Revista Criterio
Cultura
Nº 2348 » Julio 2009

La forma de las cosas de Neil LaBute

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Con este estreno, y cuando Gorda transita una segunda y exitosa temporada, se consolida el nombre de Neil LaBute en los escenarios porteños, nuevamente de la mano de un prestigioso director como Daniel Veronese. En La forma de las cosas –cuya escritura precede a la de Gorda– Labute no sólo comienza a explorar una cuestión que luego retomará en la obra en cartel –¿qué tan lejos puede uno llegar por amor?– sino que también problematiza –y el propio título da cuenta de ello– la incidencia que ejercen los parámetros de belleza impuestos por los medios sobre la forma en que valoramos a los otros. Se suman ahora, sin embargo, otros interrogantes, por cierto, no menores y cuya vinculación parece poco evidente, pero que el autor logra ingeniosamente acoplar: ¿qué es el arte y qué es lícito hacer en su nombre?

 

El autor elige para desarrollar todas estas cuestiones a una pareja totalmente asimétrica: ella, una desenfadada estudiante de arte a punto de presentar su tesis, y él, un inseguro y apocado estudiante de literatura y cuidador de museo. A instancias de Evelyn y al ritmo de sus “exigencias” y manipulaciones, el introvertido Adam irá modificando – no siempre sin resistencia– hábitos y apariencia para estabilizar la relación con la mujer que lo ha cautivado, aunque al mismo tiempo –y como efecto no deseado– se desestabilizará la amistad con su contrastante pareja de amigos. El juego de opuestos y la inversión van sosteniendo de manera algo previsible la construcción dramática: tanto los personajes masculinos como los femeninos se oponen entre sí y, a su vez, se invierte en cada pareja el rol del dominador y el sometido. A diferencia de Gorda, el desenlace sorprende, poniendo al descubierto el desmesurado y perverso juego del que ha sido víctima el protagonista.

 

Frente a tan ambiciosas preguntas, el texto de LaBute ofrece más originalidad que rotundidad en su tratamiento. Se extraña el diálogo brillante, cargado de ironía o sarcasmo, que es uno de los puntos fuertes de su anterior estreno. Sólo en el descarnado alegato final de Evelyn aparece la corrosiva mirada del autor sobre la deshumanización de las relaciones humanas. El LaBute director y guionista de cine se reconoce en la configuración fragmentada de la trama, diez escenas con escenarios variados. La puesta en escena de Veronese procura mitigar el ritmo entrecortado de la acción, mediante una sincronización perfecta de los cambios escenográficos y la música como soporte aglutinante. Fernán Mirás en el rol protagónico encarna con suma ductilidad al personaje más exigido por la evolución que sufre. Tanto Griselda Siciliani, la sutil manipuladora de afectos y desafectos, como Sergio Surraco y Magela Zanotta se desempeñan correctamente.

 

Nuevamente Labute apunta con esta comedia de humor negro a generar incómodas preguntas y desestabilizar al espectador, pero nos queda la impresión de que no llega más allá de la superficie de las cosas.

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