Acaba de editarse el último CD de Nora Sarmoria, Espacio Virgen. La joven pianista y compositora sorprende nuevamente con este trabajo, acompañada de violoncello, vientos y percusión, que junto con su piano forman un cuarteto interesante.

 

Sarmoria presenta este disco utilizando los mismos códigos de su CD anterior, Vuelo Uno (1995), pero esta vez enriquecidos y más arriesgados aún: alteración de melodías mediante el uso de disonancias, quiebre de armonías y recreación de otras nuevas, combinando así diferentes ritmos que van desde el folclore a la bossa-nova o al jazz, el tango o lo afroamericano.

 

Anunciadas así, tales mixturas no parecen ser fáciles de aprovechar. Puede ser. O, en todo caso, Espacio… como también Vuelo necesiten de un tiempo de asimilación. Por momentos densa (cuando las cadencias musicales se yuxtaponen con claras disonancias, interpretadas por el cuarteto en su totalidad), por momentos diáfana (cuando la melodía queda suspendida en el piano, acompañada de un lejano susurro de voz), su música transcurre en ese ir y venir de sonidos y estilos que finalmente seducen.

 

Ya en su primer disco, Sarmoria anunciaba: “la música latinoamericana es una sola. La música de cada país latinoamericano tiene su propio color que se funde en un todo formando un mismo Arco Iris”. En efecto, en Vuelo Uno había más sabor a Latinoamérica, mientras que en Espacio Virgen ese arco iris se expande: allí se encuentra el jazz, que en este CD se escucha bastante o, al menos, hay concretas influencias, y lo afro… y la obra se torna más compleja.

 

Queda claro que hay mucha experimentación. Y cuando se experimenta se transita necesariamente un riesgo. Sarmoria lo enfrenta, y gana con su manera de hacer música. En ese marco, el oyente debe formar parte de la tarea: adoptar una actitud activa; esto es, una aprehensión más elaborada de los distintos climas que se suceden en las composiciones (incluso dentro de cada una de ellas hay diferentes momentos), una lectura propia de cada tema. No queda lugar para sensaciones rápidas y pasivas.

 

Hay poco canto y escasas letras. Es que en este disco las voces sólo acompañan de cuando en cuando; en varios pasajes parecen lejanas, como un eco. “La muerte te acechaba” puede ser la excepción, entre otras, donde la artista canta un tema de gran sensibilidad. También hay una versión de “Cuesta abajo” (Gardel-Le Pera) y “Zamba del Carnaval” (Leguizamón-Castilla).

 

Sarmoria entrega este disco después de haber representado a Argentina, en 1997, en dos importantes giras: en julio, en el Festival Internacional de Jazz de Aarhus (Dinamarca) y en diciembre en el Festival Internacional de Jazz de La Habana (Cuba). En ambos compartió escenario con Chucho Valdez, Irakere, Mike Stern, Thelonious Monk Jr. y Michel Petrucciani.

 

Sarmoria es una compositora todavía poco conocida, muy original, que muestra gran libertad e independencia. Para más datos: sus dos discos, que están editados de manera independiente, lo cual no es poco.

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