El Bosco en pantalla grande

Este mes se exhibirá en BAMA Cine el documental El Bosco, El jardín de los sueños, de José Luis López Linares, donde no sólo se disfruta de los detalles de esta maravillosa obra pictórica sino que también se indaga sobre su influencia con el paso del tiempo.

En 2016 se cumplieron 500 años de la muerte de El Bosco y, en buena medida, es uno de los pocos datos precisos que rodean a la figura de Hieronymus Bosch. Su obra, sobre la cual existen numerosos interrogantes –se consideran alrededor de 30 pinturas originales, según el juicio de especialistas e historiadores–, sigue deslumbrando por la creación de un universo de seres fantásticos también sujeto a múltiples interpretaciones. Además, el año pasado el Museo del Prado realizó una muy concurrida exposición en homenaje a uno de los autores dilectos de su colección permanente. Como se sabe, “El jardín de las delicias”, “Extracción de la piedra de la locura”, “Tríptico de la adoración de Los Magos” y la “Mesa de los pecados capitales” son parte del patrimonio del museo madrileño y, puede decirse, son las obras más afamadas del pintor.
Bien vale detenerse, aunque sea brevemente, en las postales de ese recuerdo: por un lado se presentaron las ocho pinturas que se conservan en España junto a otras procedentes de diferentes ciudades del mundo. Las secciones en las que se hilvanó el legado del genial artista estaba integrada por siete partes, con sólo la primera situando una intención cronológica de su vida al presentar la ciudad de ‘s-Hertogenbosch. Las restantes agrupaban intenciones e intereses (tales como Infancia y vida pública de Cristo, Los santos, Del Paraíso al Infierno, El jardín de las delicias, por ejemplo), para asimismo incluir obras de seguidores o discípulos de su taller e incluso verdaderas gemas, tales como trabajos de Adrien van Wesel y el manuscrito del Comentario de la pintura de Felipe de Guevara. Por desgracia ese mundo de rico valor artístico e histórico escapaba al interés de los turistas, quienes sólo se agolpaban en derredor de la “obra célebre” del pintor holandés. Curiosidades del destino, meses antes estuve en soledad contemplando la maravillosa restauración de la Adoración de los magos, que brillaba en el museo sin la fatiga de los curiosos.

Precisamente la labor sobre ese tríptico es una de las partes fundamentales de El Bosco, el jardín de los sueños, el documental de José Luis López Linares que indaga en aspectos centrales de la obra del pintor pero también en la fascinación visual sobre su obra, y en una interpretación, la de Reinert Falkenburg, por la cual El jardín de las delicias fue concebido para conversación de la corte de Nassau. Esa intención conversatoria y reflexiva es la que intenta rescatar el realizador, contextualizando la obra en el presente. Junto con el detalle visual que recorre sus pliegues (la fotografía es plena de hallazgo y permite un insospechado acercamiento a características no fáciles de apreciar de manera directa), también se ejemplifica la influencia de la obra aún hoy, convocando a una pléyade de variadas figuras para que brinden su visión: desde Salman Rushdie a Laura Restrepo, de Renée Fleming a Miquel Barceló, comparten las diversas sensaciones que El Bosco produce en creadores tan eclécticos. Quizás se alargue un poco, quizás no todos los comentarios sean por igual lúcidos y fascinantes, pero el documental merece verse habiendo tomado contacto directo con la obra de El Bosco o no, dado que genera de forma lograda la misma fascinación.
Algunos datos de la historia de “El jardín de las delicias” merecen señalarse, luego de que Enrique III de Nassau fue heredado por su hijo René de Châlon y luego por Guillermo de Orange. ¿Cómo llegó a España? Como propiedad de Jehan Kassembrood fue confiscada por el Duque de Alba en el marco de la Guerra de los ochenta años, quien se la dejó a Fernando de Toledo, su hijo natural. AllÍ la adquirió Felipe II, enviándola al Monasterio de El Escorial en 1593, cuyo inventario de entrega la describe como: “Una pintura en tabla al olio, con dos puertas, de la bariedad (sic) del mundo, cifrada con diversos disparates de Hierónimo Bosco, que llaman Del Madroño”. Allí permaneció hasta 1939, cuando fue llevada al Museo del Prado para una restauración. Falkenburg, asimismo narrador del documental El Bosco, el jardín de los sueños, es concluyente sobre el difícil carácter narrativo que enfrenta el documental: “Al final de la novela, el escritor desvela el misterio. En este caso, el autor no quiere que resuelvas el misterio, quiere que permanezcas en él”.

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