El clamor de Antígona

CREONTE: Tienes que saber que jamás el enemigo, ni aun muerto, es amigo.
ANTÍGONA: Tienes que saber que nací no para compartir con otros odio, sino para compartir amor.
CREONTE: Entonces ve allá abajo y, si tienes que amar, ámalos a ellos que, mientras viva, en mí no ha de mandar una mujer.
Sófocles, Antígona (520 – 525).

 

Han pasado casi 25 siglos desde que Sófocles escribió Antígona en el 442 a.C. Según los eruditos, los atenienses lo eligieron general de la flota que sofocó la revuelta de la Isla de Samos, por el singular aprecio que sintieron por la tragedia representada una treintena de veces.
Para los que creemos en la grandeza inmarcesible de la tragedia griega y en la inmutable moción de las pasiones humanas, Antígona representa la inconsútil dignidad de una mujer entera.
George Steiner nos ha regalado una completa avenida de interpretaciones de Antígona, que apela al mito desde Hegel hasta Brecht, aunque no mencione a nuestra Antígona Vélez de Leopoldo Marechal.
La lectura profunda de la obra suscita un revelador examen de nuestra época, de este torbellino homicida contra las mujeres, violadas, quemadas, destrozadas a tiros o a golpes de puño y cuchillo. ¿De dónde viene esta furia, esta hybris machista? ¿Es la sociedad de consumo, como diría Bauman, la que convierte a la mujer en un objeto cosificado, en un móvil de tracción sexual –mejor, genital–, mientras se articula el discurso, tantas veces hipócrita de los derechos humanos?
Es imprescindible leer el capítulo tercero del primer tomo de La experiencia burguesa de Peter Gay, “Mujeres a la ofensiva y hombres a la defensiva”, para comprender, aunque sea parcialmente los orígenes modernos de esta pandemia criminal, que los discursos garantistas y los silencios políticos, aún los de una reciente mujer presidenta, no hacen sino exaltar.
Una psicoterapeuta norteamericana, Naomi Harris Rosenblatt, ha mostrado con hondura y humor la talla enorme de algunas mujeres bíblicas como Sara, Raquel o Tamar, “la viuda que se atrevió”. También allí el lector encontrará crímenes y venganzas, bajo la luz indiscernible de Providencia divina.
Hoy vivimos una época donde la frase de Sartre “el infierno son los otros” cobra nuevo sentido y el retorno a Hobbes es inexcusable. Lo que el filósofo inglés describía como estado de naturaleza vuelve por sus terribles fueros, y la amenaza jurídica y la coacción estatal parecen incapaces de lograr el control comunitario, jaqueado por la drogadicción, la desigualdad social y la deletérea corrupción del dinero. El ius in omnia sobrevuela sobre los espíritus y los cuerpos de una sociedad global gobernada, salvo excepciones, por pigmeos, como afirma Judt, y por unos nuevos Cresos mediáticos, como Sheldon Wolin ha prevenido.
La modernidad líquida descripta por Bauman, donde todo se disuelve rápidamente y los vínculos más sagrados se venden en cuotas, al decir poético de Odysseas Elytys, en la época de la posverdad, insidiosa palabra contraria a todo juramento y a toda promesa.
El amor se desliza hacia la instantánea genitalidad y la última vuelta de tuerca del machismo –y del feminismo especular– es la repulsa de la belleza femenina. ¿Qué haríamos sin la Venus de Botticelli y los desnudos de Modigliani?
Sergio Cotta nos enseñó en su pequeño gran libro Perché la violenza?, que la metafísica de la subjetividad absoluta abre el camino a la violencia incremental, mientras René Girard nos revela la cercanía de la violencia y lo sagrado.
La mujer, la de hoy, la de ayer, la de siempre, no es un misterio romántico ni una presa varonil, sino una persona, es el otro imprescindible de los hombres, tan digna y compleja como el varón, pero quizás más próxima a la Naturaleza nutricia.
De todos modos, conviene meditar y cerrar estas reflexiones que no quieren ser amargas sino realistas, con Shakespeare:
“Let me confess that we two must be twain, Although our undivided loves are one” 1.

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1. “Déjame confesar que somos diferentes,/ si bien nuestros amores no pueden dividirse”.

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Lecturas sugeridas

Giorgio Agamben, El sacramento del lenguaje, Buenos Aires, Adriana Hidalgo, 2010.
Bonnie S. Anderson y Judith P. Zinsser, Historia de las mujeres, Barcelona, Crítica, 1991.
Zygmunt Bauman, Mundo-consumo, Buenos Aires, Paidós, 2010.
Zygmunt Bauman, Amor líquido, Buenos Aires, FCE, 2005.
Sergio Cotta, Perche la violenza? Una interpretazione filosófica, L.U.Japadre –L’Aquila, 1978.
Francoiçe Dolto, En el juego del deseo, Buenos Aires, siglo XXI, 1983.
Esquilo, Sófocles, Eurípides, Obras Completas, Madrid, Cátedra, 2008.
Niall Ferguson, El triunfo del dinero, Buenos Aires, Debate, 2010.
Peter Gay, La experiencia burguesa (de Victoria a Freud), tomo 1·, México, FCE, 1992.
René Girard, La violencia y lo sagrado, Barcelona, Anagrama, 2005 (4·ed.)
Thomas Hobbes, Leviatán, Madrid, Editora Nacional, 1979.
Naomi Harris Rosenblatt, Después de la manzana, Buenos Aires, Grijalbo, 2006.
Tony Judt, Algo va mal, Buenos Aires, Taurus, 2010.
George Steiner, Antígonas, Barcelona, Gedisa, 1986.
William Shakespeare, The complete Works, New York, Random House, Sonnet XXXIV, p. 1197.
Sheldon S. Wolin, Managed Democracy and the Specter of the Inverted Totalitarism, Princeton and Oxford, Princeton University Press, 2010, (5·edición).
Theodore Zeldin, Historia íntima de la humanidad, Barcelona, Plataforma Editorial, 2014., esp. cap.2.

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  1. horacio bottino on 29 marzo, 2017

    ¿y los abortos?

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