Política-Economía
Si el mundo se apresta a despegar…
por Llach, Juan L. · Comentar
Los indicadores positivos de la economía mundial siguen predominando y afianzan la probabilidad de una recuperación en el tercer o cuarto trimestre de 2009. Después de los seis meses de pánico iniciados en septiembre, las políticas lograron revivir el apetito por el riesgo, generando subas bursátiles de más del 30% y mejoras graduales de los balances de familias, empresas y bancos. El crecimiento de Asia y África, y en menor medida la especulación, impulsaron subas similares de las commodities. En los Estados Unidos hay recuperación de la confianza de los consumidores y aun de las ventas de casas y de bienes durables. El desempleo aumenta menos y la manufactura y los servicios se estabilizan. La producción industrial de Japón y Brasil se recupera, y China, India y parte de África siguen creciendo rápido. Por cierto, también hay señales negativas y peligros. En los Estados Unidos, la cantidad de “bancos problema” y las hipotecas fallidas sigue en niveles récord, el desempleo llegó al 9.4% y han subido fuerte las tasas de interés hipotecarias y los rendimientos de los bonos del Tesoro. Esto último expresa expectativas de recuperación de la economía y también de más inflación, lo que es bueno en la coyuntura. Contra lo que algunos creen, no parece probable que la Reserva Federal aumente las tasas antes de fin de año. Los indicadores positivos son bastante más tenues en Europa. Hay nuevos temores de default de países bálticos y de un efecto dominó sobre otros países emergentes, aunque es casi seguro que esto sería evitado por una acción conjunta del FMI y la Unión Europea. Aunque el balance general indica que la recuperación se acerca, una cuestión diferente es cuál será su velocidad. Por el alto desempleo y el empobrecimiento de los hogares, la recuperación del consumo será parsimoniosa. Pero un aumento del consumo del 1% en los países desarrollados y del 3% en los países emergentes llevaría por sí solo a un crecimiento del 1% del PIB mundial. Una recuperación lenta de la economía global en 2009 y más rápida en 2010, liderada por Asia y los Estados Unidos, con algún rezago en Europa, aparece hoy como lo más probable. El principal enemigo a vencer para entonces será un bajo crecimiento con inflación relativamente alta, la temida “estanflación” vivida en la década del setenta.
¿Llegará a la Argentina este renacido viento de cola? Lo más probable es que sí, porque también aquí hay indicios de que la economía está dejando de caer. Pero será una recuperación distinta a la de principios de siglo, porque estará más apoyada en el consumo. Con ayuda del clima, también la agricultura aportará a la recuperación, desde niveles muy bajos, casi limitada a la soja y desaprovechando más que antes las oportunidades agroalimentarias que gozan a pleno Brasil, Paraguay y Uruguay. La inversión, en cambio, crecerá lentamente y seguirá comprometiendo el desarrollo futuro. El “modelo productivo” que se dijo plebiscitar el 28 de junio está muy deteriorado. Por la alta inflación –la decimosexta más alta del mundo en 2008 entre 181 países– el tipo de cambio alto ya no es lo que era y crecen las demandas de devaluación. Lo propio ocurre con los “superávit gemelos”. El fiscal cae peligrosamente y el externo se mantiene por el derrumbe de las importaciones de maquinarias, de equipos y de insumos productivos. Los dólares comerciales así generados sólo hacen una visita de cortesía al país, y fugan luego raudamente. Se castiga a los exportadores no devolviéndoles los impuestos. El INDEC ha ampliado el radio de sus falsedades y ahora no oculta sólo la inflación, sino también la recesión. El mercado de capitales languidece. La indigencia y la pobreza, cuya reducción fue un gran logro, han aumentado 50% a causa de la inflación y llegan ahora al 10% y al 30% de las personas, respectivamente. La distribución del ingreso se ha estancado. El aumento de la inversión no llegó a muchos sectores y, por haberse basado en un consumo de capitales e inventarios mayor que el normal, el crecimiento neto del PIB 2003-2008 es bastante menor que el 8% oficialmente medido. En estos años, los argentinos hemos consumido partes significativas de las reservas de petróleo y gas, del stock ganadero y de la infraestructura de transportes y energía.
Los males que nos aquejan obedecen mucho más a gruesos errores de las políticas oficiales que a la crisis global o a la sequía. Por ello, lejos de plebiscitar un modelo ya casi inexistente, la cuestión socioeconómica central que se encaró con las elecciones fue cómo enmendar tantos errores, cómo retomar un camino de desarrollo genuino con menos inflación, más empleo, menos pobres e indigentes y no hipotecar como hasta ahora el crecimiento futuro. Ingredientes vitales para lograrlo son recrear la confianza de los argentinos en su futuro y el del país, aunque más no sea para evitar la fuga de capitales, y reconciliarse con el mundo, porque ya no es posible una vida económica normal obstinándose en el aislamiento. Lo que el ciudadano argentino debe exigir de aquí en más es que se dejen de desperdiciar tantas oportunidades que, con la colaboración de todos, permitan al país encaminarse en un sendero, que está a su alcance ya mismo, de progreso económico y equidad social.




