Cultura
Teatro: Cuestión de principios
por Costantini de López, Guillermina I. · Comentar
De Roberto Cossa. Teatro del Pueblo
Halagado por el reciente premio que le fue concedido en España por sus aportaciones, a lo largo de los últimos cuarenta y cinco años, al mundo de las Artes Escénicas, Cossa sigue comprometido con la escritura en la que metafóricamente vuelca su vocación política, según declaró recientemente a un medio gráfico. De allí que su obra acredite un permanente interés por examinar la realidad social y el proceso histórico que la transforma en busca de respuestas a los avatares de la vida del país. En este caso, el planteo se plasma teatralmente a través de la confrontación padre-hijo: él, un ex militante socialista que, a los setenta años, decide publicar sus memorias; ella, una reconocida periodista y editora, que acepta hacerse cargo de la revisión y edición del libro. Entre ambos hay desentendimientos personales que, sumados a las discrepancias ideológicas que surgen en el rescate y la valoración de los hechos, tornarán conflictiva la tarea en conjunto.
La pieza está organizada en numerosas escenas muy breves que, saltos temporales de por medio y con reiterados picos de tensión, van dando cuenta del proceso de revisión del manuscrito. El contenido marcadamente discursivo y la estructura lineal y fragmentada no sólo le restan eficacia dramática al texto y carnadura a los personajes sino que, además, dificultan la puesta en escena, que tuvo a su cargo Hugo Urquijo y que resolvió, en algunos aspectos, de manera poco convincente. Curiosamente sólo la protagonista va cambiando su vestuario, parcial o totalmente, y, a veces, hasta resulta algo visible su transformación a un costado del escenario. Víctor Hugo Vieyra encarna con ductilidad a esa rara especie de sindicalista para los tiempos que corren: visceralmente honesto e idealista, tan obstinado para reconocer errores como para defender principios inclaudicables. Adriana Salonia hace un trabajo bastante menos matizado para dar vida a un personaje que no termina de delinearse acabadamente. Si la mirada que intentó Cossa, como bien advierte en el programa de mano, no es la del filósofo ni la del historiador sino la del hombre de teatro, queda la impresión de que las historias de estos personajes no llegan a adquirir suficiente fuerza dramática como para anclar en ellas de manera eficaz los temas que se ventilan.




