Para los que leyeron Los tres mosqueteros a los ocho años, como dice García Márquez que hay que leerlo, Alejandro Dumas es la clave de pertenencia a una suerte de club, si no secreto, de todas maneras selecto.

 

Los que se rayaron con D´Artagnan, Porthos, Athos y Aramis están en su año. Acaba de estallar el boom Dumas. Leonardo Di Caprio, Jeremy Irons, John Malkovich, Gerard Depardieu y Gabriel Byrne han tomado las espadas: los mosqueteros han vuelto a bordo de una película que será taquilla y furor.

 

Qué bien, la industria del cine norteamericano está demostrando una rápida sensibilidad a los best-sellers españoles. Arturo Pérez-Reverte –durante veintiún años reportero de guerra, hoy el escritor más leído en España, casi el español más leído del mundo– ha publicado a una velocidad alucinante, una seductora saga de novelas casi todas escritas en clave de Dumas.

 

Una cantidad de 257 tomos de novelas, memorias y relatos, más de 25 volúmenes de piezas teatrales escribió o firmó en su extravertida vida ese alegre y dispendioso mulato francés que se llamó Alejandro Dumas. El misterio de los varios Dumas impone a su leyenda el oscurecido nombre de Auguste-Jules Maquet, que murió rico y anónimo (mientras Dumas murió famoso y en la ruina) y que colaboró con él en 19 novelas, entre ellas lo mejor de su obra: El conde de Montecristo, El tulipán negro, El caballero de Casa Roja, El collar de la reina y Los tres mosqueteros.

 

De toda esa desmesura se nutre Pérez Reverte, ex reportero de prensa y televisión de la mayor parte de los conflictos internacionales de las últimas dos décadas, es decir, escritor de una sangre fría impresionante. Su tránsito desde los rigores del siglo XX hasta los del XVII debe ser una fuga. Un pasaje en temporada alta.

 

El cine y la literatura, ya se sabe, son imperfectas máquinas del tiempo. A bordo de El club Dumas viajamos por el desangelado presente con Lucas Corso, un “cazador de libros” por cuenta ajena, que se desplaza por las librerías más refinadas de París y Amberes en busca de un libro que es una puerta… El libro contiene, como en las intemporales fantasías de Borges, algo más que páginas y letras.

 

El tiempo dos de esta máquina es el siglo XVII, que parece convivir entre líneas con el presente. Las tramas de dos mundos se cruzan en una historia brillante, absorbente, regiamente construida.

 

En El club Dumas hay juegos de tableros, novela clásica por entregas, novelas policiales y de misterio, más los malabares de la adivinación y los secretos para atrapar lectores del folletín de aventuras. Pero, por suerte, los libros son algo más que sus fórmulas literarias.

 

Sin Borges y sin Umberto Eco, El club Dumas no habría sido posible. Con este fino pedigrí, Arturo Pérez-Reverte se ha convertido –como su amado Dumas– en un escritor de multitudes, y sobre todo en manjar para gourmets de las letras de molde. Es decir, para los que leyeron a Dumas a esas edades preclaras en que la literatura, el cine y el sueño se confunden.

 

 

 


Texto de Mensaje, mayo 1998.

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