Iglesia
Debates: La Humanae Vitae de Pablo VI, 40 años después
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El cardenal Carlo Maria Martini (Turín, 1927)(foto), sacerdote jesuita y biblista mundialmente reconocido, es autor del polémico libro Coloquios nocturnos en Jerusalén, que comentamos en CRITERIO (Nº 2343). El ex arzobispo de Milán (1979-2002), la diócesis más grande del mundo, fue considerado papable en el Cónclave que eligió pontífice al cardenal Ratzinger. Mantuvo debates con pensadores de signo laicista, como Umberto Eco, y fue interlocutor en diálogos de alto nivel cultural. Benedicto XVI le pidió que presentara en París su libro Jesús de Nazaret.
Ya retirado, en una sencilla habitación de la Compañía de Jesús en Jerusalén, Martini se dedicó a reflexionar, con la perspectiva y experiencia de sus años, sobre temas que se debaten y discuten públicamente. Las reflexiones fueron dialogadas con otro jesuita, el austríaco Georg Sporschill, de 63 años, y recogidas en el mencionado libro. Su preocupación central es que la Iglesia sea escuchada, sobre todo por los más jóvenes.
Advierte sobre distancias que deberían acortarse, por lo que asume posiciones de autocrítica y dice que la Iglesia necesita reformas internas que tienen que venir desde dentro.
Uno de los temas más controvertidos del libro es el de
Las reflexiones de Martini suscitaron opiniones favorables y adversas. Las que aquí se recogen -algunas muy anteriores a las del cardenal- reflejan que la cuestión es compleja y no está cerrada, por lo que aspiramos a que el debate se abra al diálogo. Los lectores podrán formarse un juicio y sumar sus puntos de vista en nuestra web (www.revistacriterio.com.ar/debates) donde abrimos una sección especial. Las afirmaciones de Sporschill y Martini fueron extraídas del libro indicado, en su versión española.
Arturo Prins
Georg Sporschill dijo…
La Iglesia sigue teniendo fama de ser hostil al cuerpo o de estar alejada de
Con esta crítica me he encontrado desde hace muchos años y en todos los frentes, también entre científicos y políticos serios, si es que acaso buscaban el diálogo con
La relación personal y corporal es un ámbito esencial en la vida del hombre, en el que sobre todo la juventud debe hallar su camino. A partir de la pubertad, los jóvenes experimentan muchas turbulencias en este tema. Muchas grandes decisiones implican también cuestiones sobre la sexualidad, el matrimonio o el celibato. Es en cierto modo algo trágico que la Iglesia se haya alejado tanto de los afectados por estas cuestiones y de los que buscan respuestas para ellas.
A mí me resulta doloroso que el papa Pablo VI haya quedado marcado de forma tan negativa en la opinión pública a causa de la encíclica de la píldora, como se la ha dado en llamar. Él asumió de su predecesor Juan XXIII la tarea del Concilio y lo prosiguió con gran prudencia. A su equilibrio se debe la apertura de la Iglesia, para la cual él pudo conquistar a una gran mayoría. Tampoco quiero dejar de mencionar su gran interés por
El cardenal es muy claro en su crítica, una crítica muy severa, a Paulo VI y a
El antiguo arzobispo de Milán propone que la Iglesia corrija el error cometido. Dice textualmente: Probablemente el Papa no retirará
Llama mucho la atención que un cardenal, un hombre tan inteligente, tan destacado, como es el cardenal Carlo María Martini se haga eco y haga suyas las críticas que dirige y ha dirigido a la Iglesia, durante décadas, la cultura secularizada y aquellos sectores intraeclesiales que se han manifestado en una postura de disenso contra el Magisterio eclesial. (…)
En
Ahora bien: nosotros, si nos dejamos llevar por el instinto de la fe, nuestro sano instinto católico, sabemos muy bien a lo que tenemos que adherir. Tenemos que adherir a la doctrina constante de la Iglesia y a la enseñanza de Benedicto XVI que es el Pastor que actualmente, a todos, nos guía. A esa enseñanza debe adherir, tanto el más humilde de los fieles como el más publicitado de los cardenales.
La Humanae vitae fue causa de enorme sufrimiento y de cruz para Pablo VI (…) Un revelador testimonio de los sufrimientos del heroico Papa fue su última alocución pública (29/6/78), casi un mes antes de que el curso natural de su vida llegara a su ocaso, cuando hizo un balance de su pontificado y resumió su empeño ofrecido y sufrido de un Magisterio al servicio de la verdad en dos grandes deberes: la tutela de la fe -recordemos el Credo del Pueblo de Dios- y la defensa de la vida humana.
Acerca de la vida humana Pablo VI dijo, en esta postrera ocasión, estas palabras: No hemos hecho otra cosa que acoger esta consigna cuando hace diez años, proclamamos
En la experiencia de los humildes, como en los tiempos del Evangelio, se constata que, con esta sabiduría de vida, son muchas veces los pobres los que más hijos tienen; son también los pobres los que entienden mejor la diferencia esencial entre la contracepción y los métodos naturales basados en la continencia periódica; los que además, prácticamente, los asumen con mayor tino y practicidad. De mi experiencia pastoral como sacerdote recuerdo que, instructoras de nuestra pastoral, que enseñaban los métodos naturales en diversos lugares, me contaban que los aprendían más fácilmente las chicas de las villas de emergencia que las jóvenes de las universidades: se complicaban menos y percibían enseguida cómo era el plan de Dios y cómo vivirlo concreta y prácticamente. (7/9/08)
Muchas de las críticas a la Humanae vitae han sido sugeridas por los intereses económicos que están detrás de la venta de la píldora contraceptiva. Otras críticas surgen de aquellos que quieren reducir y seleccionar la fertilidad y el crecimiento demográfico. Finalmente las críticas proceden de aquellos que quieren limitar la autoridad moral de la Iglesia católica. (ZENIT.org; 8/1/09)
Martini, por encima de todo, sigue experimentando el lacerante deseo de ver a la Iglesia rejuvenecida y actualizada. Para lo cual -según su convicción- ella debe tener el valor de reformarse. (…) Muy despistado habría que estar para ver en el cardenal Martini la figura de un reformista impulsivo o improvisado. (…) Sus ansias de cambio son el fruto de un largo proceso de maduración en lo más íntimo de su corazón de pastor, bajo el impulso y al calor de su fe ardiente, de su amplia experiencia de vida y de su amor generoso y desbordante hacia los seres humanos (La Nación, 17/11/08)
Después de
Dado que la encíclica no contiene en materia de fe ningún juicio infalible, pudiera darse el caso de que alguno estime no poder aceptar el juicio dado por el Magisterio de
Dentro del ámbito católico, los interlocutores más serios en el debate sobre
Ello muestra que no es suficiente rebatir las objeciones a la encíclica reafirmando la verdad de esta enseñanza. En el ámbito moral, para que un principio pueda orientar la vida satisfactoriamente es preciso que, además de ser verdadero, sea adecuadamente aplicado. Para ello se requieren mediaciones, es decir, criterios que permitan traducir prudentemente los principios en la multiplicidad de las situaciones concretas. Ya la encíclica mencionada da a entender que no todo uso de anticonceptivos equivale a anticoncepción: reconoce, en efecto, que el mismo puede tener un uso terapéutico, perfectamente lícito (n.15).
Diversas conferencias episcopales, a su vez, enunciaron criterios pastorales para orientar a sus fieles.
Muchos especialistas, entre ellos el eminente filósofo Martin Rhonheimer, sacerdote del Opus Dei y profesor en la Universidad de
La contracepción no puede ser nunca un bien. Siempre es un desorden, pero este desorden no siempre es culpable. Se da el caso, efectivamente, de que los esposos se encuentran ante un verdadero conflicto de deberes (Gaudium et spes 51). Nadie ignora las angustias espirituales en las que se debaten los esposos sinceros, especialmente aquellos a los que la observancia de los períodos naturales no consigue darles una base suficientemente segura sobre la regulación de nacimientos (Humanae vitae 24). Por una parte son conscientes del deber de respetar la apertura a la vida en todo acto conyugal. Creen igualmente que deben evitar en consecuencia -o aplazar para más adelante- un nuevo nacimiento. Al mismo tiempo, están privados del recurso a los ritmos biológicos. Por otra parte no ven en lo que les concierne cómo renunciar entonces a la expresión física de su amor sin poner en peligro la estabilidad de su matrimonio (GS 51,1).
A este respecto, recordamos simplemente la enseñanza constante de la moral: cuando uno se encuentra ante una alternativa entre deberes, en la que, sea cual fuese la decisión que se tome, no se puede evitar una, la sabiduría tradicional prevé que se busque ante Dios qué deber es mayor en este caso. Los esposos tomarán su decisión después de una reflexión en común, hecha con todo el interés que requiere la grandeza de su vocación conyugal.
No pueden olvidar ni menospreciar jamás ninguno de los deberes que entran en conflicto. Por tanto, mantendrán su corazón disponible a la llamada de Dios, atentos a cualquier nueva posibilidad que postule una nueva reconsideración de su elección o comportamiento actual. (8/11/68)
Contracepción, como un tipo de acto humano específico, incluye dos elementos: la voluntad de involucrarse en actos sexuales y la intención de hacer imposible
La definición de acto contraceptivo no se aplica, por lo tanto, al uso de contraceptivos para prevenir las posibles consecuencias procreativas de una violación prevista; en tal circunstancia la persona violada no elige involucrarse en una relación sexual o prevenir las posibles consecuencias de su propia conducta sexual sino que está simplemente defendiéndose de una agresión sobre su propio cuerpo y de sus indeseables consecuencias. Una mujer atleta tomando parte en los Juegos Olímpicos, que toma una píldora anovulatoria para evitar la menstruación, no está cometiendo anticoncepción tampoco, porque no hay una intención simultánea de involucrarse en una relación sexual. (…)
Pero ¿qué pasa con las personas promiscuas, los homosexuales sexualmente activos y las prostitutas? Lo que
¿Qué digo yo, como sacerdote católico, a las personas promiscuas u homosexuales que están usando condón? Trataré de ayudarlos a vivir una vida sexual correcta y bien ordenada. Pero no les voy a decir que no usen condón. Sencillamente no voy a hablar a ellos sobre este tema y voy a asumir que si ellos eligen tener sexo van a conservar, al menos, un sentido de responsabilidad. Con esta actitud respeto fielmente la enseñanza católica sobre contracepción. (…)
Igualmente, un hombre casado que está infectado de HIV y usa condón para proteger a su esposa de una infección, no está actuando para hacer la procreación imposible, sino para prevenir
Campañas para promover la abstinencia y la fidelidad son ciertamente y últimamente el único remedio efectivo a largo plazo para combatir el SIDA. Por tanto no hay razón para que la Iglesia considere las campañas de promoción del condón como útiles para el futuro de la sociedad humana. Pero tampoco puede la Iglesia enseñar que las personas involucradas en estilos de vida inmorales deberían evitarlos.
(The Tablet, 10/7/04)
Hoy presenciamos los casos de Uganda y Tailandia, donde los esfuerzos nacionales e internacionales para alentar el uso de profilácticos han sido supuestamente exitosos. En el caso de Tailandia, el esfuerzo de las autoridades sanitarias estuvo focalizado en las prostitutas y sus clientes. El uso de condones ha tenido un resultado particularmente bueno para esa gente con respecto a la prevención de enfermedades de transmisión sexual. Sin embargo no es claro si la promoción de los condones en ese país ha tenido o no un efecto en el avance de conjunto del SIDA. El uso de profilácticos en esas circunstancias es realmente el mal menor, pero no puede ser propuesto como un modelo de humanización y desarrollo. Tal vez las autoridades de Tailandia podrían haberse preguntado primero acerca de las razones del particular crecimiento de la prostitución en su país. (LOsservatore Romano, 19/4/00)
Cuando pienso en la problemática del SIDA (según la ONU, alrededor de 40 millones de personas están infectadas con el VIH, la mayoría de ellos en África; el mismo informe contabiliza en el año 2006 tres millones de muertos), entran en juego no sólo la medicina, sino también la política y la cooperación para el desarrollo.
Si la Iglesia pudiese hacer que todos esos ámbitos se pronunciaran, planteándoles preguntas y escuchando con atención, se trataría ciertamente de una iniciativa positiva. En el Vaticano se discute sobre la utilización de preservativos, en especial porque la epidemia del SIDA preocupa mucho al Papa. Aun cuando se permitieran los preservativos como mal menor en el caso de matrimonios infectados, eso no bastaría.
Esta toma de posición me ha hecho entrar a mí en enfrentamientos. Me he convertido en el cardeal da camisinha, como me decía riendo un sacerdote de Brasil. Es decir, el cardenal del preservativo. Es así como sobre todo algunos periódicos me colocan a veces bajo sospecha.





Cuando el Papa Benedicto XVI da un pequeño paso para abrir la posición pétrea y rígida sobre el Uso del Condón, considero que este artículo a quienes de buena fe hemos estado buscando luz sobre la conciliación en sexología de las ciencias, la ética, moral y la fe cristiana, católica tiene que ser una lectura obligada.
Ojala se pueda difundir este material con el mismo peso de las declaraciones que se dieron a conocer en el día de ayer por la prensa mundial y seguirá produciendo buenos comentarios de parte de quienes esperaban desde más de cuatro décadas una oficial adecuación de la Doctrina de la Iglesia respecto al uso de los condones, sobre todo en la ERA DEL SIDA.
Con Martini hay algún otro cardenal que piense comoél¿Chiara lubich,La Madre Teresa,Escrivá de >Balaguer y JUan Pablo II que pensaban de la encíclica? ¡ojo! es la opinión de santos!¿Pironio?
Von Balthasar¿Qué pensaba?¿Rahner?¿Ratzinger?¿Bergoglio?¿Maritain?¿Helder Cámara?¿Los obispos chinos mártires?¿Los de argelia mártires?¿El padre Hurtado?