El 19 de mayo nos dejó Floreal H. Forni. Su muerte pasó algo desapercibida pues en las dos últimas décadas, como consecuencia de un severo ACV padecido en agosto de 1993, estuvo prácticamente retirado de la actividad pública. Un retiro que no le impidió seguir atendiendo y guiando alumnos en sus tesis de maestría y doctorales y publicando todavía varios títulos.

Forni poseía un espíritu inquisitivo y era muy inteligente; también muy memorioso, con una asombrosa voracidad por la lectura: un lector de tiempo completo, sin duda. Colaborador de la revista en repetidas ocasiones, fue un intelectual que dejó su marca en la sociología argentina y, por cierto, entre quienes lo recordamos con gratitud y cariño.

Primero fue abogado por la UBA, luego cursó estudios en Francia con el socio-cartógrafo Chombart de Lauwe para recibir más tarde (1973) su PhD en Sociología en la universidad de Chicago (EEUU). Como investigador en el CONICET accedió a la categoría más alta. Fue director y cofundador, con Julio Neffa, del Centro de Estudios e Investigaciones Laborales CEIL y se desempeñó como profesor de grado en las universidades de Buenos Aires, Católica Argentina, del Salvador, y de posgrado en FLACSO y el IDES, además de varias universidades del interior y del exterior. Fue fundador y editor de la revista Sociología y religión.
La experiencia francesa con Chombart de Lauwe marcaría profundamente a Forni, como se comprueba por su continua referencia, en cualquier tarea que emprendiera, a mirar con agudeza los datos de la realidad para ver a través de ellos cómo mejor operar para transformarla. Fue eso lo que lo acercó a disciplinas como la planificación, enfoques como el desarrollo de la comunidad en sus albores o el estudio de las estrategias familiares de supervivencia. La experiencia norteamericana en Chicago, cuna de la sociología urbana, marcó también su interés por esta disciplina.

Hace más de veinte años quedaban evidenciadas las contribuciones principalísimas de Forni: los pequeños productores de la ruralidad y la pobreza. Esto se señala en un trabajo piloteado por Juan Carlos Agulla sobre el pensamiento social argentino: los capítulos dedicados a Forni tratan “Sobre las bases rurales de la sociedad” -escrito por R. Benencia- y “Sobre el compromiso con la pobreza”, de mi autoría(2). No eran temas surgidos de la nada, del azar ni de oportunidades profesionales habidas. Más bien eran fruto de reflexiones profundas, de desarrollos teóricos que lo habían llevado a reforzar sus convicciones políticas y también a vislumbrar dónde poner el foco de sus activos académicos.
Desde su interés en la sociología rural y urbana había avanzado hacia los problemas de la distribución de la tierra, los minifundistas y los actores más postergados de las áreas rurales. Pero su foco era aún más amplio. Casi las tres cuartas partes (73,4%) de todas sus publicaciones y escritos entre los años 1959-1996 (en total 152 títulos) se refirieron a cuatro áreas de interés sociológico: lo rural, el trabajo, la religión y la política social.
Sus trabajos estaban fuertemente orientados a la práctica. ¿Podía ser de otra manera, de quien decía por ese entonces -en Del sociólogo y su compromiso, de de Imaz y otros- que los sociólogos “no podemos cerrarnos en una imposible autarquía, ni fugarnos en críticas sin posibilidad constructiva, sino que partiendo de la tradición intelectual ya señalada tenemos que encararnos con nuestra específica realidad”? (3) El valor de una ‘n’: queda la duda si la expresión ‘encararnos’ no ha sido desvirtuada en la desgrabación o la transcripción de la mesa redonda que dio origen al libro. ¿Forni no habrá dicho ‘encarnarnos’, que es mucho más ‘lebretiano’? Lo consulté en 1996 y no lo recordaba. RM

Forni pudo hacer confluir o reunir lo académico con la realidad inmediata buscando respuestas en la acción. Me constó personalmente de varias épocas y en diversos ámbitos en los que actuamos juntos. Por ello en su momento me animé a sostener que el espíritu lebretiano seguía campeando…
Quienes tuvimos el privilegio de estar entre sus primeros alumnos a su regreso del doctorado asistíamos con sumo interés a sus clases de sociología rural y urbana donde, por ejemplo, se extendía con entusiasmo en el concepto del continuum rural-urbano, poniendo así en crisis concepciones más ortodoxas o estáticas y estimulando nuestra curiosidad en el análisis de tales fenómenos.
Su afición por los estudios cuantitativos adquirida en sus primeras experiencias francesas no fue óbice para que fuera también un cultor y entusiasta impulsor de lo cualitativo, para lo que supo incorporar recomendaciones y perspectivas que en muchos casos él mismo quiso traducir. Historias de vida, entrevistas en profundidad, observación participante, fueron todas herramientas que no sólo aplicó sino que supo difundir y enseñar a utilizar. Sin duda “la renovación metodológica en la sociología fue uno de sus intereses más preciados durante los últimos diez años, y el seminario de metodologías cualitativas que creó en el CEIL constituyó una suerte de posgrado itinerante que permitió satisfacer una demanda muy importante en universidades del interior del país, y en un foro de reflexión y discusión que nucleó a importantes metodólogos en ciencias sociales.” (Benencia, 383)
Antes de fin de 1961 ya había realizado sus primeras contribuciones escritas, prefigurando así tanto su prolífica obra posterior cuanto una cierta manera de pensar y de ver las cosas. En tres años publicó artículos, resultados de una encuesta y comentarios de libros, todos en su recién adquirida especialidad: la sociología rural. Contribuciones por cierto ilustrativas de sus preocupaciones de aquel entonces, que se mantendrán a lo largo de su obra posterior, tanto en cuanto a campo disciplinario cuanto a objeto y sentido del saber. Así, reúne en ellas la orientación del conocimiento a la praxis y su interés por la sociología rural y la contribución de esta en la descripción y explicación de los cambios que en el sector se estaban produciendo.
También publicó dos artículos en los Cuadernos Latinoamericanos de Economía Humana, realizada en Montevideo por el CLAEH, centro de clara inspiración lebretiana y al que en otras oportunidades acercará contribuciones.
La producción intelectual de Forni se puede ubicar en tres períodos bien diferenciados; en cada uno de ellos predomina un paradigma distinto. En el primero, desde 1960 hasta principios de la década siguiente, el estructural funcionalismo parsoniano es el marco conceptual desde el que observa lo que acontece y desde el que efectúa sus propuestas. Es el tiempo en que el Estado es visto como responsable de la acción colectiva, el gran planificador, es la entidad a la que hay que darle los elementos de racionalidad y de conocimiento de la realidad para su mejor funcionamiento. La acción del Estado es la figura, el estructural funcionalismo el marco.
En el segundo período, que se inicia a principios de la década del 70, Forni sigue interesado en la capacidad de la sociología para entender la realidad circundante pero a partir de una revisión de los marcos conceptuales desde una óptica más histórico – estructural. En la literatura ha empezado a florecer el concepto de caminos de desarrollo desigual, de la imposibilidad de replicar experiencias de desarrollo. Esos años encuentra a las ciencias sociales asimilando y devorando una apasionante y apasionada literatura que no quiere dejarse engañar por un pretendido ascenso o crecimiento que seguiría huellas de países que ya ‘han llegado’; hay condicionamientos políticos, históricos, económicos y, en definitiva, estructurales que lo impedirían. Prebisch, Sunkel y Paz, Celso Furtado, Gunder Frank, González Casanova y Cardozo y Faletto son todos autores de esa época que él asimila críticamente.
Por razones ocupacionales sus trabajos se han orientado a la planificación en ciencia y técnica y a la política tecnológica. Con Raúl Bisio prepara un enjundioso informe sobre la relación Ciencia – Tecnología – Producción (4). Esta misma revista saca un número de Navidad dedicado al tema de la ciudad y Forni colabora con “La Ciudad y el Desarrollo Urbano en Latinoamérica: un análisis sociológico” (5) .
El tercer y último período está claramente enfocado en los cambios que se producen en la configuración de la estructura social, con la auto organización y la auto gestión como ángulos de trabajo o telones de fondo. Es un enfoque cualitativo con un peso importante en los aspectos metodológicos interpretativos. Forni trabaja en este último período en dos áreas especialmente sensibles a la intervención social: el desarrollo rural y la política social.
De todos los aportes realizados el más significativo, por la amplitud e intensidad cuanto por la penetración que tuvo en distintos medios vinculados a la política social, fue la convocatoria a Luis Razeto y los materiales producidos a raíz de ella. (6) “Agentes de pastoral y militantes de base acogieron [las ideas de Razeto] con entusiasmo y adhesión emotiva, pues se sintieron interpretados y encontraron a la vez una guía, intelectual y la luz de una utopía; investigadores e intelectuales, que llegaron en menor número […] el mismo impacto tuvo la presentación entre los docentes y estudiantes de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA, descubrir una realidad emergente del mundo de la pobreza […] más allá de los ‘mapas de necesidades básicas insatisfechas’ del INDEC, ¿los movimientos sociales cobran una forma que no sea discursiva?” (7). Esos materiales producidos por o en ocasión de la visita de Razeto son los que mejor pueden ayudar a caracterizar, en cuanto hace a las políticas sociales, este período.
Sin perjuicio de su constante y valiosa trayectoria académica Forni se comprometió con la política. Socialcristiano de pura cepa militó a poco de volver al país en el Partido Demócrata Cristiano que, en especial desde el triunfo de Frei en Chile en 1964, despertó aquí el entusiasmo de muchos. Hacia fines de los sesenta y principios de los setenta, como tantos otros del mismo origen político, se volcó con distintos agrupamientos a la propuesta frentista del peronismo, sin compartir nunca sus alas violentas y fue más tarde un entusiasta de la renovación del peronismo colaborando con la revista “Unidos”.
No se puede cerrar este amable recuerdo sin el reconocimiento a su compañera de toda la vida, madre de sus dos hijos y abuela de cinco nietos: Lidia, quien se vio forzada a trasmutar su rol de cónyuge en los de asistente-secretaria y enfermera en los últimos años, roles que cumplió a carta cabal y con una entrañable dedicación y devoción.

Con la colaboración de Juan J. Llach y Pablo Forni.

NOTAS:

2 R. Benencia y R. Murtagh en Agulla, Juan Carlos (ed.) Ideologías políticas y ciencias sociales; La experiencia del pensamiento social argentino (1955-1995), Buenos Aires, 1996 (pp 375-384 y 463-483 resp.) He utilizado en este homenaje partes de mi capítulo.

3 El valor de una ‘n’: queda la duda si la expresión ‘encararnos’ no ha sido desvirtuada en la desgrabación o la transcripción de la mesa redonda que dio origen al libro. ¿Forni no habrá dicho ‘encarnarnos’, que es mucho más ‘lebretiano’? Lo consulté en 1996 y no lo recordaba. RM

4 La relación Ciencia Tecnología Producción. Algunos Mode¬los de Polí¬ti¬ca Tecnológica, Uni¬ver-sidad del Salvador, Estudio de la Ciencia Latinoa¬mericana (ECLA), Buenos Ai¬res, 1972.

5 En Criterio, Nº ¬1633 34, Dic. 1971, pp. 798 802.

6 Reunidos en Organizaciones Económicas Populares; Más allá de la informalidad, F. H. Forni y J. J. Sánchez, comp., SCCPH, Buenos Aires, 1990.

7 De la presentación de Organizaciones Económicas Populares, ob. cit., pág. 7.

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1 Readers Commented

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  1. GUILLERMO QUESADA on 22 agosto, 2017

    Lo conocí en los comienzos de la democracia cristiana. Estábamos en la misma agrupación interna, con una publicación, “Comunidad”. Floreal, brillante para el debate, generoso, hablaba con fundamento y se comprometía con firmeza. Con Roberto Benencia trabajé en Clarín y el Congreso Nacional, y lo recordábamos con admiración. ¡Vaya si dejó huella! Mi recuerdo emocionado para un compañero que pasó haciendo el bien.

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