Cultura, Iglesia
San Juan Diego Cuauhtlatoatzin
por Graham, Eduardo · Comentar
Después de atestiguar las apariciones, a la edad de 57 años, y hasta su muerte, 17 años más tarde, Juan Diego Cuauhtlatoatzin 1 a diario se ocupaba de las cosas espirituales y barría el templo. Se postraba delante de la Señora del Cielo y la invocaba con fervor… 2. Lo que a nosotros nos parece un detalle pintoresco se nos ilumina en todo su significado cuando leemos lo que era común a los antepasados de aquel a quien procuramos conocer un poco mejor: A los templos y a todas las cosas consagradas a Dios tienen mucha reverencia, y se precian los viejos, por muy principales que sean, de barrer las iglesias, guardando la costumbre de sus pasados de su gentilidad, que en barrer los templos mostraban su devoción (aun los mismos señores), cuando ya no tenían fuerzas para seguir las guerras y pelear 3. Esta humilde relevancia nos motiva, del mismo modo que a innumerables indígenas y españoles de entonces 4, a acercarnos a Juan Diego para que nos narre los acontecimientos, nos muestre la imagen, y nos ayude a descifrar los ideogramas de la tilma (suerte de ruda túnica, hecha de fibra vegetal, equivalente en cierto sentido a nuestro poncho), que puede ser abordada al modo como leían los indios sus códices.
Especialmente motivados estamos ahora, poco después de la canonización de nuestro indígena, que celebrara Juan Pablo II en México con una liturgia particularmente llamativa por lo inculturada, emotiva y concurrida. Baste un párrafo de la homilía como síntesis de los acentos que Juan Pablo II, ya desde 1979 en Puebla, y a lo largo de sus numerosas visitas a México, ha señalado no sin osadía: El acontecimiento guadalupano significó el comienzo de la evangelización con una vitalidad que rebasó toda expectativa. El mensaje de Cristo a través de su Madre tomó los elementos centrales de la cultura indígena, los purificó y les dio el definitivo sentido de salvación. Así pues, Guadalupe y Juan Diego tienen un hondo sentido eclesial y misionero y son un modelo de evangelización perfectamente inculturada 5.
Pero no podemos pasar directamente a la interpretación de la imagen dado que, como es sabido, quien eligió dedicarse a la oración, a recibir a los visitantes y a barrer la ermita, quiso ser barrido de la historia por quienes sin motivos suficientes pusieron en duda su existencia. Por eso debemos referir primero otras interpretaciones del acontecimiento, sus motivos y los estudios con que hoy contamos de las fuentes históricas que concluyen con rigor la afirmación de su historicidad 6.
Convergencia de las pruebas documentales
Hay que agradecer a quienes recientemente cuestionaron la validez de las fuentes que refieren el origen de la tradición guadalupana 7, ya que han suscitado una investigación con la que no contábamos y una presentación de fuentes que antes resultaban de difícil acceso para quienes buscamos acercarnos 8.
A principios de 1998 la Congregación para la Causa de los Santos quiso ir a fondo sobre la problemática histórica, por lo que nombró una comisión de especialistas encargada de revisar la documentación histórica existente, de proseguir la investigación en archivos y bibliotecas, con el objetivo de aclarar dudas y de llegar razonablemente a una conclusión positiva o negativa con rigor científico sobre la historicidad objetiva del acontecimiento guadalupano y del indio Juan Diego 9.
El libro El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego estudia diversos tipos de fuentes históricas (narrativas, epistolares, jurídicas y administrativas), arqueológicas e iconográficas; cada una es considerada desde su matriz cultural (indígena, española o mestiza). Se buscó que el tratamiento de cada fuente fuera impuesto por la fuente misma y por su naturaleza.
Presentados y aprobados por unanimidad, los resultados del examen de las fuentes muestran una convergencia en lo esencial. En los comienzos de la presencia española en México, y precisamente en el valle del Anáhuac, y después de una conquista dramática y tras dolorosas divisiones en el seno del mundo político náhuatl en un lugar religiosamente significativo para el mundo indígena, en el cerro del Tepeyac, se levanta en seguida una ermita dedicada a la Virgen María bajo el nombre de Guadalupe, que con la Guadalupe de España coincide sólo en el nombre [...] en torno al hecho guadalupano se desarrolla una creciente atención, a la cual va íntimamente ligada la veneración popular del vidente Juan Diego Cuauhtlatoatzin, considerado como embajador de la Virgen María 10.
Las investigaciones realizadas aclaran las diversas sospechas y rechazos de la historicidad. Se pone fin al predominio de la polémica por sobre la investigación documental que en la historiografía guadalupana se ha dado durante los siglos XIX y XX. Ésta había comenzado en 1794 cuando el presbítero Juan Bautista Muñoz, a partir de documentos que le habían hecho llegar por orden del rey Carlos III, no había encontrado ninguna referencia sobre quienes habían vivido el hecho, y sostenía que nada tenían que aportar los documentos indígenas, a los que denominaba papeles mugrientos11, sin valor por provenir de los indios. Esta impugnación resulta hoy absurda a la vista de los estudios actuales sobre la cultura náhuatl 12.
También es claro hoy que la equivocación de confundir constantemente la antigüedad del culto con la verdad de la aparición y la milagrosa pintura en la capa de Juan Diego13, que planteaba J. García Icazbalceta en 1899, no comprendía la interdependencia objetiva de una y otra que comprueban las investigaciones recientes.
Las diversas teorías que partiendo del prejuicio de la imposibilidad de la historicidad buscaron explicar la falta de documentación española en las primeras décadas, se revelan sin suficiente fundamento en las fuentes profundizadas por las recientes investigaciones. Para algunos habría sido un mito que representaría las antiguas tradiciones religiosas mexicanas sincretísticamente asumidas por el catolicismo 14. O un instrumento catequético usado por los misioneros en la evangelización de los indígenas 15. Los métodos catequéticos de entonces, que aniquilaban cualquier elemento sospechoso de idolatría, dejan sin fundamento esta lectura ambigua.
Otros consideran a Guadalupe como una invención del criollismo a partir del siglo XVII, una afirmación del naciente nacionalismo mexicano 16. Se trata de una lectura hacia atrás desde un capítulo posterior del guadalupanismo en México. Una explicación ideológica sin más, que no recurre a las fuentes, es insuficiente.
Finalmente para otros la duda nace de la falta de fuentes exhaustivas en los primeros veinte años; se trata del llamado silencio documental franciscano. Ante esto se señala el principio jurídico de que el silencio no afirma ni niega nada: y se proponen otras posibles explicaciones del silencio más complexivas y convincentes y sin dejar de lado el valor de las fuentes indígenas 17.
Todos estos estudios permiten acercarnos a los hechos sin imágenes preconcebidas y sin prejuicios históricos 18. Pero aquí no termina todo sino que empieza. ¿Cómo eran Juan Diego y su cultura? ¿Qué leían los indígenas en la imagen de Guadalupe? ¿Por qué es un modelo de evangelización inculturada? ¿Qué sigue diciendo Guadalupe hoy? ¿Por qué Juan Diego es indispensable para introducirse en el misterio guadalupano?
Peregrinando al Tepeyac
Recorramos el mismo camino que muchos indígenas, y después también españoles, recorrían peregrinando al Tepeyac, lugar de las apariciones y donde Juan Diego, en una pequeña ermita, con la autorización del obispo fray Juan de Zumárraga, mostraba la imagen, relataba los acontecimientos y conversaba con los sabios indígenas, descifrando juntos desde su entraña cultural el mensaje que estaba contenido en la misma imagen. Los temas de estos diálogos los podemos conocer a través del relato llamado Nican Mopohua 19 que, escrito unas décadas más tarde, narra los acontecimientos recogiendo también la riqueza de aquellos diálogos contemplativos. Señalan los investigadores que el núcleo del acontecimiento, entonces y ahora, lo encontramos en la misma imagen y en el Nican Mopohua, ambos percibidos desde la sensibilidad indígena.
El sol, la luna, las estrellas, las flores, los cerros, las plumas, los colores, los glifos del vestido, todos juntos configuran un verdadero códice indígena que, en profunda contemplación, Juan Diego y los sabios descifraban en aquellos diálogos, experimentando no sólo que su cultura era rescatada de la aniquilación, sino que además recibía la dignidad de poder expresar el mensaje evangélico. Podemos decir que estamos recién en los inicios de estos descubrimientos, pero podemos también, en el poco espacio del que disponemos, subrayar algunos de los símbolos principales sobre los que ya hay consenso entre los investigadores 20.
Acercándonos a la imagen desde afuera hacia adentro, las nubes 21 se abren dejando ver la figura: lo principal de ésta es el sol, símbolo de Dios para los pueblos mexicas, que curiosamente no enceguece sino que permite ver con nitidez la imagen de una mujer. Ésta viene presentada por un hombre con alas de águila 22 que une con sus dos manos el manto y el vestido de la mujer, cielo y tierra respectivamente, y que con sus ojos abiertos transmite la actitud contemplativa a imitar. Es la misión que asumió Juan Diego: interceder, contagiar una forma de mirar la imagen que él custodió, para así recibir su mensaje. El centro de este mensaje se encuentra en una flor de cuatro pétalos (entre muchas otras flores cargadas de diversos significados) que está en el vientre de la mujer. Esa flor es una estilización del nahui-ollin (cuatro-movimiento), también conocido como quincunce, signo del origen de la vida, del principio y fin, del centro de la historia, de la morada de Dios. Esta mujer, viniendo de Dios y trayéndolo en su vientre, que tiene su rostro inclinado, sus manos orantes y está dando un paso de danza, nos muestra cómo el cuerpo, con toda la creación, pueden estar en presencia del Dios que se hizo carne.
En ti que eres mi mensajero, está puesta toda mi confianza
Son muchos los aspectos que nos permiten asomarnos a la compenetración entre la Virgen de Guadalupe y Juan Diego. Empezando por el ayate o tilma, símbolo de la persona y del trabajo; la Señora que comunica su ser dispone así del símbolo de la persona de Juan Diego. Quien le dice consolándolo: ¿No estás en el hueco de mi manto? 23, se apropia del manto del indio para quedarse en él. Quien lo envió a presentar al obispo las flores en su manto, las tomó primero y las tuvo en sus propias manos 24. Que la imagen esté en el ayate y que el ayate porte la imagen, es expresión de esta inhabitación recíproca, abierta a todo aquel que quiera adentrarse en esta espiritualidad.
De aquí brota el deseo de la Virgen de tener en el cerro su casita sagrada25, que Juan Diego debe exponer al obispo, por lo que tiene que soportar diversos tipos de sospechas e indagatorias. Él las sobrelleva con el solo apoyo en las palabras que le dirige la Señora: En ti que eres mi mensajero, está puesta toda mi confianza26.
Empezaba a intuir Juan Diego que tanto esfuerzo valdría la pena, ya que el deseo de la Virgen de tener su casita sagrada significaba para los indígenas el símbolo de una reconstrucción de la sociedad, recuperación de la cultura con sus valores religiosos 27 y, por tanto, de un futuro abierto e inclusivo: …porque yo en verdad soy vuestra madre compasiva, tuya y de todos los hombres que en esta tierra estáis en uno, y de las demás variadas estirpes de hombres, mis amadores, los que a mí clamen, los que me busquen, los que confíen en mí28.
Así, como los círculos concéntricos que se expanden en el agua a partir de un impacto puntual, el acontecimiento guadalupano va manifestando a lo largo del tiempo, que en ese uno caben muchos pueblos y culturas y que esa tierra no es sólo el valle del Anáhuac sino toda América. Se puede decir que México, como nación, tiene sólo dos siglos, y que en 1531 no existía como tal. Existía el Nuevo Mundo o Nuevo Reino, en el que se fue dando un verdadero crisol de razas. Es a esta tierra toda, que será América (por ahora, principalmente América latina), a la que se manifiesta, a través de Juan Diego, la Virgen de Guadalupe. Un signo de esto ha sido, recientemente, la Peregrinación a pie por América latina de la Virgen de Guadalupe visitando a sus pueblos 29. Lo insignificante, a los ojos de quienes planifican la historia, de tantos y diversos rostros de mujeres y hombres de esta tierra en contemplación de la imagen, recuerda lo insignificante, a los ojos de muchos, de la peregrinación de aquellos primeros indígenas y españoles al cerro Tepeyac, a contemplar la imagen junto con San Juan Diego Cuauhtlatoatzin:
Consta que, apenas 25 años después, y pese a la acendrada hostilidad de los influyentes religiosos, ya había suscitado tal onda de fervor que, los fines de semana, ya no iban a recrearse a las frondosas huertas de Tacuba, sino al desolado Tepeyac donde no hay aparejos de huertas ni otros regalos ningunos, más que estar delante de la Señora en contemplación y en devoción30.
Memoria indígena del acontecimiento guadalupana
El Padre Olmedo Casas, CM, investigador de la cultura totonaca y conocedor de su lengua, encontró [...] en una comunidad ajena al ambiente náhuatl y aislada casi por completo hasta el día de hoy, [un] testimonio que, además de confirmarnos la validez de la tradición oral de los indígenas, es un gran paradigma de inculturación:
[...] En San Miguel Zozocolco, Veracruz, [...] el doce de diciembre [de 1995] tuvo la idea de preguntar a los fieles indígenas qué era lo que celebraban, antes de predicárselos él:
[...] - Te platico lo que hemos oído a los ancianos, nuestros abuelos: Hace muchas pascuas [fiestas] de San Miguel, hace casi mil cosechas [dos por año], [...] sucedió que allá en el centro de donde nos mandaban a nosotros, [...] llegaron hombres de cabello de sol, que nosotros ya sabíamos de su llegada [...] Nos hablaban de un Dios que amaba, pero ellos con su vida odiaban.
- El pueblo ya estaba cansado, cuando en una obscura mañana de la media cosecha fuerte del café [mediados de diciembre], a uno de los nuestros le regaló Dios, Dios Espíritu Santo, un mensaje del cielo. [...]
- Apareció, así lo dicen los Jefes en el Cerro del Anáhuac, una señal del mismo Cielo, [...]: Una Mujer con gran importancia, más que los mismos Emperadores, que, a pesar de ser mujer, su poderío es tal que se para frente al Sol, nuestro dador de vida, y pisa la Luna, que es nuestra guía en la lucha por la luz, y se viste con las Estrellas, que son las que rigen nuestra existencia y nos dicen cuándo debemos sembrar, doblar o cosechar.
- Es importante esta Mujer, [...] pero su rostro nos dice que hay alguien mayor que Ella, porque está inclinada en signo de respeto.
- Nuestros mayores ofrecían corazones a Dios para que hubiera armonía en la vida. Esta mujer dice que, sin arrancarlos, le pongamos los nuestros entre sus manos, para que Ella los presente al verdadero Dios. [...] En su túnica se pinta todo el Valle del Anáhuac y centra la atención en el vientre de esta Mujer, que, con la alegría de la fiesta, danza, porque nos dará a su Hijo, para que con la armonía del ángel que sostiene el cielo y la tierra se prolongue una vida nueva. [...]
- Esto es lo hoy celebramos, Señor Cura: la llegada de esta señal de unidad, de armonía, de nueva vida..
(El texto completo y su ratificación judicial, se encuentra en la Sagrada Congregación para las Causas de los Santos, Archivo para la Causa de Canonización de Juan Diego. Tomado de: El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, pág. 289 a 291.)
Nota: Dado que es muy difícil conseguir aquí la bibliografía empleada, me permito informar a los lectores que estén interesados en profundizar alguno de estos temas, que pueden recurrir a la Biblioteca Guadalupana: aquisecuenta@yahoo.com.ar, a cargo de María Victoria Rueda y Betina González, a quienes agradezco su colaboración en la elaboración de este artículo.
1. Su origen fue chichimeca y su nombre en la gentilidad, Cuauhtlatoatzin-cuauhtli = águila; tlatoa = hablar; tzin = diminutivo o reverencial. (ROJAS SÁNCHEZ Mario, Guadalupe. Símbolo y evangelización, Editor: Othón Corona Sánchez, México, 2001). El significado del nombre en náhuatl sería: La venerable águila que habla o El que habla como águila. (El náhuatl es la lengua original de Juan Diego, en la cual se desarrolló el diálogo con la Virgen de Guadalupe y en la que se encuentran las primerísimas documentaciones del acontecimiento).
2. IXTLILXOCHITL Fernando de Alva, Nican Motecpana, en: de la Torre Villar Ernesto y Navarro de Anda Ramiro, Testimonios Históricos Guadalupanos, Fondo de Cultura Económica, 1a. Edición, México, 1982, pág. 305. (Se refiere a la pequeña ermita construida al pie del cerro Tepeyac, lugar de las apariciones. En ese lugar se encontraba la tilma donde quedó estampada la imagen y junto a ella vivía Juan Diego).
3. MENDIETA Jerónimo de, Historia Eclesiástica Indiana, Ed. Porrúa, México 1971, pág. 429. Para comprender esa necesidad de seguir las guerras, conviene referirnos brevemente al concepto de guerra florida, propio de la antigua cultura mexicana. Los sabios mexicanos consideraban que la vida era movimiento; el corazón y la sangre, en el hombre, están siempre en movimiento y se los consideraba dones del Sol necesarios para resucitar cada día. El mismo Sol necesitaba de esta sangre para garantizar la vida y la estabilidad del universo. Por ello, ofrecer el corazón y la sangre se consideraba un deber y un privilegio y era el camino para llegar a la verdadera vida. Así, el objetivo de la guerra para este pueblo, era que el Sol pudiera cosechar corazones; y esta necesidad los llevaba a enfrentarse periódicamente con un número igual de guerreros para darse el mutuo honor de la captura y de la muerte. (Cfr. SAHAGÚN Fray Bernardino de, Historia General de las Cosas de la Nueva España, Porrúa, Colección Sepan Cuántos, n° 300, México, 1975, pág. 384-385). Los de veras afortunados [...] eran quienes morían [...] en la guerra o en el sacrificio, puesto que esto los divinizaba: se convertían en compañeros del Sol [...] y podían volver a la tierra como colibríes, a libar de las flores, corazón de Dios… (GUERRERO ROSADO José Luis, Los dos mundos de un indio santo, Ed. Cimiento, México, 1991, pág. 58).
4. …después de la dicha Aparición lo tenían por Varón Santo, y como a tal lo respetaban y lo iban a ver a dicha Ermita, donde tenía una casita pegada a la de ella, para que intercediese con la Virgen Santísima… (Testimonio de Andrés Juan). …causando con su ajustado proceder mucho ejemplo a todos los que le conocieron, trataron y comunicaron, y que acabó su vida virtuosa y santísimamente, sirviendo a la Santa Imagen en su Iglesia y Santuario… (Testimonio de Miguel de Cuebas). CHÁVEZ SÁNCHEZ Eduardo, La Virgen de Guadalupe y Juan Diego en las Informaciones Jurídicas de 1666. Con facsímil del original, Inst. de Est. Teológ. e Históricos Guadalupanos, México, 2002.
5. Homilía de Juan Pablo II durante la Misa de Canonización de Juan Diego.
6. GONZÁLEZ FERNÁNDEZ Fidel, CHÁVEZ SÁNCHEZ Eduardo y GUERRERO ROSADO José Luis, El Encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, Ed. Porrúa, México 1999, p. XXV.
7. Los diversos autores buscan otras explicaciones del origen de la tradición guadalupana. Se apoyan en puntos de vista de capítulos polémicos posteriores del guadalupanismo en México, imaginando retrospectivamente estrategias humanas que se muestran aún más fantasiosas que los hechos sobrenaturales que consideran a priori pura fantasía. Hoy el conocimiento de las fuentes muestra que sus conjeturas son más contradictorias que los hechos que consideran difíciles de aceptar.
8. Añadamos también que han ido apareciendo nuevos documentos a lo largo de esta investigación, por ejemplo, el Códice 1548 o Códice Escalada (al cual está dedicado el 5° volumen de la Enciclopedia Guadalupana dirigida por Xavier ESCALADA, SJ, México, 1997); el Traslado Original de las Informaciones Jurídicas de 1666 (cuya edición facsimilar se incluye en La Virgen de Guadalupe y Juan Diego en las Informaciones Jurídicas de 1666); y otros. Se ha editado recientemente una recopilación bibliográfica de 3355 títulos que se refieren al tema: CHÁVEZ SÁNCHEZ Eduardo, Algunas investigaciones, libros y fuentes documentales para el estudio del Acontecimiento Guadalupano, México, julio de 2002.
9. El encuentro de la Virgen de Guadalupe y Juan Diego, p. XVI.
10. Según la presentación sintética de Fidel GONZALEZ, La Virgen de Guadalupe de México y el indio Juan Diego, ¿mito, símbolo o historia?, en: LOsservatore Romano, N.51, 21/XII/01, pág. 11, puede verse la profundización de este autor desde su artículo de 1992: La Traditio guadalupana como clave de lectura de la historia de la evangelización en Latinoamérica, en: Communio, segunda época, año 14, noviembre-diciembre de 1992, después de haber trabajado como presidente coordinador de la Comisión Histórica.
11. MUÑOZ Juan Bautista, Memorias sobre las apariciones y el culto de Nuestra Señora de Guadalupe (1794), en: Testimonios Históricos…, pág. 691.
12. LEÓN PORTILLA Miguel, El destino de la palabra. De la oralidad y los glifos mesoamerianos a la escritura alfabética, FCE, México, 1996, pág. 19-71.
13. El Encuentro…, pág. 517.
14. NEBEL Richard, Santa María Tonantzin. Virgen de Guadalupe. Transformación y continuidad religiosa en México, Ed. FCE, México, 1995.
15. OGORMAN Edmundo, Destierro de Sombras. Luz en el origen de la imagen y culto de Nuestra Señora de Guadalupe en el Tepeyac, Ed. UNAM, Instituto de Investigaciones Históricas, México, 1986. Éste no lee correctamente las informaciones de 1556 (proceso canónico de la polémica Montúfar-Bustamante) en la que los testigos afirman que sí hubo escándalo sobre los dichos del supuesto indio pintor Marcos, al proponer la teoría de que Montúfar mandó poner la imagen y que en diez meses se generó la multitudinaria devoción. Ver en El encuentro…, pág. 235-277, y también LEÓN-PORTILLA Miguel, Tonantzin Guadalupe. Pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el Nican Mopohua, Fondo de Cultura Económica, México, 2001.
16.
17. El Encuentro…, pág. 264 ss.
18. Cabe señalar que después de la publicación de estos estudios se publican aún textos antiaparicionistas como el de David A. BRADING, Mexican phoenix. Our Lady of Guadalupe: image and tradition across five century, Cambridge University Press, 2001. Este autor, por ejemplo, descalifica la autenticidad del Códice 1548, sin aportar pruebas que lo refuten, y limitándose a decir que es demasiado bueno (pág. 345). Cfr. ROCHA CORTÉS, Juan Diego en las fuentes históricas, Congreso Guadalupano, octubre de 2001, pág. 140. De lo que en definitiva se trata es de un uso probo de las fuentes de diversa índole, y del cultivo de una hermenéutica adecuada a cada una de ellas. Además, se trata también de superar el divorcio ideológico entre historia y símbolo, innecesario, ya que la afirmación de uno de estos aspectos no necesita de la desaparición del otro; por el contrario, se elucidan y enriquecen mutuamente.
19. Nican Mopohua (que significa Aquí se cuenta…), escrito en náhuatl por Antonio VALERIANO (1520-1605), sabio indígena que manejaba perfectamente esa lengua, el español y el latín, entre 1540 y 1545. Se trata del documento primitivo de las Apariciones (ROJAS SÁNCHEZ Mario, Traductor del náhuatl al castellano, Nican Mopohua, Ediciones de la Peregrinación, Argentina, 1998).
20. Nos remitimos en general a los volúmenes citados de José Luis GUERRERO, Eduardo CHÁVEZ SÁNCHEZ, Fidel GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, Mario ROJAS SÁNCHEZ, Miguel LEÓN-PORTILLA.
21. Mixtitlan Ayauhtitlan, entre nubes y entre nieblas, es una expresión náhuatl que era sinónimo de presencia de Dios. Por eso para un indígena mirar la imagen de Guadalupe, toda ella entre nubes y nieblas, equivale a una manifestación de Dios.
22. El águila es otro símbolo del sol y también de una espiritualidad elevada; los tres colores de las plumas corresponden a tres pájaros con significados precisos para los indígenas.
23. Nican Mopohua, n° 119.
24. Ibid., 135-136.
25. Ibid., 26 y 33.
26. Ibid., 139.
27. Tengamos en cuenta también que el lugar de la Mariofanía es el cerro en el que anteriormente se veneraba a la diosa Tonantzin, Nuestra madrecita.
28. Ibid. 29-31.
29. Ver: NAVARRO Ignacio, Fe y desmesura, tiempo y camino, en: Criterio, octubre de 2000.
30. Citando las Informaciones de 1556, José Luis GUERRERO, Mucho quiero, muchísimo deseo…, en: Congreso Guadalupano, octubre de 2001, pág. 24
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