Marzo 2009
DVD: Mamma Mia!
Una oportunidad de ver a Meryl Streep, esa actriz todo terreno acerca de quien nadie jamás parece tener objeciones, protagonizar una comedia musical y evaluar los resultados. Mamma mía! enhebra su argumento con las canciones del famoso pop sueco de ABBA y su versión teatral fue y es exitosísima en escenarios de Londres, Australia y Estados Unidos. El film, por su parte, fue el estreno cinematográfico más exitoso en la historia de Inglaterra.
Una boda es el disparador del argumento: Sophie, la hija de Donna (Streep), está a punto de casarse en el hotel que su madre dirige, en una paradisíaca isla griega. La chica encuentra el diario íntimo de juventud de su madre y se entera así de que hay tres hombres que podrían ser su padre. Invita a los tres al casamiento, creyendo que ninguno vendrá. Pero todos aparecen, y Donna colapsa al verlos.
La historia está estructurada a la manera de una comedia griega según Aristófanes, con un coro representando a la gente común, con máscaras y otros elementos típicos. Pero no hay demasiados ejemplos de comedias musicales teatrales que hayan sido llevadas al cine con éxito, y éste tampoco es
DVD: Una guerra de película
Esta es la cuarta película de Ben Stiller como director; la anterior, Zoolander, pertenece a 2001 y es una parodia al mundo de los modelos, ahora convertida en una especie de clásico en el zapping del cable. En Una guerra de película (Tropic Thunder en inglés), Stiller y sus co-guionistas se meten con Hollywood. El título original hace referencia a un film rodado en una selva asiática basado en las memorias de un ex combatiente de Vietnam. Los protagonistas son Thug Speedman (Stiller), un actor de acción en busca de prestigio; Kirk Lazarus (Robert Robert Downey Jr.), un australiano ganador de seis Oscar; y Jeff Portnoy (Jack Black) un comediante especialista en chistes escatológicos. Todos ellos son lanzados a la selva para un rodaje caótico en el que se cruzan con unos traficantes de heroína que los confunden con agentes de
Clásico y popular: Clint Eastwood
No vamos a hablar mal de las películas que compitieron este año por el Oscar. No es necesario, ni conveniente, ni justo, desvestir a un santo para vestir a otro. Pero, eso sí, bien podemos consignar la perplejidad de muchos aficionados al cine cuando Changeling no figuró siquiera entre las candidatas, y anotar además la emoción intensa de las plateas por esta obra, y la emoción cordial por la siguiente, Gran Torino. Esta última es comparativamente chiquita, y se apoya en una serie de guiños del personaje Eastwood con sus seguidores, pero, quizá por eso mismo, llega tanto a los jóvenes como a los viejos que lo conocen desde
Décadas atrás, nadie hubiera pensado que ese muchacho alto, fibroso, de una América Rural ajena a las delicadezas artísticas del pensamiento urbano, vaquero de televisión, shooter de spaghetti-western, policía inclemente, autor y protagonista de cintas de entretenimiento donde hacía de peleador por apuestas junto a un orangután igualmente peleador (Clyde, se llamaba el mono), ese tipo de expresiones reducidas, iba a hacer, con los años, obras de tanta madurez, fuerza, profundidad, y llegada pública, como Million Dollar Baby, La conquista del honor, Cartas desde Iwo Jima, y las dos que vemos ahora. Obras con las que habría de acercarse, y acercarnos, a culturas ajenas a la suya, o exponer su propia vejez, y hasta su afición por la buena música, muy apreciable en su documental Piano Blues y en varias bandas sonoras de sus propias películas.
Nunca quiso revolucionar el negocio del cine, y menos su lenguaje. Simplemente, quiso compartir el discernimiento de las cosas que le van dando la experiencia y el trato con los demás, rumbo a una mediana sabiduría. Eso es lo que hace, con un estilo de emoción contenida, sobrio, llano, tomado de los viejos narradores clásicos de inmediata llegada al público, como ciertos libretistas y directores que moldearon su imagen, y algunos maestros que nunca lo dirigieron, pero cuyas obras le quedaron grabadas cuando chico, junto a las lecciones de algunos religiosos.
Él mismo suele mencionar Conciencias muertas, de William Wellman (The Ox-Bow Incident, 1943), cuando alguien elogia a alguno de sus films dedicados a reflexionar sobre la violencia y el prejuicio, como La venganza del muerto, El fugitivo Josey Wales, Los imperdonables y Río Místico. Pero ahora fue un paso más allá. ¿Cuál es la escena más fuerte de Changelling? (objetamos el título de venta hispana, El sustituto, porque alude a uno solo, y ni siquiera es el principal, de los muchos cambios que hay en el relato). Como se recordará, la historia se inspira en la doble prueba de una mujer a la que un psicópata secuestró su hijo, y en vez de ayuda policial encontró un sistema armado para culpabilizar a las víctimas. Por suerte la protegió un pastor presbiteriano con todos sus fieles. Es tremendo lo que ella sufre, y peor aún lo que imaginamos que habrá sufrido el niño. Pero la escena que muchos cuestionan por su extensión y crudeza, es cuando el trastornado se enfrenta con los rostros duros, despreciativos (y tan americanos) de los representantes del orden y la justicia. No pasa allí nada que el público no hubiera deseado que ocurra. Simplemente, no hubiera deseado que ocurra ante sus ojos. Y es el momento en que la historia nos obliga a sentir algo que no esperábamos, al menos ese día. Hay que remitirse a M el vampiro de Düsseldorf o El vampiro negro en su versión argentina, de Fritz Lang para hallar en breves diálogos lo que acá se expone, casi como un capítulo entero, y con un nivel dramático apabullante.
El siguiente film, Gran Torino, pareciera un ejercicio de distención, de bajo presupuesto, centrado en la difícil convivencia de un típico viejo americano de los suburbios, de esos que izan la bandera en el frente de sus casas, con la edad, la familia, y encima sus vecinos coreanos, que sólo esperan que se mande a mudar. Justo él, que estuvo en
La historia no oculta su intención demagógica, ni siquiera oculta su previsible resolución, ya que enseguida vemos que se llevará mejor con los extraños que con los hijos, y con el pibe de los vecinos que con sus propios nietos (gracioso, y bastante justificado, el fastidio que le causa la nieta adolescente). Sin embargo, esa previsible resolución tiene un giro inesperado, que convierte al ejercicio menor en reflexión mayor, cercana a la parábola, sobre los viejos valores y los actuales desvalores, la comodidad y la conciencia (para lo cual está el insistente curita de la parroquia), la pertenencia y la inclusión, la responsabilidad y el sacrificio, y hasta la obligación del americano como hombre moral. Todo ello, expuesto a nivel popular, como si acá hiciéramos algo así entre un tipo que anda con la camiseta de la selección, y sus vecinos peruanos, por ejemplo. Pero no lo hacemos.
En su primer discurso presidencial, Obama recordó una máxima de George Washington: Esperanza y Virtud. Sobre ambas hablan las dos últimas obras de Clint Eastwood. Que, en fin, es, o ha sido, militante republicano (y hasta fue alcalde de un pueblo por ese partido).
Regreso a Fortín Olmos
Allá por 1966, cuatro muchachos entusiastas (éramos jóvenes, dormíamos cómodamente en el suelo) hicieron en las espesuras del norte santafesino un tocante corto documental, Hachero nomás. Mucha gente de aquella época lo vio y se sintió motivada de diversas formas para hacer algo por los pobres. Detalle valioso, al final aparecía una serie de nombres, de gente que ya estaba haciendo algo, y a la cual se dedicaba la obra. A veces pensábamos qué habría sido de ellos. La pregunta fue macerando cuarenta años. Hasta que al fin hicieron Regreso a Fortín Olmos, un elogio de dos agnósticos al espíritu de entrega de los católicos postconciliares.
Ya habíamos mencionado este Regreso
cuando su pre-estreno en el festival marplatense, donde sucedió algo hermoso: apenas terminó la proyección, dos señoras de las primeras filas ni esperaron que alguien les acercara un micrófono, para exclamar, con voz fuerte, ¡Todo eso es verdad! Lo vivimos cuando chicas, y otras cosas nos contó nuestro padre, Mamerto Verón, que recibió una cuchillada cuando quiso ir a una asamblea cooperativa. El hombre sobrevivió, emigró, vive en las afueras de Mar del Plata, y al día siguiente fue a ver la película. Cosas así compensan todo esfuerzo. Y justamente de esfuerzos y experiencias charlamos con los autores del film, Patricio Coll (Cicatrices) y Jorge Goldenberg (guionista de Plata dulce, De eso no se habla, etc.).
- Patricio Coll: Estábamos terminando nuestros estudios de cine documental en
- Jorge Goldenberg: Para colmo, el trabajo era escaso, porque
- P.C.: Fortín Olmos era un caserío con escuela y almacén, formado alrededor del playón adonde llegaban los cachapé (carros de bueyes cargando troncos) rumbo a una fábrica de tanino, pero la fábrica había sido desmantelada. Ahí es donde conocimos a los integrantes de
- J.G.: Una organización francesa de curas obreros (belgas, italianos, franceses),
- J.G.: Así se instaló Rubén, el médico, pero no todos debían necesariamente ser miembros de
- P.C.: Era una experiencia con fuertes rasgos cristianos de entrega, enorme sacrificio, ahí te jugabas en medio del monte, proponiendo un cambio de mentalidad. En ese momento los católicos con sensibilidad social, comprometidos con los necesitados, teníamos la oportunidad de construir
- J.G.: Encarnar.
- P.C.:
el comienzo de un proyecto de cambio.
- J.G.: Había cierta influencia marxista.
- P.C.: Nos sentíamos habilitados por el Concilio Vaticano II y las encíclicas Mater et Magistra y Populorum Progressio. Aclaremos: en nuestro caso ellas no despertaron nuestra conciencia.
- J.G.: Y yo por entonces había dejado de militar en
- P.C.: Éramos amigos personales, y enemigos acérrimos en el ámbito universitario. ¡Nos dábamos con distintos palos!
- J.G.: ¡El diálogo entre católicos y marxistas fluía entre nosotros!
- P.C.: Así es como hicimos juntos aquel corto, pero sólo por sensibilidad, sin intención de hacer un frente político ni nada de eso. Muy poco después, mientras parte de aquella gente seguía haciendo su tarea en Fortín Olmos, otra parte se radicalizó y se volvió montonera. Por ejemplo, yo al jefe montonero Roberto Perdía (ahora líder de Quebracho) lo conocí en Reconquista, cuando era un abogado laboral democristiano, socio de uno de mis compañeros del Ateneo. Se transformó. Y ese desgraciadamente fue un camino de radicalización que se les presentó a los jóvenes; culpa de
- J.G.: Pero tiene que ver con la simpatía hacia las personas y su capacidad de entrega. Yo poco después me había cruzado con algunos de ellos
- P.C.: Yo ni eso.
- J.G.:
incluso fui a comer a casa de unos, pero luego pasaron casi cuatro décadas sin que supiéramos qué habría sido de sus vidas. Hasta que por azar, el Instituto Cervantes de París me invita a presentar De eso no se habla, la última película de María Luisa Bemberg, de la que yo había sido guionista, y a la salida me encuentro con el ingeniero agrónomo Iván Bartolucci, que había ayudado entonces a
- P.C.: Tuvimos que rastrearlos bastante. Pero fue enorme suerte. Encontramos al padre Paoli, de 92 años, todavía de voz firme. Al padre Esteban de Quiriny, muy viejito pero muy lúcido, en Vera, que casi enseguida se lo llevaron a Bélgica por razones de salud. Al matrimonio de Rubén DUrbano, médico, y
- J.G.: A María Rosa Mastropaolo, la única campamentera que volvió a Olmos y ahí fue alfabetizadora, dirigió el taller, tomó un cargo de maestra rural, se enamoró de un colono, y se quedó definitivamente. Una mujer muy interesante, inteligente, sensata.
- P.C.: Y a doña Amadea, justo en vísperas de recogerse en los brazos del Señor. Ella era dirigente peronista, enemiga del dirigente radical, que era un contratista taita, pero ambos eran aliados estrechos contra el proyecto del padre Paoli, absolutamente incompatible con la visión que ellos tenían del mundo.
- J.G.: Era el desorden.
- P.C.: La amable viejecita, recuerdo muy bien haber hablado con ella en la galería de su casa, enemiga declarada de la gente de
- J.G.: El rol del documentalista es investigar una verdad. No fuimos a ilustrar una tesis. Fuimos a ver la verdad de ellos.
- P.C.: Tuvimos una mala suerte con el catálogo del festival, donde doña Amadea aparece calificada como villana. Eso debe decidirlo cada espectador, no hay que condicionarle
- J.G.: El gran avance de la zona ocurre unos kilómetros más allá, por San Javier, donde se ha levantado un complejo turístico para los cazadores franceses de patos. Como en su país quedan pocos y están más protegidos, vienen acá y tiran a lo loco.
Los premios Oscar y la veracidad en la información
Tan sólo horas antes de que Slumdog millionaire se convirtiera en la gran ganadora de los premios de
Señaló el diario español El País que el primero en publicar la noticia fue un blog dado de baja por el proveedor del servicio. El documento, que se convirtió en la comidilla de la prensa mundial, ofrecía en detalle la nómina de los ganadores de los premios Oscar y el portavoz de
En definitiva, la lista de los “ganadores virtuales de los Oscar pone nuevamente en discusión los alcances y realidad de la información disponible en la red. Frente a las voces que declaman el fin del periodismo en manos de la información libre, éste caso suma a otros ejemplos donde la necesidad de mecanismos de verificación de la noticias se hacen cada vez más necesarios.
El caso de los Oscar y su apócrifa lista on-line es la infamia de aquella nómina que, aún en la veracidad -de haber sido cierta-, exprime hasta los límites de lo impensado el libre acceso a la información y a su creación en aras de la libertad de expresión. Lo lamentable es que, con los Oscar como con tantas otras noticias dadas al ruedo, el daño de algún modo fue hecho y por ende los organizadores debieron mostrar las virtudes del eficiente conteo de votos aunque el comunicado a todas luces fuese falso.
Este sistema evidencia el fascinante y peligroso juguete denominado Internet: una suerte de interminable mesa de café de alcances igualmente ilimitados, donde todos son jugadores y jueces, invirtiéndose la onus probandi en manos del primero que acciona. Se añade al problema su utilización por medios de comunicación “reconocidos” del sistema, que intentan ponerse a la par de mecanismos de acceso que están muy por debajo de parámetros de rigor en cuanto a la objetividad, veracidad y credibilidad de
Turistas, por Hebe Uhart
Esta brillante colección de nuevos cuentos de la autora de Camilo asciende, confirma una vez más a Hebe Uhart (Moreno, provincia de Buenos Aires, 1936) en un lugar privilegiado de las letras argentinas contemporáneas.
Con sorprendente capacidad lúdica tan cortaziana, se diría- indaga más en los personajes de las narraciones y en sus cotidianidades que en la trama misma, y se detiene con especial oído, según el caso, en las maneras de decir de la clase popular porteña, en el substrato linguístico del guaraní, en la estructura gramatical del alemán y en la retórica de ciertos pequeños grupos culturales sobre los que ironiza.
Así, entonces, sabremos de la familia que finalmente pudo viajar a Nápoles, justo para carnaval: Yo lo hubiera insultado pero no sé el idioma y tardamos en volver al hotel, todos enchastrados, porque nos perdimos como diez cuadras, qué cuadras, como diez redondeles, porque si las calles de Nápoles fueran como deben ser, nos hubiéramos escapado lo más bien. O acerca de Stephan, el alemán que ama el tango y a las chicas porteñas, aunque no las entienda: Segundo día avanzo mi viaje con mucha aceleración. He ido Abasto, a café Las Violetas, yo he cogido el subte A y asimismo hice Tortoni. Y miré suficiente el Once, tiene mucha organización, calle de botones, calle de pulóveres, calle de la novia y asimismo de zapatos; no hallé los zapatos de tango (
) He reñido por siempre con Malena. Yo ahorita nomás, mañana parto.
Conoceremos a los de una revista literaria que se reúnen, como los poetas ciudadanos de antaño, en el bar
En diferente universo, abatida por su tía loca, la protagonista de Turismo urbano decide no volver a casa y fue entonces cuando me vinculé con Ignacio, que como decía un amigo suyo, era maestro en introducciones
. La de La excursión larga se va a Mendoza para huir del calor de Buenos Aires y salir de una rutina y entrar en otra distinta. Mientras que la de El departamento en la costa, después de llegar a San Bernardo, la playa de la familia, ella, que no tenía familia, se deja engatusar por una desconocida gitana que luego le reprocha: No me llevás a tu casa porque vos discriminás, tenés prejuicios y tenés vergüenza de que te vean con una gitana.
En el relato que cierra el libro, El centro cultural, todo termina contradiciendo el optimismo docente de Arturo y la labor encomiable de su centro multidisciplinario en un barrio periférico: Códigos eran los de antes. Toda esa manga de inexpertos, perdonando la expresión, se iban de noche por los techos, con riesgo de su vida, había chicos, mujeres embarazadas y robaban a los propios vecinos. Lo que es la ignorancia humana.
Como señala Hebe Uhart, al escritor le conviene tener trato con todo tipo de gente. En efecto, atraída por esa variedad ella sabe reflejar en su narrativa a los personajes más curiosos. Lo hace con respeto, con humor, con cierta mirada misericordiosa.
Una mística compartida
La prensa internacional recogió, apenas comenzado el nuevo año, el signo dialogal y más estrictamente pontifical de una de esas vidas que dejan una honda huella no solamente entre quienes han sido sus próximos, en tanto la energía sublime de sus ondas se expande en círculos cada vez más amplios hasta alcanzar espacios infinitos. Es que si algo puede identificar a León Klenicki con su significado más auténtico fue su oficio existencial de construcción de puentes entre las religiones en una perspectiva humanista y al mismo tiempo poseedora de un profundo sentido de lo sagrado.
Su raigal religiosidad judía se encarnaba en una dimensión plenamente humana, y por lo mismo, universal. Aunque descendía de inmigrantes polacos, Klenicki había nacido en la Argentina pero emigró a los Estados Unidos en los años setenta, y miraba desde allí con sincero interés todo lo nuestro. Su judeidad no era ningún obstáculo para su argentinidad.
Su vida se resume en la vocación de hablar de los cristianos a los judíos y a los judíos de los cristianos. Este era y es un punto central en su pensamiento y en su sensibilidad, en tanto que siendo judío, él pondría sus mejores esfuerzos en tratar de borrar la mancha de la ignominia en el rostro de
Había nacido en 1930, diez años después de la llegada de sus padres a nuestro país, y ya en sus primeros estudios de bachillerato un profesor le hizo conocer el pensamiento mariteniano, que completó con los de filosofía en
Habiendo recibido el influjo de grandes pensadores como Franz Rosenzweig y Martin Buber, desde sus años de estudiante Klenicki tuvo una peculiar sensibilidad para el diálogo con el otro distinto, especialmente con
Deseaba volver a unir el Antiguo y el Nuevo Testamento, presentados como antagónicos por una errónea interpretación de las enseñanzas de Jesucristo que incluso había sido condenada en los primeros siglos como una verdadera herejía.
Del mismo modo que llamaba a superar el triunfalismo teológico de los cristianos no dejaba de exigir desde el amor y la justicia que sus hermanos judíos superaran también ellos el triunfalismo del dolor y pensar y repensar el significado del cristianismo, para no quedar presos de los demonios interiores del pasado.
Su primera tesis versó sobre el lenguaje místico en San Juan de la Cruz, una figura a la que significativamente también dedicaría su tesis nada menos que Karol Wojtyla. El no dejaba de gozarse en esa significativa coincidencia. Somos colegas en San Juan de
Con apreciable ternura escribió junto a Jorge Mejía el prólogo de un pequeño libro de Gian Franco Svidercoschi en el que se descubre la amistad de Jerzy Kluger y Karol Wojtyla, una entrañable historia personal de amor mutuo que prefiguraría una nueva relación institucional entre ambas religiones.
Tea and Sympathy
Klenicki buscaría una y otra vez y de un modo incansable caminos concretos que permitieran superar el prejuicio antijudío que durante siglos había enturbiado la presentación del mensaje cristiano y que se había encarnado de un modo muy profundo en
Pero a él no le satisfacía una relación de formas o buenas maneras que le gustaba calificar con buen humor con el nombre de la película Tea and Sympathy (1956), sino que apreciaba que cada una de las partes mantuviera y mostrara con honestidad y fair play su auténtica identidad. Klenicki se planteaba ir más allá de las recriminaciones y los meaculpismos, alentando el intento de superar las limitaciones del presente con un sentido siempre constructivo, en un marco más amplio que los lamentos y reproches.
Su horizonte no se circunscribía ciertamente a
En el año 1969 fue rabino de
El rabino Klenicki era consultado no solamente por organizaciones judías sino también invitado por universidades católicas como
En Argentina tuvo muchos y muy buenos amigos, como los secretarios de Culto Norberto Padilla y Angel Miguel Centeno, y especialmente del cardenal Antonio Quarracino y también del cardenal Jorge Mejía, una amistad que comenzó cuando el entonces joven sacerdote comenzaba a cultivar, antes del Concilio Vaticano II, las relaciones con el judaísmo, y se prolongó después en
Para Klenicki,
Primacía de lo teológico
Tenía una particular admiración y afecto por Jorge Mejía y valoraba mucho el haber abierto con él un nuevo rumbo en un encuentro de católicos y judíos en Bogotá durante el año 1968, junto a la célebre conferencia de Medellín a la que concurriría Pablo VI, en el ámbito del Consejo Episcopal Latinoamericano. A su término comenzó un período de trabajo conjunto en el CELAM, como prólogo de una representación de Klenicki ante
En 2007 Benedicto XVI premiaría una vida consagrada al bien con
Cuando fui por primera vez a New York, mi más grande ilusión era ir con él a una sinagoga y a Saint Patricks, donde me presentaría al cardenal OConnor, que celebraba la misa del domingo en
En los días siguientes me levantaba muy temprano para asistir a la eucaristía y él me esperaba invariablemente con el New York Times y el desayuno caliente preparado por él mismo, mientras me daba algún consejo para el día. Estos detalles facilitarme mediante pequeños servicios la estancia en tierra extraña no me pasaron desapercibidos ni los voy a olvidar porque es en las cosas pequeñas donde se ven las almas grandes.
Un rabino en misa
En otra ocasión, aquí en Buenos Aires, le expliqué que debíamos interrumpir nuestro trabajo porque tenía que asistir a misa en la capilla de
Ahora que León ha muerto, y cuando escucho en la proclamación del Evangelio que Jesús enseñaba en la sinagoga, pienso en el rabino Klenicki cuando me hablaba de Jesús el rabbi y rezo por él, del mismo modo que él quiso compartir conmigo la fracción del pan rezando juntos en la celebración de la liturgia cristiana, nacida en la celebración de la pascua judía.
Rezo por él porque ése es un deber de la amistad, pero del mismo modo me veo en situación de rezarle a él. Aunque rezar a un rabino pueda resultar un tanto inusual desde la perspectiva de la propia fe cristiana no deja de parecerme tan natural como a él el asistir conmigo al sacrificio de la cruz, sabiendo que las sinagogas fueron el lugar de culto de los primeros discípulos de Jesús.
Me gusta recordarlo caminando juntos por Buenos Aires, con su paso algo inseguro pero siempre animoso, en alguno de sus frecuentes viajes. Era un buen conocedor de la filosofía, de las letras y de las artes y aunque sin hacerlo notar, se percibía en él una honda cultura universal. Por eso tuve el gusto de nombrarlo miembro del consejo académico del fondo editorial de
La universalidad del rabbi Klenicki tenía una profunda raíz religiosa que partía de entender al otro como persona de Dios. Fue un verdadero humanista que encarnó lo mejor de su tiempo, el varón justo, un hijo de la alianza, un hombre de Dios.
Una nueva etapa para la Iglesia Ortodoxa Rusa
Elegido en 1990 en el clima de naciente libertad, el patriarca Alexy II, fallecido repentinamente el 5 de diciembre de 2008, se vio enfrentado a enormes desafíos (1). La libertad junto con la descomposición de
Así pues por primera vez desde 1917 el Sínodo Local de
Incorporado al Consejo Mundial de Iglesias en 1961, el Patriarcado fue invitado a enviar observadores al Concilio Vaticano II, decisión audaz para ambas partes, que inició un diálogo difícil pero ininterrumpido. Una de las figuras más destacadas fue el metropolita Nikodim de Leningrado, quien tras asistir a la misa inaugural de Juan Pablo I murió súbitamente en sus brazos durante la audiencia concedida días más tarde. El papa Luciani dijo en el Angelus del domingo siguiente que nunca había oído cosas tan bellas sobre
Kirill I (Vladimir Mijailovich Gundyaev) nació en 1946 en Leningrado, en una familia de sacerdotes. Ordenado en 1969, fue secretario de Nikodim, y su obispo auxiliar con el título de Vyborg, rector de
En su mensaje inaugural acentuó su misión de custodio de la unidad de
Entre los desafíos internos está consolidar la comunión con los ortodoxos en otros países de
Inicia una nueva etapa esa parte del pulmón oriental, surcada por la sangre de incontables mártires, partícipe fundamental de la historia y de la cultura de Rusia en ese milenio de fidelidad bautismal, cuyo pueblo profesa una conmovedora devoción a
Notas:
[1]. Sobre la ortodoxia rusa pueden verse en Criterio, entre otros: Mejía, Jorge: Un atisbo de
2. En Buenos Aires el arzobispo Platón compartió liturgias en su Catedral y en la de la emigración, en la calle Núñez, con el Metropolita sucesor del firmante del Acta, con la participación del Coro del Monasterio ruso de Sretensky en noviembre de 2008. El coro dio un concierto en
3. Pasados veinte años he buscado en el Archivo de los Pontífices, en la página web del Vaticano, pero estas palabras del Papa de la sonrisa, que recuerdo muy bien, han desaparecido. Agreguemos que Nikodim era calificado en la época de agente de
4. Una de las últimas actividades como jefe del departamento citado fue la visita a Cuba para agradecer la construcción de una catedral ortodoxa rusa. No encontró dificultades en obtener la fotografía con Fidel Castro.
Cómo se gestó la mediación
En 1978 la embriaguez del Mundial de Fútbol, con la victoria argentina, nos hizo olvidar por un momento la pesadilla que vivíamos, con acontecimientos cada vez más terribles. Primero había sido el estado de terror creado por la guerrilla revolucionaria que, además de convulsionar a la sociedad, había puesto en jaque a las comisarías y a los cuarteles. Después, fue el terror que impuso el Estado con un estilo de represión que emuló el vivido en
Pasada la resaca de la borrachera del Mundial, ¿nos hacía falta más? ¿Y esta vez con sangre, en una guerra contra la nación hermana de Chile? Nadie en el pueblo
Hubo medios de prensa que propiciaron la paz, gestiones de representaciones diplomáticas ante las dos naciones, en especial de las dos nunciaturas apostólicas, tiras y aflojas dentro de ambas Fuerzas armadas. Y, desde el comienzo del conflicto, conversaciones entre los episcopados.
Pero ¿quiénes fueron los que miraron de frente al fantasma y se propusieron vencerlo, como David a Goliat, con el arma sencilla de una intervención pacificadora que reportó la victoria de la paz para nuestros pueblos?
Sólo recordaré aquí los pasos dados por los episcopados argentino y chileno ante
El cónclave del papa Luciani (agosto 1978)
El 6 de agosto murió el papa Pablo VI, incansable apóstol de
Esa misma noche, tras escoger el nombre de Juan Pablo I, recibió el saludo y la obediencia de los cardenales electores. Cuando llegó el turno del cardenal Raúl Francisco Primatesta, arzobispo de Córdoba y presidente de
Ciertamente, los cardenales Juan Carlos Aramburu y Raúl Francisco Primatesta de
El domingo 3 de septiembre, día del inicio del ministerio del Supremo Pastor, llamado antes de la “entronización” o “coronación”, entre las numerosas misiones especiales llegadas a Roma estaba el entonces presidente de
Sin embargo, la semilla de la futura mediación estaba sembrada. Pero habría que cultivarla y defenderla de muchas malezas y abrojos.
Obispos argentinos y chilenos en Mendoza (septiembre 1978)
El martes 5 de septiembre, en Buenos Aires, se reunió
La reunión se concretó en Mendoza casi de inmediato los días 11 y 12 de septiembre. De la parte chilena vinieron monseñor Valenzuela y monseñor Fresno. Y se redactó el “Mensaje de los obispos de Argentina y Chile sobre la paz”, que se publicó el día 12. Sin perder tiempo, ya el día anterior, los presidentes de ambos episcopados, el cardenal Primatesta y monseñor Valenzuela, le enviaron una carta al papa Juan Pablo I pidiéndole “una paterna intervención ante nuestros respectivos gobernantes para confirmarlos en la decisión cristiana de resolver las diferencias limítrofes por los caminos de la paz”.
La respuesta papal no tardó en llegar. El 20 de septiembre, nueve días antes de su inesperada muerte, el papa Luciani escribió a los obispos de
El cónclave del papa Wojtyla (octubre 1978)
Los miembros del colegio cardenalicio se reunieron nuevamente en cónclave en Roma entre el 14 y el 16 de octubre. El día
Es muy probable que esa noche, en el saludo al nuevo Papa, los tres cardenales de
No deja de tener interés que los presidentes de ambos países se hiciesen presentes con telegramas. En el de Augusto Pinochet se lee: “Confiamos en que nos iluminéis con cristiana bondad”. El domingo 22 de octubre, para la inauguración oficial del nuevo pontificado, ambos países enviaron misiones especiales. La de
En Buenos Aires, Jorge R. Videla lo intentaba desde su viaje a Roma. En una cena en la nunciatura, a la que monseñor Pio Laghi invitó también a los cardenales, el Presidente los tomó aparte para preguntarles cuáles serían las posibilidades de acudir al Papa en ese problema, si no sería algo fuera de lugar. Los cardenales respondieron que ya habían considerado ese tema con el Nuncio, y que acudir al Papa, no como árbitro sino como mediador, podría ser interesante.
El fantasma de la guerra y el empeño por la paz (noviembre-diciembre 1978)
A pesar de los tanteos y esfuerzos, el fantasma de la guerra siguió tomando cuerpo. Se dispuso, por tanto, que la asamblea del episcopado a reunirse en noviembre de 1978, tratase el tema de
Viaje a Roma del cardenal Primatesta (diciembre 1978)
Qué información sobre los preparativos para la guerra tenía el cardenal Primatesta, no es fácil saberlo. A comienzos de diciembre, estando en Córdoba, decidió un viaje relámpago a Roma. Le pidió a Miguel Pérez Gaudio, su encargado de prensa, que hiciera un llamado telefónico “persona a persona” con el cardenal Jean Villot, secretario de Estado. Luego informó por teléfono de su decisión al Presidente de
Apenas llegado a Roma, el cardenal Primatesta se entrevistó con el padre Cavalli, del Consejo para los Asuntos Públicos de
Roma dio pronto una buena señal. El 12 de diciembre, el papa Juan Pablo II dirigió una carta a los presidentes de
El Cardenal se entrevistó también con monseñor Agostino Casaroli, responsable del consejo mencionado, y con el cardenal Villot, secretario de Estado. El 17 de diciembre, en el aeropuerto de Roma de regreso a Buenos Aires, el Cardenal fue despedido por el embajador Rubén Blanco con malas noticias: “El Presidente de
Último round (diciembre 1978)
Llegado a Buenos Aires el 18 de diciembre, el Cardenal se rehusó a hablar con los periodistas. El 19, por la mañana, presidió la reunión de la comisión permanente del episcopado, informó de su gestión ante
El Cardenal salió para la audiencia con el Presidente de
El viernes 22, en Roma, en la reunión con el colegio de cardenales para los saludos natalicios, el papa Juan Pablo II reveló que “en el día de ayer (jueves 21) frente a las noticias cada vez más alarmantes que llegaban sobre el agravamiento y la posible precipitación de la situación, temida por no pocos como inminente, hice conocer a las partes mi disposición - e incluso el deseo- de enviar a las dos capitales un representante mío especial, para tener informaciones más directas y concretas sobre las respectivas posiciones y para examinar y buscar juntos las posibilidades de una composición honorable y pacífica de
David voltea a Goliat
David había derribado al gigante Goliat. Faltaba el golpe de gracia. El embate final para degollarlo, aunque largo y difícil de dar, comenzó casi enseguida. El día de Navidad, el cardenal Antonio Samoré, representante especial del Papa, acompañado de un sacerdote español, Faustino Sainz Muñoz, partió de Roma rumbo a Buenos Aires y Santiago de Chile. El 26 comenzaron las rondas de entrevistas. El 8 de enero de 1979, los cancilleres de
El miércoles 24 de enero de 1979 el papa Juan Pablo II aceptó actuar como mediador. Lo que siguió después está ampliamente documentado.
Al cardenal Raúl F. Primatesta no me vinculó una relación de afecto. Pero siempre sentí respeto por él. Y en situaciones delicadas lo consulté. Aunque no era muy sonriente, nunca lo vi irritado. A veces me parecía titubeante. Pero otras admiré su capacidad de resolución. Por ejemplo, cuando se redactó el documento Iglesia y Comunidad Nacional, y algunos obispos perfeccionistas hubiésemos deseado su postergación. Pero fue en la crisis entre
Los argentinos no tenemos idea de la magnitud de los males de los que nos salvó la mediación del papa Juan Pablo II y de los beneficios que nos ha reportado. Esto vale también de la paciente y sabia labor realizada por el cardenal Antonio Samoré, en llevar a cabo la tarea concreta de
Tal vez no se le levante un monumento, como en justicia lo merecería según el sentir de muchos. Pero el Cardenal tiene ya uno, el más bello y perdurable de todos, esculpido por el mismo Jesús en las Bienaventuranzas del Sermón del Monte: “Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios” (Mateo 5,9).
Julio Cortázar vuelve a sorprendernos
Julio Cortázar es desde hace mucho tiempo un autor insoslayable en el canon literario argentino. Al cumplirse los 25 años de su muerte en París, cabe destacar que su obra de ficción se construyó sobre el andamiaje de una profunda reflexión teórica y sobre una escritura que también le exigió pensar sobre el hecho mismo de escribir.
Esa actitud se torna evidente a lo largo de toda su obra: en los extremos de su producción están Bestiario (1951), el primer libro de cuentos que contiene en germen una parte importante de su escritura posterior (en especial, todos los cambios que introdujo en el género fantástico) y Deshoras (1982), el último volumen, con mucho de síntesis y de legado.
Teoría y práctica de la escritura
Aun a riesgo de repetir datos conocidos, es oportuno recordar que mientras escribía los cuentos de Bestiario, Cortázar comenzaba su obra crítica: redactaba
En el campo de la ficción, con los cuentos de Bestiario que lo alinean con los ineludibles nombres de Silvina Ocampo, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares renueva la concepción de un género que seguirá frecuentando hasta el final. Si en su primer volumen nos sorprenden los extraños ruidos que expulsan a los habitantes de
A partir del gesto inicial, Cortázar continuará la producción de textos de ficción y una extensa obra crítica (1). En muchos de sus textos teoriza acerca del cuento: es imposible soslayar la mención de algunos que se han convertido en referentes básicos de la concepción del autor acerca del género. En primer término, tal vez el más conocido: Del cuento breve y sus alrededores (2), en el que sienta la idea del cuento no como simple artificio retórico sino como un hecho que compromete íntegramente a quien lo escribe. Afirma también que cuento y poesía son caras de una misma moneda. En Algunos aspectos del cuento (1962/63) lo expresa bellamente al definirlo como hermano misterioso de la poesía en otra duración del tiempo literario, e insiste en que el cuento inolvidable surge de un tema excepcional, no en el sentido de fuera de lo común sino como revelador de la esencia misma de la condición humana. Para alcanzar un cuento excelente no basta con acertar en la elección del tema: es necesario un oficio de escritor (
) un estilo en que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión, a la índole del tema.
Tanto en Notas sobre lo gótico (1975) como en El estado actual de la narrativa en Hispanoamérica (1976) se desarrollan especialmente aspectos referidos al cuento fantástico, en particular la negativa cortazariana a desplegarlo dentro de los ámbitos característicos del género para ubicarlo dentro de un contexto cotidiano. Propone, en cambio, la posibilidad de considerarlo no solamente una ruptura con lo razonable y lo lógico, sino un hecho que nos habilite a atisbar, de un modo intersticial, lo otro. La posibilidad latente de una tercera frontera, de un tercer ojo, que nos permita sacarnos por un momento de nuestras casillas habituales y mostrarnos, aunque sólo sea a través de otro, que quizá las cosas no finalicen en el punto en que nuestros hábitos mentales presuponen.
El legado
En Deshoras, su último libro, además de reformular muchas de las ideas que estructuran la totalidad de su obra, Cortázar exhibe la voluntad de poner de manifiesto la problematización acerca de lo literario, y específicamente la construcción del texto narrativo. No es casual que tres el número cabalístico que gustaba usar en sus libros de los ocho textos (Botella al mar, Deshoras y Diario para un cuento) aborden desde distintos ángulos cuestiones vinculadas como la ficción autobiográfica, la problemática del realismo o la recepción del texto.
Tampoco parece casual que el último relato del volumen, Diario para un cuento, se convierta en una extensa reflexión acerca de estas cuestiones. El texto adopta la forma clásica del género: se van consignando, día por día o más distintas anotaciones. La elección de esta forma genera la ilusión autobiográfica, reforzada por algunos datos concomitantes, como las actividades de traductor y escritor que ejerce el protagonista. A través de sus notas, el narrador despliega la forma en que se lleva a cabo el proceso de escritura, es decir: va desarrollando las etapas que transita cualquier escritor para construir un texto (3).
En primer término, se enfrenta a la máquina de escribir donde la página en blanco, que no convoca a la producción, lo hace sentir un estúpido, por lo que él mismo desalienta su intento: ¿para qué un cuento, al fin y al cabo, por qué no abrir un libro-de-otro cuentista, o escuchar uno de mis discos?
No hay forma, no hay nada aún, salvo ese deseo de escribir sobre Anabel, esa especie de cosquilla de cuento que rodea al narrador. Ideas, espacios no logran plasmarse, y en una prepoética que remite al comienzo de La mayor de Juan José Saer, también teñido por la negación el narrador toma en préstamo una cita de Jacques Derrida que le permite reflexionar sobre lo que todavía es una nada, que es este cuento no escrito, un hueco de cuento.
En esta morosa reflexión previa aún no hay cuento nos encontramos con las decisiones que debe plantearse el escritor acerca de la mejor manera de enfrentar el desafío del relato: ¿será la escritura una mera relación analógica? O, más bien, habrá que hablar de Anabel sin imitarla, es decir, sin falsearla?. ¿Se podrá aspirar a escribir como alguno de los referentes adecuados para el caso Bioy, citado reiteradamente que logra (no puedo creer que no sea una decisión) tomar distancia de sus personajes, a pesar de que al final de la entrada de ese día el narrador concluya: no soy Bioy y no conseguiré nunca hablar de Anabel como creo que debería hacerlo?
La aparición sorpresiva de una foto de Anabel, puesta como señalador en nada menos que una novela de Onetti (4) permite esbozar la situación y el personaje. Sin embargo, la duda se introduce en la siguiente entrada, cuando el narrador vuelve a problematizar la manera de organizar el relato de la historia de la prostituta del Bajo que acudía a él para pedir traducción de cartas. Hay que decidir si, una vez comenzado, se justifica sostener el aire cronológico, la primera visita de Anabel. Seguir o no seguir esas hebras: me aburre lo consecutivo pero tampoco me gustan los flashbacks gratuitos que complican tanto cuento y tanta película.
Aunque cansa releer para encontrar una hilación, el relato comienza a avanzar y en su camino plantea un nuevo problema: la construcción del diálogo, que ofrece resistencia porque tendría más de invención que de otra cosa. Más adelante, en otro gesto característico de las idas y vueltas habituales en el proceso de escritura, el narrador acotará, después de consignar un diálogo: No me acuerdo, cómo podría acordarme de este diálogo. Pero fue así, lo escribo escuchándolo, o lo invento copiándolo, o lo copio inventándolo. Preguntarse de paso si no será eso la literatura.
En medio de estas cuestiones, va avanzando el mes: la primera entrada en el diario es una anotación correspondiente al 2 de febrero de 1982, mientras que la última es del 28. Las reflexiones se suceden en los primeros días. En la tarde del 6 el narrador se pregunta: ¿Estoy escribiendo un cuento o siguen los apuntes para probablemente nada?. El 8 afirma: esto no es el cuento. Dos días después medita: Es que no es fácil seguir, me voy hundiendo en recuerdos y a veces queriendo huirles, exorcizarlos escribiéndolos (pero entonces hay que asumirlos de lleno y ésa es la cosa). El 13 continúan las dudas acerca de que Anabel no me dejará escribir el cuento porque en primer lugar no será un cuento y luego porque Anabel hará (
) todo lo posible por dejarme solo delante de un espejo. Concluyen con la pregunta: ¿Vas a seguir? Sin embargo, con el correr de los días, progresivamente, las dudas van quedando atrás y el cuento avanza hasta desplazar las reflexiones a pequeñas anotaciones dispersas.
En el largo diario del mes de febrero, intentando escribir un cuento, el traductor reflexiona sobre la imposibilidad de traducir una experiencia real a la literatura. En este texto, el último que nos lega Cortázar, además de brindar una clase magistral acerca del oficio de escribir, confirma firmemente que en el último round, después de todos los combates previos que impone el texto, la que gana es la literatura: el cuento, triunfante, devora el diario de apuntes.
Notas:
1. Algunos pocos de los textos que constituyen esta obra están en Último round, La vuelta al día en ochenta mundos y Territorios., pero el resto se reunió a partir de materiales diversos: cartas, reseñas, conferencias, que abordan diversos temas, siempre alrededor del eje de la literatura. Alfaguara reunió toda esta producción en tres volúmenes con el título común de Obra crítica.
2. En Último round, 1969.
3. La concepción de la escritura como un proceso presupone un cambio radical respecto de la idea de que el texto es producto exclusivo de la inspiración. Considera, en cambio, que es el resultado de un proceso reflexivo por medio del cual el escritor transita diferentes etapas, de las que la invención que no incluye solamente la idea generadora del texto, sino también otros aspectos es solamente la primera.
4. El destacado es mío.




