Cálida, amical, muy bien organizada, la muestra Europa, un cine de Punta, cumplida en enero en Punta del Este (Uruguay), permitió ver algunos excelentes filmes que se estrenarán este año en estos lares (algunas ya se están estrenando) y también conocer a un hombre de gran corazón, el actor y productor Jacques Perrin.

 

Perrin vino a recibir un galardón, una expresión de amor al cine, por su decisiva intervención en Cinema Paradiso; también a conocer la tierra de su Estado de sitio (el público uruguayo lo ovacionó apenas se mencionó esta obra) y a presentar su última producción: el documental Microcosmos. “No soy un gran artista, simplemente tuve la suerte de trabajar con gente de mérito”, dijo el doble ganador del premio al mejor actor en Venecia, y triple ganador del Oscar a la mejor producción extranjera. Z, Blanco y negro en color (de Jean-Jacques Annaud) y El desierto de los tártaros son otros de sus títulos.

 

Microcosmos es, como él la define, “un himno de rehabilitación a los insectos, a los invertebrados en general”, una película prácticamente sin más comentarios que la sola imagen, y que llega a causarnos admiración, y hasta emoción. En su país ganó cinco premios César, y en todas partes viene fascinando.

 

En la referida muestra también se destacaron dos precandidatas al Oscar, ambas protagonizadas por niños: la inquietante Mi vida en rosa, del belga Alain Berliner, y la española Secretos del corazón, intensa obra, ambientada en los ´50, del navarro Montxo Armendáriz (de quien, casualmente, se ha estrenado Historias de la noche, título local de Historias del Kronen, un duro y polémico drama sobre la imposición del más fuerte en un grupo de “niños bien”, como se decía antes).

 

En Punta también agradaron mucho tres comedias: la última de Pedro Almodóvar, Carne trémula, que también es un drama pasional, una mirada política, y hasta un cuento navideño, y las inglesas Tocando el viento y Todo o nada (The Full Monty), ambas sobre el modo en que unos desocupados se ingenian para mantener su dignidad. En un caso, con muy buena música, demuestran que ellos son Inglaterra, y están en pie. En otro, menos zafado de lo que parece, terminan descubriéndose como son, y descubriendo la solidaria alegría de su propia clase.

 

También levantaron elogios varias películas, entre ellas el documental sobre Marcello Mastroianni Me acuerdo, sí, me acuerdo, y una película que ya tiene sus años, pero recién ahora llega a estas playas: Las afinidades electivas, de los hermanos Taviani, donde un hombre se enamora de la hija adoptiva de su esposa. La obra se filmó, cabe aclararlo, antes del affaire Allen-Soon Yi, pero el argumento original es todavía más viejo. Lo escribió J.W. Goethe a comienzos de siglo pasado. En suma, Uruguay se ha propuesto ir reflotando el espíritu de los viejos festivales de Punta (donde en los ´50 se vieron grandes anticipos y se supo apreciar antes que casi nadie la obra de Bergman), y algo de eso hubo. Esperemos que así siga.

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