporal son valores protegidos para la mujer en el Código Penal, aunque de hecho no se cumpla en la vida cotidiana. Lo quiero aclarar porque tiene mucho que ver con un aspecto también muy importante del siglo XX y sobre todo en los ’90 que fue el énfasis en los derechos sexuales y reproductivos. Otro aspecto importante del siglo XX son los encuentros nacionales de mujeres: con la democracia iniciamos un trabajo de construcción colectiva que cumplió 24 años.

 

- ¿En qué consisten?

- Cada año el Encuentro Nacional de Mujeres se realiza en una provincia diferente. En el primero éramos mil mujeres en la Ciudad de Buenos Aires y en el último, en Neuquén, éramos  aproximadamente quince mil. Han llegado a haber treinta mil mujeres según el lugar y la capacidad para trasladarnos. Pero lo que quiero destacar es que también es un fenómeno de mediados del siglo XX porque sistemáticamente hemos reclamado y también generado acciones y estrategias para el cumplimiento de los derechos de las mujeres al trabajo, a la salud, a los derechos sexuales y reproductivos, a la participación política. Otro hito es que, así como en la recuperación de la democracia se logró que los derechos humanos tuvieran un espacio institucional a nivel de gobierno (Alfonsín creó una Secretaría de Derechos Humanos dependiente del Ministerio del Interior), también las mujeres conseguimos áreas gubernamentales específicamente dedicadas a las mujeres, a partir del Encuentro Internacional sobre las Mujeres que hizo Naciones Unidas en Beijing.

 

- ¿Cómo evolucionó ese marco institucional?

- Durante el gobierno de Raúl Alfonsín se creó una Secretaría de la Mujer, Carlos Menem la elevó a un Consejo Nacional de la Mujer con nivel de Ministerio, porque dependía directamente del Ejecutivo; De la Rúa lo descendió a un espacio en el Gabinete de ministros; y Néstor Kirchner lo redujo mucho más, hasta ser un programa dentro de una dirección del Ministerio de Desarrollo Social que dirige su hermana. Esto fue un ascenso y caída de lo que eran las áreas de gobierno específicamente dedicadas a las mujeres. Bajo la apariencia de una evolución como la que se puede esperar si una mujer está en la Presidencia, ocurrieron retrocesos muy importantes, como el Consejo Nacional de la Mujer: su presidenta es una funcionaria cercana a Alicia Kirchner. Antes estaba bajo su órbita pero tenía una cierta autonomía, ahora ya dejó de tenerla, incluso ideológicamente. Otro profundo retroceso son las manifestaciones de la Ministra de Salud, Graciela Ocaña, de quien  también podríamos haber pensado que iba a tener mayor sensibilidad acerca de lo que significa para las mujeres la gestación, el parto, el embarazo, el puerperio, la lactancia, el aborto, cosas que sólo nos pasan a las mujeres. La Presidenta se manifestó explícitamente en contra de despenalizar el aborto y Ocaña considera que no es una temática de salud pública y derechos humanos a diferencia de su antecesor (Ginés González García) que es varón pero en este tema tenía mayor apertura. La ministra cree que es una cuestión penal cuando se trata de la primera causa de muerte materna en nuestro país, es decir que mujeres que no tiene que morir lo hacer por razones vinculadas al embarazo, parto y puerperio; el aborto ocupa el 30% de las camas de ginecología y obstetricia. Esto demuestra que es un problema de Salud Pública, de Derechos Humanos y también es un problema económico, porque en realidad el aborto no punible y que no se hace en un hospital público se realiza en forma clandestina y genera un rédito muy importante para profesionales que se valen de la clandestinidad para poder hacer un lucro individual de situaciones desesperadas.

 

- ¿Por qué se retrasa tanto, incluso por parte del poder político, la posibilidad de impulsar un debate serio, riguroso, con todos los atenuantes y matices?

- Los debates están ocurriendo. Hay cuatro proyectos en la Legislatura de la Ciudad sobre la reglamentación del aborto no punible, para que los hospitales públicos lo atiendan en las condiciones adecuadas. Lo mismo sucede en la Cámara de Diputados de la Nación, donde además hay un proyecto de ley de despenalización del aborto, todos avalados por la Comisión de Salud y que esperan tratamiento en la Comisión Constitucional. También hay un debate social muy importante, la sociedad comprende mejor el problema. Me indigna cuando me preguntan si estoy a favor del aborto: nadie está a favor del aborto, sería aberrante, pero muchos varones y mujeres estamos a favor de la despenalización del aborto; consideramos que no tendría que ser punible. Las posiciones religiosas, en realidad, avalan que sea una decisión íntima de las mujeres resolver este conflicto.

 

- ¿En qué sentido?

- Cuando hay un conflicto moral, la religión católica dice que la mujer debe reflexionar con libertad y en profundidad, pero que es una decisión que debe tomar ella. Las posiciones dogmáticas que pretenden decidir por otros no son religiosas sino fundamentalistas. La doctrina católica da libertad de conciencia, por eso resulta curioso que las normas del Derecho Canónico  no se correspondan con lo que los representantes institucionales de esa religión dicen en los medios de comunicación o a esas personas. Por eso creo que la negación a un mayor protagonismo de las mujeres en la religión no es inocente. Por ejemplo, a las mujeres islámicas les prohibían leer el Corán pero ellas creían que había un precepto que decía que les tenían que mutilar el clítoris, de ahí que la clitoridectomía se considerara una práctica religiosa. Así también, en su momento, las mujeres prácticamente no podían leer ninguno de los textos en los cuales se basaba la tutela sobre sus vidas. Cuando comienzan a estudiar derecho, medicina y teología, las cosas cambian; pensemos por ejemplo en el movimiento Teologanda, integrado por teólogas católicas y protestantes en la Argentina. Cuando se empieza a cuestionar desde la subjetividad de las mujeres, desde su memoria, desde sus cuerpos, sus experiencias y sus prácticas se resignifica, con todo derecho, aquellas prácticas construidas sin registrarnos como sujeto. El universo cambia y lo hace con nuestro protagonismo; es un efecto muy relevante de lo ocurrido en el último tercio del siglo XX.  El feminismo no es sólo el activismo con carteles en la calle sino que nos permitió afirmarnos como sujeto colectivo.El acceso de las mujeres al trabajo y a la academia dio lugar a una autoridad perceptiva y epistémica mayor y permitió que el movimiento feminista se afirmara como sujeto colectivo. Una cosa es una barrera individual, de la que se sale en general a favor del sistema: si quiero que me vaya bien en el trabajo tengo que ser más dócil con el jefe, aceptar las condiciones o traicionar, desafiar, competir. Esa manera individual de encontrar mi espacio favorece que el sistema siga siendo el mismo sistema: voy a maquillarme, hacerme cirugías estéticas, liposucciones y tratar de parecerme a lo que se espera que sea una mujer bella en mi sociedad. Otra cosa es tratar de luchar contra esos patrones colectivamente porque nos van cercenando posibilidades. La salida individual favorece al sistema mientras que la salida colectiva puede cambiarlo. Tampoco nos alcanza con que alguna mujer destacada llegue a actuar en política, es necesario que lo hagamos como movimiento. Es necesario sentir que llegó cualquiera de nosotras y no una con excepcionales méritos o porque alguien puso un dedo sobre ella porque justo era la esposa del presidente. Si el camino es aquel que hemos avalado colectivamente, aunque nos toque a algunas, podría tocarle a cualquiera, y se transforma en un camino de liberación que se abre para todas.

 

- ¿Cómo puede evaluarse el impacto concreto de la ley de cupo en una mayor participación de las mujeres en los partidos políticos?

- Han pasado prácticamente quince años y creo que la diferencia más relevante es que la ciudadanía tiene un rasgo relativamente abstracto. Cuando uno piensa en un ciudadano, no piensa en alguien con particularidades; el ciudadano es abstracto. Pero cuando la ciudadanía es abstracta, sus particularidades son las del grupo hegemónico. Es decir que el ciudadano es abstracto, pero cuando es una mujer, llama la atención; lo mismo sucede si es indígena, negro o discapacitado. Son particularidades con respecto a esa abstracción que es la identidad hegemónica, que no se nombra porque es implícita de quienes tienen el poder, se reconocen como pares. Lo raro es que llegue alguien que no tiene esas condiciones. Por eso un aspecto muy relevante de la ley de cupo es que puso sobre el escenario político el cuerpo de las mujeres,  fue parte del debate político.  No es que la ciudadanía no tuviera cuerpo, pero era un cuerpo de varón. Y al cuerpo de varón hay muchas cosas que no les pasa, por ejemplo, no es, en general, objeto de violencia. Las mujeres son el 90% de las víctimas de violencia y del 10% que son varones, el 80% son víctimas de otros varones. Esto refleja una construcción ideológica de los géneros en la cual las mujeres son víctimas y los varones, violentos y victimarios. Que la violencia doméstica se denuncia, que la policía la tiene que recibir, que se abre una causa judicial, que se puede separar al agresor del hogar, que hay un hospital al cual concurrir por violencia o violencia sexual, todo este andamiaje que hoy está disponible hace 10 años no existía y es un efecto de la ley de cupo. También las medidas de equidad laboral y que haya una comisión tripartita en el Ministerio de Trabajo para combatir la discriminación laboral hacia las mujeres es efecto del cupo. No son normas que no se les hubieran podido ocurrir a los varones pero no estaban sensiblemente en sus experiencias como para que hicieran de ellas un objeto de la política. Las mujeres llevamos al terreno de la política temas que no estaban vistos como temas de poder y relaciones opresivas de poder. Ese lema de los años ’70 que dice “lo personal es político” tenía que ver precisamente con leer, en clave de sojuzgamiento, muchas cosas que les pasan a las mujeres en las relaciones interpersonales o familiares, como situaciones de violencia, de abuso, de acoso. Que el incesto no sea todavía una figura penal protege un orden patriarcal y, de hecho, varios casos han sido justificados por los jueces diciendo que son culturales. El caso actual de una niña de 12 años violada por su padrastro que tiene que llevar adelante un embarazo porque el embrión es sagrado muestra que la visión sobre el cuerpo de esa niña es meramente un envase, y lo único que parece importar es la preservación de un embrión. Cuando ese embrión progrese y nazca, si es que nace, y si nace y es una niña, que tendrá doce años, el cuerpo de esa niña ya no tiene valor. La subjetividad, la trascendencia humana, el alma de esa niña ya no tiene valor. Se ha construido sobre ella el modelo patriarcal del envase, donde lo que importa es la preservación de la especie, es decir, las mujeres con una función reproductiva.

 

- El advenimiento del peronismo alteró significativamente las relaciones de clase pero no significó una feminización del poder, pese a la sanción del voto femenino y el protagonismo singular que adquirió Evita. ¿Por qué es una figura tan problemática para el feminismo?

- Totalmente problemática porque cuando el feminismo estaba actuando a favor del voto surge la figura de Eva Perón, una mujer que no es feminista en su discurso. Al contrario: es domesticador, promueve que las mujeres se queden en sus casas. Yo, como casi todas las mujeres que actuamos en política, tenemos que saldar la cuenta con Eva Perón. Era una mujer que estaba ideológicamente lejos de mis inclinaciones, yo soy más bien socialista, y supongo que siento lo mismo que Alicia Moreau cuando decidió no apoyar la ley del ’47. Un debate similar sucedió cuando Menem iba a dar el cupo y la reacción fue pensar cómo vamos a permitir que se dé un derecho en un gobierno que estaba manipulando la voluntad de las mujeres y que lo iba a utilizar para la preservación de su propio poder patriarcal. Lo mismo se decía del voto del ’47; el discurso de Eva era “Mujeres: ahora tenemos el derecho del voto para votar a Perón”. Para el feminismo resultaba chocante. Sin embargo, cuando en el año 2000 me pidieron una biografía muy breve de Eva Perón para una Agenda de mujeres latinoamericanas en Cuba, fue la oportunidad de profundizar en su figura. Descubrí que justamente en esa contradicción es que ella atrapaba algo con su discurso literal y otra cosa muy diferente con lo que su acción construía como narrativa. Por un lado les decía a las mujeres “Quédense en su casa”, y por otro distribuía máquinas de coser, un emblema que les permitía autonomía económica, significaba la posibilidad de subsistencia sin depender de otro. Ella había aprendido eso de su madre, quien la había mantenido, estando sola, con una máquina de coser. Era lo que hoy las feministas llamarían el “orden genealógico femenino”: ella, hija de una madre que se había podido hacer cargo sola de su hogar gracias a que tenía una máquina de coser, le entregaba a otras mujeres la capacidad de autonomía que derivaba, sin salir de su casa, en ser libres.

 

- Ella tampoco se quedaba en su casa…

- Obviamente, ella estaba en los sindicatos, dando órdenes a dirigentes sindicales a los que sólo ella se les atrevía, recorriendo lugares a los que la gente pobre concurría cotidianamente porque ella había estado también en situaciones de humillación, cuando iba a los hospitales y obligaba a cambiar la comida o las sábanas. La memoria peronista tiene que ver con verla aparecer como una heroína porque revertía el sojuzgamiento y daba dignidad. Los pobres podían tomarse vacaciones en lugares donde los mozos los atendían con guantes blancos cuando a ellos les tocaba, por lo general, ser los mozos. Iban a tener, al menos en un momento como en las vacaciones, ese espacio de consideración y de atención. Creo que en Eva operaba una apropiación de aquello que le había sido ajeno y negado, los íconos de una clase social a la que no pertenecía, que la renegaba y repudiaba. Cuando se ponía sus vestidos de Christian Dior, sus alhajas, e iba a una gala del Teatro Colón estaba diciéndoles: “Yo puedo apropiarme de todo esto que ustedes creen que les pertenece sólo a ustedes”. Con este gesto, que se podría criticar porque no había una verdadera conciencia de lucha de clases, estaba la emancipación para estar en el lugar del otro. Eva mostraba al resto de las mujeres que aquello que era un destino –“Si naciste mujer, lo que te toca en la sociedad es esto”-, con voluntad, y sobre todo con voluntad política, se puede cambiar y revertir. Bajo ese aspecto de superficialidad de vestidos, alhajas, viajes, con su manera de ubicarse en esos espacios que tradicionalmente habían sido de la clase alta y apropiárselos, estaba revirtiendo un destino con voluntad política. Esta es la lección revolucionaria e histórica formidable de Eva Perón.

 

- ¿Qué hubiera sido de Perón sin ella?

- Lo que creo que fue: un militar, burgués y machista. Ella tenía espíritu, una llama revolucionaria fanática con los modos de la época, con una ferocidad que sería difícil imitar. Nada de esto es lo que pasa con la vestimenta y las carteras de Cristina Kirchner. Ahí no se revierte nada, no hay ninguna lección política detrás excepto la frivolidad y la falta de sensibilidad. Hace poco la vi al lado de Lula da Silva con la banderita de brillantes como la que tenía Eva… Me da mucha pena ver algunos simulacros.

 

- En cuanto a la relación de las mujeres y la política en la sociedad argentina de las últimas décadas también son insoslayables las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. ¿Qué importancia les atribuye en la esfera pública y la construcción de la ciudadanía?

- Fueron y siguen siendo un movimiento absolutamente revolucionario, subversivo en el sentido de revertir el orden natural. Subvirtieron esa naturalidad de un espacio pasivo, silencioso y doméstico, salieron a la calle y confrontaron el poder no con la lógica del poder sino con un contradiscurso desquiciante para los militares, que fue el de dar vueltas alrededor de una pirámide. No lo enfrentaron con el lenguaje de violencia y contraviolencia sino con un contradiscurso en otra sintonía. Es un ejemplo de muchos otros movimientos de reclamo, de protesta; es ejemplar en el sentido de que permitió que muchas otras protestas fueran significativas sin ser violentas. Cuando pensamos en las mujeres que bailaban frente al Palacio de la Moneda en Chile, solas, reclamando por sus parejas, por sus desaparecidos, eso significaba poner de manifiesto la ausencia, hacerla significativa. Las mujeres caminando alrededor de la pirámide nos mostraban que había estado de sitio pero que podía ser desafiado desde el rol de madres. Como era respetado por los militares, que hablaban mucho de las madres, de los valores familiares, no podía ser atacado. Sin embargo, tampoco era respetado porque habían desaparecido a sus hijos y con los secuestros, torturas, apropiaciones y todas las prácticas genocidas que tuvo el gobierno militar. Hoy sigue siendo un mecanismo de intervención absolutamente original, pacífico, valioso, significativo, de ruptura completa, de una reversión semiótica muy fuerte del lugar de las mujeres, porque lo que se está mostrando es lo desaparecido. Es lo que llamo la “politización del duelo” y que se ve en los sobrevivientes de Cromañón, en las “Madres del dolor”, las “Madres del paco”. Son muy disímiles pero tienen en común que el duelo personal se revierte, se politiza y se transforma en una intervención social. Es una cuestión importantísima como parte de la construcción de nuestra democracia, a la que le debemos todavía mucho.

 

- ¿Por ejemplo?

- La degradación del kirchnerismo quebró a las organizaciones de Derechos Humanos que trabajaban juntas desde hacía más de veinte años. Sucedió lo mismo con muchos otros movimientos sociales, quebrados con el mecanismo de la cooptación económica. Es muy penoso que Hebe de Bonafini haya dejado de hacer las rondas y haya abandonado lo que fue el movimiento durante tantos años para transformarse en la vocera oficialista de cuestiones coyunturales. Perdió esa potencia de legitimidad en su palabra. No obstante están las Madres de Línea Fundadora y muchos movimientos de Madres del interior. Cuando Hebe de Bonafini les quiso hacer firmar los convenios de construcción de viviendas a las Madres de Rosario y de Neuquén, ellas le dijeron “No somos constructoras de viviendas, ni pymes sino Madres de Plaza de Mayo”. Hay una enorme responsabilidad en cuidar esa identidad, con todo el respeto que me merece Hebe como luchadora. Hay otros aspectos valiosos de hechos vinculados a los derechos humanos de este gobierno como los juicios contra los crímenes de la dictadura. Y creo que si los hijos de las Madres de Plaza de Mayo hubieran visto la brecha social de pobreza, de concentración económica, de corrupción que hay en este momento seguramente habrían decidido luchar contra este gobierno, al que Hebe abanica, promociona, y a cuya derecha se sienta. Las Madres de Plaza de Mayo impregnaron muchos otros movimientos sociales, como las “Marchas del silencio” de la hermana Marta Pelloni en Catamarca. Lo que tomo como núcleo de esa manera de revertir el dolor en activismo es lo que podríamos denominar la “politización del duelo” que también vemos en los sobrevivientes de Cromañón, en las “Madres del dolor”, madres que han perdido a sus hijos en los accidentes de tránsito; la vemos en las “Madres del Paco”. Estoy hablando de cosas muy disímiles que sin embargo tienen en común que el duelo personal se revierte y se transforma en una intervención social. Ese patrón tiene su inspiración en la lucha de las Madres de Plaza de Mayo.

 

C.T: ¿Tiene sentido preguntarse por qué Madres y no Padres?

 

D.M: Sí, ellas lo responden. Si bien hubo padres involucrados, fue una manera de jugar con el aspecto patriarcal de la dictadura. A las mujeres no las iban a atacar, con ellas iban a tener condescendencia porque era natural que una madre se expusiera en función de sus hijos. El hecho de armar una estrategia sirvió para que hubiera menos riesgo en un reclamo que se iniciaba.

 

- ¿Por qué la necesidad de las mujeres de politizar el duelo al estilo de Antígona?

- Antígona fue uno de los mitos con los cuales se vinculó muchísimo a las Madres de Plaza de Mayo. Que alguien desafíe el poder por reclamar el cadáver de sus hijos era una analogía muy directa. No puedo creer la irracionalidad de las guerras y, sin embargo, la veo en la forma cotidiana de ejercer política, en la Legislatura, donde los varones tienen una concepción territorial del poder. Se hacen las guerras de la misma forma que los discursos cotidianos. Cuando estalla el conflicto con el campo y se decide el debatir en el Congreso, lo primero que sucede es la ocupación del frente del Congreso con carpas afines al Gobierno. Esa territorialidad, el considerar que para avanzar otro debe retroceder, esa concepción de que ningún derecho avanza si no es a pérdida de los derechos de otros resulta absurdo para las mujeres. No quiero decir que no haya mujeres patriarcales, tenemos una en la Presidencia, pero podemos arriesgarnos porque vemos, al menos a mí me pasa todo el tiempo, al rey desnudo. Y no quiero decir que desafío la investidura sino que no tiene sentido como construcción, es como ver a mi hijo disfrazado. Creo que hay en las mujeres una especie de saber sobre la verdadera naturaleza humana, esas investiduras no nos impresionan. Por otro lado, tanto la lucha de las Madres de Plaza de Mayo como la de otros movimientos requieren de enorme paciencia para volver y volver aunque nos digan que no. Nadie persistiría en las tareas domésticas que se deshacen y que hay que volver a empezar si no fuera educado en la persistencia y la paciencia; nuestras vidas cotidianas se desarrollan en una circularidad de tiempos que requieren de volver a empezar permanentemente. No sé si para los varones resulta tan fácil participar en movimientos en los cuales parece que no pasa nada, hasta que en algún momento alcanza una eficacia.

 

- ¿Qué opina de los nuevos liderazgos políticos femeninos en el Cono Sur? ¿Podrías trazar una comparación entre Michelle Bachelet y Cristina Fernández?

-Me parece relevante pensar que en el siglo XX las mujeres hemos tenido cambios absolutamente espectaculares y hemos llegado a los lugares más significativos en la concepción tradicional del poder: ministras, juezas, presidentas, empresarias… Pero también hay que pensar que no es lo mismo ser mujer que no condescender el poder patriarcal. No alcanza con ser mujer, porque el poder es político, no es hormonal. Alguien que sea hormonalmente mujer puede tener una concepción política absolutamente tradicionalista y patriarcal del poder.

 

- ¿Cómo Sarah Palin, la candidata republicana a la vicepresidencia norteamericana?

- Se trata de una mujer conservadora, “una mujer fálica”, como lo fue Margaret Thatcher. También Cristina Kirchner tiene una concepción tradicional del poder: pertenece a una fuerza política que tiene una concepción del poder muy fuerte, muy vertical, muy personalista. Así se abrió camino y no debe haber sido fácil. Sabemos que impugnó a otras mujeres por haber llegado por el apellido de sus maridos en un congreso en el que Aníbal Fernández habló de “discusión de alta peluquería”. Quizás Michelle Bachelet está un poco más comprometida con algunos cambios en esa concepción tradicional y con parte de la agenda de las mujeres. Cristina no quiere ni oír hablar de la agenda de las mujeres porque coincide con muchos políticos en que esas son cuestiones menores, insignificantes, en las que no vale la pena distraerse. A la vez, Bachelet mostró una enorme insensibilidad con los reclamos de los pueblos originarios, de los mapuches en Chile, y en esto se pone del lado más tradicional del poder patriarcal en una lucha que muestra la absoluta imposibilidad de convivencia entre el capitalismo y el feminismo, desde mi punto de vista. Las mujeres somos propietarias del 2% de los medios de producción en todo el mundo, incluyendo la tierra, por eso no nos pueden decir que el capitalismo es igualdad de derechos. De ninguna manera en un sistema de esta naturaleza vamos a alcanzar la equidad. Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT) hay aproximadamente un 35% de brecha salarial, a igual trabajo y formación, entre varones y mujeres. Eso se expresa a veces con el propio salario, a veces con las dificultades para que la mujer llegue al lugar donde le toca ganar ese salario. Cuando varones y mujeres alcanzan a una banca, ellos no han tenido que rendir las mismas pruebas que ellas. Para la OIT esa brecha se va a saldar, al ritmo de evolución actual, es decir, con 30 años de feminismo militante, recién en aproximadamente 450 años. Bajo la abstracción en que las mujeres no somos nombradas se benefician los grupos hegemónicos. Por eso creo que tenemos que nombrarnos, nombrarnos es una estrategia política, ver cómo nos va a las mujeres en cada lugar es una estrategia política, porque nos podemos encontrar con muchas sorpresas.

 

- ¿En qué estás trabajando actualmente?

- Estoy investigando los centros de salud, porque las salitas son los lugares más accesibles en los barrios, y están en condiciones deplorables. El resultado es llamativo: el 80% de los usuarios son mujeres, que en muchos casos concurren con sus hijos, con sus padres ancianos. Es un lugar feminizado, deteriorado, en el que no se invierte económicamente, donde no les dan salas de espera ni condiciones dignas de atención. La democracia adeuda a las mujeres mucho más que lugares de representación y aquellas que hemos alcanzado esos lugares tenemos que comprometernos fuertemente con las políticas públicas. La ley de cupo es un derecho, pero también es una responsabilidad. No veo para nada que Cristina Kirchner lo esté haciendo.

Nº 2342 » Octubre 2008

En el centenario de la Canción a la Bandera

por Veniard, Juan María · 4 Comentarios 

El origen de las canciones y los himnos nacionales que identifican a un país es sumamente variado. También son variados las razones y motivos de su elección como tal. Fuesen marchas, canciones o himnos, pueden tener procedencia en un canto bélico, un himno religioso, una marcha militar o de cortejo, una canción tradicional, una composición encargada ex profeso y aun una ópera. Hay países que poseen dos himnos y otros ninguno; los hay que lo comparten con una nación vecina; otros los cambiaron según las épocas políticas, y pocos son aquellos que tienen un himno nacional que nació siéndolo, cuando nacía la patria y lo conservaron un par de siglos, como es el caso del de nuestro país.

 

La Argentina tiene su Himno Nacional, por todos conocido y siempre respetado, prenda de unión entre sus habitantes, la vieja Marcha Patriótica de 1813. Pero posee alguna otra canción nacional, como aquella de 1810, caída hoy en desuso, que comenzaba diciendo: “La América toda se conmueve al fin…”, atribuida su letra a Esteban de Luca y la música a Blas Parera, y que tuvo las funciones que el himno Oíd mortales tendría luego. Mas también tiene una canción patriótica con origen en la escena lírica de ópera.

 

En septiembre de 1908, en el recientemente inaugurado Teatro Colón de Buenos Aires, subía a escena la ópera argentina Aurora, música de Héctor Panizza, argumento de Héctor Quesada y Luigi Illica, este último autor de numerosos libretos de óperas italianas famosas. En 1906 el músico había recibido el pedido oficial de componer un trabajo lírico para la noche del estreno del nuevo teatro, dado el renombre que había adquirido como director de orquesta del género lírico y autor de óperas. La obra no se dio en la noche de la inauguración del teatro sino varias funciones más adelante, pero tuvo el honor de ser la primera ópera argentina estrenada en la gran sala.

 

La temática de Aurora es nacional, pero escrita sobre libreto italiano no lo es en cuanto a su música, que carece de los elementos musicales necesarios para serlo cabalmente. Sigue la línea de otros trabajos líricos anteriores de autores argentinos, que expresaban en ópera italiana asuntos del país sin recurrir a la música popular tradicional de la nación, como es de rigor en la ópera nacional. Aun no siendo la primera ópera argentina nacionalista -que vendría poco después-, algo de ella quedaría, en el futuro, asociado a la nacionalidad argentina.

 

La ópera consta de tres actos, con acción en la provincia de Córdoba, el año 1810. Su temática es heroica y revela la intención de quedar asociada a una fiesta nacional, como habría de ser la inauguración del nuevo teatro Colón. No debe perderse de vista que ya nos hallamos en tiempos del Centenario patrio de 1910 y que ya en 1907, cuando Panizza realiza en Italia su trabajo, tiene en mente este gran acontecimiento del cual su ópera tomará parte.

 

El argumento presenta el conflicto de amor y rivalidad política, recurso operístico usual y pretexto para cantar sentimientos líricos y épicos. Así, en la Córdoba en pugna por reconocer u oponerse a la Junta de Mayo, surge el amor entre la hija del conservador fiel a la corona y el joven idealista revolucionario, que habrá de terminar en tragedia. El nombre de la protagonista tiene su simbolismo, porque el de Aurora se confunde, en el final, con la aurora de un nuevo día en que ha de salir el sol, ese sol de libertad que asoma en el escudo argentino y está pleno en su bandera. Es así que en el cierre del telón final se escucha una cita del Himno Nacional.

 

Esta ópera habrá de tener un ingrediente más de carácter nacional, una página que ya había llamado la atención antes de su estreno. Una revista comentaba: “Entre el segundo y tercer acto figura un intermezzo épico del cual tenemos excelentes informes artísticos.” (Caras y Caretas, n. 517, 29 de agosto de 1908, s/p) En el Intermedio Épico, un coro canta glorias y vivas a la patria. Mariano, el protagonista, entona una “canzon de la nostra bandiera” descripta con los colores azules y blanco: “Alta pel Cielo un aquila guerriera / ardita s’erge a volo trionfale, / ha un ala azurra del color del mare, / ha un ala azurra del color del Cielo!…”, según dice en sus primeros versos. La página es vibrante y desde la noche de su estreno, el 5 de septiembre de ese año y en la puesta del día siguiente, contó con el favor del público que pidió su repetición.

 

Las crónicas del estreno, que no fueron muy entusiastas respecto de la ópera, lo fueron menos con la Canción a la Bandera. Decía el crítico del diario La Prensa: “…este trozo instrumental, un tanto fragmentario, y con agregado vocal con ritmo de `barcarola`, o algo semejante, no nos ha parecido tampoco que fuera la mejor página musical de la partitura. Ello no obstó para que el agradable efecto producido y la buena interpretación que [Amedeo] Bassi dio a la parte de canto, llegaran hasta hacer pedir su repetición”. Puede no ser la mejor página musical de la partitura pero es un momento culminante que conmovió al público. Desde el punto de vista musical no le hallamos carácter de “barcarola” aunque sí un acompañamiento rítmico de habanera que, por otra parte, era el habitual en la milonga campera.

 

El mismo autor se refirió, en sus memorias escritas en 1948, al momento y las consideraciones que tuvo al componer esta página: “Una mañana en que todos habían ido a misa, compuse (todo de una vez) la Canción a la Bandera, que forma parte del intermedio épico…”. Más adelante, refiriéndose a la falta de nacionalidad de la música de la ópera, cosa que se le criticó, dada la época, expresa: “Donde la escena y las palabras me inspiraron el color “local” (Intermedio épico), aquí hice música que refleja el sentimiento patriótico popular en mi país; pero en las otras situaciones hubiera sido una cosa ridícula.” (H. Panizza, Medio siglo de vida musical, BA, Ricordi, p. 73). La obra se repuso en el mismo teatro en 1909, ya en plena efervescencia del Centenario.

 

En 1945, traducida al castellano por Ángel Pettita y Josué Quesada, hijo del libretista original, volvió a subir a escena en el Teatro Colón. Se consideró que para que la apreciara una nueva generación, debía ser cantada en idioma nacional. Así se la ofreció, con algunos cambios en la parte musical y con algunos problemas prosódicos que produjo la traducción. Dirigida por su autor como había sido la inaugural, la obra tuvo una nueva vida, llamando la atención, nuevamente, la Canción a la Bandera.

 

La difusión de la ópera en su nueva versión fue grande, porque se la representó frecuentemente y contó con grabaciones sonoras, haciéndose de ella numerosas audiciones radiales. Por su parte, la canción del Intermedio Épico figuró en veladas de gala oficiales del Teatro Colón, en conmemoraciones patrióticas.

 

El mismo Panizza habla de ella en sus memorias: La Canción a la Bandera, que fue visada en todas las representaciones, se convirtió en “Oración Nacional” y últimamente, por decreto del Gobierno, se convirtió en Canción obligada en todas las escuelas secundarias y primarias de toda la República. Todavía hoy, a la distancia de cuarenta años esta Canción figura no sólo en los programas escolares sino también en los mismos de la Marina de Guerra, en el Cuerpo de Granaderos y en la Aeronáutica; en los aniversarios patrios se la ejecuta tanto al izar como al amainar la bandera.” (Ídem ant.)

 

No queda duda que la gran difusión de esta Canción se produjo cuando adquirió su letra castellana, pero ignoramos si se la ejecutaba previamente en forma instrumental y si ya había tenido traducción antes de 1945, cuando lo fue toda la ópera. Ciertamente que en los años cuarenta ya había aparecido editada en hoja suelta con la traducción que hoy le conocemos y con la indicación de “canto escolar”.

 

En esta calidad estuvo asociada esta canción al izado y descenso de la bandera en los patios escolares. Estaban por entonces en uso al menos tres canciones a la bandera que los niños entonaban en los actos públicos patrios, la más difundida la marcha A mi bandera, letra de Juan Chassaing y música de Juan Imbriosi (”Aquí está la Bandera idolatrada…”). Estas canciones llenaban su objetivo al ser cantos vibrantes, para marchar cantando, pero la canción Aurora tenía un carácter solemne que, a la postre, se impuso a las otras.

 

Esta solemnidad que presenta la canción de Panizza, le fue dando entidad de himno y, ciertamente, de un himno nacional. Este carácter lo fue adquiriendo muy lentamente. Aun conocida por todos desde la niñez, asociada al izar y arriar la bandera, cada vez más se la cantó en actos públicos. De este modo acompañó a la Marcha de San Lorenzo, que con fervor la gente entonaba.

 

En muchas ocasiones y a favor de su carácter de página lírica, la Canción a la Bandera de la ópera Aurora se escuchó en recintos cerrados, por ejemplo en una sala de conciertos. Y es allí, fuera del marco patriótico, donde hemos visto comenzó a producirse, en forma espontánea, este reconocimiento de valor nacional que se le otorgaba. Primeramente se produjo el hecho de que el público la entonara junto con el coro de escena. Luego, en algún otro caso, se la hizo repitir para que los asistentes la cantaran y, últimamente, hemos visto que en un recital, cuando el tenor comenzaba a cantar su parte, el público se iba poniendo de pie, hasta hacerlo toda la sala y terminar coreando, produciéndose un efecto de honda emoción, seguido de un aplauso cerrado que más tenía de patriótico que de aprobación a los intérpretes.

 

Cuando una canción es de este modo sentida en su país, sin intervención de agentes institucionalizados, estamos en presencia de una canción o un himno nacional, que toca los sentimientos profundos de sus habitantes. Pero si ese pueblo se pone de pie para escucharlo, lo está reverenciando con carácter de símbolo de la nacionalidad. En este caso es que se halla la Canción a la Bandera, de Panizza, curiosamente, en origen, una página de ópera italiana. Este aspecto nos remite a considerar cuánto es lo que le debemos culturalmente a Italia, ya que aquello que ha ganado la jerarquía de un segundo Himno Nacional -que como él es respetado y es prenda de unión entre los argentinos-, pertenece a una ópera italiana:

 

È la bandiera del paese mio,

del sol nacida que me ha dado Dios.

Nº 2342 » Octubre 2008

Réquiem

por Squirru, Rafael · Comentar 

A Kate

 

Con el atardecer

Se va apagando

La luz del sol.

Así, nuestra vida

Biológica.

 

Pero otra luz

Se va encendiendo

En lo más íntimo,

Lo más profundo

De nuestra conciencia.

 

Allí entramos en la posesión definitiva

De lo nuestro:

Amistades,

Amores,

“The marriage of true minds”

“And bodies”,

Que nada puede borrar.

 

Así me siento,

Mi partida

Que es llegada.

Dejo la playa conocida

Y sin miedo,

Con alegría,

Entro en el nuevo mar.

              

Nº 2342 » Octubre 2008

Trazos sobre la ciudad

por · Comentar 

“Las ciudades son tan antiguas como la historia de la humanidad, por eso son construcciones de todos que seguiremos haciendo y que, seguramente, mutarán” señaló la periodista Luisa Valmaggia al introducir a la conferencia que se realizó en el Centro Cultural Borges de Buenos Aires, en el ciclo de encuentros organizados por Criterio. “¿Qué tipos de ciudades tenemos y construimos hoy? ¿Qué espacios para la cultura, para la reflexión, para la religión, para la comunicación? ¿Qué tipo de ciudades planificamos?” fueron las preguntas con las que Valmaggia invitó al debate entre la teóloga Maria Clara Bingemer, el periodista Pepe Eliaschev, el filósofo y ensayista Santiago Kovadloff y el arquitecto Marcelo Magadán.

 

Maria Clara Bingemer: Cito a Italo Calvino en Las ciudades invisibles: “Lo que importa es buscar esa tierra prometida, visitada por la imaginación, pero aún no conocida ni fundada”. Es la forma de la utopía de Marco Polo. Por su parte, Kublai Kan lanza la amenaza de que el último puerto del viajero humano pueda ser la ciudad infernal, que succionará a todos; a lo que Marco Polo contraargumenta: “El infierno de los vivos no es algo que será. Si existe, es el que está aquí”. Perfección e infierno, sueño y desolación, utopía y desaliento son términos que no se anulan sino que mantienen la tensión y la dialéctica en la visión de las ciudades contemporáneas. Italo Calvino parece apuntar a una preocupación que marcó el final del siglo XX y el inicio del presente siglo: la afirmación de lo urbano, la lucha por el derecho a la ciudad, el deseo de reapropiarse de ella. Marco Polo propone la solución como una tarea arriesgada, que exige atención y aprendizaje continuado: leer las representaciones de las ciudades contemporáneas en la literatura, percibiendo la utopía en los rasgos infernales de las megalópolis en las cuales vivimos sin renunciar a la capacidad de indignación, de admiración, y a las posibilidades del presente aunque sea precario. La búsqueda de una operación poética para leer las ciudades ficcionalizadas puede ser revestida no sólo de preocupación política sino, sobre todo, de postura ética. La ciudad como problema, interpelación que se instala cuando el mundo se vuelve eminentemente urbano, cuando se agudizan las tensiones entre lo local y lo global, donde se desestabilizan las marcas identitarias unívocas frente a los clamores por el derecho a la diferencia de las identidades autóctonas, cuando se ponen en crisis conceptos fuertes como nación, identidad nacional, fronteras. A pesar de toda esa complejidad, el espacio urbano se presenta como lugar privilegiado de intercambio material y simbólico del habitante, el lugar donde se verifica la distribución desigual de ese capital simbólico, rasgo que subraya las contradicciones y desigualdades internas de las ciudades. Lo cierto es que las teorías del orden urbano ya no dan cuenta de esa ciudad babélica que se ha convertido en paisaje inevitable, morada muchas veces insegura, con sus otras lógicas, insospechadas, que nos interpelan. Si la ciudad es un trozo del mundo, sus imágenes son enigmas. Además de ser el territorio donde fijamos imágenes que nos llevan a un pasado o a un fragmento que nos pertenece, reconstruimos en otras imágenes a esa ciudad idealizada. Existen muchas hipótesis para descifrar los enigmas cuando no son efímeras imágenes de la publicidad, donde el enigma se deshace o se desagua en el consumo. En la ciudad moderna hay un exceso de imágenes sin pasado ni porvenir. Las lógicas de la ciudad se organizan en torno a ejes que se multiplican en la medida en que consideramos a la ciudad más detenidamente.

 

Pepe Eliaschev: Mi experiencia de la ciudad contemporánea, la Buenos Aires en la que nací y vivo, surge como lugar de salvación y supervivencia. Buenos Aires es hoy, más que nunca, la cabeza de Goliat de la que hablaba Ezequiel Martínez Estrada, una ciudad desmesurada. Es un lugar de socorro, de oportunidad, de agregación, un lugar aluvional porque en medio del conjunto de desmesuras algo va a haber. La basura se ha convertido en uno de los nombres definidores de la identidad porteña. Además, y seguramente como eco de otras grandes ciudades, es una sede de anonimato, con la centralidad de los intereses privados en el medio de los intereses públicos. El desastre del mobiliario urbano determina que en algunas esquinas sea imposible transitar de a pie. Palabras como fotografías: la belleza como víctima (estamos tratando de rescatar la estatua de Rodin vandalizada en el Congreso), la privacidad como víctima (cualquier persona habla por teléfono delante de uno sin detenerse a pensar si nos interesa oírla),  el sosiego como víctima (porque ha desaparecido). Veo a un habitante solitario en la muchedumbre, particularmente notable con los nuevos productos de la tecnología. Veo una ausencia de liderazgo cívico en los dirigentes: hay un discurso meritorio, virtuoso, ejemplar que no tiene relación con los actos. Y veo en la ciudadanía, en nosotros, un reclamo airado: gente que se enoja pero que no participa. En todo caso, lo que se hace con frecuencia es denunciar. La ciudad es tema de los otros, nada de lo que está fuera de mi casa me pertenece; y ,en consecuencia, no es de nadie. Advierto además la incorporación en el lenguaje político de un concepto muy peligroso según el cual cualquier intento por coordinar medidas conducentes a acotar el impacto de la pobreza, significa criminalizarla. En consecuencia, si no judicializo a la pobreza, ésta, por su propia entidad, está en condiciones de hacer con la ciudad lo que esa pobreza le autorice a hacer. Buenos Aires es una ciudad donde hay trabajo esclavo, de menores de edad y de mayores. Y con esto no estoy postulando ocultar la pobreza, que haya distritos para ellos, como pasa en Puerto Madero, que tiene otra policía, otras normas. Por otro lado, estamos en presencia de una degradación de lo que a veces se llama displicentemente “patrimonio” y que queda planteado casi como un lujo de ricos, aunque tenga que ver con nuestros orígenes. Este también es un fenómeno que debe ser analizado en el marco de la bestialización de la vida civil. Veo a Buenos Aires, en definitiva, con ojos terriblemente melancólicos, por mi edad, porque conocí la ciudad, y porque advierto que en materia de espacio público no conocemos otra cosa que retroceso. Y no veo en el actual gobierno de la Ciudad ni el énfasis ni la convicción ni la energía para revertir este proceso de decadencia.

 

Marcelo Magadán: Buenos Aires hoy se parece más a alguna de esas ciudades latinoamericanas a las que no hubiéramos querido parecernos, pero los únicos culpables somos nosotros. Muchas veces nos arrogamos la autoridad de alterar el patrimonio, de destruirlo, pese a que tiene un valor simbólico social y también tiene, obviamente, un valor cultural. En realidad, el patrimonio da cuenta de quiénes fuimos como sociedad y cómo fuimos capaces de evolucionar a través de la historia. Y es un capital económico muy importante que dilapidamos sin darnos cuenta de que, además, aumentamos la contaminación de la ciudad y del planeta en el que vivimos. No reconocemos que priman los intereses privados y lamentablemente –quizás por una visión política de corto plazo según la cual los réditos deben ser obtenidos en los períodos de gobierno- lo único que se hace desde el Estado es acompañar esos intereses. Estamos viendo la demolición indiscriminada de buena parte de los edificios representativos de los barrios, que serán sustituidos por viviendas en torre que no van a satisfacer las verdaderas necesidades que tiene la ciudad: todo el esfuerzo privado está orientado a construir metros cuadrados para la especulación. Uno empieza a sentir cierto malestar; cuando voy a mi barrio de chico me siento un extranjero. ¿Por qué? Porque talaron los árboles para que se vean los carteles de publicidad, porque modificaron las veredas, porque tiraron asfalto sobre los adoquines. Buenos Aires, comparada con otras ciudades brasileñas, chilenas, peruanas, sufre un retraso fenomenal en la cuestión patrimonial. Hay sólo dos mil edificios protegidos cuando se calcula que la totalidad supera los ochocientos mil. Si bien sería razonable tener el 10% protegido, en el término de quince años no fuimos capaces de preservar adecuadamente ni siquiera a esos dos mil. Además, la destrucción no se debe al abandono sino a las intervenciones y, lamentablemente, buena parte las hace el propio Estado. Por ejemplo, de 730 edificios escolares, cerca de 500 son históricos y hay una sola persona en la Dirección de Infraestructura que tiene algún conocimiento sobre conservación. Ocurre lo mismo con los hospitales, con los espacios públicos. La reja es una medida transitoria pero si no hay educación detrás, ¿en qué termina la reja? ¿Cómo revertimos esta situación para que lo público se viva como un bien de todos?

 

Santiago Kovadloff: Creo que el destino de las ciudades no difiere del de la Tierra, porque han sido avasalladas por un afán de supervivencia que no contempla la necesidad de convivencia. Ya no somos ciudadanos, somos ocupantes. Y creo que responde a una profunda necesidad de escapar a las exigencias que impone la ley, desde el sentido bíblico más profundo hasta el sentido jurídico más actual, porque hemos huido del imperativo de la convivencia. Somos los que aquí estamos con ella, no sobre ella; la Tierra constituye una alteridad primera, cuyo reconocimiento es indispensable para la constitución de una identidad ciudadana cabal. Los creadores de las ciudades modernas son creadores de objetos de dominio. Sólo una profunda reflexión sobre lo que hemos hecho con la naturaleza puede llevarnos a un replanteo más profundo sobre lo que significa la condición ciudadana. De lo contrario, corremos el riesgo de la disolución de la temporalidad; desaparece la idea de la sucesión y de la alternancia. Lo privado y lo público no es la diferencia de lo que está puertas afuera y puertas adentro, sino la diferencia entre la intimidad indispensable para generar convivencia y la publicidad impuesta para generar anonimato solidario. La crisis cultural que está en la raíz de la desmesura y del anonimato de las ciudades es tan profunda porque es ante todo una crisis espiritual: si hay una enseñanza bíblica primaria, ésta es aprender a habitar la Tierra, reconociendo que nos ha sido dada. Sólo quien reconozca esta ofrenda puede honrarla con el reconocimiento indispensable. Además, la crisis de la modernidad es también la crisis de la condición de la identidad del hombre como un ser dialógico. La publicidad cumple una función metafísica fundamental en las ciudades: reemplazar con el discurso imperativo uniforme la posibilidad de la interpretación personal sobre aquello que nos es ofrecido y sobre aquello que podemos construir. La publicidad es el lenguaje totalitario de nuestro tiempo y las ciudades son víctimas. Por último, la prosperidad de los ocupantes es también la del silencio. Las ciudades no generan espacios de interpretación, de interlocución, sino mandatos obligatorios de conductas de las que no sabemos defendernos porque sustituimos la educación por las estrategias de supervivencia.

 

 

Crisis espiritual

 

Maria Clara Bingemer: Con esa fragmentación de las ciudades modernas, la religión sufre el impacto de no ser entendida como antes, cuando la fe, la religión, la tradición de culto se heredaba. Presento dos imágenes que se utilizan para describir el campo religioso en los centros urbanos. Una es la del supermercado, donde la persona toma elementos de varias propuestas religiosas y compone la propia, como ante las góndolas. Esto en Brasil se ve muchísimo porque el sincretismo religioso ha sido una constante a partir de una resistencia a la imposición del blanco sobre los esclavos africanos. Fue sufriendo evoluciones a tal punto que hoy, para ser iniciado en el candomblé, la religión africana por excelencia en Brasil, hay que estar bautizado en la Iglesia católica. Pero creo que hoy el fenómeno es mucho más complejo porque se suman las religiones orientales, la new-age, los duendes, las hadas, toda la gama de nuevas iglesias pentecostales y la Iglesia Universal del Reino de Dios, que tiene un sistema de propagación parecido al de las cadenas de comidas rápidas, con franquicias. La otra imagen es la religión como lugar de tránsito, donde lo primordial es la experiencia. Hoy no se adhiere a una religión por una imposición normativa o por definiciones dogmáticas, ni siquiera por el sistema cultural y ritual. La persona adhiere si experimentó algo; muchas veces se trata de experiencias efímeras que no llegan a tocar el sentido radical de la vida, que es como la teología cristiana entiende la experiencia de Dios. Son tan efímeras como las relaciones amorosas o de amistad. Ya nada es para siempre. La modernidad pretendió hacer del sujeto humano un ser pensante: “Pienso luego existo”; la posmodernidad intenta hacer de él un sujeto consumidor, incluso de religión.

 

 

La ceguera de los medios

 

 

Pepe Eliaschev: Los acontecimientos, los interrogantes, los dilemas de la ciudad son, en esencia, extranjeros a los medios. Cuando aparece demolida una casa patrimonial, algún diario publicará una nota lacrimógena, pero no hay un seguimiento de los temas. La problemática urbanística, de una complejidad y una gravedad notables, es ajena a la agenda. Aquellos que hemos intentado ocuparnos de la ciudad en medios electrónicos hemos permanecido en soledad. ¿Qué podemos hacer? No lo sé. Soy un permanentemente interesado consumidor de medios de otros países y veo que en algunas sociedades existe un acompañamiento más responsable de lo que pasa en la ciudad, no sólo de la superficie. En nuestro país esto no sucede, estamos por detrás de los acontecimientos. En definitiva, creo que el periodismo hoy sirve muy mal a este tipo de problemáticas. Me imagino que una conferencia como esta no va a tener espacio en los medios porque van a considerar que el crimen de Campana o la definición del baile del caño son más importantes.

 

 

Código demorado

 

Marcelo Magadán: Nos manejamos con un Código de Planificación Urbana de la década del ’70, tan emparchado que excepto para un especialista en la normativa, resulta difícil de acceder, leer, entender y aplicar. Además, el Plan Urbano Ambiental que se viene discutiendo tiene un futuro incierto. Si bien muchos estamos honestamente preocupados por la conservación del medio ambiente, los medios de comunicación instalan problemáticas importantes pero lejanas, como los pingüinos empetrolados. Mientras leemos esas noticias tenemos las napas de agua contaminadas y aspiramos los gases de los colectivos; nos distraemos con cosas que son importantes, pero lejanas. Cuando se toma el concepto de desarrollo es en referencia a la construcción de más metros cuadrados especulativos. Incluso en algún momento, el actual Jefe de Gobierno, Mauricio Macri,  en su campaña lo expresó claramente: el desarrollo pasaba por construir más. Claro que se encontró con la decisión de ganar la calle por parte de algunos grupos de vecinos que  empezaron a rechazar las torres. Lo que se pierde para siempre es la calidad de vida, los edificios históricos y la memoria urbana. Pasan las administraciones y se sigue gastando el dinero público en lo superfluo sin atacar los problemas de fondo. Creo que hemos renunciado a la utopía de mejorar la calidad de vida; pedimos, simple y sencillamente, que no la empeoren.

 

Diferentes semejantes

 

Santiago Kovadloff: Hay una relación entre las ciudades ocupadas o en agonía y el concepto de globalización vigente. Percibo un proceso de des-urbanización fundamental, en el sentido noble de la palabra urbano. Se tiende a buscar esa monotonía que hace de lo homogéneo la condición de la expresión de la convivencia, lo cual es incompatible. Una globalización que crece a expensas de las diferencias culturales, es decir, la no-integración orquestada de las diferencias, termina por transformar la superficie de la tierra en un paisaje sin ningún reconocimiento recíproco. Para poder reconocernos es indispensable que seamos diferentes. Si no somos diferentes, no nos podemos reconocer como semejantes. El concepto criminal de la globalización guarda, por lo tanto, mucha relación con el anonimato vigente en las ciudades. Sin las grandes entidades internacionales que, al menos en lo formal, aspiran a promover la convivencia, entiéndase las Naciones Unidas, el Mercosur o la Unión Europea, es poco probable que sembremos la educación cívica necesaria para no empeorar las condiciones en que vivimos pero, fundamentalmente, para infundir de sentido a la experiencia de vivir. Una de las grandes amenazas es que la experiencia ve opacado su sentido por la necesidad de sobrevivir a los atentados, a la inseguridad, al hambre, a las guerras, a las amenazas representadas por la desvalorización de la vida. La vida ha caído en manos de un consumismo feroz que nos convierte por un lado en consumidores y, por otro, en consumidos. La convivencia pacífica no pasa solamente por la abolición de las armas de destrucción masiva, sino por la calidad de interpelación recíproca entre quienes estamos deseosos de aprender a compartir el tiempo, el espacio y el misterio de estar vivos.

Nº 2342 » Octubre 2008

Ana Falú: “Los temores en la ciudad limitan el ejercicio de soberanía”

por · 1 Comentario 

Ana Falú es directora de la Oficina Regional del Fondo de las Naciones Unidas para el Desarrollo de la Mujer (UNIFEM). Tucumana crecida en una familia de políticos, donde las sobremesas con padres, tíos y abuelos se extendían en el diálogo y el debate. Once años de exilio y, al regreso, Córdoba como ciudad de residencia. Es arquitecta egresada de la Universidad Nacional de Tucumán, con un postgrado con especialización en Vivienda Social y doctorado en Technological Hogeschool Delft en Holanda. El feminismo es la continuidad que eligió para intervenir en política. Historia y presente van de la mano: cuando tiene que elegir a una mujer mayúscula, piensa en su abuela: “Era incansable y murió en mis brazos”. Su curriculum incluye la investigación en el Conicet y la docencia en la Universidad de Córdoba.

 

- ¿Qué dificultades y potencialidades presentan las ciudades de América latina para superar sus escenarios de violencia?

 

- Las ciudades de América latina, como todas las del mundo, son territorio de oportunidades. El gran salto de las ciudades en la década de los ‘50 tuvo un motor: la sustitución de importaciones y el desarrollo industrial. Masas de población se desplazaron del interior hacia las grandes ciudades en busca de cambios y oportunidades de un trabajo mejor. Hoy, en este mundo globalizado, las ciudades exhiben la impronta del capital financiero e inmobiliario. Los aglomerados urbanos siempre parecieron ofrecer esperanzas de cambios positivos en educación, trabajo, recreación; la modernidad de cada momento. Sin embargo, son estas mismas ciudades, vitales por cierto, como Río de Janeiro o Buenos Aires, las que están sufriendo nuevos flagelos: criminalidad, bandas delictivas, drogas… Esto genera un escenario de violencias concretas y de las que se perciben o temen. En estas ciudades, las articulaciones posibles entre la voluntad política de los gobiernos, sobre todo de los gobiernos locales, y la ciudadanía organizada son las que pueden desarrollar propuestas para una mejor convivencia ciudadana.

 

-¿Qué políticas destacaría?

 

- Es difícil responder con precisión porque existe un abanico que va desde lo macro a lo más cotidiano. En lo macro, un tema central es la desigualdad. Pareciera que no es la pobreza lo que genera violencias; o, mejor dicho, los estudios no permiten afirmar que la pobreza es responsable de las violencias. Sin embargo, muchos coinciden en que la gran desigualdad en América Latina –somos campeones en la brecha entre riqueza y pobreza, según CEPAL– es en parte responsable de las conductas de criminalidad creciente. Por cierto, no podemos simplificar: el tema de las violencias, tanto las privadas como las públicas, es complejo; no tiene una sola vía de análisis o explicación, como tampoco soluciones unívocas. Otra cuestión es la falta de confianza en las instituciones. En la medida en que la población no confíe en la policía, en la justicia, será muy difícil mitigar los problemas que crecen de manera expotencial en todas las ciudades del mundo. Desde el Fondo de las Naciones Unidas para la Mujer (UNIFEM) estamos orientando políticas en algunas ciudades y municipios; por ejemplo: en las normas de desarrollo urbano en la Alcaldía Mayor de Bogotá en campañas de prevención de la violencia involucrando a la juventud; en Rosario se están llevando a cabo experiencias interesantes como la capacitación de la Guardia Urbana –no con armas sino preparada para mediar en los conflictos– en temas como derechos humanos, derechos de las mujeres, violencia hacia las mujeres, en fin experiencias de distintos tipos y niveles, todas transferibles y en construcción.

 

- ¿Cómo es la vida de la mujer en las violentas ciudades latinoamericanas?

 

- No es fácil, lo digo desde 1980, cuando comenzamos a estudiar las diferencias de vivir en la ciudad para hombres y mujeres. Sin duda, no son iguales las ciudades para los distintos sexos, ni para las distintas edades, menos aún para la mujer, pobre e indígena, y para quienes tienen otra opción sexual. Las discriminaciones son muy fuertes en nuestras sociedades, es necesario de-construirlas. La violencia creciente y lo que la prensa trasmite sobre esa violencia genera temores. En estudios que hemos apoyado desde UNIFEM se constata que las mujeres sienten más temor que los hombres. Y nos preguntamos si esto responde a las construcciones culturales y sociales del “ser mujeres”. Es posible que sí. Si nos pasa algo en la calle, inmediatamente nos culpabilizamos: ¿será por cómo nos vestimos?, ¿porque llevo cartera?, debería esconder mi monedero, ¡no debería haber ido al cine! Algo increíble. También es interesante notar que, ante el temor, las mujeres cambian recorridos y tienden a desarrollar estrategias grupales mucho más que los varones. La vida de las mujeres en las ciudades de la región, en nuestras más de cincuenta ciudades de más de un millón de habitantes, no es fácil. Abandonan muchas actividades por temor, y esta percepción es un límite a la libertad de ciudadanía de las mujeres.

 

- ¿Es posible identificar tipos de violencia según las ciudades?

 

- No creo que existan diferencias; en casi todas las ciudades la violencia se expresa sobre las mujeres de igual manera. Si bien la violencia intrafamiliar, en el mundo privado, sigue siendo un flagelo mucho más frecuente que la violencia que se registra en los lugares públicos, lo que se observa es una suerte de continuum en la forma en que los cuerpos de las mujeres son agredidos, sea en el espacio privado o en el público. Los cuerpos de las mujeres parecen ser percibidos como objetos de apropiación y avasallamiento. Esto responde a pautas culturales de sociedades en donde la violencia de un sexo sobre el otro es una forma de ejercicio de poder.

 

- ¿Cuáles son los principales desafíos de los ciudadanos y las ciudadanas en tanto activos miembros de sus sociedades para mejorar su calidad de vida en las ciudades?

 

- Las canadienses dicen ver y ser vistas, oír y ser escuchadas. Esto habla de estrategias en donde se involucra a la sociedad y a la ciudadanía. Nadie debería permanecer callado si ve o escucha un acto de violencia. Sin duda, es necesario mejorar las condiciones y acciones de la justicia, la policía, todas las acciones necesarias en el marco de la ley y de los derechos humanos, reconstruir la confianza en las instituciones del Estado. Pero también parece necesario reconstruir el tejido social y las formas de mejor convivencia comunitarias, barriales; esto, sin dudas, podrá ayudar y mucho a recuperar confianza. Lo que hemos observado es que el componente derechos /deberes de la participación ciudadana puede consolidar los llamados “círculos virtuosos”: construcción de confianza tanto colectiva como individual. Me refiero, por ejemplo, a más eventos públicos, gratuitos, festejos colectivos, en donde la ciudadanía de todos los colores, clase, sexo, pueda reunirse y disfrutar. Esto potencia la apropiación más confiada del espacio público.

 

-¿Cómo evolucionan las diferencias de género en las ciudades pequeñas y las grandes capitales?

 

- No sabría decirlo con seguridad, pero estimo que, por un lado, las grandes ciudades promueven más los derechos de las mujeres; nuevamente tiene que ver con las oportunidades. En la ciudad de Buenos Aires el índice de mortalidad materna es mucho menor que el de ciudades del interior, más pobre y tradicional. Esto refleja una apropiación de las mujeres de sus derechos y también, por qué no, de un menor control social que puede implicar, en algunos casos, cariño y contención, pero en otros opresión y dominación. Antes y después de Camila O’Gorman, las mujeres siguen sufriendo violencias y violaciones de sus derechos. Quizás las grandes ciudades, con legislaciones más avanzadas, como en el DF de México, la misma Buenos Aires u otras, potencien a las mujeres a demandar más el cumplimiento de sus derechos y también a apropiárselos.

 

- En perspectiva, ¿hay alternativas o modelos a seguir para enfrentar los problemas de exclusión?

 

- Es el tema emergente de la agenda urbana, las discriminaciones, las segregaciones más que exclusiones y las violencias urbanas crecientes. Necesitamos, en un nuevo pacto social, acordar conjuntamente no sólo desde la punición, sino también desde la generación de mayores oportunidades para los y las jóvenes, para la población que mira la opulencia de algunos desde múltiples carencias de derechos que no son sólo económicos. La migración es un tema sobre el cual debemos intercambiar información y acciones concretas. Observemos lo que pasa en Europa: no podemos enrejarnos ni cerrarnos en los barrios de perímetro controlado porque no habrá rejas que alcancen si no trabajamos para el desarrollo social, por la mayor distribución de las riquezas y mejores oportunidades para todas y todos. También el espacio urbano cuenta como espacio de identidades, el espacio público se define como de dominio público, de uso social colectivo de diversidades, tanto de personas como de actividades. El reconocido estudioso español Manuel Castells dice que en este mundo de comunicaciones virtuales y de espacios de flujos, de disolución de las identidades, el espacio público de los lugares es el que expresa la identidad de la población: “Soy de La Matanza”, o “Soy de la Boca”. Da referencia y significados.

 

- Las organizaciones no gubernamentales trabajan en este sentido. ¿Hay vinculaciones y trabajo en red entre las diferentes ciudades o es, por ahora, una expresión de deseo?

 

- Las hay muchas y diversas. Desde los ‘80 han crecido con fuerza en toda la región latinoamericana, y no sólo aquí. Hay ONGs vinculadas, trabajando en redes, con altos y bajos, pero algunas han logrado acumular un buen nivel de conocimientos específicos en algunos temas; por ejemplo, las ambientalistas, las volcadas al ámbito de los derechos de las mujeres. En general, son grupos serios y su trabajo es predominantemente voluntario. Incluso hay vinculaciones regionales y mundiales, aunque es necesario ampliar la base, lo que se da en llamar la masa crítica social.

 

- ¿La arquitectura de las ciudades condiciona la consumación de los hechos de violencia?

 

- Es un tema largamente estudiado en arquitectura, desde la utopía de la Modernidad a Jane Jacobs. Ella, ya en los ‘60, desarrollaba ideas opuestas a los modernistas pero desde la misma visión utópica de la sociedad, de renovación urbana de libre organización espacial y de la diversidad. Hablaba de la influencia de “la maligna estupidez” que confinaba a las personas a los barrios alejados, separando funciones de la vida. Sin duda, hay condicionantes espaciales, de planificación urbana, de ordenamiento territorial; y no me refiero a crear “disneylandias”, es decir, espacios utópicos, felices, ordenados de determinada manera. Sin embargo, podemos acordar que no es lo mismo una ciudad extendida con áreas vacías en sus intersticios urbanos que una ciudad compacta con continuidad de fachadas, puertas, ventanas, que parecen protegernos más. Una ciudad con buen transporte público, seguro, limpio, eficiente y económico propicia que nos desplacemos con más seguridad. Existen buenos productos del diseño urbano: plazas, calles, iluminaciones de las paradas de los colectivos, veredas sin entrantes oscuras que generan temor. Estamos apoyando a algunos municipios en lo que se llaman “marchas exploratorias” para que junto a las mujeres y la juventud se detecten los lugares que dan miedo, los recorridos que las personas esquivan o modifican según algunos horarios. Hay tendencias al localismo que pueden potenciar identidades o también definir pertenencias excluyentes. María Ángeles Durán, socióloga española de quien acabamos de reeditar para America Latina el libro La ciudad compartida, dio en la tecla. Porque eso es lo que queremos: una ciudad compartida, de todos y todas. Las nuestras son ciudades vitales, bulliciosas, pero tienen que ser también seguras. Creemos que las ciudades que denuncien la violencia contra las mujeres serán ciudades más seguras para todos. Es curioso que un tema que ocupa la agenda de los gobiernos, de las políticas, de la propia ciudadanía, nunca hable de esta (in)seguridad, con el agravante de que las mujeres somos más de la mitad de la población.

Nº 2342 » Octubre 2008

DVD: Cordero de Dios

por · Comentar 

Para su ópera prima la directora Lucía Cedrón eligió un tema cuya importancia y significación pueden llegar a diluirse en la repetición de otros trabajos que rondan sobre lo mismo. ¿Cuántas veces es posible hablar de las heridas abiertas durante la dictadura militar sin que el discurso caiga en lugares comunes? Por eso los méritos de esta directora nacida en 1973 en Argentina y criada en el exilio en París son muchos.

 

Cedrón cuenta la historia de Guillermina (Leonora Balcarce) a quien un día de 2002 en Buenos Aires le avisan que su abuelo (Jorge Marrale) ha sido secuestrado. Mientras espera que Teresa (Mercedes Morán), su madre, llegue de París, donde vive, Guillermina debe negociar con criminales el rescate del hombre. Teresa, en tanto, parece casi indiferente a los reclamos de dinero y amenazas que los secuestradores lanzan desde el celular de su hija. Poco a poco, la historia anterior (ambientada a fines de los ‘70) y la actual se van desenvolviendo paralelamente, de manera casi orgánica, para entregar desde el pasado las explicaciones que se intuyen desde el presente.

 

Cedrón se anima a hablar de los secuestros perpetrados por los militares y compararlos abiertamente con criminales comunes y corrientes. Más allá de alguna frase demasiado altisonante, sorprenden el pudor y la austeridad con la que aborda una historia prácticamente autobiográfica. Destaca, además, el acople entre las dos parejas de actrices que interpretan a Teresa y Guillermina en distintas épocas. Entre todas ellas brilla, como siempre, Mercedes Morán.

Nº 2342 » Octubre 2008

DVD: Lars y la chica real

por · Comentar 

Lars tiene un trabajo de oficina, algunos compañeros con los que intercambia palabras, vecinos del pueblo que lo saludan en la iglesia, pero ninguna otra vida social. Un muchacho de veintipico que vive en el garage de la casa de su hermano y pasa todo su tiempo libre en soledad. Su amable cuñada, que espera un bebé, se encarga de invitarlo todos los días a comer con ellos, a lo que él se niega con excusas poco elaboradas. Hasta que un día les pide que le den alojamiento a Bianca, una amiga que viene de lejos. La chica es una muñeca gigante comprada en los sitios que ofrecen sexo en Internet, pero Lars la trata como a una persona real. Por consejo de la psicóloga del pueblo (la brillante Patricia Clarkson), los demás comienzan a actuar igual, y a invitarla a sus reuniones. Y, de a poco, las cosas cambian.

 

Lo más interesante de esta historia es ver la coherencia con que se sostiene una premisa totalmente absurda. El personaje de Lars se construye alrededor de estas imposibilidades, con los silencios y los mínimos gestos que le presta el actor: el muy talentoso Ryan Gosling (Half Nelson, Diario de una pasión). Esta metáfora sobre la soledad y la incomunicación compensa en gran parte la pátina color de rosa con la que se pinta a los personajes del pueblo, y también algunas obviedades en los apuntes psicológicos del pasado del protagonista.

Nº 2342 » Octubre 2008

El Negro Sammaritano

por · Comentar 

Alguna vez nos comentó el humorista y dibujante Eduardo Ferro, creador del buzo Chapaleo, Bólido, y Langostino, el navegante solitario: “Hay gente que te pone el pie para que te caigas. Yo conozco un tipo que, apenas te conoce, te pone escaleritas para que subas. Se llama Salvador Sammaritano”.

 

Alegre, animoso, amablemente burlón, lleno de anécdotas risueñas y cuentos no siempre repetibles, el Negro Sammaritano fue, durante años, periodista, cineclubista, bromista, difusor cultural y, sobre todo, amigo, en el más viejo, querible y porteño modo de la palabra amigo. Y no necesitaba conocer demasiado a una persona, para tenderle la mano. Pocas veces alguien tuvo un apellido mejor aplicado que el suyo.

 

Así dejó el buen recuerdo en las redacciones de la desaparecida Editorial Abril, en bares aledaños a las redacciones, en los espectadores del viejo Canal 7, por donde pasaba un excepcional programa de películas artísticas, siempre acompañadas de cortos notables, que él mismo comentaba, Cine Club, un programa que tuvo su primera etapa en los ‘60, y reapareció brillante y brevemente en los ’80, por el 7 y por el recordado canal Bravo, de cable.

 

Lo recuerdan en cines, distribuidoras de cine, salas, sucesivas y variadas salas por donde acarreó latas para las funciones del Club Gente de Cine, a fines de los cuarenta, y por donde condujo su propio cineclub, el prestigioso Núcleo, que cofundó con otros soñadores en 1954, y todavía funciona, como un relojito, siendo hoy, acaso, el más viejo de toda Latinoamérica. “Núcleo: grupo de fieles congregados en torno a un Salvador”, bromeaba el crítico e historiador Roland, cuando, durante unos años, el club pasó a dar funciones en el Instituto de Cultura Religiosa Superior.  

 

Lo recuerdan en diversos festivales internacionales, como el de Mar del Plata, del que fue uno de sus primeros jefes de prensa, o los de Cannes y La Habana, adonde concurrió presidiendo la delegación argentina. Siempre supo hacer amistades y relaciones públicas en beneficio de nuestro cine y, es gracioso, chapurreaba unos cuantos idiomas, sin dominar fluidamente ninguno, pero haciéndose entender y querer por todo el mundo.

 

También quienes fueron empleados del INC (Instituto Nacional de Cinematografía), y quienes hoy trabajan en el INCAA (Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales), del que llegó a ser subdirector, y en diversas escuelas de cine, como la histórica de Santa Fe, o la del INC, primero llamada Centro de Experimentación y Realización Cinematográfica, CERC, y ahora ENERC, que alcanzó a dirigir, y donde fue velado, en medio de sonrisas, porque toda la gente, en vez de llorarlo, mencionaba sus favores y sus anécdotas. Por ejemplo, aquella vez en que un alto jefe, interventor del Instituto de Cine, quiso conocer el Festival de Moscú. “Usted presénteme porque no conozco a nadie”. Risueño, Sammaritano le presentó al director español Juan Bardem, famoso comunista, pero con algo en común con el interventor: ambos amaban el tango. “Y esa noche terminaron los dos abrazados, cantando tangos en la Plaza Roja”, se reía después el Negro. Que, otra vez, terminó él mismo abrazado con Ronald Reagan, y de esto hay testimonio fotográfico, cuando uno era un simple periodista de South America, y el otro apenas un buen actor de Hollywood (hay quienes lo niegan con odio y sin conocimiento, pero Reagan fue un buen actor, dentro de lo suyo, y también un buen activista de la integración racial).

 

Otra anécdota lo pinta en contertulios con el censor Miguel Paulino Tato, alias Néstor (¡qué diría Tato si supiera cómo se impuso ahora su nombre artístico!). Era el propio censor quien le autorizaba, y a veces hasta le suministraba, las películas prohibidas, para pasarlas en Núcleo. “Total, los socios de tu cineclub son gente especial”, bromeaba el Hombre de las Tijeras.

 

Otra anécdota viene de sus tiempos de periodista radial, y tiene que ver con sus gustos de melómano refinado, dueño de una enorme colección de discos clásicos. De paso para la emisora, lo tentó una disquería y de ahí salió entusiasmado con dos discos de ópera bajo el brazo. Llegó, feliz, y apenas quiso mostrar sus nuevas adquisiciones un viejo colega le dijo, en tono cómplice y como despabilándolo, “¡Guardá eso! ¡Se van a dar cuenta de que sos culto!” 

 

Una vez, por desinteligencias con las nuevas autoridades, lo sacaron de su cargo en el INCAA. Los amigos le hicieron entonces una cena de desagravio. Había más de 300, entre ellos varios cineastas, escritores, y hasta dos ex secretarios nacionales de Cultura, de dos gobiernos bastante diferentes, Pacho O’Donnell y Jorge Asís. Esa noche, el Negro agradeció en su discurso a cada uno, y a cada uno de los más de 300 los fue nombrando, y describiendo con alguna humorada.

 

Con el tiempo, es natural, fue perdiendo la memoria. La gente se daba cuenta porque contaba los mismos chistes. Fuera de eso, tuvo un solo defecto: nunca quería molestar. Por no molestar a su familia, disimuló más tiempo de lo conveniente una dolencia que después ya no tendría cura. Lector entusiasta, su único título era el de maestro normal nacional.

 

Coherente ironía, falleció justo el Día del Maestro. Nosotros también lo recordamos.

Nº 2342 » Octubre 2008

Procesos canónicos, Catálogo (1688-1888), Archivo del Arzobispado de Córdoba

por · 2 Comentarios 

El Pbro. Dr. Nelson Dellaferrera, profesor de la Facultad de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Católica Argentina y miembro de varias academias relacionadas con su especialidad, reunió en este volumen más de dos mil fichas de legajos del Archivo del Arzobispado de Córdoba en que da cuenta, con sobria precisión y atinados comentarios, de cómo fue “el ejercicio del poder judicial del Obispo” durante ese período de doscientos años. Así es como completa una obra que empezó al publicar el Catálogo de causas matrimoniales (1990), dentro del marco de una intensa dedicación al estudio de nuestra historia eclesiástica y sus fuentes, según se ha visto recientemente en el libro Temática de las constituciones sinodales indianas (2002, escrito en colaboración con Mónica P. de Martini), y en la traducción de Introducción a la historia de las fuentes del derecho canónico de Brian Edwin Ferme (2006).

 

La información de Procesos canónicos está distribuida en tres partes según se trate de causas por esponsales, causas de divorcio y nulidades, y causas penales. Cada una sigue el orden cronológico, de modo que en ellas se percibe, a partir de las personas e instituciones que participan, el ritmo de las distintas épocas. Tras las indicaciones topográficas que remiten al archivo, se enuncian los datos fundamentales de cada legajo, desde la cantidad y el estado de las fojas hasta la sentencia o las últimas derivaciones del caso, pasando por fechas, nombres de las partes, el tribunal, etc. Al final del volumen hay una explicación de “Términos y expresiones menos comunes usados en las actas según el derecho entonces vigente”, en orden alfabético, y un exhaustivo “Índice de nombres”: esa explicación no sólo es imprescindible ayuda para los legos sino también una valiosa contribución para acercarse al lenguaje de la época.

 

Dellaferrera destaca en el Prólogo las distintas dimensiones judiciales que se manifiestan en estos procesos eclesiásticos como controversias, reivindicaciones de derechos, declaraciones de hechos jurídicos; además de cómo se fue creando “un derecho americano” a partir de la Recopilación de Indias. Señala en los tribunales ciertas funciones como la del defensor del vínculo y el asesoramiento de defensores de pobres, de peritos, de intérpretes de lenguas indígenas, según los casos. Insiste además en la preocupación predominante por la “conversión de los corazones de los consortes”.

 

Desde el punto de vista de la investigación histórica, pueden aducirse ejemplos. El catálogo contiene numerosos datos sobre la prolongada actuación como juez eclesiástico del Deán Gregorio Funes, personaje central de la época de la Independencia en Córdoba, cuestión que Dellaferrera ya había considerado y llegó a la conclusión de que fue “un juez recto y prudente”. Uno de los casos: ante la nota de una mujer que quiere impedir el casamiento de un esclavo suyo, Funes rechaza tal pretensión dictaminando que “la esclavitud no es un impedimento canónico para la contracción de matrimonios ni las leyes exigen el consentimiento de los amos”. Cristóbal de Aguilar aparece con relativa insistencia como notario: hoy se lo recuerda por su producción literaria (poemas y piezas dialogadas), de notorio carácter costumbrista y didáctico, lo que puede acaso relacionarse con las acciones judiciales a las que asistió y de las que dio fe por escrito. No es arbitrario relacionar con las letras también a Juan Luis de Aguirre, que actúa como asesor letrado y es el autor del Ensayo de la genealogía de los Tejedas (1794), en el que se encuentra el primer estudio crítico y biográfico de la obra del poeta cordobés del siglo XVII Luis de Tejeda (por parte de madre tenía Aguirre este último apellido).

 

Este catálogo abre la puerta hacia un ámbito histórico de dos siglos que no está claramente presente en nuestra conciencia. No es sólo cuestión de recordar lo que ocurrió en tal o cual proceso sino entender ese sector del pasado en el que quedan algunos vestigios del enigma de nuestro presente. Acaso cueste comprender el problema de los esponsales, pero poco a poco van surgiendo varias preocupaciones como la defensa del vínculo, importante para las dos partes enfrentadas pero también para la sociedad. En una de las varias facetas de los procesos criminales, la Iglesia se pone a sí misma en tela de juicio; pero también, dentro del período colonial, con el frecuente tema de la inmunidad eclesial, aparece la Iglesia como un ámbito de libertad que puede ser bien o mal utilizado, pero que asegura ciertas garantías.

 

Hay que agradecer a Dellaferrera que el haber hecho la ingente tarea del catálogo, con mano experta y sabia, para ofrecer el acceso a fuentes que pueden ser objeto de estudio en diversas especialidades.

Nº 2342 » Octubre 2008

La pesca

por · Comentar 

Como primer estadio de una trilogía deportiva que se completará con el boxeo y el fútbol, “La pesca” se exhibió, aun en proceso de gestación y con una extensión más reducida, en la sección Work in progress de la edición del 2007 del Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires. Después de su estreno y una gira por escenarios de Festivales europeos, este último trabajo de Ricardo Bartís ha regresado al Sportivo Teatral en horario más temprano.

 

Una historia por demás curiosa es el punto de partida de esta propuesta, mediante la cual el director se propuso repensar teatralmente un tema que lo asedia: la incidencia del peronismo en nuestra historia pasada y presente y algunas cuestiones tangenciales vinculadas con el ser argentino como el afán de mitologizar la realidad o el culto al machismo.

 

El sótano inundado de una fábrica abandonada, que linda con el entubamiento del arroyo Maldonado, fue alguna vez la sede del Club de Pesca bajo techo denominado La Gesta Heroica. El tiempo redujo el nivel y la extensión del agua a la dimensión de una pequeña pileta y las tarariras extinguieron a los demás peces, aportados todos por los socios, para luego comenzar a mutar por efecto de la contaminación y dar origen a una nueva especie mítica “la tararira titán”. En su búsqueda llegan los tres protagonistas, el setentón Atilio –testigo del accionar de los fundadores del Club y militante peronista de la primera hora, y dos viejos amigos cuarentones–, dispuestos todos a pasar “un día de pesca”. En esa larga espera se irán reconociendo en sus semejanzas y diferencias, a medida que despliegan carencias, decepciones, obsesiones y temores. Un final sorpresivo remata de manera impactante un texto cuyo desarrollo narrativo es escaso y que, deliberadamente, fue encarado poniendo el foco en la construcción de los personajes mediante la actuación. En rigor, más allá de la intencionalidad que ha expresado el propio director, el vínculo que se establece entre la representación y el eje política/peronismo no llega a perfilarse con la nitidez que augura el diálogo inicial, a pesar de lo cual la delirante situación en la que están situados los personajes, y el final mismo, ofrecen en clave metafórica una lectura punzante de nuestro devenir como sociedad.

 

El pozo, que literalmente se cavó en la sala donde se ofrece el espectáculo, es el núcleo de la puesta escenográfica como también lo es, en el espacio simbólico, de la anécdota que se narra. En el plano actoral los resultados dan cuenta de un trabajo sutil y articulado: Sergio Boris –el novato en el rito de la pesca–, Luis Machín –el pescador y fabulador obsesivo– y Carlos Defeo –el viejo maestro– recrean con matizada expresividad sus patéticos personajes, buscando esa resonancia profunda en el espectador que surge del componente poético del teatro de Bartís.

Siguiente »

Revista Criterio