Cultura
Juana Molina o ¿el triunfo de la monotonía?
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Hacia fines de diciembre pasado nos llegaba la noticia: el CD Tres cosas, de la cantautora argentina Juana Molina, había sido incluido por Jon Pareles, crítico de The New York Times, entre los diez mejores trabajos pop del año. En efecto, el disco editado por el sello inglés Domino figura en el sexto puesto de ese ranking, junto a intérpretes tales como U2, Brian Wilson, Björk, Green Day y otros.
Sin embargo, ya se sabe que lo mejor es enemigo de lo bueno.
De no existir las pausas entre pista y pista, resultaría arduo para muchos precisar dónde termina un tema y dónde comienza el siguiente, porque se trata de un trabajo conformado por una sucesión algo monótona de canciones durante casi una hora.
Las composiciones que integran este compacto están armadas sobre una base de dos o tres tonos o acordes, sobre los que se deslizan las frases de Molina expresadas sin matices. Por momentos, da trabajo creer que la cantante sea la misma talentosa artista que años atrás nos deleitara con sus acertadas interpretaciones actorales en Juana y sus hermanas.
Cantar no es sólo emitir con la voz una serie de sonidos afinados. La tarea requiere esforzado trabajo para alcanzar una buena colocación del sonido, mediante la respiración adecuada, el manejo de matices y la variedad en la expresión. A Juana Molina parecen no preocuparle, por momentos, estos elementos y, si bien afinada, emite un hilo de voz de connotaciones infantiles y con reminiscencias de algunos temas de Vivencia o de Sui Generis.
Dominan armonías exóticas interpretadas con sintetizadores, que convierten al trabajo en algo que recuerda a la música hindú, una suerte de música para la meditación.
Ella misma, respondiendo en una entrevista a la pregunta de si le gustaba ser rara, se expresó textualmente: Me gusta, pero no es una cuestión de ser rara. Es que lo que hago encaja en cualquier parte, no es encasillable. Puedo estar en todas partes, eso me parece gracioso. Me parece valiosísimo. No es algo que yo me había propuesto, pero es lo que está pasando. Por ejemplo, en las disquerías de Japón estoy en seis lugares distintos porque no saben dónde ponerme; me encontrás en Latin, en World Music, en Avant-garde….
Lo de Juana puede sonar a facilismo. A esta altura uno cree que debería saber bien qué es lo que hace. Y si realmente inventó algo nuevo, ¿por qué no lo bautiza?
El crítico de The New York Times escribió: Este disco susurrante es la última invitación a la ensoñación de la compositora argentina Juana Molina, construido con su guitarra acústica, su voz silenciosa y sus melodías simples.
La simpleza melódica a nuestro parecer se ensambla con letras no menos simples: Olas y olas que vienen del mar / olas y olas que vuelven al mar / olas y olas me llaman del mar / olas y olas me llaman al mar / me llaman, me llaman… (El cristal). O Yo sé que no sé tomar una decisión / ando como perro en cancha de bochas / quiero algo pero digo no / y en vez de irme siempre me quedo (Yo sé que). También dice que Las frutillas, los tomates, ahora no son tan ricos… ó que Cuando amanece, el sol parece una bola roja, que a veces me moja con calor.
Quizá, y a despecho de otras críticas, convenga esperar que Juana Molina decida regresar al lugar que le pertenece y que es sin duda el ámbito de la actuación y de la creación de personajes.





A mi me parece que el ultimo disco de Juana Molina (el unico que escuche) es muuuy bueno.
No es monotono, ¿acaso la estridencia es un valor?
a veces hay valores artisticos que se miden con varas equivocadas
Me parece que no tenes idea de lo que estas diciendo, y tenés este espacio para hacer tu “crítica”. El monótono sos vos. Hay gente que realmente encuentra contenido en lo que hace Juana y no se pregunta “cómo llamarlo” ni mucho menos piensa en lo que ella “debería hacer”. Es muy triste a veces escuchar o leer a un ser humano devenido en “crítico de arte”.