El general Antonio Domingo Bussi, de notoria actuación en el llamado “Proceso de Reorganización Nacional” y hoy reconvertido en líder de un partido político que lo llevó, primero, a una diputación nacional y, luego, a la gobernación de Tucumán, acaba de ser sancionado por un tribunal castrense, por “falta grave al honor militar”. Esa “falta” fue la omisión de consignar, en una declaración de bienes reservada, la existencia de una cuenta bancaria a su nombre.

 

Es curioso el honor militar. Para la corporación castrense, hechos que un ciudadano común reputaría horrendos (secuestrar, torturar, matar clandestinamente, robar niños…) pueden ser considerados “actos de servicio” que, todavía hoy, muchos justifican y encomian en privado, y algunos también en público. Se sabe de muchos militares que ordenaron y cometieron tales actos, de los que además se manifiestan orgullosos. Ningún tribunal de honor los ha sancionado por eso.

 

Desde luego que no justificamos la mentira de Bussi, ni su probable evasión impositiva, que además parecen exceder la titularidad de una cuenta en Suiza para abarcar otros varios bienes. Pero creemos ver cierta hipocresía en la sanción velozmente impuesta por el Ejército.

 

Hay, por lo menos, un problema en las proporciones.

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