fattori-webQue los Juegos Olímpicos 2012 se realicen en Inglaterra fue el disparador para un spot publicitario lanzado por el Gobierno nacional que envolvió a la Argentina en una innecesaria disputa. El controvertido aviso de la Argentina muestra a Fernando Zylberberg, de la selección de hockey, entrenando en las islas Malvinas. Fue presentado como un “homenaje a los héroes y caídos” en el conflicto, y culmina con una frase estridente: “Para competir en suelo inglés entrenamos en suelo argentino”.

Como era de esperarse, la polémica no tardó en llegar: las idas y vueltas en torno a los permisos necesarios para la filmación (hay versiones que sostienen que las autoridades malvinenses desconocían el hecho), los reclamos por parte del Gobierno del Reino Unido para que el spot fuera retirado del aire y la carta de disculpas enviada por la casa matriz de la agencia Young and Rubicam (cuya sede en la Argentina fue la encargada de realizarlo).

El Comité Olímpico Internacional, por su parte, también condenó la actitud del Gobierno argentino. Pero, ¿cuál es el trasfondo de la discusión? La Carta Olímpica, el documento que rige y reglamenta el desarrollo de los Juegos, expresa claramente que no deben ser utilizados con fines políticos. En efecto, el llamado “espíritu olímpico” es una declaración de fraternidad entre los países que participan. Tanto los equipos como los competidores no pueden llevar marcas de patrocinadores en su indumentaria y, pese a no obtener retribuciones económicas, los profesionales que deciden jugar reconocen que el orgullo de ganar una medalla supera al de cualquier otro triunfo.

Sin embargo, y a pesar de los loables valores que defiende esta competencia, muchas veces el apoyo al propio equipo se convierte en una suerte de manifestaciónde exacerbado nacionalismo donde, en palabras de Beatriz Sarlo, la bandera se convierte en camiseta. 

En la Argentina, en particular, se despierta una especie de “fiebre olímpica” y es fácil escuchar, durante los días de competencia, comentarios de todo tipo. Es común, además, que el público se valga de estas manifestaciones deportivas para mostrar sus reticencias con respecto a otros países generadas por hechos provenientes de la política. Y es el rencor a los británicos lo que más se deja ver en estas circunstancias en nuestro caso.

Pero esta vez se fue demasiado lejos. Es cierto que el azar quiso que los Juegos Olímpicos se disputaran en territorio inglés a treinta años del conflicto por la soberanía de las islas Malvinas. Pero nada justifica la realización y difusión del spot pedido por la Presidencia. Desde la Casa Rosada fue presentado como un “homenaje a los caídos y héroes” durante el conflicto. Sin embargo, la intención que lo atraviesa parece estar más emparentada con necesidades políticas del momento que con el mero recordatorio. La política, entonces, volvió a mezclarse, y mal, con el deporte, casi como siguiendo la línea del Fútbol para Todos y del Automovilismo para Todos.

Sin embargo, la Argentina no es precursora en esto de utilizar a los Juegos Olímpicos para expresar descontentos políticos. Tres casos de la historia de la competencia así lo demuestran. El primero sucedió en 1931, cuando el COI decidió que Berlín fuera la sede de los Juegos de Verano 1936 y que también fuera Alemania quien albergara los de Invierno (ambos equivalentes a los Juegos Olímpicos de hoy). Se pensó que sería lo mejor ya que, por una parte, los germanos recuperaban con ello la organización de competencias internacionales tras la Primera Guerra Mundial. Y, por otro, era una especie de resarcimiento, ya que que las Olimpíadas de 1916 hubieran debido realizarse en Berlín, pero fueron suspendidas por el conflicto internacional de entonces.

Para 1936 el partido nazi había ganado las elecciones y los primeros signos de antisemitismo estaban muy presentes. Esto provocó que diversos integrantes del Comité Olímpico cuestionaran la designación de ese país temiendo que las cuestiones político-religiosas tergiversaran el espíritu de los Juegos. Por pedido del mismo COI, en los meses previos y durante las competencias, se quitaron de las calles los carteles y leyendas ofensivas hacia los judíos. Sin embargo, los eventos se tiñeron de la estética nazi y se considera que fue la primera vez que se utilizaron como vehículo de propaganda política.

Los Juegos de México 1968 quedaron marcados por un gesto de reivindicación por parte de dos atletas afroamericanos. En los Estados Unidos corrían días de muchísima violencia racial, donde el apartheid era moneda corriente. Fue entonces que, al subir al podio de los 200 metros llanos de atletismo por sus medallas de oro y bronce, Tommie Smith y John Carlos alzaron el puño cubierto con un guante negro y bajaron sus cabezas mientras sonaba el himno de su país. Este gesto correspondía a los Panteras Negras, un movimiento que buscaba revindicar los derechos de los afroamericanos en los Estados Unidos. La actitud fue acompañada y apoyada por el atleta australiano Peter Norman, que fue medalla de plata en dicha competencia. Como consecuencia los tres fueron expulsados tanto de la competencia como de la villa olímpica. Smith formaba parte del Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos, movimiento creado por Henry Edwards, un sociólogo que militaba en la línea de Malcom X.

En 1972 Alemania volvería a ser escenario de una muestra de conflicto político, pero en esta oportunidad el incidente tuvo como protagonistas a un grupo de terroristas palestinos y a la delegación israelí. En la madrugada del 5 de septiembre, ocho miembros de la agrupación Septiembre Negro, avalada en ese entonces por el partido Al-Fatah y la organización por la Liberación de Palestina, secuestraron y asesinaron a once integrantes de la representación judía dentro de la villa olímpica para exigirle a Israel, ante la comunidad internacional, la liberación de más de 200 palestinos presos.

Como se ve, históricamente la relación de los Juegos con la política no fue siempre la mejor. Un gesto de madurez como nación es separar las cuestiones. Sólo resta esperar que la delegación argentina así lo entienda y dé un testimonio de fraternidad y de juego limpio sin importar en qué suelo tienen lugar las competencias.

Comments

comments

1 Readers Commented

Join discussion
  1. María Teresa Rearte on 27 junio, 2012

    No es lo “ideal” mezclar la política con el deporte. Pienso que, en el caso mencionado por esta nota, fue una directiva, desafortunada como otras, del gobierno nacional que no resta justicia a la causa Malvinas.

    Fraternidad y juego limpio es lo deseable. Alcanzarlo no depende sólo de los argentinos. Sino también del Reino Unido, porque el Sr. David Cameron está mostrando que también recurre al tema de las islas por necesidades de su propio gobierno. De modo que también se debe pedir y esperar una actitud más motivada por el espíritu de estas competencias, que por los propios requerimientos políticos, de parte de los competidores británicos.

    En cuanto a la señora Beatriz Sarlo, no ha demostrado la necesaria objtividad como para constituirse en un parámetro que nos guíe. No por lo menos en lo que a mí se refiere.

    De modo que lo deseable, y lo que espero, es que estos juegos olímpicos estén animados por la nobleza personal de los competidores, en consonancia con el espíritu que debe alentar estas competencias, más allá de las tensiones y conflictos entre naciones.

    Gracias.

    Prof. María Teresa Rearte

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?