Acertada recreación

Comentario a la película Yo soy así, Tita de Buenos Aires. Dirección: Teresa Costantini (Argentina, 2017).

Gran protagonista del espectáculo argentino, la vida de Tita Merello es como un cuento de hadas porteño cincelado por el drama: nacida en la indigencia, abusada sexualmente y joven corista en cabarets de mala muerte, el patito feo se convirtió en cisne de la mano del tango y de una personalidad tan rotunda y arrolladora que aún hoy se la recuerda.
Heroína trágica con una historia de amor trunca, Tita quizás no fue la mejor cantante de su generación ni tampoco la mejor actriz, incluso no tuvo una cara bonita. Pero su personalidad la erigió en mito popular. De tal manera, una película sobre los contornos de su vida era esperable. Un gran documental (Merello x Carreras, de Victoria Carreras), reconstruye de manera íntima sus últimos años y una película de ficción como Yo soy así, Tita de Buenos Aires se detiene en la construcción inicial del mito.
Teresa Costantini aceptó el desafío de dirigir un cine de recreación histórica (amargamente abandonado por el cine argentino en aras de películas de dos chicos en una playa), tomando como eje una figura de notable arraigo y recuerdo. Tita de Buenos Aires hubiese podido ser un gran fracaso, y sin embargo no lo es: entretiene al espectador en todas las aristas que desea fisgonear merced a una cuidada reconstrucción histórica, a un guión que marca muy bien el tempo del relato y a una presencia fundamental, e insospechada, de Mercedes Funes como una Tita Merello que es una aproximación con todos sus perfiles pero sin caer en una caricatura fácil y, por el contrario, consiguiendo con su gestualidad una cercanía personal. Otros personajes son más discutibles en su evolución dramática como Luis Sandrini, Discépolo e incluso Perón y Evita, que son una gran licencia en términos de inevitable comparación de physique du rôle. Pero algo se explica bien en el final: son personajes históricos vistos a través del tamiz de la vivencia de su protagonista, aunque ese tamiz condense la historia con inevitables licencias y asimetrías. Por ejemplo, Tita es una de las censuradas post ’55 pero nada se dice de los perseguidos antes de ese año; su vida en los sets pasa fugazmente y la historia de amor en términos vivenciales de mujer abandonada.
Debe anotarse una marca distintiva del cine de Teresa Costantini: ver a los personajes a partir de grandes momentos que los condicionan en su devenir, y no tanto en su construcción dramática interna. Yo soy así, Tita de Buenos Aires entrelaza, con acierto y talento, la vida de penurias y el éxito profesional descubriendo a la mujer detrás del mito.

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