Julio 2009
Dos charlas sobre recientes estrenos
Mario Pontecorvo: Pa-ra-da
Lo dijimos cuando el último festival marplatense: ésta es una obra hermosa, intensa y sencilla, bien emotiva, sobre la lucha real de un payaso franco-argelino que con sus oficios circenses ha salvado a muchísimos chicos de la calle en Bucarest, Rumania. El público le brindó sus mayores aplausos en todas las funciones, le otorgó su premio, con 9,46 de promedio, nada menos, y la mayor ovación de la sala cuando el director subió a recibirlo. Él se llama Marco Pontecorvo, hijo del recordado Gillo Pontecorvo. Coincidimos varias mañanas en el desayuno del hotel, y charlamos bastante. Aquí, un resumen:
- ¿Es cierto que se llama así por el León de San Marco que su padre ganó con La batalla de Argelia?
-Sí, yo estaba a término, y mi madre se emocionó tanto con el premio que casi nazco en la sala. También me llamo Sebastian, en homenaje a Bach. Y mis hermanos, Igor y Johannes, por Stravinski y Brahms. Uno es pintor, y el otro físico nuclear como su tío (conduce una parte del experimento del agujero negro en Suiza).
- ¿Y desde chico quiso ser director como su padre?
- De niño uno siempre quiere ser como el padre. Pero a los 16 años me volqué a la fotografía. Me formé con varios buenos especialistas, pero quien me tomó de la mano, se convirtió en mi maestro, y me enseñó a pararme en un set, fue Pasqualino De Santis, el director de fotografía de Romeo y Julieta, Muerte en Venecia, Un día muy particular, y muchas otras, muy bueno tanto en blanco y negro como en color.
-Y a usted le toca ser bueno en fílmico y digital.
-¿Lo dice por la serie televisiva Roma? ¡Es toda en Super
- Así que es en fílmico. ¿Cuál fue su parte?
-Hice sobre todo los tres primeros capítulos de la primera parte, es decir, yo establecí el look de la serie, que luego siguieron otros colegas bravísimos.
- Cuéntenos ahora de su trabajo con Francesco Rosi y Michelangelo Antonioni.
-Me incomoda, soy muy pequeño para hablar de autores tan grandes. Rosi era amigo de mis padres, su padrino de bodas, y con él tuve mi primera experiencia fuerte, cuando fuimos a Ucrania para filmar La última tregua, sobre el famoso viaje de posguerra de Primo Levi. Allí, en pleno rodaje, murió De Santis. Trabajó hasta el último día de su vida. Yo, que fui como camarógrafo, debí reemplazarlo. Rosi me ayudó en ese camino de perder a mi maestro y sustituirlo. Me dio mucha fe. Y hay algo que me gusta: la última toma de la película ya estaba filmada. De Santis es quien cierra el film.
De Antonioni, apenas me hizo llamar, empecé a ver toda su obra, para ir entrando en su mundo. Como sabe, él ya estaba muy mal de salud, no podía charlar normalmente, pero de algún modo tuvimos un entendimiento muy fuerte. Yo lo apreciaba mucho, es natural, porque era un maestro. Y él me tomó mucha estima, pero esto no tendría que haberlo dicho. Suena fanfarrón que yo lo diga.
- También Richard Loncraine, el de Ricardo III, lo estima bastante.
- El director que más sabe de técnica, muy preparado, arma bien los personajes, les pone alma y calidad a los films comerciales. Con él ya hice tres, incluyendo Me One and Only, una comedia con Renée Zelgegger.
- Que vino a Mar del Plata en 1996, cuando nadie la conocía.
- Y mi padre en 1959, cuando ganó un premio con Kapó. Me emociona estar ahora donde él estuvo.
-¿Qué enseñanzas le dio su padre?
- Más que nada, cómo encarar el trabajo. Se metía de lleno. Me enseñó el amor a la verdad, el respeto, la simplicidad, también la ligereza, y el tirante.
- ¿Qué es eso?
- De chico, yo escribía cuentos. Y él, siempre, recuerda el tirante: eso que te impulsa a dar vuelta la página que estás leyendo para ver cuanto antes cómo sigue la historia. Lo mismo pasa en el cine. Otra cosa: mi padre alcanzó a leer el guión de Pa-ra-da, y me decía bello, pero está lleno de riesgos, si no sabes eludirlos puede resultar algo meloso, retórico, falso, o demagógico. Eso lo tuve muy en cuenta, por ejemplo en la escena donde el payaso sale triunfante de una discusión, y uno supone que veremos cuando los chicos le dan vivas. Y en el final, que vuelve a ser un llamado a la realidad de lo que pasa también en muchas otras grandes ciudades.
-Lo cual se nota y se agradece. Pero aún tenía otro riesgo: ¿cómo hizo para dirigir tantos chicos, varios de los cuales son de la calle?
-Te cuento una anécdota. En Pa-ra-da los chicos aspiran pegamento falso. Pero una vez olí que uno estaba aspirando de veras. Lo levanté de una oreja, dije que no, y a mí me vas a respetar. A partir de ahí se portó como un santo. El amor se expresa mediante el respeto. Primero te haces respetar. Eso sí, cuando ganaste su respeto, debes ser un maestro para ellos, porque te toman como guía y te siguen.
- ¿Ya tenía experiencia para dirigir niños?
-Ninguna, pero tengo dos hijos. Me ayudó mucho el actor, Jalil Espert, que con ellos era como un hermano mayor. Más que un film, fue una gran experiencia de vida, para todos. A propósito, y cerrando el círculo, una vez Jalil me contó que sus padres se conocieron durante el rodaje de La batalla de Argelia, donde el papá tenía un pequeño papel. ¡Y ahora ambos hijos trabajamos juntos!
Ningún documental sobre las bellezas del planeta y la vida animal tuvo hasta ahora el sonido de Earth, donde el espectador puede sentir, de pronto, un rugido de león a sus espaldas, o el canto de una ballena a su izquierda y la respuesta de otra a su derecha. Ni hablar de las imágenes. Para lograrlas, los del programa Planeta Tierra, de
- Pregunta capciosa. ¿Cómo pudieron captar tan claramente el reclamo de un osito a su mamá, que está junto a él, y que ustedes filman a
- Alastair Fothergill (director): Usted destaca un punto muy importante. Ese sonido lo grabamos cuando la osa se fue por un rato y pudimos acercarnos, fingiendo con bolsas el ruido de sus pisadas. Es una pequeña trampita. El sonido es un punto fuerte de esta película frente a la tevé.
- Sophokles Tasioulis (productor): Además el cine tiene gran fuerza emotiva, y permite contar historias complejas sin que nadie cambie de canal. ¡La naturaleza tiene unos culebrones muy atractivos! Earth funcionará bien con las familias, con el público de cine arte, y hasta con los adolescentes que no ven esto por tevé, pero sí cuando hay un gran espectáculo en la sala. Para ellos tenemos además tres escenas de cacerías.
- Alix Tidmarsh (coproductora): Hay secuencias muy fuertes de un lobo, un chita, y una manada de leones persiguiendo a sus presas, pero tuvimos mucho cuidado en hasta dónde podíamos mostrar. Y equilibramos con escenas tiernas o graciosas, como la de los monos babuinos cruzando un arroyo como bañistas rezongones.
- S.T.: Otras películas muestran toda la cacería y también el almuerzo. Allá ellas y su público, que lo disfruten.
- A.F.: Nosotros queríamos hacer el retrato completo del planeta, y para ello una osa, una elefanta, y una ballena, cada cual con su cría, además de cubrir espacios muy diferentes, eran personajes claves. Para hablar del recalentamiento global, ninguna imagen mejor que la del oso macho tratando de apoyarse en un casquete que se derrite. Para hablar de la creciente falta de agua, la caravana de elefantes cruzando el desierto de polvo en busca del lago que está cada vez más chico. Y para hablar de la polución, la ballena que cruza todo el océano, y necesita que esté limpio.
- A.T.: Earth no es sólo malas noticias. Este mensaje celebra lo que todavía nos queda. Seguro que contribuirá a la conciencia sobre la fragilidad del planeta, pero el cine también tiene que ser entretenimiento y evasión. La gente debe querer viajar con nosotros 99 minutos.
- S.T.: Es cierto, pudimos ser duros, como los de Una verdad incómoda. Pero las alarmas, y las sugerencias, las dejamos para nuestro sitio web. La película es celebración, es la naturaleza totalmente natural.
- A propósito, ¿qué tan naturales son las tomas del paso de las estaciones en las hojas de los árboles de Vermont?
- Mark Linfield (codirector): Todos los colores son ciertos. Filmamos en verano, luego filmamos exactamente en el mismo sitio en otoño, e hicimos un fundido. Es todo transformación natural, igual que los planos de los cerezos en Japón. Pero, bien, después usamos por computadora un control de movimiento de las hojas, para que el fundido sea más armónico.
- A.F.: También lo usamos para las tomas del paso del sol a lo largo del día, y para estabilizar las imágenes tomadas desde un avión, cuando seguimos a las grullas damisela cruzando el Himalaya, o mostramos las nubes que van formando el ojo de un huracán. Ese proceso de estabilización posterior nos llevó años.
-¿Con qué cámaras lograron filmar tan detenidamente al tiburón blanco saltando del agua, o al chita persiguiendo al venado?
- M.L.: Con una HD de súper-alta velocidad, a 1.000 imágenes por segundo, lo que permite un gran ralentado. Si quieres hacer lo mismo en
- A.F.: Hablando de Microcosmos, yo ahora quisiera seguir algo más chico que una ballena. Pero le sintetizo lo de las cámaras. La de
Don Pasquale
Indudablemente, la obra de Donizetti evidencia un genuino estilo que no oculta las melodías de sencillez y magnificencia al servicio de la progresión narrativa. De igual manera sus composiciones son muy exigentes con los cantantes, que deben exhibir una cuidada técnica vocal unida a un sólido desenvolvimiento en escena. Dicho esto, interpretar a Donizetti puede parecer fácil pero no lo es. Dan testimonio las de Paul Plishka y Alfredo Kraus, dos grandes Don Pasquale o la célebre versión de Tito Gobbi del Dr. Malatesta. A menos de un año de la puesta del Teatro Argentino de
El elenco que tuvimos ocasión de ver estuvo encabezado por Mario De Salvo como Don Pasquale, en lugar de Alberto Jáuregui Lorda quien lo hizo en la noche del estreno. Si bien correcto, su desenvolvimiento careció de brillo tanto en lo histriónico como en la faz vocal. El Ernesto de Santiago Bürgi, con indudable dominio escénico, sucumbió ante la necesidad de un caudal de voz acorde a su agradable timbre, y aunque la evolución del relato fue ajustando los requisitos del conjunto, desde el comienzo Fabián Grassi, como el Dr. Malatesta, tuvo una sólida intervención. Al igual que Laura Polverini, cuya Norina hizo aparición cuando la representación no encontraba su exacto término. A partir de la misma obertura tuvo lucimiento la eficiente orquesta con la conducción de
La precisa régie de Oscar Barney Finn aprovechó líneas renacentistas tanto en el punto de fuga de los decorados como en la vista de la ciudad al fondo, lo que permitió extender visualmente las reducidas proporciones del escenario. Interesado en la luminosidad de la historia no profundizó en las motivaciones del patético vejete que da título a
Cómo empezamos la democracia (Daniel Larriqueta)
Quiso el azar, o la Providencia, que comenzara este libro en los días inmediatamente anteriores al fallecimiento del Dr. Raúl Alfonsín. Una emoción especial acompañó mi acercamiento a esta obra del lúcido, agudo y sensible pensador que es Daniel Larriqueta. Era casi un círculo que se cerraba: las multitudes dolientes ante los restos del hombre que ganó una elección proclamando como un rezo laico, el Preámbulo de la Constitución. Alfonsín enarboló su esperanza y no la soltó más, escribe el autor, y es lo que volvimos a vivir este 2 de abril. Pero Larriqueta nos retrotrae a los años más trágicos que precedieron aquella campaña cuando, como un demócrata clandestinizado conoció a Alfonsín, quien le transmitió una doble esperanza: el Proceso terminaría y en elecciones el radicalismo tendría la capacidad de ganarle al justicialismo. A partir de ahí se abre una etapa apasionante en la vida de Larriqueta, quien avizoró mejores y más seguros horizontes en París.
Carlos Floria le presenta a Raymond Aron, Ernesto Schoo a Héctor Biancioti (décadas después será un argentino sous la Coupole), Alain Rouquié, y otros de similar envergadura. Con Aron tuvo un diálogo impresionante. Y de tremenda vigencia: El futuro de América Latina es el Brasil. Está lejos de ser un país ideal, pues hacen las cosas a su manera. Pero hacen cosas. La Argentina, en cambio, no hace cosas. No hace cosas significativas. Obama haría suyas estas palabras, mal que nos pese. Lo que más impactó a su interlocutor fue el conocimiento de Aron sobre la composición de la social guerrilla, que le permitió decir: Esa no es una revolución política, es una crisis de sociedad. Esos hijos se sienten frustrados con el país que se les ofrece. Hay una responsabilidad del conjunto y hay una responsabilidad de los padres. Larriqueta obtiene una cátedra nada menos que en l´Ecole des Hautes Etudes Commerciales y goza de la amistad de Alain van Bockstael, director de Asuntos Internacionales, que pronto se extiende a la esposa, católicos profesantes que lo hacen padrino de su quinto hijo.
En la Argentina, el vaticinio de ese dirigente radical que hasta entonces peleaba sin éxito las internas contra Ricardo Balbín, se empieza a cumplir. Océano de por medio, el día del comicio tuvo un sabor especial para él como para toda la colonia argentina, dividida en preferencias políticas pero lista para reconocer el triunfo del adversario, no ya enemigo, con un brindis. A partir de este acontecimiento, Larriqueta regresa al país y se incorpora a la flamante Presidencia, próximo a Germán López, primero como director de proyectos y estudios y luego como subsecretario general. Siguió de cerca y alimentó planes e ideas el tiempo de la reparación, como titula un capítulo. Desde esta posición delicada y privilegiada transcurren los avatares económicos (de Grinspun a Sourrouille), los intentos de privatización denostados desde el peronismo como violatorios de la soberanía, las decisiones sobre las responsabilidades de la subversión y la represión, y los conflictos militares. Las sucesivas muertes de Raúl Borrás y Roque Carranza, amigos del entonces presidente y dotados para pilotear tan sensible área, encontraron digno sucesor en Horacio Jaunarena, que merece el elogio del autor, por entonces secretario para la Producción de la Defensa.
Según Larriqueta, Alfonsín tenía una mirada larga y condiciones que hacían de él una personalidad superior. Con razón, entonces, se enorgullece de haber compartido sueños, algunos logrados, como el Mercosur o la paz definitiva con Chile, y otros que fueron arrollados por los acontecimientos, como el traslado de la Capital a Viedma. En sus últimos días de vida, si de algo se arrepentía el líder radical era de no haberse instalado allí en una carpa para consumar ese sueño del mar y del frío. Sueño que sin duda Larriqueta compartió, a tal punto que el discurso del presidente en Viedma figura en el anexo. Puede intuirse que mucho de lo allí escrito provenía de la pluma de nuestro autor. Excede el propósito de esta reseña la discusión sobre el acierto o no del intento; vale el testimonio de quien participó de la decisión y del sueño. Hechos, análisis, protagonistas (los que se nombran y los que se pasan por alto), están en estas páginas, bien escritas, amenas, apasionadas. Buscador del alma argentina, se define al autor en la solapa del libro. Tiene para buscar y, esperemos, que sus resultados fructifiquen al servicio del país al que personas como Daniel Larriqueta pueden darle tanto.
DVD: Gomorra
En 2006, apareció en Italia el libro del
Ante el estreno de este film, una mirada prejuiciosa podría hacer pensar que se trata de una adaptación apresurada, urdida para acompañar el éxito de ventas del libro. De todos modos, la idea no cambia demasiado luego de haber visto Gomorra.
La película compila cinco historias diferentes, que muestran las infinitas y en ocasiones inimaginables- actividades relacionadas con la mafia en el empobrecido y marginal sur de Italia. El filme no hace más que repetir los lugares comunes de historias de organizaciones criminales violentas. La profusión de líneas narrativas no deja tiempo para mucho más. El parentesco de las imágenes con Ciudad de Dios o La virgen de los Sicarios, filmes que hablan de la corrupción y la violencia juvenil en Latinoamérica, invita a reflexionar, por un lado, acerca de los alcances de la globalización de la violencia, sus métodos, sus causas y resultados. Por el otro, habla de la ausencia total de elementos que brinden un contexto, que permita explicar el origen de cada una de las historias, y los porqués concretos de sus protagonistas.
DVD: La elegida
El profesor universitario y crítico literario David Kepesh podrá ser maduro, pero no ha madurado en absoluto. Con más de sesenta años, continúa seduciendo a sus alumnas: pero la presa de este año es diferente. Consuela Castillo no es una muchacha cualquiera. Comienzan una relación, que se dificulta gracias al pánico al compromiso de Kepesh. La historia está contada desde su perspectiva, y los personajes secundarios (su hijo, su mejor amigo, su amante de años) aportan las diferentes facetas de su personalidad.
La directora catalana Isabel Coixet (Mi vida sin mí, La vida secreta de las palabras), es una gran admiradora de la literatura y los escritores. Aquí decidió filmar una adaptación de la novela The dying animal del consagrado autor norteamericano Phillip Roth. Frente al experimentado Ben Kingsley (Gandhi), Penélope Cruz tiene la oportunidad -que Hollywood no suele otorgarle a menudo- de reafirmar su talento. Los otros actores también son de lujo: Dennis Hopper, Patricia Clarkson y Peter Saarsgard.
Desde lo técnico, Elegy (Elegía sería el título original del film) es la más elegante de las películas de Coixet. Sin embargo, su entusiasmo y desparpajo, que en sus dos películas anteriores eran refrescantes, aquí parecen haberse perdido. En cambio, acentúa su tendencia a ser demasiado explícita (aquí, con la escena de la planta que pierde sus hojas). El giro del final, si bien encontraba ya en la novela, le permite a Coixet seguir reiterándose, algo que no es necesariamente bueno.
Jorge Prelorán. Cuando un amigo se va…
El 28 de marzo murió en
Nacido en
Respaldado por
Radicado en
Escribo esta semblanza tan breve y de tono sin querer académico no para resaltar la vida y la obra de un artista argentino de nota, sino para rendir un cariñoso homenaje a quien me recibió junto con su mujer en Los Angeles hace más de veinte años con calidez y afecto. Yo era una estudiante tardía de cine, aterrizada con dos valijas, llena de ilusión y un desconocimiento fenomenal de las realidades
El 12 de abril, Domingo de Pascua, día radiante de sol y con la esperanza puesta en el Cristo resucitado, organizamos en nuestra casa un primer homenaje al amigo y mentor. Colegas de
La gran enseñanza de Jorge Prelorán para sus muchos discípulos, y para el público de sus documentales, es la profunda humanidad con la que su obra nos muestra la dignidad de la gente sencilla, nuestros prójimos. En clave católica el mundo espiritual y la tradición a la que Prelorán pertenecía su cine encarna los valores del Evangelio. O
La forma de las cosas de Neil LaBute
Con este estreno, y cuando Gorda transita una segunda y exitosa temporada, se consolida el nombre de Neil LaBute en los escenarios porteños, nuevamente de la mano de un prestigioso director como Daniel Veronese. En La forma de las cosas cuya escritura precede a
El autor elige para desarrollar todas estas cuestiones a una pareja totalmente asimétrica: ella, una desenfadada estudiante de arte a punto de presentar su tesis, y él, un inseguro y apocado estudiante de literatura y cuidador de museo. A instancias de Evelyn y al ritmo de sus exigencias y manipulaciones, el introvertido Adam irá modificando no siempre sin resistencia hábitos y apariencia para estabilizar la relación con la mujer que lo ha cautivado, aunque al mismo tiempo y como efecto no deseado se desestabilizará la amistad con su contrastante pareja de amigos. El juego de opuestos y la inversión van sosteniendo de manera algo previsible la construcción dramática: tanto los personajes masculinos como los femeninos se oponen entre sí y, a su vez, se invierte en cada pareja el rol del dominador y el sometido. A diferencia de Gorda, el desenlace sorprende, poniendo al descubierto el desmesurado y perverso juego del que ha sido víctima el protagonista.
Frente a tan ambiciosas preguntas, el texto de LaBute ofrece más originalidad que rotundidad en su tratamiento. Se extraña el diálogo brillante, cargado de ironía o sarcasmo, que es uno de los puntos fuertes de su anterior estreno. Sólo en el descarnado alegato final de Evelyn aparece la corrosiva mirada del autor sobre la deshumanización de las relaciones humanas. El LaBute director y guionista de cine se reconoce en la configuración fragmentada de la trama, diez escenas con escenarios variados. La puesta en escena de Veronese procura mitigar el ritmo entrecortado de la acción, mediante una sincronización perfecta de los cambios escenográficos y la música como soporte aglutinante. Fernán Mirás en el rol protagónico encarna con suma ductilidad al personaje más exigido por la evolución que sufre. Tanto Griselda Siciliani, la sutil manipuladora de afectos y desafectos, como Sergio Surraco y Magela Zanotta se desempeñan correctamente.
Nuevamente Labute apunta con esta comedia de humor negro a generar incómodas preguntas y desestabilizar al espectador, pero nos queda la impresión de que no llega más allá de la superficie de las cosas.
Debates: La Humanae Vitae de Pablo VI, 40 años después
El cardenal Carlo Maria Martini (Turín, 1927)(foto), sacerdote jesuita y biblista mundialmente reconocido, es autor del polémico libro Coloquios nocturnos en Jerusalén, que comentamos en CRITERIO (Nº 2343). El ex arzobispo de Milán (1979-2002), la diócesis más grande del mundo, fue considerado papable en el Cónclave que eligió pontífice al cardenal Ratzinger. Mantuvo debates con pensadores de signo laicista, como Umberto Eco, y fue interlocutor en diálogos de alto nivel cultural. Benedicto XVI le pidió que presentara en París su libro Jesús de Nazaret.
Ya retirado, en una sencilla habitación de la Compañía de Jesús en Jerusalén, Martini se dedicó a reflexionar, con la perspectiva y experiencia de sus años, sobre temas que se debaten y discuten públicamente. Las reflexiones fueron dialogadas con otro jesuita, el austríaco Georg Sporschill, de 63 años, y recogidas en el mencionado libro. Su preocupación central es que la Iglesia sea escuchada, sobre todo por los más jóvenes.
Advierte sobre distancias que deberían acortarse, por lo que asume posiciones de autocrítica y dice que la Iglesia necesita reformas internas que tienen que venir desde dentro.
Uno de los temas más controvertidos del libro es el de
Las reflexiones de Martini suscitaron opiniones favorables y adversas. Las que aquí se recogen -algunas muy anteriores a las del cardenal- reflejan que la cuestión es compleja y no está cerrada, por lo que aspiramos a que el debate se abra al diálogo. Los lectores podrán formarse un juicio y sumar sus puntos de vista en nuestra web (www.revistacriterio.com.ar/debates) donde abrimos una sección especial. Las afirmaciones de Sporschill y Martini fueron extraídas del libro indicado, en su versión española.
Arturo Prins
Georg Sporschill dijo…
La Iglesia sigue teniendo fama de ser hostil al cuerpo o de estar alejada de
Con esta crítica me he encontrado desde hace muchos años y en todos los frentes, también entre científicos y políticos serios, si es que acaso buscaban el diálogo con
La relación personal y corporal es un ámbito esencial en la vida del hombre, en el que sobre todo la juventud debe hallar su camino. A partir de la pubertad, los jóvenes experimentan muchas turbulencias en este tema. Muchas grandes decisiones implican también cuestiones sobre la sexualidad, el matrimonio o el celibato. Es en cierto modo algo trágico que la Iglesia se haya alejado tanto de los afectados por estas cuestiones y de los que buscan respuestas para ellas.
A mí me resulta doloroso que el papa Pablo VI haya quedado marcado de forma tan negativa en la opinión pública a causa de la encíclica de la píldora, como se la ha dado en llamar. Él asumió de su predecesor Juan XXIII la tarea del Concilio y lo prosiguió con gran prudencia. A su equilibrio se debe la apertura de la Iglesia, para la cual él pudo conquistar a una gran mayoría. Tampoco quiero dejar de mencionar su gran interés por
El cardenal es muy claro en su crítica, una crítica muy severa, a Paulo VI y a
El antiguo arzobispo de Milán propone que la Iglesia corrija el error cometido. Dice textualmente: Probablemente el Papa no retirará
Llama mucho la atención que un cardenal, un hombre tan inteligente, tan destacado, como es el cardenal Carlo María Martini se haga eco y haga suyas las críticas que dirige y ha dirigido a la Iglesia, durante décadas, la cultura secularizada y aquellos sectores intraeclesiales que se han manifestado en una postura de disenso contra el Magisterio eclesial. (…)
En
Ahora bien: nosotros, si nos dejamos llevar por el instinto de la fe, nuestro sano instinto católico, sabemos muy bien a lo que tenemos que adherir. Tenemos que adherir a la doctrina constante de la Iglesia y a la enseñanza de Benedicto XVI que es el Pastor que actualmente, a todos, nos guía. A esa enseñanza debe adherir, tanto el más humilde de los fieles como el más publicitado de los cardenales.
La Humanae vitae fue causa de enorme sufrimiento y de cruz para Pablo VI (…) Un revelador testimonio de los sufrimientos del heroico Papa fue su última alocución pública (29/6/78), casi un mes antes de que el curso natural de su vida llegara a su ocaso, cuando hizo un balance de su pontificado y resumió su empeño ofrecido y sufrido de un Magisterio al servicio de la verdad en dos grandes deberes: la tutela de la fe -recordemos el Credo del Pueblo de Dios- y la defensa de la vida humana.
Acerca de la vida humana Pablo VI dijo, en esta postrera ocasión, estas palabras: No hemos hecho otra cosa que acoger esta consigna cuando hace diez años, proclamamos
En la experiencia de los humildes, como en los tiempos del Evangelio, se constata que, con esta sabiduría de vida, son muchas veces los pobres los que más hijos tienen; son también los pobres los que entienden mejor la diferencia esencial entre la contracepción y los métodos naturales basados en la continencia periódica; los que además, prácticamente, los asumen con mayor tino y practicidad. De mi experiencia pastoral como sacerdote recuerdo que, instructoras de nuestra pastoral, que enseñaban los métodos naturales en diversos lugares, me contaban que los aprendían más fácilmente las chicas de las villas de emergencia que las jóvenes de las universidades: se complicaban menos y percibían enseguida cómo era el plan de Dios y cómo vivirlo concreta y prácticamente. (7/9/08)
Muchas de las críticas a la Humanae vitae han sido sugeridas por los intereses económicos que están detrás de la venta de la píldora contraceptiva. Otras críticas surgen de aquellos que quieren reducir y seleccionar la fertilidad y el crecimiento demográfico. Finalmente las críticas proceden de aquellos que quieren limitar la autoridad moral de la Iglesia católica. (ZENIT.org; 8/1/09)
Martini, por encima de todo, sigue experimentando el lacerante deseo de ver a la Iglesia rejuvenecida y actualizada. Para lo cual -según su convicción- ella debe tener el valor de reformarse. (…) Muy despistado habría que estar para ver en el cardenal Martini la figura de un reformista impulsivo o improvisado. (…) Sus ansias de cambio son el fruto de un largo proceso de maduración en lo más íntimo de su corazón de pastor, bajo el impulso y al calor de su fe ardiente, de su amplia experiencia de vida y de su amor generoso y desbordante hacia los seres humanos (La Nación, 17/11/08)
Después de
Dado que la encíclica no contiene en materia de fe ningún juicio infalible, pudiera darse el caso de que alguno estime no poder aceptar el juicio dado por el Magisterio de
Dentro del ámbito católico, los interlocutores más serios en el debate sobre
Ello muestra que no es suficiente rebatir las objeciones a la encíclica reafirmando la verdad de esta enseñanza. En el ámbito moral, para que un principio pueda orientar la vida satisfactoriamente es preciso que, además de ser verdadero, sea adecuadamente aplicado. Para ello se requieren mediaciones, es decir, criterios que permitan traducir prudentemente los principios en la multiplicidad de las situaciones concretas. Ya la encíclica mencionada da a entender que no todo uso de anticonceptivos equivale a anticoncepción: reconoce, en efecto, que el mismo puede tener un uso terapéutico, perfectamente lícito (n.15).
Diversas conferencias episcopales, a su vez, enunciaron criterios pastorales para orientar a sus fieles.
Muchos especialistas, entre ellos el eminente filósofo Martin Rhonheimer, sacerdote del Opus Dei y profesor en la Universidad de
La contracepción no puede ser nunca un bien. Siempre es un desorden, pero este desorden no siempre es culpable. Se da el caso, efectivamente, de que los esposos se encuentran ante un verdadero conflicto de deberes (Gaudium et spes 51). Nadie ignora las angustias espirituales en las que se debaten los esposos sinceros, especialmente aquellos a los que la observancia de los períodos naturales no consigue darles una base suficientemente segura sobre la regulación de nacimientos (Humanae vitae 24). Por una parte son conscientes del deber de respetar la apertura a la vida en todo acto conyugal. Creen igualmente que deben evitar en consecuencia -o aplazar para más adelante- un nuevo nacimiento. Al mismo tiempo, están privados del recurso a los ritmos biológicos. Por otra parte no ven en lo que les concierne cómo renunciar entonces a la expresión física de su amor sin poner en peligro la estabilidad de su matrimonio (GS 51,1).
A este respecto, recordamos simplemente la enseñanza constante de la moral: cuando uno se encuentra ante una alternativa entre deberes, en la que, sea cual fuese la decisión que se tome, no se puede evitar una, la sabiduría tradicional prevé que se busque ante Dios qué deber es mayor en este caso. Los esposos tomarán su decisión después de una reflexión en común, hecha con todo el interés que requiere la grandeza de su vocación conyugal.
No pueden olvidar ni menospreciar jamás ninguno de los deberes que entran en conflicto. Por tanto, mantendrán su corazón disponible a la llamada de Dios, atentos a cualquier nueva posibilidad que postule una nueva reconsideración de su elección o comportamiento actual. (8/11/68)
Contracepción, como un tipo de acto humano específico, incluye dos elementos: la voluntad de involucrarse en actos sexuales y la intención de hacer imposible
La definición de acto contraceptivo no se aplica, por lo tanto, al uso de contraceptivos para prevenir las posibles consecuencias procreativas de una violación prevista; en tal circunstancia la persona violada no elige involucrarse en una relación sexual o prevenir las posibles consecuencias de su propia conducta sexual sino que está simplemente defendiéndose de una agresión sobre su propio cuerpo y de sus indeseables consecuencias. Una mujer atleta tomando parte en los Juegos Olímpicos, que toma una píldora anovulatoria para evitar la menstruación, no está cometiendo anticoncepción tampoco, porque no hay una intención simultánea de involucrarse en una relación sexual. (…)
Pero ¿qué pasa con las personas promiscuas, los homosexuales sexualmente activos y las prostitutas? Lo que
¿Qué digo yo, como sacerdote católico, a las personas promiscuas u homosexuales que están usando condón? Trataré de ayudarlos a vivir una vida sexual correcta y bien ordenada. Pero no les voy a decir que no usen condón. Sencillamente no voy a hablar a ellos sobre este tema y voy a asumir que si ellos eligen tener sexo van a conservar, al menos, un sentido de responsabilidad. Con esta actitud respeto fielmente la enseñanza católica sobre contracepción. (…)
Igualmente, un hombre casado que está infectado de HIV y usa condón para proteger a su esposa de una infección, no está actuando para hacer la procreación imposible, sino para prevenir
Campañas para promover la abstinencia y la fidelidad son ciertamente y últimamente el único remedio efectivo a largo plazo para combatir el SIDA. Por tanto no hay razón para que la Iglesia considere las campañas de promoción del condón como útiles para el futuro de la sociedad humana. Pero tampoco puede la Iglesia enseñar que las personas involucradas en estilos de vida inmorales deberían evitarlos.
(The Tablet, 10/7/04)
Hoy presenciamos los casos de Uganda y Tailandia, donde los esfuerzos nacionales e internacionales para alentar el uso de profilácticos han sido supuestamente exitosos. En el caso de Tailandia, el esfuerzo de las autoridades sanitarias estuvo focalizado en las prostitutas y sus clientes. El uso de condones ha tenido un resultado particularmente bueno para esa gente con respecto a la prevención de enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo no es claro si la promoción de los condones en ese país ha tenido o no un efecto en el avance de conjunto del SIDA. El uso de profilácticos en esas circunstancias es realmente el mal menor, pero no puede ser propuesto como un modelo de humanización y desarrollo. Tal vez las autoridades de Tailandia podrían haberse preguntado primero acerca de las razones del particular crecimiento de la prostitución en su país. (LOsservatore Romano, 19/4/00)
Cuando pienso en la problemática del SIDA (según la ONU, alrededor de 40 millones de personas están infectadas con el VIH, la mayoría de ellos en África; el mismo informe contabiliza en el año 2006 tres millones de muertos), entran en juego no sólo la medicina, sino también la política y la cooperación para el desarrollo.
Si la Iglesia pudiese hacer que todos esos ámbitos se pronunciaran, planteándoles preguntas y escuchando con atención, se trataría ciertamente de una iniciativa positiva. En el Vaticano se discute sobre la utilización de preservativos, en especial porque la epidemia del SIDA preocupa mucho al Papa. Aun cuando se permitieran los preservativos como mal menor en el caso de matrimonios infectados, eso no bastaría.
Esta toma de posición me ha hecho entrar a mí en enfrentamientos. Me he convertido en el cardeal da camisinha, como me decía riendo un sacerdote de Brasil. Es decir, el cardenal del preservativo. Es así como sobre todo algunos periódicos me colocan a veces bajo sospecha.
Shoá: farsa y tragedia
In memoriam León Klenicki, fiel amigo.
A Rafael Braun, amigo fiel.
Un número infinito de maestros de lenguas, de
artes y de ciencias enseñan lo que no saben, y
ese talento es muy considerable, porque no se
necesita mucho ingenio para mostrar lo que se
sabe, pero sí es infinito el que se precisa para
enseñar lo que se ignora.
Montesquieu
Cartas persas (58)
Hace algunos meses, un fugaz rapto de esnobismo ese recurrente sarpullido del progresismo porteño, que hubiera deleitado a Thackeray puso de moda, con ignorancia de su autor, una afirmación de seductora reciedumbre. Así decía:
Hegel observa en alguna parte que todos los hechos y personajes de gran importancia en la historia del mundo aparecen, podríamos decir, dos veces. Olvidó añadir: la primera vez como tragedia, la segunda como farsa.Como el apotegma llegó hasta la cúspide del poder, conviene recordar que así comienza El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, de Karl Marx.
De todos modos, el dictum marxiano parece aplicarse como un guante a la situación creada por las escasamente británicas declaraciones del obispo Richard Williamson, de fecha reciente.
Para la alambicada ingenuidad del prelado, evocaciones como Auschwittz, Treblinka o gas Zyklon B, deben pertenecer a un imaginario improbado e improbable, en el que una falaz revisión seudohistoriográfica prefigura un capítulo más si pudiera ser de
Este revisionismo como casi todos los de su género, incluidos los autóctonos carece de solidez argumental y validación empírica. Hace casi tres décadas comentamos en las páginas de Criterio la traducción española de La guerra de Hitler de David Irving, con una crítica de la inverosímil hipótesis del autor, según
Ni Irving procesado en Austria ni Faurisson ni Rassinier, ni tantos otros han hecho otra cosa que, dicho en castiza parla (o en caló), un vergonzoso paripé.
La reacción mediática, si se me excusa la socorrida locución, ha contribuido a imprimir además un humor macabro, un aire de farsa instantaneísta, a una tragedia histórica. El Holocausto o mejor Shoá pasa así, sin mayores precisiones, a integrar el corpus soluble de la postmodernidad, o como afirma Zygmunt Bauman de la modernidad líquida, o según la notable premonición de Enrique Tierno Galván escrita hace sesenta años, del utillaje mental de las amnésicas sociedades analítico-contemplativas.
A todo esto, Leonardo Sciascia profería en una de sus mejores novelas, El consejo de Egipto, su voz contundente: cada sociedad genera el tipo de imposturas que, por así decir, se merece.
Este artículo se propone, pues, mostrar un conjunto de obras en español, asequibles en el mercado, que puedan introducir con rigor y claridad, al fenómeno histórico del Holocausto, en el marco exponencional de una bibliografía casi infinita.
I. Obras testimoniales
Antony Beevor y Luba Vinogradova (eds.), Un escritor en guerra (Vasili Grossman en el Ejercito rojo, 1941-5), Crítica, Barcelona, 2006.
Grossman, quien es hoy conocido por su extraordinaria novela Vida y destino, fue corresponsal de Estrella Roja, el periódico del ejército soviético. Sus crónicas son de una conmovedora inmediatez, tal como han sido editadas por Antony Beevor. El capítulo 24, dedicado al campo de exterminio de Treblinka, es la muestra más patente de un horror genocida jamás antes descripto.
Viktor E. Frankl, El hombre en busca de sentido, Herder, Barcelona, 1982, parte primera: Un psicólogo en un campo de concentración. El creador del análisis existencial, medita sobre su propia experiencia como hombre y esclavo.
Primo Levi, la trilogía compuesta por: Si esto es un hombre, Muchnik, Barcelona, 2003 (3ª. ed.); La tregua, Muchnik, Barcelona, 1997 (4ª. ed.); Los hundidos y los salvados, El Aleph, Barcelona, 2005 (2ª. ed.), ahora reunidos en un solo volumen. El gran novelista turinés relata su existencia concentracionaria en Auschwitz, entre 1943 y 1945. Hoy puede leerse la monumental biografía de Ian Thomson, Primo Levi, Belacqua, Barcelona, 2007, esp. caps. X a XIII.
II. Obras de ficción
Vasili Grossman, Vida y destino, Lumen, México, 2008. Publicada en francés en 1980, esta novela prohibida bajo el régimen de Jrushov, constituye una de las cumbres literarias del siglo XX, como una suerte de Guerra y paz del último conflicto bélico mundial. Los capítulos
Joseph Roth, La tela de araña, Acantilado, Barcelona, 2001. El impar autor de La marcha de Radetzky y La leyenda del santo bebedor, publicó en 1923 su primera narración, notablemente premonitoria.
Norman Spinrad, El sueño de hierro, Minotauro, Buenos Aires, 1978. Una novela de ciencia ficción, montada sobre otra de un tal Adolf Hitler, plantea en un futuro lejano la sombra de un nuevo genocidio.
III. Obras historiográficas y fuentes directas
Una relación pertinente para las relaciones entre la historiografía y la memoria, puede hallarse en las obras de Françoise Barret- Ducrocq (dir.), ¿Por qué recordar?, Granica, Buenos Aires, 2007; Paul Ricoeur, La memoria, la historia y el olvido, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 2004; y Beatriz Sarlo, Tiempo pasado, Siglo XXI, Buenos Aires, 2005, esp. pp. 42-49 sobre Primo Levi.
Götz Aly, La utopía nazi, Crítica, Barcelona, 2006, esp. tercera parte: El expolio de los judíos.
Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén, De Bolsillo, Barcelona, 2004. Se trata del texto clásico sobre el juicio de Adolf Eichmann durante 1961, por una filósofa judía que había hecho su tesis doctoral sobre El concepto de amor en San Agustín dirigida por Karl Jaspers y que había asistido en Berlín a los seminarios de Romano Guardini.
Michael Burleigh, El Tercer Reich, Taurus, Buenos Aires, 2003, esp. cap. 8. Una nueva historia de la dictadura nazi, escrita con agudez y originalidad. Del mismo autor, puede leerse su notable análisis de la relación entre la religión y la política en Europa, Poder terrenal, Taurus, Madrid, 2005, y su continuación, Sacred Causes, Harper Perennial, New York, 2008.
David Engel, El Holocausto (El Tercer Reich y los judíos), Nueva Visión, Buenos Aires, 2006. La mejor introducción al tema, en apretada y esclarecida síntesis.
Saul Friedlander (comp.), En torno a los límites de representación (El nazismo y la solución final), Universidad Nacional de Quilmes, Bernal, 2007. Una interesante recopilación que incluye ensayos de Hayden White y Carlo Ginzburg.
François Furet y Ernst Nolte, Fascismo y comunismo, Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1999, esp. caps. IV, VI y VII. La publicación de estos dos eximios historiadores europeos, durante 1996-7, plantea el problema del genocidio judío enfrentado al Gulag soviético. Hoy, la aparición de libros como el de Nicolás Werth, Cannibal Island (Death in a Siberían Gulag), Princeton University Press, 2007, que describe un episodio colectivo de canibalismo inducido, habría intensificado el debate.
Noemí Girbal-Blacha y Diana Quatrocchi-Woisson (dirs.), Cuando opinar es actuar (Revistas argentinas del siglo XX), Academia Nacional de
Beatriz Gurevich y Carlos Escudé (comps.), El genocidio ante la historia y la naturaleza humana, Universidad Torcuato Di Tella/GEL, Buenos Aires, 1994. Una compilación de diecisiete propuestas originales; entre ellos puede verse, del autor de este artículo, En torno de los orígenes históricos ideológicos del nacionalsocialismo alemán, pp. 75-90.
Beatriz Gurevich y Paul Warzawski (comps.), Proyecto Testimonio, Planeta, Buenos Aires, 1998 (2 vols.). Un minucioso escrutinio de los archivos argentinos durante la era nazi, con un exhaustivo análisis documental.
Sebastian Haffner, Historia de un alemán (Memorias 1914-1933), Destino, Barcelona, 2005. Las apasionantes memorias de un lúcido alemán.
Adolf Hitler, Mein Kampf, Houghton Migglin Co., Boston, 1971. Sigo la traducción inglesa de Ralph Manheim introducida por Konrad Heinden, que me parece superior a las versiones españolas existentes. La aparición del libro de culto del régimen nazi, en 1925-6, con una tirada de un millón y medio de ejemplares en 1933, revela en su capítulo XI (Nación y raza) la síntesis de la teoría conspirativa hitleriana: judíos marxistas y liberales aliados con un Vaticano judaizado. Al cabo del capítulo puede leerse: El final no consiste sólo en la destrucción de los pueblos oprimidos por el judío, sino también en el final de este parásito sobre las naciones. Tras la muerte de su víctima, el vampiro, tarde o temprano, muere también (la traducción es mía).
Jeffrey Herf, El enemigo judío (La propaganda nazi durante
Ian Kershaw, Hitler, Península, Barcelona, 1999-2000, (2 vols.) caps. 3, 6, y 8 del segundo volumen. La mejor biografía de Hitler escrita hasta ahora.
Ian Kershaw, La dictadura nazi (Problemas y perspectivas de interpretación), Siglo XXI, Buenos Aires, 2004, esp. cap. 5: Hitler y el Holocausto. Alguna vez deberá rendirse adecuado homenaje a la estirpe Romero en el impulso historiográfico en nuestro medio. Luis Alberto Romero ha editado en los últimos años los más importantes clásicos críticos del autoritarismo europeo.
Ian Kershaw, Decisiones trascendentales, Península, Barcelona, 2008, cap. 10.
Claudia Koonz, La conciencia nazi (La formación del fundamentalismo étnico del Tercer Reich), Paidós, Barcelona, 2005. Analiza los orígenes del antisemitismo radical entre 1933-9.
John Lukacs, El Hitler de la historia, Turner FCE, 2003, esp. capítulo VIII, sobre el revisionismo.
Lawrence Rees, Auschwitz (Los nazis y la solución final), Crítica, Barcelona, 2005.
Gerhard Reitingler, La solución final, Grijalbo, Barcelona, 1973. Una exposición clásica del genocidio.
Joseph Roth, La filial del infierno en la tierra, Acantilado, Barcelona, 2004. Se agrupan las crónicas periodísticas del gran novelista europeo publicadas entre 1933-9 en su exilio parisino. V. también El juicio de la historia (Escritos: 1920-1939), Siglo XXI, Madrid, 2004, esp. pp. 23-40 sobre el proceso por el asesinato de Walther Rathenau.
Rosa Sala Rose, Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo, Acantilado, Barcelona, 2003. Una obra imprescindible por su originalidad y erudición histórica-filológica.
Pierre-André Taguieff, Les protocoles des Sages de Sion (Faux et usajes d´ un faux), Berg International-Fayard, París, 2004. Se trata de la más completa revisión de los famosos Protocolos universalmente difundidos como prueba del supuesto complot judío para la dominación del mundo. Taguieff, junto con Norman Cohn, demuestra acabadamente el fraude urdido por la policía zarista, la celebre Ojrana en 1902. Del mismo autor, puede leerse La nueva judeofobia, Gedisa, Barcelona, 2003. Debe recordarse el libro liminar de Norman Cohn, El mito de los sabios de Sión, Candelabro, Buenos Aires, s.f.
Hugh Trevor-Roper (Prefacio e introducción), Las conversaciones privadas de Hitler, Crítica, Barcelona, 2004.
Desde julio de 1941 hasta noviembre de 1944 quedaron registradas las Bormann-Vermake, las conversaciones de sobremesa de Adolf Hitler, que el historiador inglés Trevor-Roper ha presentado en una pulcra edición. Allí pueden encontrarse las amenazas de exterminio racial, la concepción crudamente racista de la historia y, lo que es también interesante, las opiniones sobre el cristianismo: Nuestra época verá sin duda el fin de la enfermedad del cristianismo (p. 270) y Jesús desde luego no era judío
La religión que montó Pablo de Tarso y que posteriormente se llamaría cristianismo, no es sino el actual comunismo (pp. 576-7) y El cristianismo se propuso la destrucción sistemática de la cultura antigua (p. 71). Sobre el empleo de metáforas biomédicas en el discurso hitleriano (los judíos como sifilíticos o tuberculosos), Susan Sontag, La enfermedad y sus metáforas, Muchnik, Barcelona, 1980, y Alice Platen-Hallermund, Exterminio de enfermos mentales en
Eugenio Xammar, El huevo de la serpiente (Crónicas desde Alemania-1922-4), Acantilado, Barcelona, 2005. Las cáusticas crónicas weimarianas de este gran periodista catalán, incluyen una temprana e inquietante entrevista con Adolf Hitler, (pp. 204-8).
*
Tras la minuciosa enumeración bibliográfica, deseo despedirme de la mano de un novelista, de un filósofo y de un poeta.
En esos momentos, con gran llaneza, fray Giuseppe le explicaba que la tarea de historiador es un verdadero embrollo, una impostura, y que significa mayor merecimiento inventar la historia que transcribirla, sin más ni más, de viejos folios, de antiguas lápidas, de antiguos mausoleos. (4)
La decadencia tiene una causa espiritual
El resultado es, por una parte, el cinismo propio de la vida moderna; las gentes se encogen de hombros ante lo infame que se deja pasar en lo grande y en lo pequeño, velándolo
un humanitarismo sensiblero en que se pierde la humanitas, justifica con anémicos ideales lo más miserable y fortuito.(5)
Así, entre el aleccionador sarcasmo del siciliano Sciascia y la dramática apelación del alemán Jaspers, queda configurada en esas grandes voces la tremenda tensión entre la farsa y la tragedia. Quizás el fulgor de un poeta nos ayude a soportarla:
Echa el cerrojo: hay
rosas en la casa.
Hay
siete rosas en la casa.
Está
el candelabro de siete brazos en la casa.
Nuestro
niño
lo sabe y duerme.(6)
Notas:
1. Karl Marx, El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Ediciones en Lenguas Extranjeras, Pekín, 1978, p. 9. Una penetrante interpretación del fragmento puede hallarse en Hayden White, Metahistoria, Fondo de Cultura Económica, México, 1992, cap. VIII.
2. V. Marcelo Montserrat, Bibliografía para una historia mundial, en el volumen de AA. VV., 1943- 1982. Historia política argentina, Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1983, p. 267, y del mismo autor, Introducción a AA.VV. No olvidarás el Holocausto, DAIA, Buenos Aires, 1982, pp. 5-9. Allí mismo, el excelente artículo de Lucy S. Dawidowicz, Mentiras en torno del Holocausto, pp. 21-33.
3. Leonardo Sciascia, El Consejo de Egipto, Tusquets, Barcelona, 2004, (2· ed.), p. 136.
4. Leonardo Sciascia, ob. cit., p. 66.
5. Karl Jaspers, Ambiente espiritual de nuestro tiempo, Labor, Barcelona, 1955 (reimpr.), p.79.La primera edición es de 1933.
6. Paul Celan, Los poemas póstumos, Trotta, Madrid, 2003, p. 47.
Mayo
¿Por qué abrir en Criterio un espacio para rememorar hechos que de alguna manera se vinculan con
Conviene, en efecto, situarse en la coyuntura internacional y local para entender mejor lo que ocurrió. El sustrato de conocimientos de que está provisto quien ha estudiado la historia en la escuela suele atribuir intencionalidades demasiado definidas a individuos e instituciones que en realidad, lejos de estar animados por proyectos claros y firmes, fueron más bien presa del estupor y de la alarma por el derrumbe que parecía definitivo de la monarquía en 1808. Las conductas asumidas, las tomas de posición de los muchos actores involucrados, fueron cambiantes y tal vez erráticas, fruto en buena medida de los cambios vertiginosos que se produjeron en las alianzas internacionales y en la política regional en los años posteriores a 1805, cuando la catástrofe de Trafalgar terminó de cortar las ya maltrechas comunicaciones con la península.
El desconcierto y la necesidad de encontrar una salida al vacío de poder que se creó en 1808 explican mejor cuanto ocurrió en esos años que la lucha entre proyectos políticos e ideológicos encontrados. La discusión de ideas no fue antes de 1810, ni tampoco en el momento del estallido de la revolución, una cuestión central. En
La ruptura con la monarquía, por otra parte, parece haber sido concebida de manera dispar por los diferentes actores en juego. Todos, en principio, estaban más preocupados por heredar el poder disuelto que por construir uno nuevo sobre sus ruinas. Sin duda algunos creyeron que, en la nueva coyuntura, pensar en la independencia era menos descabellado de lo que parecía poco tiempo atrás. Pero no es claro que todos entendieran la independencia del mismo modo, ni que se tratara de algo que tuviera las connotaciones que nosotros le adjudicamos hoy. En todo caso, la situación de incertidumbre desaconsejaba precisar los objetivos de una revolución que reunía a hombres animados por diagnósticos e intencionalidades muy disímiles. Aunque en mayo de 1810 parecía improbable una restauración de Fernando VII como la que se produjo sólo cuatro años después, había varios escenarios futuros posibles.
Nada de ello quita valor a la tarea de rememorar lo que ocurrió, no porque la historia pueda enseñarnos a no cometer los mismos errores de hecho, si algo nos enseña es que somos capaces de cometerlos una y otra vez por más que la estudiemos, sino porque puede ayudarnos a reflexionar sobre nuestro pasado y nuestro presente. La historia no se repite, como quieren los que dicen que
Con ese ánimo, completamente libre de la pretensión de poseer verdades objetivas, consciente de que existen múltiples lecturas del pasado y del presente que pueden considerarse verdaderas, Mayo va a ofrecer a los lectores de Criterio algunos documentos breves o fragmentos de ellos, de ser preciso acompañados de una mínima contextualización, y a darles la palabra a historiadores que tienen algo que decir sobre lo que pasó hace 200 años.




