Deserciones de empresarios y sindicalistas, acusaciones cruzadas, malos entendidos…Indicios para entender por qué no pudo aprobarse el documento sobre la pobreza que preparaba el Foro “De habitantes a ciudadanos” junto a distintos sectores de la sociedad, bajo el título: “La pobreza, un problema de todos”.

 

serantesEl ingeniero Eduardo Serantes y la licenciada María Lía Zervino fueron, entre otros, promotores del documento “La pobreza, un problema de todos”, que quedó trunco pese al arduo trabajo realizado en el Foro “De habitantes a ciudadanos”. La iniciativa congrega a dirigentes de distintas organizaciones sociales, convocados por la Comisión de Justicia y Paz, integrada por laicos (Serantes y Zervino entre ellos) y asesorada por el obispo de San Isidro, monseñor Jorge Casaretto. “Confiamos en que el diálogo sigue y seguirá abierto”, coinciden.

 

-¿Cómo se originó el foro “De habitantes a ciudadanos”?

Serantes: Cinco años atrás los obispos convocaron a la Comisión Justicia y Paz. Advertían que si bien se avanzaba en muchos aspectos sociales, quedaban pendientes otros: fragmentación social, un gran número de excluidos y crisis institucional. Recuperando la experiencia de la Mesa del Diálogo Argentino, decidimos convocar a la sociedad civil (ONGs, cámaras empresariales, sindicatos, sectores académicos, Iglesias) y a la dirigencia política para establecer un diálogo que permitiera alcanzar acuerdos que se materializaran como políticas de Estado. Tuvimos contactos con actores políticos de todos los niveles de gobierno y también de partidos opositores. El primer año nos reunimos con las comisiones directivas de cada organismo para ofrecerles trabajar juntos. Por el sector del campo, aceptaron sumarse las cuatro agrupaciones que luego formaron la Comisión de Enlace, además de AACREA. Por el sector bancario: ABA y ADEBA. La IUA, AEA, ACDE y CAME por el sector empresarial. Por el gremial, participaron la CGT y la CGT Azul y Blanca. Y como también queríamos incluir a los sectores más pobres, que no tienen representación institucional, la CTA de alguna manera cumplió ese rol. En cuanto a los sectores académicos, además de la UCA, estuvieron referentes de universidades privadas del CRUP. ACIERA por la Iglesia evangélica, CIRA por los musulmanes y la AMIA por los judíos. Por las ONG, Conciencia y el Foro del Sector Social.

 

-¿De qué manera se plantearon los ejes temáticos?

Serantes: Elegimos diez grandes temas a partir de los encuentros por sectores que ya habíamos concretado, como la reforma política y el crecimiento económico, y a cada uno le asociamos tres sub-temas. Preparamos un boceto disparador y en la primera reunión le dimos una copia a cada uno para que lo revisaran con tranquilidad, resaltaran sus prioridades y descartaran lo que no les pareciera adecuado. Nuestra intención era profundizar uno o dos temas para, al menos, demostrarnos que somos capaces de hacer algo juntos. Se eligieron dos ejes: educación y empleo. Y en cada uno, en sub-tema: en el primero, educación para la prevención de la drogadicción; y en el segundo, cómo hacer para reducir el trabajo informal. Además nos habíamos propuesto que la inclusión social se mantuviera como un eje transversal en todo. Lo cierto es que nuestro principal objetivo era abrir el diálogo.

 

-¿Qué metodología implementaron?

Serantes: Además de la Comisión Justicia y Paz, nueve entidades se ofrecieron voluntariamente para integrar un equipo coordinador: AEA, CAME, ACDE, la Sociedad Rural, AACREA, la CGT, la UCA, Conciencia, AMIA y el Foro del sector social. Todos los lunes, desde hace cuatro años, nos reunimos; se ha generado una relación seria, un vínculo profundo que permite llevar adelante las iniciativas. De allí se desprendieron equipos técnicos para cubrir los temas específicos, y además convocamos a expertos para escuchar propuestas de políticas públicas a nivel nacional. A medida que los equipos avanzan o que hay que tomar decisiones importantes, se convoca al Foro ampliado, aproximadamente cinco veces al año. Después de un año de trabajo en la prevención de la  drogadicción, elaboramos un proyecto de ley y lo presentamos a los legisladores que integran las comisiones legislativas correspondientes, y con ellos corregimos y adaptamos el proyecto. Finalmente salió la ley, y ahora estamos avanzando con el Ministerio de Educación para su reglamentación. Con el trabajo en negro es más difícil, porque hay posiciones e intereses más complicados de conciliar, por ejemplo, entre la CGT y la UIA.

 

-Con respecto a la lucha contra las drogas, ¿alguno de los consultados sugirió ir por el camino de la despenalización?

Zervino: Sí, y decidimos expresamente dejar ese tema de lado porque lo que buscábamos era pensar cómo se previene el consumo mediante la educación. La ley contempla un programa para la educación pública de gestión estatal y privada y para todo el arco de formación, de tal manera que cada chico que ingrese al sistema educativo pueda tener los “anticuerpos” para el problema de la drogadicción.

Serantes: Hay que aclarar que el Foro es una de nuestras tareas más importantes, pero no la única de Justicia y Paz. Sobre drogadicción, hace tres años los obispos armaron una comisión específica y trabajamos con ellos codo a codo; y allí sí entran en discusión otros temas como el de la despenalización.

 

-¿Qué consensos se alcanzaron en el documento de pobreza?

Serantes: Estuvimos de acuerdo en dos grandes temas macro: el primero, que tiene que haber crecimiento económico para disminuir la pobreza; y que si hay inflación, todos se perjudican, pero mucho más los pobres. Pero al momento de discutir qué hacer para que haya crecimiento económico y que no haya inflación, aparecen las dificultades. El segundo gran tema es que si esas condiciones se dan, hay un núcleo duro, de alrededor del 10 % de la población, que se mantiene excluida y pobre. Con ellos hay que aplicar políticas distintas, y entramos en problemas más profundos; por ejemplo, que las familias pobres no pueden dar oportunidades a todos sus miembros para salir de la pobreza. En este punto ingresamos en temas como educación pública, vivienda, drogadicción, capacitación laboral…Es decir, planteamos temas a mediano y a largo plazo, creando consenso con un documento que es bastante general.

 

-¿Cómo se llegó a conciliar un documento sobre la pobreza?

Zervino: Después de los encuentros con expertos como Agustín Salvia (Observatorio de la Deuda Social Argentina) y Ernesto Kritz (Sociedad de Estudios Laborales), Juan Llach y el cardenal Jorge Bergoglio se fue gestando la temática. Hacia octubre de 2008 nos visitó Daniel Arroyo, quien nos comunicó las políticas sociales que a su criterio había que implementar. El Foro llegó a la conclusión de que desde las organizaciones de la sociedad civil podíamos plantear algunas líneas de solución en un documento y presentarlo al resto de la sociedad y al sector público. En realidad no importaba tanto cada una de las propuestas sino que el tema fuera asumido como prioritario para el Bicentenario. Para los argentinos es importante salir de una situación de pobreza que es vergonzosa en un país que exporta alimentos. En la práctica, le pedimos a los expertos ya consultados que nos prepararan una base de documento lo más abarcador posible sobre la pobreza. Uno trabajaba sobre lo que el otro iba haciendo, y fue muy enriquecedor para todos. En febrero de 2010 teníamos un borrador básico para conversar y discutir, que enviamos a todas las organizaciones, y trabajamos párrafo por párrafo, de modo que nació un documento nuevo. Todas las semanas se enviaba a cada organización la desgrabación de lo conversado y los cambios en el texto. Diecisiete de las veinte organizaciones participaron de las reuniones, y acordamos presentar el documento a fines de abril.

Serantes: El apoyo del Episcopado hacia los laicos que estábamos actuando en Justicia y Paz fue muy importante. Y más allá de los resultados, es importante destacar esa confianza en el laicado.

 

-¿Cómo se filtró el documento a los medios antes de que todos los actores lo firmaran?

Zervino: Queríamos que los medios publicaran el documento y que no fuera un tema de un solo un día, que la pobreza y el consenso logrado se instalaran en la agenda pública. Hubo una reunión para definir los referentes que participarían de la difusión y ya entonces algunas organizaciones faltaron, y otras pidieron unos días más. De todas maneras, el texto estaba cerrado. Uno de los gremios se ofreció para imprimirlo. En Semana Santa la información se cuela a la prensa, con las distintas líneas internas del sector empresario, y los medios instalan el tema como si se tratara de un documento de la Iglesia. Por ejemplo, dijeron que Casaretto se había acercado a la UIA para pedirles que firmaran el documento.

 

Serantes: No pasó nada extraño: la prensa apuntó a los frentes conflictivos y es razonable que lo haga. Las que quizás se equivocaron fueron las organizaciones que, por cuestiones internas, decidieron comunicar el documento a la prensa. Hay organizaciones muy grandes y como el Foro no había tenido un perfil alto debido a las dificultades esperables en los debates, algunos referentes no tenían conocimiento pleno de lo que se estaba haciendo. Cuando se publica el tema, la mayoría empieza a mirar el Foro por primera vez y se desatan las dificultades internas. Después comprendí que el Foro nació con ese conflicto porque a partir de allí las organizaciones tomaron conciencia de la instancia de diálogo de la que estaban siendo parte. Ahora tendrá el peso que no tuvo antes.

 

-¿Creen que existieron presiones por parte del Gobierno?

Serantes: No con nosotros, pero sí sospechamos que hubo con las organizaciones.

Zervino: La CTA fue la única que a mitad de camino dijo que no podría consensuar y se retiró. El resto prefirió atenuar su participación postergándola a semanas o meses después, por ejemplo, con distintos argumentos. En la práctica, cayó el consenso.

 

Serantes: Nos reunimos de nuevo y analizamos lo que había pasado. En definitiva, el documento se conoció mucho más que si lo hubiéramos difundido desde el Foro. La pobreza entró en la agenda pública.

 

Zervino: Me sorprendió positivamente que durante quince días la prensa mantuviera el tema en agenda y todas las organizaciones lo trabajaran en sus comisiones directivas. En la reunión que convocamos con posterioridad para decidir dar a conocer el documento pese a no haber alcanzado el consenso esperado, estuvieron presentes muchas de las máximas autoridades de las organizaciones, lo cual también fue importante. Produjo una reacción y un compromiso mayor con el Foro.

 

-¿Por qué el Gobierno leyó el documento desde la vereda de enfrente?

Serantes: No estoy seguro de que fuera así. Los argentinos necesitamos dialogar y crear consensos, y el principal problema con el Gobierno tiene que ver con esto y no tanto con el documento en sí.

 

-¿Por qué Casaretto habló de ingenuidadcon respecto a la posibilidad de lograr un consenso sobre este documento?

Serantes: Cuando se publicó en los medios, ni él ni yo estábamos en Buenos Aires. Nos pusimos en contacto telefónicamente para definir qué decir a la prensa. Coincidimos en haber alcanzado un  capital social teniendo en cuenta que durante tres años habíamos podido trabajar mancomunadamente con las organizaciones y que eso no queríamos perderlo; reconocer nuestra ingenuidad era lo mejor que podía hacerse para descomprimir la situación.

 

-Una de las críticas tuvo que ver con que la Iglesia actúa corporativamente..

Serantes: Para iluminar el tema invitamos a Stefano Zamagni, profesor de Economía Política en la Universidad de Bolonia, porque el Foro bien puede verse como algo corporativo. Él nos alentó mucho. Quiénes mejor que los empresarios, las asociaciones sindicales, las académicas, credos y ONG para aportar su conocimiento en temas que conocen profundamente. Si bien cada organismo tiene la obligación de defender el interés de su sector, también cumple un rol importante en lo que hace al bien común. Por eso cuando convocamos a un espacio es para ponerlo al servicio de nuestros legisladores y sectores políticos. La premisa tiene que ser el bien común, y desde las Iglesias tratamos de acompañar el proceso. Las propuestas deben ser canalizadas por las vías adecuadas del sistema democrático, e instalar los temas en la sociedad. Además, si el Foro se pudiera multiplicar en las provincias y en los municipios tendría mucha más repercusión, pero al menos queremos ir sembrando este espíritu.

 

-¿Cómo sigue el trabajo y el Foro?

Zervino: Avanzamos en ejes vinculados a la pobreza: nutrición infantil y materna, vivienda y servicios, y educación. El objetivo es presentar al sector público propuestas de políticas de Estado.

 

Serantes: Por ejemplo, en desnutrición, los problemas tienen que ver con la implementación de una ley que es adecuada, más que con promulgar una nueva.

 

¿Cómo es la relación entre Justicia y Paz, el Foro y los partidos políticos?

Serantes: Lamentablemente los partidos políticos están en crisis y en ese contexto orientamos el diálogo hacia los legisladores. Sin embargo, también hemos alentado reuniones con políticos y sindicalistas jóvenes, y creemos que valdría la pena discutir nuestras propuestas con los futuros candidatos electorales, si plantean plataformas. Ellos son los destinatarios de nuestro trabajo. Creo que en 2001 comenzó un cambio importante en la Argentina: en todo el país hay gente inquieta y preocupada, trabajando para mejorar las cosas. Pero todavía el impulso no ha llegado a las instituciones.

 

–Con respecto al respaldo al laicado, algunos podrían preguntar si la Iglesia no tiene sin embargo inconvenientes con la democracia en su estructura interna.

Zervino: Las instituciones tienen su naturaleza y la Iglesia no es una institución democrática, pero eso no significa que no pueda trabajarse con libertad y creatividad. Lo importante es la comunión, y entonces no se generan problemas. Lo que queremos es ayudar a cambiar la mentalidad, comprender la complementariedad para que los saberes y roles confluyan en el bien común. La confrontación no es necesariamente el camino, el consenso puede ser la estrategia de crecimiento de un país.

 

Serantes: La Iglesia es como mi familia y en los distintos espacios que nos ofrece el episcopado puedo decir todo lo que pienso, si bien sigo los lineamientos que me sugieren cuando es necesario. Considero que mi cargo de autoridad en Justicia y Paz es un servicio. 

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2 Readers Commented

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  1. JUANCA on 4 agosto, 2010

    Muy buen trabajo del Foro “De habitantes a ciudadanos”, excelente tema de debate para el Poder Legislativo, pero siempre pasa lo mismo, se trabaja en plantear los temas, se debate, se consensúa, pero llegado el momento de llevar a cabo lo que se decidió en unidad, comienza el que tenemos compromisos que nos pueden perjudicar y se termina no concretando todo lo que se había consensuado. Es decir a los ciudadanos (me incluyo) nos falta jugarnos siempre por nuestros pobres de la sociedad, tenemos excelentes ideas para tratar de solucionar el problema pero cuando se requiere llevarlas a cabo, sólo quedan muy pocos para concretarlas. No obstante esos pocos deben insistir, incluso enterando a la sociedad de los que se borraron, especialmente en estos tiempos en que se dice que los medios de comunicación movilizan el mundo.-

  2. Martín Lagos on 5 agosto, 2010

    El esfuerzo realizado por Justicia y Paz fue enorme y debe ser elogiado desde todo punto de vista.
    Ofrezco un solo comentario ‘técnico’: se dice en algún lugar que la inflación perjudica a todos, pero especialmente a los más pobres. El perjuicio a ‘todos’ podría ser el menor desarrollo a largo plazo que resultaría de un contexto infacionario. Pero como realidad ‘fiscal’ (la inflación es un impuesto) la realidad es que afecta especialmente a los más pobres, en tanto que muchos sectores y las personas más informadas (incluyendo el sector público) logran eludirlo. En este sentido, estos sectores obtienen un beneficio relativo: eluden un impuesto que recae en los menos informados.
    Nuevamente, felicitaciones por un enorme esfuerzo que, estoy seguro, no caerá en vacío.
    M.Lagos

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