Sacrificios y disciplinas de elite

La agitación pública del año pasado sobre el Monasterio Carmelita de Nogoyá motivó al autor a poner de relieve algo acallado y desvalorizado en el mundo actual: la estrategia para el crecimiento espiritual.

En los primeros siglos de nuestra era el cristianismo se propagaba al mundo con una doctrina nueva, de amor y contracultura, y entonces nacieron dos procesos esenciales : la búsqueda de un cuerpo eclesial y la de un alma espiritual, más allá de las vivencias personales.
La adopción de la religión naciente como oficial en el Imperio Romano plantó en la Iglesia un sesgo “político” que ya nunca la abandonaría. En paralelo, la salida al desierto de miles de jóvenes para buscar la conexión directa con Dios, en ermitas y monasterios, en cenobios y comunidades, encendió una llama de oración subterránea en condiciones de despojo e inocencia que aún arde a lo ancho y largo de la tierra, en íntimo diálogo con la institución eclesial.
El creciente cuestionamiento de las conductas cristianas a partir de un criterio de bienestar pone con frecuencia en el banquillo de los acusados a la Iglesia. La búsqueda de Dios a través de estrategias de obediencia, pobreza y castidad es inconcebible en el marco de la convención de fines y medios para la felicidad que instaura un sistema “falaz y descreído” (la feliz frase de Leandro Alem para caracterizar al régimen dominante en la Argentina de su tiempo).
Este Sistema, signado por la prepotencia de Estados y corporaciones, por la búsqueda incesante de la subyugación del individuo por medio de estrategias de consumo y vigilancia, incluye no obstante en sus “estatutos aprobados” formas y mecanismos muy semejantes a los criticados en el caso de la vida religiosa. Los encontramos en los cuerpos especializados de élite relacionados con el entrenamiento militar y el deporte de alta competencia, en los instrumentos de la medicina, en los deportes extremos y en la más subalterna cultura urbana de cosmética y mensaje.
Deportistas de elite. Es un dato el aumento del rendimiento de los deportistas. La clave se halla en el entrenamiento intensivo desde la más tierna edad, así como en los programas extenuantes de capacitación física y competición en circuitos internacionales. Los record mundiales y olímpicos caen sin cesar, y proliferan campeonatos y competencias de alta gama.
No sería muy difícil imaginar una demanda de uno de estos atletas a sus padres y entrenadores. Las causas: privación de la libertad, abuso, violencia física y psicológica. Sólo haría falta un buen fracaso y un abogado imaginativo.
Escuelas de comandos. Otro tanto ocurre con las formaciones de acción armada, los SWAT y GEOF, los SEALS de la vida, los buzos tácticos, los cuerpos de comandos y paracaidistas. Son grupos que están destinados a actuar en situaciones en las que es impensable una respuesta del ciudadano medio y aun de las fuerzas de seguridad. Las penurias de su entrenamiento son condición de su efectividad.
Renegación del cuerpo. La cultura de elaborar y exigir ideales corporales, asociada con un patrón arbitrario de belleza y eficiencia, lleva a multitudes a asumir la tortura de intervenciones, siempre dolorosas y hasta con riesgo para la vida, con tal de alinearse con los ideales impuestos. Este debate, que desde el discurso de Platón (Gorgias) enfrenta a la medicina y la gimnasia con la cosmética (y por ende, la verdad con la demagogia y la retórica), habla a las claras del ideal que anima a nuestro tiempo.
Desfiguraciones. Queda otro grupo de prácticas físicas toleradas y hasta promovidas por la cultura oficial: toda la gama de tatuajes, piercing y cutting. Acá cabe lo que podríamos llamar “fetichismo” del cuerpo, en tanto se lo utilizaría para enviar mensajes y proclamar una supuesta “originalidad” e “independencia”. Los riesgos de dolor, contagio de enfermedades, infecciones, etc. son indiscutibles.
Aventuras. Escalar las altas cumbres en una atmósfera enrarecida, cruzar los anchos mares en forma solitaria o grupal, llegar a los “polos”… pero también descubrir la droga milagrosa inyectándosela, convivir con el peligro de contagios para hallar un nuevo modo de curar, exponerse a las radiaciones, las contaminaciones, los venenos, las extenuaciones, las drogas psicoactivas para lograr un fin material o para descubrir los límites del cuerpo o la conciencia.
Tratamientos médicos. La curación de enfermedades se encara a veces por métodos muy cruentos (cirugía, aplicación de drogas poderosas) que se viabilizan en muchos casos por el uso de medios cada vez más sofisticados de anestesia y compensación. Todo por vivir unos años más, a como dé lugar.

Atletas del Espíritu Santo
Queda claro que en todos los casos mencionados se trata de procedimientos para alcanzar un fin utilitario (militar, deportivo, social) a través de una disciplina rigurosa y dolorosa, que está, diría Freud, “más allá del principio del placer”.
El cristianismo, por su parte, se funda en un sacrificio ejemplar: el Hijo de Dios, haciéndose hombre, sacrificando su vida, muriendo en la Cruz para la redención de la humanidad. Ese camino está ofrecido a todos los que quieran seguirlo libremente: “Carga tu Cruz y sígueme”.
Este seguimiento nos obliga a reflexionar sobre la guerra interna y la guerra externa del hombre. ¿Será lo “utilitario”, lo “políticamente necesario”, más trascendente que el combate interior? ¿No son formas en última instancia hermanas para enfocar de modo completo el drama de la vida del ser humano en la tierra?
Esto nos pone en el terreno de la “buena batalla”. Esto, y no otra cosa, pretende la rica tradición monástica desde esos hombres del primer Desierto, pasando por San Benito, hasta todas las experiencias en que ha florecido la vida consagrada religiosa y laica. El martirio (testimonio) es el fin más deseable, porque es el sello de haber ganado la carrera.
En esta discusión se plantea el tema del fin y los medios. Las ofertas que el hombre recibe para ganar la “Eutopía” (la “buena vida”) se alinean en dos familias: las mundanas, y las religiosas (divinas). La vida religiosa es búsqueda de comunión, de Dios, es fruto de una doctrina asentada en la Palabra Revelada (Testamentos) y en la Tradición. Las propuestas del mundo se basan en el triunfo del capitalismo y la globalización de un Sistema de control y consumo y el olvido de Dios. Estas son las opciones, no hay una tercera.
Entre el ejemplo de Cristo y los modos del mundo se sitúa el debate crucial de lo que se compra con el cuerpo y la sangre. La transacción de Cristo es definitiva, y apunta a la libertad. Las ofertas mundanas son transitorias, y apuntan a la inmediatez y a la conveniencia.
Siendo Dios el Señor de la Historia, debemos pensar que todo lo que nos toca vivir, tanto en filosofías como en actos, es “necesario”, y se ordena a un fin trascendente, inexplicable en sí tanto como en los eventos que acarrea su construcción. Pero está claro que una sociedad que comienza por negar a Dios mal puede comprender sus modos y sugerencias.
Tomemos por analogía un tema particular, el del ayuno. Esta privación, compartida por las doctrinas tradicionales, es inentendible en la “opinión pública” como medio para mitigar las demandas del cuerpo y atender mejor a las de Dios. En cambio, el ayuno estético (para amoldarse a un modelo social) o terapéutico son aceptados pacíficamente, ya que calzan con ideales propalados por los medios. Si ayuno porque la tradición me lo aconseja, para estar cerca de Dios, soy un retrógrado y un potencial terrorista social. Si lo hago para mejorar mi estética o mi salud soy un “poster boy” de la nueva era.

Buscando los límites
La formación monástica y religiosa en general persigue el descubrimiento y tránsito de caminos a la trascendencia que contradicen los modos aparentemente “naturales” del ser humano. Esta palabra, “natural», es problemática, porque todo lo es en algún grado (el hombre no puede hacer cosas imposibles) y no lo es en otro (todo está teñido por procesos en los que el hombre interviene y gravita).
En esto el camino espiritual es comparable a los deportes extremos, y así está expresado en el legado apostólico. También es pariente, aunque más protegido, de las tensiones de vidas que se inmolan para plasmar un gesto artístico o deportivo. No es casual la tragedia de las muertes juveniles de las estrellas culturales: Joplin, Hendrix, Brian Jones, Morrison, River Phoenix, Beluschi, James Dean. ¿Qué hubiera pasado si hubiesen muerto en un monasterio?
En la vida consagrada, más allá de las particularidades, priman los votos tradicionales de obediencia, pobreza y castidad: una propuesta que es sentida como antinatural y hasta aberrante por el sistema de ideas dominantes, con su materialismo y sus psicologismos a la mode.
Tampoco es en esto innovador el Sistema. Los místicos han sido vistos con desconfianza en todos los tiempos, y sólo con una inspiración y tenacidad sobrehumanas pudieron perseverar en su camino: Santa Teresa de Jesús, San Juan de la Cruz, el Padre Pío… La mística tarde o temprano desafía al Sistema porque confronta sus valores y “racionalidades”, y porque no es posible “comprarla”, porque ya está “vendida”: es Dios el comprador.
He disfrutado la enorme riqueza de los claustros conventuales, aunque no tanto como hubiese querido. Así y todo me alcanzó para vislumbrar la presencia de Dios que irradia sobre toda la Humanidad desde ellos. La resistencia del mundo será un obstáculo más a vencer en la carrera.
El resto de la Iglesia de Cristo, los fieles “de a pie”, somos los que más debemos preocuparnos por difundir, defender y preservar esta fuente de luz.

6 Readers Commented

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  1. lucas varela on 2 enero, 2017

    Amigos,
    Para los que no saben del tema que ocupa al señor Luis Sbértoli, vale hacer una breve referencia:
    en Septiembre del 2016, se denuncian torturas y abusos en el interior del Convento de las Hermanas Carmelitas Descalzas de Nogoyá: flagelación con látigo, tortura psicológica, silicio, etc.
    Este hecho, ciertamente lamentable, se suma a otros más lamentables aún en instituciones de la Iglesia Católica Argentina. Para graficar el problema institucional que debe encarar decididamente el episcopado argentino, mencionaré en detalle solamente el último, y les pido perdón por la necesaria descripción del tema:
    En Noviembre del 2016 se denuncia abusos en el interior del Instituto Antonio Próvolo para niños sordos mudos de Mendoza (mi provincia): abusos espantosos con acceso carnal, sodomía en baños y habitaciones. Violaciones a niños sordos y mudos, probablemente ¡¡DURANTE AÑOS¡¡
    ¡Qué humillación¡ ¡Que barbarie! ¡!Que curas¡¡
    ¿Qué es todo esto? Es que la Iglesia católica argentina no tienen administradores, guías, controladores, veedores, inspectores? ¿No hay una estructura de responsabilidades?
    Es la propia Iglesia argentina a través de sus obispos que debe recurrir a la justicia ordinaria, con denuncias y con toda información útil para proteger con rapidez y contundencia a los niños desamparados. Esto no lo digo yo, sino que el propio papa Francisco ha dado instrucciones al respecto.
    No es tolerable que los escándalos surjan por consecuencia del quiebre de silencios vergonzosos, enfermizos, mezquinos, cobardes, en los que el clero se ampara.
    La Iglesia argentina debe tomar la iniciativa. El clero debe comprender que los católicos responsables se ponen a la defensiva con sólo ver una sotana. ¿Es injusto? Quizás, pero si no hay una clara y concreta actitud institucional contra éstas barbaridades, no hay derecho a la queja.

  2. Guillermo Rocca on 7 enero, 2017

    Quiero agregar como comentario el documento que transcribo a continuación porque pienso que ayuda a mejorar la comprensión del tema:
    Queridos hermanos,

    con ocasión de las noticias de nuestras hermanas de Nogoyá, me pidieron que comparta algo sobre quiénes somos y cómo vivimos las carmelitas descalzas.

    Desde la promulgación de la “Constitución apostólica sobre la vida contemplativa femenina” del Papa Francisco, la Iglesia no nos llama ya “monjas de clausura” sino “monjas contemplativas”. Este cambio de lenguaje es algo muy lindo, porque el Papa no nos identifica con los muros del edificio sino con las hermanas que allí vivimos y la misión que se nos confía.

    Somos comunidades contemplativas:

    – Vivimos del encuentro con Jesús. Por eso dedicamos mucho tiempo a la oración, al trabajo silencioso y al servicio fraterno dentro del monasterio.

    – En comunidad con las hermanas, con quienes nos apoyamos, nos alentamos, buscamos juntas lo que Dios quiere de nosotras.

    – Con una misión peculiar: estar profundamente unidas a todos ustedes, no sólo rezando por todos, sino viviendo en nuestra carne los gozos y esperanzas, las fatigas y fracasos del mundo de hoy. Somos testigos de que somos amados incondicionalmente por Dios y de que esto nos compromete.

    “Sólo el amor es el que da valor a todas las cosas” (Santa Teresa)

    “Entendamos, hijas mías, que la perfección verdadera es amor de Dios y del prójimo, y mientras con más perfección guardáremos estos dos mandamientos, seremos más perfectas. Toda nuestra Regla y Constituciones no sirven de otra cosa sino de medios para guardar esto con más perfección.”

    Como saben los que aman de veras, no hay amor que no conlleve renuncia, salida de sí, don de sí mismo. Jesús, el «Capitán del amor» como lo llamaba Teresa, es la referencia por excelencia de la primacía del amor y sus consecuencias.

    Para Teresa la vida de las hermanas se construye desde estos tres ejes fundamentales:

    – el amor, como ley primera de toda la vida y opciones;
    – la verdad como camino;
    – la libertad como dignidad de hijos.

    La verdad las hará libres para amar. Aquí concentra su propuesta a las monjas que pretendemos vivir para Dios y para los hermanos, “dándonos del todo al Todo”. Lo propone sin rigorismos, pero con radicalidad y atendiendo a los procesos de cada una. Desde estos cauces nos parece que hay que discernir la ascética teresiana.

    El Evangelio nos pone frente a opciones que no se improvisan. Buscar la paz y la justicia no se improvisa. Llegar a ser misericordiosos no se improvisa. Sabemos por experiencia cuánto nos cuesta. Y la ascesis es eso: entrenar el corazón para que pueda responder amando. Por eso es imprescindible.

    Sin duda los aspectos prácticos fueron también tratados por Teresa con sus hermanas. Son “aterrizajes” en su tiempo y su lugar que nos invitan a “aterrizar” en nuestros respectivos tiempos y lugares. Es lo que nos ayudó a hacer el Concilio Vaticano II. Formas y costumbres que respondían a la sensibilidad del siglo XVI, no dicen nada o son incomprensibles a la sensibilidad del tiempo en que vivimos. Algunas prácticas penitenciales hoy nos resultan chocantes. Pero nunca fueron instrumentos de tortura, ni fueron vividas así por quienes las usaron. Las más sabias tradiciones espirituales las consideraron con recelo por el peligro de soberbia que entrañaban y por ello estuvieron siempre sujetas al discernimiento de la obediencia. Hace años que fueron cayendo en desuso en la mayoría de las formas de vida consagrada. En el “aterrizaje” de hoy, el Papa nos pide que busquemos los medios que nos ayuden a una vida más profética y creíble.

    Las carmelitas descalzas, como hijas de Teresa, sabemos que “la verdad padece mas no perece”. Acompañamos a nuestras hermanas y estamos ciertas de que pondrán a disposición de los referentes judiciales los elementos necesarios para la investigación que se ha emprendido a raíz de las denuncias presentadas.

    Nos unimos a la oración y la preocupación manifestada por el Obispo, y a toda la Iglesia para que salga a la luz la Verdad que nos hace libres para amar.

    En el amor del que nos amó primero,

    Hna. María Mónica de Jesús ocd
    Asociación Nuestra Señora de Luján
    Carmelitas Descalzas
    3 de septiembre de 2016

  3. lucas varela on 11 enero, 2017

    Amigos,
    La religión es una institución social en la que estamos todos los creyentes: de un lado y del otro del muro. La “clausura” es un imposible. Ya ven que la Hermana María Mónica de Jesús dice que la misión de las Carmelitas es: “estar profundamente unidas a los del otro lado del muro, rezando por ellos…”.
    Y como toda institución social, se apoya en autoridad y en evidencias, internas y externas. Y se apoyan en la fe, aunque tal fe no sea sino creencia. Las Carmelitas son “espirituales”, son las que viven el brillo de Dios, aunque brille por su ausencia. No conocen a Dios, sino el espíritu de Dios.
    Pero, es muy cuestionable crear un mundo aparte en que gozar de la contemplación fantástica y egoísta de nosotros mismos. No es bueno huir de la vida, para forjarse una “vida mejor” que sea estéril para los demás.
    Es de suponer que las Carmelitas son mujeres buenas, pacíficas, tolerantes y transigentes. Ellas son quienes, libres toda envidia y de ruindad, prestarían mejor servicio a la sociedad y a la patria. Ellas podrían darse cabal cuenta de la existencia del prójimo, de querer conocerlos de veras; salirse de sí mismas, y no vivir contemplándose el ombligo.
    No cabe verdadera generosidad en mujeres que no se dan clara cuenta de la existencia y esencia de los demás. Son mujeres que carecen de la facultad y voluntad de ponerse en el lugar del prójimo y procurar ver y sentir las cosas, siquiera temporal y metódicamente, como ellos las ven y sienten.
    Y del interior del muro ¿Qué separa más a las Carmelitas? ¿Cabe que se entiendan dos Carmelitas que se doblan en edad?
    A veinte o treinta años de distancia ¿Qué separa más, el tiempo o el espacio?
    Del tiempo y del espacio, puede decirse que las unen, separándolas. El lazo de unión de las Carmelitas es el mismo lazo de separación. Lo que junta a dos Carmelitas contra una tercera, es lo mismo que las hace reñir cuando están solas. Es el infierno conventual de enojos y discordias, es el mismo sentimiento que las une frente al mundo y en contra de él.
    Lo único que las une es la lucha; ellas también son combatientes por la vida, unidas para el combate. Como nosotros, los del otro lado del muro.

  4. lucas varela on 14 enero, 2017

    Estimado Luis Sbértoli y amigos,
    En el siglo pasado (no hace mucho) un obispo pontifica sobre el uso que debe hacerse del cuerpo, para bien del espíritu, y atenderlo como órgano del alma y al servicio de ella. Y dice: » en vista de los daños a consecuencia del mimo y excesos del cuerpo, es correcto “podar” el bienestar del cuerpo como se poda el excesivo vicio de una viña». Y se añadía: “He oído a los médicos decir que es peligrosa una robustez excesiva”.
    Ante semejantes sentencias, es imposible no sentir algún frío por la nuca. Y vale el siguiente comentario de un laico (no obispo): “así como el agua químicamente pura es impotable, también el hombre espiritualmente puro es insoportable”. Y yo agregaría que ni siquiera se soporta a sí mismo.
    Si pudiésemos acceder a la historia clínica de los grandes pensadores que ha habido, es muy probable que encontrásemos a dispépticos, artríticos, cardíacos, malaricos, varios alcohólicos, y algún cretino. Y no me olvido de los locos,…que habría varios.
    ¿Para que empeñarse en llevar una vida “higiénica”, si con eso se ahoga el espíritu, y deriva a la enfermedad?
    Cultivemos nuestras enfermedades entonces, y nuestras gracias a Dios; y así, lograremos que nuestro cuerpo sea lo que debe ser: un humano. Y seguro servidor al alma, cuya patria no es de éste mundo.

  5. Guillermo Rocca on 20 enero, 2017

    Amigo Lucas:
    Lamento que no haya comprendido el comentario que transcribí, pero lo entiendo, porque su punto de partida es limitado. La religión no es una institución social, en todo caso podría decirse que la Iglesia lo fuera; pero en su acepción más terrenal e intrascendente.
    Es una pena porque desde ese enfoque se pierde la oportunidad de enriquecerse con la lectura de los escritos de tres carmelitas extraordinarias, como lo fueron: Teresa de Ávila, Teresita de Lisieux y Edith Stein. Cada una de ellas, en su estilo y afrontando contextos históricos adversos, demostraron cabalmente que «lo imposible» era posible.

  6. lucas varela on 30 enero, 2017

    Estimado Guillermo Roca y amigos,
    Sin dudas, la lectura de Teresa de Ávila, Teresita de Lisieux y Edith Stein, pueden enriquecer mi espíritu. Pero, el tema que ahora nos ocupa, son los hechos aberrantes que ocurren intra muro de la Iglesia católica. Es un gravísimo problema institucional que pone en duda todo el contenido espiritual de la Iglesia, en su acepción “más terrenal” como Guillermo Roca dice, pero de inmensa trascendencia terrenal para la comunidad católica.
    Conscientes del daño que causa en las víctimas de tales comportamientos, debemos afrontar este gravísimo problema institucional con mucha determinación. Es necesario que la Iglesia (las Carmelitas y todos los católicos) reconozca el problema, identifique las causas, acepte con resignación sus efectos devastadores en la comunidad católica. Es vital la implementación de acciones efectivas para evitar la repetición de los hechos. Y con éste objetivo es que hago los comentarios al escrito del señor Sbértoli.

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