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Idas y vueltas de la escuela media
por Editorial · Comentar
Con el inicio del ciclo lectivo 2009 regresaron los paros docentes y, con ellos, la incertidumbre de cuántos días de clase tendrán los niños y jóvenes. Si se tiene en cuenta que en 2007 se dictaron sólo 100 de los 180 días de clase previstos y el año pasado la cifra creció hasta aproximadamente 125 (gracias a que algunas jurisdicciones recuperaron los días perdidos), puede arriesgarse una lectura algo más optimista para 2009. Este dato no es en sí mismo un indicador de calidad, pero marca una tendencia en cuanto a las posibilidades concretas de que aumente el nivel de aprendizaje. Y si bien la escuela no es una guardería, es evidente que muchos padres han decidido enviar a sus hijos a escuelas privadas porque no tienen quién los cuide durante los demasiados días de paros docentes en los últimos años.
Desde sus cimientos el sistema educativo argentino tiende a integrar y a dar igualdad de oportunidades a sus alumnos, procurando favorecer el acceso de todos a la escuela básica y, desde este año, también a la escuela media. La matrícula del nivel secundario sin dudas se incrementa con la obligatoriedad (el ministro Juan Carlos Tedesco afirma: Hasta ahora el nivel medio era selectivo y resultaba más o menos normal tener cinco divisiones de primer año y sólo una del último), aunque cabe preguntarse si el Estado puede ofrecer garantías de permanencia y de igualdad de oportunidades reales. Tales cuestiones se constatan al analizar los datos relevados por organizaciones preocupadas por la educación en el país y en
Enfoquémonos ahora en nuestro país y sus jóvenes. El 8,2 por ciento de los adolescentes argentinos de
Otro de los aspectos fundamentales tiene que ver con la evaluación de la calidad educativa, cuyos resultados tampoco son alentadores. Según una valoración realizada en 2006 por el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de
Si dejáramos de lado por un momento las causas económicas y culturales que pueden explicar las diferencias de los aprendizajes entre alumnos europeos, latinoamericanos y argentinos, se podría rastrear más claramente qué sucede en el nivel pedagógico, factor particularmente relevante en el deterioro de la educación argentina.
Aumento en la cantidad de días de clase, consistencia en el diseño curricular y mayores exigencias académicas se constituyen como claves de una deseada mejoría. Si queremos adelantar posiciones en el ranking latinoamericano e internacional han de ser tenidas muy en cuenta, en el marco de las condiciones económicas y de las tradiciones de política educativa y cultural.
Si bien 2009 es el año de la puesta en marcha de la reforma a partir de
El modelo de escuela secundaria tradicional, con prácticas estables y una disciplina clara, comienza a convivir con un nuevo modelo social, desconocido, que suele percibirse como invasivo y ante el cual no se delinea una respuesta única. La presencia de lo social en el aula trae aparejada la necesidad de reconocer lo diverso, de tomar conciencia de las desigualdades sociales, de apreciar positivamente la diversidad cultural y la pluri-identidad característica de las culturas juveniles, además de los diversos lenguajes y artefactos tecnológicos que invaden el aula y replican allí el mundo exterior.
Muchos docentes perciben este paisaje como expresión de su fracaso en el modo de enseñar. Sin embargo este rico escenario educativo, esta nueva escuela, de hecho asume el rol de agente social: interdependencia entre las personas que quiere formar, promoción de procesos y experiencias educativas, y construcción de otra sociedad por medio de
Es necesario generar procesos de reflexión y de toma de decisiones que permitan articular la escuela secundaria y la educación superior (universidad y formación profesional superior), abrir el debate sobre los modelos productivos y su articulación con el secundario, fortalecer la escuela primaria y todo el sistema educativo con una verdadera y renovada educación para la ciudadanía y en valores. Este último aspecto, además, posibilitaría a las nuevas generaciones internalizar pautas sociales, éticas e institucionales para revertir a futuro las reglas de convivencia, potenciando el compromiso con una sociedad democrática que actualmente está perdiendo su cohesión.
Los datos estadísticos de demasiadas aulas del país son signos de que todavía queda mucho por hacer, a pesar de los esfuerzos realizados y del aumento del presupuesto nacional. Si bien se está cumpliendo
En este tiempo de debate todos los actores sociales tienen una palabra ante la degradación de la educación argentina y ante la percepción de que se está hipotecando el futuro de las nuevas generaciones. Es urgente comprometerse con la educación como principal motor de cambio y desarrollo en un país que quiere que la equidad y la calidad sean realidades para todos sus ciudadanos.




