Raíces católicas de la economía de mercado

Luego de un período de oscurantismo que siguió al cierre de las escuelas filosóficas de Atenas en el año 529, la actividad intelectual y filosófica tuvo sus primeros síntomas de renovación a partir del decreto imperial de Carlomagno del año 787, que dispuso la creación de escuelas en todas las abadías de su imperio. Estas escuelas se transformaron en el centro de la enseñanza y la especulación filosófica medieval, y de ellas se deriva el término “Escolástica”. A los maestros de estas escuelas se los denominó doctor scholasticus, para luego llamar “doctor” a todos los profesores de lógica. La escolástica se extendió desde el siglo IX hasta el XVI. Durante los siglos XII y XIII, partiendo a veces de esas escuelas, como señala Joseph A. Schumpeter, se desarrollaron “las universidades que disfrutaron de mucha libertad e independencia; daban más margen al maestro individual que las mecanizadas universidades de hoy día; eran un lugar de encuentro de todas las clases de la sociedad; y eran esencialmente internacionales” (1).
Es a la producción intelectual de los doctores escolásticos hispanos sobre temas de economía que dedica Alejandro Chafuen su libro Raíces de la economía de mercado en la Escolástica católica. Acaba de publicarse, en julio de 2017, la segunda edición en español. El original, editado en 1986, fue escrito en inglés con el título Faith and Liberty: The Economic Thought of the Late Scholastics. El título inglés resume perfectamente el objetivo del autor: su “estudio está dirigido a todas aquellas personas, católicas o no, que creen que el libre mercado es incompatible con el cristianismo”.
Alejandro Chafuen se recibió de bachiller en el Colegio San Andrés de Buenos Aires y luego se graduó en Economía en la Universidad Católica Argentina. De esta manera, desde su juventud integró la corriente de pensamiento presbiteriana de los fundadores escoceses de San Andrés con la católica de la UCA. Este ha sido el germen de donde surge la vocación de Chafuen por demostrar que no sólo la ética protestante, motor ideológico del progreso según Max Weber, sino también la católica, se confunden en su apoyo al liberalismo económico. Estas ideas llevaron a Chafuen a dirigir Atlas Economic Research Foundation, uno de los más importantes thinktanks de los Estados Unidos.
El escritor escolástico por excelencia fue Santo Tomás de Aquino (1226-1274). Influyó notablemente en todos sus seguidores y, en particular, en los hispanos, agrupados bajo la llamada Escuela de Salamanca, a quienes les legó una síntesis del pensamiento de los Padres de la Iglesia con la filosofía aristotélica y el derecho romano. Francisco de Vitoria (1495-1560) es considerado el fundador de la Escolástica hispana. El punto de partida de su enfoque económico es el concepto analítico de ley natural, o ley de la naturaleza, universal, inmodificable por los seres humanos, fuertemente relacionado con los conceptos éticos y jurídicos que se derivan de las leyes naturales normativas que fundamentan el comportamiento moral o ético en la economía. Chafuen describe acertadamente la relación de la ética con la elección de los objetivos económicos preferibles o buenos, mientras que la economía como ciencia tiene su principal influencia en la selección de los medios para alcanzar esos fines deseados.
Así, los escolásticos hispanos parten de la Ley Eterna que ilumina a la Ley Natural, la que a su vez influye tanto en el razonamiento ético como en el económico. Por este imbricamiento la economía formaba parte, hasta Adam Smith, de una rama de estudio llamada Filosofía moral. El mejor ejemplo de dicho razonamiento es la teoría del justo precio, expuesta por el escolástico Luis de Molina basándose en San Agustín. El precio de las cosas debe considerase justo o injusto de acuerdo a si sirven o no a la utilidad humana, percibida subjetivamente. De esta afirmación pasaron a igualar el precio justo con el de equilibrio en mercados libres donde la compra-venta fuese voluntaria, sin violencia, fraude o ignorancia.
Los autores escolásticos llegaron a la conclusión de que precios, salarios, ganancias e intereses se regulaban por los principios de la justicia conmutativa, siguiendo la estimación común que se realiza en el mercado, por lo que debían permanecer libres de la injerencia del gobierno. La justicia distributiva trata del reparto de los bienes comunes o públicos y, en consecuencia, también debe regir el tratamiento de los impuestos. Se destaca aquí la tajante afirmación de Chafuen: “Nada más distinto de las doctrinas de justicia social predominantes (…) en la Argentina que el concepto de justicia distributiva de los escolásticos”(2). El principio básico de esta justicia partía de la idea de Aristóteles del mérito y se concretaba con la de proporcionalidad, “de tal modo que [los súbditos] sufran ecuánimemente la distribución” (3). Para Juan de Mariana (1535-1624) el principio rector respecto de los gastos públicos era la moderación en los tributos y la eliminación de la corrupción: “¡Cuán triste no es para la república y cuán odioso para los buenos ver entrar a muchos en la administración de las rentas públicas, pobres, sin renta alguna, y verlos a los pocos años felices y opulentos!” (4).
De Mariana asignaba gran importancia a la estabilidad del dinero y formuló una versión de la ley de Gresham. También Molina observó que era en Sevilla, donde llegaban los barcos cargados de oro del Nuevo Mundo, donde la moneda valía menos. Y añadía que el valor de la moneda dependía de la oferta y la demanda en el tiempo y en diferentes lugares. El único tema económico que no pudieron resolver los escolásticos fue el del interés. Como afirmó De Roover, “la doctrina de la usura fue el gran punto débil de la economía escolástica” (5).
En el capítulo 12 de su libro, Chafuen compara la economía escolástica tardía con los enfoques liberales modernos. Aquellas ideas pasaron a los autores clásicos por intermedio de las obras de Grocio y Pufendorf. Respecto de la propiedad privada, el reconocimiento actual de que consiste en un derecho natural se sustenta en la creencia escolástica de que una sociedad basada en el respeto a tal derecho sería más pacífica, más productiva y, sobre todo, más moral. Navarrete anticipó la curva de Laffer (que representa la relación existente entre los ingresos fiscales y las tasas impositivas) al percatarse de que los impuestos excesivos podían reducir los ingresos del rey, ya que pocos podrían pagar tan altas tasas. El economista y teólogo Martín de Azpilcueta ha sido reconocidos como uno de los primeros formuladores de la teoría cuantitativa del dinero.
El último capítulo, escrito para esta segunda edición, se refiere a la influencia de la escolástica tardía en el pensamiento económico argentino. Destaca los trabajos sobre teoría monetaria de Juan de Matienzo, los de Diego de Avendaño sobre los fundamentos del valor y del precio justo, y del sacerdote José Cardiel sobre sistemas de gestión para las reducciones indianas. Muestra que Manuel Belgrano recibió en la Universidad de Salamanca, un par de siglos después, las mismas teorías económicas de Francisco de Vitoria, al estudiar El Compendio Moral Salmaticense. Mariano Moreno tuvo acceso a las ideas escolásticas por intermedio de su profesor, el fraile franciscano Cayetano Rodríguez en la Universidad de Chuquisaca, y del canónigo Matías Terrazas. Juan Hipólito Vieytes tenía una biblioteca con obras de economistas que fueron influenciados por los escolásticos.
El doctor Oreste Popescu inició por 1980 su Seminario de Historia del pensamiento económico en el último año de la licenciatura en Economía en la UCA, a la que asistía Alejandro Chafuen, detallando que empezarían el estudio con los pensadores griegos, luego los romanos, San Agustín, Santo Tomás de Aquino, los escolásticos, Turgot, Cantillón y si quedaba tiempo, verían a Adam Smith. Entonces saltó de su asiento el joven Chafuen, diciendo: “¡Pero si la economía se inició con Adam Smith!”. Por toda respuesta Popescu lo mandó estudiar los escritos de los primeros religiosos españoles que vinieron a América, donde pedían libertad para comerciar.

El autor es economista y docente universitario.

1. Schumpeter J.A. Historia del Análisis económico. Ediciones Ariel. 1971.pag. 116.
2. Chafuen A.A. Raíces de la economía de mercado en la Escolástica católica. Ediciones Cooperativas. 2017, pag. 294.
3. Chafuen A.A. Ibíd., pag. 184
4. Chafuen A.A. Ibíd., pag. 107
5. Chafuen A.A. Ibíd., pag. 282

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2 Readers Commented

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  1. lucas varela on 11 septiembre, 2017

    Estimados lectores,
    Con la experiencia surge el conocimiento empírico, que no es “escolástica”. Las especulaciones filosóficas medievales son conocimientos puros, libre de experiencias; son ¡la idea!, ¡el ideal!, ¡la pureza!.
    Lo puro, lo es por oposición a lo impuro:que es la realidad de las cosas. La escolástica es un mundo conceptual puro, que se desarrolló dentro de mentes medievales. Esta pureza conceptual está muy relacionada con las diferenciaciones y la especialización, que pueden ser eficaces reducidores de conciencias.
    Los economistas, tomemos por caso, si consideran un hecho histórico, deben adiestrarse en separar del pedazo de realidad todo aquello que no pertenezca a la materia que técnicamente estudia. Así, un economista puro no podrá ser influenciado por temas de religión en la administración de recursos escasos. Tanta limpieza, o pureza, suele transformar a un puro economista en un bárbaro puro, o puro técnico de la economía. Y se sabe que un puro bárbaro es inferior a un salvaje. Porque un salvaje convive con otros salvajes con las mismas capacidades y habilidades.
    La historia cuenta que la barbarie de la Edad Media se derritió parcialmente en la aurora del Renacimiento, re-apareciendo el hombre completo, el hombre libre, la personalidad, que es lo menos puro que hay.
    No es la idea, sino el espíritu lo que cultivan los hombres libres.

  2. horacio bottino on 12 septiembre, 2017

    el mercado sin leyes es salvaje,san juan pablo II en centesimus annus dice que es más adecuado hablar de economía libre o de empresa el mercado de por si no resuelve nada,los hombres que actúan en el lo definen moralmente justo o injusto al mercado

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