Iglesia
Una antorcha de esperanza
por Facciola, Mariana · 1 Comentario
Finalmente es a ustedes, jóvenes de uno y otro sexo del mundo entero, a quienes el Concilio quiere dirigir su último mensaje. Porque son ustedes los que van a recibir la antorcha de manos de sus mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia. Son ustedes los que, recogiendo lo mejor del ejemplo y la enseñanza de sus padres y maestros, van a formar la sociedad del mañana; se salvarán o perecerán con ella (…) Sean generosos, puros, respetuosos, sinceros. Y edifiquen con entusiasmo un mundo mejor que el de sus mayores
Pablo VI
Hacer memoria de la vida y la misión del cardenal Eduardo Pironio es encontrarse siempre con el testimonio de un hombre feliz en su sacerdocio y en el tiempo que le tocó vivir. Me referiré especialmente a su experiencia con los jóvenes por quienes sintió una pasión especial y un profundo interés ante sus expectativas, deseos, preocupaciones y dolores y con quien compartí un breve trayecto de mi vida.
Tenía el don de la presencia acogedora y amorosa. A su lado nadie se sentía incómodo o excluido, todo lo contrario, cada uno era reconocido como único, con su historia personal. Su trato y su estilo dejaban traslucir con ternura la llamada exigente a ser, en Cristo, hombres y mujeres nuevos; a ser Iglesia y ser en la Iglesia: son ustedes, queridos jóvenes, los que van a recibir la antorcha de manos de sus mayores y a vivir en el mundo en el momento de las más gigantescas transformaciones de su historia.
Confiaba en la búsqueda auténtica de las personas con una mirada valorativa, exigente y esperanzadora. Su biografía da cuenta de múltiples momentos dedicados a los jóvenes: foros de juventud, encuentros internacionales, continentales o nacionales. Fue portavoz ante el Papa en Loreto (septiembre de 1995) de un sentir colectivo: ellos no tienen miedo a los grandes proyectos, ni del sufrimiento ni de la cruz, tienen miedo de la mediocridad.
No le temía a la capacidad de crítica de los jóvenes, siempre anteponía el amor. Nos invitó a construir juntos como Iglesia en el mundo una civilización centrada en el amor. Recuerdo aquella frase terminante que dio como respuesta ante la pregunta de si él creía que los jóvenes eran el futuro de la Iglesia: Ustedes no son el futuro de la Iglesia, son Iglesia (Mar del Plata, octubre de 1996).
El cardenal Pironio acompañó el caminar de los jóvenes argentinos desde su juventud. Primero en
Fue invitado como presidente del Pontificio Consejo para los Laicos al Encuentro Nacional de Juventud que se realizó en Córdoba en 1985. En aquel evento multitudinario, dijo con mucha fuerza: Tenemos que estar dispuestos a dar razón de nuestra esperanza aunque los momentos sean difíciles y oscuros para nosotros, aunque nos sintamos dolidos, perseguidos, crucificados; la esperanza no es para tiempos fáciles o claros. A todos se nos pide en esta hora difícil y decisiva una actitud inquebrantable de esperanza comprometida y creadora. No sirve de nada que nos sentemos a añorar tiempos pasados; hemos de asumir con realismo y amor nuestra cultura y llenarla de Evangelio.
Para los que participamos de aquel acontecimiento, sus palabras no fueron indiferentes. Nos interpeló acerca del compromiso que teníamos entre manos, el inicio de un nuevo período político y democrático: Amen al país y comprometan las riquezas de su juventud en construir juntos una Patria de hermanos. Para ello sean testigos del amor de Dios, operadores de paz, profetas de esperanza.
Animó las Jornadas Mundiales de la Juventud y especialmente el Foro de jóvenes: un espacio que se constituyó como lugar donde reconocer las necesidades de la Iglesia-joven; ocasión para ver, auscultar, discernir la figura de los jóvenes cristianos en los años 90.
La idea del Foro nació en Buenos Aires, a principios de 1987, por expreso pedido de los jóvenes, conscientes de que el encuentro mundial con el Papa para que fuera fructuoso tenía que estar precedido por unos días de diálogo y profundización entre los mismos jóvenes, vivir la experiencia de la Iglesia universal en comunión con obispos, sacerdotes, religiosas, laicos comprometidos.
Fue una experiencia de la universalidad de la Iglesia desde la pertenencia a una Iglesia particular. Las Jornadas Mundiales de la Juventud marcaron etapas importantes en la vida de
Otros acontecimientos continentales fueron acompañados por el cardenal Pironio, como presidente del Pontificio Consejo para los Laicos, pero especialmente como padre y pastor preocupado por la realidad de los jóvenes: el Primer Congreso latinoamericano de Jóvenes, realizado en Cochabamba, Bolivia, (diciembre 1991 - enero 1992) en el marco de los llamados quinientos años de la evangelización del pueblo latinoamericano.
En esas circunstancias, y ante las tensiones y conflictos que circundaban el tema, subió al escenario y con la ternura del padre que comprende a sus hijos, pero al mismo tiempo reconoce su responsabilidad, dijo: No tengo ningún privilegio para hablar, lo único es el pelo blanco y también el que hace años estoy subido al tren en el trabajo con la Iglesia en América latina, particularmente con los jóvenes
La primera observación es recordar que en Medellín hubo un documento especialmente dedicado a los jóvenes. Yo no sé si en la Iglesia todos lo hemos vivido con autenticidad, si los obispos que firmamos ese documento fuimos coherentes en la exigencia y en la incorporación de la participación de los jóvenes. En ese documento leemos que los jóvenes de América latina quieren el rostro de una iglesia auténticamente pobre, misionera y pascual. ¿No les parece una frase muy rica, muy clara y muy comprometedora?. Aquellas palabras tan cercanas como interpelantes cambiaron el tono y el clima de los días siguientes del encuentro.
El segundo acontecimiento continental ue la Peregrinación de los Jóvenes europeos a Loreto (septiembre de 1995), acogiendo su sentir y su contexto, refiriéndose a Juan Pablo II, el cardenal Pironio decía: Estos jóvenes no temen el cansancio, el sufrimiento o
Toda su vida fue una invitación a ser consecuentes con el creer, el sentir, el hacer, el pensar cristianamente; y daba testimonio de ello con sus palabras, con sus gestos y su estilo de vida. En
Hacia fines de ese año, la enfermedad avanzó significativamente. Una tarde de diciembre, estando en su casa, el Cardenal le pidió al padre Fernando Vergés que nos llevara a los jardines vaticanos para que los conociéramos. Visitamos cada imagen de la Virgen representada en las diversas advocaciones latinoamericanas. Nos detuvimos ante cada una de ellas para rezar por las necesidades y esperanzas de sus pueblos y sus iglesias particulares. Aquellas horas adquirieron particular intensidad y misterio.
En febrero de 1998 llegó el tiempo de
Hoy, a diez años de su paso a la casa del Padre, recuerdo con profundo agradecimiento
aquellas palabras a las que vuelvo en los tiempos de incertidumbre: no olvides el Amor que has recibido. Aquel mandato se constituyó en la confirmación de mi fe. En la misa de cuerpo presente celebrada en la Basílica de San Pedro y presidida por Juan Pablo II, estuvieron presentes representantes de diversos carismas y ministerios de la Iglesia laicos, religiosos y religiosas, sacerdotes, obispos, cardenales de diversas nacionalidades y edades, allí, todos los presentes expresamos nuestro último gesto de agradecimiento, con un intenso y sostenido aplauso, para quien como padre, maestro, pastor, amigo y hermano supo dar testimonio con su vida del Amor que Dios nos tiene.





quisiera obtener informacion de dicho encuentro del cual participe fotos notas las oraciones que fueron impresas en ese momento para los jovenes estoy intentando reunir a los jovenes de dicho encuentro por intermedio del facebook espero puedan colaborar que dios los bendiga alejandro