Madama Butterfly en Madrid

Por tercera vez el Teatro Real de Madrid presentó Madama Butterfly de Giacomo Puccini con la dirección escénica de Mario Gas, escenografía de Mario Frigerio y vestuario de la notable Franca Squarciapino. Previo a su estreno CRITERIO asistió a una charla con Ermonela Jaho, Marco Armiliato, Justin Way y el crítico Ricardo de Cala, con una excelente moderación dentro del ciclo “Enfoques: encuentro con artistas” del teatro madrileño.

Ermonela Jaho es una renombrada soprano albanesa de proyección internacional, en septiembre será Violetta Valery para la puesta de La Traviata que, con producción de Franco Zeffirelli y la Ópera de Roma, desembarcará en el escenario del Teatro Colón (que luego de muchas marchas y contramarchas reemplazó la que originariamente iba a ser la puesta de la cineasta Sofía Coppola), pero antes se dedicó a uno de los roles que cimentaron su fama: la Cio-Cio-San de la célebre ópera de Puccini. Consultada sobre la visión compleja de la evolución de su personaje, la soprano reflexionó: “Es verdad, pero es el deber del artista entrar en el personaje. Si hablamos de la forma de escribir de Puccini es uno de tantos colores, de las variaciones, no se trata de un aria o de la cabaletta sino del puro drama, del interés humano. Una palabra y una respiración tienen un significado y un sentido. Se trata de una ópera muy completa y muy compleja, un gran desafío porque trata de vulnerabilidad y ligereza pero técnicamente no me interesa imitar sino dar la intención de una voz joven para ser creíble reflejando la vida entera de una persona en tres horas: poder iniciar al personaje con esa delicadeza de enamorada respetando todos los colores que ha escrito Puccini. En el segundo acto, donde llega el drama, sabe que Pinkerton no llegará. Puccini es un arquitecto que elabora el carácter. El último acto es muy difícil porque es como el canto del cisne, el canto de la muerte y debo hacerlo delante de un niño. La última escena no debe cantarse de modo histérico sino pensando en todas las madres y su relación con el niño y cómo harían para contarlo delante de ese niño sin dañarlo, y eso me ha permitido controlar la emoción”, señaló.
El director musical Marco Armiliato a su turno dijo que ésta era: “Como todas las partituras de Puccini, tremendamente complicadas. No sólo técnicamente, cada compás tiene algo, un color, un cambio de tiempo, novedades. Dirigiendo Madama Butterfly uno siempre se encuentra con alguna humanidad increíble en la cintura orquestal de Puccini. El final es la apoteosis del drama pero el primer acto también tiene elementos que permiten comprender lo que sigue. Es una escritura muy compleja, muy difícil. Madama Butterfly es muy exigente para una cantante porque sale en el primer acto y termina muriendo en el último y no deja la escena más de diez minutos. Siempre está cantando, todo el tiempo”.
Por su parte, el encargado de la reposición de la puesta, Justin Way, consideró que: “Esta puesta en escena de Mario Gas ayuda a profundizar en la acción central que es muy interesante porque, estando ambientada en el rodaje de una película, tenemos una pantalla en blanco y negro arriba del escenario con tres cámaras en el escenario y tres en la sala que nos permite seguir al cantante de manera múltiple para entrar en cada verdad de Puccini y ver qué elegir. Claro que eso no permite esconder nada y queda expuesta la veracidad de cada momento”.
Por último, el experimentado crítico español Ricardo de Cala (cuyo programa Maestros cantores puede seguirse online a través del sitio de RTVE), contextualizó históricamente la génesis de Madama Butterfly: “Cuentan que estaba en Londres para el estreno de Tosca y que entonces él se fue a ver una representación de Madama Butterfly, basada en una novela de John Luther Long y que había realizado para el teatro David Belasco”. Recuerda que el mismo Puccini afirmó: “A mí, que no sé una palabra de inglés, me sorprendió porque pude seguir la obra perfectamente y me emociono lo que allí pasaba”. Prosigue Cala: “Puccini fue a saludar a David Belasco al camerino con los ojos llenos de lágrimas y se abrazó con él pidiéndole los derechos para componerla en ópera. La gestión de la obra se produce entre 1900 y 1904, y se estrenó un 17 de febrero en la Scala de Milán: algo estrepitoso, un linchamiento, lo abucheaban, se sintió muy mal y le afectó muchísimo. Desde el punto de vista dramático y musical nos encontramos con un personaje que es el centro de la ópera y eso es muy moderno, no es una obra tradicional. Aquí al resto de los personajes les pasa lo que les pasa que es muy poco para que a Butterfly le suceda lo que le tiene que suceder. Desde el punto de vista musical también es muy moderna porque huye del folclore, y Puccini establece un entramado armónico y sobre el que compone la melodía sin dejar que se vea el entramado armónico que hay detrás”.
Madama Butterfly fue también un acontecimiento por su transmisión en directo a 250 auditorios de toda España con cerca de 120 mil asistentes y una televisación seguida en directo por medio millón de espectadores añadiendo otros 35 mil en las reproducciones de Facebook Live. No es todo, hasta el 27 de agosto el Museo Thyssen-Bornemisza presenta exposición Madama Butterfly y la atracción por Japón y sólo resta una pregunta final: ¿Quién dijo que la ópera no es popular?

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