Dos films de reciente presentación y una pieza teatral en cartel permiten considerar el tema que da título a estas líneas.

 

La película inglesa Mrs. Dalloway (1997, dirigida por Marlene Gorris e interpretada por Vanessa Redgrave) da vida a una encantadora obra de Virginia Woolf.

 

La acción transcurre en un día que culminará en la fiesta esperada. Los grandes temas de Woolf están presentes: la guerra, las consideraciones sobre el tiempo en la vida, la tentación del suicidio, esa cierta ambigüedad afectiva entre el deber y la pasión…

 

Siempre aguda, dulce y trágica a un tiempo, la mujer que enfrentaba a la violencia del mundo desde la literatura, revive con su obra en una magnífica reconstrucción.

 

Más que la mera fidelidad textual importa acertar en lo que constituye el espíritu, el clímax, lo característico de un autor. Aquí está Woolf, como lo estaba en la obra Vita y Virginia, de Eileen Atkins, dirigida por Barney Finn e interpretada por Leonor Benedetto y Elena Tasisto.

 

Como está el ambiente espiritual de Chejov en la obra de Nikita Mijalkov.

 

* * *

 

Esto no ocurre en la aburrida y penosa Grandes esperanzas (Estados Unidos, 1997, dirección de Alfonso Cuarón) donde título y gran parte de la trama están robados a un ausente Charles Dickens. Ausente porque no está su gracia, su ingenua belleza, su atrayente narrativa, su espíritu en suma.

 

Cuesta sobrellevar 105 minutos de desaciertos, repeticiones y continuas explicitaciones en una errática narración.

 

Ni siquiera Robert De Niro o Anne Bancroft pueden salvar lo insalvable.

 

* * *

 

En el teatro Cervantes se está representando una comedia de Enrique Estrázulas, dirigida por Roberto Villanueva e interpretada por Víctor Laplace y Duilio Marzio, titulada: Borges y Perón.

 

Si el espectador espera una pieza al estilo Eva y Victoria, de Mónica Ottino, no la encontrará. Encontrará algo difícil de explicar por su absurdidad y falta de inspiración.

 

Mientras Laplace repite su impresentable Perón de la película de De Sanzo, Marzio da vida a un menos inasible Borges, pero tan lejos del escritor como cualquier grotesco de su original.

 

Nada serio de Borges hay en la obra. Todo es anécdota menor y mal entendida. Todo es suponer que una declaración periodística es literatura y que basta con imaginar situaciones imposibles para justificar una obra.

 

Lo peor es que buena parte del público parece creer que lo que está presenciando tiene algún asidero.

Comments

comments

No hay comentarios.

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?