Diciembre 2008
Recomendables del festival marplatense
Tres festivales hubo, en los hechos, dentro del 23° Festival Internacional de Cine. El tradicional, que aman los marplatenses, con obras de calidad y prestigio, emotivas y accesibles, figuras queridas, o que apenas presentadas se hacen querer, homenajes públicos, charlas en la sala con los autores, apenas terminada
Este último responde a los gustos y modales del festival porteño: desde el nuevo catálogo en letra chica que, en vez de informar, baja opinión y publica el desprecio manifiesto a las figuras que el público ama, hasta la exaltación de un artista engreído que declaró en conferencia de prensa el público no me importa. Bueno, al público tampoco le importa este sujeto. Su película no tuvo rivales en cuanto a rechifla y deserción masiva de las salas. Esto puede pasar en cualquier lado, el detalle es que, para ese tipo de obras, los festivales suelen destinar una sección especial, a la que concurren los snobs y los simples curiosos que ya han sido precavidos, y en cambio aquí se están baficiando todas las secciones, incluida
En primer término, la merecida ganadora del festival, Aruitemo, aruitemo (título de difusión internacional, Still Walking, algo así como Sigamos caminando), de Hirokazu Kore-eda, hermosa, calma, intensa obra de madurez, que sencillamente describe una amable reunión familiar un día de verano. Hijos y nietos visitan a los abuelos, hay cordialidad, pequeñas tensiones, sonrisas, y también dolores medianamente acallados, porque ese día no se reúnen por ningún festejo sino por el aniversario de la muerte de uno de los hijos. La familia lo recuerda así, en comunión. Y nosotros vamos sintiendo, de a poco, una paz interior que al mismo tiempo nos calma y nos duele dulcemente, y nos hace pensar en nuestras propias vidas familiares, en la vida misma, y en la aceptación natural del paso del tiempo.
Luego, la ganadora del premio del público, nada menos que con 9,46 de promedio: una obra también hermosa, intensa, y sencilla, pero nada calma: Pa-ra-da, de Marco Pontecorvo, excelente relato basado en hechos y personajes reales, un payaso franco-argelino que lucha a favor de los niños de la calle en Rumania, enfrentando recelos y maltratos de las autoridades locales, oídos sordos, cuando no agresiones, de la embajada francesa, y también altas cuotas de desconfianza e indisciplina de los propios chicos, que apenas saben lo que es una sonrisa. El asunto, ya dijimos, se basa en hechos y personajes reales, cierra con imágenes también reales (tanto que parecen tomadas en Constitución o Retiro), y pega fuerte y con nobleza. La sala estalló en aplausos en cada función. ¡Hace tanto, además, que no vemos la lucha y el triunfo, aunque sea mínimo, de un héroe positivo en las películas de denuncia social!
Dicho sea de paso, lo que se hereda no se roba: Marco Pontecorvo es hijo de Gillo Pontecorvo, el de La batalla de Argelia (y la anterior Kapó, con la que vino en
Otra película sobre una experiencia de promoción social, menos exitosa si se quiere, pero que también vale la pena conocer, es Regreso a Fortín Olmos, tocante documental sobre un médico católico y otros comedidos que a mitad de los 60 ayudaron a formar una cooperativa en el Chaco obrajero, con suerte diversa. Fue entonces cuando cuatro jóvenes estudiantes de
El festival tuvo varios momentos hermosos. Pero nadie imaginaba el que se dio apenas terminada la primera proyección de
Fortín Olmos. Dos señoras ubicadas en las primeras filas ni siquiera esperaron que alguien les acercara un micrófono para exclamar, con voz fuerte, ¡Todo eso es verdad! Lo vivimos cuando chicas, y otras cosas nos contó nuestro padre, Mamerto Verón, al que le dieron una cuchillada cuando quiso ir a una asamblea cooperativa. El hombre sobrevivió, emigró, vive en las afueras de Mar del Plata, y al día siguiente fue a ver
Este año abundaron las biografías. Muy convocantes, Norma Arrostito, la montonera, documental polémico con el que todo el mundo se quedaba discutiendo en la sala; Un retrato de Diego, hecho a cuatro manos por Diego López Rivera, nieto del pintor, y Gabriel Figueroa Flores, hijo del fotógrafo; y el docudrama Homero Manzi, un poeta en la tormenta, de Eduardo Spagnuolo. Me canté todo, dijo una espectadora a la salida.
Pero lo más fuerte, donde el público lloró a mares, y hasta las acomodadoras, fue Ernesto Sabato, mi padre, un álbum de recuerdos y confesiones que Mario Sabato hizo con cariñosa, íntima, desgarradora entrega, y la audiencia, también numerosa, recibió con sonrisas, gemidos, y aplausos. Más que una estricta biografía (aunque presente los datos y lugares correspondientes a la vida del escritor, que hoy, con 97 años, luego de una intensa obra, sólo quiere que lo recuerden como un vecino un poco cascarrabias pero buen tipo), es una conversación muy dolida y sincera del hijo con los espectadores. Tanto, que a la salida casi todo el mundo se iba diciendo gracias, saludos a su padre, o muchas gracias, un abrazo a su padre. Algo así, entre nosotros, no se había visto nunca. Ojalá se estrene pronto.
Los desafíos éticos del mundo actual: una mirada intercultural.
El 8 de julio de 2005 tuvo lugar en la ciudad de Padua un acontecimiento excepcional: en el Gran Salón de la Universidad de esa ciudad, en el cual Galileo dictó clases durante dieciocho años, se reunieron cuatrocientos eticistas católicos provenientes de sesenta y tres países para participar, durante cuatro intensas jornadas, del Primer Congreso Intercontinental e Intercultural sobre la Etica Teológica Católica en
El libro contiene los trabajos presentados en las sesiones plenarias de dicho congreso, tanto en paneles continentales acerca de los desafíos éticos de cada región del mundo, como en los intercontinentales, formados por expositores de diferente origen que debatieron sobre temas clave: conciencia y magisterio, método teológico, globalización y pluralismo religioso. Simultáneamente, se fueron desarrollando paneles de ética aplicada, de los cuales ha sido recientemente publicada una selección de ponencias.(1)
Las exposiciones, en su conjunto, traslucen un esfuerzo por superar las desgastantes polémicas que arreciaron a principios de la década del 90 en torno a la Veritatis splendor, la encíclica moral de Juan Pablo II. Temas que sólo algunos años antes eran centrales, ocupan aquí escaso lugar: la especificidad de la moral cristiana y los actos intrínsecamente malos son mencionados en el panorama europeo de M. Vidal, pero sólo en función del desafío que la secularización, la laicidad y el pluralismo religioso representan en ese continente; L. Sowle Cahill alude al proporcionalismo como postura evolucionista, para después abocarse al desafío revolucionario del pluralismo cultural y la necesidad de desarrollar una búsqueda transversal de la verdad, sobre todo en el ámbito de la justicia social.
Los temas de ética aplicada (anticoncepción, aborto, eutanasia, etc.) que estaban detrás de las discusiones de las décadas pasadas sobre los actos intrínsecamente malos casi no se abordan de modo directo, con la sola excepción de P. Mazurkiewicz (Polonia) y su crítica filosa a las declaraciones del Parlamento Europeo sobre homofobia y células madre. Hay un rechazo explícito a la tendencia de algunas Iglesias locales a centrarse en aquellos temas como si fueran los únicos que comprometen la identidad cristiana (D. Hollenbach, Estados Unidos; K. Melchin, Canadá).
En cambio, la globalización y el multiculturalismo, con los problemas éticos que generan son, por mucho, las cuestiones más frecuentemente abordadas (cf. los paneles continentales de Asia, África y América Latina, y los paneles intercontinentales sobre dichos temas). La globalización, en cuanto a su forma fáctica, es juzgada en modo negativo, y se reclama como respuesta una economía ética (A. Cortina). El pluralismo del mundo moderno, en cambio, en sus diferentes niveles, abre nuevas posibilidades de diálogo (E. Schockenhoff).
En cuanto a la figura de los teólogos moralistas, se les pide que sean menos académicos y elitistas, más cercanos a sus pueblos y culturas, y más comprometidos en la defensa de los derechos humanos. La distancia y desconfianza experimentada frente a la autoridad de la Iglesia queda bien reflejada en el tenso debate acerca del sensus fidelium, concepto que para algunos comporta el reclamo de que los fieles sean más escuchados y para otros está siendo utilizado como subterfugio para introducir un gobierno de la opinión pública (P. Valadier y G. Angelini).
La lectura de este libro nos deja la imagen de una teología moral católica que da nuevos signos de vitalidad, y en la cual la preocupación por los más débiles y necesitados se insinúa como el punto de partida para la elaboración de una ética teológica menos pretenciosa, más plural y contextuada, y sobre todo, más cercana a las personas concretas, con sus sufrimientos y sus esperanzas.
Nota:
(1) L. Hogan (ed.), Applied Ethics in a
Esto les servirá de señal: encontrarán a un niño (Lc 2, 12)
En el juego el niño crea libremente su mundo. Y la sabiduría creadora de Dios se vuelve, según sus mismas palabras, niño; en efecto, cuando el Padre trabaja en la obra creadora, yo jugaba todo el tiempo en su presencia, jugaba con la esfera de la tierra y así yo era su alegría cotidiana (Pr 8,27-31). Ahora bien, ni el juego creador de Dios, ni su juego redentor, son juegos de esos cuyas reglas se conocen por anticipado: pertenecen más bien a esos mundos de cuentos que los niños se crean por su cuenta y sin límites, cuando están entre ellos o bien cuando están solos; un mundo en el que ellos mismos son los directores y los espectadores fascinados, abrumados por el placer de su propia invención y entusiasmados por la originalidad de las leyes de ese mundo que ellos han inventado. (El adulto vive todavía esta unidad casi exclusivamente en el sueño, cuando el intelecto severo duerme y la imaginación comienza su carrusel).
Pero el niño es también un maestro en el arte de la contemplación. Está acostado en su cuna o como en
Cada niño empieza en el mismo punto: en la novedad absoluta del ser, en el mismo asombro absoluto, que es el acto fundamental de la filosofía; y entra en el mismo juego, que es la superioridad perfecta sobre todas las cosas, pero en ella, sin ningún distanciamiento frío y resignado respecto a ellas. Cada niño conoce o debería conocer la seguridad absoluta en el seno de su madre, de su padre, de su familia; y toda la obra y los sufrimientos posteriores del adulto deberían alimentarse de las riquezas inagotables de esta seguridad. Cada niño concibe, o debería concebir, su habla como respuesta a una palabra de amor que lo despierta, como un agradecimiento tan natural que no tiene la menor necesidad de ser pronunciado.
Así, la salvación de la gracia suprema desciende sobre esta sagrada región olvidada de la existencia creada, oscurecida por el mal del pecado original. Lo que es temporal, demasiado temporal, encuentra refugio frente a toda disolución en la infancia eterna.
Un impuesto para salvar al mundo
El cataclismo tenía que ocurrir. El diario The Daily Telegraph perdió la fe en el capitalismo: El 13 de octubre de 2008 será recordado en la historia como el día en el que el sistema capitalista en Gran Bretaña aceptó su derrota, escribe el detractor del marxismo. Pero no es el capitalismo (como quiera que se lo entienda) lo que ha concluido sino el thatcherismo: la creencia de que la economía de libre mercado puede asociarse al nacionalismo político. El libre mercado es por naturaleza global y las instituciones políticas que lo instrumentan deben consecuentemente y en la práctica también ser globales. Los Bancos Centrales de Europa y del mundo están luchando con un dilema que el Tatcherismo no puede resolver: cómo controlar una crisis global con instrumentos originados en jurisdicciones nacionales. Si una autoridad nacional reconoce garantías a sus bancos, las autoridades equivalentes de otras naciones deben imitarla o aceptar la fuga de fondos a jurisdicciones que les aseguren la disponibilidad, o alternativamente aplicar restricciones al flujo de capital que perjudicarán el comercio. Si el gobierno irlandés acepta responder por los depósitos en los bancos que él regula, el gobierno británico debe hacer lo mismo, y los otros gobiernos europeos, por razones similares, deberán imitar al británico.
En los últimos 30 años el Tatcherismo ha evadido el dilema negando lo evidente: los mercados necesitan el control estatal para asegurar su existencia (y no sólo para salvar sus defectos). Sólo si el poder estatal define y garantiza los derechos de propiedad, asegura mediante la justicia que los contratos serán respetados, y mantiene si es necesario en forma compulsiva la seguridad de las comunicaciones ante la piratería y otros delitos, puede practicarse y florecer el comercio. La negación de esta verdad elemental fue la responsable de algunos de los peores contratiempos en las relaciones internacionales desde 1989. La suposición absurda de que Rusia podría evolucionar desde una economía dirigida a un mercado libre sin un cuidadoso manejo de la transición condujo al caos, al sufrimiento generalizado, a la injusticia y al resurgimiento del autoritarismo. En Irak los neoconservadores desconocieron su responsabilidad de reestablecer la autoridad del Estado que habían destruido con la intervención militar, justificando la anarquía sangrienta con las complacientes palabras los hombres libres saquean.
La globalización de la vida económica que hemos visto durante este período, y que ha sido tan positiva sacando de la pobreza y la desesperación a cientos de millones de personas, ha sufrido la misma visión parcial neoconservadora.
En primer lugar, se trató de un proceso global sólo en el ámbito abstracto de las finanzas, ya que las restricciones en el intercambio de bienes se levantaron con cierta lentitud, y el fracaso de la ronda de negociaciones en Doha ha mantenido la vigencia de tarifas y subsidios que inducen a la pobreza. En segundo lugar, mientras el capital gozaba de libertad para trasladarse alrededor del mundo sin impedimentos, el desplazamiento de la fuerza laboral, con excepción del ámbito interior de los Estados Unidos y de los países que anteriormente se encontraban detrás de la cortina de hierro, estuvo sujeta a severos controles de inmigración. Y, en tercer lugar, la creciente libertad del mercado de monedas no estuvo acompañada por el desarrollo de una política global destinada a regularlo y protegerlo, manteniendo su equilibrio con los mercados de bienes y del trabajo. El resultado fue una economía que se desarrolló en forma errática y especulativa, por momentos más en el plano virtual que real, sin quedar claro sobre qué bases en última instancia se apoyaba el crédito.
La comunidad financiera del mundo de la que todos somos parte actualmente está pagando el precio por su fracaso en concordar la globalización económica con la globalización política. Un error similar al comienzo del siglo XX condujo a
La crisis actual ofrece una oportunidad extraordinariamente apasionante que debería integrar la agenda de las reuniones de los dirigentes mundiales como la convocada por el presidente G. W. Bush, al finalizar el año, para discutir la crisis financiera. En la conferencia de Bretton Woods participaron 44 naciones que determinaron la creación de muchas instituciones y del sistema monetario que hoy se encuentran amenazados. El colapso de estas instituciones y las ilusorias certezas que mantuvieron la expansión del comercio mundial a partir de 1950 ofrecen la posibilidad de una reconstrucción que puede consolidar, en el siglo actual, un desarrollo en paz, un equilibrio de la economía mundial y una respuesta colectiva al desafío del medio ambiente. Lo que se necesita es un mecanismo para articular las estructuras de gobierno que el mundo ya posee -especialmente en los estados a un mercado mundial que es demasiado amplio como para ser sostenido o regulado por cualquier nación particular. El mecanismo requiere incluir alguna función de retroalimentación tal que aumente su influencia a medida que las interrelaciones económicas se expandan. Y es aquí que el impuesto Tobin entra en consideración.
El desaparecido James Tobin fue Premio Nobel de Economía que en 1970 propuso la aplicación de un impuesto de alcance mundial, a fijarse entre el 1/100% y el 1%, sobre el valor de las transacciones financieras. Concibió el impuesto como un medio para desalentar la especulación excesiva, aunque inicialmente no especificó el uso o destino de dicha recaudación. Sin embargo, pronto se sugirió que la inmensa recaudación el movimiento diario actual de los mercados de monedas puede llegar a los 3 trillones de dólares (3 x 10 E15) podía aplicarse al cumplimiento de las Metas de Desarrollo del Milenio formulada por las Naciones Unidas, y tal vez también para el sostenimiento de dicha organización. Ninguno de estos objetivos estimuló suficientemente el interés de los gobiernos y, a pesar del apoyo que recibió por parte de economistas, el impuesto Tobin sólo persistió como una buena idea. Pero, tal vez ahora, sea el momento oportuno. Porque un nivel adecuado del impuesto Tobin podría aplicarse a la formación de un fondo de estabilización que garantice el sistema bancario mundial con recursos considerablemente superiores a aquellos disponibles en los bancos centrales particulares. Podría incluso asumir las considerables deudas que éstos están asumiendo, aliviando así las finanzas públicas de los estados afectados. Dicho fondo de estabilización aumentaría o disminuiría proporcionalmente a la fluctuación de las transacciones internacionales, y el valor de la tasa podría calibrarse de acuerdo al riesgo sistémico que los operadores de fondos atribuyeran a las distintas transacciones. Ya que la estabilidad financiera es claramente de interés de todos, hay una posibilidad de que los gobiernos finalmente se unan para acordar un impuesto global que la garantice.
¿Quién administrará el impuesto Tobin? La solución más conservadora sería confiarlo al Banco de Ajustes Internacionales de Basilea, la más antigua institución financiera global, una suerte de banca central de los bancos centrales. Un decisión más radical sería poner, al menos parcialmente, el impuesto en manos del Fondo Monetario Internacional, una institución con responsabilidades para el desarrollo y la promoción, asociando su aplicación desde el principio con el cumplimiento de Objetivos del Desarrollo para el del Milenio. Realmente, sin un soporte tal, los Objetivos serán fácilmente desconocidos en la presente crisis. Similarmente, la reforma de las Naciones Unidas, esencial para que dicha organización juegue un papel en el futuro del manejo político del mercado global, es difícil que ocurra si su presupuesto no mantiene independencia de las contribuciones de las distintas naciones y no está sujeto al efectivo control por otra agencia de carácter internacional.
Estamos en un momento de decisión. Si la globalización de fines del siglo anterior debe progresar y contribuir a un desarrollo estable, equitativo y pacífico en el futuro, debe adoptarse una forma de cooperación política internacional más efectiva. Si en cambio repetimos los errores de la primera mitad del siglo XX sufrirá toda la humanidad.
Política latinoamericana
Para analizar los problemas y las paradojas de América latina, que incluye México, Centroamérica, Sudamérica y países del Caribe insular, es necesario un recorrido histórico y geográfico. Para reconocer las peculiaridades de la región en su conjunto, una unidad tan agregada, necesitamos echar una mirada al pasado más contemporáneo, y contrastarlo con otras regiones o subcontinentes en el mundo.
Las huellas de tres décadas
Pensemos en los últimos cuarenta años. De los 70 en adelante, en Europa se da un proceso progresivo de generación de una comunidad económica. Cada década es parte del proceso en el que hoy se expande
Cuando comenzó
El deterioro
Los 70 estuvieron perdidos en términos políticos: había tres islas democráticas (Costa Rica, Venezuela y Colombia), y el resto de los países estaba gobernado por regímenes autoritarios de variada intensidad y de enorme capacidad destructiva, con violación sistemática de los derechos humanos, ruptura del imperio de la ley, años en los que se segó prácticamente una generación.
Esta herencia trágica de los 70 se enmienda parcialmente con el avance de la democracia en los 80, pero esta fue la década perdida en términos económicos: alta volatilidad, endeudamiento masivo, crisis económicas recurrentes, problemas graves de inserción internacional, rezago tecnológico notable, desindustrialización cada vez más evidente.
Llegaron los 90 y con ellos la esperanza de la apertura, la reforma; otro oxígeno para América latina, y con alternativas de inserción. Pero terminan, sin embargo, de manera dramática. Es la década perdida en cuestiones sociales: los indicadores (educación, salud) en la mayoría de los países muestran un deterioro franco.
América latina no es la región más pobre del mundo pero sí la más desigual del planeta, con una disparidad que se ha ensanchado inclusive en sociedades que no tenían esa tradición, como
¿Por qué plantear estos problemas? Porque en este escenario aparece la actual crisis financiera y aquellos que desean me incluyo una alternativa o una solución progresiva o progresista, hacen bien en tener expectativas, pero hacen mal en creer que necesariamente habrá una salida positiva. También podría darse una salida regresiva, retractiva, que genere el avance de fuerzas que, en aras de la protección, la seguridad y sus intereses económicos, nos lleven a situaciones de restricción de la democracia y de concentración de riqueza en lugar de ampliación de oportunidades.
Es tiempo de mucha prudencia, y lo mejor que podría hacer la región es plantearse cómo reducir los costos y no cómo ganar más. Reconocer una potencialidad no para exacerbarla sino para comprenderla, para registrarla, para pensarla, para diligenciarla. Un rumbo equívoco, con fuerzas sociales y políticas refractarias y aun retrógadas que, en medio de un escenario de tres décadas perdidas, quieran impulsar el orden puede potenciar la inestabilidad y la polarización.
Las democracias
Evoquemos los 70 en términos comparativos. ¿Quién hubiera pensado una mujer socialista en el poder en Chile? ¿Quién hubiera pensado en un trabajador metalúrgico presidente en Brasil? ¿Quién hubiera pensado en un presidente no Colorado en Paraguay? ¿Quién hubiera pensando que el Frente Amplio en Uruguay podía destronar a los dos partidos tradicionales en el poder? ¿Quién podía imaginar que un indígena llegaría al gobierno en Bolivia?
Si se miran las caras de algunos avances democráticos, ha habido señales interesantes en la región, pero con una agenda para la que probablemente y en muchos casos no se tenga la suficiente capacidad de gestión. Una crisis financiera significa más restricciones también externas a estos pequeños avances.
Las tres décadas perdidas también tienen el efecto de fragmentarnos. La alternativa del Sálvese quien pueda se ha vuelto un elemento casi paradigmático de la política en nuestros países. Cada uno sueña con una relación especial con los Estados Unidos: durante los 90
Se fueron diluyendo los proyectos de integración; estábamos en camino de tener una cuarta década perdida en términos de integración. El Grupo Andino, ahora llamado Comunidad Andina de Naciones (CAN), implotó, desapareció. Si bien aún existe una sede en Lima, Venezuela abandonó el grupo, Colombia y Perú firmaron acuerdos bilaterales de comercio con los Estados Unidos, y el Mercosur está tan estancado que ya ni siquiera preocupa esta situación.
Una actitud defensiva ante semejante nivel de fragmentación lleva a Brasil a proponer una Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Recordemos el proceso de integración en Europa: primero se habló de un acuerdo vinculado al carbón y al acero, luego se pasó a lo que se llamó Comunidad Económica Europea y terminó denominándose Unión Europea. Es decir, recurrió al concepto de unión como punto de llegada y no como punto de partida. América latina sigue el proceso inverso: el Mercosur está estancado, el CAN implotó y se crea
Las paradojas
No obstante la plenitud de lo que muchos han llamado la tentación imperial de los Estados Unidos, es poco lo que pueden hacer respecto de muchas cosas en América latina. No han podido frenar el avance creciente de China en la región, que apuesta cada vez más al comercio, la inversión y el soft power, ese poder persuasivo a favor del multipolarismo. Reaparecen los rusos en alianza militar con Venezuela, vendiéndole tres mil millones de dólares en armas; Irán desarrolla una diplomacia activísima en Centroamérica y en América del sur, en especial en Bolivia, Ecuador y Venezuela; India comienza a dar señales. Sudáfrica se proyecta en la región. ¿No era éste el continente de los Estados Unidos? ¿Algunos no eran adversarios, y otros, incluso, dolores de cabeza?
Washington no puede hacer mucho: colapsó el ALCA sin empezar (previsto para el 1º de enero de 2005). Y pasan cosas muy raras en este hemisferio. Los Estados Unidos decidieron movilizar nuevamente
Hay zonas calentísimas en el mundo, como el Medio Oriente o el Sudeste asiático, y sin embargo fueron dos países latinoamericanos, Bolivia y Venezuela, los únicos que echaron a embajadores norteamericanos. (Aclaro que estoy en contra de la expulsión; me parece absolutamente inconveniente y significa elevar el nivel de disputa innecesaria con los Estados Unidos).
Y hay más situaciones inesperadas: en octubre el Presidente de Honduras le pidió a George W. Bush terminar con la guerra contra las drogas. ¿Qué propuso? Legalizarlas colectivamente en el sistema internacional. No es un dato menor que lo diga Manuel Zelaya, que tiene un acuerdo de libre comercio con los Estados Unidos y que mandó tropas a Irak en 2003 como parte de
Sabemos lo que pasó con Rusia y Georgia. Pocos países reconocieron la independencia de Abjasia y Osetia del Sur. Uno de ellos fue Nicaragua, un dolor de cabeza formidable para los Estados Unidos.
Lo interesante es que Washington no ha querido o no ha podido sancionar a estos actores que no aceptan sus prescripciones y que incluso deslegitiman algunas de sus políticas. Tiene otros objetivos y problemas tan superlativamente grandes en el resto del mundo que los márgenes de autonomía de la región tienden a crecer.
El futuro dependerá de nuestra claridad. ¿Por qué? Cito un caso argentino: en 2004, cuando se realiza la primera reunión de gestación de UNASUR en Perú, el presidente era Néstor Kirchner. Entonces el país decía que lo importante no era Sudamérica sino tener una política latinoamericana. Kirchner envió una delegación de bajo nivel y dejó en claro que
El triángulo
En algunos temas
Se necesita un mapa de ruta estratégico para saber en qué punto se coloca esa relación en función de otras relaciones. Uno de los problemas estructurales de
Nuestro problema esencial en política exterior sigue siendo qué hacer con Brasil. El gran atajo de los 90 fueron los Estados Unidos y se decía: Van a estar de nuestro lado, viene capital financiero, hacemos buenos negocios, mandamos tropas a Irak, votamos en contra de Cuba y, en el momento dado, los Estados Unidos nos van a fortalecer. Sin embargo, en 2001 Argentina estaba en el lugar sub-cero para los Estados Unidos; la crisis nos arrastró y nadie apareció diciendo: En aras de esta alianza, vayamos al salvataje de
Temo que no se comprenda que el escenario conflictivo actual, con sus tantas opciones, nos conmina a tener mucha claridad estratégica; hacer mal las cosas puede significar otra frustración, otro retroceso para
La actual crisis financiera está potenciando a sectores que piensan en cómo volver al atajo norteamericano frenando a los brasileños, en clave ideológica de derecha. Y, por izquierda, hay un núcleo no menor que dice que el contrapeso de Brasil debe armarse con Venezuela. Si bien creo que hay que tener buenas relaciones con este país, no estoy de acuerdo en que se pueda o se deba frenar a Brasil; estaríamos escogiendo como contrapartes a actores que tienen tesis demasiado confrontativas y con las cuales
Dentro del sistema capitalista es posible desarrollarse mejor si los sectores productivos, el Estado y otros actores sociales coinciden en una gran estrategia. Uno de los elementos clave a tener en cuenta en el sistema internacional es que el eje material, tecnológico, la demografía, la geopolítica y la economía están dirigiéndose hacia el Asia. Argentina necesita mirar cada vez más hacia allí y tener una gran sociedad estratégica con Brasil. Si, en cambio, se opta por el capitalismo de amigos, es difícil tener un sector empresarial que sea un motor; que más bien tiende a negocios fáciles y rápidos.
Para diseñar una política prudente y osada a la vez, se necesita una cancillería muy competente, un Estado que confíe en su cuerpo diplomático, y no creo que ésta sea la situación argentina. Por otro lado, se necesita una mejor comprensión del mundo, a la que se debe acceder a través de los académicos, de los medios de comunicación, pero observo un país cada vez más ensimismado, más aislado, reducido en su capacidad de comprensión general. No le endilgo todo al gobierno, pero entiendo que los países más exitosos en su modo de articulación e inserción internacional han ido sumando estos componentes.
Narcotráfico, corrupción, lavado de dinero
Es muy difícil sostener el argumento de que hay países productores, países de tránsito y países consumidores de drogas. Los Estados Unidos son en la actualidad el primer productor mundial de marihuana; el año pasado el total de hectáreas cultivadas superó las diez mil, por encima de México, Colombia, Jamaica, que eran los productores tradicionales. Por otro lado, los principales productores de éxtasis son Holanda y Bélgica. Sudamérica, como un todo, es el tercer gran consumidor de drogas en el mundo, detrás de los Estados Unidos y
Causa perplejidad que haya quienes sostengan que es época de ensayar políticas más duras. Los Estados Unidos tienen la mayor población encarcelada del mundo por delitos vinculados a las drogas: más de 1.200.000 personas. En los últimos 16 años, en los países andinos, México y Guatemala, se han erradicado cultivos ilícitos en una superficie comparable a cuatro veces el estado norteamericano de Delaware. Se intentaron políticas de mano dura, pero no han sido efectivas.
En cuanto al crimen organizado, así como tuvimos
Los países tienden a militarizar este combate, por ejemplo, el derribamiento de aviones por parte de Perú o el Plan Mérida que implementa México, con un fuerte componente coactivo. Los niveles de corrupción vinculados a este fenómeno son altos porque la tentación es muy grande: la diferencia en el precio de lo que cuestan las hojas de coca en Bolivia y el kilo de cocaína vendido al por menor en Chicago es del 1.400%. En situaciones de fuerte brecha social, de desigualdad creciente y de inefectividad del Estado, los efectos son aún más nocivos.
Donde mueren los vínculos
No existimos por el mero hecho de pensar que somos: existimos porque estamos relacionados; la textura misma de nuestro ser se despliega en nuestros vínculos.
¿Acaso no es la relación un espejo en el cual, si somos honestos y concientes, podemos observar sin distorsión alguna, nuestro verdadero estado interno? ¿Puede haber vida en el aislamiento?
El problema no es el mundo sino la relación que entablamos en la vida de todos los días, con quienes nos rodean y ese problema al multiplicarse se convierte en el problema mundial. Los conflictos del mundo no están separados de nuestros conflictos; nosotros mismos los hemos proyectado y amplificado sin resolverlos.
En nuestra inquietante civilización moderna es evidente el estado de desequilibrio y de desdicha humana; corazones vacíos y mentes huecas con muy poca capacidad de reflexión y de sensibilidad como para producir una cultura diferente.
La nuestra es una cultura de la huída y el escape permanente de nosotros mismos, de nuestras verdaderas dificultades.
Nuestra educación se basa en la cultura de lo externo, en la cultura de la dependencia: la gran mayoría continúa buscando un padre o una madre glorificados bajo distintos disfraces -gurúes, guías, maestros, instituciones- que los moldee con arrogancias dogmáticas y con cómodas formas de pensar y de sentir.
Nuestros miedos alimentan nuestra infantil dependencia y cuánto más dependemos más se socava la confianza en nuestra creatividad innata. Los verdaderos tesoros de la vida están dentro.
Echar raíces en nuestra inmensa profundidad interior y estar vitalmente interesados en la totalidad de la vida, en captar la esencia de la relación, no evitarla sino comprenderla en todo su contenido debería ser el núcleo de nuestra existencia.
Estamos tan lastimados y heridos que, sin darnos cuenta, vamos erigiendo en torno nuestro, enormes muros de resistencia y cualquier muro de resistencia impide toda verdadera relación. Vivimos asustados y ni siquiera somos concientes de aquello a lo que tememos; en el miedo no puede florecer ningún vínculo.
El miedo es resistencia y por mucho que enmascaremos el miedo, nos impide aprender y ser dichosos.
Vivir es aprender y en esto radica la naturaleza de nuestros vínculos: o se resiste o se aprende.
El conflicto existe cuando uno no aprende y, como casi todos hemos sido educados en la negación del dolor y, por lo tanto, del conflicto, la vida se transforma en una batalla donde no se integran las diferencias; o se pierde o se gana.
Donde debería comenzar el diálogo, muchos se precipitan en el abismo del encierro y la exclusión; nuestros vínculos agonizan o mueren.
La verdad es la que libera y no el esfuerzo por ser libres; y la verdad está hecha de pequeñas verdades ocultas en cada cara del conflicto.
No hay madurez si no hay integración; ¿somos concientes del modelo de exclusión con que encaramos nuestras relaciones personales, familiares e institucionales?
Un conflicto evitable
El problema suscitado con el biblista Ariel Álvarez Valdés, salvando las naturales distancias, retrotrae a viejos conflictos entre teólogos y Magisterio sucedidos en el siglo XX. Los nombres de Marie-Joseph Lagrange, Teilhard de Chardin, Yves Congar en la época del pre-concilio, sumados a los de Hans Küng, Leonardo Boff, Gustavo Gutiérrez y otros vienen a la memoria de quienes han seguido esta historia intraeclesial de la teología.
El tema es complejo y sumamente delicado. Se trata de una cuestión que cae claramente en lo que la Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo denomina: El problema del disenso(1). Me interesaría subrayar algunos puntos para enriquecer el debate.
Ámbitos propios
Es preciso destacar la distinción entre núcleo de
Tensión inevitable
La tensión entre teología y Magisterio es un hecho inevitable. Hans Urs von Balthasar, en su libro El complejo anti-romano, recordaba que ya en el principio de
Actualización y custodia
En cierta medida, se puede afirmar que la teología abre caminos de comprensión, de actualización e inculturación de
Oscuridad informativa
Las iglesias locales tienen su responsabilidad en el discernimiento de las teologías. La concentración sobre los organismos romanos en el discernimiento de opiniones teológicas no parece coincidir con el análogo deber de las iglesias locales pastores, fieles y teólogos y tampoco parece haber sido parte de la historia del primer milenio. En este sentido, se hace necesario una intervención concreta y clara de las iglesias locales. Se objetará que, en el caso que motiva este artículo, hubo una intervención de orden diocesano. Sin embargo, fue la ausencia de información lo que generó desconcierto, sobre todo por tratarse de un autor bastante conocido en los círculos bíblicos y catequísticos. Por otra parte, tampoco hubo un debate en otros organismos habilitados, tales como
En síntesis: un proceso claro, con información sobre los puntos cuestionados, con posibilidad de un explicitación por parte del teólogo observado, con una participación crítica de organismos teológicos locales, etc., parecen condiciones necesarias para una solución madura del conflicto. De lo contrario, tal como está sucediendo, numerosos fieles toman partido de un modo virulento, reclamando por cuestiones no suficientemente esclarecidas o, como es el caso de una mayoría silenciosa, asisten desconcertados a una situación que los desestabiliza en su propia fe y en su posición frente a su entorno.
Hay teólogos y teólogos
Los teólogos no son figuras neutras o inofensivas. Algunos tienen el respaldo de poderes no estrictamente intelectuales (congregaciones religiosas, movimientos, diócesis económicamente poderosas, universidades, empresas de comunicaciones, editoriales, etc.). Aunque parcialmente análogas entre sí, las situaciones de Gustavo Gutiérrez párroco en un barrio pobre de Lima y la de Leonardo Boff apoyado por una conferencia episcopal, la orden franciscana, y por editoriales y periódicos ofrecen notas diferenciadoras muy importantes como para dejar de lado. Tampoco es igual la condición de un teólogo laico, docente en un colegio católico, por ejemplo, que la de un sacerdote respaldado por el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo o por el Instituto Verbo Encarnado o por
Sobre los métodos
Es imprescindible el cuidado de los métodos para resolver los conflictos entre teólogos y Magisterio. Menciono dos aspectos de este cuidado.
El primero es que una cuestión que adquirió una dimensión pública debe ser resuelta de una manera pública. Esto significa que es preciso informar por los canales pertinentes y a los interesados en este caso, las comunidades locales de influjo sobre las observaciones y el proceso llevado a cabo.
En segundo lugar, la difusión no puede ser hecha por canales inapropiados y a destinatarios equivocados.
Saber acompañar
Finalmente, hay que recordar que el Pueblo de Dios debe ser respetado en su proceso de fe ayudándolo a alcanzar el contenido objetivo de
(1) Instrucción sobre la vocación eclesial del teólogo de
(2)
el oficio de interpretar auténticamente la palabra de Dios escrita o transmitida ha sido confiado únicamente al Magisterio vivo de
(3)
(4) Si las dificultades persisten no obstante un esfuerzo leal, constituye un deber del teólogo hacer conocer a las autoridades magisteriales los problemas que suscitan la enseñanza en sí misma las justificaciones que se proponen sobre ella o también el modo como ha sido presentada. Lo hará con espíritu evangélico, con el profundo deseo de resolver las dificultades. Sus objeciones podrán entonces contribuir a un verdadero progreso, estimulando al Magisterio a proponer la enseñanza de
En estos casos el teólogo evitará recurrir a los medios de comunicación en lugar de dirigirse a la autoridad responsable, porque no es ejerciendo una presión sobre la opinión pública como se. contribuye a la clarificación de los problemas doctrinales y se sirve a la verdad (Instrucción
, 30).
XI Bienal de Arte Sacro Pintura 2008
El encuentro de la inspiración artística en lo religioso es el objetivo primordial de
-¿Cómo definiría la relación entre arte, fe y sociedad en el presente?
- Sumamente compleja, como cualquier aspecto de la realidad posmoderna. Se observa un secularismo extremo que evita todo lo referente al sentir religioso, pero por otro lado, el número de inscriptos a
-El jurado estuvo integrado por destacadas personalidades como Josefina Robirosa, Eduardo Mac Entyre, Guillermo Whitelow, Carlos Carmona y Adrián Gualdoni Basualdo. ¿Cuáles fueron los fundamentos invocados a los artistas?
-Uno de los objetivos principales de toda bienal es buscar un prestigioso jurado y el que integró la presente convocatoria estuvo de acuerdo en que los premios debían ser un testimonio de lo sacro contextualizado en el momento actual. Es así como el primer premio condensa esta búsqueda. El Gólgota, de Martín Szelagowski, está construido sobre un desarmadero de autos como símbolo de los despojos del hombre de hoy sobre los que se derrama la sangre salvadora de Cristo, nueva luz de esperanza.
-¿Cuáles son las novedades de la actual edición?
-La variedad de estilos. Un recorrido por la exposición nos sorprenderá con arte figurativo, abstracto y conceptual, además de muchas obras inspiradas en el cubismo, en el arte geométrico y hasta en el arte clásico del siglo pasado.
La muestra permanecerá abierta hasta el 14 de diciembre de martes a domingo de
La isla
El escritor triestino Giani Stuparich (1891-1961), de origen judío-italiano por parte de madre e istriano por parte de padre, perteneció con Svevo, Saba y otros importantes nombres al mundo literario de esa peculiar ciudad que fuera el gran puerto del imperio austro-húngaro y donde viviera largos años James Joyce, el autor de Ulises. Este breve y conmovedor relato, publicado en español por mérito de la excelente editorial Minúscula, que dirige la antropóloga argentina
Si bien Stuparich se enroló patrióticamente como voluntario en el ejército italiano durante
La isla es un texto de inusitada hondura y delicadeza masculinas. Un hombre ya en la fase terminal de su enfermedad es acompañado por su hijo a pasar unos días de verano en la isla del Adriático donde nació. La luminosidad del paisaje contrasta con la búsqueda interior del sentido del dolor y de la efímera existencia humana. En efecto, Magris señala que se trata de un relato admirable de vida y de muerte, no conjurada sino mirada sin piedad cara a cara.
La relación entre el padre y el hijo, afectiva y cálida pero marcada por una suerte de extraordinario pudor y respeto, determina el tono de todo el libro. Los pequeños episodios la casa simple donde se hospedan, ir a pescar o contemplar el mar, comer juntos o salir a caminar, breves recuerdos de su propia vida que asoman en las parcas conversaciones dejan traslucir el amor entrañable que une a los dos. La vida es una alegría para ambos, y la muerte una amenaza que acaso golpea más al hijo que lo asiste que al padre que la enfrenta.
Este texto, publicado por primera vez en italiano en 1942, es para muchos la obra cumbre de Giani Stuparich. El relato bien traducido por González Sainz concluye con la misma sobriedad con que se ha desarrollado a lo largo de sus páginas: En el barco, el padre quiso permanecer en cubierta para despedirse de su isla; luego bajó a la cabina. El hijo vio empequeñecerse la isla, desvanecerse en el horizonte bajo el inmenso resplandor del mar. Fue aquel el primer momento en el que tuvo la conciencia precisa y simple de lo que perdía al perder a su padre.
Recuerdo y presencia de Thomas Merton (1915-1968)
Si quieres saber quién soy yo,
no me preguntes dónde vivo,
o lo que me gusta comer, o cómo me peino;
pregúntame, más bien, por lo que vivo,
detalladamente,
y pregúntame
si lo que pienso
es dedicarme a vivir plenamente
aquello para lo que quiero vivir.
(Thomas Merton: Mi argumento ante
Se ordenó sacerdote en 1949 adoptando el nombre de padre Louis, habiendo ingresado en el monasterio trapense de Nuestra Señora de Getsemaní, Kentucky, ocho años antes. En su juventud, su vida nómada le permitió conocer con profundidad la cultura europea. Se doctoró en Columbia, aunque estudió en Cambridge. Fue ciudadano norteamericano, si bien nació en Francia. Reconocido como una de las voces de la espiritualidad más importantes del siglo XX, Thomas Merton no abrazó el catolicismo hasta 1938. Su poderosa obra escrita, que inicia la autobiografía La montaña de los siete círculos (1948), narra la experiencia de la vida monástica y contemplativa junto con la necesidad de salvaguarda de la fe.
La vida de Merton se apagó el 10 de diciembre de 1968, mientras asistía a una conferencia entre cristianos y budistas en Bangkok. Fallecía electrocutado dejando un legado de gran obra poética y de reflexión sobre la conciencia humana. Preocupado por el entendimiento interreligioso, en su encuentro con el Dalai Lama culminaba inesperadamente una larga labor de estudio de las religiones orientales e indoamericanas. Promotor del pacifismo y del reencuentro del ser humano con la naturaleza, pese a su amor a la soledad y a la oración continua no elude las pronunciaciones sobre el peligro nuclear, la destrucción del ecosistema y la barbarie de la discriminación racial.
Fue hombre de vasta cultura y su encuentro con diversas tradiciones le permitió escribir desde un humanismo en permanente diálogo con Dios. Fray Manuel E. Valls explica la síntesis que Merton realizó en su juventud, su búsqueda de una palabra consustanciada con la cristiandad: Fue en su época de estudiante universitario cuando conoció a un extraño personaje hindú llamado Bramachari al que acudió para pedirle consejo referente a lecturas espirituales y éste le aconsejó que leyera las Confesiones de San Agustín y
Cartas y diarios, reflexiones y despedidas
Desde 1939 hasta su muerte, Thomas Merton volcó sus reflexiones en un diario personal que luego recopiló y publicó el hermano Patrick Hart, su amigo y compañero del monasterio. Estas reflexiones, junto con su correspondencia personal, constituyen un indudable testamento filosófico. En lo que se conoce como Cartas de
Anotaba Cardenal en esa carta que poco se sabía de su muerte y que, según algunos periódicos, habría muerto electrocutado, tal vez al caer un ventilador sobre su cuerpo o al tratar de ajustar una pieza del mismo. En un avión del ejército norteamericano volvió a los Estados Unidos el cuerpo de Merton, a lo que Cardenal dedicó un fragmento de su Coplas a la muerte de Merton: tu muerte marca General Electric / y el cadáver a USA en un avión del Army / con el humor tan tuyo te habrás reído / vos Merton ya sin cadáver muerto de risa / también yo / Los iniciados de Dionisios ponían hiedra
/ (yo no la conocía) / Hoy tecleo con alegría esta palabra muerte / Morir no es como el choque de un auto o / Como un cortocircuito / Nos hemos ido muriendo toda la vida / Contenida en nuestra vida
¿Cómo juzgaba Merton la vida contenida en el hombre moderno? Premonitoriamente, con desasosiego ante el avance de la vacuidad del hombre tecnológico: En términos puramente económicos, por cierto, todo logro parece fantástico. Pero si procuramos entenderlo sólo en términos económicos, omitiremos factores cruciales. Durante más de un siglo hemos estado viviendo en un mundo donde la tecnología ha sido la mayor de las esperanzas, resolviendo un problema tras otro. Tal vez seamos perdonados si hemos llegado a exigir explicaciones mecánico-materialistas para todo, pasando por alto la posibilidad de que a menudos sean insuficientes
Plantear estas cuestiones en términos económicos, tecnológicos o políticos permitirá extraer sólo algunas de las respuestas requeridas. Deben incluirse cuestiones referidas a la religión y al arte, que en este caso puede ser las más fundamentales.
Interrogándose sobre la naturaleza del hombre en la sociedad contemporánea, también se cuestionó sobre el final de la historia; una estructura de artificio, abstracción y violencia merced a la sumersión de la historia en el vasto complejo unificado de las relaciones mediatizadas por la comunicación de masas que convertirá al mundo entero en una única ciudad homogénea, síntesis del nuevo tribalismo como alternativa a una posible destrucción cataclísmica. Corría 1966. Pero no todo era tristeza en el poeta; consciente de su vocación, opone al materialismo su amor por el hombre que lucha contra el hedonismo: El ministerio peculiar del monje moderno es el de mantener viva la experiencia contemplativa, dejar el camino abierto al hombre de la tecnología moderna, para que pueda recuperar la integridad de sus profundidades más interiores.
Arte y contemplación
Anota Miguel Grinberg en su libro Hermana América, en homenaje a Merton, que cuando éste viajaba para ver al médico de Louisville, ciudad próxima al monasterio, combinaba el día para que coincidiera con la proyección de algún film de Ingmar Bergman en el cine local. Quién otro además del formidable maestro sueco podía plantear con indudable solidez los temas de los que Thomas Merton se apropió en su obra: la soledad, la experiencia espiritual, la comunión y el amor. Consideraba a la degradación del sentido del simbolismo como una señal más de la decadencia espiritual, ante la confusión de tecnología con civilización y la incapacidad contemporánea para aprehender lo visible y lo invisible. El temprano descubrimiento personal de la obra de William Blake, al que dedica su trabajo de tesis, acrecienta su pensamiento de indisolubilidad de la alta expresión artística con el genuino sentimiento religioso. Pero el arte también es para Merton una señal de alarma, como cuando anota en La lluvia y el rinoceronte: En todas las ciudades del mundo es lo mismo, dice Ionesco. El hombre universal y moderno es el hombre apresurado (o sea, el rinoceronte), un hombre carente de tiempo, prisionero de la necesidad, incapaz de entender que una cosa podría no tener utilidad; y menos comprender que, en el fondo, lo útil podría ser una carga inservible y deslomadora. Si no se entiende la utilidad de lo inútil y la inutilidad de lo útil, no puede entenderse el arte. Y un país donde el arte es incomprendido es un país de esclavos y de robots”. La rinoceritis, añade, es la enfermedad que se encuentra al acecho “de quienes han perdido el sentido y el gusto por la soledad.
Desde la soledad de una ermita, Merton conoció en profundidad el devenir del hombre del siglo XX. La oración contemplativa lo hizo admirar la lluvia, el frío del invierno y el silencio del bosque. Desde esta experiencia, en Los hombres no son islas aboga por la comunión entre los seres humanos: Sólo cuando nos vemos en nuestro contenido humano verdadero, como miembros de una raza que está planeada para ser un organismo y un cuerpo, empezamos a comprender la importancia positiva, tanto de los éxitos como de los fracasos y de los accidentes de nuestra vida. Mis éxitos no son míos: El camino para ellos fue preparado por otros. El fruto de mis trabajos no es mío: Porque yo estoy preparando el camino para las realizaciones de otros. Ni mis fracasos son míos: Pueden dimanar del fracaso de otros, mas también están compensados por las realizaciones de otros. Por consiguiente, el significado de mi vida no debe buscarse solamente en la suma total de mis realizaciones. Únicamente puede verse en la integración total de mis éxitos y mis fracasos, junto con los éxitos y fracasos de mi generación, mi sociedad y mi época.
Thomas Merton buscó tempranamente la unidad espiritual como un camino posible para el catolicismo, ante un mundo cada vez más segmentado por la violencia y la explotación del hombre por el hombre. A cuarenta años de su desaparición física, su figura se agiganta frente a una sociedad que evidencia muchas de sus agudas observaciones.




