El artículo recupera un fuerte debate originado por el filósofo Peter Sloterdijk al advertir la necesidad de un código moral o “antropotécnicas” en el marco de los nuevos problemas filosóficos como la biopolítica y la tecnología genética.

La tecnociencia ha invadido la cultura contemporánea, delineando rasgos típicos en la forma de vivir y aún de pensar y valorar lo que nos circunda. Una mentalidad cientificista, henchida de empirismo, hace tremar las playas de la cultura del incipiente siglo XXI. Peter Sloterdijk, filósofo docente en la Universidad de Karlsruhe (Alemania), dedica muchas páginas a reflexionar en torno a las “antropotécnicas” contemporáneas. Tratamos de realizar en este artículo una lectura crítica de sus apreciaciones, deteniéndonos en su célebre discurso “Reglas para el parque humano”.

Introducción
Educar al ser humano ha sido una de las metas más nobles de todo tipo de esfuerzo. Los humanismos varios lo han intentado siempre. También el cristianismo, en su afán evangelizador, entendió desde los inicios la absoluta necesidad de formar al hombre redimido en Cristo de modo integral.
Pero el fuerte desembarco de la técnica –desde mediados del siglo XX– llegó a las playas de la cultura actual, que se ve invadida cada vez más no por su soporte humanista, sino por las técnicas varias que dominan el horizonte humano. Éstas no son neutras. Poseen la pretensión de educar y configurar la sociedad, que es cada vez más una sociedad del conocimiento.
Consciente de ello, el filósofo Peter Sloterdijk pronunció su célebre conferencia “Reglas para el parque humano. Una respuesta a la Carta sobre el Humanismo”. Un análisis detenido y extenso, meticuloso y atractivo, que abarca desde las formas de humanismo con Platón hasta la actual antropotécnica, que augura como el presente y futuro del hombre. En estas líneas nos detendremos en los aspectos relativos a la bioética y biopolítica de sus ideas.

El humanismo según Sloterdijk
peter
Con ocasión de un seminario a los pocos años de la muerte del filósofo lituano-francés Emmanuel Lévinas, Sloterdijk expuso el documento en cuestión, suscitando uno de los debates filosóficos más importantes de la actualidad europea. La conferencia tuvo lugar el 17 de julio de 1999 en el castillo de Elmau, en Baviera, con motivo del Simposio Internacional “Jenseits des Seins / Exodus from Being / Philosophie nach Heidegger”, en el marco de un ciclo de encuentros sobre “La filosofía en el final del siglo“.
“Si hoy podemos hablar aquí en idioma alemán sobre las cosas humanas, esta posibilidad es debida no en último término a aquella disposición de los romanos a leer los escritos de los maestros griegos como si fueran cartas dirigidas a sus amigos en Italia” , dijo. El humanismo gestó una educación en la que las ideas hallaban en el libro una especie de vehículo de la amistad de conocimientos compartidos. Una actio in distans, con el objetivo de comprometer como amigo desconocido y moverlo al ingreso en el círculo de amistades. “El lector que se expone a la carta voluminosa puede, efectivamente, entender al libro como una carta de invitación, y dejándose entusiasmar por la lectura incorporarse al círculo de los interpelados para acusar allí el recibo de la carta”, sostiene.
Obviamente Sloterdijk quiere dialogar y apuntar ideas a las de Martin Heidegger y sus reflexiones sobre la técnica. En el mencionado texto, el autor reprocha al humanismo actual dos cosas. Por un lado, su sentimiento de culpa ante los horrores de la primera mitad del siglo. Por otro, el temor ante la técnica y la incomprensión de que ésta es y ha sido un componente esencial del ser humano. No hay otro modo de interpretarla sino como una amiga del hombre. Otra versión sería equívoca.
En el corazón del viejo humanismo, es decir hasta las vísperas del Estado nacional moderno, la capacidad de leer significaba algo así como la entrada a una élite rodeada de misterio. El autor dice que los humanismos nacionales de lectura gozosa tuvieron su apogeo entre 1789 y 1945: “En su centro residía, consciente de su poder y autosatisfecha, la casta de antiguos y nuevos filólogos, que se sabían responsables de la misión de iniciar a los recién llegados en el círculo de los destinatarios de cartas decisivas y voluminosas”. Había lugar y sed de clásicos. Y esto configuraba de algún modo el tipo de sociedad.
Pero la técnica actual ha operado profundos cambios. Saber leer y escribir era un logro importante del humanismo hasta la llegada de la radio, 1918, y luego, desde 1945, la televisión. Se asiste a un hecho inédito: la gente conoce y se comunica al instante. Se da lo simultáneo. Lo que ocurre, se ve. Son medios “posliterarios” y de algún modo, post humanísticos. La nueva globalización altera las relaciones mismas, con sus más y sus menos. Crea nuevas esferas .
Ha dejado rezagada la lectura del libro, que ya no forma un emblema de identidad nacional. “La síntesis nacional ya no pasa predominantemente –ni siquiera en apariencia– por libros o por cartas. Los nuevos medios de la telecomunicación política-cultural, que tomaron la delantera en el intervalo, son los que acorralaron al esquema de la amistad escrituraria y lo llevaron a sus modestas dimensiones actuales”, afirma.
Pero importa referirnos ahora al interés del filósofo alemán por la técnica aplicada a la genética. Esto dio lugar a una fuerte polémica con Jürgen Habermas, para quien el autor de la “Reglas…” se aproximaría a las antiguas propuestas del nazismo para optimizar la especie humana.

La antropotécnica

El hombre, dice Sloterdijk, es un ser esencialmente técnico; su naturaleza inconclusa frente a los demás animales –adecuados éstos al entorno por sus seguros instintos– le ha obligado a crearse un hábitat protector para concluir por sí mismo lo que la naturaleza había dejado incompleto. Es por eso que para el autor, un producto de técnicas es un producto de antropotécnicas.
Pues bien, el humanismo en sus variadas formas –cristianismo, existencialismo, marxismo– había sido una inicial antropotécnica, un conjunto de reglas para terminar de formar, de “domesticar”, al inconcluso animal humano. El problema del nuevo humanismo o post humanismo es precisamente elaborar renovadas reglas para el parque humano. Para el autor, las antropotécnicas primarias vienen expresadas en las instituciones simbólicas, las lenguas, las reglas matrimoniales, la lógica de las familias, las técnicas educativas, los roles por sexo, los calendarios, etc. Las antropotécnicas secundarias están representadas por las intervenciones sobre las características determinadas genéticamente que hoy se muestran “en modo confuso e inquietante” en el “horizonte de la evolución”.
Ser querido significa existir meramente como objeto y no como sujeto de selección: “Es la marca característica de la era técnica y antropotécnica que cada vez más pasen al lado activo o subjetivo de la selección, aun sin tener que ser arrastrados al papel de selector de un modo voluntario”.
Para el autor no es otro el camino por venir: “Ocurrirá con seguridad en el futuro que el juego se encarará activamente y se formulará un código de las antropotécnicas”.
Esta conferencia de Sloterdijk provocó reacciones y debates. La más resonante fue la de J. Habermas, quien lo acusó de reflotar el antiguo eugenismo de corte fascista. Sloterdijk se defendió en una entrevista diciendo: “El eugenismo forma parte del pensamiento moderno. Es la base misma del progresismo. El eugenismo es una idea de la izquierda clásica, retomada por los nacionalistas después de la Primera Guerra Mundial. Es el progresismo aplicado al terreno de la genética. Cada individuo razonable es eugenista en el momento en que se casa. Cada mujer es eugenista si prefiere casarse con un hombre que posee cualidades favorables en su apariencia física. Es el eugenismo de todos los días… Nunca existió un eugenismo fascista. Lo que hubo fue un exterminio racista. Esa voluntad de matar nunca tuvo la más mínima relación con el concepto de eugenismo concebido como un medio de reflexionar sobre las mejores condiciones en que será creada la próxima generación. Los nazis se aprovecharon de algunos pretextos seudocientíficos para eliminar enfermos. Eso no tiene nada que ver con el eugenismo. Es un abuso total de lenguaje llamarlo así”.
Si la preocupación del filósofo es preservar lo humano, entendemos que lo primero es intentar alejar la amenaza del eugenismo, de la selección antinatural del hombre, del descarte de rostros, pobres e invisibles como los embriones humanos. Pero en la base, afirmar la irrenunciable dignidad de todo ser humano que viene a este mundo no por azar.
Slotedijk termina su conferencia echando de menos la autoridad del sabio, que se ha quedado solo con sus libros, casi sin amigos, detenido en el sótano del archivo donde la cultura humanista agoniza.
Pero, ¿qué aurora nos espera? ¿Cómo alcanzamos el éxito colectivo? ¿Qué podrá educar al otro? El autor no nos lo dice: “Se impone la idea de que nuestra vida es la respuesta indecisa a preguntas. Preguntas que ya olvidamos dónde fueron formuladas”. Puede quizá interpretarse esto como el cauce de la vida misma de los pueblos, su decurso natural, su fisonomía móvil, lo que dará alguna forma de respuesta un tanto débil a los cuestionamientos que la bioética y la biopolítica le formulen. De ser así, es obvio que las urgencias de nuestro tiempo reclaman más claridad y luz. Las cuestiones de vida o muerte no toleran la vaguedad y la imprecisión.

Reflexiones finales

Sloterdijk reclama una revisión técnica de la humanidad. En su planteo constata que “las fantasías de selección biopolítica han tomado el relevo de las utopías de justicia”; de allí que el pensador alemán, al destacar los medios y posibilidades que ofrece la biotecnología, sugiera formular un “código antropotécnico”, dejando abierta la posibilidad a una “antropotecnología” en la que pueda cambiarse el “fatalismo del nacimiento” por un “nacimiento opcional” y una “selección prenatal”. Esta nueva ingeniería social, prima facie, aparentemente busca cimentarse en una antropología de cuño neo-darwinista, compatible con cualquier racismo emergente, encontrando sus primeros antecedentes en Platón, donde los discursos educativos sobre la comunidad humana parecen apuntar a un parque zoológico. Se echa de menos el recurso a una metafísica o a la ley natural, quizá datos arcaicos para el autor. La tecnociencia va configurando parte de nuestra cultura. Le demos el alma, la espiritualidad cristiana, que de suyo, es portadora de vida en abundancia (Cfr. Jn 10, 10).

El autor es Doctor en Teología, en Historia y en Filosofía. Vicerrector de la Universidad Católica de Cuyo

Comments

comments

1 Readers Commented

Join discussion
  1. horacio bottino on 26 abril, 2017

    si es erroneo ya lo decia guardini y lo retoma papa francisco en laudato si con el termino tecnocracia

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?