Debates
Sobre la democracia cristiana
por Varios autores · 1 Comentario
CARLO M. MARTINI : Todo lo bueno puede ser objeto de abuso, hasta lo más excelso. Cuando se libran guerras ofensivas en nombre de Dios, cuando el cristianismo se utiliza de manera populista en la campaña electoral, saltan en mí las alarmas. Nuestro cristianismo se demuestra primeramente en acciones justas. Jesús nos da ejemplos muy concretos en el discurso del juicio final: dar de comer a los hambrientos, vestir a los desnudos, visitar a los enfermos y a los presos, consolar a los tristes, acoger a los extranjeros, y todas las dificultades relacionadas con esas acciones hasta soportar incluso la persecución. Sería hermoso que los demás pudiesen reconocernos como cristianos en acciones como esas. A la inversa, es espantoso cuando hablamos de Dios y no correspondemos a su atributo principal, la justicia. Desde esa perspectiva veo también la discusión en torno a la pregunta de si la palabra “Dios” debe aparecer en la Constitución de la Unión Europea. Si los gobiernos quieren llegar hasta esa profesión de fe, no deberían dejar de prestar atención a la ecúmene, a la apertura frente a los musulmanes y también frente a los judíos. Nos une la fe en el único Dios, el Dios justo. Si se habla de Dios, tiene que ser en serio. De otro modo, es mejor no poner su nombre en los labios.
GEORG SPORSCHILL: ¿No es peligroso utilizar el nombre de Dios en la política? ¿No es soberbia que los partidos se denominen cristianos?
OSCAR R. PUIGGRÓS (uno de los fundadores del Partido Demócrata Cristiano de Argentina): Los partidos “demócratas cristianos” surgieron entre 1930 y 1950, frente a los totalitarismos que ahogaban la libertad y la justicia que el cristianismo quería fortalecer. Pasados los nacional-socialismos, fascismos o comunismos, la política volvió a su cauce. Aunque aún hoy cristianos preocupados por el bien común sostienen partidos “cristianos”, sin connotaciones religiosas, como en Alemania o en Chile. La necesidad de salvar los valores humanistas, vuelve a comprometer los requerimientos evangélicos con los propios de la actividad política. Entre Mi lucha de Hitler o El archipiélago Gulag de Solyenitzin, está el Sermón de la montaña, por lo que coincido en que la tarea se cumple sin necesidad de bautizarla. Es el espíritu y no la letra la que contiene el mensaje de la Cruz. Los partidos “cristianos”, desde el primero, el Popular italiano de don Luigi Sturzo, hasta los que surgieron por debilidad de los tradicionales de orientación liberal, llevaron a cierto abuso del nombre, como lo expresa Martini. Las conclusiones del cardenal y el espíritu que las anima, concuerdan con Jacques Maritain, cuyos libros nacieron de sus enfrentamientos contra los totalitarismos y se apoyan en la evangélica lección de “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.





LA DEMOCRACIA CRISTIANA GARANTIZA EL ESTADO SOCIAL DEL DERECHO
La democracia cristiana, defiende el desarrollo humano integral, el fortalecimiento de las Instituciones del Estado Social de Derecho, el protagonismo de la Sociedad Civil y la vigencia de una economía social de mercado. Como corriente ideológica, busca diferenciarse de la izquierda y de la derecha,
La democracia cristiana en la animadora doctrinal de muchos partidos políticos, inicialmente de signo católico, que surjan en Europa durante las últimas décadas del siglo pasado. Conviene precisar que la mayoría de estos partidos no responderán en sus inicios a la matriz doctrinaria demócrata cristiana, la cual se reconocerá como referente de forma gradual.
El Estado social es un sistema que se propone de fortalecer servicios y garantizar derechos considerados esenciales para mantener el nivel de vida necesario para participar como miembro pleno en la sociedad.
La Democrático y Pluralista, inspirado en el Humanismo Cristiano, que promueve el desarrollo humano integral, el fortalecimiento de las Instituciones del Estado Social de Derecho, el protagonismo de la Sociedad Civil y la vigencia de una economía solidaria; para esto buscamos el acceso al poder político como herramienta para la consecución del bien común, la equidad, la consolidación de la democracia y el ejercicio de la ética social, en una comunidad de personas libres e iguales en la diversidad.
Buscamos de la justicia social, las libertades democráticas y la necesidad de contribuir al país con cuadros dirigenciales formados académicamente con actitud ética y conocimiento al servicio del bien común.
La democracia, por su propia naturaleza, es un proceso caracterizado por una enorme diversidad. Tan diversa como grupos humanos puedan existir con diferentes circunstancias, necesidades y aspiraciones. Por el contrario, los regímenes absolutistas, autoritarios, teocráticos, totalitarios o dictatoriales adolecen a través de la historia del mismo patrón nefasto de centralización del poder bajo el disfraz de la “unidad nacional”. Contrastan los sistemas auténticamente democráticos, porque cuanto más lo son, mayor es su tendencia a la descentralización.
La democracia es un concepto básico que implica el consenso de los gobernados para otorgarle un mandato administrativo a sus gobernantes. Un mandato que, en una democracia auténtica, se modifica con las circunstancias cambiantes y evoluciona de conformidad con la voluntad de los gobernados. Una voluntad que surge del consenso nacional necesario para el mantenimiento de un estado de derecho, pero que se manifiesta mediante mecanismos de consulta popular en las cuestiones cotidianas que deben resolverse por decisión mayoritaria.
La democracia participativa es una obra de todos, incluso de los perdedores en el proceso político de tomar decisiones, porque todos contribuimos a la controversia enriquecedora de la diversidad.
La democracia participativa auténtica no es más que un medio político que exige una capacidad de intervención directa y eficaz de cada ciudadano, estructurada por un estado de derecho, en el proceso de tomar decisiones en todos los niveles de la vida pública. Jacques Maritain, un filósofo francés que fue precursor de la ideología política demócrata cristiana,
La Democracia Cristiana con posterioridad a la 2° Guerra Mundial. Como se sabe los partidos inspirados en esta doctrina resurgirán con gran vigor después de la última conflagración mundial, cumpliendo un importante papel en la consolidación de la democracia y el surgimiento de la comunidad europea. Su acción a favor del bienestar y la calidad de vida de la población no ha sido desdeñable, aún cuando evidentemente no hayan concretado en su totalidad los ideales y anhelos de la vieja democracia cristiana. También, y ello resulta explicable por las circunstancias históricas, sus planteos y acciones se encontrarán asímismo signados por su confrontación con los modelos del rígido colectivismo imperante por entonces en otros países del mundo.
Al terminar la segunda guerra mundial y reorganizarse el mundo de acuerdo con nuevos esquemas jurídico-políticos, la democracia fue adquiriendo también nuevos calificativos. La tradicional democracia individualista y liberal recibió el adjetivo de “clásica” de acuerdo con las normas y patrones a que se habían ajustado los procesos democráticos, desde el siglo XVIII, en Inglaterra, Estados Unidos y Francia. Y a los estados de los diversos continentes que adoptaron este modelo, al menos formalmente, se les llamó países de “democracia clásica”. El esquema era el del viejo estado liberal de derecho, aunque con renovaciones y actualizaciones que imponían las circunstancias. Esas renovaciones iban por la línea de un neoliberalismo reformista, en el que había una mayor intervención del estado en el régimen de la propiedad, del trabaj o y de la distribución de la riqueza.
En abril de 1947, precisamente en la ciudad de Montevideo, se reunirá un grupo de personalidades que en Latino América compartían el ideario demócrata cristiano. En este encuentro se sentarán las bases de lo que después será el movimiento demócrata cristiano y el inicio de los partidos que en el Continente se funden inspirados en esta doctrina. Dicha reunión será convocada por el uruguayo Dardo Regules y los chilenos Eduardo Frei Montalva y Tomás Reyes Vicuña, el argentino Manuel Ordóñez, el brasileño Alseu Amoroso Lima, -más conocido por su seudónimo de escritor, Tristán de Athayde-, y finalmente Rafael Caldera que se adherirá pero no podrá concurrir porque la dictadura venezolana habrá de impedírselo. También concurrirá como invitado Eduardo Cayota, fundador en 1904 de la Unión Democrática Cristiana del Uruguay. En este congreso se creará asímismo la Organización Demócrata Cristiana de América, -ODCA-. En el año 1949, los participantes volverán a reunirse, también en Montevideo, testimonio de su firme resolución de impulsar y concretar en América el movimiento.
Una visión global y ecuánime sobre la historia del movimiento demócrata cristiano, revela la variedad de los caminos recorridos por éste, como asímismo, su aporte a la construcción de una sociedad a forjarse sobre la base de la justicia y la solidaridad.
Otra calificación de la democracia en los años que siguieron al triunfo de los aliados, fue la de la “democracia cristiana”, que tuvo vigencia por un largo periodo en Italia, con el gobierno de Alcide de Gasperi, y en Alemania Federal, con el liderazgo del viejo canciller Konrad Adenauer. A esa democracia, inspirada en la doctrina cívico-política de la iglesia católica, expuesta en las encíclicas de los papas, y especialmente en las alocuciones radiofónicas de Pío XII, se le aplicó también el título de “democracia social”, de inspiración cristiana. En este tipo de democracia hay un mayor respeto a la libertad personal y a la iniciativa privada, sin que se deje de reconocerla necesidad de la intervención estatal en los procesos económicos. Pero esa intervención debe estar normada por los principios de solidaridad y subsidiariedad, a fin de evitar cualquier totalitarismo estatal.
La Democracia Cristiana sostiene fundamentalmente el gobierno de la Ley, en oposición al mando arbitrario de los hombres.
Tanto en la conducta individual cuanto en las relaciones sociales, el hombre debe obrar, no según los impulsos de su prepotencia o capricho, sino según la ley, cuyo origen y razón de obligatoriedad derivan de Dios y cuyo cumplimiento satisface las aspiraciones humanas.
En lo social-político la primacía de la ley se realiza adecuadamente sólo mediante la ley positiva. Dicha ley ha de ser democrática por su concreto origen popular y válida por su sanción de los derechos naturales inherentes a la persona humana y por su ordenación al bien común.
La democracia Cristiana orgánica quedó así en el transfondo de las instituciones políticas en espera de mejores tiempos. Quizá algún día pueda prestar buenos servicios si se le asocia con la libertad política proveniente del pluralismo ideológico de una genuina democracia. La idea organicista, bien entendida, ha seguido inspirando diversos movimientos en la actualidad, en los que se pone de relieve la importancia y necesidad de la solidaridad humana en la vida social y política.
La Democracia Cristiana somos defensores del Estado de Derecho y la Democracia, en lo político, en lo social, en lo cultural y por ende en materia laboral. Estabilidad laboral para los obreros y campesinos, educadores, profesionales de la salud, hombres y mujeres entregados a una digna labor.
La Demócrata Cristiano sostiene como una de sus características esenciales un régimen social de libertad.
La libertad es una e indivisible: no hay libertad religiosa sin libertad política y no hay libertad política sin libertad económica. A cada derecho humano corresponde un deber y tiene que ser amparado por una libertad política que el Estado debe reconocer. Es a través de la libertad que el hombre debe alcanzar su bien individual; pero, es también con su buen uso que debe contribuir al bien común.
La Democracia Cristiana por principios está en contra de todo tipo de presiones políticas sobre los medios de comunicación y nunca apoyará medidas que establezcan un sistema jurídico que limite la libertad de expresión, afecte el derecho de informar,
Hay así multiples adjetivos de la democracia, si se toman en cuenta sus diversas formas de realización.Pero, en el fondo, hay que luchar por una democracia auténtica, por una democracia Lo importante es que los pueblos sepan vivir con libertad, dignidad y justicia. Y que sepan defender los valores democráticos hay que distinguir, ante todo, entre la democracia formal y la democracia real.
ABEL REYES TELLEZ.
PRESIDENTE NACIONAL
PARTIDO SOCIAL CRISTIANO
NICARAGUENSE.PSC.
TEOLOGO ESCRITOR CRISTIANO.
EMAIL.PSCNICARAGUA@HOTMAIL.COM