Cataluña, Kurdistán y ¿Malvinas?

A propósito de las situaciones planteadas en Cataluña y el Kurdistán, el geopolitólogo estadounidense Joseph Nye repasa una serie de otras situaciones contemporáneas e históricas en las que el principio de autodeterminación ha sido invocado. En la lista aparecen los Sudetes, la India, Kenya, Somalía, Etiopía, Kosovo, Georgia, Crimea, Irlanda del Norte y Bosnia Herzegovina.
Nye se pregunta entonces por el alcance del sujeto “auto” en la determinación de la voluntad popular. El voto, afirma, no siempre es la solución. La elección del lugar y del momento de la votación suele ser problemática. Por otra parte, está la cuestión de los intereses de los que quedan atrás, de la comunidad de la que los separatistas procuran independizarse.
Por todo ello, Nye concluye que la autodeterminación está lejos de ser un principio moral absoluto. A la luz de la experiencia histórica, estima que mirando hacia el futuro lo mejor que puede esperarse es que en cada caso se pregunte qué se determina y quién lo determina; y en los casos de cohabitaciones complicadas, se busque un cierto grado de autonomía en la determinación de los asuntos internos.
Los principios que enuncia Nye son dignos de ser tenidos en cuenta a la hora de dar cumplimiento con las recomendaciones de las Naciones Unidas para resolver la disputa de soberanía sobre las Islas Malvinas y archipiélagos adyacentes. La posición sostenida por la Argentina es coherente con los enunciados de Nye. Sólo bastaría que el Reino Unido se avenga a retomar las negociaciones que existían y que el régimen militar reemplazó por un injustificado acto de fuerza.

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  1. lucas varela on 4 octubre, 2017

    Conociendo el pensamiento rectilíneo del señor ex- embajador Espeche, infiero que está definiendo su opinión a favor de los que gobiernan, y en contra de los que votan.
    No puede ser de otra manera.
    Me quiero referir el tema Cataluña en específico, y es inevitable decir que lo que faltaba para armar la escena, es un rey ahora autoritario.
    Según la actual versión española, un monarca es un hombre de buena voluntad, que sin ser nadie, es mucho menos que en épocas medievales.
    Felipe VI, el rey que le toca a los españoles hoy, vive una realidad que se ve relegada. No obstante, o quizás por ello, se enfrenta a una fracción de la sociedad española de un modo deliberadamente autoritario. Intenta advertir algo a los que están asimilados a un pueblo, y que exigen lo que creen sus derechos como seres humanos. Como resultado, la respuesta es algo de desprecio en algunos españoles, y miedo en otros. El resto, ve en Felipe VI “nobleza” que lo hace grandioso, y que a pesar de su inutilidad política sirve para vivir en libertad, democráticamente, y su existencia no es absurda.
    Evidentemente, la monarquía democrática española tiene más que una cara. El sistema de gobierno español ha comenzado a tener elementos más autoritarios. Incluyendo ahora al rey Felipe VI, y aquí radica la debilidad de la democracia española.
    Deben ser muchos los españoles demócratas que se quejan de la monarquía democrática que les toca vivir. Pero aclaremos, nos referimos a la monarquía democrática española, que no es lo mismo que decir democracia monárquica.
    Cuando la democracia sustantiva se pospone relegándola a adjetivo, da lugar a la duda, a la discreción y la buena voluntad del monarca. Surge la posibilidad de introducir algún sentido autoritario al sistema democrático español.
    Los monárquicos demócratas, ante la duda son “impuros”. Están concientes de su tontería, pero se hacen los inteligentes y acaban creyéndolo. Son monárquicos constitucionales!, irremediables. Un poco obcecados; incapaces de analizar la realidad aunque se lo propongan. Se empeñan en defender la monarquía democrática aún a costa de la democracia, con autoritarismo.
    En cuanto a los “demócratas monárquicos”, no hay mucho para decir. Son un sin sentido, una contradicción, una tontería de pureza absoluta. Son puro tonto, sin mezcla alguna.

  2. lucas varela on 5 octubre, 2017

    Las islas Malvinas.
    El señor exembajador Espeche (argentino), pone en la misma bolsa a Cataluña con las Malvinas, haciendo una mezcla imposible y bastarda. Bastarda por lo falso, por lo bajo, por lo infame; por lo alejado y particularmente característico del conflicto Malvinas.
    Esto se puede hacer, pero es necesaria mucha mala intención, y falta de respeto por tantos argentinos que dejaron su sangre en las islas Malvinas argentinas.
    El señor ex embajador Espeche es irrespetuoso e irresponsable, y quiero explicar a los estimados lectores las razones de ésta afirmación:
    Todavía somos muchos los argentinos que aún nos inquietamos por las emociones del conflicto Malvinas. Algunos de ellos, leemos para buscar algún descanso en la historia: ¡Son tantas las guerras que han dejado en blanco y negro un canto al vencido¡ Quizás leyendo, pudiera uno encontrar que el fin último de la guerra Malvinas es encontrar una verdadera nación Argentina, civil, hermana de Inglaterra y de todas.
    Ántes del conflicto Malvinas, la hermandad con Inglaterra estaba oculta por los ensueños de poder, militar y autoritario, por el lado argentino. Y también se oculta la hermandad para los ingleses, por una historia imperialista, comercialista, y bárbara, que vió al mundo como un mercado a conquistar a cañonazos.
    El conflicto Malvinas fue ¡la fatalidad!. Fueron los instintos primarios y elementales del ser humano, que buscaron una justificación. El pueblo argentino es pacífico pero, no huyó de la guerra porque no pudo sufrir la paz. Porque la paz se sufre.
    Y está el otro pueblo, el de presa, que necesita dominar mercados o hacer otros nuevos a cañonazos. Un pueblo que sufre la paz por un colonialismo bárbaro, adulterado ahora por la tecnología.
    La paz se sufre. En la paz, siempre hay alguna especie de guerra. Son las discordias, los conflictos de sendas libertades: Argentina e Inglaterra. Si se sabe sufrir la paz, pequeña será la derrota. No hay que esquivarle a la paz cuando hay que sufrirla. Ahora, habiendo sido vencidos, hay que defender la paz, y las islas Malvinas argentinas, con un rostro como el cielo sin nubes y un corazón como el mar del sur ondulando en calma.
    Somos conscientes de la derrota y sabemos que los hombres, argentinos e ingleses, que cruzaron a las islas, dejaron una idea ¿no nos dejaron ahí idea de la patria? Porque con sangre de hermanos hay patria posible.
    No es la falta de victoria lo que inquieta el ánimo; el espíritu se tranquiliza con la resignación. Aunque es más que resignación, es algo más profundo que se acepta y hasta se busca como una justicia que se debe. Sabemos que todo es injusto, y la mayor mentira ha sido la victoria.
    ¡Hay que luchar hasta ganar en la derrota! Palmo a palmo, sin descanso y prolongando una agonía, para seguir luchando más aún. ¿Y si así no se va a parte alguna, errando? No importa, habrá que pagar cara la derrota, luchando. Sin misión, sin deber común, no hay patria posible.
    Las islas Malvinas son ideal de patria supranacional, universal, humana, que en la derrota se yergue como una verdadera nación frente a las demás naciones: ¡no hay colonia!.
    Creemos que las islas Malvinas son argentinas, y lo hacemos con fe. Es creencia buena, absolutamente, porque es buena para todos: ¡no hay colonia ni imperios!.
    Las islas Malvinas son argentinas, aunque existen para toda la humanidad; es idea universal y objeto de verdadera consciencia nacional: ¡no hay colonia ni imperios!.
    Es nuestra conciencia la que debe crecer frente a las demás conciencias, en contraste y en consorcio con ellas. Y la conciencia internacional le dará sentido a nuestra patria ante los demás pueblos.
    Pretendo, sueño, que todos mis compatriotas no le esquivan a la paz, cuando hay que sufrirla! Las islas Malvinas argentinas y los argentinos que se quedaron en ellas, hay que sufrirlos.

  3. Eduardo on 28 noviembre, 2017

    Con todos los respetos y cariño hacia los actuales argentinos y generaciones anteriores de argentinos que vivieron la horrenda e ilógica guerra anglo-argentinas , creo que hasta el siglo XVIII estas islas Malvinas prácticamente deshabitadas y consideradas fronterizas bajo domino español. Fue en los siglos XIX y veinte cuando estuvieron con mayor presencia en la prensa europea. En Europa también tenemos nuestras Malvina, que se llama Gibraltar* que si con el M. Moratinos se intentó solucionar con la presencia gibraltareña en el dialogo anglo-español ahora podría incorporarse la Junta Andaluza. No obstante quizás en la sociedad actual global Malvinas,Gibraltar,…eran anacronismos estériles.

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