Mayo 2009
La Humanae Vitae de Pablo VI, 40 años después
Aún se debate su condena a la anticoncepción y su alcance en la prevención del SIDA.
El cardenal Carlo Maria Martini (Turín, 1927)(foto), sacerdote jesuita y biblista mundialmente reconocido, es autor del polémico libro Coloquios nocturnos en Jerusalén, que comentamos en CRITERIO (Nº 2343). El ex arzobispo de Milán (1979-2002), la diócesis más grande del mundo, fue considerado papable en el Cónclave que eligió pontífice al cardenal Ratzinger. Mantuvo debates con pensadores de signo laicista, como Umberto Eco, y fue interlocutor en diálogos de alto nivel cultural. Benedicto XVI le pidió que presentara en París su libro Jesús de Nazaret. Leer más
Benedicto XVI, el lefebvrismo y la Shoá

¡Qué difícil ayudar a discernir en el confuso panorama que se fue creando a partir de la decisión papal de levantar excomuniones, de las declaraciones “negacionistas” de un obispo cismático y de las oscuras aclaraciones de ciertos cardenales de la curia romana que alimentan ad infinitum las interpretaciones periodísticas sobre los seguidores de Marcel Lefebvre! A ello se sumaron los pedidos de explicación por parte de líderes políticos y las manifiestas perplejidades de numerosos cristianos en todo el mundo. Leer más
Julio Cortázar vuelve a sorprendernos

Julio Cortazar
La obra del gran escritor argentino, a 25 años de su muerte, como sucede con la de los clásicos, nos sorprende y asombra cada vez.
Julio Cortázar es desde hace mucho tiempo un autor insoslayable en el canon literario argentino. Al cumplirse los 25 años de su muerte en París, cabe destacar que su obra de ficción se construyó sobre el andamiaje de una profunda reflexión teórica y sobre una escritura que también le exigió pensar sobre el hecho mismo de escribir.
Esa actitud se torna evidente a lo largo de toda su obra: en los extremos de su producción están Bestiario (1951), el primer libro de cuentos que contiene en germen una parte importante de su escritura posterior (en especial, todos los cambios que introdujo en el género fantástico) y Deshoras (1982), el último volumen, con mucho de síntesis y de legado.
Teoría y práctica de la escritura
Aun a riesgo de repetir datos conocidos, es oportuno recordar que mientras escribía los cuentos de Bestiario, Cortázar comenzaba su obra crítica: redactaba la Teoría del túnel, en la que –a partir del análisis de la novela clásica– propone un nuevo modelo para la renovación del género. El extenso texto, con mucho de manifiesto literario, no se limita al análisis y la propuesta, sino que además sostiene la necesidad de un cambio radical en el novelista, a fin de convertirse en alguien capaz de emplear la escritura como vehículo de exploración de la condición humana, a través de un lenguaje que pugne por dejar lo enunciativo y se transforme en poético.
En el campo de la ficción, con los cuentos de Bestiario –que lo alinean con los ineludibles nombres de Silvina Ocampo, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares– renueva la concepción de un género que seguirá frecuentando hasta el final. Si en su primer volumen nos sorprenden los extraños ruidos que expulsan a los habitantes de la “Casa tomada” y las angustias que experimenta la “Lejana”, desde Buenos Aires, presintiendo a “la otra” que sufre en un lugar extraño, en Deshoras nos sacuden las “Pesadillas” de Mecha, que preanuncian el horror que late –como siempre en Cortázar– en el ámbito más reconocible y familiar.
A partir del gesto inicial, Cortázar continuará la producción de textos de ficción y una extensa obra crítica (1). En muchos de sus textos teoriza acerca del cuento: es imposible soslayar la mención de algunos que se han convertido en referentes básicos de la concepción del autor acerca del género. En primer término, tal vez el más conocido: “Del cuento breve y sus alrededores” (2), en el que sienta la idea del cuento no como simple artificio retórico sino como un hecho que compromete íntegramente a quien lo escribe. Afirma también que cuento y poesía son caras de una misma moneda. En “Algunos aspectos del cuento” (1962/63) lo expresa bellamente al definirlo como “hermano misterioso de la poesía en otra duración del tiempo literario”, e insiste en que el cuento inolvidable surge de un tema excepcional, no en el sentido de “fuera de lo común” sino como revelador de “la esencia misma de la condición humana”. Para alcanzar un cuento excelente no basta con acertar en la elección del tema: “es necesario un oficio de escritor (…) un estilo en que los elementos formales y expresivos se ajusten, sin la menor concesión, a la índole del tema.”
Tanto en “Notas sobre lo gótico” (1975) como en “El estado actual de la narrativa en Hispanoamérica” (1976) se desarrollan especialmente aspectos referidos al cuento fantástico, en particular la negativa cortazariana a desplegarlo dentro de los ámbitos característicos del género para ubicarlo “dentro de un contexto cotidiano”. Propone, en cambio, la posibilidad de considerarlo no solamente “una ruptura con lo razonable y lo lógico”, sino un hecho que nos habilite a “atisbar”, de un modo “intersticial”, lo otro. “La posibilidad latente de una tercera frontera, de un tercer ojo”, que nos permita “sacarnos por un momento de nuestras casillas habituales y mostrarnos, aunque sólo sea a través de otro, que quizá las cosas no finalicen en el punto en que nuestros hábitos mentales presuponen”.
El legado
En Deshoras, su último libro, además de reformular muchas de las ideas que estructuran la totalidad de su obra, Cortázar exhibe la voluntad de poner de manifiesto la problematización acerca de lo literario, y específicamente la construcción del texto narrativo. No es casual que tres –el número cabalístico que gustaba usar en sus libros– de los ocho textos (“Botella al mar”, “Deshoras” y “Diario para un cuento”) aborden desde distintos ángulos cuestiones vinculadas como la ficción autobiográfica, la problemática del realismo o la recepción del texto.
Tampoco parece casual que el último relato del volumen, “Diario para un cuento”, se convierta en una extensa reflexión acerca de estas cuestiones. El texto adopta la forma clásica del género: se van consignando, día por día –o más– distintas anotaciones. La elección de esta forma genera la ilusión autobiográfica, reforzada por algunos datos concomitantes, como las actividades de traductor y escritor que ejerce el protagonista. A través de sus notas, el narrador despliega la forma en que se lleva a cabo el proceso de escritura, es decir: va desarrollando las etapas que transita cualquier escritor para construir un texto (3).
En primer término, se enfrenta a la máquina de escribir donde la página en blanco, que no convoca a la producción, lo hace sentir un “estúpido”, por lo que él mismo desalienta su intento: “¿para qué un cuento, al fin y al cabo, por qué no abrir un libro-de-otro cuentista, o escuchar uno de mis discos?”
No hay forma, no hay nada aún, salvo ese deseo de escribir sobre Anabel, esa especie de “cosquilla de cuento” que rodea al narrador. Ideas, espacios no logran plasmarse, y en una prepoética –que remite al comienzo de La mayor de Juan José Saer, también teñido por la negación– el narrador toma en préstamo una cita de Jacques Derrida que le permite reflexionar sobre lo que todavía es “una nada, que es este cuento no escrito, un hueco de cuento”.
En esta morosa reflexión previa –aún no hay cuento– nos encontramos con las decisiones que debe plantearse el escritor acerca de la mejor manera de enfrentar el desafío del relato: ¿será la escritura una mera “relación analógica”? O, más bien, “habrá que hablar de Anabel sin imitarla, es decir, sin falsearla?”. ¿Se podrá aspirar a escribir como alguno de los referentes adecuados para el caso –Bioy, citado reiteradamente– que logra (“no puedo creer que no sea una decisión”) tomar distancia de sus personajes, a pesar de que al final de la entrada de ese día el narrador concluya: “no soy Bioy y no conseguiré nunca hablar de Anabel como creo que debería hacerlo”?
La aparición sorpresiva de una foto de Anabel, “puesta como señalador en nada menos que una novela de Onetti” (4) permite esbozar la situación y el personaje. Sin embargo, la duda se introduce en la siguiente entrada, cuando el narrador vuelve a problematizar la manera de organizar el relato de la historia de la prostituta del Bajo que acudía a él para pedir traducción de cartas. Hay que decidir si, una vez comenzado, se justifica sostener “el aire cronológico, la primera visita de Anabel. Seguir o no seguir esas hebras: me aburre lo consecutivo pero tampoco me gustan los flashbacks gratuitos que complican tanto cuento y tanta película”.
Aunque “cansa releer para encontrar una hilación”, el relato comienza a avanzar y en su camino plantea un nuevo problema: la construcción del diálogo, que ofrece resistencia porque “tendría más de invención que de otra cosa”. Más adelante, en otro gesto característico de las idas y vueltas habituales en el proceso de escritura, el narrador acotará, después de consignar un diálogo: “No me acuerdo, cómo podría acordarme de este diálogo. Pero fue así, lo escribo escuchándolo, o lo invento copiándolo, o lo copio inventándolo. Preguntarse de paso si no será eso la literatura”.
En medio de estas cuestiones, va avanzando el mes: la primera entrada en el diario es una anotación correspondiente al 2 de febrero de 1982, mientras que la última es del 28. Las reflexiones se suceden en los primeros días. En la tarde del 6 el narrador se pregunta: “¿Estoy escribiendo un cuento o siguen los apuntes para probablemente nada?”. El 8 afirma: “esto no es el cuento”. Dos días después medita: “Es que no es fácil seguir, me voy hundiendo en recuerdos y a veces queriendo huirles, exorcizarlos escribiéndolos (pero entonces hay que asumirlos de lleno y ésa es la cosa)”. El 13 continúan las dudas acerca de que “Anabel no me dejará escribir el cuento porque en primer lugar no será un cuento y luego porque Anabel hará (…) todo lo posible por dejarme solo delante de un espejo”. Concluyen con la pregunta: “¿Vas a seguir?” Sin embargo, con el correr de los días, progresivamente, las dudas van quedando atrás y el cuento avanza hasta desplazar las reflexiones a pequeñas anotaciones dispersas.
En el largo diario del mes de febrero, intentando escribir un cuento, el traductor reflexiona sobre la imposibilidad de traducir una experiencia “real” a la literatura. En este texto, el último que nos lega Cortázar, además de brindar una clase magistral acerca del oficio de escribir, confirma firmemente que en el último round, después de todos los combates previos que impone el texto, la que gana es la literatura: el cuento, triunfante, devora el diario de apuntes.
Raquel Barros
Notas:
1. Algunos –pocos– de los textos que constituyen esta obra están en Último round, La vuelta al día en ochenta mundos y Territorios., pero el resto se reunió a partir de materiales diversos: cartas, reseñas, conferencias, que abordan diversos temas, siempre alrededor del eje de la literatura. Alfaguara reunió toda esta producción en tres volúmenes con el título común de Obra crítica.
2. En Último round, 1969.
3. La concepción de la escritura como un proceso presupone un cambio radical respecto de la idea de que el texto es producto exclusivo de la inspiración. Considera, en cambio, que es el resultado de un proceso reflexivo por medio del cual el escritor transita diferentes etapas, de las que la invención –que no incluye solamente la idea generadora del texto, sino también otros aspectos– es solamente la primera.
4. El destacado es mío.
Sobre la democracia cristiana
CARLO M. MARTINI : Todo lo bueno puede ser objeto de abuso, hasta lo más excelso. Cuando se libran guerras ofensivas en nombre de Dios, cuando el cristianismo se utiliza de manera populista en la campaña electoral, saltan en mí las alarmas. Nuestro cristianismo se demuestra primeramente en acciones justas. Jesús nos da ejemplos muy concretos en el discurso del juicio final: dar de comer a los hambrientos, vestir a los desnudos, visitar a los enfermos y a los presos, consolar a los tristes, acoger a los extranjeros, y todas las dificultades relacionadas con esas acciones hasta soportar incluso la persecución. Sería hermoso que los demás pudiesen reconocernos como cristianos en acciones como esas. A la inversa, es espantoso cuando hablamos de Dios y no correspondemos a su atributo principal, la justicia. Desde esa perspectiva veo también la discusión en torno a la pregunta de si la palabra “Dios” debe aparecer en la Constitución de la Unión Europea. Si los gobiernos quieren llegar hasta esa profesión de fe, no deberían dejar de prestar atención a la ecúmene, a la apertura frente a los musulmanes y también frente a los judíos. Nos une la fe en el único Dios, el Dios justo. Si se habla de Dios, tiene que ser en serio. De otro modo, es mejor no poner su nombre en los labios.
GEORG SPORSCHILL: ¿No es peligroso utilizar el nombre de Dios en la política? ¿No es soberbia que los partidos se denominen cristianos?
OSCAR R. PUIGGRÓS (uno de los fundadores del Partido Demócrata Cristiano de Argentina): Los partidos “demócratas cristianos” surgieron entre 1930 y 1950, frente a los totalitarismos que ahogaban la libertad y la justicia que el cristianismo quería fortalecer. Pasados los nacional-socialismos, fascismos o comunismos, la política volvió a su cauce. Aunque aún hoy cristianos preocupados por el bien común sostienen partidos “cristianos”, sin connotaciones religiosas, como en Alemania o en Chile. La necesidad de salvar los valores humanistas, vuelve a comprometer los requerimientos evangélicos con los propios de la actividad política. Entre Mi lucha de Hitler o El archipiélago Gulag de Solyenitzin, está el Sermón de la montaña, por lo que coincido en que la tarea se cumple sin necesidad de bautizarla. Es el espíritu y no la letra la que contiene el mensaje de la Cruz. Los partidos “cristianos”, desde el primero, el Popular italiano de don Luigi Sturzo, hasta los que surgieron por debilidad de los tradicionales de orientación liberal, llevaron a cierto abuso del nombre, como lo expresa Martini. Las conclusiones del cardenal y el espíritu que las anima, concuerdan con Jacques Maritain, cuyos libros nacieron de sus enfrentamientos contra los totalitarismos y se apoyan en la evangélica lección de “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.
Sobre la vida
CARLO M. MARTINI: Empecemos por recordar (cosa que no siempre se hace) que con la palabra “vida” aludimos concretamente a la “vida humana” y no a otros fenómenos vitales por más complejos que puedan ser. En este sentido “vida” se opone a “muerte”, muerte del hombre y de la mujer, cuyo preciso momento no es fácil de establecer -como muestra la controversia entre los científicos- pero cuyas consecuencias se manifiestan con certeza en la rápida degradación de todo el organismo.
De manera análoga, que no es fácil establecer cuándo comienza exactamente una vida humana, y sobre todo cuándo podemos llamar “persona” o “individuo” a un ser y considerarlo objeto de derechos y deberes. No obstante sigue siendo cierto que cada huella de vida humana, tanto en estado incipiente como final, merece respeto, atención, veneración. Basta que un ser humano tenga un mínimo de “vida”, que dé alguna señal de actividad vegetativa permanente para que se considere aun “con vida”.
“Dos misterios: el comienzo y el fin de la vida” CRITERIO, Diciembre 2008.
DE UN LECTOR: Rodolfo Capón Filas : CRITERIO de Diciembre 2008 publicó un interesante artículo del cardenal Martini sobre la vida. La afirmación del ex arzobispo de Milán respecto del comienzo de la vida humana: “No es fácil establecer cuándo comienza exactamente una vida humana, y sobre todo cuándo podemos llamar «persona» o «individuo» a un ser y considerarlo objeto de derechos y deberes”, además de contradecir el dogma de la Inmaculada Concepción, permite la intervención abortiva, sin más, con el argumento de que se ignora el comienzo de la vida.
También menoscaba oblicuamente la Instrucción Vaticana Dignitas personae (12/12/08), que comienza afirmando: “A cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona. Este principio fundamental, que expresa un gran «sí» a la vida humana, debe ocupar un lugar central en la reflexión ética sobre la investigación biomédica, que reviste una importancia siempre mayor en el mundo de hoy.”
¿Alguien me puede ayudar a pensar al respecto?
Gustavo Irrazábal (Teólogo moral): Ante las dudas expresadas por el cardenal Martini en relación con el comienzo de la vida humana, el lector presupone, acertadamente, que el tema debe ser reflexionado no sólo desde el punto de vista de la razón, sino también de la fe. Pero es preciso señalar, en primer lugar, que la posición del Magisterio en este punto no surge (ni podría hacerlo) de una deducción a partir del dogma de la Inmaculada Concepción, como el lector parece entender. Lo que se define en el mencionado artículo de fe es sólo que la Santísima Virgen, desde el primer momento de su existencia personal, fue preservada del pecado original en atención anticipada a los méritos de su Hijo, sin que se pretendiera definir además, con precisión científica, el término “concepción”. Por ello, debe notarse que ni en Dignitas personae ni en ningún otro documento se invoca el argumento esgrimido por el lector, sino que se recurre de modo general a la teología de la Creación y de la Encarnación (n.7 del mencionado documento). En segundo lugar, es exagerado decir que la posición sostenida por Martini “permite la intervención abortiva, sin más, con el argumento de que se ignora el comienzo de la vida”, puesto que ante semejante duda, la moral católica enseña el deber de seguir el criterio más riguroso (denominado tuciorista), lo mismo que no es lícito al cazador disparar, ante la duda de si tiene delante una presa o una persona. Por último, y en relación con lo anterior, cuando el documento sostiene que “a cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona” (n.1), o que “debe ser respetado y tratado como persona desde el instante de su concepción” (n.4), no afirma que el ser humano sea persona desde su concepción, sino que debe ser tratado como tal. Como dice la declaración De aborto procurato (18/11/74): “aunque hubiese duda sobre la cuestión de si el fruto de la concepción es ya una persona humana, es objetivamente un pecado grave el atreverse a afrontar el riesgo de un homicidio”. La duda manifestada por Martini, pues, no está descartada.




