Borges en CRITERIO. Apuntes sobre un vínculo casi olvidado

Cumplidos ya los setenta años que la Biblia aconseja para la vida humana, Borges compone una suerte de autobiografía en colaboración, las Autobiographical Notes (Borges y Di Giovanni, 1970), que se publica en inglés y funciona básicamente como presentación para sus lectores norteamericanos. Allí recuerda sus años de juventud, maravillándose él mismo de la febril actividad desplegada en su primera década como escritor (1919-1929). Además de los siete libros que publicó en esos años, evoca su participación regular en “una docena de publicaciones periódicas”, entre las que menciona unas pocas: La Prensa, Nosotros, Inicial, Síntesis y, quizás para sorpresa de muchos, CRITERIO.
En efecto, si bien la participación de Borges en la más longeva revista católica de nuestro país es un hecho bien conocido por los especialistas, es posible que el dato desconcierte a algún lector. ¿Borges en un medio confesional? ¿El escritor que se autoproclamaba agnóstico, se burlaba del dogma trinitario y desdeñaba el catolicismo “petulante y autoritario” (“Modos de G.K. Chesterton”, Sur, 1936) que caracterizaba a sus compatriotas? Todo esto es cierto, y sin embargo, Borges colaboró con cierta asiduidad en las páginas de CRITERIO durante el primer año de existencia de la publicación.
Para explicarlo muy brevemente, comencemos por decir que la imagen del escritor que tenemos hoy, es en buena medida fruto de una construcción del propio Borges que comienza en los años treinta, se consolida en las décadas siguientes, y cristaliza y se difunde masivamente a partir de los sesenta, cuando se vuelve una figura de fama internacional y es objeto de infinidad de reportajes en medios gráficos, radiofónicos y televisivos de todo el mundo. Pero en 1928, cuando se funda CRITERIO, el joven Borges es un escritor muy distinto: vanguardista –al menos así era considerado por muchos de sus contemporáneos, aunque su obra de esos años ya tenía características muy distintas a las de sus inicios ultraístas–, nacionalista –o, para ser más precisos, criollista, como testimonian sus primeros libros–, interesado en política –recordemos que fundó y presidió el efímero Comité Yrigoyenista de Intelectuales Jóvenes, en 1927– y creyente. Así lo declara él mismo en “Un soneto de don Francisco de Quevedo”, publicado en 1927 en La prensa y recogido al año siguiente en El idioma de los argentinos:
“En trance de Dios y de inmortalidad soy de los que creen. Mi fe no es unamunesca e incómoda; mis noches saben acomodarse en ella para dormir y hasta despachan realidad bien soñada en su vacación. Mi fe es un puede ser que asciende con frecuencia a una certidumbre y que no se abate nunca a incredulidad. No entiendo a los mecanicistas, incrédulos de que un solo átomo irrepresentable pueda perderse y muy seguros de la escondibilidad final de su yo. Al universo no le permiten escamotear una partícula de materia pero sí una infinitud de almas”.

Hay que leer este párrafo con ciertas precauciones. En primer lugar, es sólo un testimonio, datado en un momento específico, que debe ser confrontado con otros y que no necesariamente refleja las convicciones íntimas de la persona Jorge Luis Borges; aunque es indudablemente una fuente que merece ser considerada para caracterizar su posicionamiento público como escritor. En segundo lugar, la fe que aquí declara Borges no se identifica con el cristianismo, aunque el texto dialoga con un poeta católico, Quevedo, y poco antes se enumeran, con cierto desdén, “las sedicentes pruebas dialécticas de que hay Dios”, atribuibles a la teología cristiana –y particularmente, la escolástica–. Para decirlo sintéticamente, el ensayo citado no permite, en modo alguno, afirmar que Borges fuera un católico –nunca lo fue, mucho menos de un modo militante, como la mayoría de los colaboradores de CRITERIO–. Pero este tipo de declaraciones públicas –en un sentido similar puede consultarse su epílogo a Páginas muertas (1928) de Eduardo Wilde–, sumadas a su manifiesto antipositivismo y el interés –y conocimiento– por cuestiones teológicas y bíblicas que exhibe su producción, permiten entender por qué Borges resultaba un escritor tan atractivo para los católicos. Esto, sumado al prestigio del que el joven gozaba en el campo literario argentino –incomparable, desde luego, al que alcanzaría décadas después, pero ya considerable, especialmente entre sus pares–, contribuye a explicar por qué los fundadores de CRITERIO buscaron contarlo entre sus colaboradores.
De acuerdo a María Isabel De Ruschi Crespo, la inclusión de Borges en la nómina de colaboradores de la revista figura ya en el proyecto inicial que Atilio Dell’Oro Maini, fundador y primer director, había formulado en 1927, meses antes de la aparición del periódico. El director de CRITERIO parece haber tenido un notable interés en la obra de Borges: lo invitó a conferenciar en el Convivio y lidió con la censura eclesiástica para publicar sus poemas (como veremos enseguida). Interés persistente, además: varias fuentes coinciden en que, en 1955, Dell’Oro, quien por entonces era Ministro de Educación, fue uno de los promotores del nombramiento de Borges al frente de la Biblioteca Nacional. Cuando la aparición de la revista era inminente, Surgo, la editorial responsable, pone en circulación un “prospecto” de promoción y presentación, donde el nombre de Borges destaca también entre los colaboradores anunciados.
El lugar relevante que la revista asigna a Borges es evidente. La mayoría de sus colaboraciones aparecen destacadas en portada y, en algunos casos, promocionadas con antelación. El espacio que le concede también es significativo. Algunos de sus poemas, aun siendo breves, son publicados a doble página. Colaboradores de CRITERIO como Manuel Gálvez, Ernesto Palacio y Benjamín Fondane, mencionan a Borges como uno de los exponentes más destacados de la “nueva generación” literaria. Para limitarnos a un ejemplo, al reseñar el concurso literario municipal de 1928, Palacio sostiene:
“Quedan en pie varios libros. En primer lugar El idioma de los argentinos de Jorge Luis Borges, a quien, sin vacilar, adjudicaríamos el primer premio en caso de que estuviera en nuestras manos. No sólo por esta obra, sino también por su labor anterior. Borges es una de las primeras figuras de la nueva generación argentina; su verso y su prosa son originales y fuertes y enriquecen realmente nuestra cultura”. (“El concurso municipal”, CRITERIO nº 39, 29 de noviembre de 1928, p. 273).

En el balance que publica la revista al cabo de su primer año se cita al escritor como uno de los “principales poetas jóvenes” que han colaborado en la publicación. Su obra, además, resulta un modelo e inspiración para otros poetas de CRITERIO como Schiavo, Etcheverrigaray o Anzoátegui. La influencia de Borges es fácilmente perceptible, tanto en la temática –criollista y urbana– como en ciertos recursos formales –verso libre, neologismos criollos, diminutivos, metáforas, etc. –.
En total, el escritor llegará a publicar ocho textos originales en CRITERIO, la mayoría de los cuales fueron recogidos luego en distintos libros. No podemos detenernos en el análisis pormenorizado que requeriría cada uno, nos limitamos a indicar brevemente la temática que abordaban:

“La conducta novelística de Cervantes” en CRITERIO nº 2, 15 de marzo 1928, p. 55-56. Recogido en El idioma de los argentinos (1928). Primer artículo que Borges dedica in extenso a la obra de Cervantes, sobre el que volverá en otras ocasiones. Borges analiza los procedimientos literarios, el “desaforado método de Cervantes” para construir a su personaje.
-“Brandán Caraffa: Nubes en el silencio” en CRITERIO nº 5, 5 de abril de 1928, p.157-158. Breve reseña del poemario de uno de sus compañeros generacionales más apegado al vanguardismo –en su vertiente ultraísta–. Habían participado juntos de la fundación y dirección de Proa.
-“La Chacarita” y “La Recoleta” en CRITERIO n º21, julio 1928, p.108. Recogidos en Cuaderno San Martín (1929). Dos poemas notables –reunidos bajo el título “Muertes de Buenos Aires”¬– que tematizan la muerte, o dos versiones de la muerte, la patricia y la plebeya, a partir de los dos cementerios más importantes de la ciudad.
“De J.L. Borges a Juan Pablo Echagüe” en CRITERIO nº 25, agosto 1928, p.238. Esta nota es la respuesta polémica a una publicada por Juan Pablo Echagüe, un prestigioso crítico teatral de la época, que solía firmar Jean Paul. La polémica se había originado en las páginas de La Prensa, donde Borges publica “Una pieza del año 52”, un comentario crítico –y rebosante de ironía– acerca de una pieza teatral de Pedro Echagüe. Juan Pablo siente injuriada la memoria de su padre y responde con una carta –fechada en París, el 26 de junio de 1928– publicada en El diario, en agosto, con el título “A propósito de una obra estrenada en el año 1860, y un artículo publicado por D. Jorge Luis Borges”. CRITERIO –que ya había tomado partido por Borges, al comentar la polémica en su sección “Nos parece mal”– le concede al escritor un lugar para la réplica, con esta nota que mencionamos. Allí, el escritor reduce al absurdo todos los planteos de Echagüe, dando un cierre a la polémica, con frases verdaderamente antológicas.
“Página relativa a Fígari”, en CRITERIO nº 30, septiembre de 1928, p. 406-407. Reproducción de la conferencia que Borges, invitado por Dell’Oro, dio en la inauguración de la exposición que organizó el Convivio de los Cursos de Cultura Católica sobre la obra del pintor uruguayo. Borges, como es usual, se aleja bastante del tema esperable –las telas de Fígari– para presentar una paradójica concepción del tiempo y la historia, sobre la que volverá en otros textos, y para desplegar su peculiar versión de la identidad nacional, que aparece definida de un modo no esencialista, como una construcción a futuro que integrará distintas nacionalidades.
-“La noche que en el Sur lo velaron”, en CRITERIO nº44, 3 de enero de 1929, p. 16-17. Recogido en Cuaderno San Martín (1929). Uno de los más bellos poemas escritos por Borges en su primera década como autor, donde nuevamente se tematiza la muerte, el misterio de la muerte, en diálogo con la poetización de Buenos Aires que Borges emprende en sus primeros poemarios.
“El paseo de Julio” en CRITERIO nº 51, 21 de febrero de 1929 240-241. Recogido en Cuaderno San Martín (1929). La última colaboración de Borges en CRITERIO es un poema de fuerte carga moral, que apela al discurso cristiano –particularmente a la elaboración teológica y literaria sobre el infierno– para retratar negativamente la zona del puerto, condenándola como lugar de perdición y excluyéndola de la patria (“nunca te sentí patria”). En este sentido, este artículo es quizás la que formal e ideológicamente más parecía adecuarse a lo esperable en esa publicación.

Un breve comentario final. Los artículos y poemas que Borges ha publicado en CRITERIO no presentan diferencias significativas con los que publicaba en otros medios en esa misma época. Borges no parece haber estado condicionado por el carácter confesional de la publicación para incluir o excluir temas. Las citas bíblicas y el léxico de resonancias teológicas que pueden rastrearse en estos textos eran frecuentes en la producción borgeana. Pero su perspectiva no estaba necesariamente en línea con la doctrina católica que definía la revista. De hecho, como anticipamos, Dell’Oro debió lidiar con el censor eclesiástico Zacarías de Vizcarra, que objetó particularmente “La Chacarita” en tanto la concepción de la muerte, de las almas y de la cruz que leía en el poema le parecían incompatibles con la ortodoxia. El poema finalmente se publicó, lo que habla de la estima en la que la redacción de CRITERIO –o al menos, un sector importante de la redacción– tenía por el que llamaba “nuestro distinguido colaborador”. En un sentido similar, podemos pensar que el rechazo de la alegoría como forma válida de arte que se encuentra en “La conducta novelística de Cervantes” o la negación de todo esencialismo nacionalista que relevamos en “Página relativa a Fígari” colisionan con las posiciones sostenidas por otros colaboradores del entonces semanario. Podemos recuperar una sugerente hipótesis de Annick Louis y decir que el escritor parece aquí “predicar entre infieles”: no se trata de convencer a los ya convencidos, sino de introducir sus ideas en medios que, en principio, podían ser hostiles.
La colaboración de Borges en CRITERIO finaliza, significativamente, en 1929. A fines de ese año, el primer director y muchos de los colaboradores más vinculados a la “nueva sensibilidad” presentarían su renuncia marcando el fin de la primera etapa de la revista. Una etapa en la que era posible cierta heterogeneidad estética y política, aun en un proyecto que se definía como católico doctrinario, una etapa en la que participaron en CRITERIO no sólo Borges sino varios otros jóvenes provenientes de las vanguardias estéticas. A partir de la década del treinta, los violentos cambios en la situación política nacional, en el contexto internacional y el reposicionamiento del propio Borges hicieron imposible cualquier tipo de confluencia. Pero eso es otra historia. Quedan las huellas de un diálogo que fue posible y, sobre todo, un ensayo notable y tres espléndidos poemas.

El autor es Doctor en Letras y Profesor en la UBA. Su tesis doctoral fue “Borges y el cristianismo. Posiciones, diálogos y polémicas”.

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5 Readers Commented

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  1. lucas varela on 9 septiembre, 2017

    Estimados lectores,
    Es muy interesante el testimonio de fe de Jorge Luis Borges en el año 1927. Borges no es incrédulo, es un “puede ser”. Además, es un “puede ser” cómodo, a diferencia del “puede ser” incómodo de Miguel Unamuno.
    La creencia de Miguel Unamuno era compromiso de vida, que es lo que incomodó a Borges. La fe de Miguel Unamuno era creencia en lo que vendrá, era esperanza de hacer un alma inmortal, que es obra propial. .La fe de Unamuno era duda, y más valía pensar en ello. La de Borges, también era duda, pero no pensaba en ello, era cómoda.
    ¿Que significado habrá tenido para Borges “la escondibilidad final del yo”? Sería bueno saberlo

    • lucas varela on 11 septiembre, 2017

      “la escondibilidad final del yo” es un error, no tiene ninguna significación…es la nada.

  2. lucas varela on 9 septiembre, 2017

    Estimados lectores,
    Lucas Adur está en lo cierto cuando dice que la revista Criterio en el año 1927 era católica. Pero, después de 90 años de existencia no está demás afirmar que hoy, la Revista Criterio es “de tendencia católia” solamente.

  3. horacio bottino on 12 septiembre, 2017

    Me tienen harto con Borges¡Viva Marechal!

    • lucas varela on 12 septiembre, 2017

      Estimado Horacio Bottino,
      ¿Cree usted que la revista Criterio haya estado interesada en algún tipo de colaboración de Leopoldo Marechal?
      Más aún, ¿Usted cree que durante la actual administración de don Luis María Poirier será factible tener algo editado de Leopoldo Marechal?
      Si fuera por ésta revista, Jorge Luis Borges es católico, apostólico y romano, lo hacen santo porque sí.

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