Inmigrantes que hicieron historia

Reseña de Paisanos. Los irlandeses olvidados que cambiaron la faz de Latinoamérica, de Tim Fanning. Traducción de Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 2017, Sudamericana).

No son muchos los estudios relacionados con la presencia de los irlandeses y sus descendientes en América Latina. En los noventa circuló entre nosotros Ireland and LatinAmerica. Links and Lessons, por Peadar Kirby, breve texto que el autor del libro que comentamos no incluye en la bibliografía.
Por eso Paisanos es un texto necesario que atenúa un vacío apenas cubierto por cierta historiografía que recientemente enriquecieron DermotKeoghy Laura Izarra. La obraincluye un prólogo de Michael D. Higgins, actual Presidente de la República de Irlanda y, también, poeta, quien enfatiza: “Es vital que cuidemos el ‘vínculo inquebrantable’ entre los pueblos de Irlanda y Latinoamérica y qué mejor manera de hacerlo que explorar nuestra historia común”.
Nacido en Dublín en 1976, Tim Fanning, en quien conviven el historiador y el periodista, ha dedicado muchos años al estudio de la historia española y latinoamericana. Conoce la materia y, en su doble condición, funde sólidos saberes y una prosa atractiva cuyo interés se mantiene durante todo el relato.
Desfilan en este libro personajes que buscaron involucrarse en el período revolucionario de esta zona del mundo, sorteando esa barrera tan significativa que fue la lingüística. Entre ellos, Richard Wall que, habiéndose ganado la confianza de Fernando VI llegó a ser Ministro, posición instrumental para alentar las carreras de sus compatriotas primero en la península y luego en América. Ellos eran los paisanos del título. Así, entre otros, Fanning da cuenta de la carrera de Ambrose O’Higgins, “El rey del Perú”, y padre del Libertador de Chile. El capítulo séptimo resulta especialmente interesante por la referencia a la familia O’Gorman y a sus particulares integrantes, y a las invasiones inglesas de 1806 y 1807, en las que hubo irlandeses en uno y otro bando. También se ocupa Fanning de Peter Campbell y de William Brown, fundadores de las fuerzas navales del Uruguay y de la Argentina respectivamente. Efectiva es la historia de la liberación de Chile, concentrada en Bernardo O’Higgins Recalde y John Mackenna, y las evocacionesde los Voluntarios Irlandeses de Bolívar, la Legión Irlandesa y la Británica, las que no soslayan los avatares y engaños sufridos por tantos irlandeses anónimos que lucharon por la independencia de las actuales Colombia y Venezuela. Hábilmente, el historiador enriquece el texto con sutiles alusiones a la integración de los irlandeses a la tierra que los recibía. Ese lento proceso a veces se manifiesta en la castellanización de nombres, y en curiosas asociaciones como, por ejemplo, la que originó el “batallón de irlandeses conocido como los San Patricios, que luchó para preservar la independencia Mexicana de los agresivos proyectos de los Estados Unidos”. La existencia de Eliza Lynch en el contexto de la Guerra de la Triple Alianza y sus acciones reciben un eficaz tratamiento en medio de esta galería de aventureros que buscaron en zonas remotas un sentido, un destino.
¿Qué ocurrió con estos mercenarios después de las revoluciones? Tim Fanning brinda variadas respuestas a esta inquietante pregunta.
Hacia el final de su libro señala el logro adicional que originaron estas incursiones en Latinoamérica: “Los irlandeses y las irlandesas que llegaron a Sudamérica a fines del siglo XVIII y a principios del XIX sentaron las bases para la gran migración que, desde Irlanda hacia el continente, siguió a mediados del siglo XIX. Llegados de un país empobrecido, en el que la propiedad de la tierra se concentraba en las manos de unos pocos privilegiados, los irlandeses quedaron cautivados por las planicies y los valles del continente, vastos, vacíos y fértiles”. Esta atracción fue especialmente fructífera en el proceso inmigratorio que tuvo como destino al Río de la Plata.
En las páginas últimas, el historiador da cuenta de la repatriación de los restos de John Thomond O’Brien, que había servido en las campañas del General Don José de San Martín y de Simón Bolívar; cita allí a uno de los oradores que participaron del evento, un tal Huberto Ennis quien, en la Recoleta, afirmó: “Los que somos de raza celta nos complacemos en pensar que (O’Brien) pudo poner todas sus energías al servicio de la causa americana, sin olvidar las viejas tradiciones de la patria nativa”. Fanning agrega: “Según Ennis, el interés de O’Brien en la emancipación católica de sus compatriotas y los planes para promover la inmigración irlandesa a su tierra adoptiva demostraron que él pertenecía al ‘imperio espiritual de los hijos exiliados de la Isla Esmeralda’”.
Todo pueblo tiene una misión. El texto de Tim Fanning desnuda, convincentemente, que la de Irlanda está fuertemente unida al concepto y al ejercicio de la irrenunciable libertad.

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