Abuso sexual infantil: un drama oculto

Cada 19 de noviembre se conmemora el Día internacional para la Prevención del abuso sexual infantil, un flagelo que no tiene fronteras. Una de cada cinco niñas sufre algún tipo de abuso sexual y también uno de cada trece niños, según datos de la Organización Mundial de la Salud. La única manera de empezar a combatir estos delitos es no callar.

En todo abuso sexual contra niños, niñas y adolescentes hay un adulto perverso que quiere ejercer poder, y su víctima no tiene defensas para evitarlo. En el 95% de los casos el abusador es un varón y en el 62%, el vínculo es intrafamiliar. El ataque tiene muchos matices; puede implicar caricias intensas y profundas antes de llegar a la violación.
Una de las mayores dificultades estriba en detectar al abusador antes de que cometa el delito, ya que suele tener un perfil muy agradable y de apariencia normal. Si la víctima logra vencer el miedo y habla, no siempre hay un adulto dispuesto a denunciar a su marido, al padre o a un vecino: el código de silencio es difícil de romper. Por eso los docentes tienen también un papel fundamental en la detección. Pero si la sociedad en su conjunto no abre los ojos para cuestionar la cultura patriarcal y adultocéntrica que esconde estos abusos, los niños seguirán desamparados.
¿Cuáles son las primeras señales? Una niña o niño que duerme mal sin explicación, tiene cambios repentinos de humor o dice reiteradamente que un familiar lo “molesta”. Otros indicios son sangrados, súbito malestar, insomnio y hasta ideas suicidas. También si le cuesta hacer pis, si está triste o desganado. Ante la duda, la peor decisión es el silencio.

CAMPAÑA NACIONAL CONTRA LOS ABUSOS
El Programa “Las Víctimas contra las Violencias”, bajo la dirección de Eva Giberti (psicóloga, psicoanalista, asistente social y docente universitaria; Doctora Honoris Causa por las universidades de Rosario y Entre Ríos), depende de la Subsecretaría de Acceso a la Justicia. En noviembre de 2016, en alianza estratégica con UNICEF, lanzó la Campaña nacional “Hablemos del abuso sexual infantil”, que incluye spots de concientización en radio y televisión y que se está emitiendo nuevamente en estas semanas, a un año de su lanzamiento. También se implementó una línea gratuita (0800-222-1717) con atención las 24 horas de los 365 días del año. Allí los especialistas brindan contención y asesoramiento para poder luego iniciar una acción judicial de acuerdo a los organismos disponibles en la provincia desde donde se recibe la llamada. También cuenta con un equipo de seguimiento (integrado por trabajadores sociales y psicológicos especialistas en violencia familiar y sexual, que en su mayoría son mujeres) para los casos en los que el abuso se concretó, quienes se contactan con la víctima o su responsable para conocer si se pudo actuar en función de la orientación brindada. La denuncia tiene un rol terapéutico: los chicos advierten que hay alguien que vela por su seguridad.

ENTREVISTA: “Las cifras son escalofriantes”
María Fernanda Rodríguez, Subsecretaria de Acceso a la Justicia del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, detalla los aspectos sustanciales de las políticas que se están implementando para combatir el abuso sexual infantil.

¿Cómo nace la campaña nacional “Hablemos de abuso sexual infantil”?
Recibimos un pedido muy fuerte de la comunidad de padres de chicos víctimas de abuso sexual infantil reclamando la necesidad de visualizar el tema. Armamos una mesa interministerial (Salud, Educación, Desarrollo Social y Justicia) para avanzar con una respuesta adecuada y lograr que el tema ingrese en la agenda pública. Por tratarse de una cuestión tan dolorosa e intolerable, como sociedad preferimos pensar que no ocurre o que se da en una medida muy menor a la real.
¿Qué indicadores la sorprendieron?
Mantuve reuniones con los poderes judiciales de las provincias e hice visitas a los sistemas de salud, y las cifras son muy, muy altas. La judicialización de estos casos implica el 80% de los dictámenes que firma el procurador general en una provincia, por ejemplo,y allí la mayor cantidad de presos están vinculados a este tipo de delitos. En un hospital que visité, sólo en un año se habían registrado 90 casos de niños abusados con lesiones físicas. Si se tratara de 90 femicidios, el gobernador se vería obligado a renunciar.
¿Por qué es un flagelo tan extendido?
Hay un porcentaje muy elevado donde la persona que cumple el rol paterno, sea cual fuere el vínculo, biológico o no, es el abusador. También es cierto que para tener contacto y espacio de intimidad con un niño hay que pertenecer al círculo de cercanía, familiar, o de amistad; también aparece el maestro o profesor abusador, porque hay un entorno que permite espacios de soledad con el niño. Generalmente el perpetrador trabaja con un esquema de seducción hacia ese niño, lo hacer sentir como“el elegido”, y la noción del niño de que algo está mal es atenuado por esta complicidad que genera el adulto, este mensaje de que comparten un secreto que no se puede contar, y la vergüenza que siente el niño.
¿Cuáles son los principales problemas de acceso a la Justicia?
Pensemos que estamos tratando con un perverso y una víctima en situación de vulnerabilidad y de imposibilidad de ejercicio de defensa. En el proceso de judicialización se da una estructura paradigmática donde lo primero que se busca es evaluar la veracidad del testimonio, es decir que se parte de la idea de que hay que demostrar que el niño no está mintiendo. Por el contrario, deberíamos trabajar con mecanismos adecuados para tomar testimonios a niños, ya que obviamente requieren de otro tipo de abordaje, con un psicólogo, con juegos. Esto denota qué pasa cuando los niños entran en el sistema judicial y lo enloquecedor que es para la madre, por ejemplo, porque se enfrenta a un sistema que pone en duda lo que pasó y ella ve todos los días en su casa lo que le hicieron a su hijo. Esa mamá siente la pesada carga de no haber podido proteger a su hijo, es decir, de no haber cumplido con su rol más esencial y, por si fuera poco, debe lidiar con un sistema que le dice que está loca. Está desencajada, por supuesto: loca de dolor.
¿Y qué pasa después?
Si bien se cometieron siempre, los delitos de violencia contra las mujeres y los abusos sexuales infantiles no ingresaban a los procesos de judicialización. Cuando comenzaron a denunciarse, el sistema judicial demostró que no había sido pensado en sus procedimientos para la conflictividad que acontece en el ámbito de lo privado. En la práctica, muchas veces un juez penal absuelve a un imputado porque los estándares para determinar la condena requieren un grado de certeza muy acabado, y esto tiene que ver con las garantías del debido proceso penal. Tiene indicios, pero falta prueba. Y después el expediente llega al juez civil, que tiene la sentencia absolutoria, y entonces revincula al niño con el padre abusador. Si interviniera un solo juez en lo civil y lo penal, se sentiría con la plena facultad de no condenar porque no llega al estándar, pero tampoco revincular, en orden al interés superior del niño.
¿Qué puede hacerse desde su área de acceso a la justicia?
Son temas de competencia ordinaria, de las provincias, por lo tanto la intervención nacional es complementaria y de ayuda a aquellas jurisdicciones que la peticionan. Sin embargo entendimos que la Campaña nacional “Hablemos del abuso sexual infantil”era necesaria para despertar la conciencia pública y fue sumamente efectiva en insistir con el concepto de la frecuencia: esto ocurre mucho más de lo que queramos pensar y las cifras son escalofriantes. Y también nos permitió conformar equipos interdisciplinarios especializados que están del otro lado de la línea telefónica nacional gratuita de orientación.
¿Cuál es la repercusión?
Pasan cosas muy sorprendentes, como llamados de adultos que fueron abusados en su infancia y no habían podido hablar del tema, ni siquiera con sus parejas o sus hijos. La víctima siente que tiene una mancha, una especie de letra escarlata. Hay algo estigmatizante al develar un hecho de esta naturaleza, hacia el propio origen o el código genético. También se reciben llamadas de adultos que tienen dudas: madres, maestras… ven indicios y señales de los niños pero no están seguros de lo que pueda estar pasando.
¿Qué balance hacen a un año de su implementación?
Desde el 19 de noviembre de 2016 al 30 de agosto de 2017, los psicólogos y trabajadores sociales atendieron 3422 llamados. De ese total, 1415 son víctimas: el 77% (1082 llamados) son niñas, niños o adolescentes y el 17% (239 casos), adultas o adultos. Muchos también llaman por dudas o pedidos de mayor información. En definitiva, desde el Programa “Las víctimas contra las violencias” que lidera Eva Giberti se modifica sustantiva y cualitativamente la posibilidad de respuesta, ya que luego de la escucha activa de los profesionales se activa el resorte provincial, generando un camino de intervención. También estamos replanteando la necesidad de que, frente a casos puntuales, donde hay una deficiencia en determinada jurisdicción, podamos remitir el equipo para asistir en el abordaje. Por otro lado, también en el sistema de salud hay que trabajar en la detección temprana, con departamentos de salud mental y profesionales preparados para tratar este tipo de víctimas y a toda la familia.
¿Y qué más puede hacer la Justicia?
Acabamos de presentar un proyecto de ley modelo procesal, que unifica las competencias civil y penal, con la conformación de un equipo judicial especializado en violencia intrafamiliar y sexual. Se trata de un modelo de atención integral que le permite al juez tomar medidas cautelares muy inmediatas, y que tiene a su vez una oficina de control de la ejecución de las sentencias. El abuso sexual infantil fue uno de los detonantes para que trajéramos un artículo del código penal por materia. Esta ley modelo, en la que participaron los ministerios públicos, los poderes judicial y ejecutivo nacionales y provinciales y la academia, está disponible en la plataforma Justicia 2020. Y ya comenzamos a reunirnos con miembros de distintas ONG y de la sociedad civil en general para poder responder a sus inquietudes.

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