Abril 2009
Festival de cine de Berlín
Desde 1985 empiezo estas notas sobre el festival internacional de cine de Berlín a un año de cumplir 60 primaveras de la misma manera: en primera persona, y señalando la estupenda oportunidad que ofrece
Sin deparar grandes sorpresas, los premios más destacados sus famosos osos de oro y plata recayeron en producciones independientes, basadas en guiones sólidos y personales, con temáticas de relevancia contemporánea y considerables logros estéticos. Cuatro de ellos fueron para dos largometrajes hispanoamericanos. La teta asustada, coproducción peruano-española escrita y dirigida por Claudia Llosa, fue distinguida con el oso de oro al mejor filme, mientras que Gigante, producción uruguaya dirigida por el argentino Adrián Biniez, se llevó tres premios: el grand prix del jurado, el Alfred Bauer a un filme innovador en homenaje al fundador de
¿Qué armas usaron estos David de Latinoamérica para imponerse a los formidables Goliat en competencia? Los debutantes Llosa y Biniez rivalizaron con cineastas ya consagrados como Andrzej Wajda, quien compartió el Alfred Bauer con Tatarak (una meditación sobria sobre la muerte que lo encuentra a los ochenta años en plena forma), o contra ingentes recursos de producción el caso de Chéri, dirigida por Stephen Frears, sobre una novela de Collette ambientada en el París de
La teta asustada púdica e imaginativamente traducida al inglés, la lingua franca del festival, como The Milk of Sorrow, La leche de la pena mira con calidez y sin asomo de condescencia al mundo indígena del Ande peruano que baja a la gran ciudad. La protagonista es Fausta (la cantante folk Magaly Solier), una muchacha huérfana, permanentemente asustada, y que cree sufrir de la enfermedad del título, una suerte de parálisis vital trasmitida por la leche materna como reacción a las brutalidades sufridas por las comunidades indígenas (léase Sendero Luminoso, innominado en el filme y esquivado por la realizadora en la conferencia de prensa). La película desarrolla el viaje interior de la muchacha desde la geografía física y mental pre-hispánica hacia la modernidad, representada por Lima y el castellano. A través de Fausta, de su familia y de su comunidad se explora con sensibilidad, generosa dosis de humor y respeto etnográfico, la cotidianidad de una cultura bilingüe y alerta a los desafíos del hoy. La película se arropa en cierto pintoresquismo heredado del realismo mágico; es una buena estrategia para llegar al mercado internacional, aunque sea luciendo la etiqueta cine de autor. La teta asustada, afianzada en su peruanidad, busca el gran público. Ojalá el oso de Berlín le ayude a conseguirlo. (Como nota al margen, Claudia Llosa es sobrina tercera de Mario Vargas Llosa).
Gigante es una comedia romántica, por adjudicarle un género rápidamente reconocible, que combina observaciones costumbristas con un humor socarrón mantenido en bajo voltaje. El protagonista (Horacio Camandulle, que tiene el tipo perfecto para el papel) es un guardia de turno noche en un supermercado de Montevideo. Gordo bueno que no mata una mosca, su vida gira en torno al rock pesado y el cine de ciencia ficción hasta que empieza a observar a través de las cámaras de seguridad a una empleada, que podría ser intuye su alma gemela. La timidez del protagonista genera una variedad de situaciones cómicas, melodramáticas, tragicómicas, costumbristas que le impiden cortejar a la muchacha directamente. La escena final se desenvuelve en una playa de Montevideo, con la cámara pícaramente alejada de los protagonistas; los espectadores sólo pueden imaginarse las palabras con las que el gigantón aborda por primera vez a su Dulcinea, sobre un fondo de música rock, que pinta a ambos de cuerpo entero y redondea satisfactoriamente
Unas palabras de reconocimiento merece la producción nacional Aguas Verdes, primer largometraje dirigido por Mariano De Rosa co-dirigió en 1998 el colectivo de
Varias películas alemanas vistas en diversas secciones de
Hilde, dirigida por Kai Wessel, aborda un mito alemán, la actriz y cantautora Hildegard Knef, no para minarlo (como lo hubiera hecho Fassbinder) sino para mostrar la complejidad del personaje. La carrera de Knef comenzó en los estudios de cine UFA, en los años cuarenta, bajo la protección de un nazi prominente. Un largo flashback cuenta la historia de manera cronológica, reconstruyendo el marco de la guerra y la posguerra alemana, el paso de la actriz por Hollywood, y su reinvención como cantante. La película se desenvuelve de manera ágil, según las convenciones de la biopic o biografía cinematográfica, que busca sobre todo entretener. Hilde, interpretada por Heike Makatsch (de gran parecido físico con la biografiada) ciertamente lo logra.
Por último, unas observaciones sobre The Reader, por cuyo rol protagónico
Como un mago que saca palomas de la galera, estas notas podrían continuar indefinidamente. Pero es tiempo de terminarlas, so pena de aburrir al lector.
Los Angeles, 23 de febrero 2009
DVD: El gran golpe
Realizada en 2008, esta película que pertenece al subgénero de thrillers de robo al banco, está ambientada en el Londres de principios de los 70. En medio de una atmósfera particular, luego de la psicodellia y antes del movimiento punk, tuvo lugar un robo a las cajas de seguridad de un banco en Baker Street, Londres. Según se consigna en el film, si bien al principio la prensa hizo gran ruido con el asunto, la noticia desapareció de los titulares, y los culpables nunca fueron encontrados.
El guión de Ian
En el último tiempo, el director Roger Donaldson parece vivir un resurgimiento de su carrera, con películas que fueron bien recibidas. Casualmente, ambas están basadas en casos reales. La anterior, Sueños de gloria (The Indian Runner) cuenta la historia de Bart Munro (Anthony Hopkins), un neocelandés que rompió el récord en una travesía en motocicleta. A pesar de sus anacronismos y de algunos desajustes en el guión, que deja algunos cabos sueltos, El gran golpe funciona como un entretenimiento sin mayores pretensiones, con una atmósfera bien lograda y algunos destellos del típico humor británico.
DVD: Las horas del verano
La familia completa se reúne para el cumpleaños de la madre en una antigua y hermosa casa en las afueras de París. Los protagonistas son tres hermanos: un economista, otro que dirige una fábrica de calzado en Asia, y la única mujer, una diseñadora que vive en Nueva York. La madre llama aparte al hijo mayor para decirle que cuando muera, él, el único que vive en Francia, será el encargado de administrar las propiedades de la familia, que incluyen muebles únicos y valiosas obras de un tío abuelo artista plástico.
El filme sigue por momentos a algunos personajes y luego presta atención a otros; se disgrega en escenas ambientadas en el Musée D’Orsay (el film se originó en un cortometraje auspiciado por este museo, y creció hasta cobrar la forma con el que lo conocemos), para volver a involucrarse en ellos.
El francés Olivier Assayas (Irma Vep, Clean), ex crítico de Cahiers Du Cinema, presenta pequeñas viñetas con la fluidez propia de los acontecimientos de la vida, no de los acontecimientos según los marca Hollywood. Por el acierto en el casting y la calidad de las interpretaciones, la precisa ambientación y la cuidada fotografía, tenemos la impresión de asistir a eventos cotidianos de una familia verdadera. A pesar de tener poco más de cincuenta años, Assayas parece haber encontrado una especie de sabiduría propia de alguien mayor, para hablar de las diferentes formas que cada uno encuentra para lidiar con la pérdida y el paso del tiempo. Muy recomendable.
Marzo en Pinamar
Más de una vez, lo que parece una adversidad redunda en beneficio. El encuentro de cine argentino-europeo Pantalla Pinamar, que habitualmente se hacía en diciembre, debió pasar a marzo, corrido por el marplatense, que había pasado de marzo a noviembre. Era una molestia. Pero se transformó en ventaja. Gracias al cambio, ahora se sufren muchísimo menos los ruidos de bares, adolescentes y cuatriciclos, el agua está menos fría y, a nivel cinematográfico, se aprecia la inmediata cercanía entre la presentación festivalera y el estreno comercial de algunas películas, como, por ejemplo, La ventana de Carlos Sorin, sencilla, tocante, profunda, que abrió las jornadas, y Gomorra, impactante descripción de la camorra, es decir, la mafia napolitana. É la veritá nuda e cruda, explicó allí mismo el actor Salvatore Cantalupo, que hace el personaje de sastre. Para él, otros films sobre las mafias impresionan menos porque ves personajes pintorescos, casi adorables. Acá, en cambio, es como si viéramos lo peor de los noticieros sobre la vida en barrios marginales. Ironías del cine, en la misma sala y en función anterior el público se puso de parte de un camorrero, pero en este caso era el pizzero de
También se vio, de próximo estreno, Entre los muros, de Laurent Cantet, ganadora de
Muchísimo menos polémica, aunque tiene su partecita de humor negro, Rumba, presentada con tanta simpatía por sus autores, los payasos Dominique Abel y Fiona Gordon (brillantes, talentosos, y además matrimonio con libreta, destacó el inefable Carlos Morelli, director del festival), que esa sola presentación ya justificaba el precio de
Chistes, no de humor negro, sino de incorrección política, es lo que se propone hacer Sabrina Farji (Cuando ella saltó), en la película que anunció para este año: Años Luz, donde hijos de desaparecidos bromean entre ellos acerca de sus padres. ¿Quiénes, si no ellos, están autorizados para hacerlo?. Aclaró además que el guión ya cuenta con la aprobación de las asociaciones de Abuelas e Hijos. Otros anuncios hubo, de próximas realizaciones, pero ahora nos apura más la lista de preestrenos ofrecidos en Pinamar: entre otras, las comedias francesas Bienvenidos al país de la locura y Por fin viuda, la nueva de los hermanos Dardenne, El silencio de Lorna, francamente aburrida y por debajo de sus obras anteriores, el intenso Hanami/Las flores de cerezo, de Doris Dorrie, Los girasoles ciegos con Javier Cámara en gran trabajo, el simpático Jardines de otoño de Otar Iosseliani (donde Michel Piccoli aparece caracterizado de vieja), las argentinas El artista, cargada minimalista a las ficciones del negocio de la plástica, Villa, rodada con muchachos semimarginales de la 21, Luisa, con Leonor Manso como una señora sola y tiesa que el mismo día pierde su gato y su trabajo, pero a partir de allí empieza a encontrar rebusques y amistades, y El torcán, sobre la vida del cantor Luis Cardei, película que es como un tango que empieza mal, sigue con altibajos, pero lo que dice (en este caso la devoción del hijo por el padre enfermo, etc.) pega con tanto cariño que ablanda el corazón.
Y la última de Ermanno Olmi, Centochiodi, intensa sin perder nunca la calma, fuerte con una suavidad que permite reflexionar, expuesta como una parábola, singular reproche de un creyente hacia aquellos que aman los libros que cobijan las palabras, antes que
En fin, hasta aquí Pinamar, un encuentro siempre atractivo y además siempre bañado de atenciones, amabilidades y buen clima por parte de los organizadores, gente sencilla y cordial, hacia el público y los especialistas. Da gusto terminar así el verano. Ahora nos toca el Bafici, el festival porteño. Que es muy distinto.
Rumba
Los festivales son propensos a cierto estado de excitación del público, que ve demasiadas bondades en films que muchas veces no lo merecen. Es habitual en los grandes encuentros, como Mar del Plata o el Bafici, donde lo pasable se torna imprescindible hasta que el tiempo coloca las cosas en su justo término. Esta introducción se explica porque Rumba tuvo su primera presentación pública en el encuentro cinematográfico Pantalla Pinamar, programado con inteligencia por Carlos Morelli, y recibió una larga ovación. El público se agolpó en derredor de dos de sus realizadores para no dejarlos salir de la sala y, ante tanta efusividad, podría suponerse que Rumba se trata de otra gema de dudoso futuro. Sin embargo, valen dos aclaraciones. En primer término, la programación de Pantalla Pinamar fue compacta y de nivel (ver la opinión de Paraná Sendrós en este número); en segundo lugar, la luz propia que irradia la película de Dominique Abel, Fiona Gordon y Bruno Romy tiene largo alcance.
Rumba posee una idea muy original plasmada con indudable astucia, también porque su cine es tributario de una marca muy lejana y prestigiosa en el arte francés. Ecos de dos Jacques, Tati y Demy, sirven como marco de experimentación para los realizadores en su afán de plasmar con humor cómo es la vida de una pareja que es feliz bailando hasta que un infortunio hace cambiar definitivamente su mundo cotidiano. Todo a partir de una poética donde subyace la inocencia y con escenas de deslumbrante colorido. Con un estilo eminentemente visual, donde el gag de naturaleza hiperbólica, el olvidado slapstick (tan importante en tiempos del mudo) y la gesticulación hacen innecesarias las palabras, Rumba se afirma como un deleite ameno, ingenioso y, sobre todo, divertido. Su fino humor permite disfrutar de los percances de la vida, a la manera de Tati, añadiéndole una necesaria pizca de humor negro. Refinada y popular, inteligente y simple, esta película de una tríada de realizadores-actores dos son matrimonio dentro y fuera de la historia hace que (al menos en una ocasión), las antinomias encuentren cabal expresión en
Entre los muros
Hace 10 años la ópera prima de Laurent Cantet se alzaba con el máximo premio del jovencísimo era su segunda edición Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI). Recursos humanos era el título que resumía la exploración sobre las relaciones laborales en tiempos de globalización y neoliberalismo. Esta idea, continuada en un film por demás pesimista como El empleo del tiempo, describía a un realizador preocupado por los conflictos sociales. Su posterior obra permite intuir que el director analiza el vacío de sentido en la sociedad contemporánea, donde los actores sociales difuminan sus roles y las instituciones tradicionales no sirven para dar respuesta a la más mínima inquietud.
Bienvenidas al Paraíso, quizá menor dentro de su filmografía, sirve para explicar la construcción de sus filmes. Con una sublime Charlotte Rampling, la primera aproximación será al turismo sexual para dar paso luego a reflexiones sobre el racismo, la alteridad y, principalmente, el deseo femenino como tabú. En esta dirección, con Entre los muros Laurent Cantet indaga el costado más complejo de los mecanismos de dominación presentes en su obra anterior. ¿Es la escuela un ámbito de formación o es, más bien, un reservorio donde se reproducen pautas patológicas del mundo exterior? Cantet promueve un debate donde el modelo didáctico pareciera encontrar el límite de su obsolescencia, con alumnos que reproducen la tensión social en la clase y profesores que no pueden abarcar las infinitas diferencias sociales, culturales y económicas. Así, los dispositivos de poder dentro de la escuela caen frente a la violencia solapada de las nuevas generaciones. Entre los muros consigue con eficacia documentar la realidad desde el interior de las aulas, significativas cajas de resonancia del complejo mundo exterior, e intuir claramente lo que sucede, aunque no se explicite, al término de la clase.
A partir de un pequeño núcleo, François y sus colegas se preparan para la vuelta al ciclo lectivo en una escuela de los suburbios de París, y dejan al descubierto con contundencia muchas de las angustias cotidianas de los jóvenes y adultos de hoy. La historia, plasmada básicamente desde la óptica del docente, indaga en los rostros de desconcierto: los adolescentes no consiguen comunicar sus aspiraciones y temores. Filmada con sólo tres cámaras, la acción transcurre básicamente dentro de un mismo espacio durante dos horas, y no abruma. Subyace la gran honestidad de un cine que no abandona su radicalidad y cuestiona qué rol cumple la enseñanza cuando no es garantía de una salida laboral, ni de amalgama social, y sólo parece destinada a satisfacer el crecimiento cultural y personal de generaciones cuya necesidad de conocimientos es ínfima.
François Bégaudeau, autor del libro original, añade interés con su hábil composición del docente. La contundencia con
Edgar Allan Poe en el cine de Roger Corman
Se acaban de cumplir dos siglos del nacimiento del escritor Edgar Allan Poe, considerado el padre del cuento moderno, creador del género policial de enigmas, precursor de la ciencia ficción y un genio del terror. Sus obras no son alegorías del mal, sino historias que eluden los cánones narrativos de la novela gótica e indagan en la naturaleza humana, pero desde una mirada compasiva.
Edgard Poe nació en Boston el 19 de enero de 1809 y falleció en Nueva York el 8 de octubre de 1849. Refiriéndose a su trayectoria, Jorge L. Borges escribió: Su vida fue breve y desdichada, si es que la desdicha puede ser breve.
Cuando tenía dos años perdió a su madre, y de su padre no se sabe con certeza si abandonó a la familia o murió en esa misma época. Lo cierto es que Edgar fue adoptado por un acaudalado matrimonio de Richmond, Virginia, integrado por John y Frances Allan, que no tenían hijos y le proporcionaron una adecuada educación. A partir de entonces, su apellido incorporó el de su familia adoptiva Allan.
A los 18 años ingresó a
Solo, sin apoyo y embarcado ya en el lento suicidio del alcoholismo y el opio, fue recibido en Baltimore por su tía Marie Clemm. Allí se casó con su prima Virginia Clemm, de 13 años, que falleció de tuberculosis a los 25, un hecho que lo afectó profundamente. Tiempo después escribió: La muerte de una hermosa mujer es indudablemente el motivo más poético del mundo.
En esa época, las revistas literarias comenzaron a pagar pequeñas sumas a escritores inéditos. Dispuesto a vivir de ese recurso, en 1832 publicó su primer cuento titulado Metzengerstein, y al año siguiente obtuvo el premio Baltimore Sunday Visiter por su famoso relato Manuscrito hallado en una botella.
Autor de cuentos, ensayos y poemas, Los crímenes de
Las obras de Poe fueron adaptadas para el cine en una treintena de oportunidades. La primera fue La caída de
Pero el más prolífico adaptador de las obras de Poe fue el norteamericano Roger Corman, que lo hizo en siete ocasiones, con las que revolucionó el cine de terror. Por razones de espacio, me ocuparé solamente de estas versiones. La primera fue La caída de
Al año siguiente filmó El pozo y el péndulo (Pit and the pendulum, 1961), también con Vincent Price, acompañado por Barbara Steele. Ambientada en el siglo XVI en España, trata sobre un inglés que llega a un castillo con laberintos de estructuras geométricas en busca de su hermana fallecida, con la idea de regresar a Londres con el cadáver.
El siguiente título fue La obsesión, también conocida como El entierro prematuro (The premature burial, 1962), con Ray Milland en el papel de un burgués que vive atormentado por el temor de ser enterrado vivo. Esta cuestión fue, precisamente, una de las preocupaciones que más torturaron a Poe.
Ese mismo año Corman dirigió Cuentos de terror (Tales of terror, 1962), adaptación libre de cuatro relatos de Poe (Morella, El gato negro, El tonel de amontillado y El caso del señor Valdemar), organizados en tres episodios. El mejor es El gato negro, con un memorable duelo actoral entre Peter Lorre y Vincent Price. A partir de este filme, Corman apela al humor, a la parodia, un cierto afán de trascendencia y, en el plano formal, a una sostenida búsqueda estética.
En 1964 concretó lo que sería una de las mejores películas de la serie: El cuervo (The Raven), con tres memorables actuaciones a cargo de Vincent Price, Peter Lorre y Boris Karloff, y la aparición del muy joven Jack Nicholson. Prevalece el tono de comedia de terror, en torno a dos brujos enfrentados y un hombre al que han convertido en cuervo.
Luego realizó La máscara de la muerte roja (The masque of the red death, 1964) y La tumba de Ligeia (Tomb of Ligeia, 1965), ambas protagonizadas por Vincent Price. En la primera, el actor encarna al príncipe Próspero, un tirano malvado que se encierra en su castillo junto con algunos amigos para escapar de una enfermedad contagiosa conocida como muerte roja. En la segunda, una mujer vuelve del más allá para atormentar a quien la había amado en vida. El director tenía previsto continuar la serie con El escarabajo de oro, pero el proyecto quedó trunco por la muerte de Peter Lorre.
Floyd Crosby, Nicholas Roeg y Arthur Grant fueron los directores de fotografía que trabajaron para Corman en estos filmes, mientras que sus guionistas fueron Richard Matheson en las cuatro primeras versiones, Charles Beaumont en las dos subsiguientes y Robert Towne en la última de esta saga.
Corman creó un sistema especial para la filmación de esta serie. Iniciaba las películas respetando los originales de Poe, pero luego abandonaba este enfoque para privilegiar los rasgos interpretativos de sus actores (Price, Lorre, Karloff). También apeló a un humor siniestro y creó climas ominosos donde la niebla, los fantasmas y los castillos solían representar una opresión sobre el recién arribado o sobre los habitantes de esos escenarios.
Según el director, Poe fue un escritor brillante. Llenó la gran función del artista, la de estar avanzado a su época. Escribió con una modalidad científica similar a la utilizada luego por Freud. Los dos expresaron el concepto de mente inconsciente. Freud creía que en el inconsciente, una casa es el símbolo del cuerpo de una mujer en donde se puede penetrar. En La caída de
Yo traté de trabajar añadió Corman en dos niveles: el obvio y el profundo. Primero, la película simple que el público podía ver y de la que salía satisfecho. Otros, en cambio, leerán más profundamente y entenderán lo que está debajo de
Roger Corman nació en Detroit el 5 de abril de 1926. Estudió en un College de Beverly Hills y en
Filmó su primera película en 1954 y desde entonces dirigió, produjo (inclusive en
Don Juan de acá (el primer vivo)
Con veintitrés años de historia, los Macocos que nacieron como un grupo del teatro alternativo o underground se han ganado su propio espacio reconocido no sólo por un público fanático de su manera de deshacer el teatro sino por los premios y nominaciones que han obtenido varios de sus espectáculos a partir de 1998: Guiso de Macocos, La fabulosa historia de los inolvidables Marrapodi, Los Albornoz y Continente viril.
En un punto de inflexión de su trayectoria, generado por el alejamiento y la muerte de dos de sus integrantes, la banda aborda la adaptación junto con Eduardo Fabregat de un clásico universal: la figura del mítico Don Juan Tenorio tal como surge, básicamente, del texto de Tirso de Molina pero integrando también las distintas miradas que sumaron autores posteriores. El resultado de esta macoquización es un don Juan que recala en el Buenos Aires de mayo de 1810, buen pretexto para focalizar crítica y jocosamente un momento crucial de nuestra historia, con guiños que remiten a la actualidad, procurando a la vez explicar el origen de un rasgo esencial de nuestra idiosincrasia como es la viveza criolla.
Los ingredientes de la puesta son los habituales en la poética del grupo: el uso de la parodia para cuestionar los roles sociales y el teatro realista. Así, por ejemplo, muy alejadas de toda preocupación por su honor son las propias mujeres las que se prestan gustosas o toman la iniciativa en la conquista amorosa frente a un don Juan que, por momentos, queda superado por el desenfado femenino. Además de esta inversión de roles, el efecto paródico se manifiesta también mediante la apelación al humor y la continua ruptura de la ilusión de realidad. Constantes juegos de palabras, una gestualidad y elocución exageradas, que la música o el sonido enfatizan aún más, además de la inclusión de morcillas frases surgidas de la propia situación espectacular o la dislocación verbal son los resortes humorísticos fundamentales para ofrecer una visión caricaturizada de situaciones y personajes. El distanciamiento del espectador se logra con las variadas estrategias que ya son habituales en el grupo: apelación e interacción con el auditorio, anacronismos y reflexión burlesca sobre el propio espectáculo, actores que se desdoblan para asumir distintos roles sin caracterización mediante, presencia de músicos en vivo que se integran a la escena, canciones que tematizan lo representado y la ausencia de un decorado que reproduzca la realidad representada. Y como siempre, un ritmo que no decae y que alterna no sólo distintos géneros teatrales actuales y pasados la farsa, el circo criollo,
A la presencia de los tres macocos Daniel Casablanca, Martín Salazar y Gabriel Wolf se suman en esta ocasión, además de los dos ejecutantes, Mónica DAgostino, Paula Requeijo y Laura Silva, quienes conjugan con la misma habilidad que sus pares masculinos la actuación y el canto. En este sentido merece destacarse la interpretación de dos célebres arias de
Con este reestreno en la sala mayor del Cervantes, Don Juan de acá como todo espectáculo de humor macocal seguirá cobrando forma con cada nueva función, para partir de gira en mayo por el interior que lo vio nacer, y volver en 2010 con motivo del Bicentenario.
Del lado de la niña brasileña
El debate sobre algunas cuestiones muchas veces se reduce y las diferentes perspectivas no siempre permiten considerar verdaderamente la importancia de lo que se pone en juego. Es éste el momento en el que se debe ver lo esencial y dejar de lado, por un instante, aquello que no afecta directamente al problema. El caso, en su dramatismo, es simple. Una niña de apenas nueve años
Carmen representa una historia de violencia cotidiana que alcanzó las primeras planas de lo diarios sólo porque el arzobispo de Olinda y Recife se apresuró en declarar la excomunión a los médicos que la ayudaron a interrumpir el embarazo. Una historia de violencia que, lamentablemente, hubiera pasado inadvertida, tanto nos hemos habituado a tomar conciencia cada día de hechos de una gravedad sin par, de no haber sido por el furor y las reacciones suscitadas por la intervención del obispo. La violencia ejercida contra una mujer, ya grave de por sí, asume una dimensión aún más despreciable cuando quien la sufre es una niña, con los agravantes de la pobreza y la degradación social en la que vive. No hay palabras para condenar tales episodios y los sentimientos que se desprenden del hecho suelen ser una mezcla de rabia y de rencor que sólo se apacigua cuando se hace justicia y la pena infligida al delincuente en cuestión realmente es efectiva.
Carmen debía ser, en primer lugar, defendida, abrazada, acariciada con dulzura para que pudiera sentir que todos estábamos con ella; todos, sin distinción. Antes de pensar en la excomunión era necesario y urgente salvaguardar su vida inocente y elevarla a un nivel de humanidad del que nosotros, hombres de Iglesia, deberíamos ser expertos anunciadores y maestros. No ha sucedido así y, lamentablemente, se resiente la credibilidad de nuestra enseñanza que se presenta, a los ojos de muchos, como insensible, incomprensible y exenta de misericordia. Es verdad que Carmen llevaba en su seno otras vidas inocentes como la suya, si bien fruto de la violencia que han sido eliminadas; sin embargo, esto no basta para abrir un juicio que pese como una maza.
En el caso de Carmen se han enfrentado la vida y
El respeto que merece el profesionalismo del médico es una regla que debe involucrar a todos y no puede consentir un juicio negativo sin haber antes considerado el conflicto creado en su intimidad. Cada médico lleva consigo su propia historia y su experiencia; una decisión como la de tener que salvar una vida, sabiendo que pone en riesgo una segunda, nunca se vive con facilidad. Es sabido que algunos se acostumbran a este tipo de situaciones hasta el punto de no probar ninguna suerte de emoción; pero en estos casos la misma vocación de médico se degrada al mero oficio vivido sin entusiasmo y asumido pasivamente. Sin embargo, meter a todos en la misma bolsa, más que incorrecto, sería injusto.
Carmen vuelve a proponer uno de los casos morales más delicados; tratarlo a la ligera no le haría justicia a su frágil persona ni a cuantos están involucrados, con diferentes roles, en esta historia. De todas maneras, como cada caso singular y concreto amerita ser analizado en su peculiaridad y sin generalizaciones. La moral católica tiene principios de los que no se puede prescindir, aunque se quiera. La defensa de la vida humana desde su concepción pertenece a uno de ellos y se justifica por la sacralidad de la existencia. Todo ser humano, en efecto, desde el primer instante lleva impresa en sí la imagen del Creador, y por esto estamos convencidos de que debemos reconocer la dignidad y los derechos de toda persona, el primero entre todos el de su intangibilidad e inviolabilidad.
El aborto provocado siempre ha sido condenado por
No había necesidad, pensamos, de tanta urgencia y publicidad para declarar un hecho que se efectúa de manera automática. De lo que sí se siente una mayor necesidad en este momento es de un signo testimonial de cercanía con quien sufre, un acto de misericordia que, manteniendo a salvo el principio, es capaz de mirar mas allá de la esfera jurídica para alcanzar aquello que el Derecho mismo prevé como finalidad de su existencia: el bien y la salvación de cuantos creen en el amor del Padre y de cuantos reciben el Evangelio de Cristo como niños, a quienes Jesús llamaba a sí y estrechaba entre sus brazos, afirmando que el Reino de los cielos pertenece a quienes son como ellos.
Carmen, estamos de tu lado. Compartimos contigo el sufrimiento que probaste, quisiéramos hacer de todo para restituirte la dignidad de la que fuiste privada y el amor del que tendrás aún más necesidad. Son otros los que merecen la excomunión y nuestro perdón, no quienes te permitieron vivir y te ayudaron a recuperar la esperanza y la confianza, no obstante la presencia del mal y la perversidad de muchos.
Recuerdo de Francisco M. Suárez
El 11 de marzo falleció Francisco Pancho Suárez, que vivió dando testimonio de amor por los demás, de generosidad y de preocupación por las generaciones futuras. Lo hizo desde su vocación por la sociología, su desafío por encontrar puntos comunes entre las ciencias sociales y las económicas, y su incansable deseo de enseñar y formar a alumnos y colegas.
Poco después de completar sus estudios universitarios en Ciencias Económicas se inclinó por la sociología y obtuvo su doctorado en
Cuando a raíz del golpe de 1966 que acabó con la presidencia de Illia, el gobierno militar intervino
En esos años llevó adelante en el Instituto Di Tella su investigación sobre el proceso de institucionalización de nuevas profesiones, centrada en el caso de los economistas argentinos y publicada por Eudeba en 1973. En esos mismos años se institucionalizó un creciente interés por
A fines de los setenta ingresó a un organismo interamericano que dirigió por muchos años: el CIDES, Centro Interamericano para el Desarrollo Social, dependiente de
Desde lo académico y siempre apoyado en su fuerte formación metodológica, repartió sus intereses entre la política social y, por otro lado, el de la sociología de las organizaciones, a la que le dedicaría con pasión sus últimos años. Para esto último, volvió al lugar de sus primeros estudios,
Ya en los noventa, integró el Consejo Asesor para el Estudio de
Quizá un concepto que resume su vida es el de trayectoria. En coincidencia con ella,
Entre su familia, sus amigos, sus colegas, colaboradores y discípulos, Pancho deja el entrañable recuerdo de un hombre profundamente católico, que sirvió a su Iglesia desde todos los muchos y variados lugares en que buscó o le tocó actuar. No puede dejar de mencionarse su pertenencia a




