Revista Criterio
Iglesia
Nº 2246 » Diciembre 1999

¿Se puede ser judío y cristiano?

por Lustiger, Jean-Marie · 2 Comentarios 

- ¿El catolicismo le otorga al amor un lugar más central que el judaísmo y el protestantismo?

- El amor se halla en el centro de la revelación bíblica y, por lo tanto, del judaísmo; palabra clave en los mandamientos: “Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas”. Está en el sexto capítulo del Deuteronomio (versículo 4). Y también: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Levítico 19,18). La revelación de Dios como amor se encuentra en el centro de la predicación profética, así como en el Deuteronomio.

En el Nuevo Testamento, Jesús comenta esos dos mandamientos diciendo que de ellos dependen toda la Ley y todos los profetas (Mt 22,34-40). La definición “Dios es amor” aparece literalmente en San Juan (1 Jn 4,8), y San Pablo alaba la caridad divina (1 Co, 13). Decir que el protestantismo se diferenciaría del catolicismo por destacar menos el amor, en beneficio quizá de la fe, me parece inexacto.

 

- Cuando se le pide que defina la especificidad del catolicismo en relación con el judaísmo, usted rechaza enérgicamente toda separación. ¿Considera, en general, que no hay ruptura entre el Nuevo Testamento y el Antiguo?

- Entiendo su sorpresa porque la diferencia, en realidad debería decir la novedad, no se halla donde habitualmente se la suele ubicar.

A menudo se juzga la historia en función de polémicas posteriores, que crearon imágenes contrapuestas por un juego de mutuas caricaturas. El concilio Vaticano II ha propuesto un trabajo de re-evaluación de las relaciones entre judíos y cristianos para restablecer su verdad. ¿Dónde está la diferencia? ¿Dónde está la novedad? En Aquel por el cual se mantiene la promesa y se cumple la profecía.

La Biblia expresa a veces ese esperado cumplimiento en términos de “nueva creación”. Cito a Isaías: “No se acuerden de las cosas pasadas, no piensen en las cosas antiguas; yo estoy por hacer algo nuevo: ya está germinando, ¿no se dan cuenta?” (43, 18-19). Los profetas anuncian la intervención última de Dios como una nueva creación, que renueva a la vez la primera creación del hombre y la liberación del pueblo, y otorga a todos los dones prometidos al pueblo de Israel para la salvación del mundo.

La novedad del Evangelio reside en que “los tiempos se han cumplido”. Es lo que dicen Juan el Bautista y el mismo Jesús. “El Reino de Dios se acerca; conviértanse y crean en la Buena Noticia”. Por medio de la fe, hemos entrado en la fase final de la historia, cuando el hombre encuentra a su Dios. Para aquellos judíos que no lo recibieron, el tiempo no alcanzó su cumplimiento mesiánico; asimismo, la historia permanece indefinidamente en suspenso para los paganos que no se convirtieron de sus ídolos al Dios vivo y verdadero. Cuando Jesús dice: “Los tiempos se han cumplido”, proclama que llegó el tiempo en que Dios manifiesta en su Mesías lo que había anunciado anteriormente. Israel es el depositario de ese anuncio, aunque el judaísmo no reconozca en el Evangelio de Cristo la presencia real e inmediata de su esperanza. “Los tiempos se han cumplido”, “el Reino de Dios ha llegado”. El concepto de “Reino de Dios” es absolutamente bíblico, y su contenido está determinado por la fe. Es el tiempo en que Dios revela a todos los pueblos quién es él, develando su realeza divina, que no es como las realezas humanas. El Reino de Dios es el tiempo en que Dios salva al hombre y lo restaura en su plenitud de soberano del universo. Es el tiempo en que el Resucitado libera al hombre de la esclavitud del pecado. El Reino de Dios es el lugar donde el Espíritu Santo es donado, pues el Espíritu Santo ha sido prometido como don último. Es el lugar donde todos los pueblos del universo reciben y reconocen al Dios único. Como dice el profeta Zacarías, “él será el único Señor y será único su Nombre” (14, 9).

Uno de los enigmas insoportables para la conciencia de Israel, es que el Dios único no sea reconocido por las naciones paganas. Uno de los sufrimientos de la conciencia de Israel son sus propias infidelidades en el servicio a Dios. La Iglesia experimenta el mismo sufrimiento y se enfrenta al mismo misterio de incomprensión. En realidad, para ella el misterio es mayor y el sufrimiento es inconmensurable: porque tantos judíos piadosos no han creído en el Enviado del Padre y tantas naciones no tuvieron acceso, a través de él, al legado de las promesas. Israel se encuentra en una situación filial respecto de Dios. Israel es un hijo mayor, un hijo bienamado, y esa relación filial es vivida en su misteriosa plenitud por su Mesías, el Hijo único de Dios. Con él ha llegado el don espiritual de la adopción divina para todos los hijos de Adán. La esperanza de las naciones, el objeto de la plegaria de Israel, se ha manifestado en la persona de Jesús.

     

- Los cristianos consideran que la llegada de Jesucristo da origen a una nueva alianza…

- Lo que predicó Jesús había sido formulado y presentado antes, en el Deuteronomio, en Jeremías y los demás profetas. Pero la novedad eterna estriba en que Jesús ha renovado la Alianza en su Sangre, la ha restaurado en su propia Vida. Jesús vive, actualiza, da carne y sangre a las palabras de la Alianza, sometiéndose él mismo a ella. La torna normativa en forma permanente para sus discípulos, fuente de sentido y de comprensión. El mismo acto de Alianza que constituyó a Israel, se renueva y se cumple en Cristo, el Mesías. Pero no negando a Israel o a la fidelidad de Dios para con quienes llamó primero, sino ampliando la Alianza a todos aquellos a quienes Dios convoca, de allí en más, de todas las naciones, de acuerdo con la promesa. Cristo, a quien Dios hizo Señor de todos y primer resucitado de entre los muertos, no sustituye a Israel, sino que es su figura suprema y su fruto perfecto. No es la negación de Israel: es su redención, es su exaltación en la propia persona del Hijo eterno. Cuando alguien dice: “Pero los tiempos no se han cumplido; la prueba está en que la muerte sigue existiendo y no reina la justicia en el mundo; los hombres son pecadores, la humanidad sigue librada a sí misma, a sus errores y a su idolatría; la prueba es que el pueblo de Israel es perseguido o que no es santo y sus hijos dispersos no se han reunido”, nuestra respuesta no consiste en negar la fuerza de la objeción, sino en oír su grito, viéndola asumida en la pasión de Cristo, el Mesías. Para quienes lo han reconocido, para los cristianos, Jesús resucitado, Cristo y Señor, es signo y prueba de los nuevos tiempos. Los judíos lo anuncian, y muchos de ellos no lo creen.

 

- En la actualidad, ya no se “excomulga” a los judíos que se han incorporado al cristianismo. ¿Cómo se interpreta desde un punto de vista teológico la actitud adoptada por el rabinato?

- La Halakha dice que la condición de judío no se pierde, pues se adquiere para siempre al nacer de madre judía. Ser judío no es un privilegio étnico, sino que forma parte de una vocación. Es una gracia histórica, irrevocable.

 

- ¿No hay, entonces, posibilidad de exclusión?

- Ninguna. ¿Tienen los rabinos el poder de excluir a alguien del pueblo de Israel? Los rabinos han salvado al judaísmo en su especificidad. Es legítimo que los rabinos digan lo que en su opinión constituye un judío de acuerdo con la Sinagoga.

 

- Considera usted que se puede ser al mismo tiempo judío y cristiano?

- Si la afirmación de la identidad judía implicara negar la gracia específica otorgada por Cristo a su Iglesia, entonces, evidentemente, sería incompatible con el cristianismo. Pero hay judíos que creen en Cristo, el Mesías, y se consideran judíos: lo son. ¿Pertenecen a la Iglesia? Algunos lo niegan. Otros quieren formar parte de ella y se bautizan: son cristianos.

 

 

 

*Texto de Choix de Dieu,  “Ancien et Nouveau  Testament” (ed. de Fallois). 

 

Traducción de Silvia Kot.

Comentarios

2 comentarios to “¿Se puede ser judío y cristiano?”
  1. Dario Pablo Bitelmajer dice:

    Hola queria hacerles una consulta, Yo soy judio que como tantos otros formo pareja con una mujer cristiana. Estamos muy bien juntos y la diferente religion nunca fue un impedimento para nuestro amor. Tenemos una hija de 9 años que debido al lugar donde vivimos asiste a una escuela catalocia, esto lleva a que por el medio donde se desenvuelve quiera tomar la comunion, pero a su vez esta orgullosa de que su padre sea judio y ella misma tambien se siente judia, cosa que tambien la llena de orgullo, esto hizo que ella quiera tambien hacer el Bat Mitzva.
    Es esto posible???

  2. Moises dice:

    Con respecto a su Pregunta.
    Quisiera compartir algo contigo Darío, debes conocer bien que el Judío o Cualquier persona es Judía si nace de una Madre Judía, indiferentemente que el padre sea Gentil. En el caso de su hija es correcto que ella conozca Judaísmo y usted mismo pero sería de buen agrado que se hablara un mismo lenguaje ya que los Cristianos/Noajidas particularmente se basan en Doctrinas diferentes a las que imparte Judaísmo. En el Caso de su Hija, pues dejela escoger entre Judaismo o Cristianismo ya que ella no está Obligatoriamente (por Ley Judia) a pertenecer al Judaísmo. Naturalmente puede ser una Noajida y tener beneficios de su parte como de la parte de su madre.
    Saludos y Shalom.

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