Recuerdo del economista y docente universitario Alberto Petrecolla, histórico miembro del Consejo de redacción de esta revista, dueño de un equilibrio y discreción ejemplares.

Murió Alberto Oscar Petrecolla, el amigo que tuve el privilegio de conocer una mañana de marzo de 1945, cuando ingrese por vez primera al aula de primer año sexta división, en la escuela nacional de comercio número 5 en esta ciudad, y me senté en el banco junto a él. A partir de ese día fui más que testigo de su vida, ya que para mí fue un honor ser su amigo. Luego compartimos la carrera universitaria en Ciencias Económicas en la UBA, donde Alberto fue uno de los principales fundadores del movimiento humanista universitario, siendo electo consejero estudiantil por el voto de sus compañeros. En esos años Alberto también participaba activamente en la vida de la Obra Cardenal Ferrari, incluso residiendo en Italia después del viaje a Roma que compartimos con motivo del Año Santo de 1950. De regreso a la Argentina colaboro con las actividades del naciente Partido Demócrata Cristiano. A inicios de la década del sesenta se incorporó al Instituto Torcuato Di Tella, creado por su recordado amigo Guido Di Tella, y viajó becado a Nueva York, la misma noche de su casamiento con Susana, la mujer que lo acompaño con amor toda su vida. Se doctoró en Ciencias Económicas en la Universidad de Columbia, con una tesis doctoral sobre el mundo laboral, evidenciando así la gran preocupación que siempre demostró, como economista profesional, por los grandes temas de la distribución del ingreso y la equidad social. Fueron numerosas sus valiosas investigaciones empíricas sobre estas importantes cuestiones, que son clave desde una óptica socialcristiana del ordenamiento económico. De regreso a nuestro país, Petrecolla también participó activamente en la creación de la Universidad Di Tella, desde su posición de Director del Instituto Di Tella. Su actividad académica se desarrolló no sólo en esta nueva casa de estudios, sino también en la Universidad Católica, donde se incorporó como docente a su regreso de los Estados Unidos en 1965. En los últimos años concentró su actividad académica en la Universidad Di Tella, donde transmitió a los nuevos graduados no sólo sus sólidos conocimientos académicos, sino también los valores normativos de la ciencia económica orientados hacia el bien común. La vida académica no le impidió colaborar en la función pública cuando fue requerido no solamente por su capacidad técnica, sino también por su compromiso con una justicia social basada en la solidez y prosperidad económica. Tuvo a su cargo la Secretaria Nacional de Planificación Económica, hasta marzo de 1976. Vivió siempre de acuerdo a sus principios, alejado de sectarismos, honesto en su forma de actuar, comprensivo de las dificultades que enfrentaban quienes lo rodeaban, fueran colegas, alumnos u ocasionales adversarios políticos. Quiso siempre a sus amigos y ellos siempre lo quisieron. Por eso esta nota comienza expresando que se fue el amigo que tuve el gran privilegio de conocer hace70 años. Volvió a la casa del Padre.

El autor es economista, miembro del Instituto Di Tella y de la Academia Nacional de Educación

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