90 años de los Premios Oscar

Cuando el lector de CRITERIO tenga en sus manos las presentes páginas ya se conocerán las nominaciones a los Premios Oscar que al momento del cierre de la edición aún eran un misterio. Sí se divulgó la lista larga, de nueve precandidatos, en el rubro Mejor Película Extranjera, y ya se sabe que Zama, el film de Lucrecia Martel, no podrá aspirar a la nominación. Y se conocerá cuáles cinco de una lista de nueve continuarán con el sueño dorado. Arriesgamos votos para Una Mujer Fantástica de Sebastián Lelio (Chile), The Square de Ruben Östlund (Suecia), Loveless de Andrey Zvyagintsev (Rusia), y dos más que surgirán entre In the Fade de Fatih Aki (Alemania), On Body and Soul de Ildikó Enyedi (Hungría), Foxtrot de Samuel Maoz (Israel), The Insult de Ziad Doueiri (Líbano), Félicité de Alain Gomis (Senegal) y The Wound de John Trengove (Sudáfrica). Si equivocamos el cálculo pagamos con altura el café de una apuesta mal habida.
Pero entre las incertidumbres sólo hay dos certezas: el Oscar se entregará el 9 de marzo y cumplirá 90 años. Un día antes, CRITERIO celebrará las exactas nueve décadas de la salida de su primer número en 1928, cuando Ignacio Braulio Anzoátegui (meridional poeta y amargo antisemita) inauguraba la página de cine. Anzoátegui fue un crítico de cine intuitivo y su producción no goza de la sagacidad de su contemporáneo Horacio Quiroga que, como crítico de Caras y Caretas, sabía que el cine era un arte en el que “las palabras sobran cuando el alma está asomada a sus ojos”. Dentro de la producción cultural, sin que pretendamos que los miembros de la Academia de Hollywood conozcan la existencia de CRITERIO, es muy interesante el singular caso de dos producciones de sentido nacidas casi en paralelo y que han coexistido fieles a determinados parámetros durante estas nueve décadas.
¿Cómo comenzó todo? La Academia de Cine se fundó en 1927 y la primera ceremonia oficial de premiación ocurrió el 16 de mayo de 1929 (compilando los años 1927 y 1928 y un premio especial a El cantor de jazz, por la introducción del sonido). Se sabe, no existía un Oscar con ese nombre ni tampoco el mito dorado en su derredor. La anécdota es conocida: Margaret Herrick vio la estatuilla de 34 centímetros de alto y dijo: “Se parece a mi tío Oscar”. Hasta la pasada edición –cuando un error en la entrega de sobres mostró la vulnerabilidad de Price Waterhouse & Co como no lo había hecho nunca antes desde su inicio en los premios en 1935, sumiendo al fin de fiesta en el caos, a dos películas cohabitando el escenario y a dos próceres del cine como Warren Beatty y Faye Dunaway a un paso del ridículo–, siempre se pensó en la ceremonia de los Oscar como infalible, si bien en la 46ª entrega David Niven vio emerger a un hombre que cruzó el escenario totalmente desnudo.
Pero hubo otros errores que significaron que grandes del cine no recibieran nunca un Oscar y que en muchos casos ese error fuera enmendado por reconocimientos honoríficos. Charles Chaplin, Greta Garbo, Cary Grant, James Dean, Richard Burton, Peter O’Toole, Groucho Marx y Kirk Douglas nunca obtuvieron el Premio en competición (Chaplin lo ganó pero por la banda de sonido de Candilejas). Otros, como Orson Welles (sólo recibió en toda su carrera el Premio compartido al Mejor Guión por El ciudadano), Alfred Hitchcock (fue nominado cinco veces como Mejor Director pero nunca lo obtuvo), Stanley Kubrick (13 veces nominado como Director o Guionista y sólo un Premio especial por los efectos de 2001…), y Fritz Lang, que ni siquiera fue nominado.
Otros casos fueron más felices, como el de Olivia de Havilland, que 53 años después de recibir su segundo Oscar por La Heredera, presentó el álbum familiar de las 75 entregas ante una ovación de pie que no pudo ser igualada y con la música de fondo de Lo que el viento se llevó, recordando que fue nominada como Mejor Actriz de Reparto pero no se quedó con ese galardón. De Havilland junto con Kirk Douglas son los últimos sobrevivientes de la gran época de oro de Hollywood con sendos 101 años cumplidos.
El capítulo argentino lo inaugura por igual Luis César Amadori: primer sudamericano en ser aceptado como miembro de la Academia y, asimismo, al acercar a Dios se lo pague (su realización que estelarizaron Zully Moreno y Arturo de Córdova) a un reconocimiento de la Academia cuando aún no existía el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Quien sí estuve cerca de ese premio fue Sergio Renán por La Tregua, que en 1975 perdió ante Amarcord. “Cuando, en un almuerzo de la Asociación de Directores, me encontré sentado al lado de Frank Capra, William Wyler, Billy Wilder y King Vidor, no terminaba de vivirlo como una realidad. En cierto momento, pensé: ‘Alguien se va a avivar y me van a rajar’. De ese almuerzo, como un pibe, me quedé con todas las tarjetitas que indicaban los nombres y aún las conservo. Lo increíble fue que todos se presentaban como si no los conociéramos y contaban qué películas habían hecho. Cuando me tocó presentarme, muerto de vergüenza, me puse de pie y dije que era mi ópera prima. Todos se rieron pensando que estaba haciendo un chiste. En el hotel estaba contiguo a las habitaciones de John Wayne e Ingrid Bergman”, recordaba el inolvidable director sobre su paso por Hollywood al autor de estas líneas en una entrevista publicada en el diario La Nación. La Argentina repetiría chances con Camila de María Luisa Bemberg en 1985; ganaría el Oscar por La historia oficial de Luis Puenzo en 1986; en 1999 y 2002 obtenía las nominaciones a Tango, no me dejes nunca, dirigida por Carlos Saura, y El hijo de la novia, de Juan José Campanella, que alzaría el segundo premio para nuestro país por El secreto de sus ojos en 2002. En 2010 Damián Szifron acercó por última vez al podio a la Argentina con la singular Relatos Salvajes. En 1992 Un lugar en el mundo fue presentada por Uruguay y consiguió la nominación, pero fue descalificada por la Academia al no demostrarse la coproducción rioplatense. A nivel individual Luis Bacalov, Gustavo Santaolalla, Eugenio Zanetti, Armando Bo y Nicolás Giacobone obtuvieron sus estatuillas en películas de diferentes latitudes.
Empero, quizás algo amalgame los nonagenarios aniversarios. En algún sentido los Oscar y CRITERIO han sido marcas fronterizas. Allí donde el cine como industria buscaba jerarquizar su arte, y donde una revista señera del panorama católico intentaba confluencias con aquellos que, precisamente, se acercaban a su labor mediante la divulgación de las artes, y de una tan particular y memoria del siglo, como es el cine.

Comments

comments

No hay comentarios.

¿ QUIERE DEJAR UN COMENTARIO ?