Si uno echa una rápida mirada a las décadas pasadas y se detiene en la del sesenta, encontrará un mundo marcado por novedades y sucesos clave: la Guerra Fría, la cultura hippie, The Beatles, Vietnam en guerra, la liberación sexual, el mayo francés… En ese contexto, desde la Inglaterra de barrios industriales surgían The Rolling Stones, un grupo de jóvenes músicos que enfrentaban al ambiente rockero y cultural con desalineada estética y atrevidos modales.

 

Estaban en las antípodas de los favoritos ingleses: The Beatles, los chicos buenos de Liverpool que la sociedad pequeño-burguesa saludaba cortésmente. Mientras la dupla Lennon-Mc Cartney le hablaba al amor, Jagger y Cía. desafiaban al orden establecido con I can’t get no (satisfaction)…”, con letras que sólo buscaban la conquista fácil de una chica que les diera satisfacción sólo por un rato. Y también, sorprendían con rock and roll y rhythm & blues.

 

Andy Warhol, el excéntrico artista del Pop Art, aportó un elemento no menos significativo a la naciente filosofía stone: diseña una lengua roja, provocativa y arrogante que describía la desfachatez de entonces. La obra de Warhol se convirtió en la iconografía de la banda.

 

Treinta años después, el mundo sufrió algunos cambios: no hay más Guerra Fría sino que rige la globalización, no están más The Beatles, ni Vietnam en pie de guerra, y el mayo francés quedó en el espacio de la utopía sesentista. Sin embargo, algo se mantuvo: The Rolling Stones, por ejemplo.

 

Hoy, como ayer, Mick Jagger, Keith Richards, Charlie Watts y Ronnie Wood siguen tocando para el mundo. Nuevamente, estuvieron en Argentina, pero esta vez presentando su último CD: Bridges to Babylon (la primera fue en 1995, en el marco del Voodoo Lounge Tour). En esta oportunidad, el repertorio recorrió instantáneas de su trayectoria; se escucharon “Start Me Up”, “Brown Sugar”, “Honky Tonk Women” y “Anybody Seen My Baby”, entre otros, sintetizando en dos hora más de tres décadas de música, “su” música. Lo notable fue que trajeron renovadas versiones, buscando sorprender. Tampoco hubo un gran despliegue escénico como en su anterior gira. Nada de eso. Sí hubo rock and roll. Y ellos salieron a escena a entregar eso, su única moneda, la más cotizada.

 

Allí se los ve. Jagger se mueve a lo largo de los 54 metros del escenario como si tuviera menos de treinta años y maneja a la masa con un gran carisma; Richards, el arrugado guitarrista que conserva la figura stone como el primer día, seduce a su guitarra todo el tiempo y entrega su arte; Watts, el gentleman de 56 años que ama el jazz, golpea los parches de su batería con la seriedad de siempre; Wood acompaña y hace monigotadas. Aunque ya son grandes y podrían estar disfrutando de lo cosechado, siguen girando por el mundo con su valija de viejas y nuevas canciones, con la misma fuerza de los tiempos rebeldes. Curioso, cambió el mundo y ellos se adecuaron a ese cambio haciendo lo de siempre. Está claro, saben de qué se trata, y cómo hay que hacerlo. Y ya no hay más rebeldía, pero quedó la esencia. Ésa que pide el público.

 

Los conciertos que brindaron en Argentina dieron que hablar. No sólo porque su espectáculo fuera bueno sino porque hubo, además, una gran sorpresa: Bob Dylan, en River junto con los Stones. Se juntaron en Buenos Aires dos figuras predominantes de la música de los sesenta… de la segunda mitad del siglo. Dylan, uno de los punteros del folk rock, el de la guitarra con armónica que cantó ante el Papa el año pasado, intentando quizá recomponer relaciones entre la Iglesia y el rock llegó justo en un año que volvió a rodar su música con el lanzamiento de un nuevo CD: Time Out Of Mind. A propósito, los Stones ¿tocarían en el Vaticano? Perfiles distintos.

 

Se dice que ésta pudo haber sido la última presentación de la banda en Buenos Aires. Pero, es seguro, esta gira quedará en el recuerdo por mucho tiempo: entregaron una serie de conciertos inolvidables, donde el objetivo fue vivir una vez más la ceremonia del rock and roll, uniendo varias generaciones en un mismo espacio, disfrutando del mismo espectáculo. Buenos Aires, satisfecha.

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