Tras leer Vida de Gandhi, de Romain Rolland (1922), y artículos del Mahatma, Victoria Ocampo escribió sus primeras notas en La Nación sobre la doctrina de la no-violencia, aunque con ciertos reparos. Coincidía con el poeta indio Rabindranath Tagore, Nobel de Literatura 1913, quien trataba mucho a Gandhi. En 1931, año en que Victoria crea la revista Sur, Gandhi daba una conferencia en París a la que quiso asistir para conocerlo. Tagore le dio una carta de presentación.
Victoria escribió: “La noche de la conferencia, llevaba la tarjeta de presentación de Tagore. Estaba tan anonadada de admiración y veneración, que no quise echar mano de ese privilegio. Me sentía poco merecedora de utilizarla, de acercarme a un hombre, bálsamo de nuestro siglo de tristes monstruos. Aquella renuncia a ver a Gandhi, fue el Domine, non sum dignus mayor de mi vida”.
¿Qué había ocurrido? Victoria explica que el auditorio y ella misma tenían un rechazo a ciertos aspectos de la no-violencia, por lo que hubo una avalancha de preguntas, hasta con tono burlón, con la intención de fastidiar a Gandhi. A medida que éste respondía, empezó a cambiar la atmósfera de la sala. Las respuestas eran para el público, pero le servían a Victoria, que no hizo ninguna pregunta. Sólo escuchaba y admiraba las palabras justas de Gandhi, sin imponerse, con enfoques que limaban las diferencias. Nehru y Tagore –indica Victoria– no estaban totalmente de acuerdo con Gandhi, pero había algo más importante en él que les hacía inclinarse: amor, energía espiritual, verdad. Victoria dice que el idioma más rico es insuficiente para designar lo que trasmitía Gandhi.
Tiempo después, la revista Visvabharati, fundada por Tagore, editó un número sobre Gandhi. Victoria lo leyó, lo tradujo al español y lo publicó en Sur (1975). André Malraux, Karl Jaspers, Arnold Toynbee, Jawaharlal Nehru, el mismo Tagore y otros escribieron sobre cómo enfrentar los conflictos del siglo XX, inspirados en la no-violencia. Las reflexiones contrastan con actitudes que hoy transitan caminos opuestos: Donald Trump mató recientemente con misiles al violento general iraní Qassem Soleimani; Corea del Norte anunció una acción “alucinante” contra los Estados Unidos con una nueva arma que desarrolló; Israel y Venezuela se militarizan para una guerra; Libia vive un conflicto armado que se extiende cada vez más; Bashar al-Ásad, presidente de Siria, conduce una guerra que desde 2011 mató a más de 370.000 rebeldes.
Cuando Rolland se ocupó de Gandhi, la doctrina del amor y la no-violencia parecía absurda e imposible. Hoy, frente a las muertes del odio y la sinrazón, se comprueba que el respeto a la vida es esencial y posible. Las reflexiones publicadas en Sur lo indican: “El gandhismo es el único ejemplo en el mundo de un pensamiento revolucionario que ha triunfado sin verter sangre” (Malraux). “El gran hecho único, sigue siendo que un hombre de claras ideas, que convenció a otros con el ejemplo de su vida, hizo política con algo que está por encima de toda política” (Jaspers). “Gandhi hizo imposible que los británicos continuaran dominando la India, e hizo posible que renunciáramos sin rencor ni deshonor” (Toynbee). “Gandhi y Tagore serán reconocidos con el paso del tiempo, cuando los mariscales, dictadores y políticos vociferantes estén muy muertos y en gran parte olvidados” (Nerhu). “No se trata de unir eliminando las diferencias, sino de unir con todas las diferencias. La verdadera unidad se produce cuando las diferencias naturales encuentran su armonía” (Tagore).

El autor es Director Ejecutivo de la Fundación Sales

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