Los casos de violencia familiar están saliendo más que antes a la luz. Desgraciadamente muchas veces salen demasiado tarde, cuando ya debe intervenir la Sección Homicidios. Y allí, también muchas veces, se descubre la complicidad y hasta la increíble participación de las propias madres en el crimen. ¿Por qué una mujer acepta que sus hijos sean humillados y lastimados por el padre, o el padrastro, e incluso sigue queriendo a ese hombre, por encima del amor materno?

 

En los viejos cuentos infantiles, las niñas sufrían la maldad de sus madrastras, que con malas artes habían conquistado al buen padre viudo. En la actualidad, los niños sufren la maldad de los padrastros que han conquistado a la madre separada. El silencio de Oliver muestra, precisamente, el odio de una mujer hacia su ex-marido, y hacia aquello que de algún modo lo recuerda, así como la negación de las evidencias, por obsesa y obsecada. Y, haciendo el cuadro más complejo y actual, muestra entre otras cosas la perturbación sexual del padre y el egoísmo de ambos, que se resisten a romper con sus respectivas nuevas parejas y ocuparse debidamente del niño. Película dura, de diagnóstico severo y con algunas posiciones bastante discutibles, alienta, precisamente, la discusión y la toma de conciencia.

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  1. patricio on 7 diciembre, 2011

    Que castiquen con todo el rigor de la ley no importa el país q sea, a todos los padrastos y madrastas q hacen sufrir a esos niños q no pueden y saben defenderse solos y de igual manera a los padres a los q les importa más su pareja; no saben el daño q les causan a esos inofensivos niños.

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