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Libros: 200 años de poesía argentina
Selección y prólogo de Jorge Monteleone, Buenos Aires, Alfaguara, 2010, 970 páginas.
Se sabe: el de las antologías es un terreno propicio para la polémica. Una que ostente el nombre de 200 años de poesía argentina no podrá dejar de suscitar simpatías y diferencias entre sus lectores. Jorge Monteleone lo sabe, pero descarta las consabidas referencias a la arbitrariedad de toda selección. Prefiere definir su antología como un “acto crítico”, una verdadera intervención en el campo cultural. El bicentenario ha propiciado numerosas ediciones que revisan la historia política, social y económica de nuestra patria. Este libro quiere hacer lo mismo con la poética. Examinar estos dos siglos es proponer una lectura de la poesía argentina: construir tradiciones, trazar linajes, redefinir el canon. En cuanto a los criterios de edición, 200 años de poesía argentina busca favorecer, entendemos, una lectura hedónica. El aparato crítico está restringido al mínimo: las biografías son más bien sintéticas, el texto carece de notas y los poetas no están agrupados de acuerdo a ningún criterio regional o estético, sino ordenados por fechas de nacimiento. Se omiten datos básicos, como el origen bibliográfico y la datación de los poemas seleccionados. En esto vemos una de las apuestas más interesantes de esta edición: propiciar el contacto directo con los versos. Probablemente el lector medio encontrará nombres que no le resultarán familiares.
Esta antología no los incluye en movimientos ni busca realzar sus méritos en biografías o notas laudatorias. La propuesta es encontrarse cara a cara con el poeta, que debe conmover sin ayuda del antólogo.
El interesante prólogo de Monteleone apunta en la misma dirección. No presenta un estudio erudito sino una serie de propuestas de lectura. Diversos recorridos, recortes, comparaciones y asociaciones entre autores que son modos de leer el libro (y, por lo tanto, modos de leer la poesía argentina). Así, es posible una lectura “política”, centrada en las formas en que se han ido articulando poesía, historia y sociedad, desde el siglo XIX, marcado por la guerra de la independencia y los enfrentamientos entre unitarios y
federales, hasta los textos que intentan poner en palabras el horror de la última dictadura militar (“Cadáveres”, de Nestor Perlongher se considera, con justa razón, como “el gran poema de la época”). Otra opción consiste en detenerse en la “antología de la(s) mujer(es)”, compuesta por unas 50 autoras seleccionadas, que configuran y reconfiguran el imaginario femenino desde los distintos vínculos que establecen con la palabra, el silencio, el cuerpo, el deseo y la sexualidad.
Otro recorrido es el de los espacios, paisajes y lugares, lo que podríamos llamar con José Isaacson las “geografías líricas” de nuestra poesía: el “desierto” de Echeverría, espacio fundacional de nuestras letras; el río de Juanele Ortiz, Mastronardi y Barbieri; los diversos paisajes del interior en Castilla, Pedroni o Yupanqui; y, por supuesto, Buenos Aires, uno de los objetos privilegiados de nuestra literatura. La ciudad de los arrabales en Carriego y Borges, la de los cafés en Baldomero Fernández Moreno y Discépolo, la del puerto en Blomberg y Tuñón, y un larguísimo etcétera que no excluye el “Odio a Buenos Aires” de Kamenszain. El libro permite también trazar una “historia del yo”, recorriendo las distintas posiciones que han adoptado los sujetos líricos: intimistas, declamatorios, perseguidos, enamorados, exiliados, comprometidos, místicos, locos: el espectro es muy amplio y las variaciones pueden encontrarse incluso
dentro de un mismo autor. Por último, Monteleone propone leer las “artes poéticas” explícitas e implícitas, aquellos textos autorreflexivos o que toman a la poesía como objeto. A estos acercamientos cabría agregar el que proponen los poetas a través de sus obras, insertándose en tradiciones previas, deformándolas, rechazándolas, “creando” a sus pro- pios precursores. Pensemos en Saer y Lamborghini jugando con la poesía gauchesca, en Borges reinventando a Carriego o en Cortázar reescribiendo el tango. Desde luego, todos estos caminos no son más que sugerencias que no agotan los modos de abordar la voluminosa antología.
Unas últimas palabras con respecto a la selección de autores y textos. En el siglo XIX no encontramos demasiadas sorpresas. Al menos en cuanto a los nombres elegidos, Monteleone no se aleja de los antologuistas que lo precedieron. Los puntos fuertes de este libro están sin dudas en lo que respecta al siglo XX y lo que va del XXI. Allí no sólo se perciben algunas operaciones críticas más osadas (sorprende, por ejemplo, la ausencia prácticamente total de poemas y poetas ultraístas) sino que, junto a los autores
consagrados, aparece una importante cantidad de poetas de ya larga trayectoria pero que no tenían hasta ahora sitio en los panoramas globales de la poesía argentina. En este sentido lamentamos la deliberada exclusión de la mayoría de los protagonistas de lo que se suele llamar “poesía de los noventa”.
Si bien Monteleone justifica su ausencia señalando que existen suficientes antologías dedicadas con exclusividad a estos autores, la inclusión hubiera permitido reflexionar acerca de su lugar en nuestra literatura desde una visión de conjunto. Más allá de las afinidades y rechazos que provoque esta selección, la publicación nos parece un gesto oportuno. Su aparición propone una lectura de nuestro canon, abriendo un necesario espacio de discusión y reflexión acerca de los modos en que la poesía ha contribuido a constituir nuestro imaginario nacional. Además, como ha señalado Harold Bloom, los poetas no crean desde la nada sino desde “lecturas desviadas” de los grandes autores que los precedieron. Quizás la relectura del pasado que propone este libro contribuya a suscitar la creatividad de los poetas del futuro.
Idas y vueltas de la escuela media
Con el inicio del ciclo lectivo 2009 regresaron los paros docentes y, con ellos, la incertidumbre de cuántos días de clase tendrán los niños y jóvenes. Si se tiene en cuenta que en 2007 se dictaron sólo 100 de los 180 días de clase previstos y el año pasado la cifra creció hasta aproximadamente 125 (gracias a que algunas jurisdicciones recuperaron los días perdidos), puede arriesgarse una lectura algo más optimista para 2009. Este dato no es en sí mismo un indicador de calidad, pero marca una tendencia en cuanto a las posibilidades concretas de que aumente el nivel de aprendizaje. Y si bien la escuela no es una guardería, es evidente que muchos padres han decidido enviar a sus hijos a escuelas privadas porque no tienen quién los cuide durante los demasiados días de paros docentes en los últimos años.
Desde sus cimientos el sistema educativo argentino tiende a integrar y a dar igualdad de oportunidades a sus alumnos, procurando favorecer el acceso de todos a la escuela básica y, desde este año, también a la escuela media. La matrícula del nivel secundario sin dudas se incrementa con la obligatoriedad (el ministro Juan Carlos Tedesco afirma: Hasta ahora el nivel medio era selectivo y resultaba más o menos normal tener cinco divisiones de primer año y sólo una del último), aunque cabe preguntarse si el Estado puede ofrecer garantías de permanencia y de igualdad de oportunidades reales. Tales cuestiones se constatan al analizar los datos relevados por organizaciones preocupadas por la educación en el país y en
Enfoquémonos ahora en nuestro país y sus jóvenes. El 8,2 por ciento de los adolescentes argentinos de
Otro de los aspectos fundamentales tiene que ver con la evaluación de la calidad educativa, cuyos resultados tampoco son alentadores. Según una valoración realizada en 2006 por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de
Si dejáramos de lado por un momento las causas económicas y culturales que pueden explicar las diferencias de los aprendizajes entre alumnos europeos, latinoamericanos y argentinos, se podría rastrear más claramente qué sucede en el nivel pedagógico, factor particularmente relevante en el deterioro de la educación argentina.
Aumento en la cantidad de días de clase, consistencia en el diseño curricular y mayores exigencias académicas se constituyen como claves de una deseada mejoría. Si queremos adelantar posiciones en el ranking latinoamericano e internacional han de ser tenidas muy en cuenta, en el marco de las condiciones económicas y de las tradiciones de política educativa y cultural.
Si bien 2009 es el año de la puesta en marcha de la reforma a partir de
El modelo de escuela secundaria tradicional, con prácticas estables y una disciplina clara, comienza a convivir con un nuevo modelo social, desconocido, que suele percibirse como invasivo y ante el cual no se delinea una respuesta única. La presencia de lo social en el aula trae aparejada la necesidad de reconocer lo diverso, de tomar conciencia de las desigualdades sociales, de apreciar positivamente la diversidad cultural y la pluri-identidad característica de las culturas juveniles, además de los diversos lenguajes y artefactos tecnológicos que invaden el aula y replican allí el mundo exterior.
Muchos docentes perciben este paisaje como expresión de su fracaso en el modo de enseñar. Sin embargo este rico escenario educativo, esta nueva escuela, de hecho asume el rol de agente social: interdependencia entre las personas que quiere formar, promoción de procesos y experiencias educativas, y construcción de otra sociedad por medio de
Es necesario generar procesos de reflexión y de toma de decisiones que permitan articular la escuela secundaria y la educación superior (universidad y formación profesional superior), abrir el debate sobre los modelos productivos y su articulación con el secundario, fortalecer la escuela primaria y todo el sistema educativo con una verdadera y renovada educación para la ciudadanía y en valores. Este último aspecto, además, posibilitaría a las nuevas generaciones internalizar pautas sociales, éticas e institucionales para revertir a futuro las reglas de convivencia, potenciando el compromiso con una sociedad democrática que actualmente está perdiendo su cohesión.
Los datos estadísticos de demasiadas aulas del país son signos de que todavía queda mucho por hacer, a pesar de los esfuerzos realizados y del aumento del presupuesto nacional. Si bien se está cumpliendo
En este tiempo de debate todos los actores sociales tienen una palabra ante la degradación de la educación argentina y ante la percepción de que se está hipotecando el futuro de las nuevas generaciones. Es urgente comprometerse con la educación como principal motor de cambio y desarrollo en un país que quiere que la equidad y la calidad sean realidades para todos sus ciudadanos.
La dirigencia política en la picota
Dentro de un universo cerrado, cuyos héroes quedan periódicamente desenmascarados y considerados traidores, y cuya política sigue una línea zigzagueante de cambios de frente, todo depende de que uno se muestre fiel a una determinada persona y apoye una orientación política determinada, exactamente en el momento oportuno. El destino de los políticos de
Arthur Koestler: Autobiografía (1953)
La política argentina evoca con frecuencia la metáfora del trapecio, que sugiere un sistema de cedazos a través de los cuales deben pasar los políticos o burócratas aspirantes a alcanzar el poder y conservarlo. Los entramados pueden ser distintos. Para Koestler en Inglaterra una condición fundamental es la confianza en el político. En los Estados Unidos, alguna cualidad popular que hable a la imaginación de las masas. En los países latinos se requiere don oratorio y frecuente histrionismo (sic). En el mundo comunista, las cualidades del trapecista en el momento decisivo.
Al examinar el derrotero del comunismo soviético, la notable historiadora ruso-francesa Hélène Carrère dEncausse comprobó que en los años finales del régimen cuya caída fue pionera en anunciar nadie sabía quién era verdaderamente comunista, pero si se quería disputar el poder había que hacerlo invocando la fidelidad comunista.
Sin que la tentación de la analogía aliente la pereza del pensamiento, cabe observar que los fenómenos de larga duración contienen tiempos de agonía en los que algunos actores invocan fidelidades en nuestro caso, el peronismo que luego emplean como instrumentos de dominación.
El escenario mundial vive una crisis en expansión. Los fracasos del ex presidente G.W. Bush han sido descriptos con elocuencia. Una Norteamérica manifiestamente imperial, unilateralista y soberbia desarrolló un poder, sobre todo militar, con recursos que superan la suma de todos los presupuestos militares nacionales. Esta primacía permanece, aunque al costo de un poder desnudo de autoridad. El auctor, decían los clásicos, era tal cuando se convertía en factor de certidumbre, en garantía de amistad social y en buen explorador del tiempo en que le toca vivir. ¿Es preciso alertar analogías con el proceso político de
Los mejores escrutadores del proceso político y económico norteamericano no se engañaron. Stanley Hoffmann, fundador del Centro de Estudios Europeos de
Aun antes de la irrupción de Barak Obama, el escenario nacional e internacional había cambiado fundamentalmente. Como Hoffmann señaló con penetración y coraje intelectual, las criticas más duras contra los objetivos imperiales estadounidenses se dirigieron contra Bush después de 2001: el nuevo unilateralismo y la negativa estadounidense a aceptar
Este cuadro, y otros trazos que podrían incorporarse, exhiben la obvia relación entre política interior y política exterior. También entre nosotros en términos de política interior las falencias han sido frecuentemente señaladas. Por polémico que sea el examen de la política, creemos que hay coincidencias explícitas entre intelectuales independientes y analistas no sometidos a la disciplina del poder de turno, respecto de la baja calidad de la mayor parte de nuestra dirigencia, debido en primer lugar a nuestra pobre cultura política, aunque en otras dimensiones del pensamiento, del arte y de la ciencia existan casos ejemplares procedentes de los diferentes sectores sociales.
Una trivial lectura de la historia, una interpretación de la sociedad y del funcionamiento de las instituciones propia de un Estado anómico, así como la carencia de una ética pública gravemente herida por conductas corruptas, merecen el recuerdo de una afirmación clásica de Aristóteles: Quien rehúsa reconocer lo que es manifiesto, o miente, o manipula la ley, desprecia a quienes se dirige, porque sólo delante de aquellos a quienes despreciamos no expresamos vergüenza.
Como escribió Antonio Machado en sus deliciosas coplas, El ojo que ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque te ve. ¿Cómo nos ve el mundo, cuando tiene interés en vernos? En el escenario internacional nuestro desempeño ha sido reflejo de las carencias internas. Suele ser muy difícil que una personalidad mediocre se proyecte con lucidez. En 2004 un grupo de investigación coordinado por el académico Juan G.Tokatlian produjo el libro Hacia una nueva estrategia internacional. El desafío de Néstor Kichner que culmina con veinticinco propuestas para una nueva estrategia internacional de
La propuesta es en favor de una gran estrategia que suponga planeamiento con la contribución del mundo intelectual, armonización de política exterior y defensa, modernización de
Sospechas de privilegios
Durante los últimos meses de 2008, el Congreso Nacional trabajó febrilmente en pos de considerar y aprobar variados proyectos enviados por el Poder Ejecutivo. Así, la sociedad se encontró recibiendo el año 2009 con un nuevo régimen de jubilaciones y pensiones, la prórroga de la ley de emergencia económica, del impuesto a los créditos y débitos bancarios, y la derogación del esquema de pago del impuesto a las ganancias, comúnmente conocida como la tablita impulsada en 2000 por el entonces ministro Machinea.
Finalmente, el Congreso consideró y aprobó en tiempo récord un discutible programa de moratoria impositiva, suspensión de juicios penales y blanqueo de capitales. Los argumentos del oficialismo para imponer esta norma de dudosa legitimidad moral no fueron novedosos: la necesidad de dotar al gobierno de instrumentos para hacer frente a la severa crisis que afecta a la economía mundial.
La moratoria y sus normas anexas conspiran contra la ciudadanía fiscal, que resulta imprescindible para un estado de derecho. La república democrática asegura derechos e implica obligaciones. Tal entramado construye el círculo virtuoso de legitimidad que hace que los ciudadanos participen y controlen los actos de gobierno. El ciudadano que paga puntualmente sus impuestos, requerirá de sus gobernantes la correcta aplicación de tales fondos en el funcionamiento del Estado.
Esa, y no otra, es la ciudadanía fiscal a que aludimos más arriba. Resulta extremadamente dificultoso para el gobernante exigir el cumplimiento de los deberes fiscales, si pese a demandar de manera rimbombante el traje a rayas para los evasores, impulsa alegremente una legislación que no significa otra cosa que una patente de corso para quienes consideran a la república como una fuente generadora de derechos y privilegios, sin ninguna obligación.
A partir de 1990, con la promulgación de la ley penal tributaria que estableció severas penas de prisión para los que con dolo evaden sus impuestos,
Como ya hemos dicho en otras oportunidades, nuestro país tiene la extraña virtud de tornar lo que debiera ser absolutamente extraordinario en algo normal. Esta es la tercera moratoria en menos de 20 años, con dos ingredientes perturbadores: un blanqueo de capitales y la suspensión de los juicios penales en trámite.
¿Qué es lo que diferencia este programa de los anteriores? En primer lugar, el panorama económico era radicalmente distinto. La moratoria de 1992 encontraba a
Pareciera pues que luego de una grave crisis, la moratoria se justifica en que otorga alivio a los contribuyentes que no pudieron fruto de la coyuntura económica adversa, hacer frente a sus obligaciones fiscales.
Esta moratoria, en cambio, nos encuentra con antecedentes de crecimiento sistemático y a tasas importantes durante los últimos cinco años. Si la norma aprobada dispone que pueden entrar en moratoria aquellos impuestos no pagados correspondientes a ejercicios finalizados el 31 de diciembre de 2007, no se entienden las razones generales que puedan motivarla; y comienza a pensarse de manera suspicaz si esta norma de carácter general no ha sido diseñada en función de los inconvenientes de algunos pocos. Abona esta tesis la circunstancia de que aquellos contribuyentes deudores de impuestos, y por ello denunciados penalmente por el fisco, se verán beneficiados con una suspensión del juicio penal, y podrán regularizar su situación en cómodas cuotas y a una conveniente tasa de interés.
Qué decirles a aquellos contribuyentes que en ejercicio de su ciudadanía fiscal abonaron sus impuestos en tiempo y forma, para verse burlados en su buena fe, ya que el evasor encuentra ahora el ansiado jubileo. Difícil, por no decir imposible, construir sólidos fundamentos republicanos en un contexto de estas características.
Consideremos, por último, la otra pata de este programa: el blanqueo de capitales. De un tiempo a esta parte, se constata la tendencia mundial a la promulgación de leyes y tratados que reprimen severamente el lavado de dinero. Existen, además, varias agencias nacionales e internacionales de recopilación de información, que buscan perseguir y evitar los mecanismos de lavado de dinero.
A contrapelo de estas normas, con el argumento de que resulta necesario el ingreso de capitales al país a causa de la crisis mundial, el blanqueo de capitales premia a aquellas personas que por cualquier razón decidieron no declarar fondos ante el fisco argentino, evadiendo los impuestos consiguientes. Además, se abre una gigantesca ventana para que las organizaciones delictivas del mundo tengan la oportunidad de sentar sus reales en
Moratoria, suspensión de juicios penales y blanqueo de capitales: normas que poco ayudan a la construcción de la ciudadanía fiscal, alientan la cultura del privilegio, y generan la sospecha de que quienes se benefician con esas medidas participan del proceso de toma de esas decisiones.
Dar la palabra
En la década del sesenta, ese hombre notable en la vida de
Desde hace años, sin embargo, ese espíritu de diálogo, tan característico del post-Concilio, muestra síntomas de agotamiento. La visión esperanzada que animó la apertura de
Estos hechos tienen su correlato en la vida interna de
La consecuencia de este clima interno es una marcada ausencia de diálogo y de debate auténticos. Si el diálogo requiere saber dar la palabra, asistimos muchas veces al fenómeno inverso del retiro de la palabra: los obispos tienden a convertirse en propagadores de lo expuesto por el Sumo Pontífice, los laicos son consultados poco y de modo selectivo para refrendar posiciones adoptadas de antemano, se elaboran documentos sin escuchar a los directamente afectados. La seguridad del discurso único, sin embargo, tiene un altísimo costo en términos de credibilidad, respeto y relevancia pública de la enseñanza oficial, tanto fuera como dentro de
El diálogo no es una estrategia optativa, sino el camino obligado hacia la verdad, que es siempre una empresa comunitaria. La asistencia del Espíritu no exime a las autoridades eclesiásticas de las reglas de
Cuando a Jesús le presentaron al ciego Bartimeo, le preguntó: ¿Qué quieres que haga por ti?. Más allá de la respuesta, por demás obvia, la pregunta era en sí misma significativa, ya que constituía en interlocutor a aquel a quien la gente quería callar para que no molestara al Maestro. Es necesario que volvamos a recordar esta verdad evangélica que tan acertadamente expresara Ecclesiam suam: la salvación es un diálogo, y no hay diálogo si no se da la palabra.
Comentario: En justicia y solidaridad
El reciente documento de los obispos argentinos titulado Hacia un bicentenario en justicia y solidaridad, y dado a conocer al finalizar la 96º asamblea plenaria de la conferencia episcopal, busca expresarse en un tono esperanzador y constructivo en medio de la incertidumbre que nos toca vivir. En efecto, se dice que un país nuevo está por nacer, aunque reconozcan que todavía no acaba de tomar forma. Tal afirmación se sustenta más en una peculiar lectura de muchos signos, de raíz voluntarista, que en disciplinas socio-políticas, económicas o históricas. El texto dirige su atención a los 200 años del país por celebrarse (2010-2016), acaso hoy más cercano a la coyuntura de principios del siglo XIX que no a la del primer centenario, por circunstancias internas y externas.
Al tiempo que reconocen los valores de la paz y de la democracia en nuestra convivencia comunitaria, los obispos señalan con fuerza la necesidad de un proyecto de país (que identifican con las políticas de Estado: la necesidad de establecer políticas públicas), la urgencia del diálogo y de la búsqueda de consensos. Por más que aclaren que la crítica no está dirigida al gobierno nacional, la oposición política supo hacer uso de estas observaciones.
Las preocupaciones expresadas por los obispos se advierten sinceras y movidas por una real preocupación por disminuir la pobreza, superar la exclusión, incrementar la educación y la seguridad, afrontar con solidaridad las graves injusticias sociales, fortalecer los vínculos familiares y sociales. Además, el texto se apoya en la reconocida labor social de
El documento, definido en la asamblea que confirmó la presidencia del cardenal Bergoglio y la dirección de pastoral social de monseñor Casaretto (dos figuras claves del cuerpo episcopal), es demasiado extenso para ganar presencia en la opinión pública, y en su redacción refleja ciertas imperfección y ambivalencia propias de los textos colegiados.
Las propuestas, enumerados por ellos, son el respeto por la familia y por la vida; avanzar en la reconciliación y el diálogo; alentar la construcción de ciudadanía; fortalecer las instituciones republicanas, el Estado y las organizaciones sociales; mejorar la calidad de la democracia; afianzar la educación y el trabajo a fin de alcanzar un justa distribución; implementar políticas agroindustriales; promover el federalismo y la integración regional; el respeto por el medioambiente; y el desarrollo de las comunidades de los pueblos originarios.
Demasiado: los obispos lo esperan todo o casi todo, en diferentes órdenes y niveles en una sociedad que no acaba de encontrar claros caminos de convivencia. Válido el documento, ciertamente, como testimonio de las angustias que sienten ante el clamor de la gente y como expresión de deseos. Cabe la pregunta si esa, tan amplia y de temáticas específicas, es misión de los obispos. ¿No había que promover más bien el compromiso de los actores laicos y el debate serio y constante de expertos en cada área?
En la encrucijada
Hace unos años, formé parte de un grupo ecuménico de capellanía durante un campeonato atlético internacional en Gothenburg, Suecia. Congregaba a 2.700 atletas olímpicos que competían durante varias semanas. Una mañana, mientras iba a servirme un café, me encontré con un joven italiano que me dio conversación al ver mi credencial: Capellán - Italia. Me saludó en italiano y luego continuó: Capellán
humm… ¿Vendría a ser sacerdote? Exacto. Soy sacerdote, respondí. Interesante, dijo. Debo decirle que jamás voy a la iglesia. A lo que contesté: Y yo debo decirle que en realidad estoy acá para buscar una taza de café y no un informe del progreso de su vida espiritual. Nos dimos la mano, y con una carcajada insistió en que conociera a su hermano atleta olímpico y ateo y a sus dos amigos. Todos irradiaban una actitud positiva ante la vida y esperanza en el futuro, pero ninguno tenía la más leve relación con
Muchos años más tarde, un domingo de adviento, en el oratorio de San Francisco Javier de Roma, donde yo formaba parte del cuerpo pastoral, el tema del exilio era el hilo conductor de las lecturas de ese día, así como la esperanza de liberación y retorno al hogar. Después de misa, un visitante se me acercó y dijo: Hola, soy Paul. Soy exiliado. Y me contó que era la primera vez que asistía a misa en más de quince años. En efecto, había estado tanto tiempo alejado de
Estos hechos han dejado de ser una excepción. No sorprende, entonces, que hoy se hable cada vez más de postcristianismo. La última vez que busqué el término en Internet por Google, la búsqueda arrojó 314.000 resultados. La palabra, a menudo vinculada al postmodernismo, describe la actitud cultural contemporánea en sectores del mundo desarrollado donde el cristianismo ha dejado de ser la religión dominante, donde los valores culturales se están tornando más seculares y la cosmovisión ya no está modelada por los ideales y principios cristianos. Por supuesto, los documentos del Concilio Vaticano II (1962-1965) trataron con profundidad el papel de
La Iglesia en Australia y Nueva Zelanda ha enfrentado desafíos similares. En representación de Oceanía durante el Sínodo sobre
Canadá y los Estados Unidos, por cierto, no están exentos de tales desafíos y oportunidades, según mi propia experiencia con los medios. Esto fue más que evidente en ocasión del fallecimiento y funeral del papa Juan Pablo II, el cónclave y la elección del papa Benedicto XVI, y la visita del Santo Padre a los Estados Unidos en abril. Cubrí estos acontecimientos como experto en transmisión en directo del Vaticano para ABC News, y muchos de mis colegas estaban en mayor o menor medida fuera de
El desafío fue especialmente abrumador durante el funeral de Juan Pablo II y el cónclave. Por un lado, me hallaba en una plataforma extraordinariamente catequética y hasta evangélica acompañando a los reporteros y sin guión durante horas y horas de cobertura en vivo. Pero, por otro, ante un acto de delicado equilibrio al tratar de definir la mejor estrategia para expresar la fe de
El mayor desafío fue comunicar ese mensaje de manera efectiva en una cultura que se ha ido tornando más y más secularizada y postcristiana. Cualquiera sea el pronóstico en América del Norte, Oceanía o Europa occidental, el secularismo nos afecta a los cristianos de todas las denominaciones cuando queremos dar testimonio del misterio pascual de Cristo. Por cierto, el futuro de la misión de
Quisiera sugerir diversas formas que podrían ayudar a comunicar la fe en la era postcristiana. En primer lugar, si tomamos el ejemplo de Cristo mismo como punto de partida, debemos trascender los límites de la parroquia o de
Otro caso relevante de confluencia entre fe y cultura secular se encuentra en la organización ecuménica Bread for the World [Pan para el Mundo], fundada en 1972 para ejercer presión sobre el gobierno estadounidense e influir en las políticas dirigidas a paliar el hambre en el mundo. No es intrascendente que el presidente de la organización, David Beckmann, sea a la vez pastor luterano ordenado y graduado de
Antes de ser elegido Papa, el cardenal Joseph Ratzinger escribió en 2004 un libro junto con Marcello Pera, profesor de Filosofía y ateo, entonces presidente del Senado italiano. De manera respetuosa pudieron plantear sus diferencias fundamentales respecto de la fe y la religión, y concentrar sus energías en lo que podían hacer en común. Dado que tanto Ratzinger como Pera estaban preocupados primordialmente por la actual crisis de valores que sacude a Europa occidental y por el relativismo moral que está dañando el tejido de la sociedad, escribieron su libro como respuesta conjunta a dicha crisis. Como profesor que es, el papa Benedicto ha señalado en sus escritos que los secularistas a menudo son personas dedicadas que no escatiman su generosidad, son apasionadas en su búsqueda de la belleza y la verdad, y se preocupan profundamente por la justicia, aun cuando no sienten la necesidad de proclamar una identidad religiosa. Intuyo que demasiadas veces dentro de
En segundo lugar, es preciso que aprendamos el nuevo lenguaje del diálogo: una reinterpretación de la sacramentalidad de
En tercer lugar, en este nuestro mundo postcristiano, la comunicación de la fe puede lograrse más efectivamente a través de las obras que de las palabras: el testimonio y el ejemplo que damos a través de nuestras acciones al servicio de la familia humana y de todo el planeta. Si bien la sociedad mongol mal puede denominarse postcristiana (los primeros católicos recién llegaron en 1992),
En nuestro navegar estas aguas turbulentas, no existen las soluciones rápidas ni las respuestas fáciles. Pero es importante que no dejemos de formularnos las preguntas fundamentales en la esperanza de que, cada vez más, nuestros ojos se abran a lo que Dios está obrando en el mundo, incluso a pesar de los actuales desafíos, o tal vez debido a ellos. Y es igualmente importante que el testimonio de nuestras vidas multiplique la esperanza en otros, para que una comunicación más efectiva de la fe pueda realmente tornarse en catalizador de la reconstrucción social en la sociedad postmoderna y postcristiana del siglo xxi.
El autor es sacerdote jesuita, profesor de Liturgia en
Traducción: Silvina Floria.
XI Bienal de Arte Sacro Pintura 2008
El encuentro de la inspiración artística en lo religioso es el objetivo primordial de
-¿Cómo definiría la relación entre arte, fe y sociedad en el presente?
- Sumamente compleja, como cualquier aspecto de la realidad posmoderna. Se observa un secularismo extremo que evita todo lo referente al sentir religioso, pero por otro lado, el número de inscriptos a
-El jurado estuvo integrado por destacadas personalidades como Josefina Robirosa, Eduardo Mac Entyre, Guillermo Whitelow, Carlos Carmona y Adrián Gualdoni Basualdo. ¿Cuáles fueron los fundamentos invocados a los artistas?
-Uno de los objetivos principales de toda bienal es buscar un prestigioso jurado y el que integró la presente convocatoria estuvo de acuerdo en que los premios debían ser un testimonio de lo sacro contextualizado en el momento actual. Es así como el primer premio condensa esta búsqueda. El Gólgota, de Martín Szelagowski, está construido sobre un desarmadero de autos como símbolo de los despojos del hombre de hoy sobre los que se derrama la sangre salvadora de Cristo, nueva luz de esperanza.
-¿Cuáles son las novedades de la actual edición?
-La variedad de estilos. Un recorrido por la exposición nos sorprenderá con arte figurativo, abstracto y conceptual, además de muchas obras inspiradas en el cubismo, en el arte geométrico y hasta en el arte clásico del siglo pasado.
La muestra permanecerá abierta hasta el 14 de diciembre de martes a domingo de
La crisis global
Vivimos la crisis financiera más profunda desde la iniciada en 1929, que dio lugar a
Todas las crisis se inician con burbujas especulativas con raíces que trascienden la economía; para rastrearlas es necesario bucear en la codicia y la pérdida del sentido común. Advertíamos ya en marzo de este año la existencia de riesgos de una debacle y más tarde la pobre reacción de los líderes mundiales del G7 en su reunión de junio. No era seguro que el temblor finalizara en una erupción, pero no se hizo lo suficiente para evitarla. Desde
Bancos de inversión de primera línea cometieron excesos crediticios tales que si el valor de sus créditos disminuía en 1%, su patrimonio se reducía en 35%:
Otro aspecto de la crisis tiene que ver con el consumo: el gasto excesivo de los norteamericanos, financiado con creciente endeudamiento; y el de los asiáticos, con China a la cabeza; además de los países petroleros, acumulando reservas sin cesar. Todos son ejemplos de los excesos artificiosamente inducidos al crear activos financieros muy rentables, pero insolventes. En el ínterin, se acentuó el contagio a los países emergentes, que comenzó con la caída de un tercio del precio de las commodities. La sincronización confirmó algo que ya se sabía: era otra burbuja asociada a la desvalorización del dólar, y se pinchó cuando la moneda norteamericana se apreció. Es notable, sin embargo, que hasta el momento ningún país emergente haya naufragado. ¿Las razones? Las buenas políticas económicas aplicadas en sus economías durante los últimos lustros, con superávit gemelos, poco endeudamiento, baja inflación y atracción de inversiones genuinas.
En la vereda contraria, uno de los aspectos más preocupantes de la crisis es la lentitud de la reacción individual y colectiva de las autoridades de los países desarrollados, siempre corriendo pero sin poder avanzar. La demorada rebaja coordinada de tasas de interés del 8 de octubre resultó insuficiente, lo cual evoca la trampa de liquidez keynesiana que vivió Japón en los noventa, cuando ninguna baja de tasas logró reavivar el gasto. Ya empezó su curso el plan del G7 y de Europa para salvar bancos con el aporte de capitales públicos, con los cuales proponen aumentar las garantías de depósitos, inyectar tanta liquidez como sea necesaria y revivir el mercado secundario de hipotecas. Las medidas son adecuadas, pero si el objetivo es anular el riesgo de depresión (es decir, disminución de la tasa de inversión, desempleo masivo y disminución de la demanda de bienes de consumo) en la economía global e instalarla en una inflación controlada, deberán lidiar todavía con el colapso crediticio, la deflación de deudas, las corridas bancarias y el riesgo sistémico.
Dichas medidas así como el tardío salvataje de 700.000 millones de dólares aprobado en los Estados Unidos derrumbaron otro de los argumentos caros al fundamentalismo de mercado: no usar dinero de los contribuyentes para salvar empresas privadas. Cuando el temporal llega a los bancos y se desmadra, no sólo es necesario hacerlo, es imprescindible. En caso contrario, los contribuyentes perderían mucho más dinero, como quedó demostrado claramente en los años treinta. El precedente es peligroso; el futuro, por su parte, deberá cuidar de sí mismo.
El FMI redujo sus proyecciones de crecimiento mundial para 2009 desde el 3,9% en julio a 3; las de Estados Unidos, de
Lo que el mundo necesita hoy es un ajuste expansivo, y es condición imprescindible la depreciación del dólar respecto de las monedas asiáticas. Esto ayudaría a acelerar el ahorro en Estados Unidos y el consumo en Asia; conviene a sus propios intereses y es música para los oídos de los productores de commodities. Si no ocurre, la economía mundial tardará más en recuperarse. Hasta hoy parecen tener razón quienes pensaban que el crecimiento global del siglo XXI era básicamente un ciclo económico norteamericano. Pero recién empieza el primer tiempo del partido y el potencial crecimiento de los países emergentes a mediano y largo plazo sigue intacto.
Los colchones mundiales están repletos de liquidez, en adición a las reservas de divisas de los países petroleros y de Asia Oriental, que suman cerca de 20% del PIB mundial. Cuando retorne la confianza, y en cuanto ésta se perciba, puede haber un fuerte rebote de bonos privados y acciones. Sin embargo, restaurarla en forma estable no será sencillo. Demandará más acciones coordinadas a escala global, como líneas de crédito a los países emergentes en la actualidad son los más activos en pos de evitar la globalización de la depresión y también a los países más pobres. Asimismo serán necesarios acuerdos de realineamientos de monedas que permitan reducir los desequilibrios de balance de pagos y, por otro lado, que garanticen el éxito de la ronda de
Otra lección muy importante de esta crisis, aunque es imposible asegurar si será aprendida con la historia a la vista, es que una economía cada vez más integrada no puede funcionar adecuadamente sin buena gobernabilidad global. Se percibe la ausencia de un multilateralismo eficaz, el Fondo Monetario parece no existir, ayuda el Foro de Estabilidad Financiera pero no es suficiente, las reuniones del G7 y del G8 son declarativas, y los de afuera somos de palo.
Para la Argentina el viento cambió. En el mejor de los casos, las commodities seguirán flojas y no recuperarán por ahora los precios burbujeantes de meses atrás; serán menores a lo previsto los datos de crecimiento y de creación de empleo; habrá problemas de rentabilidad, intereses más altos y dificultades financieras. Lo positivo será la menor presión inflacionaria.
Es insensato festejar la desgracia ajena, aunque sirva de ocasión para esconder los problemas propios. Es cierto que estamos mejor preparados que en crisis previas, pero de haberse aplicado políticas más acertadas durante los últimos años, ahora habría sido posible dejar flotar la moneda o hacer política fiscal anticíclica. Además, el riesgo de recesión se potencia por las fuertes devaluaciones de Brasil y Chile.
Josef Sudek o el retrato de la bella Praga
Se la llama la ciudad de las cien cúpulas o donde reside el corazón de Europa. Seguramente en el encanto de sus calles de empedrado con nocturna y mortecina iluminación, la ensoñación permita vislumbrar a Otakar II caminando, aún hoy, por
El fotógrado checo Josef Sudek (Kolín 1896 - Praga 1976) fue uno de ellos, y prácticamente toda su obra temprana gira en torno a esta ciudad. Su labor registrará luego diferentes regiones de Chequia, pero la serie de La Praga panorámica o del Puente de Carlos son joyas que lo sitúan entre los grandes maestros. Allí su nombre se confunde con el de Jan Saudek o el de Josef Koudelka, pero Sudek confiere a sus trabajos una inusual ternura que trasmite al más cotidiano de los objetos.
Un hecho trágico le permitió descubrir su vocación y su talento. Durante
De la búsqueda expresiva durante los primeros años conmueve la serie sobre los veteranos e inválidos de la guerra, donde retrato a muchos compañeros de armas. Confundida con las vanguardias que abrazó la intelectualidad checa de los años 20, la obra del fotógrafo puede definirse dentro de los márgenes de un neo-romanticismo, que no evade la idea de la instantánea como captura del tiempo, reforzando la impresión de fuga de muchos de sus retratos. La dimensión espiritual no está ausente en su obra y en muchos casos plantea profundos interrogantes. Cómo evocar Memorias de ensueños sin detenerse en la fantasmal presencia-ausencia que esconde una silla con vista hacia ninguna parte.
La casa que hoy invita a descubrir su universo privado, en rigor, es una réplica inaugurada hace menos de una década luego de que el fuego consumiera la precaria construcción de madera original. Pero en sus fotografías puede accederse a aquel primigenio refugio, desde donde construye un universo de árboles añosos y ventanas que retratan el correr de las horas. El uso del claroscuro como cualidad natural del ambiente urbano se enfatiza en Atardecer sobre
Con todo, miles de lentes han retratado a la ciudad que enamoró a Mozart, pero si Jan Neruda brindó al mundo el devenir praguense con Cuentos de Malá Strana (Povídky malostranské), lo propio puede afirmarse sobre Sudek y sus retratos, desde el microcosmos de una naturaleza muerta sobre la mesa de madera, con vista a un jardín cuyo follaje infinito no olvida que la iglesia de San Nicolás domina los tejados, hasta que el río Moldava (Vltava) nos invite a pasar a




