Revista Criterio
Julio 2009
Nº 2348 » Julio 2009

Dengue: epidemia y síntoma

por Bello, Julio · Comentar 

Es probable que cuando estas líneas lleguen al lector el descenso de la temperatura haya detenido la expansión de la epidemia de dengue. Y, alejado el tema de las primeras planas, las autoridades sanitarias consideren propio el éxito de la contención.

 

Es probable asimismo que la discusión sobre el número de afectados –desde 20.000, Ocaña dixit, hasta los 100.000 de otras fuentes quizás igualmente desconfiables– haya pasado a integrar el conjunto de incertidumbres ciudadanas sobre las estadísticas oficiales.

 

En este contexto será necesario que la sociedad no se incorpore a este olvido anunciado y, reflexionando sobre lo ocurrido, pueda sacar algunas conclusiones que induzcan políticas y acciones por parte de autoridades sanitarias que eviten la recurrencia de estas situaciones. Y que entre todos aportemos ideas, conductas y recursos para acceder no sólo a mejores niveles de salud sino a disminuir los riesgos sanitarios a grados aceptables. Será un aporte sustantivo a la mayor seguridad ciudadana –que no podemos limitar a los atentados contra la propiedad privada, por violentos y frecuentes que sean–, la cual abarca el acceso a un estilo de vida más humano, solidario y con mayores niveles de equidad y a las satisfacción de las condiciones elementales para nuestra calidad de vida y el futuro de nuestras familias.

 

La epidemia

 

No cabe duda de que hemos sufrido un brote epidémico, previsible, evitable en su magnitud y extensión, y que ha desnudado las debilidades del sistema de salud, que exceden las instancias específicamente sanitarias, aunque no exima de responsabilidad principal a las autoridades.

 

El origen y la modalidad de transmisión del dengue son conocidos, identificados su productor, el vector y los reservorios, y su forma de contagio. La prevención se orienta a eliminar al mosquito transmisor y controlar aquellos lugares aptos para su reproducción y la conservación de larvas. Son necesarias acciones también conocidas y normadas que incluyen las propias de las autoridades sanitarias y ambientales, orientadas a eliminar los focos de riesgo y fundamentalmente, aguas estancadas, basurales, aguas servidas, en especial las ubicadas cerca de la población y con clima favorable a la reproducción y la conservación de larvas y mosquitos. A su vez, aparece la necesidad de educación de la población. Escuelas, hospitales, centros de atención primaria, organizaciones de la comunidad y medios de comunicación son los vehículos naturales, y suponen una iniciativa de las autoridades sanitarias y una articulación entre instituciones y sectores –la tan mentada intersectorialidad de las acciones en salud–. Estas no surgen naturalmente sino que deben formar parte de políticas públicas que las generen, fortalezcan y diseminen.

 

La educación de la población debe consolidarse con formas efectivas de participación comunitaria. La generación de hábitos saludables y la tarea de eliminar factores condicionantes no se logra con la mera información. Más aún en aquellos conjuntos poblacionales en donde la marginación y la pobreza hacen de la carencia y del acoso ambiental y social una realidad cotidiana. En este marco las políticas públicas suponen una presencia efectiva de los gobiernos locales y su articulación con las organizaciones y líderes sociales. En este sentido, el punterismo y la dádiva son conductas que han degradado el capital social de nuestras comunidades. No es fácil conseguir que se eliminen, por ejemplo, cubiertas o recipientes con agua residual, en un ambiente donde la inexistencia de cloacas hace del contacto con las aguas servidas una experiencia cotidiana y donde el agua potable es vendida por aguateros o provista por grifos alejados de las viviendas. Aquí también la pobreza es el factor negativo más importante.

 

De existir políticas públicas nacionales, su penetración en los gobiernos provinciales y municipales supone un liderazgo sectorial que en el área de salud se ha perdido y diluido en acciones aparentemente moralizantes o en decisiones directamente discriminatorias y sectarias. Ejemplos de esto serían la eliminación de las Universidades Privadas del Consejo Asesor del Ministerio de Salud o la baja, sin justificación conocida, del Posgrado de Salud Social y Comunitaria que desarrollaron 17 universidades públicas y privadas durante más de cuatro años, y con logros demostrables.

 

El síntoma

 

Es claro que la epidemia ha puesto en evidencia las falencias de las políticas públicas no sólo en medidas directas sino en acciones que tienen un fundamento conocido y aceptado en el mundo de la salud, tales como el reconocimiento de los “factores determinantes de la salud”; los “campos de salud” de Marc Lalonde o la intersectorialidad de las intervenciones.

 

Lo grave de este diagnóstico es que desnuda la vulnerabilidad para la mayoría de las conocidas como nuevas patologías: violencia familiar, adicciones, enfermedades de transmisión sexual, accidentes. Por el contrario, la respuesta sanitaria debería ser:

 

a) intersectorial: con políticas públicas e instrumentos organizativos que así las implementen;

 

b) participativa: con acciones concretas en los niveles locales, superando el punterismo y la dádiva;

 

c) integral: en la medida que se superen la actual fragmentación y la parcialidad de las respuestas;

 

d) desde una perspectiva de los derechos humanos: en donde la integralidad de las respuestas, la exigibilidad de la superación de las carencias y la identificación de responsabilidades sean la base de un accionar en el que cada carencia aparezca como un atentado a los derechos. Esto generaría una exigibilidad en donde la responsabilidad social, gubernamental y personal estén presentes;

 

e) con una visión desde la salud comunitaria (1): con el Estado como garante del bien común, la sociedad organizada en sus instituciones, los derechos humanos como base ética.

 

Nota:

 

1. Salud Comunitaria es una concepción de Salud explicitada y desarrollada por el Dr. Norberto Liwski, presidente del Comité de Defensa de la Salud, la Etica Profesional y los Derechos Humanos (CODESEDH, Salud Comunitaria, 1985).

Nº 2348 » Julio 2009

Crisis internacional, crisis local

por De Pablo, Juan Carlos · Comentar 

Para saber qué puede llegar a ocurrir en la economía nacional y mundial, le presto atención a lo que está pasando, semblanteo a las autoridades, leo historia y… pienso.

 

Al mismo tiempo ignoro por completo los pronósticos (no pierdo tiempo ni con quienes afirman que 2010 va a ser mejor que 2009, ni con aquellos que me recontrajuran que va a ser peor); tampoco le presto atención a quienes utilizan la crisis para llevar agua para su molino, a quienes aseguran que el nuevo sistema monetario internacional va a ser distinto o a quienes sueñan con futuros controles al sistema financiero, que evitarán nuevas crisis como la presente.

 

¿Qué está pasando? Desde el último trimestre de 2008 el mundo está en recesión. De los 200 países en que está dividido, en por lo menos 190 el PBI real está cayendo en términos absolutos, y donde sigue creciendo (ejemplo: China) lo hace más despacio. Además de generalizada la recesión es severa. Tal como era de esperar, con la caída del nivel de actividad aumenta la desocupación de mano de obra.

 

Como dije, no le presto atención a los pronósticos (que en realidad son conjeturas condicionadas), no porque quienes los confeccionan sean brutos sino porque es imposible saber.

 

Sí le presto atención a la historia. La cual enseña que todas las crisis terminan, así que ésta también (ésa es la buena noticia), pero también enseña que las crisis son un fenómeno recurrente (ésta es la mala noticia). Los estadounidenses están desacostumbrados porque hace 27 años que el PBI real no disminuye en términos absolutos. Cuando nos visitan, además de aprender a bailar el tango, ¿por qué no toman algunas clases sobre las crisis económicas?

 

La historia enseña que buena parte de lo que se aprende en una crisis, se olvida cuando vuelve la recuperación. Por eso quien hoy dice que el sistema económico y financiero internacional va a ser diferente después de esta crisis, está diciendo una verdad a la que sólo los futuros historiadores le darán contenido; pero quien cree que dentro de algún tiempo se van a inventar controles para prevenir nuevas crisis tipo hipotecas subprime o evitar la aparición de personajes como Madoff, simplemente creen en Melchor, Gaspar y Baltasar. Madoff no fue el primero, ni va a ser el último, en estafar a personas o instituciones que se creen más vivas que los demás.

 

La historia también muestra que la intensidad y la duración de una crisis dependen de cómo las autoridades diagnostican y actúan en consecuencia. Según los libros, la Gran Crisis de la década de 1930 comenzó el jueves 24 de octubre de 1929, cuando los precios de las acciones cayeron estrepitosamente en la bolsa de Nueva York. Claro que esa noche, cuando el marido llegó a la casa y la esposa le preguntó si había alguna novedad, el hombre no le dijo: “sí, querida, comenzó la Gran Crisis de la década de 1930”, sino que le habrá dicho: “cayó la bolsa”.

 

En otras palabras, la que terminó siendo la crisis de la cual –casi 80 años después– seguimos hablando, comenzó como cualquier otra, pero se complicó en cuanto a intensidad, duración y amplitud geográfica, por lo que hicieron las autoridades, y particular aunque no exclusivamente el Sistema de la Reserva Federal (FED), como se llama en los Estados Unidos al banco central, las cuales convirtieron el ciclo en un “ciclón”.

 

¿Cómo veo a las autoridades hoy? El comunicado que el Grupo de los 20 emitió en Londres, luego de la reunión de presidentes, es impecable porque precisamente recoge la experiencia de la década de 1930. Concretamente dijo que los gobiernos que lo firmaron se abstendrán de realizar devaluaciones competitivas, proteccionismo comercial y financiero, e implementarán paquetes de estímulo fiscal… ¡simultáneamente! Es exactamente lo que hay que hacer.

 

Como en “Rebelión en la granja”, somos todos iguales pero los chanchos son más iguales que los demás. Por eso cuando pienso en semblantear a las autoridades no me da lo mismo cómo veo a las de los Estados Unidos, China, etc., que a las del resto del grupo de los 20.

 

En los Estados Unidos, Ben Bernanke, titular del FED (que hace un año y medio que está en funciones), sabe lo que tiene que hacer y lo está haciendo: baja las tasas de interés lo más que puede y provee liquidez. Está atento a las ulteriores consecuencias inflacionarias, pero por ahora le preocupan la recesión y la deflación (cuando John Maynard Keynes dijo que “en el largo plazo estamos todos muertos”, lo que quiso decir es que quien no actúa durante una crisis modifica cualitativamente el largo plazo. ¿De qué largo plazo hablaban en la década de 1930, con Hitler y Stalin?). Bernanke no es parte del problema, pero eso no alcanza. El resto lo tiene que hacer la política fiscal, que lo va a terminar haciendo… a velocidad creciente, porque Obama y su equipo –como todo presidente nuevo– está viviendo un acelerado proceso de aprendizaje. A los chinos les preocupa el futuro poder adquisitivo del dólar, pero saben que como ahora son importantes no pueden sacar los pies del plato.

 

En una palabra, hoy en el mundo las autoridades no parecen ser parte del problema, y ésta es una diferencia muy importante con respecto a la década de 1930.

 

¿Y en la Argentina? Todo lo contrario, como expliqué en Criterio de septiembre de 2008 (la nota se tituló, precisamente, “Política económica con debilidad política”). Frente a la adversidad los americanos demandan dólares y bonos del Tesoro de su país; frente a la adversidad los argentinos demandamos… dólares y bonos del Tesoro americano. Esta asimetría no es ideológica, pero implica que la política económica que se puede implementar en un país y gobierno creíbles, no se puede llevar a cabo cuando la credibilidad se evaporó.

 

La lectura profesional de lo que ocurrió a partir de 2003 es que el gobierno infló la economía, aprovechando la recesión anterior, las inversiones en infraestructura que se hicieron durante la década de 1990 y la notable mejora de los términos del intercambio. Se consumió el capital y se antagonizó con todos, dentro y fuera de nuestras fronteras. Pero de suyo las reactivaciones se agotan. Esto es lo que ocurrió a lo largo de 2008, y encima nos cayó la crisis internacional. Aquí las autoridades son una parte importante del problema.

 

Nº 2348 » Julio 2009

Icebergs patagónicos

por López Rivarola, Eduardo · Comentar 

En noviembre de 2008 el Gobierno impulsó la ley de eliminación del sistema de jubilación privada, estructurado desde 1994 sobre un conjunto de empresas Administradoras de Fondos de Jubilación y Pensión (AFJP). El sistema había acumulado hasta entonces aproximadamente 30.000 millones de dólares en aportes de personas físicas. Alrededor del 70 % de éstos estaban destinados a inversiones en bonos y acciones de empresas, brindando así financiamiento de largo plazo y estabilidad a distintos sectores productivos. El motivo esgrimido por el Gobierno, y que tuvo un llamativo y veloz apoyo de los legisladores de ambas Cámaras, fue la defensa de los intereses de los futuros jubilados, aun cuando meses antes una gran mayoría de ellos había optado por permanecer en el sistema privado.

 

Entre las inversiones mencionadas, las AFJP tenían participación accionaria en cerca de 40 compañías, con limitaciones legales para incidir directamente en las decisiones clave, manteniendo un máximo de 5 % de participación y sin derecho a nombrar directores. Su único rol era aportar solidez financiera y ligar el ahorro a resultados de largo plazo. Con la eliminación del sistema también se extinguieron estas limitaciones, y la Anses encontró en su nueva cartera unas 11 empresas en las cuales su participación –a costo cero y sumando tenencias de distintas AFJP– era superior al 20 %, con la posibilidad de hacer valer su voto en las asambleas de accionistas y en la elección de autoridades. Si bien esta fue una posibilidad de la cual el gobierno kirchnerista en un principio renegó enfáticamente a través de Amadeo Boudou –ciertamente hubiera sido un anuncio muy impopular en ese momento– a la fecha ya hay al menos seis directores nombrados en empresas emblemáticas, entre ellas Gas Natural Ban, Consultatio y Siderar, y dos directores pendientes de designación en Banco Macro y Telecom. En algunos casos integrantes del Gobierno recurrieron  a sus modos acostumbrados de frases fuertes y amenazantes, alejados del estilo de comunicación que se espera entre socios estratégicos.

 

La secuencia descripta podría equipararse a una violación donde el agresor no resulta condenado y pretende ejercer el derecho de paternidad, sobre todo si ésta acarrea poder económico. El hecho es que el gobierno estaría habilitado ahora para ocupar plazas de directores en otras empresas privadas de distintos sectores, asumiendo así una participación directa en los mercados pocas veces vista en nuestro país, tan castigado históricamente por abusos de poder, no sólo de origen militar. La Presidenta argumentó que esta intervención le permitiría a los jubilados –todos, no sólo a aquellos que tenían su dinero en las AFJP y a quienes se pretendía proteger inicialmente– un mayor control sobre sus ahorros. Menor cuidado puso al aceptar la suscripción de dos letras para financiar gastos de corto plazo del Gobierno por 1600 millones de dólares a una tasa significativamente menor que la pactada con el ahora alejado Hugo Chávez.

 

En estos momentos se sabe del interés del Gobierno por sancionar una nueva ley de radiodifusión. Al igual que en el caso de las AFJP alguno de los argumentos iniciales son, por lo genérico de su enunciado, atendibles –¿quién no estaría de acuerdo con tener medios de comunicación libres y sin condicionamientos?– o de corte eminentemente popular: resulta al menos simpático escuchar al ex presidente Kirchner asociando esta nueva ley con la posibilidad de que todos los argentinos puedan ver el “clásico del domingo” sin necesidad de contratar un servicio de TV por cable.

 

Se sabe que los icebergs ofrecen a la vista sólo una octava parte de su volumen, por lo general un agradable y armonioso paisaje. También se sabe que esconde sus mayores proporciones, con peligrosas aristas, más riesgosas aún cuando son detectadas tardíamente, y en general con penosas consecuencias. Los icebergs que se están desprendiendo del cada vez más agrietado glaciar patagónico pueden afectar seriamente la libertad y la economía del país. No parecen haber sido evaluados con seriedad y sinceridad los riesgos a los cuales nos enfrentan, tanto a los ciudadanos como a los mercados, y a la misma gobernabilidad.

 

 

 

Nº 2348 » Julio 2009

El G 20 y un contexto más auspicioso

por Llach, Juan J. · Comentar 

Es prematuro para decirlo, pero la reunión de jefes de Estado del G20 de principios de abril puede marcar el inicio de una nueva etapa de las relaciones político-económicas internacionales, signada por dos novedades: el renacer del multilateralismo y un mayor protagonismo de los países emergentes. En cuanto a las medidas concretas los resultados fueron buenos pero insuficientes, y por eso el festejo de los mercados financieros fue moderado.

 

Entre los logros se destaca el de triplicar, hasta 750.000 millones de dólares, los recursos del FMI lo que implica, en la práctica, que ningún país que acepte la revisión normal del artículo 4 irá al default. Baja así estructuralmente el riesgo de los países emergentes en tal condición, que no es el caso de la Argentina por su pertinacia en falsificar estadísticas. También se reafirmaron los compromisos con las metas del milenio y de ayuda oficial a los países más pobres, pero de estas últimas puede dudarse porque hasta ahora las han cumplido sólo Escandinavia, Holanda y Luxemburgo. Se reafirmó la necesidad de evitar el proteccionismo (y las devaluaciones competitivas, aunque esto es menos creíble) y de finalizar la ronda Doha de la OMC (aunque sin fijar fechas). Se estableció un consejo de estabilidad financiera global, con mayores funciones que el foro hasta ahora vigente. En fin, enumerando sólo lo más importante, se mencionó una expansión fiscal global sin precedentes (lo que es verdadero) y concertada (lo que es falso) de US$ 5 trillones para fines de 2010. Es bien sabido que en este punto no se pusieron de acuerdo los Estados Unidos (cuyo temor ancestral es la recesión, por la crisis del 30) y Europa (que teme sobre todo la inflación, por las híper de ambas posguerras). Ha quedado bien claro que ningún país que diga la verdad y ningún banco relevante caerán o quebrarán, lo que resalta las esenciales diferencias entre esta crisis y la del 30. La primera es la intensidad y rapidez de las respuestas de políticas fiscales y monetarias. La segunda es que hasta el momento las respuestas proteccionistas han sido limitadas. La tercera es que por ahora no hay deflación, mientras que entre 1929 y 1931 los precios cayeron 16,2% en los Estados Unidos, y el ingreso nominal de los norteamericanos cayó nada menos que un 53%. 

 

Estos resultados ayudan y se agregan a las señales de que la economía global parece haber iniciado el descenso para aterrizar a mediados de año o comienzos del tercer trimestre. Otra historia es cuándo y cómo se iniciará la recuperación de la economía global. Todavía deberán afrontarse nuevas y duras pruebas, como las de los balances bancarios y los deudores hipotecarios. Cuanto antes se acierte en soluciones genuinas a estos problemas, más temprana será la recuperación. Pero es probable que a más tardar en el cuarto trimestre del año se inicie la recuperación, y ella puede ser más rápida de lo que hoy parece.

 

¿Aprovechará la Argentina estas posibilidades que parecen abrirse? No da la impresión de que vaya a ser así. Como en casi todo el mundo, la recesión ya está instalada. Se concentra sobre todo en el comercio exterior, las inversiones, el campo (cuya cosecha de granos caerá de 98 a 63 millones de toneladas, en buena medida por la sequía) y algunas industrias como la automotriz y la de bienes de capital. El consumo masivo, el comercio, los servicios y el empleo sufren menos, por ahora. Lo que ocurra de aquí en más dependerá muchísimo del acontecer post-electoral. Luce probable que el oficialismo pierda la mayoría en el Congreso, o al menos la mayoría automática. Será pues incluso más necesario, pero también más difícil, que el gobierno decida reconciliarse con la realidad, restaurando el crédito público, alentando genuinamente la inversión y la producción y protegiendo de veras a los más vulnerables, para así evitar la profundización de la recesión o males aún mayores que la Argentina conoce de sobra. Sería realmente muy lamentable correr estos riesgos, que son innecesarios como muy probablemente se verá cuando un gobierno más amigado con la realidad se haga cargo en un futuro no lejano y le permita a nuestro país aprovechar la magnífica oportunidad que se le ofrecerá a la salida de la crisis global.

Nº 2348 » Julio 2009

El Teatro Colón en cuatro “actos”

por · 1 Comentario 

Por más que puedan molestar algunas expresiones del nuevo director general, Pedro Pablo García Caffi, nadie duda de la existencia y el progresivo crecimiento de “bolsones” de ineficiencia laboral, producto de nombramientos, edades, intereses e incompetencias que son una rémora significativa para la pesada y difícil gestión directorial.

 

Como en los argumentos de ópera más estrafalarios, la saga del Colón cerrado transita una trama complicada, plagada de personajes, circunstancias y digresiones que no ayudan a una clara lectura de la situación, y que todavía tiene un desenlace incierto. Resulta flaco consuelo pensar que se repite una historia similar a la de hace casi 120 años, cuando se iniciaron las obras del actual teatro con la idea de inaugurarlo en 1892 –en coincidencia con el cuarto centenario de la llegada de Colón a América–, aunque la apertura oficial se logró dieciséis años más tarde, el 25 de mayo de 1908 (si bien hubo obras del foyer y del Salón Dorado que se terminaron dos años después). O sea, un plazo cinco veces más prolongado que el previsto originalmente, un presupuesto mucho mayor y sucesivos cambios de administraciones, modalidades y protagonistas, pedidos de informes y pleitos judiciales, además de dos arquitectos fallecidos y varios empresarios fallidos. Claro que de allí en adelante surgió el Colón que fue durante cien años el centro musical latinoamericano de mayor calidad internacional, verdadero emblema de la imagen y la cultura de Buenos Aires. Si pensamos que esta historia triste con final alegre puede repetirse, es lícito –y sobre todo oportuno– suponer también que pueda reeditarse un resultado parecido, y que Buenos Aires vuelva a tener un Colón recuperado para el resto del siglo XXI.

 

Ante todo, hay que tener en cuenta que las dificultades en la gestión del Teatro, el deterioro de su eficiencia como organismo artístico y la natural obsolescencia del edificio y sus instalaciones no son cuestión de estos últimos años, sino que llevan, como mínimo, un cuarto de siglo de tropiezos. O sea que las acciones u omisiones al respecto afectan a varias gestiones de gobierno municipal e incluso del nacional, porque –más allá de su pertenencia institucional a la ciudad– el Colón es una bandera que fue usada y sigue usándose para ser desplegada –o enrollada según los casos– por las máximas autoridades de la Nación.

 

Para tratar de aclarar la actual complejidad de la reapertura del Colón, es menester analizar cuatro elementos fundamentales del problema: la voluntad política oficial, el trámite de las obras en curso, la situación laboral y sindical, y los objetivos específicos del futuro teatro. Cuatro aspectos que se integran en un único continuum, pero de los que es necesario conocer sus fortalezas, sus debilidades y su dirección posible.

 

Acto I: La voluntad política oficial

 

Cualquier organismo de la importancia y complejidad del Colón, sea dependiente o autárquico, necesita recibir gran atención y amplio respaldo de la autoridad, sobre todo en tiempos de conflicto como los que se dan hoy. Sea por falta de conocimiento del tema, atención de otras prioridades de gestión o desconfianza ante la situación heredada de Jorge Telerman, lo cierto es que el gobierno de Mauricio Macri perdió casi un año en encarar el problema del Colón; y esto, en términos de gestión política, es irrecuperable. En su transcurso se detuvieron trabajos, se acumularon deudas, se inflaron los pedidos de modificación de proyecto, se perdieron recursos económicos y se propició la desconfianza en la opinión pública. A río revuelto, ganancia de pescadores. No ayudaron en nada las endebles idas y venidas respecto de la autarquía, el titubeo en las designaciones del nuevo directorio y la ineficaz gestión del director Horacio Sanguinetti, enlazados en una comedia de equivocaciones aprovechada por algunos antagonistas políticos, periodistas y sindicalistas para acercarla justificadamente –aunque exagerando los conflictos– al terreno de la tragedia.

 

Seamos claros, el Colón no puede funcionar con normalidad si las autoridades de gobierno –especialmente los legisladores de la ciudad– no lo defienden por lo que es y por lo que representa, y no respetan la continuidad de las gestiones directoriales que correspondan. Un período de dirección de cinco años es lo mínimo que puede pedirse para pretender resultados positivos y recomponer la confianza internacional (en los últimos cinco años, en cambio, se han sucedido cinco directores).

 

Acto II: El trámite de las obras en curso

 

El Master Plan de la gestión Telerman  preveía cinco años de cateos, diagnósticos, proyectos y licitaciones (2001-2005) y dos años de obras a teatro cerrado (2006/2007).

 

El desafío era grande, el optimismo fue mucho –quizá excesivo– pero el equipo convocado para el proyecto y las asesorías resultó muy bueno, y es el que en líneas generales sigue en funciones. Como sucede en tópicos similares de conservación patrimonial y renovación funcional, hubo polémicas previsibles, que reflejaron diversos puntos de vista teóricos y personales. La documentación de anteproyecto realizada entonces es la que, a grandes rasgos, se mantiene actualmente. No se trata del proyecto de teatro ideal y es verdad que contiene, en varios casos, soluciones de compromiso, pero hay que comprender que la reorganización funcional depende de un límite insuperable: la superficie total y absoluta del Colón, incluidos los subsuelos, es de 58.000 m2, y un programa de necesidades inclusivo superaría los 70.000m2. Para dar una respuesta integral a todo lo pedido habría que construir un teatro nuevo y reservar el Colón actual para producciones y representaciones acotadas, tal como hizo París con la Sala Garnier (la vieja Opéra) y la Ópera de la Bastilla. Pero hoy y aquí no nos gobierna  Mitterrand ni hay posibilidad alguna de pensar en ello, mucho menos en este contexto de crisis internacional que empezamos a recorrer.

 

El proyecto que se está ejecutando no afecta el perfil productivo integral del teatro, rasgo característico que lo destaca en el panorama internacional y que se ha decidido mantener a ultranza. Todo se ha previsto en función de privilegiar la producción, preparación y realización del espectáculo con centro en el escenario. La segunda confitería y el fantasioso shopping fueron dos anécdotas desmedidamente agigantadas en los medios; la confitería seguirá siendo la actual y el sitio de venta será mucho más recoleto que lo que es dable imaginar en un teatro de su proyección. Lo que se relocalizará son áreas de depósitos –en parte ya trasladados– y talleres o instalaciones de riesgo, además de la biblioteca y centro multimedial de última generación, que no hay posibilidad de incluir dentro del edificio actual. Un escollo cierto, en cambio, es que la única gran sala existente en subsuelo –la “9 de Julio”–  no puede seguir albergando indistintamente ensayos de las dos orquestas con sede en el teatro, además de los de ópera y ballet. Esto obliga a que –hasta la construcción de una segunda sala, prevista en un sector subterráneo sobre Libertad y Toscanini, postergada por falta de presupuesto–  se deberá utilizar para ensayos el taller para decorados de grandes dimensiones, que a su vez se mudaría a uno, un poco más reducido, del segundo subsuelo.

 

Por la operatividad imprescindible y por la seguridad de las personas, el teatro permanece cerrado para empleados y visitantes desde fines de 2007 (el Master plan preveía cerrarlo en 2005). Unos meses antes, dentro del Ministerio de Desarrollo Urbano de la Ciudad, se creó la UPE –Unidad de Proyectos Especiales– y se designó  una empresa externa de gran experiencia –SYASA– para controlar la gestión integral de las obras. El plazo de finalización de los trabajos necesarios para la reapertura al público se fijó para mayo de 2010, aunque se continuará luego con trabajos complementarios.

 

Así, si bien el problema de las obras es técnicamente muy complejo y está sumamente limitado en los plazos y en los recursos, se prevé que tenga un desarrollo exitoso, en tanto no medien nuevas interrupciones. El Gobierno de la Ciudad ha previsto instalar una pantalla de televisión que muestre las obras en ejecución, así como un sistema de visitas de público cuando el avance de las obras lo permita.

 

Acto III: La situación laboral y sindical

 

Un problema de larga data en el Colón reside en la azarosa relación contractual con los distintos sectores que conforman su personal, y que ha derivado en huelgas, quites de colaboración, demoras sorpresivas y suspensión de espectáculos. El tema –presente con intermitencias desde fines de los años cincuenta, pero muy acentuado desde 2000– está habitualmente centrado en reivindicaciones sobre sueldos, horarios, horas extra, saldos impagos, situaciones de revista, etc. Es indudable que la burocracia municipal se ha mantenido históricamente incólume frente a la necesaria agilidad con que debe manejarse un organismo artístico como el Colón, situación que la flamante autarquía deberá demostrar que es capaz de solucionar en el nivel estructural y de procedimientos.

 

Sin duda habrá que revisar y solucionar temas pendientes que dan razón a las frecuentes demandas de los trabajadores de la casa, así como a los reclamos de contratados locales y extranjeros por honorarios y servicios impagos, incluso desde hace varios años.

 

Pero también es cierto que a lo largo de sucesivas gestiones el personal del Colón ha crecido hasta llegar a los más de 1300 integrantes de la planta actual, lo cual es a todas luces excesivo. Es razonable pensar que el Teatro puede conservar intacta su capacidad de producción integral con 800 / 850 personas, de las cuales 250 serían instrumentistas de sus tres orquestas –Estable, Filarmónica y Académica–, 150 coreutas y bailarines, y 20 directores de estudios y maestros internos. Por más que puedan molestar algunas expresiones del nuevo director general, Pedro Pablo García Caffi, nadie duda de la existencia y el progresivo crecimiento de “bolsones” de ineficiencia laboral, producto de nombramientos, edades, intereses e incompetencias que son una rémora significativa para la pesada y difícil gestión directorial.

 

La decidida acción encarada por el gobierno de la ciudad al respecto –personalizada en el director ejecutivo Mariano Emiliani– ha logrado ya la reubicación de un centenar de trabajadores en otras órbitas administrativas, pero ha generado también la previsible reacción de los dos sindicatos –SUTECBA y ATE– que operan en el teatro. Negociación dura, siempre oportuna y bienvenida dentro de las reglas democráticas, pero que se ha subvertido por la violencia del segundo de estos gremios (incomparablemente menor en cantidad pero muy afianzado en su ambición de protagonismo y su ánimo combativo) que ha llegado a los insultos y amenazas de viva voz y a la agresión física a las autoridades, intentando una toma del teatro a fines de diciembre, o impidiendo la lectura del informe de García Caffi ante la Comisión de Cultura de la Legislatura de Buenos Aires a mediados de abril (significativamente, se los vio acompañados por integrantes de Quebracho). Es en esta continuidad de acción sorpresiva y violenta, sin contención institucional alguna, donde se advierte el talón de Aquiles de cualquier previsibilidad  funcional exitosa para el Teatro que, más allá de eso, pone en riesgo la posibilidad de una convivencia ciudadana en democracia.

 

La propia dinámica de la campaña electoral en curso añade a esto sus componentes de rivalidades e intereses explícitos e implícitos de varias procedencias, para acentuar la crispación general y la dificultad para encarar acciones de largo aliento. Y no cabe duda de que cualquiera sea el resultado eleccionario de junio, el clima crispado seguirá hasta fin de año y se instalará en el próximo, que es prólogo de nuevas elecciones. En ese sentido y en esas circunstancias, el Colón es un boccato di cardinale para ser despedazado por propios y ajenos. Ojalá prime el buen tino y la constancia de la mayoría silenciosa que forma parte del Teatro, y que quiere que las mejores condiciones a las que aspiran no se sigan alejando por falta de oportunidad de trabajar.

 

Acto IV: Los objetivos específicos del futuro teatro

 

El cuarto y último punto se refiere al tipo de teatro que se buscará revivir. Esta no es una elección obvia sino una reflexión que deberá hacerse carne, puesto que en todo el mundo se ha hecho difícil mantener un teatro lírico de calidad internacional; cuánto más en nuestro país, solo y alejado del circuito internacional y de la facilidad para encarar coproducciones o participar en la red de intercambios que son habituales en Europa y América del Norte. Es cierto que el Colón carga sobre sus hombros el desafío de ser un elefante autosuficiente y muy caro para las arcas de la ciudad, pero ésa es también su naturaleza, su razón de ser y su destino. 

 

Existe el riesgo de querer utilizar el símbolo como vidriera y administrarlo con un criterio prioritario de marketing. Voces críticas se han levantado aquí frente a la probabilidad de privilegiar en el Colón áreas de gastronomía o espacios de venta, y también se han dado ejemplos de “alquileres” muy poco edificantes para la currícula del Teatro. Quizás fue much ado about nothing (“mucho ruido y pocas nueces”), pero el peligro de tomar el camino más fácil siempre está cerca.

 

Esperemos que no se siga el atajo y que reviva un Colón de excelencia, adaptado a los requerimientos artísticos propios de su género, que en la actualidad se han globalizado y son mucho más exigentes. Eso depende de sus directivos –no caben dudas de que su actual director conoce el tema y es un sincero defensor de este objetivo– y de los funcionarios ejecutivo y legislativo de la ciudad, pero también depende de que el personal y los amigos de la música y del teatro apoyen cada paso que se dé en esa dirección. Los teatros de ópera sufren tanto con el silencio de quienes debieran hablar o cantar, como con los gritos y las desafinaciones de quienes harían mejor en callar.

 

En los últimos años el Colón ha soportado la inacción y el silencio cómplice de muchos, junto a los rencores y gritos de otros tantos. Ahora ha vuelto a arrancar, un poco a los tumbos, con unos primeros pasos titubeantes y esquivando zancadillas, pero con un rumbo bien orientado. Todavía es una cáscara muda que hay que llenar nuevamente con músicas y armonía; una cáscara que hoy está medio vacía o a medio llenar, según se quiera ver (ambas miradas tienen razón). La propuesta es tender a ayudar para que el llenado sea de la mejor calidad y esté listo lo antes posible. Y que al final de esta folle journée (días locos) podamos cantar con Mozart y Da Ponte: “Questo tempo di tormenti, di capricci e di follìa, in contento e in allegria corriam tutti a festeggiar” (“En este tiempo de tormentos, de caprichos y locura, corramos todos a festejar contentos y en alegría”).

 

 

Nº » Julio 2009

Carta de la Iglesia de Honduras: “Edificar desde la crisis” (3 de julio de 2009)

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El cardenal Óscar Andrés Rodríguez respaldó a las nuevas autoridades de Honduras al asegurar que “los tres poderes del Estado, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, están en vigor legal y democrático de acuerdo a la Constitución de la República”. (Versión completa) Leer más

Nº » Julio 2009

Carta Encíclica: Caritas in Veritate (4 de julio de 2009)

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benedictoxvi1La nueva Encíclica del papa Benedicto XVI se detiene en el desarrollo humano integral en la caridad y en la verdad. Recuerda que la caridad es “la vía maestra de la doctrina social de la Iglesia”. Por otra parte, dado el “riesgo de ser mal entendida o excluida de la ética vivida” advierte que “un cristianismo de caridad sin verdad se puede confundir fácilmente con una reserva de buenos sentimientos, provechosos para la convivencia social, pero marginales”. (Documento completo en español) Leer más

Nº 2350 » Julio 2009

Los herederos de Jacques Tati

por De Vita, Pablo · Comentar 

cine-rumbaRumba, la película dirigida por Fiona Gordon, Dominique Abel y Bruno Romy tuvo su primera proyección en nuestro país en el encuentro cinematográfico argentino-europeo Pantalla Pinamar en el mes de marzo. Su estreno porteño fue opacado por el Festival de Cine Independiente (BAFICI), que le restó atención y público. Leer más

Nº 2350 » Julio 2009

Roberto Benigni: Tutto Dante

por Sendrós, Daniel · 2 Comentarios 

The Tiger and the SnowSin su principessa, pero con el Sumo Poeta, como llaman sus fanáticos a Dante Alighieri, el cómico Roberto Benigni dio el 17 de junio su única función en Buenos Aires. Lo hizo ante un Gran Rex colmado en sus 3.000 y pico de butacas, y seguro que volvería a llenarlas. Pero… ¿cómico? ¿función? Leer más

Nº 2350 » Julio 2009

DVD: Amorosa soledad

por Molteno, María · Comentar 

dvd-amorosa-soledadArgentina, 2009; Dirección: Victoria Galardi y Martín Carranza; Intérpretes: Inés Efrón, Nicolás Pauls, Fabián Vena, Ricardo Darín; A.T.P.

Las comedias románticas son un género que, en los últimos años (definitivamente no los mejores para el cine nacional) se ha desarrollado con éxito de público y crítica en nuestro país. Leer más

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Revista Criterio