El último Viernes Santo falleció en Tucumán Arturo Ponsati. Abogado, político, legislador, magistrado judicial, docente universitario, ensayista. Muchos lo recordarán por su relación con la Democracia Cristiana, de la que fuera uno de sus fundadores y que lo contara entre sus máximos dirigentes en nuestro país. Otros, por su gran conocimiento de Jacques Maritain y Arnold Toynbee, donde arraigaban las bases sólidas de su pensamiento político, sistemático y coherente, siempre agudo, polémico e ingenioso. Quienes prefieran esta veta de Ponsati gustarán recordar aquella cariñosa y justa definición que de él hiciera alguna vez Pedro Frías: un “intelectual extraviado en la política”.

 

Cualquiera de estos perfiles o descripciones de sus innumerables actividades a lo largo de su vida, sin embargo, no llegan a hacer completa justicia a Ponsati. Y apenas rozan lo profundo de su espíritu. Es que, en el fondo, para él todo aquello no eran sino testimonios de la fe. Y así nos llegaba a los que compartimos y quisimos aprender de él. En un ambiente tan poco propicio para la autenticidad y el coraje de los principios como el que suele dispensar la política, y en tiempos históricos tan ligados al silencio temeroso, como fueron los regímenes militares, Ponsati daba un testimonio explícito de su compromiso cristiano. Decía lo que pensaba y creía. Y pensaba y creía desde la fe. Para los que deseábamos vivir esa misma fe, era un referente insoslayable. Y para los de “afuera”, también; para bien y para mal. ¿Cómo olvidarlo compartiendo en una sinagoga la ceremonia religiosa en la que la comunidad judía recordaba el Holocausto? No era legislador, ni magistrado, ni había allí cámaras de televisión. Lo hacía como creyente. ¿Cómo olvidar aquella noche en que se enfrentó con Antonio Bussi, quien acababa de declarar su decisión de volver y hacer política en Tucumán, en un programa radial y acompañado éste de guardaespaldas y coches de otras épocas? También lo hacía como creyente. Años más tarde, debió ser presidente del Tribunal Electoral de Tucumán con ocasión de las elecciones que llevaron al mismo Bussi al gobierno provincial. Su tarea fue impecable. Era, una vez más, el creyente ante la certeza del compromiso con los principios de la democracia.

 

Otros quizá guarden otros recuerdos, similares o más significativos todavía. Pero Ponsati, seguramente, nos dirá que estamos exagerando. Y eso también nos recordará otra de las delicadezas de su espíritu.

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2 Readers Commented

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  1. juan eugenio ricci on 17 marzo, 2011

    Lamento haberlo conocido recién ahora, a partir de la lectura del prólogo (de su autoría) de “Pergrinacion de Luz del Día”, de Alberdi, texto que aprecio y valoro tanto (y aún) más, que el mismo libro. Lo recomiendo para entender el proceso de las ideas en la Argentina.

  2. Conocí a este, mi personaje inolvidable!!, tan lleno de vida, tan apasionado en sus convicciones, verdadero amigo, verdadero hombre!!, solía disfrutar al límite sus ratos libres, era un hombre que dominaba el tiempo!!, de estar compartiendo gozosamente con amigos, desaparecia en un instante para acudir a otras responsabilidades que con puntualidad lo tenían de protagonista!!, soy un privilegiado por haber conocido personalmente a este “”príncipe de a pie”” habiendo tantos esclavos a caballo””

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