La Modernidad ha producido un divorcio entre Evangelio y Cultura. Los diversos procesos que vienen dándose desde el Renacimiento hasta la actualidad, con la consecuente autonomía de las distintas esferas sociales –política, religiosa, económica, científica, estética– han llevado a una configuración donde cada vez es más difícil conjugar lo humano con lo cristiano.

 

¿Y qué es el humanismo cristiano sino la comprensión de que lo cristiano es total y plenamente humano desde el momento en que el hombre –que cada uno de los hombres– alcanza su plenitud en Cristo?

 

La introducción del presente libro, a cargo de monseñor Alfredo H. Zecca –rector de la Universidad Católica Argentina–, se basa en el análisis y la comprensión de diversas encíclicas de Juan Pablo II, quien “estaba convencido como pocos de que el diálogo es el único camino para encarnar el cristianismo en la cultura de nuestros días”. Sabía –como Pablo VI– que la ruptura entre el Evangelio y la Cultura no concluiría sin abandonar drásticamente la falsa alternativa entre “teocentrismo” y “antropocentrismo” planteada por la Modernidad, ya que para él el antropocentrismo era, al mismo tiempo, teocentrismo, y viceversa. Zecca destaca que lo original de la mirada y la fuerza del pensamiento de Juan Pablo II se basa en no ver en Cristo sólo un modelo para imitar sino también alguien que está unido, en cierto modo, a todo hombre, a todos los hombres.

 

En “La dimensión estética del hombre”, Adriana Rogliano aborda la relación de la persona humana con los valores estéticos en su triple manifestación: en el conocimiento (intuición estética), la realización (quehacer artístico) y la reflexión (estética y crítica del arte), sobre la base de la sabiduría cristiana y sobre el suelo firme de la philosophia perennis, siempre abierta a nuevos enriquecimientos.

 

Francisco Leocata, en el ensayo “Dimensión temporal y dimensión trascendente en el hombre”, logra con magistral elocuencia y abundancia de ejemplos que comprendamos cómo los ataques a lo religioso por parte de la Ilustración y sus derivados han llevado a que se produzca una situación de tensión en la contemporaneidad del ser cristiano, entre su vocación de trascendencia y su compromiso temporal. Quienes quieran –a través de una historia de las ideas– visualizar claramente el arco que ha llevado a la actual negación de lo trascendente –la actitud moderna de buscar el paraíso aquí en la Tierra– y al hedonismo consumista, no tiene más que dejarse penetrar por los argumentos de Leocata.

 

Por su parte, Fausto T. Gratton intenta mostrar que hay un acercamiento posible a la noción de Dios Creador y Providente desde la experiencia científica en su ensayo “Presencia del humanismo cristiano en las ciencias”, intentando conjugar dos perspectivas que la Ilustración propuso mantener separadas y casi en antagonismo permanente.

 

La compilación de este libro que invita a la meditación de la problemática del ser cristiano en la contemporaneidad no se agota allí. También incluye ensayos sobre el humanismo cristiano desde la perspectiva económica (Orlando J. Ferreres) y filosófica (Carlos Castro).

 

No es un texto de fácil lectura, pero quien se interne en sus páginas valorará la claridad con la que están expuestos sus argumentos y la diversidad de los puntos de vista, además de agradecer el esclarecimiento de cuestiones que generalmente son intuidas en el transitar cotidiano pero que pocas veces tenemos la posibilidad de abordar con la escrupulosidad y el detenimiento que aquí se ofrece.

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