Nueva York protagoniza desde fines de los ´80 una de las movidas musicales más interesantes de la actualidad: la del “nuevo jazz”, por así llamarlo.

 

El saxofonista Tim Berne es una de las cabezas más lúcidas de este espectro. Heredero de los aportes del último jazz, el free, el más deliberadamente improvisado y atonal, Berne estuvo cerca, desde sus inicios, de aquellos que protagonizaron una vuelta de tuerca en esta corriente nacida al comienzo de los ’60. Hemphill, Braxton, así como Threadgill, yuxtapusieron lo improvisado con lo escrito, el ruido con lo tonal y lo modal, dándole algún tipo de forma, en realidad bastante deforme.

 

También en Berne zonas erradas en tiempo real conviven con otras compuestas. Las primeras desarrollan cuestiones melódicas, tonales (pasando por el serialismo inclusive), rítmicas y tímbricas en formaciones variadas, partiendo al grupo en dúos, tríos, o en ocasionales tuttis donde las funciones se trastocan y combinan logrando resultados sorprendentes. Lo compuesto interviene ya sea como punto de llegada de largos desarrollos espontáneos, u ocasionalmente como punto de partida, o simplemente convive con lo aleatorio, generando texturas en capas de riquísima variedad sensorial y expresiva.

 

Los resultados obtenidos por Berne en este sentido lo ubican en un punto de elaboración creativa singular, de enormes experiencias sonoras: lo sinfónico, el bop, el free, lo expresionista, lo impresionista, lo experimental, los grandes trabajos de cámara.

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